Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18.


Recomiendo: Angel By The Wings – Sia

Capítulo beteado por Melina Aragón: Beta del grupo Élite Fanfiction.

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Capítulo 33:

Profundo

"Oh, entonces tus heridas están ahí

Sé que nunca te has sentido tan solo

Pero espera, pon cabeza arriba, sé fuerte

(…) Toma a un ángel desde sus alas

Suplícale ahora

Suplícale por un día más

(…) Pídele la fuerza para quedarse…"

A medida que pensaba en mis ganas de destruirlo, mis hombros comenzaron a caer ante la necesidad de estar con ella, ante la inmensidad de no saber qué iba a ocurrir, ante… ese terror inefable de que no volviera a encontrarse bien ni ella ni nuestro hijo.

—Quiero estar con ella —bramé, sin saber con quién quejarme, porque sabía que Bella no me quería lejos… jamás.

—Amigo, tranquilo —me pidió Jonas, poniendo sus manos alrededor de mí.

No me había dado cuenta de que el equipo de seguridad venía por mi tranquilidad, por lo que comencé a respirar para calmar la agonía de no estar con mi prometida… y la madre de mi hijo.

—No puedo estar sin ella, Jonas —le aseguré, sintiendo un nudo en la garganta.

Él me apretó el cuello con su brazo de forma fraternal y yo me pasé las manos por los ojos, no queriendo llorar, porque tenía que ser fuerte por nosotros dos.

—Está en buenas manos, amigo. Entiéndelo.

Me senté de golpe en una de las bancas, tomándome el cabello entre mis dedos. Me sentía impotente, incapaz de más. Le había prometido que nada malo ocurriría, no cumplí con ello, y ahora estaba lejos de mí, inconsciente…

—La necesito conmigo —susurré, sabiendo que Jonas estaba escuchándome—. No puedo sin ella.

Lo escuché suspirar mientras me tocaba la nuca, dándome su apoyo.

—Ella no va a dejarte —aseguró.

Cerré mis ojos en el instante en que la imaginé no volviendo a ser quien era antes, incluso, no volviendo a abrir sus ojos. Me comía por dentro la idea, tanto que tuve que levantarme de la silla para poder respirar.

—Tengo que llamar a su madre… y hacer que Agatha y Fred se queden en otro lado —susurré, intentando pensar en todo.

—Descuida, yo te ayudaré. Tranquilo —afirmó mi amigo, tomándome el rostro con sus manos—. Una vez te aseguré que, a pesar de todo, jamás te dejaría. No mentía.

Le sonreí y luego lo abracé, sintiendo el peso sobre mis hombros.

.

Renée llegó con los ojos llorosos al hospital, moviéndose para todos lados mientras mis padres y Phil la seguían desde atrás. Al encontrarme corrió a mi encuentro y me abrazó, derrotándome por segundos ante el dolor.

—¿Cómo está mi hija, Edward? —preguntó, temblando desde los pies a la cabeza.

—No lo sé, no me han dicho nada al respecto —respondí en voz baja—. Agatha… Fred…

—Están con Alice y tu abuela. Quedaron muy preocupadas —respondió mi madre, mirando a Carlisle con las cejas enarcadas.

Antes de siquiera decir más, vimos que uno de los médicos de la urgencia se nos acercaba. Mi preocupación fue instintiva, sentí que se me cerraba la garganta hasta impedirme la respiración.

—Buenas tardes —nos dijo. Leí su placa de forma rápida: Dra. Stevenson—. ¿Familia de Isabella Swan?

Todos emitimos una respuesta positiva mientras nos comía vivos la ansiedad por saber más.

—Bueno… —Suspiró—. Ella se encuentra estable, aún inconsciente. Sufrió diversas lesiones a nivel cerebral, pero nada de qué preocuparse, al menos… nada que peligre su vida ni sus capacidades tanto a corto como a largo plazo. No obstante…

—¿Qué? —inquirí, sin ánimos de espera, quería saber qué pasaba con mi Bella.

Volvió a suspirar.

—¿Es usted su… esposo?

—Sí… Lo seré pronto —dije en un hilo de voz.

—Venga conmigo por favor.

Asentí, mientras sentía el sudor helado en mi nuca y espalda. No miré hacia atrás, simplemente fui con ella, entrando a las salas de emergencia y emergencia quirúrgica. La Dra. Stevenson, una vez que estuvimos a solas, se quedó un momento en silencio, hasta que ya no aguardó la realidad.

—Estaba embarazada… Cinco semanas.

Tragué de manera hosca.

—Lo siento, señor… De verdad, lo siento mucho, pero…

Miré hacia el suelo mientras intentaba respirar, sujetándome de la pared que estaba a mi lado.

—Pero ella ha perdido el embarazo.

Cerré mis ojos y luego apreté mis labios con fuerza, para entonces girarme y tomarme los cabellos entre los dedos, sin saber qué decir, qué hacer o de qué manera comportarme, solo recordaba las ilusiones francamente rotas, las imágenes que veía de aquel hijo que sí queríamos y que amábamos como si pudiéramos verlo o tenerlo con nosotros… Pero también pensé en ella, en Bella, que lo sentía, que conectó con él. Se me partía el pecho.

—No lo ha perdido —afirmé—, nos lo quitaron.

No lo soporté y gemí, hecho un desastre. Por más que quería ser fuerte, no podía serlo.

—Lo siento mucho. Los golpes fueron severos y él muy pequeño, ella intentó cubrirse, por lo que tiene algunas fracturas, en especial costales…

Dejé de escucharla, cada vez que daba detalles sentía que iba a caerme al suelo.

—Tengo que verla. Por favor.

Asintió.

—La trasladaremos a sala. Acompáñeme.

Isabella POV

Sentía un dolor intenso en cada espacio de mí, pero en especial en mi cabeza. Un manto oscuro de intenso grosor me cubría y solo quería soltarme de él. Desde el fondo oía la suave voz de Edward, voz que jamás podría olvidar.

—Edward —dije una vez que pude mover los labios.

Sentí sus labios cerca y luego sus manos, mientras oía su llanto.

Oh no, no llores, cariño, pensé.

—Bella, estoy aquí —me susurró.

Abrí mis ojos con lentitud y lo encontré de frente, sujetándome con mucha fuerza. Estaba llorando, se veía tan destrozado.

—Edward.

Me besó las manos y yo le acaricié la quijada.

—Perdóname, nena.

Arqueé las cejas.

—No tengo nada que perdonarte.

—Prometí que te cuidaría. Te dejé a la deriva, a ti y a…

Se calló mientras sollozaba, escondiendo el rostro cerca de mi pecho.

Miré a mi alrededor, recordando todo lo que había pasado. Instintivamente me llevé la mano al vientre y vi uno de mis dedos escayolados, lo que me hizo rememorar cómo intenté taparme para que Royce no me golpeara… ahí.

—¿Cómo está? —le pregunté, intentando reincorporarme.

Me dolió todo el cuerpo, en especial el pecho, como si me faltara el aire.

—Nena…

—Edward, cariño… Dime que está bien, que nuestro Puntito…

Él dejó caer la cabeza mientras seguía llorando, lo que me provocó diversos escalofríos, en especial uno en mi corazón.

—Dime que está bien.

Me miró y negó, sujetándome la mano cerca de sus labios.

Temblé y miré al horizonte.

—No…

—Bella…

—Dime que nuestro hijo está bien, por favor —supliqué, comenzando a llorar con amargura.

—Mi amor, lo siento tanto, no lo soportó, era muy pequeño.

Boté el aire y me agarré de las sábanas.

—¿Qué?

—Ya no está… Ya no está, cariño, nuestro Puntito se fue.

Me quedé sin aliento, simplemente soplé y no pude volver a inhalar. Cerré los ojos y sentí la patada en mi pecho, una que significó tanto dolor que creí que me iba a morir. Toqué mi vientre, pero perdí las fuerzas mientras los sollozos salían de mi boca con una firmeza tan dolorosa que no toleré la cama, quería echarme a sus brazos y suplicarle que me dijera que era una mentira.

Mi Puntito se había ido. Me lo habían quitado.

Yo lloraba y no podía respirar, todo me dolía de una manera indescriptible que pensé que no podría volver a vivir nuevamente. Algo me desgarraba desde adentro, explotando con un fuego tan intenso que sentí el desfallecimiento de todo de mí.

—¿Por qué? —le pregunté, mirándolo a los ojos—. Nosotros solo queríamos conocerlo, nada más. Era nuestro.

—Lo sé, nena, pero…

Edward ni siquiera tenía una forma de consolarme, porque él estaba tan destrozado como yo. Nos habían hecho trizas a los dos.

—Mi bebé —gemí, pasándome la mano por el pecho.

—Shh… —susurró él, besándome los cabellos mientras me mojaba con sus lágrimas—. Tranquila.

—¿Por qué? —sollocé.

Vi que dos enfermeras se acercaban y preparaban un medicamento, el que rápidamente me inyectaron sin mi consentimiento. Este, lejos de calmarme, me provocó calor y más desesperación, hasta que, sin darme cuenta, caí en un estado de profunda inconsciencia.

Edward POV

La vi dormirse contra su voluntad y su agarre lentamente fue disminuyendo hasta que sus manos cayeron hacia los lados de su cuerpo.

—Es un tranquilizante, necesita estar en paz y no agitarse —me dijo la mujer.

Cerré mis ojos y le besé los dedos.

—Ojalá pudiera retroceder el tiempo, nena. —Le corrí el cabello y luego acaricié sus mejillas—. Pero no puedo.

Renée entró con rapidez a la habitación y me vio sentado a su lado. Enseguida la contempló con los ojos llorosos y sin titubeos se acercó, sentándose al otro lado para acariciarla con dulzura.

—Cariño… —Fue lo único que ella pudo decir sin echarse a llorar.

Renée no sabía que Bella estaba embarazada… hasta ahora.

—Lo siento, Renée.

—Nunca será tu culpa —respondió, aún mirándola—. Tú la cuidaste, lo hiciste siempre… Dios mío, ¿cómo fue que él…?

Su voz se perdió.

—Ahora más que nunca te necesita… Ambos se necesitan —añadió, mirándome a los ojos—. Dios santo, no quiero que vuelva a sufrir, yo…

—Le prometí que la haría feliz —interrumpí—. Claro que la necesito.

Renée siguió acariciando su rostro, manteniéndose en silencio mientras la miraba.

Luego de ella, Jonas y Victoria entraron a la sala, uniéndose a nosotros por algunos minutos. Cuando sus amigos la contemplaron, fue inevitable que también echaran a llorar.

—Ya saldremos de esta, amiguita —dijo James, besándole la frente—. Te lo juro.

Yo tuve que alejarme un momento, toda la situación me superaba, en especial cuando la impotencia me consumía. Estaba acabado en una ira tan intensa que iba a explotar. Me estresaba no poder hacer algo por ella, y sobre todo, verla ahí, tan indefensa, frágil…

Sentí el vibrar de mi móvil y yo vi la pantalla con agonía, esperando apagarlo, pero entonces noté que se trataba de uno de los chicos, lo que me hizo recordar inmediatamente al causante de esto.

Apreté tanto la mandíbula que temí romperme los dientes.

—Jake —gruñí, mirando hacia el fondo con los ojos escocidos por el odio.

—Edward… Jonas nos lo contó… Lo sentimos mucho.

Me tomé el puente de la nariz con los dedos, intentando no gritar de furia.

—¿Dónde está ese hijo de puta? —susurré, aguantándome los gritos.

—Lo estamos siguiendo, jefe. Créeme que esto ya se tornó personal, nadie se mete con las chicas, lo sabes bien.

Tragué para calmarme.

—Encuéntralo, porque te juro que va a conocerme —aseguré.

—Tenlo por seguro.

Cuando corté, me quedé un momento con la cabeza pegada a la pared, asumiendo mi realidad. Me rehusé a pensar en mi hijo, su solo recuerdo me rompía de tal forma que iba a llorar como un niño pequeño si insistía en guardarlo en mi mente, sobre todo ahora, por lo que tomé aire y giré la cabeza, buscando la forma de calmarme.

Ahí vi a Jonas, consolando a James mientras le acariciaba las mejillas. Entrecerré mis ojos, notando la proximidad que tenían.

—Y… —Jonas carraspeó al verme, separándose—. Todo estará bien, ¿de acuerdo?

James suspiró y me miró, sonriendo con suavidad en medio de la tristeza en sus ojos.

—Mi chica Bella es muy fuerte, pero contigo todo es mejor —afirmó, palpándome el hombro y marchándose hacia adelante.

Necesitaba descansar, así como todos nosotros, en realidad.

Mis padres venían caminando hacia mí en cuanto me vieron. Se veían tan preocupados como los demás, en especial al estar cerca de mí.

—Hey, cariño, ¿por qué no vas a descansar un poco? Ya pasa de las dos de la madrugada —dijo mi madre.

Negué.

—Quiero seguir aquí.

Suspiraron.

—¿Ellos están bien?

—Alice nos comentó que se quedaron dormidos preguntando por ustedes —aseguró mi padre.

—Díganles que los amo, ¿sí? Por favor —pedí.

Los dos me abrazaron y luego, al separarse, noté que mi madre estaba conteniendo el llanto.

—Van a necesitarse mucho —afirmó.

—Lo sé —susurré.

Se marcharon junto a Renée, que a pesar de reusarse a irse, necesitaba descansar y lo sabía. Cuando creí que me quedaría solo en medio del lugar, noté que Jonas me ofrecía un café cargado, de esos que él sabía que mejoraban mis velas en el cuartel. Claro, si tan solo fuera una simple guardia y no velar por la mujer que amaba…

—Gracias, amigo —dije, acercándomelo al cuerpo.

—Iré con la banda un momento, veré la manera de seguir ayudándoles —me tranquilizó.

—Ve, por favor, necesito buenas nuevas o me volveré loco.

Asintió y se marchó, mientras yo caminaba hacia la habitación en la que se encontraba ella, mi nena. Una enfermera estaba poniéndole un medicamento en el suero, por lo que sencillamente me senté a su lado y tomé la mano libre, llevándome el dorso a los labios.

—Necesita seguir descansando —me susurró la profesional—, por lo que seguirá con el tranquilizante.

—Gracias —murmuré.

Una vez solos, me quedé varios segundos viendo los golpes en su rostro y en su cuerpo, ganándome un fuerte dolor interior. Enseguida cerré los ojos y me acomodé a su lado, deseando poder cambiar de lugar por ella.

—Te amo, Bella, te amo demasiado —le recordé, volviendo a mirarla—. Quiero que salgas de este infierno, no lo soporto. —Suspiré—. ¿Cómo retrocedo el tiempo? ¿Cómo hago para evitar toda esta mierda? Nena… Mi nena… —Mi voz se quebró y finalmente lloré con una intensidad que me destrozó—. Volverás a levantarte y seremos felices, te lo prometo. Solo… démosle tiempo al tiempo, ¿sí?

Respiré hondo y seguí a su lado, besándole los dedos y quedándome cerca de su vientre.

—Hola —saludó la voz de Nana.

Me reincorporé y me limpié las lágrimas.

—¿Nana?

Ella nos vio y enseguida dejó ir el llanto, algo que no era frecuente en mi roble abuela. Al acercarse, le acarició el cabello y se acomodó a mi lado.

—Me negué a quedarme en casa sabiendo que estabas aquí, solo —murmuró—. ¿Puedo pasar la noche con ustedes?

—Nana…

—No aceptaré negativas.

Asentí.

—Le dolerá —susurró, mirando a Bella con cariño—, pero se dará cuenta de que la acompañará un pequeño ángel toda su vida y a ti también.

La manera en la que lo decía me quedó dando vueltas, por lo que fruncí el ceño.

—Tú no lo sabes, pero… antes de Carlisle, tu papá, yo… tuve un embarazo.

Suspiró y se limpió bajo los ojos.

—Tenía seis meses —añadió con la vista perdida—, ya sabíamos que sería una niña.

Arqueé las cejas.

—Tu abuelo era el más feliz, ¿sabes? Siempre quisimos una nena, siempre… —Su voz se perdió—. Pero tú bien sabes que mi padre era un hombre violento, ¿no?

Moví la cabeza de manera positiva y le tomé la mano. Nana temblaba.

—Yo tenía que seguir en casa de ellos, tu abuelo y yo éramos muy jóvenes y no podíamos darnos el lujo de dejar nuestros espacios porque, bueno, a pesar de estar casados apenas y teníamos dónde caernos muertos. —Se encogió de hombros—. Yo sabía que debía salir de ahí pero nunca pensé que debía ser pronto y que luego ya sería demasiado tarde. —Hizo una pausa y le acarició el rostro a Bella con el cariño de una madre y también de una abuela—. Mi padre llegó borracho, no tardó en echar su rabia contra mi madre, quien sabes que usaba silla de ruedas. Si te resumo todo, podría asegurar que iba a matarla, por lo que fui a defenderla. —Su rostro se crispó—. No pensé que mi propio padre, preso de la ira y el alcohol, iba a golpearme hasta hacerme perder a mi hija.

Boté el aire mientras abría mis ojos con lentitud.

—Nana…

—Solo tenía seis meses. —Suspiró—. Es un dolor que nunca pensé que iba a experimentar, yo solo tenía dieciocho, era una niña… Tu abuelo sufrió tanto, Edward, tanto que… yo pensé que nunca iba a verlo sonreír. Yo… también creí que nunca iba a volver a hacerlo. Es un dolor que no se puede explicar, tú bien lo sabes, ¿no?

Asentí y la abracé, sacándole un sollozo.

—A pesar de que los años han pasado, ella sigue siendo mi ángel y sé que está con su papá —gimió—. Pero te cuento esto para decirte que ella y tú deben recordarlo siempre, pero tenerse, no olvidarse. Tu abuelo fue mi pilar y yo el suyo, juntos hicimos que el recuerdo fuera mágico a pesar del dolor y aunque cada vez que la recordábamos llorábamos, teníamos la esperanza de que aquel ángel iba a traernos uno más.

—Mi padre —susurré.

—Así es. —Sonrió—. Fueron unos meses más tarde que supimos que Carlisle estaba en mi vientre. Sentí tanta alegría, tanta que no puedo explicarla. Tu abuelo brincaba de felicidad, porque sentíamos que su hermana nos había dado la luz necesaria para traerlo a este mundo. Un hijo no se reemplaza, pero la alegría de ver a Carlisle nacer fue… como si mis pulmones volvieran a llenarse de aire. Hasta el día de hoy lo miro, a él y a tus tíos, agradeciendo a mi primer ángel, a mi niña, por darles fuerza y un camino lleno de vida y éxitos que solo una madre puede disfrutar. Tu abuelo estaría orgulloso de los inmensos hombres que criamos y aunque me habría encantado estar con mi hija, sé que está en un lugar, iluminándome hasta el día de hoy junto a tu abuelo. Y bueno, por eso le tengo tanto cariño a mis nueras. —Rio mientras se limpiaba las lágrimas—. Me recuerdan a mi hija.

Nos quedamos un segundo en silencio y Nana siguió acariciando a Bella con cariño.

—Dolerá, pero es una luz, te aseguro que lo es.

—Gracias, Nana, por quedarte aquí y por contarme algo tan íntimo.

Ella me apretó una de las mejillas y se quedó junto a mí sin decir más porque sabía que, a pesar de todo, lo que yo más necesitaba era silencio, para velar a Bella y acompañarla toda la noche, cuidando sus sueños.

.

Abrí mis ojos y di un brinco al darme cuenta de que sí, me había quedado dormido. Jonas estaba a mi lado, mirando hacia el horizonte con la mandíbula tensa. Bella, por su lado, seguía durmiendo plácidamente en la cama, por lo que le besé la frente y le peiné los cabellos con suavidad, calmo al verla reposar para llenarse de las fuerzas necesarias.

—Vaya, qué bueno que despertaste —dijo él, acercándose.

Me palpó el hombro, como era su costumbre.

—Los chicos del cuartel te envían muchos saludos y… toda la fuerza necesaria.

—Gracias —respondí, sonriendo de manera queda.

—Te tengo una buena noticia.

Levanté las cejas.

—Emmett… Ha despertado.

Sonreí.

—¿De verdad? Diablos, eso es magnífico, ¡debo ir a verlo!

Se rio.

—Sí, pero es necesario que sepas que él aún no tiene idea de mucho, está algo distraído por los sedantes. Vamos a poder verlo en unas horas, cuando se estabilice mejor. Lo bueno de todo es que está completamente fuera de cualquier riesgo y que el grandote volverá a hacernos reír como antes.

Qué alegría sentí. No tenía calificativos para aquel bálsamo de alivio ante aquello. Emmett merecía mejorar, pero sobre todo, volver a estar con Rose.

—Es fantástico, al fin —respondí—. Solo espero que él y Rose… —Apreté los labios.

—Hablando de eso… —Frunció el ceño—. Royce y Rose están en un coche. Se les ha perdido a los chicos…

—¿Qué? ¿Cómo que se les perdió? —bramé.

—El maldito tiene a sus hombres pero lo que no sabía era que la policía encontró a todos antes de que pudieran huir. Solo él se marchó, y por suerte sabemos que Rose está bien.

Tragué y miré a Bella, quien había sufrido las consecuencias de todo. Sentí una furia tan grotesca que comencé a sentir el resentimiento de saber que mi novia, la mujer que amaba, y mi hijo…

—Y Bella aquí, luego de defenderla —dije, sabiendo que iba a arrepentirme de decirlo.

—Edward, amigo…

—¡Lo sé! —bramé.

Salí de la habitación con Jonas siguiéndome.

—Hey, hey, hey —exclamó, dándome la vuelta—. Tranquilo.

—¡Quiero destrozar a ese maldito hijo de puta por lo que le hizo! ¡No soporto verla ahí! ¡Y no soporto…! —Arrugué el rostro—. No soporto saber que nos quitó a nuestro hijo, no lo tolero.

—Lo sé —susurró, agarrándome los costados de la quijada—, pero aquí el único culpable es Royce.

Cerré mis ojos, porque tenía razón. Rose solo necesitaba ayuda y lo primero en que pensó fue en Bella. Ella tampoco sabía que nosotros estábamos esperando a…

Mi Puntito… Mi pequeñito.

El destino era una mierda, porque mientras buscaba liberar la opresión en mi pecho, noté que en una de las salas había un pequeño bebé junto a su padre. No me di cuenta de que a un lado de la sala de Bella estaba maternidad. Fue tan grotesca la imagen para mí, que sentí náuseas ante la asfixia del dolor, la congoja, angustia y el inevitable odio que me consumía. No soporté la imagen de verlo sosteniendo a su hijo, no soporté porque a mí me lo quitaron sin preguntar, sin siquiera pensar en cuánto lo añorábamos…

Royce…

Volví a la habitación y contemplar a mi chica fue suficiente para volverme loco.

Perdí los estribos, como si al fin hubiera explotado todo en mí.

Veía mis manos. Temblaban. Sentía el toque de Jonas en mi espalda, instándome a que mirara hacia el frente pero no podía. Los golpes en el rostro de Bella me resultaban insoportables. Apenas podía despertar, porque los dolores eran tan fuertes que no los toleraba.

Fruncí el ceño y afronté la idea inhumana de verla sufrir, porque si sufría ella yo también lo hacía porque le prometí que nadie la iba a dañar, no como lo hizo Dimitri, no con violencia, no…

—Se lo prometí, Jonas, se lo prometí —afirmé, con la barbilla moviéndose de forma errática, a la par de mis temblores.

—Amigo, no lo sabías, no…

—¿Por qué? —le pregunté—. ¿Por qué mierda tiene que pasarle a ella? ¿Por qué ese hijo de puta cree tener el derecho de hacerle daño a una mujer que ya ha sufrido demasiado? ¡Dímelo! ¡No es justo!

Me hice a un lado y me apegué a la pared, queriendo romperla a pedazos a medida que veía su reflejo dormido en la cama.

—Perdimos todas las ilusiones, Jonas, todas —susurré—, no puedo ser fuerte con esto, no puedo.

Mi amigo caminó hacia mí y me abrazó, sacándome un sollozo. Instintivamente la busqué, con el tranquilizante en las venas luego de lo que nos dijeron y que posiblemente jamás íbamos a olvidar. Sin ese medicamento, Bella seguiría llorando de manera viva como la vez que nos lo dijeron, viendo cómo rompían cada imagen del futuro que planeábamos llevar hacia adelante. Quería ser fuerte, demonios, ¡de verdad quería ser fuerte! Pero no podía, todo era insostenible. Verla era doloroso, no de una forma física, de esas que con un analgésico calma, era doloroso de una manera abstracta, como si me estuvieran pateando el alma y el corazón hasta hacerme desfallecer. ¿Cómo le decía que se tranquilizara? ¿Cómo le explicaba que más allá de todo esto, podíamos olvidarlo? ¿Era fácil hacerlo? ¿De verdad lo era? ¡Nos habían quitado una ilusión a patadas! ¡Nos la habían quitado y no tuvimos ni tiempo de poder acostumbrarnos a ello, la puta madre!

Me solté de Jonas y me agaché a un lado de mi prometida, aquella mujer a la que le prometí nunca volver a hacerla llorar. Pero ahí estaba, dormida con el llanto en su rostro magullado por ese engendro al que quería destrozar con mis manos. Tomé su mano, donde llevaba celosamente su anillo, y la besé mientras cerraba mis ojos con fuerza.

—Iré con la banda, Jefe —me dijo Jonas, poniendo su mano en mi hombro.

Lo contemplé y vi que tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Estaré llamándote cuando lo encontremos y te lo dejaré un buen rato, la policía lo recibirá hecho un manojo de huesos rotos, tenlo por seguro —susurró, apretando la mandíbula.

—Gracias, Jonas —susurré.

Cuando quedamos a solas, miré nuevamente a Bella y por instinto le acaricié la mejilla magullada, queriendo consolar ese dejo de penumbra que llevaba en sus sueños. Pero no podía, era inconsolable, tanto como para mí. Me sentía poca cosa; no pude cuidar de mi chica, al primer momento casi me la arrebatan de los brazos y lo lograron con…

Mi teléfono sonó y noté que se trataba de Black.

—Jake —dije, aún con la mano de mi nena entre la mía.

—Jefe… Lo encontramos.

Dejé ir el aire.

—Por poco nos atropella pero lo encontramos. Estaba cerca del hospital, no sabemos por qué, pero alcanzamos a atrapar al hijo de perra. ¿Damos aviso a la policía?

—Edward —gimió Bella, abriendo lentamente sus ojos.

—Tranquila, estoy aquí —la tranquilicé, besándole la frente.

Enseguida recordó la noticia que nos dieron la noche anterior y el dolor en sus ojos hizo que mis piernas cedieran, como si mis fuerzas se perdieran como el aire de mis pulmones. Su rostro se quebró y se agarró de mi pecho, mirándome, otra vez, como si me pidiera que le dijera que aquello solo era una pesadilla, y nuevamente tuve que asentir mientras me moría por dentro.

—¿Por qué? —me preguntó, gimiendo de un dolor tan fuerte que cedí, débil, destrozado desde los pies a la cabeza—. ¡Dime por qué!

Negué, sin saber qué responder. Yo también estaba hecho jirones, preguntándome por qué carajos tenía que habernos pasado, por qué nos lo quitaron, por qué mierda ese imbécil nos había hecho esto.

—¿Por qué? —volvió a preguntar, abrazándome con fuerza.

Cerré mis ojos mientras la consolaba, quedando vacío, sin consuelo. Tenía que ser fuerte por ella pero no sabía de qué forma tragarme el llanto, el rencor y la rabia que tenía que contener para ser fuerte para ella.

—¿Por qué? —insistió, sollozando con una agonía que me comía los huesos.

Una enfermera entró, aquejada por el llanto vivo de Bella y trajo el tranquilizante que ella necesitaba para poder calmar las fracturas y las heridas. Pero ¿quién nos calmaba la herida que Royce nos había dejado?

La vi cerrar sus ojos, dejando ir el horror del más intenso dolor que podíamos sentir juntos, y volvió a dormir. Yo apreté el móvil con fuerza, sabiendo que Jake esperaba una respuesta.

—No des aviso. Déjame a ese engendro a mí. Iré de inmediato.

—No lo dudes —afirmó él, para luego cortar.

Me acerqué a Bella y le besé la frente, prometiéndole que iba a hacer pagar a ese imbécil todo lo que nos hizo.

—Te amo, nena. Esto es por ti.

Con los puños apretados busqué mi moto y saqué el bate con los clavos, dispuesto a clavarlo en ese maldito.

Con el viento en la cara podía sentir aún más el calor de la furia y el resentimiento. Iba a explotar. No dejaba de darle vueltas a la imagen de Bella, ese dolor que me comía por dentro y las heridas que yo mismo llevaba conmigo, con una impotencia tan grande que no dejaba de llorar detrás de mi casco.

Los minutos arriba de la motocicleta fueron insostenibles, lo único que quería era llegar al lugar en el que lo tenían. Y a medida que aumentaba la velocidad de la máquina, sentía cómo crecían mis ansias por ver a ese asesino de mierda, justo delante de mí, dispuesto a suplicarme.

Al notar que ya estaba en mi destino, el antiguo suburbio de Chicago, cerca de una fábrica cerrada hace más de veinte años bajé con rapidez y empuñé el bate con mis manos. Sentí las voces de la banda desde adentro y pateé con fuerza las puertas traseras, buscándolo. En una esquina estaba Rose, intentando beber agua mientras Leah la envolvía con una manta. Al verme, sus ojos se tornaron aún más llorosos de lo que estaban.

—Perdón, Edward —suplicó.

No fui capaz de responder y entonces pedí que la sacaran. Necesitaba hacer esto sin su presencia.

En el fondo estaba Royce, golpeado en una de las sienes. Cuando él me vio, hizo un mal gesto con los labios, y entonces se dio cuenta de lo que tenía entre las manos.

—Así quería tenerte —susurré con los dientes apretados—, como una rata amarrada, incapaz de defenderte, tal como hiciste con mi novia.

Él se quedó en silencio, mirando hacia el fondo, incapaz de hacerlo delante de mí, a mis ojos.

—¿Qué? ¿Te han comido la lengua? —inquirí entre gruñidos.

Los demás lo miraban con odio pero ninguno se asemejaba a lo que yo tenía por dentro.

Empuñé el bate con los clavos, contemplando la indolencia en su forma de actuar.

—¿Qué mierda quieres que te diga? —inquirió, entrecerrando sus ojos.

—¿No te das cuenta de lo que hiciste? ¿Eh?

Me agaché un momento para estar a su altura.

—¿No sabías que Bella estaba embarazada?

Él tragó.

—No —respondió.

Lo tomé desde los cabellos y lo hice mirarme a los ojos.

—Te vas a arrepentir de lo que le hiciste a la mujer que amo, te lo juro.

Lo solté y tomé aire mientras intentaba calmar la rabia, pero en cuanto reviví el llanto de Bella y lo que nos dijeron, mientras nosotros veíamos consumidas nuestras ilusiones, sentí el impulso que necesitaba para tomar el bate y lanzarlo sobre él.


Buenas noches, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Y sí, es triste, muchísimo. La situación que planteé en este capítulo lo encontré necesario de abordar y experimentarlo al escribir es duro, no me imagino en la realidad. El dolor que siente Bella es algo inexplicable y que cuesta dejar ir en palabras, así como el de Edward. Ambas maneras de expresarse fueron complejas, pero que pronto tendrán una razón y un trasfondo, en especial con el arranque de odio que un padre y un hombre enamorado siente ante lo que le hicieron. Botas Rojas regresó y eso puede traer diversas consecuencias, pero ¿cuáles? La única certeza es que esta es la prueba entre Edward y Bella para seguir fortaleciendo ese amor y, quizá, poner sus ilusiones ante sus vidas, volviendo a enamorarse de esa idea que tanto los tenía felices. ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Agradezco los comentarios de CazaDragones, Robaddict18, Valevalverde57, lauritacullenswan, PanchiiM, Diana, VeroPB97, PatyMC, Rero96, amedina6887, Annie Cullen Massen, MasenSwan, danielapavezparedes, Josi, SeguidoradeChile, cavendano13, BreezeCullenSwan, CeCiegarcia, Pam Malfoy Black, Coni, Tereyasha Mooz, TashaRosario, Belli swan dwyer, Dominic Muoz Leiva, kathlenayala, ELIZABETH, Diana Hurtarte, Techu, Noriitha, Marxtin, Tereyasha Mooz, Gloria, Harley, JMMA, LuAnka, nydiac10, Liliana Macias, Amy, Jeli, maribel hernandez cullen, Yesenia Tovar, Ilucena928, DannyVasquezP, BellsCullen8, Lilly, Black Masen, Mime Herondale, ariyasy, Nataly, Ivette marmolejo, Angelus285, lindys ortiz, freedom2604, dania, Yoliki, Brenda Cullenn, DanitLuna, Miranda24, Chiqui Covet, barbya95, Bell Cullen Hall, Liz Vidal, piligm, Isabelfromnowon, MaleCullen, jhanulita, Valentina Paez, valentinadelafuente, twilightter, Ceci Machin, morales13roxy, Alejandraltm, esme575, Bell69, Vanina Iliana, saraipineda44, krisr0405, johanna22, Santa, AniluBelikov, saku112, Mss Brightside, MariaL8, Lizdayanna, Abigail, rosycanul10, Vero morales, nataliastewart, selenne88, catableu, Srita Cullen brandon, Pancardo, Diana2GT, Alexandra Nash, Bitah, NarMaVeg, joabruno, patymdn, dayana ramirez, LizMaratzza, bellamaru, Jenni98isa, Pameva, maidely34, Fernanda javiera, Danny Ordaz, LoreVab, Fernanda21, isbella cullen's swan, Meemii Cullen, Melany, beatrizalejandrabecerraespinoza, rjnavajas, BellaNympha, Fallen Dark Angel 07, Nelly McCarthy, micalu, Stella, Noa, carlita16, Lulugrimes98, Jade HSos, Gladys Nilda, calia19, angryc, camilitha cullen, debynoe12, Mar91, morenita88, Ana karina, katyta94, Iza, Hanna D. L, tamarafala, Dinorah, michi'cullen, Elmi, Olga Javier Hdez, Car Cullen Stewart Pattinson, almaculenmasen, Esal, beakis, liduvina, valem00, AnabellaCS, caritofornasier, Adriu, miop, VeroG, alejandra1987, Mela Masen, Nat Cullen, Naara Selene, Amy Lee Figueroa, Ana, Yessy VL13, Bookaholicreader, Marce Ortiz, Kamile PattzCullen, sheep0294, Flor Santana, AndreaSL, GabySS501, Melissa, v, LicetSalvatore, cary, Marianacs, ROMINA19, Smedina, Rose Hernndez, Reva4, FlorVillu, andreamar00, Twilightsecretlove, Lucero Isabel, seelie lune, Valeeecu, Tina Lightwood, keith86, Elena Twilighters Robsecionada, Milacaceres11039, Mayraargo25, Jocelyn, Elizabeth Marie Cullen, jupy, Luisa huiniguir, monik, sool21, kaja0507, Tata XOXO, Nati98, Luisa Lucena, Vaneaguilar, Cecy Dilo, Chiki Garcia, Alimrobsten, aliciagonzakezsalazar, torrespera172, roberouge, NadiaGarcia, Duniis, Cullenland, ValeBelikov, Francisca Moreno, Gibel, Aidee Bells y Guest, espero volver a leerlas a todas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan me hace inmensamente feliz, me instan a seguir y me entusiasman a seguir creando lo que sale de mi cabeza, de verdad, muchas gracias

Sé que todas ansían un nuevo capítulo, y les tengo una inmensa noticia, si las veo entusiastas, tendrán capítulo la próxima semana, ya que estoy con tiempo libre debido a que lamentablemente me encuentro sin empleo

Recuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá

Pueden unirse a mi grupo de facebook que se llama "Fanfiction: Baisers Ardents", en donde encontrarán a los personajes, sus atuendos, lugares, encuestas, entre otros, solo deben responder las preguntas y podrán ingresar

Cariños para todas

Baisers!