Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a vampbirch.


Año 1

Parte 2

Brightside convierte nuestra choza en un hogar. Encuentra cortinas brillantes y floreadas para colgar en nuestra sala y una alfombra color mostaza que combina. No tengo el corazón para decirle lo horrorosamente fea que es; me encanta porque a ella le encanta.

El cuarto de Landon es pequeño, pero perfecto por ahora. Bella tenía todo lo que él necesitaba en la casa de sus padres, gracias a su familia y la mía.

Antes de mudarnos juntos, Jasper y Alice nos enviaron una cuna que se transforma en una cama de niños, para usar cuando crezca un poco. Tiene cajoneras, junto con un cambiador. Mamá se llevó el bebé esta noche para darnos la libertad de desempacar, pero Bella y yo hemos pasado las últimas tres horas intentando adivinar cómo armar esta maldita cuna.

—No tendremos que preocuparnos en comprarle una cama nueva por cinco años, —dice Bella, suspirando feliz mientras observábamos la cama armada—. Solo un colchón, gracias a Dios.

Asiento con la cabeza.

—Tu hermano es increíble.

La miro colgar fotos en las paredes de la sala, la que sirve como pasillo hacia nuestro cuarto. La mayoría de las fotos son nuevas, pero la más vieja es mi favorita. Es la que Rose había tomado la noche que nos conocimos; la misma noche en la que canal tres fue concebido. Se encuentra en un marco plateado con la nota de Rosalie aún en la parte de atrás.

Pasamos el resto de la noche desempacando nuestras prendas. No tengo mucha, pero Bella tiene más ropa de la que necesita. Lo confunde es que… ella usa más mi ropa que la suya.

—¿En serio? Eres una acaparadora, —digo mientras la veo guardar una bolsa en el armario.

—Sigues con ese odio, —murmura, fulminándome con la mirada—. Soy una chica, Edward. Esto es normal.

La ayudo de todas formas.

No podemos costearnos una cama matrimonial, así que juntamos nuestras camas individuales y echamos una gran sábana encima.

—Conseguiremos una real pronto, —prometo. Me muerdo el labio inferior mientras observo la cama improvisada. Se supone que tenemos que hacer una lista de las cosas que necesitamos para la cocina, pero me importa un carajo con la cama frente a nosotros.

Ella asiente, sonriendo un poco. No le importa si no tenemos una cama. Ella solo está feliz de que estemos juntos.

—Entonces… —comenta, mirando a la cama y a mí.

En medio segundo, estamos sobre nuestras manos y rodillas, gateando hacia el otro. Mis labios se encuentran con los de ella, cálidos, húmedos y todo lo que he ansiado durante el último año.

Su boca abierta se mueve lentamente por mi pecho, y escucho las costuras de su camiseta romperse bajo mis dedos.

—Mierda. —Respiro, haciendo una mueca—. Lo siento. Qué bueno que tienes diez millones de camisetas.

Ella ríe y me coloca sobre su cuerpo, entre sus piernas. Jamás me he sentido en mi lugar.

Muevo mis manos por debajo de su camiseta, recorriendo sus curvas.

—Vamos, chico country —susurra—. Demuéstrame lo que es ser tuya.

Comienzo besándola por todos lados, hambriento y muriendo de a poco con cada sonido que suelta.

—Despacio —murmuro, pero me siento romper en pedazos por dentro. Mi pecho se tensa cuando comienza a quitarse la camiseta. Mis ojos se centran solo en ella.

Violeta.

Se que es algo retorcido.

Se supone que debemos estar desempacando.

Pero, ¿cómo se supone que me detenga?

Mis latidos se aceleran de anticipación. No le presto atención. Este no es un ataque de pánico, es todo Bella. Mis ojos están nublados y mis dedos en lugares donde no deberían estar, buscando lugares que solo yo puedo buscar. Su espalda se arquea cuando comienzo a bajar mis dedos, y grita cuando tocan sus pliegues.

—Despacio, —digo, quizás para torturarla un poco.

Ella gime y empuja su cuerpo contra mí. Sonrío, algo engreído, y dejo un beso en su cuello.

—Detente. —Su voz se quiebra, y de inmediato quito mi mano de sus pantalones. Levanto mi cabeza, y noto que sus ojos se llenan de lágrimas.

Mi corazón se detiene.

—¿Qué pasa?

Su labio inferior tiembla.

—Mierda.

Me coloco sobre mis rodillas y la atraigo hacia mí, secando las lágrimas que caen en sus mejillas. Envuelve sus piernas alrededor de mi cintura, sollozando en mi cuello.

—Bella —repito, desesperado por saber qué mierda está pasando—. Brightside, por favor dime qué pasa.

—N…no —tartamudea y gruñe—, tengo un condón.

Jamás intenté no reírme con tanta fuerza en una situación para nada graciosa en mi vida.

—Bella. —Me muerdo el labio, ahogando una risa. No puedo creer que siga duro después de verla así—. Bella, ¿puedes dejar de llorar? Yo tengo un condón.

Solloza con más fuerza.

—No me digas que no llore. —Me da un empujón—. Lo amo, pero no… no puedo…

—Shh… —La callo otra vez con mis labios, colocándola en la cama—. Bella, lo sé. Tengo condón. Cállate y déjame hacerte venir.

El llanto se detiene y la risa comienza.

Me devuelve el beso con la misma pasión mía de antes.

Entonces tuve la revelación más importante del año, y me hubiera llevado lejos si me hubiera dado cuenta antes: Las mujeres están jodidamente locas.

—Quítame los pantalones, —jadea, echando su cabeza hacia atrás.

La cama se separa un poco.

Mis codos se entierran en los colchones.

Nos reímos y nos giramos hacia un costado, hacia mi vieja cama. Ella levanta sus caderas para ayudarme a quitárselos. Lucho con la tela negra en sus piernas.

—¿Qué mierda es esto? —me quejo, lanzando el material peligroso al otro lado del cuarto.

—Leggings —dice, guiñándome el ojo. Envuelve sus piernas alrededor de mi cintura antes de que tenga la oportunidad de refunfuñar por lo inconvenientes que eran, acercando mis caderas a las suyas. Mi pecho se contrae, y su calor me inunda.

Vuelvo al lugar donde estaba antes de que comenzara a llorar, llevando mis dedos por su piel y manteniendo mis ojos en su rostro. Sus ojos se cierran y su cuerpo se arquea contra el mío.

—Ahora. Por favor, Edward…

—Solo una vez —ruego, besando su mejilla.

Se desarma lentamente, atrayéndome y abrazándome con fuerza. Sonrío cuando deja de respirar y su mano se aferra a mi brazo. Sus ojos están cerrados con fuerza y sus uñas clavadas en mi espalda, pero no me importa un carajo.

—Vamos, Brightside —ruego, besándola en la comisura de sus labios y bajando hacia su cuello. Sus caderas se levantan del colchón y empujo más mis dedos. Tomo su pezón en mi boca y ella suelta un grito—. Muéstrame lo que es ser mía.

Su boca se abre y suelta otro grito, temblando contra mi mientras la inundo de placer.

—Hermosa Brightside —murmuro. Su cuerpo se relaja en la cama, sus ojos se abren con pesadez.

Traga saliva y jadea.

—Santo cielo… ¿Condón?

Tomo de sus caderas y nos doy vuelta.

—En el bolsillo delantero.

Su cabello cae sobre mi rostro, y lo aparto detrás de su oído mientras ella busca en mis jeans. Saca el paquete y lo sostiene en el aire, mirándolo con escépticamente.

—¿Por cuánto tiempo has tenido esto?

Me muerdo el labio inferior.

—Eh… algún tiempo después que me dijiste que estabas embarazada de canal tres —respondo, asintiendo.

Está por preguntarme algo más, pero la empujo hacia abajo y abro el paquete.

Luchamos con jeans y bóxers, pateándolos lejos. Me coloco el condón, sintiéndome raramente aliviado. Quiero decir, esto apesta, pero mierda…

—¿Mejor prevenir que lamentar? —dice la lectora de mentes de la que me enamoré.

Asiento, ubicándome entre sus piernas otra vez. Me alineo con ella y gime, envolviendo sus piernas alrededor de mis caderas para empujarme dentro de ella. Dejo caer mi cabeza en su hombro.

—Edward —murmura, aprieta sus piernas y dedos a mi alrededor, acercándome aun más—. Estamos seguros. Por favor.

Mis músculos se tuercen y tiemblan, mi pecho se tensa y el aire a mi alrededor es difícil de respirar. Ella es intoxicante, con su aroma a vainillas y lavanda, me envuelve y me saca del abismo.

Me doy cuenta que no estoy del todo adentro y apoyo un poco más de mi peso sobre ella, sumergiéndome por completo.

—Mierda —medio grito, medio gimo, creyendo que acabo de descubrir el paraíso en el cuerpo de Brightside.

Ella grita y no puedo escucharla, mis caderas comienzan a moverse al ritmo de ella.

—Edward. —Con manos temblorosas me acerca. Intento mantener los ojos abiertos y en ella, pero es difícil hacer eso y ser fuerte. Me besa de nuevo una, dos veces, y embisto más rápido—. Por favor, no te detengas.

Niego con la cabeza.

¿Está jodidamente loca?

—Ayúdame —ruego, abriendo más sus piernas y ubicando mi mano entre nosotros. Ella gime y cierra los ojos—. Abre tus ojos y muéstrame cómo te hago sentir bien, Brightside.

—Ya lo sabes. —Baja una mano y guía la mía hasta dónde tiene que ir, mostrándome cómo le gusta ser tocada.

Mis brazos tiemblan, mis músculos queman.

Quiero ser lento, seguro y paciente, pero a mi cuerpo no le importa lo que quiero. Aparto su mano y me reacomodo para estar lo más profundo posible, haciéndola gritar.

Estamos empujando y jalando del otro, uñas rasgando y gemidos sonando cada vez más altos porque nadie que nos importa está escuchando.

Intento no dejarme ir, pero ella está envuelta en mi tan fuerte y alentándome con cada movimiento de sus piernas y sus uñas. El sudor corre por mi cuello y ya no puedo soportarlo.

—Es demasiado, —jadeo. Sus uñas se tensan en mi cabello, sus ojos se abren para mostrarme su color marrón.

—Suéltalo —me dice.

Y lo hago.

Tan ido y tan profundo como jamás antes, la beso para callar los sonidos que salen de mi pecho.

.

.

.

No sé cómo lo hace.

Ambos tenemos que ir a clase a las ocho de la mañana. Entre la medianoche y las tres, mientras intento dormir, Landon no hace eso. No le importa si sus padres tienen que levantarse temprano, este niño quiere soltar ruidos incoherentes y mantener a su madre despierta toda la noche.

—Duerme —dice Bella, como si fuera jodidamente posible—. ¿Yo me ocupo, de acuerdo? Vuelve a dormir.

A pesar de que la inconciencia amenaza con llevarme, estoy jodidamente enamorado de la chica del cuarto de al lado.

Hoy es su cumpleaños. Dieciocho, y obtiene pañales y un bebé inquieto. A pesar de eso, todavía puedo escucharla, en el cuarto de al lado, riéndose.

Esa es Brightside.

Ella ha estado esto haciendo por ocho meses, y aquí estoy yo, listo para dejar caer mi cabeza en el colchón para intentar amortiguar los sonidos.

—Por favor, déjala dormir —digo a nadie—. Solo una hora o algo, por favor.

Veo la hora en mi teléfono.

Cuatro y media.

Me giro hacia la cama de Bella y gruño en su almohada. Me siento drogado y soñoliento ni bien lo inhalo. Es el aroma a Brightside.

Abro mis ojos de golpe y veo las luces rojas de la alarma, cinco y veinte, y escucho ruidos de succión.

Duérmete.

Encuentro a Brightside en mi cama vieja con LC relajado en sus brazos, sosteniendo la botella por si solo mientras ella se esfuerza por mantener sus ojos abiertos.

Me esfuerzo para sentarme y mantenerme despierto. Estiro mis brazos.

—Dámelo, puedo hacerlo.

Levanta su cabeza de golpe.

—¿Eh?

Asiento, acercándome para tomar a LC.

—Yo me ocupo —insisto, tomando al cálido bebé y sosteniéndolo en mis brazos. Él deja de beber su biberón, sonriendo alrededor de la tetina. Es una mirada que dice: "buena suerte, cabrón".

Lo enderezo en mi brazo y me giro hacia Bella. Ella está casi dormida, encorvada, y sentada.

—Duerme —digo, dándole un suave empujón con mi hombro.

—No me digas qué hacer, —murmura, pero se recostuesta de todas formas—. No dejes que chupe aire.

Bostezo.

Parpadeo y son las seis menos cuarto, y mini—yo está bebiendo de una botella vacía.

—Mierda —susurro, preguntándome si cerré los ojos o me quedé dormido. Le quito el biberón de su boca, mordiéndome el labio inferior mientras lo observo. Sus ojos están completamente abiertos—. No chupaste aire, ¿no?

Parpadea.

Llevo a Landon hacia mi pecho, intentando que eructe.

—Lo siento —susurro, saliendo de la cama para sacarlo del cuarto. Descansa su cabeza en mi hombro—. Realmente soy malo en esto. Deseo ser más como mami. Ella sabe todo.

—Eh —concuerda casualmente. Eructa varias veces de camino a su cuarto.

—Intentemos esto una vez más. —Lo dejo en la cuna y no me molesto en cubrirlo. Desabrocho los primeros botones de su enterito—. ¿Cómo puedes dormir mientras esto te ahorca?

Sigue completamente despierto.

Me deslizo hacia el suelo y meto mi mano por entre los barrotes de su cárcel de bebé, dejando que sostenga mis dedos. Lo observo mientras se aburre con mis dedos y sus parpados comienzan a cerrarse. Se duerme muy lentamente, y lo sigo enseguida.

—Edward.

Gimoteo.

Algo empuja mi hombro.

—Edward son las ocho y cuarto.

Mis ojos se abren de golpe y miran a Landon. Sigue sosteniendo mis dedos, pero sus ojos están cerrados, su barriga sube y baja con sus respiraciones de bebé. Mis labios se retuercen, mis parpados comienzan a cerrarse, ya medio dormido.

—Edward, —Ella se coloca sobre mi cuerpo muerto—. Edward, vamos. Llegas tarde a clase.

Mi corazón se detiene. Me salgo del suelo y me pongo de pie en segundos, corriendo hacia el baño.

—¡Mierda!

.

.

.

El cumpleaños de Bella es celebrado en la casa de sus padres con mamá y Max, Jasper, Alice, Rosalie, y Em. Comemos espagueti y torta de cumpleaños, y Bella hace que LC pruebe el glaseado por primera vez. Su reacción es la mejor cosa que he visto. Su rostro se retuerce, sus dedos se crispan, y una sonrisa de placer aparece en su rostro.

—¡Bah! —grita, estirando sus brazos hacia Bella, o quizás a la torta.

—Oh no, —dice Jasper, riendo—. Hijo de una adicta al azúcar.

—No deberías haber hecho eso, —dice Reneé, negando con la cabeza. Aprieto mis puños para mantenerlos lejos de su cuello—. Ya es demasiado malo que no le des el pecho. ¿Ahora le das de comer esas toxinas?

Bella mira de su mamá hacia el piso, y todos los ojos se vuelven hacia Renée.

—No puedo darle el pecho, —susurra Bella—. Él no se prendía.

—¿Cómo lo sabes? Solo intentaste una vez, no le diste la oportunidad…

—Renée, —comienza Charlie, suspirando.

—Es nuestro hijo, Renée —digo entredientes—. Si Bella no le da el pecho, disculpa mis modales, pero no es de tu jodida incumbencia.

Jasper queda boquiabierto y Charlie suspira.

Renée se vuelve hacia mí.

—¿Disculpa? Es mi nieto; tengo todo el derecho de preocuparme por lo que le meten en el cuerpo.

—Mamá, —Se queja Bella, alejando su plato—. Deja de…

—Tienes todo el derecho de compartir tu opinión —concuerdo—. Pero eso no significa que tienes que hacer sentir como una mierda a Bella por lo criar a nuestro hijo como te parece a ti.

—Ella tiene dieciocho años, —responde, fulminándome con la mirada—. No sabe cómo criar un hijo. Necesita que la guíen.

Guiarla, mamá —comenta Jasper—. Ella no necesita que la juzgues, necesita tu ayuda.

Renée se vuelve hacia Bella, que sigue mirando hacia su regazo y retorciendo sus manos mientras LC intenta llegar a ella.

—¡Ah! —grita él, abriendo y cerrando sus manos en forma de agarre. Ella rápidamente lo mira y él sonríe ni bien la ve. Ríe suavemente, inflando sus cachetes regordetes y rosados—. ¡Ah!

Bella quita a Landon de su silla alta mientras que Renée suspira exasperada.

—Te debo una disculpa, Bella —comienza tranquilamente—. Edward tiene razón, podría haber dicho mi opinión de otra forma, pero por favor, intenta entender que solo intento ayudarte, no hacerte caer.

Bella asiente y hace una mueca de dolor cuando LC jala de su cabello.

—Sé que no soy perfecta, pero lo estoy intentando.

Me doy cuenta que probablemente es lo mejor y lo peor que pude haber hecho, apartar a Bella de sus padres. Lo peor porque puede que haya jugado un gran rol en la destrucción de la relación de Bella y Renée. Lo mejor porque Renée es un poco loca y controladora cuando se trata de criar a nuestro hijo.

—¡Bah! —grita él, metiendo su dedo en la nariz de Brightside.

—¡Asco! —ríe Emmett. Bella también, poniéndose de pie para apartar a Landon de la habitación.

—Voy a limpiarlo —anuncia de camino hacia la puerta. Suspiro y me vuelvo hacia mi mamá. Me sonríe mientras se acerca.

—Escúchate, niño. Usando esa voz tuya para defender en lo que crees —murmura, guiñándome un ojo.

Echo un vistazo hacia Renée. Sigue de brazos cruzados y haciendo un puchero como si tuviera doce años y no obtuvo lo que quería.

—Ella también —respondo.

Mamá niega con la cabeza.

—Renée cree que sabe lo que es mejor, pero no significa que lo sepa.

Asiento. No quiero empeorar las cosas entre ellas, pero tampoco dejaré que Renée controle todos los movimientos de Bella.

—Ya vuelvo —digo, apartándome de la mesa.

Camino por el pasillo para encontrar a Bella en el baño. Esta de pie frente al lavabo con LC en su cintura, buscando en su bolso con su mano libre. Me acerco para tomar a Landon y él prácticamente salta de los brazos de su madre.

—¡Bah! —grita mientras lo abrazo. Sus manos van directo a mi cabello y jala de él, algo que hace con todo el que lo sostenga.

—Hola, amiguito. —Sonrío y aparto su mano, plantando un beso allí. Miro a Bella para ver que está rebuscando en el bolso y estiro mi mano para tomar de su muñeca—. Hey, ¿estás bien?

Asiente, luciendo nerviosa.

—Estoy bien. Solo… no sé lo que estoy haciendo…

—No me digas que le crees, Bella.

Se sorba la nariz y mira al suelo.

—Pero tiene razón. No puedo ser una buena madre, no tengo idea…

—¿Me estás jodiendo? —La interrumpo.

—¡Bah! —Landon se estira hacia Bella.

—Bella, si alguien sabe qué hacer, esa eres tú. ¿Sabes lo perdido que me siento cuando me dejas a solas con él? Eres la única que sabe cómo hacerlo reír, o dejar de llorar. Te quedas despierta toda la noche y me dejas dormir… Me siento como un padre holgazán.

Ella sacude su cabeza y sus ojos se llenan de lágrimas.

—No, no eres holgazán. Haces todo por nosotros. Nos diste una casa y…

—Y tú también trabajas duro —interrumpo—. Quizás tu madre no lo vea, pero yo sí.

LC comienza a tironear de la coleta de Bella.

—Lo ve, solo que no quiere verme cometiendo errores, y quizás él es uno en sus ojos. Ella actúa como si… la palabra con "A" sigue siendo una opción, cuando no lo es. Piensa que voy a abandonar el estudio otra vez.

—No —gruño—. Eso no va a pasar.

—No —concuerda.

—¡Bah! —grita LC, tomando el rostro de Bella en sus manos y obligándola a mirarlo. Ella ríe.

—¿Qué pasa? —pregunta—. ¿También quieres hablar con mami y papi?

Él deja caer su cabeza en su hombro y levanta el collar que le regalé para comenzar a jugar con él. Bella pasa sus dedos por su cabello castaño claro.

—Volvamos. No me importa lo que los demás piensen en estos momentos.

Asiento.

—¿Estás segura de que no quieres irte?

Niega con la cabeza.

—No. Mi madre se disculpará después, solo tiene sus momentos.

La sigo hacia afuera del baño.

—Sí, bueno, no dejes que "sus momentos" te pongan mal otra vez porque no dejaré que te hable así, y estoy seguro que Charlie estaría de acuerdo.

Ella asiente, y LC se retuerce para llegar a mí. Lo tomo en brazos y agarro la mano de Bella antes de volver al cuarto lleno de familiares locos.

—¿Lista? —pregunto.

Respirando profundo, le da un apretón a mi mano.

—Como siempre.