Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo 37
Le había dicho a Edward que iba a tener todo controlado, que podía tener listas a las niñas y llegar a tiempo, él podía irse sin preocupaciones, ella llevaría a las niñas a casa de Carlisle después de recogerlas de sus respectivas clases.
Pasar por ellas había sido sencillo, llegó a tiempo por todas, bueno, casi, debido a que los profesores la habían detenido para hablar con ella de los avances de las niñas, haciéndola retrasarse unos cuantos minutos, pero las niñas no habían tenido ningún problema con eso.
Pero traerlas a casa para que merendaran algo rápido y se cambiaran de ropa estaba siendo una tarea bastante difícil.
Ella también había tenido que cambiarse de ropa después de que Gucci le manchara la blusa con sus patas sucias y Chanel dejara un regalito que embarró en su zapato.
Pero incluso aunque tuvo que hacer eso y limpiar la cocina al mismo tiempo que cuidaba de Hailey, las niñas aún no bajaban de sus respectivas habitaciones.
—¡Tienen dos minutos para bajar o las dejaré aquí! Y saben que lo haré.
—¡Ya vamos!
Bella negó con la cabeza y regresó a la sala en donde Hailey jugaba con una de las tantas muñecas que le había regalado, se suponía que tendrían que haber salido cinco minutos atrás, pero seguían en casa, y por cómo iban las niñas, definitivamente le harían llegar tarde.
No entendía por qué tardaban tanto, ella ya estaba lista y eso era decir muchísimo.
El timbre de la casa sonó avisando de una visita, lo último que Bella necesitaba en ese momento.
—¡Un minuto! —gritó hacia las escaleras, no recibió ningún ruido como respuesta.
Abrió la puerta dispuesta a despedir a quien fuera que osara desperdiciar su tiempo, pero se detuvo al ver a Elizabeth frente a ella.
—Hola, ¿Bella, cierto? Me alegra tanto que abrieras la puerta, Edward cambió la fachada y por un minuto pensé que estaba tocando la puerta equivocada.
Bella detuvo la puerta cuando Elizabeth intentó entrar sin siquiera ser invitada.
—Lo siento, pero estamos a punto de irnos y no tenemos mucho...
—Siempre hay tiempo para mí. —Acto seguido la empujó y se abrió paso hacia la casa.
Bella contó hasta diez intentando calmarse, no estaba en condiciones de sacar a la perra a rastras como hubiera querido hacer. Las niñas estaban arriba y lo último que quería era preocuparlas por los gritos, Hailey se asustaría y ella estaba embarazada, no podía poner en riesgo a su chicharito.
—Elizabeth, realmente...
—Veo que por fin has hecho cambios por aquí —le interrumpió y miró alrededor—, por lo menos la niña está mejor vestida, ven aquí, Hillary, saluda a tu nana Lizzie.
Hailey la miró sin entender a quién estaba llamando, y abrazó la muñeca entre sus brazos sin ninguna intención de moverse.
»Veo que no es tan... educada.
—Lo es —respondió, caminando hacia su niña quien gustosa levantó los brazos para que la cargara—, solo que es Hailey, no Hillary, no esperes que vaya hacia ti cuando no sabes su nombre y la última vez que te vio fue... ¿cuándo fue?
Elizabeth la miró con una ceja alzada para después reír mientras negaba con la cabeza y tomaba asiento.
—Tienes carácter, Bella, me agradas, por lo menos eres más firme que mi hija, ella se puso toda rabiosa e histérica, uno pensaría que sabría calmar sus emociones, pero algunas personas no maduran.
—¿Tú hablando de madurar?
Elizabeth se rio de nuevo, parecía que nada le molestaba.
¡Perra!
—Volviendo al tema de mi visita, me enteré que Angela es tu amiga y que está embarazada.
—¿Jasper te lo dijo? —preguntó pensando en la cantidad de veces que Jasper lo repetía, estaba en el séptimo cielo.
—No, se lo escuché decir a Esme, la zorra de turno de Carlisle llegó con ropa para bebé y ahí fue cuando me enteré. —Se encogió de hombros.
—¿Y eso qué tiene que ver con tu visita aquí?
—Supuse que, ya que Angela es tu amiga, la mejor manera de asegurarme al bebé es a través de ti.
—¿Asegurarte al bebé?
—Claro, ¿has oído hablar de las propiedades del cordón umbilical y la placenta? Es un ganar, ganar, yo estoy aquí durante el embarazo haciéndoles compañía y ellos me dan la placenta.
Muy pocas cosas sorprendían a Bella, pero esa definitivamente la dejó con la boca abierta.
»Claro que si tú eres la embarazada, preferiría a tu hijo, eres mucho más linda y con el historial de Edward, apuesto a que harían niños buenos y sanos, ¿has pensado en embarazarte pronto, querida? Incluso puedes llegar a tener otras gemelas, unas más... parecidas a ti.
Y como si se tratara de un mal chiste, las cinco niñas se quedaron estáticas en las escaleras, definitivamente habían escuchado la conversación.
—Por fin aparecen mis nietecitas —dijo girando su cabeza, pero sin ninguna intención de ir hacia ellas—. Ellas son lindas, solo que está oculto debajo de ropa... no adecuada, pero si tienes un bebé, apuesto a que sería uno verdaderamente lindo, ambas ganaríamos si estuvieras embarazada.
Quería gritarle que estaba embarazada pero que bajo ninguna jodida circunstancia se acercaría a su bebé, ni siquiera la quería cerca de sus otras bebés.
Pero sabía que no había manera de que le dijera primero a ella que a Edward o a las niñas.
Con toda la calma del mundo, dejó a Hailey sobre sus dos pies, y le dio una palmadita en las pompis para que corriera hacia sus hermanas.
Sabía que una escena no funcionaría con Elizabeth, a ella parecía divertirle más que ofenderle, pero si creía que tenía ventaja sobre ella, estaba condenadamente equivocada.
Poniendo su mejor sonrisa, aquella tímida e inocente con la que conseguía que Charlie le comprara una nueva muñeca cuando era niña, o la que la salvó en más de una ocasión de una multa, se preparó para enfrentar a su suegra.
—Lizzie, ¿puedo llamarte Lizzie?
—Claro, querida, nos vemos prácticamente de la misma edad.
—Ya creo que sí, las maravillas de la cirugía plástica de hoy en día son verdaderamente milagrosas, ¿no crees que te hace falta un poco de botox en el pómulo izquierdo? Aunque solo es mi punto de vista.
Bella notó el momento exacto en donde Elizabeth comenzó a molestarse.
Había crecido junto con Esme, se burló junto con ella de los desastres quirúrgicos, por eso reconocer una aplicación de botox, un estiramiento, levantamiento e implantes era realmente fácil para Angela y para ella.
»Y hablando sobre las propiedades de la placenta, ¿estás pensando en aplicártela como mascarilla? Porque realmente creo que te convendría buscar una mascarilla mucho más fuerte, porque no creo que las patas de gallo en tus ojos, que más bien parece que tienes a toda la familia de pollos, se quiten tan fácilmente.
Escuchó la risa de las niñas, ya estaban animadas, lo cual era una buena señal.
—¿Te crees muy graciosa?
—¿Yo? Pero si no estoy bromeando, de hecho, para que veas lo sincera que estoy siendo, puedo recomendarte con el cirujano de Esme, es su ex esposo, y por cierto, también pagó mi fiesta de los dulces dieciséis y me regaló una cirugía para los dieciocho, lamentablemente mi papi se negó y obligó a Carlo a prometer que no me tocaría con ningún instrumento quirúrgico —contó y se encogió de hombros, pareciendo deprimida—. Carlo es un verdadero caballero, y es muy bueno en su trabajo, puedo conseguirte una cita, sería bueno para también levantarte un poco los pechos, que mira que aunque el bronceador es bueno para ocultar los estragos de la edad, no hace milagros, mucho menos cuando es de tan mala calidad que hasta mancha la ropa, aunque no debe ser una gran pérdida, después de todo, ¿dónde pudiste comprar esa blusa?, ¿en algún mercado de pulgas?
Elizabeth se levantó furiosa.
—¡¿Cómo te atreves a...?
—¡A mí no me levantas la voz en mi casa! —le cortó, y sin siquiera darle una pista de lo que iba a hacer, dio un paso hacia adelante, colocándose las manos en la cadera—. Vienes a mi casa a exigir una barbarie, incluso si no fuera así, ¿por qué creerías que Angela permitiría que pusieras tus manos sobre su bebé? Si realmente crees que alguno de ellos te necesita, estás verdaderamente enferma, solo eres la mujer que llega a molestarlos de vez en cuando pero que milagrosamente desaparece lo suficientemente rápido como para olvidarla fácilmente.
—Escucha tú...
—No, tú escucha, puedes ser la nana Lizzie de mis niñas, puedes fingir cuanto se te dé la gana, pero eso no cambia que esperemos ansiosos el momento en el que te marches y no vuelvas a aparecer por aquí.
—¿Con qué puto derecho vienes a hablarme de ese modo? ¿Crees que eres realmente importante en la vida de mi hijo? Ha tenido a cinco mujeres, cada una de ellas mil veces mejor que tú, tú solo eres una distracción, la jodida niñera que él necesitaba para sus hijas, ¿como por qué te pidió matrimonio a tan solo un año de conocerse? Demasiado apresurado, a menos que quisiera asegurarse a la cuidadora de las niñas.
—Pues con mucho gusto me casaré con él para estar cerca de mis niñas, después de todo el mayor atractivo de Edward son sus preciosas hijas.
Y también sus abdominales.
Su altura.
Sus fuertes brazos que la sostenían con firmeza.
Sus nalgas redonditas.
Y su ancha espalda que Bella rasguñaba cada vez que la penetraba con demasiada fuerza.
Pero su dotado paquete estaba por encima de todo eso, solo pensar en esa gloriosa parte de su anatomía la hacía querer correr en su búsqueda y saltarle encima.
Pero esas cosas no las necesitaba saber Elizabeth.
—¡No son tuyas! —gritó al ver que sus palabras ni siquiera le habían hecho daño—. Sus madres son unas putas, unas perras igual que tú, solo buscaban a mi hijo por comodidad, para después dejarlo con una mocosa más que cuidar.
—Es algo bueno que, como la niñera, me quede aquí porque... las amo lo suficiente para que sean mías, ahora lárgate de mi casa.
—¿Tu casa? No me...
—¡Nada! —le calló—. Lárgate ahora mismo, porque mira que solo me detengo por mis niñas, pero puedo mandarlas arriba y sacarte de aquí como realmente me place hacer.
—Perra, te vas a arrepentir.
—Cuando tu opinión sea el número de Johnny Depp, me la das.
Elizabeth salió de la casa y Bella tuvo la satisfacción de cerrarle la puerta en la cara cuando esta se giró para decir una última cosa.
Se volvió hacia las niñas, quienes estaban demasiado calladas.
—Espero que ustedes ya estén listas y no solo bajaran para escuchar el chisme.
—Solo tenemos que ir por los suéteres.
—Pues vayan, que ya vamos retrasadas y su padre me va a matar por llegar tarde. —Se acercó y tomó a Hailey de los brazos de Vanessa—. Tienen solo un minuto en lo que enciendo la camioneta y pongo a Hai en su asiento, si no están en la camioneta para cuando termine, considérense olvidadas.
Las niñas corrieron arriba y Bella se dirigió a la cochera, ella no iba a dejar a nadie y las niñas lo sabían, pero una que otra amenacilla siempre era buena.
…
Dejó a las niñas con Carlisle, en donde Jasper y Sophie ya estaban, besó a cada una de ellas, prometiendo que regresaría para la hora de cenar pues debía ir a la tienda de manera urgente para revisar que todo estuviera empaquetado de manera correcta, confiaba en las personas que contrató Amun, pero eso no evitaba que se hiciera cargo de los pequeños detalles de su negocio.
Al llegar, Angela estaba ahí con una tablilla en la mano, palomeando los productos que estaban siendo empaquetados. Bella se acercó notando la pequeña elevación en su vientre, según las medidas en sus respectivas ecografías, ambas tenían tan solo dos semanas de diferencia, Angela era la más adelantada y ya comenzaba a notarse la elevación en su ropa.
Terminaron de revisar los paquetes y las etiquetas de envío antes de que el servicio de entrega pasara por las cajas, desde la reapertura, además de las ventas locales, las ventas en el sitio web habían aumentado, Amun estaba hablando sobre la posibilidad de abrir una sucursal en California.
Era aún muy precipitado, pero Amun confiaba en que se llevaría a cabo.
Con los pedidos enviados, ambas se escabulleron a la oficina a relajarse, sabiendo que tendrían que regresar a la casa Cullen para la cena, Rosalie estaba a nada de ponerse de parto y la cena era como una pequeña celebración familiar para esperar al niño.
Los Cullen tenían tradiciones raras.
—A mí no se me nota tanto como a ti —dijo Bella sentándose en la silla del escritorio, Angela tomó asiento justo frente a ella—, quizás es porque es tu segundo embarazo.
—Posiblemente, recuerda que con Sophie comenzó a notarse casi cuando tenía cinco meses, eres primeriza.
—Por lo menos agradezco que las náuseas aún no aparezcan.
—¡Amen a eso!
—Sí, aunque principalmente es porque no sé cómo se lo explicaría a Edward sin preocuparlo.
—¿Cuándo se lo piensas decir?
—No lo sé, creo que está en negación, le he dejado caer una que otra indirecta, le digo sobre lo lindo que será tener otro bebé en casa, pero él lo relaciona contigo.
—¿Será porque sabe que estoy embarazada? Los hombres suelen ser algo lentos —se encogió de hombros—, tienes que hablar directamente con él, y también con las niñas.
—Lo sé.
—Porque si no lo haces tú, Sophie terminará hablando, ahora Jasper la mantiene entretenida con la llegada de la beba y los planes para compartir la habitación, pero ella terminará hablando tarde o temprano. Por el momento solo habla de tu bebé conmigo, pero no creo que dure mucho, Jasper se ha vuelto un buen confidente para Sophie.
—Quizás que a ella se le salga no sea tan malo.
El golpe de Angela en su brazo la hizo chillar.
»¿Por qué mierda fue eso?
—Fue por ser una cobarde, solo enfrenta a Edward y dile.
—¿Y cómo se supone que se lo diga? ¿Apenas atraviese la puerta? O quizás después de que terminemos de cenar y las niñas pidan su helado de postre le diga que debe comprar más porque estoy embarazada y me he comido todo el helado porque al parecer esta bebé tiene la idea de volverme una bola.
El sonido de algo golpeando contra el suelo las sobresaltó, ambas se giraron para ver a Edward tirado en el suelo inconsciente.
—Al parecer ya se lo has dicho.
—¡Mierda!
Corrió a su encuentro, revisando que no se hubiera golpeado la cabeza tan fuerte.
—¿Amor? ¿Edward?, despierta, nene.
Angela apareció junto a ella con una almohadilla para desmaquillar mojada con perfume.
Bella pasó la almohadilla por la nariz de Edward, esperando que recobrara la conciencia.
—Vamos, nene, no me hagas esto, estoy embarazada, no me puedes dar estos sustos.
Edward recobró la conciencia, estaba confundido y mareado, le era difícil mantener los ojos abiertos.
—Angie, llama a emergencias.
—No —murmuró Edward, apenas logrando articular palabra—, no podemos ir.
—Sí que podemos, te has desmayado y no sé si te has golpeado la cabeza, puedes tener una horrible contusión, quizás hasta un coágulo de sangre... Llama a esa ambulancia.
—No —dijo pestañeando y enfocando a Bella—, si estás embarazada, no puedes ir al hospital, no voy a exponerte a gérmenes innecesarios.
—Aww, aturdido y aun así te preocupas por nuestra nena.
Bella besó castamente sus labios y lo ayudó a ponerse de pie, Angela también le ayudó, juntas lo llevaron al sofá de la oficina y lo acomodaron para que estuviera cómodo, luego Bella se hincó para acariciar su rostro.
—Aún creo que es mejor que vayamos al hospital, asegurarnos que estés bien también es importante, tanto como nuestro chicharito.
—He tenido contusiones antes y esto no es nada parecido, estaré bien.
—Si tú lo dices…
—Sí, yo lo digo, ahora tú dime sobre que estás embarazada.
—¿Sorpresa?
—¿Es en serio?
—No lo planeé, ni siquiera estaba en mis posibilidades, tenemos seis niñas y creí que eso sería suficiente, pero al parecer nuestro método falló.
—Un desbalance hormonal —dijo Angela—, hemos estado en mucho estrés en los últimos meses.
—Lo suficiente como para que mis hormonas se alborotaran y provocaran que las pastillas perdieran su efecto.
—Esperen un segundo... ¿Ambas lo están al mismo tiempo? ¿De los mismos meses?
—Nos enteramos el mismo día y, por las pruebas, solo tenemos unas cuantas semanas de diferencia, pero posiblemente las niñas nazcan en el mismo mes.
Edward las miró por un segundo antes de reír a carcajadas, aunque no duró mucho pues se quejó y se llevó una mano a la cabeza.
—Solo ustedes dos serían capaces de embarazarse al mismo tiempo.
—No fue planeado.
—No, fue su aura o esa mierda de la que a veces hablan.
Bella rodó los ojos al mismo tiempo que se acercaba para revisar que Edward no tuviera ningún chichón.
¿Había sido el destino lo que las hizo embarazarse al mismo tiempo? Habían tenido problemas con el anticonceptivo, a cualquiera podría pasarle, pero definitivamente solo ellas podrían compartir una condenada habitación de parto.
Un par de réplicas de ellas dos pasaron por su cabeza, si las niñas eran una cuarta parte de lo dinamita que ellas eran de niñas, definitivamente tendrían canas en muy poco tiempo.
…
Era justo su aniversario, cumplían un año de relación, quizás para muchos era demasiado rápido, pero guiarse por los estándares de los demás era absurdo, ellos vivían su vida a su manera, bajo sus propios términos, y por esa razón es que ambos estaban emocionados de ver a su bebé. Había sido idea de Edward y Bella estuvo encantada, así que habían dejado a Gretchen y Hailey en casa de Carlisle mientras que las demás niñas estaban en sus diferentes actividades, y ahora estaban solos en la sala de espera del obstetra. Revisarían que la bebé estuviera bien además de que la verían, Edward estaría junto a ella para verla, quizás no era la primera vez para Edward, pero Bella ni siquiera dudaba de su alegría y emoción.
Una beba, a pesar de ya tener otras seis niñas, no era una cosa sencilla, no lo hacía menos estresante, los miedos de que pudiera pasarle algo eran persistente en los dos, al igual que la emoción y la alegría al saber que habían creado una vida, una combinación perfecta de ambos.
Bella se preguntaba si heredaría la sonrisa torcida de Edward, la misma que las seis niñas poseían.
Esperaba que sí.
Rellenaron los formularios y contestaron las preguntas de rutina, incluso Edward respondió unas cuantas preguntas sobre los embarazos de las niñas, así como la salud de estas al nacer, la doctora les tranquilizó asegurándoles que solo era para completar el historial de salud, el cual serviría para prevenir alguna anomalía que el bebé pudiera llegar a presentar en el transcurso del embarazo o durante el parto.
Bella preguntó por las pruebas de cáncer, su papi se las había hecho regularmente después de que Renée falleciera, había una posibilidad de ser hereditario y ella no estaba dispuesta a dejar a su nenita en la incertidumbre. La doctora les aseguró que harían los chequeos y seguimientos necesarios para mantener la salud del bebé.
Después de que algunas de sus dudas fueran resueltas, la tan esperada ecografía estaba sucediendo. No había mucho que ver, había cosas sin formas, hasta que por fin la obstetra señaló un punto en la pantalla y les habló de medidas. Más pequeño que un renacuajo, pero ahí estaba moviéndose para sus padres, Bella sollozaba al verlo, no era la primera vez que lo veía, sin embargo eso no quitaba la emoción de saber que estaba ahí, creciendo en su interior. Escuchar el rápido palpitar de su corazón solo fue la guinda del pastel. Sintió los dedos de Edward acariciando su cintura, tenía la vista cristalizada, igual que ella, quizás no era su primera bebé ni su primera experiencia con la ecografía, pero eso no evitaba que siguiera siendo igual de importante.
Una vez terminaron con la ecografía, Bella volvió a ponerse las bragas y ambos regresaron al consultorio en donde la doctora los esperaba con las imágenes de la ecografía y el disco con el latido del corazón de su bebé. Los dos tomaron asiento, preguntándose si había encontrado algo malo como para que otra persona estuviera ahí con ellos.
—Ella es Sharon, es la trabajadora social.
—No deben preocuparse, no estoy aquí como una amenaza, solo es por protocolo.
—Sabemos que es su primer embarazo, señora Swan, pero en el formulario ha escrito que tienen bajo su cuidado a seis niñas más.
—Sí, las seis son mis hijas —dijo Edward—, Bella adoptará a tres de ellas en cuanto el matrimonio se lleve a cabo.
Bella asintió recordando una semana atrás cuando Victoria la llamó para decirle que cedería los derechos de Hailey para que pudiera adoptarla.
—Siempre he creído que una niña necesita de padres amorosos, sé que Edward hacía un magnífico trabajo, pero ya que ahora has entrado a escena y yo no puedo cumplir con el papel de madre que Hailey necesita, sé que tú, Chihuahua, eres lo que ella necesita.
Habían comenzado con el trámite unos días después de la llamada de Victoria, y las gemelas se les habían acercado a ambos tan solo unas noches atrás para preguntarles si ellas también podían ser adoptadas.
—Ness y Tam tienen a tía Tanya, Gren tiene a su mamá, sabemos que ella no está mucho por aquí, sin embargo tiene a su mamá que la visita de vez en cuando, pero nosotras, al igual que Hai, no tenemos una mamá, ¿Bella también puede ser nuestra?
El trámite también estaba en proceso.
—Entendemos eso, pero seguimos preocupados por la calidad de vida que llevarán, siete niñas equivalen a un gran gasto, además de que cada una necesita tiempo para cubrir sus necesidades.
—Cubro las necesidades de mis hijas perfectamente, incluso antes de que Bella y yo comenzáramos una relación, nunca descuidé mi relación con ellas, son niñas amadas y atendidas, además recibo la pensión de sus madres, cada una de mis hijas tiene un monto asignado por un juez, ninguna de ellas vive en mal estado. Las gemelas, aunque serán adoptadas por Bella, el acuerdo de custodia aclara que seguirán recibiendo una pensión y una gratificación a su fondo universitario, es el arreglo al que mi abogado llegó. Los gastos de mis hijas mayores los comparto con mi exesposa con quien tengo una muy buena relación porque sabemos que las niñas merecen una armonía familiar. La madre de Gretchen deposita mensualmente sin falta ni retraso la manutención, no importa en qué parte del mundo esté, Jane cumple con su obligación; a la única que puedo decir que mantengo enteramente es a Hailey y eso es solo porque Victoria tuvo problemas financieros y acordé con ella renunciar a la manutención, aunque en estos dos años ha aportado ocasionalmente unos cuantos dólares a la cuenta de Hailey...
—Calma, Edward.
—No, Bella, tengo una familia grande y espero una bebé que la haga aún más grande, pero eso no quiere decir que mis hijas deban tener una vida precaria.
—Nunca insinué eso, señor Cullen.
—Pues a mí me lo ha parecido. —Se puso de pie obligando a Bella a hacer lo mismo—. Tengo un buen empleo, una buena familia y una buena vida, quizás en lugar de estar buscando cosas en donde no las hay, deberían ir a buscar a padres que verdaderamente maltraten a sus hijos. Que pasen buena tarde.
Bella siguió a Edward fuera de la consulta, ni siquiera se detuvo en recepción para concertar otra cita, suponiendo que él querría cambiar de médico. Edward detuvo la puerta del ascensor para que ella entrara junto con otra pareja, una vez dentro colocó los brazos de forma protectora sobre su vientre y así bajaron hasta el sótano en donde se encontraba el estacionamiento, cuando llegaron Bella le quitó las llaves y lo arrinconó contra la camioneta.
—Tranquilo, amor, todo está bien, nadie nos va a quitar a nuestras niñas ni te acusarán de ser un mal padre, ni siquiera podrían probar algo así.
—Esa mujer insinuó que...
—Sé lo que insinuó, la simple presencia de ella ahí me molestó también, pero sé la familia que somos, sé que las niñas son felices y amadas. Debes tranquilizarte, tus nervios me preocupan y mantenerme tranquila es lo mejor para nuestra ranita.
Edward suspiró antes de sonreírle y colocar sus manos en su cadera, tocando con su pulgar su aún plano vientre.
—Ella es primordial en este momento.
—Lo es. Ahora llévame a comer antes de que tenga que regresar a la tienda y tú tengas que ir por las niñas a sus clases, el mal rato que nos hicieron pasar no va a arruinar nuestro día. —Sacó del bolso las ecografías y el disco con el latido del corazón—. Las tomé antes de que nos hicieras salir de ahí.
—Necesito una para ponerla en mi cartera.
—Sacaré copias para toda nuestra familia, nuestra ranita merece ser apreciada por todos.
—Sí que lo merece.
Bella se puso de puntitas y esperó que Edward bajara a su encuentro para compartir el beso que habían querido darse desde que la primera imagen de su bebé apareció en la pantalla.
…
Esperaron dos semanas antes de por fin decidirse a contárselo a la familia y a las niñas, Angela y Sophie hasta el momento eran las únicas que lo sabían.
El hijo de Rosalie había nacido completamente sano, y estaba en casa junto con sus padres y hermano. La pequeña cosita rubia había hecho suspirar a Bella y dudar en regresárselo a Rosalie, el solo pensar que en unos cuantos meses ella tendría a su bebé en brazos, la hacía sonreír como maniaca.
El plan era sencillo, se lo dirían a las niñas primero, era fundamental que ellas estuvieran enteradas primero.
Después Bella se lo contaría a Charlie y Edward lo haría con su familia, esperaba que Jasper fuera lo suficientemente efusivo como para romper cualquier tensión.
Esa tarde era cuando se los dirían, Edward había ido por pizzas, mientras que ella se quedaba pasando el rato con las niñas, una tarde familiar y terminar con la noticia era una buena idea.
—Del uno al diez, ¿cuánto me quieres? —preguntó Gretchen, ambas estaban recostadas en el sofá mientras Mila y Kailani decidían qué juego de mesa jugarían, Nessa estaba en la cocina preparando palomitas mientras que Tamara y Hailey hacían estiramientos, Tamara estaba segura de que Hailey entraría a ballet con ella la siguiente temporada.
Edward debería estar llegando en los próximos veinte minutos.
—Yo creo que del uno al diez, yo te quiero una manzana.
—Una manzana no es un número, mami —dijo Gretchen riendo.
—Lo sé, pero es que no hay un número exacto que describa cuánto te quiero, podría decir un trillón, pero eso seguiría siendo muy poco para todo lo que yo te amo, por eso digo que te amo una manzana, porque mi amor no tiene ninguna medida, ni lógica, así es el amor sincero.
Gretchen le abrazó feliz por la respuesta.
—Yo también te quiero una manzana, mami.
Bello besó las mejillas de Gretchen causando su risita chillona y dulce.
Jugaron dos juegos de mesa, siendo interrumpidas por Hailey quien quería tomar todas las piezas. Estaban riendo a mitad del juego con la película de fondo para cuando Edward llegó con pizza y helado.
Comieron reunidos en la sala, riendo, riñéndose y tirando uno que otro vaso de gaseosa, una típica tarde familiar.
—Quiero helado —dijo Tamara limpiándose las migas de pizza de la boca.
—Antes del helado, Bella y yo tenemos que hablar con ustedes.
—¿Estamos en problemas? —preguntó Kailani.
—Le dije a Kailani que no era buena idea —prosiguió Mila visiblemente asustada por ser descubierta.
—No hubiera pasado nada si Mila no hubiera cerrado la puerta.
—No es mi culpa, tú quisiste dormir con Gucci.
—No te quejaste cuando te llevaste a Chanel.
—Alto las dos, no es nada de eso, ni siquiera sé de lo que están hablando, pero después las veré en su habitación para que me cuenten exactamente qué fue lo que pasó.
Las gemelas asintieron, mirándose la una a la otra, posiblemente disculpándose o culpándose por los problemas en los que se metieron.
—Entonces, volviendo al asunto, Bella y yo descubrimos recientemente una cosa que cambiará las cosas en la casa a partir de ahora.
—Gretchen lo hizo —chilló Tamara interrumpiendo nuevamente a Edward.
—No es cierto —protestó la pequeña—, Tam y Ness dijeron que era seguro dejar la ventana abierta, fue su culpa que el conejo musical de Hailey terminara mojado.
—Lo dijimos porque Gretchen derramó el perfume de Bella sobre la alfombra y apestaba, solo abrimos la ventana para que se dispersara el olor, además, Tam debía regresar y cerrar la ventana.
—No es cierto, nunca me dijiste que yo lo hiciera, además me fui a mis ensayos de ballet y tú te quedaste aquí, pudiste cerrarla.
—Estaba ocupada alejando a Bella, a Hailey y a papá del cuarto, el olor aún persistía…
—Tampoco estoy hablando de eso, pensé que el conejo se había descompuesto cuando se cayó de la cuna, ahora veo que no es así, pero hablaré con ustedes después.
Las tres asintieron y guardaron silencio.
—¿Tienes alguna travesura que confesar antes de que papi continúe hablando, Hai? —preguntó Bella a la más pequeña de las niñas.
La niña se quedó pensando para después negar con la cabeza.
—Bien, ahora que por fin tengo su atención, queríamos hablar con ustedes, pero no sobre alguna travesura, aunque ya sé qué es lo que haré la próxima vez que tenga que castigarlas, ustedes solitas me dirán toda la verdad.
Las niñas se rieron nerviosas.
—¿Entonces de qué querías hablar, papá? —preguntó Kailani.
—Tenemos noticias que darles.
—Si es sobre la boda, yo les dije que no iba a volver a usar vestido, solo lo hice por la abuelita Sue.
—No es sobre eso —le tranquilizó Bella—, estoy pensando en que las mujeres llevemos traje y los hombres vestido.
Las niñas se miraron entre sí antes de asentir.
—Nos parece un buen plan.
—Después discutiremos los planes —dijo Edward.
—Claro, claro, ahora diles la noticia, una muy buena.
—¿De qué trata?
—¿Nos llevarán a Disneyland?
—Lo haremos cuando puedan mantener su habitación limpia y ordenada por más de tres días.
—Ni siquiera quería ir a Disneyland.
—Quería hacer esto de manera calmada, pero con ustedes no se puede, pequeñas parlanchinas —suspiró Edward ante la risilla de las niñas—. Bella... Bella está embarazada, tendrán una hermanita en unos cuantos meses.
Bella esperaba el shock en sus rostros, la sorpresa, incluso estaba preparada para oír a las niñas preguntar si estaban hablando en serio o solo era una broma. También era bienvenida la incredulidad y los celos por parte de Gretchen y las gemelas —Hailey aún era muy pequeña y si fuera a estar celosa sería cuando comenzara a crecerle el vientre—, pero jamás en sus opciones estuvo el enojo ni la furia, sin embargo era exactamente eso lo que los brillantes ojitos de sus niñas reflejaban.
Edward debió ser consciente del enojo de sus hijas pues carraspeó y continuó hablando.
—Sé que es una sorpresa, también lo fue para Bella y para mí, pero es una buena noticia, habrá una beba en casa, ¿recuerdan lo chiquita que era Hailey?, esperemos que la bebé no llore tanto como ella lo hacía.
Las niñas se quedaron calladas por un largo momento, Bella sentía el nudo formándose en su garganta.
—¿Dónde dormirá? —preguntó Tamara.
Que hicieran preguntas era una buena señal, por lo menos estaban reaccionando a la noticia y no mostraban la horrible indiferencia.
—Bueno, está la habitación de invitados, casi nunca se usa, es pequeña y creo que sería una buena opción para la bebé.
—¿Por qué ella tendrá su propia habitación?
—¿Solo porque es hija de Bella tendrá su propia habitación?
Escuchar a las gemelas llamarla por su nombre causó el mismo dolor que si le atravesaran con un cuchillo, podía decir que incluso Edward había quedado en shock.
—Niñas…
Gretchen fue la primera en correr fuera de la habitación, comenzó a llorar a mitad de las escaleras, Bella se puso de pie y corrió detrás de ella.
—Déjame, déjame.
—¡Gren!
—Déjame, no te quielo, ya no. —Era increíble cómo Gretchen empezaba a pronunciar mal cuando estaba nerviosa o enojada, parecía que en esos momentos olvidaba todo el progreso que habían hecho.
Bella ni siquiera le hizo caso, la abrazó a pesar de que se removía e intentaba soltarse, luego se recargó contra la pared, sosteniéndole los brazos y las piernas, Gretchen siguió pataleando, ignorando la voz de Bella.
—Tú ya no me quieles.
—Claro que lo hago, te amo una manzana, ¿recuerdas?
—Mentiste.
—No, no lo hice, que esté embarazada no significa que te quiera menos o que la quiera más a ella, la quiero porque es mi nenita y tú...
—A mí nunca me has dicho eso.
—¿Qué cosa?
—Nunca me has dicho nenita, le llamas así polque...
—Porque ella es mi nenita —los asustados y llorosos ojos de Gretchen la miraron directo a la cara—, ella es mi nenita, y nunca te he llamado de esa forma porque tú eres mi rayito de sol, mi pequeña y hermosa conejita, tú eres mi pequeña conejita que llena de alegría mi día.
—¿Siemple lo selé?
—Por siempre y para siempre. —Besó su frente y sus mejillas—. Ahora deja de llorar que no hay razón para las lágrimas, vas a tener una hermanita con quien jugar.
Hailey apareció por la escalera y corrió a su encuentro apenas las vio. Bella reacomodó a Gretchen y dejó lugar para Hailey.
—Ya no selemos más tus bebés.
—Ustedes siempre serán mis bebés, incluso sus hermanas mayores lo son, el único cambio que vamos a tener con la llegada de la bebé, es que yo me ponga gorda y quizás que le compremos una cama a Hailey.
—La cuna es para la bebé, ¿verdad? —preguntó Gren, al parecer estaba más tranquila, lo deducía por su pronunciación.
Bella quiso responder de inmediato que sí, pero se detuvo al pensar que Gretchen quizás lo malentendería, sin embargo, entre más pensaba en una respuesta, las posibilidades de que su niña volviera a alterarse aumentaban.
Decidió permanecer neutral.
—Sería para la bebé porque de ese modo estaría segura al dormir, Hai necesitó la cuna en su momento, hasta tú lo hiciste algún tiempo.
—¿Y por qué no dormirá con nosotras?, Hai y yo dormimos juntas polque somos las pequeñas —dijo mientras comenzaba a jugar con sus manos—, papi lo dijo, pol qué ella no, ¿ella es difelente de nosotlas?
—No lo es, es su hermana y es tan importante como ustedes, lo de la habitación solo era una opción, aún tenemos mucho tiempo para que la nena llegue y planear las cosas
—Pelo...
—No hay pero, mi conejita hermosa, la llegada de la nena no va a cambiar mi...
Antes de que pudiera continuar hablando, los rápidos pasos subiendo las escaleras la silenciaron, las cuatro niñas llegaron al piso de arriba y se dirigieron a sus respectivas habitaciones azotando las puertas. Era bastante claro que iban a estar enojadas con ella por un largo tiempo.
Edward llegó después, parecía agotado, compartieron una mirada que les dijo que las cosas no estarían muy alegres en ese lugar por el resto del día.
—¿Qué les parece un poco de helado para mis tres chicas?, he traído de avellanas y de fresa.
—Yo —gritó Hailey feliz abrazando el cuello de Bella—, yo esas como mami.
—Un rico helado de fresas para compartir será —le dijo Bella besando su regordeta nariz—. Gren, las tres podemos compartir, si tú quieres.
—Quiero de avellana.
Y solo con eso bastó para saber que Gretchen no la perdonaba.
...
—Que grata sorpresa, Bella, ¿no has traído a las niñas?
—Esta vez no, tenía que hablar con ustedes en privado.
—Oh, bueno, llamaré a tu padre, está en el patio trasero poniendo un columpio para las niñas, está emocionado desde que nos dijiste que dejarás a las niñas el siguiente fin de semana.
—Ellas también están emocionadas, están contando los días para venir.
Siguió a Sue hasta la sala y se sentó dejando que ella fuera en busca de su papi, intentó tranquilizarse, estaba tan emocionada por darles las noticias, confiaba en que ellos se pondrían felices.
Aunque también lo había pensado de las niñas y se había equivocado, aún estaban recelosas con ella.
—Siempre es bueno verte, Galletita, tienes muy abandonado a tu viejo padre.
—He estado muy ocupada con la tienda.
—Lo sé, lo sé —se sentó junto a ella y abrazó sus hombros—, no te pido que vengas, pero una llamada no lastima a nadie.
—Te llamo dos veces a la semana.
—Podrían ser cuatro, hablo más con las niñas últimamente.
—No seas dramático, Charlie —bufó Sue sentándose en el reposabrazos del sofá—, aún no estás tan viejo para que comiences con tus achaques.
Su papi bufó y Bella rio, hacían una buena pareja.
—Les he traído una pequeña sorpresa a ambos, espero les guste y lo amen tanto como yo lo hago.
Bella le entregó el obsequio a su papi, quien la miró con una ceja alzada mientras lo aceptaba, nunca fueron precisamente delicados cuando se trataba de las envolturas de regalo, así que Charlie arrancó el papel dejando a la vista una caja más pequeña, la abrió para encontrar otra envoltura.
—Si esta es una broma en venganza de la vez que te regalé una manzana en aquella enorme caja, me niego a continuar.
—No, papi, no es eso, yo sí maduré.
—Sí, claro, maduraste.
Terminó de abrir el regalo hasta llegar a la tierna ropita de bebé.
—No entiendo, ¿nos has regalado ropa para las niñas?
Bella rodó los ojos ante la absurda conclusión a la que llegó.
—No, te he regalado ropa de una niña en específico.
—¿De Hailey?, es la más pequeña, pero esto es aún más pequeño.
Bella negó con la cabeza, había pensado que era una manera directa de decirles, pero al parecer se había vuelto a equivocar.
—A veces los hombres son tan lentos —dijo Sue, quien había estado sonriendo durante todo el tiempo—. ¿Por qué no lo tomas y lees las letras en la barriga?
Charlie lo tomó y estiró para mostrar las palabras.
La pequeña ranita del abuelo.
—No entiendo, Bella, ¿ranita? A ninguna de las niñas le digo de ese modo.
—Lo sé, pero ahora quizás quieras llamarla así, después de todo, rima con el nombre.
—Ninguno de los nombres de las niñas rima con ranita.
Bella se rio sin poder evitarlo, Sue junto a ella estaba solo a la espera de que Charlie comprendiera lo que les estaba intentando decir para poder emocionarse.
—Regrésame la fe en los hombres y dime que Edward lo entendió a la primera.
—Se desmayó cuando se enteró, pero en cuanto recobró la conciencia, su mente solo pensaba en nuestro bienestar.
—¿Por qué se desmayaría?
Bella rodó los ojos, las señales indirectas no eran precisamente la fortaleza de sus hombres.
—No todos los días le dicen que será papi por séptima vez.
Bella se rio mientras el entendimiento cruzaba el rostro de su papi, pasó de estar en shock a tartamudear, antes de mirar de nuevo el mameluco y quedarse contemplando la diminuta ropita sin siquiera parpadear.
Sue sonrió y la abrazó, felicitándola y prometiendo ser una abuela muy consentidora.
—Dejemos que se recupere del shock, mientras te preparo un poco de té y me dices cuándo fue que te enteraste, sé que ustedes dos tenían la sospecha en mi boda, pero pensé que solo había sido un susto.
Bella miró a su papi una última vez para descubrir que seguía en el mismo estado catatónico, una mosca pasó junto a él y ni siquiera se movió.
—Pues no fue un susto, tengo una pequeñita creciendo dentro de mí, mi pequeña ranita.
Yanina, muchas gracias por la ayuda con la revisión del capítulo, eres la mejor en el mundo entero.
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Nos vemos muy pronto
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