Capítulo 36

Estaba tan cerca que pudo sentir la sangre caliente saliendo disparada hacia su rostro.

La cabeza rodó hasta que ella llegó y se lanzó directa para recogerla.

Vio como el cuerpo decapitado caía de golpe, dejando escuchar un ruido sordo.

Abrazó con fuerza aquella cabeza cortada con intensidad, mientras gritaba y lloraba con dolor.

-Es asqueroso - dijo el agente del CP0 entre risas junto a sus compañeros.

Sus manos, y su cuerpo entero, estaban cubiertos de la sangre y sesos que caían de la cabeza de Mjosgard.

Vio que aún sonreía. Las lágrimas volvieron a salir.

Le costaba respirar. Sentía fuego en los pulmones, como si se ahogara. Sus ojos ardían, su pecho ardía, sus manos ardían.

Era como si su cuerpo entero se estuviese calcinando por las llamas.

Se empezó a ahogar con su propio llanto. Ese era el dolor más intenso que había sentido en su vida. Y era horrible.

Le dolía.

Escuchó risas de fondo, mezcladas con el grito desesperado de Sabo. Sabía que la llamaba para que volviera. Sabía que esos hombres habían conseguido lo que querían. Pero no le importaba en lo absoluta. Necesitaba estar ahí. Necesitaba aferrarse al calor de su cuerpo antes de que la muerte lo convirtiese en un gélido hielo rígido y de color amarillento.

Unos brazos la cogieron por atrás y la ataron con cadenas lo más fuerte que pudieron.

La arrastraron hacia atrás como si fuera un animal y la separaron de la cabeza.

Ella estaba demasiado inmersa en su lucha mental como para oponer la resistencia suficiente.

El hombre que lo decapitó caminó hacia ella y agarró la cabeza. La miró de arriba a abajo.

-Mírate, completamente empapada con la sangre y los sesos de una cabeza recién cortada. Es repugnante.

Le agarró la barbilla y la miró a los ojos.

-Es cierto. Vuestros ojos brillan como amatistas recién pulidas. Es hermoso el brillo que hay en ellos, y las lágrimas lo potencian.

Cogió una lanza del suelo y la clavó como una estaca.

-He escuchado que vuestros ojos se podrían vender aun precio elevado en el mercado negro. Semejante belleza es digna de ser coleccionada ¿No crees?.

Ella no contestó, pero lo miró con una furia infinita.

-Qué mirada - sonrió - Si fuesen cuchillos estaría desmembrado. Aunque he de admitir que la encuentro bastante excitante.

-¡SUÉLTALA! - Sabo corrió en su ayuda, pero una ráfaga de aire se lo impidió. Era Dragon el que le impidió llegar hasta su compañera.

-¿¡Qué haces!? ¡Van a matarla!

-¿Y perder a dos de mis generales el mismo día y en la primera batalla? ¿¡Estás loco!? - Dragon lo zarandeó - Ella sabe perfectamente lo que ha hecho y conoce, al igual que tú, las normas.

Sabo miró a su compañera. A su amiga. Ella ni siquiera se volteó a verlo a la cara. Sabo lo sabía, ella se había percatado de su error y estaba dispuesta a asumirlo.

-¡NO! - exclamó por última vez antes de que Kota le diera un golpe en el cuello y lo dejase inconsciente.

-Gracias Kota - le agradeció Dragon - ¡Hemos acabado! Llevad a todos los supervivientes a los barcos! ¡Nos vamos YA!

Al dar la orden, todos se dieron la vuelta, sabiendo de su victoria y marcharon hacia los barcos antes de que fuese demasiado tarde.

Mina escuchó la retirada. Cerró los ojos.

La había fastidiado.

-¡Mina! - escuchó gritar a sus dos compañeros Kaito y Kota mientras se alejaban con el resto - ¡NI SE TE OCURRA MORIR, TONTA!

Pero no le importaba en lo más mínimo. Conocía el código. Si eran capturados por el enemigo, estaban obligados a suicidarse.

Miró por última vez a su tío. Sonrió.

Sí, había luchado y había ganado. Tal vez no la guerra, pero la primera batalla había sido ganada por el Ejército Revolucionario, y eso era más que suficiente para ella.

Estaba de acuerdo con que esos fueran sus últimos momentos.

Por algún motivo, en sus últimos pensamientos, Law le vino a la cabeza. Era cierto, le había dicho que iría con él "la próxima vez".

"Lo siento capitán, creo que no habrá próxima vez" pensó con una amarga sonrisa. Le habría encantado vivir y navegar junto a él. Junto a Shachi, Penguin, Bepo y el resto. Habría sido estupendo poder vivir, pero aquí se acababa todo.

Se armó de valor y abrió la boca para morderse la lengua con fuerza, ya que sus manos estaban atadas.

Pero antes de que pudiese hacerlo, alguien le introdujo algo en la boca. Consiguió morder con tanta fuerza que realmente sintió que se había partido la lengua. La sangre brotó de su boca en gran cantidad, pero al tener aquel paño enrollado en su boca, había impedido que se cortara la lengua con los dientes.

Le dolió mucho. Aquello la desconcertó por completo ¿Por qué habían hecho eso?

El Agente del CP0 ordenó que la agarraran entre varios hombres y le pusieran una cadena en la boca para que no pudiese volver a morderse la lengua.

-Casi lo consigues guapa, pero no te lo voy a poner tan fácil - balanceó la cabeza cortada - Este es solo el comienzo.

Empaló con fuerza la cabeza de Mjosgard en la lanza que anteriormente había clavado en el suelo.

Ella sintió otra punzada de dolor en el pecho.

-¿La ves? - la obligó a que no apartara la mirada ni un segundo - Esto es lo que pasa cuando te crees demasiado lista como para hacer cabrear al Gobierno Mundial.

La visión de ver la cabeza empalada provocó que las lágrimas volvieran a brotar y ella dejara caer la cabeza sobre sus rodillas, intentando soportar todo aquel dolor. No sentía ni siquiera la lengua y la sangre que corría por su boca.

-Mírate, estás hecha un cuadro - dio órdenes a los otros agentes - Llevadla en un barco a Impel Down. Encerradla en el último nivel.

-¿No prefiere ejecutarla ya? Es una revolucionaria.

-¿Y perderme la oportunidad de poder torturar a un alto cargo del Ejército Revolucionario? Jamás.

A pesar de su férrea resistencia, entre casi una decena de hombres tirando de las cadenas, pudieron arrastrarla y encerrarla en un barco directa a la Isla de Impel Down.

Dragon miró con dolor toda aquella escena. Pero sabía que no podía hacer nada por ella. Volteó la cabeza y vio a la princesa Shirahoshi junto a sus hermanos y el rey Neptune.

Aún no habían abandonado aquel desastre junto a Garp. Tenían lágrimas en los ojos, y Shirahoshi temblaba.

-Él fue quien me salvó la vida - dijo entre temblores y sollozos - Y fue el hombre que firmó para que pudiésemos venir hasta aquí.

-Princesa - dijo Garp, sin saber muy bien cómo reaccionar. Miró a su hijo, pero éste se parecía también visiblemente afectado por la pérdida de uno de sus subordinados.

Rebecca y Violet también lloraban.

-Violet - dijo Rebecca entre sollozos mientras abrazaba con fuerza a su tía - Es demasiado cruel. Demasiado.

-Lo es - contestó Violet intentando mantener la calma - Ha sido una salvajada lo que han hecho y jamás serán perdonados.

Había sido la primera vez en su vida que había visto a Mina llorar. La había visto ir y volver del campo de batalla, de la guerra, desde que a penas era una niña. Había presenciado la primera vez que la obligaron a asesinar a alguien y todo el horror que vivió a manos de la Donquixote Family. La vio despertar de una explosión que le quemó el cuerpo entero y la había visto siendo acusada de Golpe de Estado y a punto de ser ejecutada por su propio tío.

Y jamás la vio llorar o temblar. Jamás vio miedo o temor en su mirada. Solo una infinita indiferencia hacia su propia vida.

Pero ¿derramar lágrimas? ¿Cuánto dolor y sufrimiento ha tenido que experimentar para que alguien sin emociones finalmente explotara y se rompiera por completo?


A los Agentes les parecía impresionante el hecho de que ni si quiera pusiese resistencia.

Dejó que la zarandearan como quisieran y se dejó encadenar las manos.

No era la primera vez que iba a prisión. Cuando servía en el ejército de Dressrosa, muchas insubordinaciones suyas fueron castigadas enviándola a campos de presos de guerra, por lo que conocía el ambiente que había en esos lugares.

Pensó que le obligarían a cambiarse o le bañarían en agua hirviendo, pero nada de eso ocurrió. Supo enseguida lo que significaba. Su pena de muerte inmediata había sido aceptada, por lo que no merecía la pena hacer preparativos con ella. Probablemente la tendrían unos días en una celda torturándola y después la ejecutarían.

Maguellán la miró.

-Una pena que seas sólo una niña. Cada vez sois más jóvenes.

Ella ni siquiera contestó.

-Mira, niña - se dirigió a ella con dureza - Si haces algo fuera de lo ordenado haré que sufras. Conoces mi Fruta del Diablo ¿Cierto?

Tampoco recibió respuesta.

-Bueno, tú misma. Tu situación no es sencilla, espero que seas consciente - miró a sus subordinados -Enviadla al último nivel. Tenemos órdenes directas del Gobierno Mundial, así que entrará en máxima seguridad.

Los guardias asintieron a la orden y la bajaron en ascensor.


Impresionante.

Acababan de salir de la guerra de Wano y sólo ellos habían tenido la mala suerte de acabar siendo capturados.

Kid golpeó una vez más su cabeza contra los barrotes con furia.

-Kid, por más que te pongas histérico no vamos a salir de aquí.

-¡Cállate Killer! Joder, no me lo puedo creer...

Al derrotar a Kaido, los tres capitanes piratas habían decidido tomar caminos separados. Los tres tomaron una ruta diferente y cada uno a la suya.

Entonces ¿Por qué cojones justamente su ruta había sido interceptada por dos Almirantes de la Marina?

-No tengo ninguna intención de permanecer más tiempo aquí, en cuando Heat y el resto nos den la señal desde fuera nos piramos.

-Lo que tú digas, capitán - contestó Killer con indiferencia mientas se acostaba.

De pronto, los demás presos del nivel 6 comenzaron a hacer sonidos extraños. Silbaban y lanzaban piropos obscenos, lo cual era bastante extraño, teniendo en cuenta que no había ninguna mujer en ese nivel de la prisión.

Escuchó que el ascensor bajó y alguien con grilletes y cadenas comenzaba a caminar por el suelo.

Kid y Killer se asomaron por los barrotes por curiosidad. Vieron que se trataba de una mujer joven.

Ignoraba todos los comentarios que los presos le lanzaban desde sus celdas y caminaba con la cabeza erguida, casi como si tuviese algún tipo de orgullo restante a saber de que sabía dónde se encontraba. Aunque al mirarla de cerca, su cara era terrorífica. Jamás había visto una mirada tan muerta y sin vida. Era como si se trata más de un fantasma que de un ser vivo.

-Oye Kid, me suena su cara - dijo Killer con confusión.

Pelo rosa, casi blanquecino, atado a una coleta baja. Un mechón largo cayéndole en la mitad del rostro y unos ojos morados que destacaban mucho dado su complexión pálida.

-Me cago en la puta - dijo Kid sorprendido - ¿No es esa la amante del capullo de Trafalgar?

La recordaba de aquella vez en Wano. La vio de lejos, casi de refilón cuando salvó a varias personas de la furia de Kaido.

La descubrió a ella y al malnacido de Law intercambiar fluidos como dos adolescentes cachondos, lo cual fue bastante desagradable.

Pasó por delante de la celda en la que los dos piratas se encontraban. Kid reconoció que el capullo de Law era un hombre con suerte. Era una chica realmente hermosa, deslumbrante.

Cruzaron accidentalmente miradas.

Para sus sorpresa, ella, al mirarlo, sonrió con burla.

-¿Hm?

Seguidamente de aquella mueca burlona, a pesar de tener las manos encadenadas, se las apañó para hacerle una peineta con las dos manos mientras lo miraba a la cara.

Kid gruñó. Recordó su primer encontronazo con Law en la Casa de Subastas en Saobondy. Recordó la peineta que el moreno le dedicó, acompañada de esa mueca de burla espeluznante que siempre lo acompañaba.

-Já. Igual de maleducados.

Y reconoció que totalmente su tipo también.


Fue divertido ver que coincidía con Eustass en la prisión. No era como que alguna vez hubiesen hablado, pero desde luego ese hombre la había pillado en una situación... ligeramente comprometida.

La relación que mantenía con el capitán de los piratas del Corazón era... complicada.

Era un hombre atractivo e increíblemente interesante, por lo que era imposible que no le gustara ni un poco, y más cuando sabía perfectamente que éste también disfrutaba de su compañía.

Desde la primera vez que lo vio en aquellas calles empapadas por la lluvia sintió algo extraño. Era una sensación indescriptible, como si se tratase de alguien a quien conocía desde hacía años. La atracción entre ambos era innegable y tampoco lo habían disimulado demasiado.

"No tiene ningún futuro, no deberías darle falsas esperanzas" es lo que solía repetirse a sí misma. La labor de su vida era servir hasta su último aliento a Mokey D. Dragon.

¿Había soñado con un final diferente para ella? Desde luego, pero la vida no era tan sencilla. Esa atracción no debía convertirse en nada más, o su final sería inevitablemente trágico.

En Wano bajó la guardia. Esperaba a que su compañero mejorase de su operación a causa del derrame cerebral. Había caído en las insinuaciones y tentaciones del moreno y habían pasado la noche juntos. Mina se arrepentía, aunque no del todo. Sonrió recordando la velada que pasaron juntos. Al menos no moriría sin conocer esa clase de "cariño".

Kid estaba de pasada aquel día por las costas de Wano buscando a su amigo Killer, así que se topó con ellos por pura casualidad, y en el peor momento posible. Sabía, por la rapidez con la que el pelirrojo se avergonzó y se marchó, que no había sido intencionado, pero no pudo evitar sentir gracia por la situación.

Cuando vio a Kid no pudo evitar recordar aquello y, a pesar de la situación, no pudo evitar burlarse de él un poco. Por eso le hizo aquella doble peineta. Más a modo de burla que otra cosa.

Aquella situación había conseguido mejorar ligeramente su humor.

Intentó reprimir en su interior el dolor que sentía al recordar a Mjosgard. Aisló con todas sus fuerzas aquel sentimiento de desesperación y vacío. Había cometido un error y había pagado por ello. Sabía que la iban a torturar para sacar información, pero ella había sido entrenada para no sucumbir.

Ya le habían quitado a Mjosgard, y Law y el resto estaban demasiado lejos como para ser capturados por ellos, así que no podían hacerle más daño de ninguna manera. Su corazón ya se había roto ¿Qué iban a conseguir?

-A partir de ahora, hasta nuevo aviso, permanecerás en esta celda.

Ella no contestó.

-¿Te ha comido la lengua el gato, eh? Bueno, ya se te pasará - señaló la habitación oscura - Se trata de una celda de máxima seguridad. Pero desgraciadamente están todas ocupadas, así que te tocará compartir habitación.

Abrió la celda, la cual crujió de manera muy sonora.

-Espero que no te acabes matando con el de dentro - sonrió mientras la tiraba al suelo y cerraba la puerta - Al menos aguanta hasta que vengan a por ti ¿Vale guapa?

Mina se levantó del suelo como pudo a pesar de seguir teniendo las manos atadas.

La celda estaba completamente a oscuras, excepto por un leve rayo de luz que entraba desde un agujero. Hacía frío y el ambiente era húmedo. Había dos ratas que caminaban cerca suya y la piedra del suelo dolía demasiado hasta para sentarse.

Suspiró.

-¿Hm? Debe ser una broma - escuchó decir de una voz que le era DEMASIADO familiar - El destino es realmente una mierda fufufufu.

La pelirrosa se volteó lentamente. Aquella voz, aquella sensación...Todo eso lo conocía demasiado bien.

-Parece que volvemos a vernos - vio como unos ojos morados, iguales a los suyos, la miraban fijamente y con una sonrisa desde la otra punta de la celda - Ha pasado un tiempo Mina.

-Doffy.