Décimo Quinto "No" Secreto: 11 de noviembre
Dos semanas después…
-Cariño – Jenn comenzó a darle besos a Lana en los hombros, la morena estaba abrazada a la almohada, se movió apenas unos milímetros – cariño, despierta, debemos ir al aeropuerto – los besos se sucedieron por el cuello y la nuca de la mujer, y se removió soltando un quejido – tenemos que ir a Los Ángeles.
-¿Por qué? – murmuró la morena causándole una risilla a su rubia – estamos bien así.
-Porque te esperan para empezar a grabar la serie, mi amor – Jenn rió dulcemente, quitó la sábana que cubría a Lana y comenzó a besarle la espalda, beso a beso, algunos más húmedos que otros bajando por su columna vertebral.
Lana jadeó unos segundos - ¿hay tiempo para desayunar?
-Y para ducharse también, hay tiempo suficiente para prepararse – Jennifer llegaba a la espalda baja de Lana y levantó su cuerpo tomándola de la cintura -, pero primero voy a desayunar yo – susurró hundiendo su rostro entre las nalgas de la morena.
Lana abrió la boca y sonrió disfrutando de las caricias de la lengua de Jenn. Comenzó a mover las caderas para acelerar la fricción.
-Así cualquiera se despierta de buen humor…
En Los Ángeles, Joy estaba revisando algunos de los últimos artículos antes de su viaje a Honduras. Había decidido participar una semana atrás y estaba contenta con ello, tratando de imaginarse lo positivo de pasar 3 meses fuera de lo que consideraba casa.
-Hoy llegan Lana y Jenn – le anunció a Max que estaba sentada a su lado ayudándole con el material.
La psicóloga había tenido una invitación a marchar con Joy, pero no había aceptado. No hablaron sobre eso aunque a la antropóloga le había llamado la atención, quería preguntarle, pero no sabía si debía. Al fin y al cabo, era algo personal.
-Por fin vuelven, se han tomado una buenas vacaciones – Max sonrió – y la han liado muy buena con sus escapadas y las fotos clandestinas.
Las dos actrices no se habían cuidado para nada de no salir juntas durante las últimas semanas, salían a cenar, a beber, a pasársela bien. Fotos de extranjis se habían paseado por todas las redes sociales, más un par que ellas mismas habían subido a sus redes posando juntas y que habían generado muchísimos comentarios.
Bex sonrió y meneó la cabeza al ver la primera.
-Era hora – dijo y le sonrió a Marcus que estaba observando la carretera por la que circulaban – es oficial, Lana está en pareja nuevamente.
-¿Rubia o Castaña? – Bex la miró con cara de escepticismo – vale, Jennifer, estaba claro – el hombre hizo una pausa pensativa – rubia y morena, el sueño americano.
-Deja de imaginarlas o te quedarás a dieta – amenazó la pelirroja causándole una sonrisa a su marido.
-Señores pasajeros, les habla el capitán Rogers, el vuelo partirá de inmediato y tenemos previsto un trayecto de 6 horas hasta el aeropuerto internacional de Los Ángeles…
Jennifer se puso el cinturón y observó a Lana que revisaba la revista de compras a su lado – bueno, seis horas, habrá que encontrar entretenimiento – le dijo.
-Es primera clase, hay pantallas de entretenimiento y champagne – Jennifer la observó y meneó la cabeza – traemos libros – siguió la latina.
-Y están tus labios – la rubia se inclinó y la besó.
-¿Tienes pensado pasarte las 6 horas besándome? – Lana inclinó la cabeza hacia la derecha y dejó que Jennifer se desplazará a su cuello.
-Entre otras cosas.
-¿Qué otras cosas? – quiso saber la morena.
-Otras cosas – susurró en su oído – cosas que haremos cuando estén todo muy ocupados con la comida, hay un enorme lavabo en primera clase.
-No te pases – la morena le dio un golpe y se rió – hoy estás que no paras, ¿eh?
-¿Solamente hoy? ¿Qué puedo hacer si me encantas? – Jennifer sonrió y le dio un pequeño beso en la mejilla - ¿vemos una película juntas? – preguntó.
-Después – Lana la tomó de la mano – primero, vamos a despegar, a recibir la copa de cortesía y esos aperitivos que te ofrecen – Jenn la escuchó con interés – luego, cuando las azafatas estén demasiado ocupadas, los señores de la primera fila se hayan dormido y los de atrás estén muy entretenidos, iré al lavabo…
-Oh, menos mal que yo me pasaba, eh – Jenn se mordió el labio – si tardas mucho tendré que ir a ver si estás bien.
-Es tu deber de novia preocupada – aseveró Lana y la rubia asintió – luego de que me "rescates" y volvamos al asiento vamos a mirar juntas esa película.
En la oficina de Joy, Max y ella seguían hablando de todos los rumores de Lana y Jennifer. Riéndose de cómo ellas sí que lo sabían y nadie preguntaba nada de forma directa, aunque se habían dado cuenta que algunos de los becarios habían intentado indagar. Les respondían cortante sólo para divertirse.
-Bueno, vuelve tu compañera de whisky – comentó Max – ya no necesitaras beber sola.
-No he ido al bar desde que se marchó – le confesó la antropóloga – creo que el dueño pondrá carteles con mi foto en cualquier momento – bromeó tecleando en su ordenador.
-Pensé que no habías vuelto por mis margaritas – rebatió Max.
-¿Esas margaritas tan terribles que me preparaste? – preguntó Joy con sorna.
-Pues para ser tan terribles, te has tomado unas cuantas anoche.
-Vale – Joy meneó la cabeza – es que valía mucho más la compañía.
Max se la quedó viendo un momento y las dos sonrieron antes de volver a su trabajo. Joy levantó la vista del teclado al cabo de unos segundos y suspiró.
-Michael me ha invitado a beber una copa – dijo entonces Max – hoy, esta noche.
-Michael nunca se rinde, por lo que veo – comentó Joy.
-No, no lo hace, es algo que me gusta de él – la psicóloga no levantó la vista de lo que hacía, pero supo que la atención de Joy estaba sobre ella.
-Es un buen hombre – murmuró la castaña – y un mejor científico.
-Lo es.
-Bien.
-Le he dicho que sí – los ojos de Joy y Max se encontraron de inmediato, la antropóloga había dejado de escribir.
-Vaya, eso sí que no me lo esperaba – Joy pestañeó – bueno, eres libre, ¿verdad?
-Lo soy – Max suspiró – lo soy.
El silencio se hizo entre las dos y se terminaron las palabras que no fueran relacionadas al trabajo. Para ambas era como si un hueco enorme creciera entre ellas. Un agujero que se comía la interacción. Joy sopesaba el por qué Max se lo contaba, Max se recriminaba el habérselo contado, sí, pero también lo veía necesario. Ella quería a Joy y estar con Michael era una reacción a la distancia y una forma de mostrar respeto por su amistad también, de cortar cierta dependencia. Aunque decírselo era también una forma de dejar una puerta abierta.
-¿Cuál es nuestra primera parada? – le preguntó Jenn a Lana cuando llegaron a la casa de la morena y dejaron las maletas.
-Joy – le dijo – antes que se marche, aun no puedo creer que se vaya 3 meses.
-¿Tú has quedado bien con ella? – quiso saber la rubia.
-Sí, nos hemos despedido adecuadamente aquel día que me fui a New York, en el fondo ambas sabíamos lo que había – Lana se acercó a Jenn – que yo te amo a ti y que ella es sólo una buena amiga.
-¿Seguro?
Lana sonrió – muy seguro, muy seguro – le sacó la lengua - ¿te vas a poner celosa ahora?
-No – contestó Jenn – sólo quería asegurarme, además me cae bien.
-Lo sé – Lana besó sus labios dulcemente – te amo y lo digo de verdad cada vez que lo digo.
-Lo sé – Jennifer apoyó su frente en la de la morena – yo también, ¿vamos?
La tomó de la mano y la llevó hasta el coche, ella conduciría. Llegaron al instituto una media hora más tarde y, al ver a Lana, los guardias las dejaron pasar. Se miraron unos a otros al ver como se tomaban de la mano. Algunos de los becarios observaron a las mujeres entrar y saludaron con la típica mirada de los que se vuelven frikis al ver a algún famoso.
-Parece que la jefa sí que perdió esta vez – comentó Michael a Cam cuando pasaron por delante y Lana los saludó.
-No la vi muy preocupada por eso – reveló la directora.
Joy sonrió al ver llegar a las mujeres - ¡Ey! Las famosillas – dijo – mira como es la fama que hasta las dejan entrar al Smitshonian sin pedir explicación.
-Eso es porque me has traído a beber tequila aquí – refutó Lana dándole un abrazo.
Jenn le dio un beso a su amiga de copas - ¿Cómo estás, chica del bar?
-Estupendo, pero ya no soy la chica del bar, no he ido desde que te fuiste.
-Es que soy irremplazable – aventuró Jennifer.
-Pregúntale a Lana si no estás convencida – comentó Joy -, pero venga, enhorabuena tortolitas y, además, de las nada discretas.
-Hemos levantado el ambiente, ¿no? – comentó Jennifer.
-Nuestros agentes han amenazado con cobrar doble de tantas llamadas – contó la morena.
-Vamos aquí enfrente, a la cafetería – dijo – es hora de un recreo.
Salieron del instituto y bebieron café durante una hora hablando sobre la nueva relación de Lana y Jennifer, y los planes por venir.
-Aún no me creo que te vayas tres meses – le dijo Lana a Joy.
-Reconozco que yo tampoco – comentó Jenn – pensé que te quedarías.
-Bueno, me interesaba algún cambio, al menos momentáneo – les explicó la antropóloga.
-¿Vas sola? – quiso saber Lana.
-Sí, mi equipo se queda aquí –explicó Joy.
Max entró al local y al ver a Joy se acercó - ¡Ey! – entonces vio a las compañeras de mesa - ¡Lana! – dijo y la latina se acercó a saludarla.
-¿Cómo estás, Max?- preguntó la actriz.
-Estupendo, pero no tanto como tú me parece – comentó mirando a Jennifer – Soy Max – extendió la mano.
-Un placer, Jennifer – saludó.
-Lo sé, me han hablado de ti – confesó la psicóloga – bien, no te preocupes.
-¿Quieres sentarte, Max? – le preguntó Joy.
-No, vine a por café para mí y para Cam – expuso – debemos revisar las notas de tu expedición por si hay alguna cosa que añadir al análisis previo.
-Está bien, imagino que querrás terminar pronto, ¿no? – cuestionó la antropóloga.
-Sí, The Redwood a las 8 de la noche – le respondió la psicóloga y ambas se quedaron mirando provocando en las otras dos mujeres mucha curiosidad – en fin, voy a por la merienda, espero verlas pronto.
Max se marchó y Joy se hundió en el asiento suspirando.
-¿Qué ha sido todo eso? – preguntó Lana.
-¿Y por qué te ves como si te hubieran apaleado? – agregó Jenn.
-Nada, no pasa nada, la vida, nada más – les dijo Joy.
-¿La vida? ¿Qué es eso de The Redwood? – insistió Lana – venga, ¿nos harás rogar?
-Max ha quedado para tomar una copa con Michael esta noche – Joy se rindió.
-¿Con Michael? – Lana hizo un gesto de duda.
-Sí, bueno, es un espíritu libre – le manifestó Joy.
-Y ha compartido esa información contigo – Jenn se mordió el labio pensativa y observó cómo Max desviaba la mirada a la mesa donde estaban – está claro que espera a que intervengas.
-¿A qué intervenga? – Joy observó a las dos asentir – venga ya, sólo me lo ha contado.
-Porque quiere que intervengas, coincido – señaló Lana – dime que no te ha estado acompañando durante todo este tiempo.
-Bueno, es mi amiga.
-Y tu ex – agregó Lana.
-¿Es tu ex? – Jennifer recién se enteraba – entonces está clarísimo.
-Le hice mucho daño en el pasado y Michael es una buena persona – comentó Joy – no quiero arruinarle esa oportunidad.
-Está claro que aún la quieres – señaló Jennifer – prefieres renunciar si crees que eso la hará feliz.
-Michael es un buen hombre y hace un tequila estupendo, pero ella te quiere y tú la quieres a ella – expuso Lana – no la dejes pasar, siempre se puede empezar de cero.
-¿A esta altura de nuestra vida y con lo difícil que fue recomponer la relación como amistad? – Joy no estaba muy de acuerdo – es mucho riesgo.
-Míranos, Joy – le dijo Jennifer – nos pasamos la mitad de la vida huyendo de lo que queríamos, huyendo de nosotras mismas – expuso – y hoy nos arrepentimos de haber tardado tanto, somos muy felices.
-Me voy a Honduras en poco tiempo – argumentó la castaña.
-Pues no vas o te la llevas contigo – rebatió Lana.
-Pero ¿empezar de cero? – volvió a insistir la antropóloga.
-¿Por qué no? – Lana le sonrió – por algún sitio debes empezar.
-Haznos caso, no lo dejes pasar – Jenn también sonrió.
-Me lo pensaré, ¿vale? – cedió la mujer.
-No seas cobarde – la retó Lana.
-Que me lo pensaré – afirmó Joy.
Las tres mujeres siguieron hablando sobre los planes de Joy y entonces Max pasó por su mesa.
-Nos vemos – dijo y siguió hacia la salida.
Joy la observó y comenzó a mover la pierna ansiosamente. Finalmente se puso de pie.
-Max.
La psicóloga se giró - ¿Qué?
Joy se acercó – Seven Lounge, a las 20 horas, los mejores margaritas de la ciudad, creía que te apetecería no tener que prepáralos.
-Pero… - Max se quedó en silencio y vio a la forma en que la miraba Joy como una señal – bien, tú pagas.
Joy sonrió – hecho, hasta luego.
-Hasta luego – Max se mordió el labio antes de marcharse.
Cuando Joy se giró, Jenn y Lana estaban sonriendo.
-Mírala a ella, quitándole a Michael la cita de las 20 horas – advirtió Jennifer.
-Muy astuta – concordó Lana.
-Déjenlo estar, solo voy a beber unos margaritas con una vieja amiga – señaló la antropóloga.
Una semana después, Lana tuvo su primer día de rodaje y estaba agotada cuando le estaban quitando el maquillaje en el camerino.
-Señorita Parrilla – le dijo la estilista - ¿quiere maquillaje antes de salir?
Lana negó – no, cara lavada, gracias – le dijo – si quiero maquillaje, me maquillaré yo misma, no hace falta que te preocupes – la morena miró a la joven por el espejo – y es sólo Lana, por favor.
-Vale.
Lana salió al aparcamiento a las 7 en punto como había previsto y no se sorprendió de ver cierto coche detenido muy cerca de la puerta. Fue hasta la puerta del copiloto.
-¿Qué es lo que la trae por aquí, Señorita Morrison? – le preguntó a Jenn cuando entró.
-Vine a buscar a la mujer más hermosa que jamás se ha visto en la tierra – Jenn se acercó y besó los labios de Lana.
-Aun sin maquillaje – le preguntó la morena cuando se separaron.
-Mejor sin maquillaje, es algo que sólo es para mí y adoro ver este rostro tan bonito cuando me despierto cada mañana, mi amor – anunció Jenn sin dejar de sonreír y causando una sonrisa en Lana que terminó cuando se volvieron a besar.
-Te amo, Señorita Morrison – le dijo Lana.
-Y yo a ti – Jenn puso en marcha el coche – cuéntamelo todo, por favor, ¿qué tal el primer día?
Se marcharon a casa hablando sobre la serie y cómo se había sentido Lana, en lo mucho que le había costado filmar el primer golpe que le daba su co-protagonista. Jenn le tomó la mano en cada semáforo para mostrarle su afecto ya que el personaje que le tocaba hacer era muy difícil y entendía su empatía.
Llegaron a casa y ambas se pusieron a preparar la cena, una cena tardía, pero que tenían planificada desde hacía unos días y era irrevocable. Las dos disfrutaron cocinando juntas y bebiendo algo de vino. Dándose besos y caricias, algunas un pelín picantes. El timbre sonó a eso de las 20:30 y Jennifer fue a abrir.
-Hola chicas.
Joy y Max aparecieron en el umbral.
-Hola – dijeron las dos – hemos traído vino – Joy mostró la botella.
-Sentimos que la cena sea tan tarde – se disculpó Lana – hace nada que he salido de grabar.
-No hay problema – Max se acercó a la latina – tuvimos que preparar las maletas que cierta mujer dejó para el ultimo día.
-No puedes culparme – se defendió Joy acercándose y dándole un beso a su ahora novia – puedes distraerme demasiado.
Max se rió, pero respondió al beso antes de contestar - sí, claro – meneó la cabeza divertida - ¿te ayudo? – le preguntó a Lana.
-No, estoy terminando de ajustar, puedes llevarte esas dos bandejas a la mesa si quieres – le comentó y Max obedeció.
Las 4 se sentaron a cenar y a comentar algunos detalles.
-¿Así que te vas con Joy a Honduras? – preguntó Jenn a Max.
-Sí, me habían invitado y decidí que está bien comenzar así, en un nuevo sitio dónde poder experimentar mejor la relación.
-Sumergidas en el trabajo – agregó Joy.
-Bueno, ambas pueden relajarse mutuamente – sugirió Lana.
-Eso sí, ¿y ustedes? – preguntó la antropóloga - ¿Qué hay de esos rumores de que ya viven juntas?
Jennifer miró alrededor – Esto es lo que hay, me he mudado el primer día, no queríamos estar separadas – Lana y ella se dieron la mano.
-Me encanta la pareja que hacen – les dijo Max.
La noche pasó tranquila y divertida, y cerca de las 2 de la mañana las visitantes decidieron marcharse a casa. Su vuelo saldría a las 9 de la mañana del día siguiente y tenían que dormir al menos unas horas.
-Antes que se marchen hay algo que queremos compartir con ustedes – les dijo Lana a la nueva pareja – y más aún ahora que sabemos que no estarán por aquí, no podrán filtrarlo a la prensa.
-¿Qué es?
-Agenden el 11 de noviembre y preparen sus mejores galas – expuso Jenn – porque son las dos primeras invitadas a la boda Parrilla-Morrison.
-¿Qué? – Joy abrió los ojos enorme - ¿Es en serio?
-Me lo ha pedido y he aceptado – contestó la morena.
-Madre mía, con boda y todo – Max y Joy felicitaron a las dos – no nos lo perderíamos por nada del mundo.
Las 4 se despidieron y Jenn cerró la puerta tras ella – pienso que es una suerte que no preguntaran como te lo pedí porque no hemos inventado una historia para contar, debemos ponernos de acuerdo.
-¿Y omitir el detalle de que me lo pediste mientras me follabas salvajemente? – le preguntó la morena.
-Se lo tendremos que contar a tu familia y a la mía.
-Debemos inventarnos una historia – estuvo de acuerdo Lana de repente.
-Además, quería pedírtelo todo el día y me liaste para hacerlo una y otra, y otra, y otra vez – Jenn la acercó su cuerpo – no me aguante más.
-¿Qué tenías pensado hacer? – preguntó Lana con una sonrisa.
-Prepararte la cena y arrodillarme para proponértelo, algo muy tradicional – Jenn sonrió – darte flores y el anillo – la morena sonrió – lo normal, ¿sabes?
-No tan normal – le dijo Lana – y esa es una buena historia para contar.
-Vale, mejor que la que cuenta como me arrodillé en realidad, ¿quieres decir? – preguntó la rubia y Lana abrió los ojos enorme.
-¡Jenn!
-¿Qué?
-Eres una pervertida – la acusó Lana – y me encanta.
Jenn la besó dulcemente y luego la levantó en sus brazos – te amo, te amo, te amo, estoy loca por ti, futura Señora de Morrison.
-Y yo por ti, futura Señora de Parrilla – Lana le dio varios besos en la boca – parecemos dos adolescentes hablando así.
-Nunca es tarde para empezar – Jenn la recostó en el sofá y se recostó sobre ella– aunque dos adolescentes no harían lo que vamos a hacer tú y yo ahora mismo.
-¿Sólo ahora?
-Ahora y por toda la vida – le contestó la rubia.
-¿Me lo prometes? – le preguntó la morena.
-Como que este corazón que me habita sólo tiene espacio para esos ojos hermosos y esas sensuales curvas que tan bien mueves para provocarme – Jenn acarició el rostro de Lana – te adoro, precioso amor de mi vida.
-Y yo a ti, mi amor, muchísimo, la vida me sonríe sólo porque tú me sonríes – se quedaron mirando un momento, sonriendo y dándose caricias dulces - ¿Y? – dijo finalmente la morena.
-¿Qué?
-Que esos adolescentes nos han sacado mucha ventaja a esta altura, ya deben estar en segunda base – bromeó.
Jennifer metió las manos bajo la camiseta de Lana y pellizcó dulcemente – Arreglado.
Lana meneó la cabeza – anda, hazle el amor a tu prometida – le pidió.
-Ahora mismo – Jennifer no dejó que Lana se volviera a quejar por su lentitud por el resto de la noche y, por el contrario, se dedicó a amarla y a decirle que la amaba mientras lo hacía porque ese era su único objetivo en la vida.
La rubia fue la primera en despertarse. Suspiró mirándola en sus brazos dormida por la mañana y se sintió afortunada de que los secretos fueran cosas del pasado. Aunque había una cosa que sólo ellas sabrían y que el resto del mundo apenas podían adivinar. Y eso era lo mucho que se amaban la una a la otra. Recuperarían cada año que habían perdido negándose con el doble de amor y el doble de verdad. La vida no sería fácil porque así es la vida, pero al menos ahora estaban juntas.
Pues nada, no pongo fin porque dista mucho de serla, recién están comenzando, aunque si que te agradezco por darle una oportunidad al fic llegando hasta aquí! Gracias por leerme!
