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UNA BODA CONSUMADA, UNA BODA NO DESEADA
-¿Puedo hablar contigo, Candy?
Patricia estaba frente a la puerta de su alcoba, ligeramente sonrojada y con una expresión avergonzada en el rostro. Candy frunció el ceño pero le indicó que entrase. El alivio en el gesto de su prima la intrigó todavía más.
-¿Qué sucede? - la invitó a sentarse junto a ella pero Patricia prefirió hacerlo en la cama. Candy la acompañó.
-Tú conoces a Stear desde hace más tiempo que yo - titubeó, evidentemente cohibida.
A Candy no le pasó desapercibido el modo en que lo había llamado pero fingió no darse cuenta. Ya estaba lo suficientemente acobardada como para sumar un motivo más a la lista. Los seis años que habían estado separadas parecían ahora una barrera insalvable entre ellas y no le gustaba. Patty era su prima y no la quería sentir como una extraña.
-Toda mi vida - dijo en cambio, alentándola a continuar.
-¿Está muy apegado a su hogar? - su voz sonó en un susurro y Candy tuvo dificultades para escucharla. Sin embargo, entendió perfectamente lo que le preguntaba.
-Hará cualquier cosa por estar contigo - la tranquilizó.
-¿Cómo estás tan segura? - suspiró - Él es tan perfecto y yo...
-Y tú eres preciosa - la interrumpió - y encantadora. Con un corazón de oro. Eres una muchacha increíble y Stear te adora. Con todos tus defectos y todas tus virtudes.
-Se merece a alguien mejor que yo - bajó la cabeza apenada.
-No te menosprecies, Patty - la tomó de las manos - Yo te conocía cuando nada ni nadie te impedía hacer lo que te proponías. Eras fuerte e intrépida. No dejes que las palabras de un bruto ignorante condicionen tu vida por más tiempo. Ya le has dado demasiado crédito. No lo merece.
-Tenía razón.
-Por supuesto que no - la obligó a mirarla - ¿O has olvidado aquella ocasión en que te enseñé a trepar a los árboles después de que me persiguieses durante dos días el primer verano que pasamos aquí? Yo no era mucho más experta que tú y acabamos cayendo al suelo juntas.
-Los cardenales nos duraron semanas - rió al recordarlo.
-O aquella otra en que Rob nos desafió a una pelea porque decía que las niñas no podíamos golpear tan fuerte como los niños.
-En eso yo tuve poco que ver - sonrió.
-Eh, no te quites mérito. Me ayudaste a tumbarlo - se encogió de hombros.
-Éramos niñas - suspiró - Ahora es distinto.
-Porque tú permites que lo sea. Tu problema está aquí - señaló su frente con el dedo - no en tu pierna.
-Stear dice lo mismo - se ruborizó de nuevo.
-Stear es sabio - sonrió - y está enamorado de ti.
-¿Te lo dijo él? - la miró esperanzada.
-Me dijo más que eso. Me aseguró que encontraría el modo de estar contigo, así tenga que venirse a Dunvegan.
-No merezco a alguien como él.
-Claro que lo mereces. Él es el afortunado por haber logrado tu interés.
-Gracias, Candy - le sonrió - Eres la mejor. Te extrañé mucho todos estos años.
-Y yo a ti - la abrazó - Vamos a buscar a ese hombre que suspira por ti. Desde que hemos llegado lo has acaparado para ti sola y tengo ganas de reírme un poco de él.
-Candy - se sonrojó más intensamente pero no abandonó su sonrisa.
-Descuida, no le molestará - le guiñó un ojo - Además, tendré que aprovechar ahora, antes de que me lo arrebates del todo.
Como si lo hubiesen invocado al hablar de él, se encontraron con Alistair en las escaleras. La radiante sonrisa que le dedicó a Patty le dio la razón a Candy. Amaba a su prima por encima de todas las cosas.
-Venía a buscarte, Patty. Tu madre me dijo que no habías bajado todavía.
-Gracias - le rodeó el cuello con los brazos cuando la cargó en los suyos.
-Si a esto es a lo que os habéis dedicado hasta ahora - rió Candy deseosa de incomodarlos un poco - no me extraña que os hayáis enamorado. ¿Quién podría resistirse a un hombre que te lleva en brazos a todas partes, prima?
Alistair rió, para nada avergonzado, y Patty ocultó el rostro en su cuello. Candy estaba segura de que se había vuelto a ruborizar.
-Aidan viene en camino - dijo Alistair, tratando de cambiar de tema para salvaguardar la dignidad de Patricia - Envió a alguien para avisar de su llegada.
-¿Karen está bien? - preguntó Patricia interesada en saber más al respecto.
-No sabemos nada, sólo que llegarán pronto.
Un par de horas después, se encontraban todos reunidos en el gran salón, esperando a los viajeros. Todos los White, los tres MacDonald y Charlie, Paulina y Patricia. Parecían tan ansiosos que algunos no podían mantenerse simplemente sentados.
Candy podía sentir la mirada de Albert sobre ella pero decidió ignorarlo. Se había puesto en evidencia ante él y no estaba preparada para ver la burla en sus ojos. Prefirió poner su atención en la puerta, deseando ver entrar a su prima por ella.
Habían pasado tantas cosas en su vida desde que supo que la habían secuestrado que por un momento, se olvidó de ella. Y eso era algo que se reprocharía por mucho tiempo.
-Ya vienen - anunció un muchacho segundos antes de que Aidan y sus hombres hiciesen su aparición.
-¿Dónde está Karen? - preguntó Paulina después de abrazar a su esposo, aliviada de tenerlo de regreso.
-Se ha quedado con los MacLean.
-¿Por qué?
-Porque ahora es una de ellos - Aidan miraba fijamente a Anthony para estudiar su reacción mientras hablaba.
Había temido ese momento desde que descubrió que su hija no había sido secuestrada sino que se había fugado con el hombre que aseguraba amar. Lachlan MacLean, el laird de los MacLean desde la muerte de su padre tres años atrás. Había llegado demasiado tarde para impedir aquel matrimonio. Y por más que le complicase las cosas, no pudo sino alegrarse por su hija. La había encontrado tan feliz junto a Lachlan, que se sintió mal por no haberlo visto venir, tan obcecado había estado por sellar la paz con los MacDonald.
-Me temo que eso no va a ser del agrado de mi padre - dijo Anthony en respuesta, todas las miradas clavadas en él - aunque no debo decir que me sorprenda.
-Yo no lo planeé - le aseguró.
-Soy consciente de ello, Aidan. Os creo más inteligente. Pero no es a mí a quién debéis convencer sino a mi padre. Se lo tomará como mejor le convenga.
-Querrá guerra - sentenció Robert, interviniendo por primera vez.
Se habían sentado a la mesa y aunque el tema pareciese lo suficientemente delicado como para hablarlo en privado, ninguno de los presentes hizo el amago de irse. Tampoco los echaron.
-Hay un modo de impedir que esto llegue tan lejos - habló de nuevo Aidan - He pensado en ello mientras venía de regreso.
-Mi padre sólo aceptará el fin de la rivalidad con un matrimonio. Lo dejó claro en sus misivas.
-Y un matrimonio es lo que le daré - asintió - Todavía tengo una hija casadera. Es joven pero será una buena esposa.
-No - el grito de Patricia resonó en el salón y todas las miradas recayeron ahora en ella.
Su rostro estaba pálido y su respiración acelerada. Buscó desesperada la mirada de Alistair y éste se levantó presto a sostenerla cuando se desmayó. Su mirada preocupada encontró la de Candy, que acudió en su ayuda en cuestión de segundos.
-No puedo consentirlo - lo oyó susurrar - No dejaré que me la quiten.
-Eso no está en tus manos, Stear.
-Lo está - la miró decidido y supo que su primo sería capaz de empezar una guerra por conservar al amor de su vida.
CONTINUARA
