Resquicios de orgullo

STaty

Capítulo 16

[…]

Hermione regresó a casa bastante tarde el día de Navidad. La verdad es que hacía tiempo que no se sentía tan a gusto con sus amigos. Hermione sospechaba que entre las amenazas de Ginny, las advertencias de Molly, el ron del "ponche sin alcohol" y algún encantamiento por parte de George, todo había ido estupendamente.

La cena había sido agradable, habían recordado viejos tiempos, habían bromeado y hablado de como Ron le iba a robar el puesto de Ministro a Percy. Hermione se había reído con las propuestas de George para la candidatura de Ron.

Al regresar a la mansión, se dio de cuenta que era realmente tarde. Así que, de la manera más silenciosa que pudo, cogió el regalo de Draco y lo dejó debajo del árbol de navidad que tenían en el salón.

Apenas se dio puesto el camisón. Le dolía la barriga de tanto reírse. Rápidamente se quedó dormida mientras cierto rubio le apagaba la luz con una sonrisa. No pudo agradecerle su regalo, pero tenía claro que en cuanto pudiera lo haría.

Hermione había conseguido un pensadero y extrajo varios de sus recuerdos. Mediante un hechizo consiguió inmortalizar varios de ellos. Los recopiló en un álbum y se lo regaló al rubio.

Aunque no tenían clase en la academia, pero sí tenían un montón de trabajos. Debían buscar información sobre fundamentos de leyes y sobre su aplicación a lo largo de los años. Debido a eso, tanto Hermione como Draco habían estado ocupados. Desde el día de Navidad hasta fin de año, apenas habían hablado mucho y todo iba encaminado a los trabajos.

Hermione no hacía nada más que preocuparse porque su contenido fuera insuficiente, mientras que Draco hizo lo justo. Tenía negocios que atender y todavía seguía buscando una solución a su problema.

Después de que Navidad la pasase con los pobretones y el cara rajada, Draco creía que Hermione pasaría fin de año con ellos. Por eso, se sorprendió cuando una guapísima Hermione entró en su despacho.

- ¿A qué esperas para cambiarte? Pronto va a ser medianoche y tú aquí- le dijo con una fingida molestia.

- ¿No cenabas fuera? -preguntó sorprendido.

-Hay que ver que poco caso me haces, te dije que iba a cenar con mis amigos en Navidad, pero fin de año me quedaba.

-No recuerdo esa parte.

-Eso da igual, ve a cambiarte ¿o prefieres quedarte así? –preguntó Hermione divertida. No es que el rubio estuviera mal vestido, pero sabía que prefería vestirse más elegante.

-Pienso estar a la altura- comentó haciendo referencia a la apariencia de la chica.

Hermione se dirigió al salón y ahí encendió la chimenea, las luces del árbol e hizo aparecer la cena que había preparado previamente. A Zoty le había dado la noche libre. Hermione sirvió dos copas de champagne y se sentó a esperar al rubio. Este, media hora más tarde aparecía por la puerta vestido con un favorecedor smoking negro y el pelo engominado hacia atrás. Hermione sonrió al recordar los años de colegio en los que le había visto con ese peinado.

- ¿Qué te hace sonreír así?

-Recuerdo lo lindo que te veías de pequeño con el pelo así.

- ¿Así que lindo? –preguntó mientras se acercaba divertido.

Hermione lo vio acercarse como un felino que acecha a su presa. Ella se apoyó en la mesa, mientras pensaba en lo mucho que ambos habían cambiado a lo largo de los años.

-Y también perverso.

-Eso aún lo soy.

-Y lindo.

-Hermione, no puedes llamar a un hombre lindo, a no ser que quieras herir su orgullo.

- ¿Herí tu orgullo? –preguntó sabiendo que eso era imposible.

-No, pero al pobretón seguro que lo hundes en la friendzone.

-Sí que eres perverso –le recalcó Hermione.

-Puedo serlo todavía más- le comentó mientras le mordía suavemente el lóbulo de su oreja.

-Será mejor comer algo primero. Pronto llegará el año nuevo.

Hermione giró su muñeca y aparecieron varias bandejas con aperitivos. Draco cogió dos copas y se sirvió un poco de champagne antes de comenzar a cenar.

-Granger, no sé que has escogido, pero esto parece pis de troll.

Hermione se sonrojó. Ella no tenía idea sobre bebidas alcohólicas, nunca había comprado ninguna. Así que se dejó aconsejar por el dependiente de la tienda.

- ¡Zoty! - llamó a su elfo.

-Le he dado la noche libre.

Malfoy la miró estupefacto.

- ¿Le has dado la noche libre a mi elfo sin consultármelo?

Hermione se sonrojó a más no poder.

-Se merece una noche libre de vez en cuanto- dijo bajito.

-Me parece bien, lo que me sorprende es que tengas ese valor para tomar el derecho a mandar sobre mis empleados.

-Porque es algo que deberías hacer tú- comentó totalmente roja por el reproche.

-Se lo he ordenado varias veces, pero nunca me ha hecho caso. Cree que sin él moriré de inanición- comentó divertido al como Hermione no sabía donde meterse después del reproche que le había hecho.

Hermione le había llamado egoísta. Lo había acusado de explotador en la cara. No sabía como no la echaba de su casa después de pensar tan mal de él. Todos esos meses que había estado con él, había conocido otro Draco, pero ella todavía pensando que no había cambiado y que era todo fachada.

-Los siento- dijo en un susurro.

Draco se levantó e hizo que ella se levantara y lo mirara a los ojos.

-Estate atenta porque no lo volveré a repetir. Soy una persona retraída, muy celosa de mi intimidad. Tú y mi madre sois las personas más cercanas a mí y aun así no conocéis ni la mitad de mí. Comprendo que al no conocerme, pienses en como era antes, pero te puedo asegurar que los golpes de la vida me han hecho madurar y darme de cuenta de lo importante.

-Nunca pensé que fueras malo, simplemente que eras un niño egoísta y malcriado.

-No te lo niego- dijo con una pequeña sonrisa.

Hermione lo abrazó.

-Lo siento- le dijo al oído.

-Está bien. Pero eso que has comprado va a la basura. Todavía soy un malcriado.

Hermione asintió con la cabeza.

- ¿Vienes? –le preguntó el chico. Ella lo miró sin entender- a la bodega. Creo que aún no la has visto.

Se acercaron a las escaleras y las rodearon. La chica nunca se había fijado en esa puerta, debido al ángulo en el que se encontraba y el color similar al de la pared. Bajaron unas escaleras de piedra. A medida que descendían, la temperatura también lo hacía. Hermione tuvo un escalofrío y Draco lo notó. Se sacó la americana y se la puso sobre los hombros.

Le pareció un gesto realmente romántico y lo miró realmente enternecida por el gesto. Draco apartó la mirada, un poco incómodo. Aceleró el paso hacia una de las secciones.

- ¿Cómo te gusta el champagne? - preguntó el chico.

Hermione lo miró sin saber que decir. Draco le sonrió y escogió uno del estante más alto.

-También compré vino-comentó un poco avergonzada.

-Cogeré otra botella- dijo divertido.

Regresaron tranquilamente en silencio, ambos con una sonrisa. Draco iba delante de Hermione.
-Espero que la comida sea mejor que la bebida-comento mirándola por encima del hombro.

-¡Oye! –se quejó la chica- seguro que está mejor que cualquier cosa que tú cocinaras.

-¿Me estás retando Granger? –preguntó el chico mientras se paraba y se giraba.

-No, solo estoy diciendo un hecho.

Draco se acercó.

-Ahora tendrás que probar algo que yo cocine.

-De acuerdo, pero al día siguiente que no tengamos clase.

-Si quisiera envenenarte, ya lo habría hecho.

Draco le acarició la cara y Hermione se abrazó a su cintura.

-Por si acaso. Si Zoty no quería dejarte solo, sería por algo.

-Muy chistosa- le dijo antes de besarla- a ver que tal esa comida.

Se sentaron en el comedor y se dispusieron a cenar. Hermione con un movimiento de varita hizo destapar los entrantes. Hermione se quedó mirando los movimientos del rubio. Sabía lo crítico que era y esperaba que su esfuerzo se notase. No esperaba que superara sus estándares, pero sí que valorara su detalle.

La cara del chico no mostraba nada mientras degustaba el primer bocado. Hermione estaba impaciente, intentando descubrir su opinión. Él disfrutaba haciéndola rabiar y este momento no lo iba a dejar pasar. Pacientemente masticó.

-Dime ya algo- dijo la chica irritada.

-Que poca paciencia- dijo divertido- ¿no crees que la espera merece la pena?

-A ver, ¿qué le ves de malo? ¿Tiene poca sal? ¿O está poco hecha?

-No está mal- dijo con una pequeña sonrisa.

-¿No está mal?- repitió la chica sin creérselo.

-Supongo que ese champagne que compraste me dejó mal sabor de boca.

-¿Y no será que no tienes el paladar a la altura de mi arte culinario?

-Seguro…- se burló el chico.

-Draco- le advirtió la chica.

-Deberías apurarte a cenar o estos manjares se enfriarán- dijo socarrón.

-Ya veremos cuando tu cocines.

-Pronto será medianoche- le recordó.

Draco fue el primero en levantarse. Se acercó a la castaña y le tendió su mano. Hermione se sonrojó. Esos detalles eran algo más que caballerosos, eran gestos de que la tenía presente. No era una simple compañía, sino alguien con quien compartir su tiempo.

Hermione se había emocionado al ver todos los adornos que tenían guardados. Entre la magia y Zoty había conseguido trasladar los adornos al salón principal. Como no sabía como estaban ordenados, tuvo que investigar. Lo más gracioso es que por fin pudo tener un árbol de Navidad extremadamente grande. De pequeña, su amiga Susi le dijo que ella tenía más regalos porque su árbol era mucho más grande que el suyo. Desde ese momento siempre quiso tener un árbol sumamente grande. En Hogwarts, se había enamorado de la belleza del árbol y el ambiente navideño que desprendía. Así que, se decantó por imitarlo.

Desde pequeña siempre amó la Navidad y le gustaba que los demás disfrutaran de ellas. Imaginó que ese año sería duro para Draco por lo que adornó la casa de manera sencilla. Pero al ver que él no se molestó por su atrevimiento, decidió dar un paso más. Sacó el árbol que había puesto unos días atrás y lo sustituyó por el nuevo que era más grande. Lo decoró abundantemente y añadió más adornos a la casa. Gracias a las revistas que leía últimamente, adornó con pequeñas luces todo el jardín.

-¿De dónde has sacado ese árbol? –preguntó el chico- no me digas que lo has robado.

-De eso nada- aseguró la chica.

-Ahora me vas a asegurar que has ido al bosque, lo has talado tú misma y lo has traído hasta aquí.

-Más o menos-dijo la chica divertida- lo he bajado del desván.

-Pensaba que mi madre traía uno nuevo cada año- comentó sin darle importancia.

-Vamos a la ventana- comentó Hermione.

-Yo que me moría por intoxicarme con tu comida.

-Tienes suerte que no quiera perderme el año nuevo estrangulándote.

-No podrías, eres una enana- dijo divertido- aunque llegas a los sitios justos.

Hermione cogió una bola del árbol y se lo tiró a la cabeza, aunque él rápidamente la esquivó.

-Deberías tomarlo como un cumplido.

Hermione iba a hablar cuando comenzó a escuchar las campanadas. Hermione lo miraba un tanto emocionada por el nuevo año. Draco le pasó el brazo por la cintura y la aproximó a él. Mientras acababan las campanadas, ambos se miraron intensamente. Al acabar Draco se aproximó a la chica y le dio un beso delicado.

-Feliz año nuevo- le dijo el chico.

-Feliz año- comentó la chica.

-Ahora a probar eso que llamas comida- dijo divertido.

Pasaron una gran noche. Ambos disfrutaron de la comida de la chica, de un buen vino y de dormir juntos. Esa noche significaba mucho más de lo que se imaginaban. Era la confirmación de que sus lazos se habían estrechado seriamente.

Mientras caminaba hacia su cita, recordaba como ayer había recibido una sorpresa.

Se sorprendió al no reconocer la lechuza que tenía en su balcón. Se acercó a coger la carta. Cada línea que leía le hacía sonreír más. Se acercó a su mesa y escribió una respuesta rápidamente.

Bajó a la cocina y le dijo al elfo que mañana no comería en casa, que quedaría con un viejo amigo. El elfo le preguntó si el señor tampoco lo haría. Hermione le dijo que no sabía, que le preguntara mañana. Él asintió.

No sabía como se tomaría el rubio su cita. Sabía que era como un niño pequeño y se celebraría al saber que alguien pasaría el tiempo con su juguete.

Sonrió al pensar en que iba a molestar a cierto rubio.

Al entrar en el callejón Diagon, lo vio. Él se acercó corriendo a ella.

-¡Viktor!-saludó la chica.

-¡Hermione!- saludó el chico con su habitual acento búlgaro- ¿cómo estás?

-Bien.

-He querido venir antes a verte, pero no he podido- comentó apenado.

-No te preocupes.

-Tus amigos debieron de apoyarte mucho-sonrió como si compartieran un secreto.

-Sí-comentó sin mirarlo- ¿vamos a tomar algo caliente?

Él la miró comprendiendo algo. Hacía tiempo que sus intenciones no eran románticas de cara a la castaña. Pero eso no significaba que no le deseara lo mejor. Nunca había sido muy perspicaz, pero notó que había algo en relación con sus amigos.

-¿Qué tal tu amigo pelirrojo?

Hermione le contó todos los planes de continuar su viaje del chico, los de Harry y Ginny. De ella intentó hablar lo menos posible, preguntándole a él.

-Hermione, ¿qué ocurre? –preguntó serio.

Estaba decidida a mentirle, pero algo en su interior se lo impidió. Ya no aguantaba sin contárselo a alguien. La tensión de no poder ver su relación con perspectiva la carcomía.

-Tengo una relación- comentó con un poco de miedo-pero no puedo contárselo a mis amigos. Es alguien a quien detestan y no quiero decepcionarlos.

La mirara que le dedicó Molly cuando supo que rechazó a su hijo, todavía la acompaña. Esa mezcla entre decepción y dolor era exactamente lo que no quería ver en los ojos de sus amigos.

Son todo lo que me queda. No puedo perderlos- hizo una pequeña pausa- la muerte de mis padres fue tan inesperada que no he sabido gestionarlo bien. Su muerte me trajo una serie de problemas a los que no he sabido enfrentarme. Mi mente estaba nublada por el dolor y debido a ello lo perdí todo, la casa, la consulta. Estaba tan centrada en conservar la casa que me olvidé de lo realmente importante. Sin pretenderlo, me recordó que lo importante no es lo material, sino los recuerdos y las vivencias. Quizá ver una foto o un pensamiento, valga más que las cuatro paredes de una casa. Creí ciegamente que conservando la casa, los conservaría a ellos- Hermione se limpió una lágrima traicionera-Él me ayudó a reencontrarme conmigo misma y a apoyarme en mis metas. Y lo más gracioso, es que recuperó una casa a la que no he vuelto. Tengo miedo, mucho miedo. A perder a mis amigos, a perderlo a él y a no superar nunca la muerte de mis padres. Todavía no puedo pensar en ellos sin entristecerme. Quiero que llegue el día en el que pueda recordarlos felizmente y hablar de los buenos momentos.

Hermione se aclaró la voz. Él le apretó suavemente la mano y le sonrió. Recordaba porque le había atraído tanto. Aparte de guapo, era la única persona que podría escucharla hablar durante horas y no aburrirse. En ningún momento la había interrumpido o su curiosidad había flaqueado. Ver su sonrisa de ánimo, le dio fuerzas a seguir desahogándose.

Todavía no he podido regresar a mi casa. Me da miedo regresar y tener que asumir que jamás regresarán. Sé que debo ser valiente, pero todavía no he podido dar ese paso. Después de la guerra, creí ciegamente que ya nada malo podría pasar. Y esa falsa convicción me ha pasado factura.

Fue extraña la manera en la que nos reencontramos. Yo le necesitaba y él me buscaba. Te parecerá raro, pero no me buscaba a mí, Hermione. Si no que buscaba a alguien que le tendiera una mano, una oportunidad para conocerlo. La soledad es la peor compañía que puedes encontrar. Yo en ese momento no me di cuenta, pero era un faro en una noche nublada. Perder a mis padres fue duro, pero no me puedo ni imaginar lo que sintió al ver que todo el mundo se alejó. Pensar que la persona que más te debería querer, está en otro país, debe ser desgarrador. No me puedo ni imaginar como sería estar sola. Creo que me moriría. Pero él no, es orgullo. Pero por encima de todo es una persona muy dura. Supo levantarse sin ayuda. Creo que eso es una de las cosas que más me gustó. Siempre pensé que era un niño malcriado y egoísta. Pero he descubierto que sabe reponerse y enfrentarse a cualquiera. No le teme a nadie. Y ahora que ha madurado, se ha dado de cuenta lo que cuestan las cosas y debido a ello, no es nada egoísta. ¿Te he dicho que compró la casa de mis padres para devolvérmela? –le preguntó con una sonrisa -Y sin pedirme nada. Es la persona más compleja que he conocido. Su imagen nunca me ayudó a saber como realmente era, pero el paso de los años le ha hecho madurar de una manera particularmente atrayente.

Intenté no enamorarme y sacarle cientos de defectos. Pero ahora cada vez que pienso en esos defectos, me rio. Eran pequeñas nimiedades que hacen que su carácter sea especial. Su deporte favorito es hacerme enojar y al principio lo odiaba, pero ahora he descubierto que lo hace porque disfruta de nuestras batallas verbales. Sé que él también se resistió a sus sentimientos, pero sorprendentemente los asumió antes que yo. Él que tenía unos valores más férreos en contra de nuestro amor, los superó. Pensar que me quiere lo suficiente como para aceptar que su amor es merecedor de una sangre sucia, es increíble. Hace unos años, hubiera recibido la maldición imperdonable antes que aceptar que estaba enamorado de mí.

Hermione siguió hablando mientras que Viktor la escuchaba. Puede que pareciera egoísta, pero él realmente estaba contento por como hablaba. Pensaba que estaría más decaída. Pero se daba de cuenta de que el amor, le sentaba realmente bien. Creyó que se recluiría con sus amigos. Pero su sorpresa fue máxima al saber que había alguien especial, que hacía que sonriera como una boba. Su preocupación se evaporaba al saber que ya no estaría sola y que tendría alguien que no se iría de su lado.

En ningún momento mencionó el nombre de Draco Malfoy, pero él no era tonto. Conocía las circunstancias de la familia Malfoy. Desde que comentó lo ocurrido con su madre, sus cabos se ataron. Sabía que sus comienzos debieron ser difíciles. Ambos eran bastante testarudos. Pero estaba seguro que su amor valdría la pena. Tendrían su apoyo y su respeto. No había nada malo en aceptar que la gente puede cambiar y que el pasado es el pasado.

Se despidió de ella con un fuerte abrazo y con la promesa de verse pronto. Con una gran sonrisa, la observó mientras se alejaba para desaparecer. Le deseaba mucha suerte y esperaba que sus amigos supieran entenderla.

El peso con el que regresó a su casa era casi nulo. Viktor era de esos amigos que aunque no los veas a menudo son esenciales. No sabía cuanto había echado de menos al búlgaro hasta que empezó a hablar. Tenía la habilidad de saber escuchar y eso era lo que Hermione necesitaba. Con él era tan fácil abrirse. Nunca la juzgó o la miró mal, siempre la respetó y la supo valorar. Hermione sin duda sabía que Viktor era una persona indispensable en su vida.