CAPÍTULO 10

Los pequeños arbustos podados de forma rectangular y extendidos de tal manera que formaban una especie de cercado, al mismo tiempo que creaban figuras y daban la impresión de un espacioso laberinto, rodeaban un hermoso jardín en el que rosas, jazmines, orquídeas, lirios, agapantos y demás especies de flores, brillaban hermosas bajo los intensos rayos de sol. Sakura Haruno caminaba por entre los espacios formados por los arbustos, y levantaba su rostro para recibir el calor del sol en plenitud.

Llevaba un vestido blanco de seda, de delgados tirantes en los hombros, un poco ajustado en el torso y que abría bajo las caderas para caer libremente hasta sus pies descalzos. No sabía dónde se encontraba, ni cómo había llegado hasta allí, solo podía sentir una hermosa paz que la invadía y la reconfortaba. Caminó unos pasos más hasta el centro del jardín, y se topó con una figura negra sobre un enorme pedestal de piedra blanca. Era la estatua de un hombre con una gran capa con capucha negra, que lo cubría casi por completo, dejando al descubierto solo un rostro hermoso con los ojos cerrados y una expresión adusta.

Sakura lo contempló por un momento, sumergida en esas facciones que no parecían reales. De repente, la estatua abrió los ojos y la miró fijamente; eran de un color azul tan intenso, que parecían dos zafiros brillando en sus cuencas. Aturdida y a la vez hechizada por esa mirada, quedó inmóvil, contemplando cómo la figura, que antes era de piedra, se convertía en un hombre, que, sin dejar de mirarla, saltó del pedestal y se situó frente a ella.

―Eres mía ―le dijo con voz firme y potente. Ella reaccionó en ese momento, presa del miedo. Dio media vuelta para echar a correr, percatándose entonces, que el cielo se había vuelto un remolino de nubes moradas, al tiempo que una brisa helada golpeaba contra su cuerpo. Bajó la mirada y vio que las flores, antes radiantes, se hallaban marchitas y esparcidas por el suelo. Levantó de nuevo la vista y a unos metros frente a ella, vio al hombre que la seguía mirando fijamente.

―Eres mía ―repitió. Sakura, girando hacia su izquierda, corrió presa de un terror nunca antes conocido. Frente a ella divisó un enorme castillo, hermoso en su estructura, pero descuidado y casi en ruinas en cuanto a sus detalles.

―No huyas, Sakura. ¡Me perteneces! Escuchó la misma voz del hombre, solo que no parecía una voz humana, sino una de trueno que llegaba a ella desde todas direcciones…

―¿Qué te sucede, princesa? Parece que no dormiste bien.

―No es nada, el cambio de horario a veces me afecta como el primer día. Naruto miró a Sakura, incrédulo; aun así, ella no podía decirle sobre ese sueño recurrente, y mucho menos que precisamente esa noche notó que la cara de la estatua era idéntica a Sasuke. Era él, no tenía duda alguna, y ese hecho la asustó. Desde que se despertó en la madrugada tenía una extraña sensación en el pecho, como un presentimiento de que algo iba a ocurrir ese día, y no era bueno, pues el terror que sintió en el sueño atormentaba su espíritu, avisándole que tuviera cuidado, y al mismo tiempo, asegurándole que ya no había escapatoria, que estaba perdida.

―Hoy voy a migración ―continuó Sakura, mientras servía dos vasos de jugo de naranja―. Necesito averiguar personalmente qué ha pasado con mi proceso.

―Si quieres te puedo acompañar ―propuso Naruto, tomando el vaso que su amiga le ofrecía―. Puedo informarle a Kendal que también llegaré tarde, y sé que él no tendrá ningún inconveniente en darme el permiso.

―No es necesario. Solo será un momento mientras me dan la información. No creo demorarme mucho y llamaré a Eva para avisarle. ―Sakura se encogió de hombros y cambió la expresión de su rostro a una más divertida. Necesitaba pasar del tema, porque no quería que Naruto notara la preocupación que sentía, por lo que pudiera suceder en pocas horas―. Por qué mejor no me cuentas de Lara Uchiha, la chica me cae muy bien. Naruto frunció el ceño y se sentó junto a la pequeña mesa de la cocina del apartamento.

―Pues a mí no me cae para nada bien. ―Se acomodó en la silla y pensó en algo por unos segundos, para enseguida bufar―. Está completamente loca y pretende volverme loco a mí también. ¡Tú la vieras! Parece una fastidiosa muñequita a que le dan cuerda, más cuerda y nunca se le acaba. Se mueve de un lado a otro como si estuviera drogada, habla más que un político, se cuelga de mi brazo como si fuera un mono, me hala, me da órdenes como si yo fuera su lacayo, me grita y enseguida me sonríe, se auto invita a almorzar con nosotros casi todos los días, ordena la comida sin siquiera preguntarme qué quiero, y me veo obligado a comer lo que a ella le da la gana; eso sin contar que hace planes conmigo para el fin de semana y soy el último en enterarme. La única excusa que acepta es que tengo trabajos de la universidad.

Cuando llega a la oficina me saluda de beso en la mejilla, si estoy de pie se apoya en mí y habla con Kendal como si yo solo fuera una maldita columna, y cuando estoy sentado apoya sus brazos en mis hombros, o si no juega con mi cabello hasta dejarme despeinado como su hermano. Sakura lo miró con los ojos muy abiertos. Nunca lo había escuchado hablar tanto y tan rápido; él siempre fue alguien calmado, que se tomaba un respiro para todo, a menos que algo lo sacara de sus casillas y al parecer esa chica lo estaba consiguiendo. En definitiva, si él no le hacía algún desaire, es porque era un caballero. Colocando su vaso en la mesa a tiempo para no romperlo, estalló en carcajadas.

―¡Claro! Como a ti no te toca aguantártela ―reprochó Naruto; enseguida bufó y se levantó del asiento para acercarse al lavaplatos.

―Esa familia es todo un circo ―declaró Sakura entre risas. Naruto, cambiando a un tono más serio, se acercó a Sakura.

―¿Cómo…Cómo vas con Sasuke? ―No quería preguntar directamente por la relación que estaba seguro tenían ellos dos. Sakura todavía no se lo confesaba, y mientras no lo hiciera, él no le tocaría el tema de forma directa. Si bien quería que confiara más en él, tampoco podía obligarla, y eso lo atormentaba en cierta forma; el no poder saber qué sucedía realmente entre ellos, le hacía imaginarse miles de situaciones, y ninguna le agradaba. Lo que más le preocupaba era lo del viaje. Nunca le pareció una buena idea, y cuando le preguntó a Sakura cómo le había ido, ella le sonrió, le contestó escuetamente, y luego se concentró en hablarle del helicóptero y lo que sintió mientras despegaba y aterrizaba. Cada vez que se imaginaba lo que pudo haber pasado en ese hotel, aunque tuvieran habitaciones separadas, le provocaba escalofríos y ganas de matar a Sasuke.

Naruto sabía perfectamente que ella ya no era la niña triste que conoció años atrás, pero para él, que sin permiso tomó las responsabilidades de hermano mayor, ella aún era su niña inocente; y el imaginarse a Sasuke, un hombre incluso mayor que él, corrompiéndola, haciéndola suya, le producía un fuerte dolor de cabeza. Beth se giró para darle la espalda. A su mente llegó el recuerdo de lo que había pasado con Sasuke en la habitación, la forma tan sensual en que la besó y la acarició hasta encenderla, al punto de dejar que le hiciera… eso.

Ni siquiera era capaz de pronunciar las palabras en su mente, lo que no impedía que las imágenes se repitieran una y otra vez, como una película erótica que no podía pausar; sin contar con las sensaciones que llegaban a ella y recorrían todo su cuerpo, al tiempo que sucedían en sus recuerdos.

Naruto era muy intuitivo, y con solo verle la cara de martirio que seguramente tenía en ese momento, sería capaz de darse cuenta de que algo malo ocurrió en ese viaje, aunque por la forma de preguntar, era claro que él estaba seguro de la supuesta relación de los dos.

―Lo mismo de siempre ―contestó Sakura sin mirarlo, encogiéndose de hombros para darle más veracidad a sus palabras―. Pero estoy deseando poder irme de aquí, cuanto antes. Naruto se le acercó por detrás y la abrazó. Él también deseaba que ella se fuera, y rápido. Aunque respetaba la relación que tenía con Sasuke, no consideraba que él fuera el hombre para ella. Él podía aprovecharse de su inexperiencia para su propio placer, y aunque le había insinuado que la amaba, era un hombre de negocios, y por ende no le sería difícil mentir para conseguir lo que quisiera.

Y también estaba su lado egoísta que no quería que se fuera. Se había acostumbrado en las pocas semanas que llevaban ahí, a estar con ella. Le gustaba llegar y encontrarla esperándolo, contarse lo sucedido en el día, y dormir sabiendo que ella estaba a salvo en la habitación de al lado. Ciertamente podía decir que estaba obsesionado con la niña. Cuando la conoció, despertó en él ese deseo de protección que tenía dormido desde pequeño, cuando veía cómo sus amigos cuidaban a sus hermanitas, mientras que él no tenía a quien cuidar, pues su educación le indicaba que su deber era proteger a sus seres queridos, así solo tuviera ocho años de edad. Sakura, entendiendo el abrazo de su amigo, se giró y le rodeó la cintura con los brazos.

―Yo también quisiera quedarme ―declaró, apoyando su cabeza en el pecho del hombre―, pero sabes que no he hecho las vueltas de la universidad y… ―Quiso decir que quería alejarse de Sasuke y así mantener controladas sus hormonas, además de demostrarle que haría lo que le diera la gana sin importarle lo que él pensara, solo que nada de eso podía decírselo a Naruto―, quisiera hacer una vida allá. Te prometo que hablaremos todos los días, y vendré en vacaciones a supervisar cómo te está tratando Lara. Naruto rodó los ojos, y volvió a bufar cuando Sakura lo miró de manera sugestiva mientras aguantaba la risa.

―Mejor me voy al trabajo ―anunció Naruto con fastidio, antes de darle un beso en la frente a Sakura―. Solo espero que hoy se le parta una uña y no pueda ir a fastidiar.

―¡Qué malo eres! ―gritó Sakura, riendo de nuevo. «El acoso es algo que también comparte esa familia», pensó irónicamente. Luego que Naruto se fuera, Sakura pensó en llamar a Sussana. Desde la bromita en complicidad con Sasuke no había hablado con ella, y aunque no le gustaba usar el teléfono celular de la empresa para asuntos privados, Sasuke se lo debía después de lo de York. Luego de escuchar los reclamos por ser la peor amiga sobre la faz de la tierra, Sakura le preguntó por las novedades de su vida.

―Ya solicité la beca de antropología en la UC Berkeley ―comentó Sussana, emocionada―. ¡Hablé directamente con el Decano! Él me dijo que, con mis notas y estudios autónomos, estaba casi seguro que ganaría alguna de las plazas.

―¡Eso es perfecto, Sussana! No te imaginas cuánto me alegra ―dijo Beth muy contenta, pues sabía cuánto quería su amiga esa oportunidad. Desde hacía tiempo se estaba preparando con cursos a distancia y talleres cortos, para tener su cupo asegurado.

―Tengo todas mis esperanzas puestas en eso, Sakura. Las universidades están muy caras, y lo que tengo reunido solo me alcanza para la residencia y manutención ―explicó Sussana, hablando más seriamente―. Aunque si no lo logro, tengo mi plan B. El Decano me explicó que puedo financiar la mitad de la colegiatura directamente con la universidad, y lo pago con trabajo por horas en alguna de las dependencias. El problema es que para que no me salga muy caro, debo iniciar con cursos básicos, lo que me atrasaría bastante… Supongo que por algo se empieza.

―¡No te eches sal tú misma! Estoy segura que ganarás una de las becas sin ningún problema, y tú también debes estarlo. Ya verás que todo te saldrá de maravilla. ―Yo también tengo fe, tranquila. Ahora, hablemos de asuntos más deliciosos. Cuéntame cómo van tus cosas con el bombón británico. Busqué su nombre en Google y déjame decirte que todavía tengo sueños eróticos con ese hombre.

―No empieces, por favor ―rogó Sakura―. Él es insoportable; si lo conocieras entenderías de lo que hablo.

―¡Sakura, por Dios! Eso es lo de menos. En cualquier momento te regresas y qué mejor que traerte como recuerdo el haber estado con el hombre más sexy de toda Europa, aunque podrías considerar también al vicepresidente, Kendal creo que se llama. Ese hombre está como para chuparse los dedos. Qué genes los que se manda esa familia, porque son primos, ¿verdad?

―Sí, lo son, y aunque Sasuke es tan sexy como dices, tengo miedo…

―¿A qué te refieres? ―preguntó Sussana en tono serio y preocupado―. ¿Qué es lo que no me has contado? Sakura se mordió el labio. No debió hablar de más con su amiga, y la única forma de salvarse de un fuerte interrogatorio, era contarle algunas cosas sin entrar en detalles.

―No es nada serio, en realidad. Solo que he tenido una pesadilla recurrente y a eso se suma que Sasuke es un poco… intenso.

―¿Intenso? ¿Acaso te está acosando? Elizabeth, si es así debes contarle a Daniel.

Lo que yo te digo es solo un juego, en cambio un acoso es algo muy serio. Ya no existía ni un ápice de diversión en la voz de la chica.

―No, claro que no es eso. ¡Cómo se te ocurre! ―explicó Sakura apresuradamente. Visto desde el significado literal de la palabra, sí era acoso lo que Sasuke tenía con ella; sin embargo, no estaba dispuesta a preocupar a su amiga con esos temas, pues sabía que no dudaría en llamar a Naruto y contarle todo―. Es solo que le gusta que las cosas se hagan como quiere y… muchas veces nos tiene a todos corriendo en la oficina. ―¿Seguro es solo eso? Porque no entiendo por qué tienes miedo de algo tan común en cualquier trabajo. ―Sí, es solo eso. Además, sucede que hoy voy a migración y estoy nerviosa por saber qué me van a decir, eso es todo, en serio.

―Eso espero, porque sabes que puedes confiar en mí, ¿cierto? ―Lo sé, y no sabes cuán agradecida estoy contigo. ―Sakura sonrió, aun sabiendo que su amiga no la podía ver―. Ahora te dejo. Se me hace tarde y tengo que llamar a la oficina para avisar que me demoro. Luego de despedirse de Sussana y asegurarle nuevamente que nada sucedía, y que trataría de estar con ella antes de que se fuera a estudiar, marcó a Eva para avisarle de su demora. ―Sakura, no es necesario que vayas. Puedo enviar al abogado y que él te informe.

―No, quiero solucionar esto rápido y prefiero hacerlo personalmente. No quiero que luego digan que me estoy escondiendo ―explicó.

―Está bien, aunque no creo que a Sasuke le agrade la idea. ―No me importa lo que él piense, y si es por la deuda, hay mucha ropa que aún no he usado así que puedo devolverla, el resto espero pagársela apenas regrese a América, así no estudie el año que viene.

―Dudo mucho que él acepte que hagas eso, pero tú sabrás. Minutos más tarde, Beth entró en la oficina de migración, ubicada en el 40 de Wellesley Road. Luego de hablar con la recepcionista, se dirigió a la sección de inmigración y pasaporte, en donde después de un par de personas, entró a una pequeña estancia, donde fue atendida por un hombre de unos treinta años de edad, a quien le explicó en qué consistía su problema.

―Señorita Kremer, según el sistema usted no posee ningún reporte negativo.

―Eso no puede ser, señor ―alegó Sakura―. Como le dije, intenté salir del país el viernes 23 de junio y no pude hacerlo por un problema en el registro de mi pasaporte. Incluso se consideró una falsificación.

―Señorita, ya se lo dije, no hay ningún reporte. De igual forma permítame preguntar en otra dependencia, para corroborar la información. Sakura asintió, el hombre marcó un número y empezó a hablar. No entendía lo que sucedía. Si era cierto que todo estaba bien con su ingreso al país, entonces el error debió solucionarse días atrás; aun así, el Doctor Reeve estaba al pendiente del proceso, y ya le habría informado que su situación estaba arreglada. ―Acabo de hablar con la oficina de antecedentes penales ―informó el hombre luego de cortar la llamada―, y tal como le informé, no existe ningún tipo de denuncia en su contra. ¿Está segura que el error no fue en el aeropuerto?

―Totalmente ―respondió Sakura―. Incluso, el abogado de la compañía en la que laboro está llevando el caso. Yo misma le firmé un poder. ―Señorita, póngale lógica a todo esto. La única forma en que usted pueda estar trabajando con un reporte de ilegalidad, sería precisamente de esa forma: ilegal. A menos que alguien quisiera hacerle un favor, no es posible contratar a una persona con ese tipo de situación.

―En realidad, sí fue un favor. ―Sakura estaba indecisa en decir el nombre de la compañía, aunque si era cierto todo, no tendrían inconveniente en que se supiera―. UchihaWorld Company me contrató para ayudarme, y ellos mismos me proporcionaron el abogado

―¡Ah, entiendo! UchihaWorld es una de las compañías más poderosas del Reino Unido, quizás ellos pudieron solucionar todo en tiempo record. ―El hombre lo pensó por un momento―. De todos modos, debería aparecer en su registro la denuncia y la absolución. Permítame y hago otra llamada, ¿cuál es el nombre de su abogado?

―Jason Reeve El hombre realizó otra llamada mientras Sakura se sentía más angustiada a cada minuto. Era bueno que su historial estuviera limpio, aunque el silencio del abogado no era normal. Si bien no era muy supersticiosa, basándose en los eventos del último mes, y sumado al sueño que tuvo en la madrugada, la sensación de que algo malo iba a suceder se hacía cada vez más fuerte.

―Efectivamente, él reporta como su apoderado, solo que no solucionó nada con respecto a lo que me comenta, pues una vez más me confirman que en su historial no existe ni existió problema alguno con el pasaporte. Lo que el doctor Reeve hizo, fue extender el tiempo de estancia reportado por usted al momento de ingresar al país, y sacar su permiso para laborar. Como le dije, con la influencia de una gran compañía todo es mucho más fácil y rápido.

Sakura cerró los ojos por un momento, la imagen de Christopher le llegó a la mente, al tiempo que la estatua de su sueño y lo que esta repetía: Eres mía. ―Señorita, ¿se siente bien? ―preguntó el hombre con voz preocupada―. Está pálida. Asintió sin abrir los ojos y con la mano le indicó que le diera un momento. Su respiración era agitada, la cabeza le latía fuertemente. Sabía que Christopher tenía que ver en todo eso. Estaba segura que algo se traía entre manos.

―¿Cuánto tiempo fue prolongada mi estadía? ―preguntó Beth, abriendo lentamente los ojos.

―En realidad, señorita, al obtener su permiso de trabajo se establece como… ―El hombre vaciló al decirle. La cara de la chica lo asustaba, parecía como si en cualquier momento se fuera a desmayar―, indefinida. Sakura jadeó y se levantó de la silla rápidamente.

«¡Dios! ¿Qué está pasando? ¿Qué es todo esto?» Empezó a dar vueltas por la pequeña oficina, con una mano en la cintura y otra en la frente; esta última la sentía caliente, y el hombre que la miraba se alarmó al ver cómo su rostro, antes blanco como un papel, se tornaba del rojo más intenso posible.

―Por favor, siéntese, le va a dar algo. ―Se apresuró a salir un momento de la oficina y regresó con un vaso de agua―. Tome, es agua para que se tranquilice un poco. ―Sakura le obedeció monótonamente―. Dígame qué sucede. Acaso, ¿no era eso lo que usted quería? Sakura lo escuchaba lejos, como si se encontrara tras una pesada cortina que amortiguaba el sonido. Su mente trabajaba rápidamente, tratando de entender el porqué de todo lo sucedido.

Sabía que Sasuke la deseaba, pero armar todo ese montaje solo para retenerla mientras la llevaba a la cama, no tenía sentido. Algo más debía suceder; una simple calentura con una jovencita americana no justificaba tanto trabajo, porque estaba segura que, si el doctor Reeve había hecho todo eso, era por orden de Sasuke y no por voluntad propia. ―Señorita, dígame algo, por favor. ¿Tiene alguien a quien pueda llamar para que venga a recogerla? «Naruto»

―¡No! ―gritó Sakura cuando el nombre del chico llegó a su mente. Antes de hablar con Naruto necesitaba hacerlo con Sasuke, exigirle que le explicara qué estaba sucediendo. Si su amigo se enteraba de todo, no dudaría ni un minuto en renunciar a su trabajo, abandonar la universidad, y sacarla del país en el menor tiempo posible. Definitivamente era un problema que debía solucionar por sí sola, al menos de momento―. No, estoy bien, solo fue… un leve mareo… sí, eso, un mareo.

―¿Está segura? ―preguntó el hombre, aún preocupado.

―Sí, segura. ―Sakura trató de tranquilizarse para no angustiar más al empleado―. ¿Puede usted darme una certificación de todo lo que me acaba de decir? ―Puedo darle copia de las solicitudes hechas por su abogado, así como de las actas de aprobación y una certificación de cómo es su estado legal hasta la fecha.

―Sí, eso me sirve. ―Sakura miró al hombre y le sonrió como pudo―. Muchas gracias. El empleado asintió, salió de la oficina, y luego de unos minutos, regresó con un sobre de manila que le entregó. Dándole de nuevo las gracias, Sakura se despidió. Necesitaba llegar a UchihaWorld lo antes posible. No tenía la paciencia necesaria para tomar un transporte de servicio masivo, por lo que detuvo un taxi y le indicó su destino. No podía hacerse conjeturas, pues no sabía por dónde empezar. Sasuke podía tener a la mujer que deseara, y por muy encaprichado que estuviera con ella, no era normal que un hombre hiciera tanto por tener a una mujer… «A menos que…» Interrumpió el pensamiento al parecerle ilógico.

Antes de lo sucedido en el aeropuerto, solo se habían visto una vez, y fue algo muy rápido. Él la había mirado con ira y posesividad, y siempre pensó que fue solo su imaginación. No tenía motivos para hacerlo pues era la primera vez que la veía. «¿Acaso puede alguien enamorarse tan rápido?» Volvió a desechar el pensamiento. Sasuke no podía estar enamorado de ella, y si lo estaba, lo más normal era que el sentimiento naciera del trato entre los dos, lo cual empezó a suceder luego de su intento fallido por salir del país. El pensar en el asunto no aplacaba su ira. Necesitaba una explicación, y la iba a obtener así tuviera que arrancarle cada cabello de la cabeza al presidente de «una de las compañías más poderosas del Reino Unido», como había dicho el trabajador de migración. Llegó al gran edificio y entró sin saludar. El vigilante se la quedó mirando, extrañado. Ella siempre se había caracterizado por ser una chica amable, aunque al parecer no estaba en su mejor momento. Los cuarenta y un pisos se le hicieron eternos en el ascensor.

Sujetaba con fuerza el sobre que contenía las pruebas de lo que fuera que Sasuke estaba planeando, y aunque su cabeza intentaba procesar todo, no encontraba cómo encajar las piezas de ese rompecabezas. Cuando las puertas se abrieron, siguió de largo por donde estaba Eva sentada, y abriendo la puerta del despacho de presidencia, la cerró en el mismo movimiento, produciendo un fuerte sonido. Caminó furiosamente hacia el escritorio donde se encontraba sentado el hombre de cabellos oscuros, garabateando sobre unos papeles. Extrajo los documentos del sobre y los arrojó sobre la mesa, haciendo que estos cayeran esparcidos.

―¡Me explicas ya mismo qué significa esto, Sasuke Uchiha! ―gritó, expulsando toda la ira que había contenido en el camino. El latir frenético de su corazón hacía eco en su cerebro, provocándole dolor de cabeza. Sasuke levantó la vista y se puso de pie lentamente. Su rostro carecía de expresión alguna, y su mirada se encontraba fija en la cara de la mujer frente a él.

―¿Sabes por qué manejo mi coche y no contrato un chofer, Sakura? ―preguntó sin mirar siquiera los documentos sobre su escritorio.

―¿De qué demonios estás hablando? ¡Contesta de una maldita vez qué es todo esto! ―Yo manejo mi propio coche, Sakura ―se contestó a sí mismo, ignorando las palabras de la chica―, porque me gusta tener el control de mi camino, de mi vida, de lo que quiero. Sakura no atinó a pronunciar palabra. Su ira se estaba convirtiendo en miedo. La calma de Sasuke le indicaba que sabía de lo que ella estaba hablando, y que estaba tan seguro de sí mismo que no temía lo que pudiera suceder.

―¿Sabes por qué tengo a varios guardaespaldas siguiendo a cada miembro de mi familia, mientras que yo no tengo a ninguno? ―continuó Sasuke―. Porque si se meten conmigo, me defiendo hasta las últimas consecuencias, así me lleve al mundo por delante, pero si algo le sucede a mi familia, me vuelvo completamente vulnerable.

Daría todo lo que tengo y más para que nada ni nadie los toque. ―Bordeó el escritorio y se acercó a ella con lentitud―. Ahora dime tú, Elizabeth, ¿qué estás dispuesta a hacer por los que amas? Sakura se paralizó. Esa última pregunta era la clave de todo, y lo que más la asustaba era la respuesta. «Todo», pensó con angustia. Si ese hombre había sido capaz de hacer todo eso por retenerla, prefería no imaginarse a qué se atrevería en esos momentos por obtener lo que quería.

Después de todo, no eran muy diferentes: ella también tendría guardaespaldas siguiendo a su familia, y como no podía hacerlo, entonces los protegería ella misma. Sasuke sonrió con suficiencia al leer en su expresión la respuesta. ―Eso imaginaba. Sakura cerró los ojos. Estaba completamente perdida, lo sabía. Sasuke giró, y tomando una carpeta que estaba sobre su escritorio, la abrió y empezó a hojearla.

―Veamos, ¿por dónde empezamos? ―Se giró de nuevo hacia ella―. ¡Ah, sí! Sussana. Sakura apretó con fuerza los puños. La verdad se revelaba. ―Solicitud de beca para estudiar antropología en la universidad de California, charla con el Decano, esperanzas de financiación si no sale favorecida, toda su vida dedicada a cursos extras para resaltar su hoja de vida, sin dinero para costearse los estudios por sí sola. La chica tragó sonoramente.

―Jason Evans, padre de nuestro amigo Naruto ―continuó como si hablara de negocios―. Tiene un taller de autos en Chicago, ¡uno de los mejores según parece!, con planes de comprar un nuevo local y extenderse al otro lado de la ciudad. Solicitó un préstamo al Banco de América; tiene todos los impuestos al día, documentos en regla, el orden personificado. El corazón de Sakura latía fuerte y rápido, mucho más de lo normal.

―Amelia Haruno, ¿o debería decir futura señora Evans? ¡Así es! Jason le compró hace una semana un anillo de compromiso. Según le comentó al hombre de la joyería, piensa esperar a que ella esté lista para darle el sí. Vive de la pensión de tu padre luego de que le prohibiste trabajar por un incidente con un jefe abusivo, y aun así, se dedica a dar clases extras por las tardes a los chicos de la zona que tienen problemas con las notas. Vive en una casa con hipoteca y todavía es dueña de su antigua casa en Pana. Es una mujer hermosa… igual que tú.

―Sasuke… ―El tono de Sakura fue de advertencia. Se estaba metiendo en terreno sagrado para ella. Él la ignoró por completo.

―Gabriel Haruno…

―¡No! ―gritó Sakura, abalanzándose sobre él y golpeándolo en el pecho, frenética―. ¡No te atrevas…! ―¡No te atrevas tú a ignorar esto, Sakura! ―gritó Sasuke en respuesta, arrojando la carpeta al suelo y tomando a Sakura por los brazos―. Tu padre, un hombre intachable, ni un solo incidente en toda su carrera: el médico perfecto, el jefe querido, el hombre ejemplar; ni una maldita mancha en toda su vida. Ahora dime, Sakura, ¡dime! Qué pasaría si a Sussana le niegan la beca, la financiación, y no la aceptan en ninguna universidad en todo Estados Unidos.

Si a Jason le niegan el préstamo, si le aparecen impuestos sin pagar, documentos falsificados, fraudes, desvíos. A tu madre le quitan la casa porque ninguna de las cuotas que ha dado hasta el momento aparecen registradas en el sistema, la casa de Pana termina misteriosamente incendiada y sus cuentas cerradas. A tu padre le aparece una mujer con una niña o un niño, tú escoges; informes negativos, malos procedimientos, negligencia médica. Todo sin poder defenderse.

¡Y de Naruto ni hablemos que es el más fácil de joder! Si el infierno existía, Sakura estaba segura de encontrarse en él en ese momento. Todo lo que amaba, todos los que consideraba su familia, todo lo que existía para ella, se encontraba en manos del demonio de ojos azules que tenía en frente. Los sueños de sus amigos, el trabajo de su padrastro, las posesiones de su madre, la reputación de su padre; todo eso dando vueltas en una ruleta, a la espera del disparo que desangraría su existencia. En ese momento, ya no cabía duda de que todo lo que le había sucedido desde su llegada a Londres, era culpa de Sasuke. Lo tenía todo fríamente calculado, había jugado sus piezas y ella se encontraba en jaque.

«―Ten mucho cuidado, niña, hay algo que te acecha y no es bueno. No debiste venir a esta ciudad, aunque así estaba escrito. Solo cuídate.» Habían sido las palabras de Olivia cuando la conoció. Palabras de advertencia que dejó pasar, y en ese momento se le estrellaban en la cara como castigo a su ignorancia. «―…Soñar con mar y playa anuncia la llegada de algo nuevo, muchos cambios en el futuro próximo, pero al volverse tumultuoso indica que es inminente un combate difícil. Lo que más me asusta es que caíste en él, eso quiere decir que serás duramente golpeada por el destino…»

Más palabras, más advertencias, sus sueños se lo indicaban. Pensaba que debió huir cuando aún podía, no obstante, ¿qué habría sido capaz de hacer Sasuke para que regresara? La respuesta a esa pregunta ya no importaba, pues lo que se mostraba ante ella era lo que tenía prioridad. ¿A qué estaba dispuesta por ellos? «A todo», se repitió. No le importaba lo que hiciera con ella; no iba a permitir que tocara a su familia. «Primero muerta».

―¿Qué quieres? ―preguntó Sakura con la voz entrecortada. Hasta el momento no se había dado cuenta que gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas. Sasuke, al verla llorar, le tomó el rostro entre las manos y trató desesperadamente de secar sus lágrimas.

―No, mi amor, no llores. Yo nunca te haría daño a ti, te lo prometo. Tú no serás dañada, estarás
bien.

―¡Déjame en paz, no me toques! ―gritó Sakura, apartándose rápidamente de él―. ¡Dime de una maldita vez qué quieres! ¡Dímelo! En esos momentos, la puerta de la oficina se abrió y Eva entró, cerrándola tras de sí.

―¿Se puede saber qué esta suce…? ―Se detuvo cuando vio a Sakura bañada en lágrimas. Aunque la oficina tenía aislamiento para el ruido, cuando vio a Sakura entrar tan furiosamente, intuyó lo que se avecinaba y se pegó a la puerta para estar al pendiente de algo; si bien no podía distinguir palabras, sí había escuchado los gritos de los dos

―. ¿Sakura, qué tienes? ―La chica se abrazó a ella y Eva volteó a mirar a Sasuke

―. ¿Qué le hiciste? ―¡Tú no te metas, Eva! Esto es algo entre Sakura y yo.

―Me vale mierda, Sasuke. Si te apoyé en todo esto es porque te quiero, pero no voy a permitir que le hagas daño. Sakura no podía articular palabra. Estaba ahogándose en su propio llanto, con el rostro enterrado en el pecho de la mujer. Escuchó las palabras de Eva, las que la culpaban de cómplice de lo sucedido; no obstante, también comprendió que ella solo sabía una parte de todo, y en el momento, era el único apoyo que tenía.

―Ya no está en mis manos su destino ―dijo Sasuke con voz fría―. Ahora todo depende de ella.

―¿De qué estás hablando? ¿Qué depende de ella? ―preguntó Eva mientras aferraba con fuerza a Sakura, que continuaba temblando por el llanto. ―Ver cómo destruyo todo lo que ama… ―Sasuke apretó la mandíbula por un momento, como tomando fuerza para lo que seguía―, o casarse conmigo. Sakura giró la cabeza hacia él, rápidamente. No podía creer lo que había escuchado. Ella siempre pensó que solo la quería para un par de noches y no más, pero casarse…

La palabra se repetía una y otra vez en su mente. Sabía que para tener sexo con un hombre solo era necesario el gusto físico, sin embargo, casarse implicaba mucho más: amor, devoción, ternura, necesidad. Nada de eso sentía ella por él, todo lo contrario. Si en algún momento empezó a creer que podía llegar a quererlo, e incluso estaba segura de desearlo, en ese instante toda esperanza se esfumó. Nada quedaba de las sensaciones antes experimentadas.

―No puedes estar hablando en serio ―replicó Eva igual de atónita―. Pensé que solo querías retenerla aquí para tener tiempo de conquistarla. ―Te dije que no iba a dejar nada al azar. ―Sasuke se giró, dándoles la espalda―. Decide, Sakura, hay personas esperando mis órdenes.

―¡Vete al infierno, maldito miserable! ―gritó Sakura con todo su odio.

―El infierno lo viviría el día que tú me faltaras… ―declaró Sasuke, girándose y acercándose de nuevo a ellas―. «No puedo vivir sin mi vida, no puedo vivir sin mi alma.» La mirada de Sakura quedó fija en los ojos azules frente a ella. Esas palabras bastaron para mostrarle a qué se estaba enfrentando.

«Obsesión.» No la que poseen los hombres por sus sueños inalcanzables y anhelos irrealizables, que se extingue con el tiempo y la visión de nuevas pasiones; sino la obsesión que viene del alma, esa que carcome la conciencia y sumerge la razón en un lago profundo de necesidad y ardor.

Esa que atraviesa montañas y océanos por solo una limosna de lo deseado. Esa que es capaz de devastar el mundo para poner a los pies del otro las más delicadas ofrendas. Esa que no conoce más límites que la existencia propia y el fin de lo inimaginable. Una verdadera obsesión.

―Dime, Catherine, ¿qué historia quieres que la pluma escriba? ―preguntó Sasuke sin apartar
su mirada de ella.

―No puedes llamarme así cuando en mi corazón solo hay desprecio hacia ti ―dijo Sakura entre dientes, separándose de Eva y encarando a su verdugo.

―Pero puedo hacer que quienes amas despierten entre tormentos. Sakura dejó escapar un sollozo. Ya no tenía salida, nunca la tuvo en realidad. No entendía por qué se encontraba en esa situación. Había llegado a Londres siguiendo la voz de su infancia, esa que le hablaba en sueños y le indicaba cuál era su destino; la que le prometió protegerla luego de la muerte de su padre; por eso no lograba comprender por qué la había guiado a esa clase de destino; por qué la engañó haciéndole creer que sería algo hermoso, feliz, tranquilo. Y ahí estaba, amenazada por un hombre que, con solo mover un dedo, podía volver un hermoso jardín en un camino marchito y tenebroso. «¿Acaso este es mi destino?»

Cerró los ojos por un momento, y se imaginó cómo sería su mundo si se negaba a las pretensiones de Sasuke, siendo su familia todo su universo. Lo que veía a su alrededor eran cenizas de algo que ella pudo salvar, y que por orgullo egoísta dejó perder. Cuando abrió los ojos de nuevo, las lágrimas habían dejado de emerger, y su mirada era tan fría como el hielo que en ese momento albergaba su corazón.

―Te odio con todas mis fuerzas, Sasuke Uchiha ―declaró con la mayor sinceridad de la que su corazón era capaz.

―Y yo, Sakura Haruno, te amo con toda mi locura.