Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18


Recomiendo: Happier – Ed Sheeran

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Capítulo 15:

Necesito de ti

"(…) Te vi en los brazos de otro

Solo un mes hemos estado separados

Te ves más feliz

Te vi caminar dentro de un bar

Te dijo algo para hacerte reír

Vi que ambas sonrisas eran dos veces más anchas que las nuestras

(…) Nadie te lastimó como yo lo hice

Pero nadie te ama como yo

(…) Pero sé que fui más feliz contigo

(…) Todo me recuerda a ti

(…) Pero nadie te necesita como yo…"

A medida que se besaban, Bella subió sus brazos a su cuello, dejándose llevar por lo que su corazón dictaminaba. Sentirlo era algo que necesitaba, se lo pedía todo de ella, porque a pesar de que estaba dolida, lo amaba tanto que no lo toleraba.

Estar lejos de la persona que amabas no estaba bien, no era algo que podía tolerar, no lejos de Edward. Pero los recuerdos de esas palabras seguían doliendo, y aunque el rencor no era algo que disfrutara llevar consigo, parte de él le impedía disfrutar del beso, como si su garganta de pronto se hubiera bloqueado por las lágrimas acumuladas.

Pero, antes de que siquiera Bella lo alejara, los dos sintieron el sonido del móvil de Edward, por lo que él tuvo que verse obligado a responder.

Edward, qué alegría escucharte —afirmó Kate—. ¿Cómo estás? Ay, espero que los pequeños se encuentren bien, ¿puedo verlos ahora? Los pobres deben sentirse tan mal desde que pasó eso, anda, déjame verlos…

—Kate, por favor, basta, es suficiente —espetó, sin pensar en que Bella estaba escuchando aquello.

Su Ojitos Marrones botó el aire y se rio de forma sardónica, mirando al suelo como si fuera algo obvio.

—Sigue hablando con ella, iré a la cocina —dijo, dándose la vuelta.

—Pero, cariño…

—No me digas cariño. Olvídate de esa palabra. Ahora, si es que lo quieres, puedes llamarme loca, queda mejor, ¿no?

Edward no quiso insistir porque sabía que sería peor, así que la vio marcharse, sintiendo el sabor de sus labios aún en los suyos, mortificado porque ella parecía cerrarse ante la idea de volver a abrirle los brazos de la confianza. "No me digas cariño", rememoró con un nudo en la garganta.

Bella se fue dando zancadas, intentando no demostrar la rabia de sus recuerdos en cada espacio de su ser. Cuando entró a la cocina y vio a los mellizos, lo intentó aún más, porque ellos no tenían la culpa de lo que había sucedido. Renée la miró, pero ella la evadió, así que se sentó con furia frente a todos y ahí se quedó, intentando tragarse el nudo.

—¿Qué ocurre? —preguntó Riley, intrigado.

—Nada. Descuida, estoy bien —respondió.

En ese momento entró Edward, que venía con el rostro de tres metros. Renée notó de inmediato que todo había salido mal, pero se distrajo en la manera en que Teresa acercó su silla a la de Charlie para hablarle con total franqueza de cuan guapo estaba. Por poco y se acerca con la cena caliente para lanzárselas a la cara… a los dos.

La comida fue incómoda. Renée no hablaba y Edward menos. Ava y Noah querían estar con Bella, pero ella parecía lejana, casi ausente, como si no fuera precisamente la mujer que todos conocían, y es que en realidad, sus pensamientos pasaban a recuerdos, llenándose de tristeza.

—Aún recuerdo cuando pasábamos juntos en la secundaria, ¿te acuerdas? —Teresa alzó la voz—. Era tan divino. Lástima que dejamos de tener contacto. ¿Y cuando íbamos juntos a la playa? ¿Eh? Una vez la ropa sobró de tal manera…

—Con permiso —exclamó Renée, levantándose de forma abrupta para sacarles el plato a todos.

Ella se sentía fatal y Bella quiso ir con ella, mientras Charlie buscaba la manera de deshacerse de Teresa.

—Oye y tú, ¿qué haces por la vida? —preguntó la mujer a Edward, mirándolo con especial atención.

—Soy médico —respondió de forma un tanto hosca mientras miraba a Riley, cada vez más cerca de Bella.

—Ah, mi hijo es un excelente abogado, ¿no es así, cielo? Se convirtió en el fiscal de la zona, por lo que nos vinimos a vivir aquí.

—Excelente —respondió el Dr. Torpe, entrecerrando sus ojos—. Espero no encontrarte en una urgencia.

Intentó sonar gracioso, como una broma cualquiera, pero la amargura de sus palabras solo denotaba cuánto quería él mandarlo al hospital de una sola patada.

—Y a ti no encontrarte en una prisión, queriendo salir —contraatacó Riley, sabiendo muy bien que era a él a quien debía barrer del camino para estar con la mujer de la que llevaba enamorado años de su vida.

Bella carraspeó, queriendo salir de ese enredo del que no se veía realmente partícipe, pero el abogado la contuvo.

—Hey, antes que te levantes, quiero decirte algo —afirmó Riley, tomándole la mano.

Edward se pasó la servilleta por los labios y después fingió que limpiaba a sus hijos para no demostrar su interés en ellos.

—La verdad… me gustaría invitarte a salir mañana. Ya sabes, como antes, solo que ahora somos más adultos —afirmó él.

El doctor tragó. Tenía la esperanza que ella tuviera una negativa.

Bella tenía rabia y cuando eso ocurría, generalmente se dejaba ir por ese sentimiento. Miró a Riley y le sonrió, pensando en que, finalmente, no tenía nada de malo salir con él.

—Claro, me haría bien un poco de aire nocturno.

Riley sonrió, mientras que Edward sintió que se le caía el ánimo de una forma grotesca. Así que se levantó, llamando la atención de todos.

—Bueno, agradezco la invitación a cenar. Tengo que irme. Vámonos, Ava, Noah.

Aquel tono de voz y la forma en la que parecía mirarlos, hizo que Bella tragara. Los pequeños no querían irse, pero veían a su padre tan molesto que prefirieron no armar un escándalo. Finalmente, corrieron hacia ella y la abrazaron, pidiéndole entre sus gestos que no fuera a olvidarlos.

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Hace mucho tiempo que no salía de noche, al menos no como ahora. Rose y Alice se habían aliado con ella para hacerlo, porque aunque salir con Riley no significaba nada malo, el arrepentimiento y la culpa ante los recuerdos respecto a Edward la tenían muy triste.

Cuando Riley llegó con su nuevo coche de último modelo, nada acorde a la realidad de un pueblo como lo era Forks, Alice, Rose y Jasper se quedaron sorprendidos ante lo que veían.

—Vaya, hombre, tremendo coche —señaló el rubio, palpándole el hombro.

Todos lo conocían desde hace años y casi era como un amigo más del círculo, sin embargo, todos sabían cuáles eran las verdaderas intenciones de él para con Bella, y también sabían que detrás de ella había un hombre muy enamorado que estaba sufriendo por sus malas decisiones, y que Riley quería interponerse a toda costa.

En el instante en que el abogado notó a Bella, no pudo ocultar todo lo que sentía, sus ojos se la devoraban, en especial ahora que los años seguían dotándola de una hermosura que para él ya resultaba difícil de resistir.

—Lo traje especialmente para llevarme a Bella —afirmó Riley.

Bella se sonrojó y miró a sus amigas.

—Descuida, yo también iré con ustedes, lero lero —cantó Rosalie, sacándola del aprieto.

La tomó de la mano y se metió con ella al coche.

—¿Qué pretendías aceptando esta salida si a la primera sabes que te incomoda? Riley está enamorado de ti hace años, ¿quieres hacer sufrir a Edward? Porque yo me habría prestado para una patada ya sabes dónde —le susurró Rose, corriéndose el cabello para que no se le pegara a los labios con brillo.

—Ya sé. —Bufó—. Pero estaba enojada.

La rubia suspiró.

—Enojada eres una patada en el culo, pero ese se lo merece.

Bella miró a la ventana, notando cómo Riley se preparaba para entrar al coche, algo acongojado porque, bueno, no iban a estar solos.

—¿Y este planea conquistarla? —le preguntó Jasper a Alice, manteniendo los ojos entrecerrados.

—No lo sé —respondió ella, manteniendo la puerta del coche abierta.

—Mira, sé que ese fue compañero de fiestas hace año, pero me gusta Edward —declaró—. No lo quiero con cuernos.

—¡Oye! ¡Bella no es una infiel!

—Pero está enojada, y si está enojada pensará cosas que no son, como que Edward no la quiere y…

—Ya basta, celoso, sé que la adoras como una hermana y que a todos nos encanta verla con él porque además es muy simpático, pero déjamelo a mí, ¿sí? Y guarda tu arma, bobo.

Jasper apretó la mandíbula e hizo exactamente lo que dijo su esposa, dispuesto a mantener las aguas en calma.

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Habían llegado al antro más preciado para los ciudadanos de Forks. Como era un lugar de pocos habitantes, el lugar siempre estaba lleno, porque era el único en el que era posible divertirse de noche. Riley tomó a Bella desprevenida y le puso la mano en la cintura, instándola a caminar hacia adelante.

—Riley —lo regañó en voz baja.

—Lo sé. Pero no estoy actuando de ninguna mala manera, en serio.

Bella suspiró y asintió.

Alice y Rose se miraron de manera sospechosa y la primera no dudó ningún segundo en echarle una mano a Edward, esperando a que esta vez jugara todas sus cartas para mejorar su relación con Bella, porque ¡vamos!, ellas solo querían que su amiga volviera a sonreír como antes.

—¿Qué quieres beber? ¿Recordamos viejos tiempos? —dijo Riley, corriéndole la silla.

—Eso sería fabuloso. Hace mucho no bebo esa cerveza. ¿Crees que la tengan?

—No lo sé —dijo Riley—, pero buscaré por cielo, mar y tierra, solo porque a ti te gusta.

Bella le sonrió y se sentó, viendo cómo se iba hacia la barra, usando un estilo juvenil y adecuado, digno de un modelo de pasarela. Sí, Riley era muy guapo. Posiblemente, si no hubiera conocido a Edward, ellos habrían acabado juntos, pero… Edward existía, su doctor estaba ahí, en sus recuerdos y en su corazón.

Suspiró, acongojada y culpable hasta los huesos por haberle hecho esto delante de sus narices. Sin embargo, antes de culparse más, recordó por qué lo hizo y que estaba en todo su derecho de tener amigos. Esta vez no iba a aguantar más malos tratos, aunque amara con fervor a Edward, hasta el punto de no poder respirar sin él. No iba a dejarse arrastrar nunca más, no como permitió con Jacob.

—Aquí tienes —dijo Riley, mostrándole esa cerveza que llevaba años en el rubro, incluso desde que iban al instituto.

—Oh Dios, ¡de verdad la encontraste!

—Por supuesto. Aunque tuve que hacerme de varias súplicas para que entendieran que podía pagarla.

—No, no, no. Si vale una fortuna entonces no puedo aceptarla.

—¿Bromeas? ¡Es un regalo de mí para ti! No me digas que vas a rechazarlo.

Bella bajó los hombros y solo se rio.

—Está bien —respondió, asumiendo el caro regalo.

Rose y Alice acababan de hacer algo muy malo para Riley y quizá también para su mejor amiga, pero era necesario. Sí, el abogado les caía fenomenal, pero Edward era Edward.

Solo esperaban que todo funcionara, de lo contrario les iba a costar muy caro.

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Edward intentaba ponerse el pantalón de forma rápida mientras Emmett le lanzaba las llaves en la cara.

—Ya apúrate, bobo, que debo llevarte a la maldita discoteca.

—¿Y tú a qué vas? —preguntó Edward, peinándose el desordenado cabello cobrizo con los dedos.

—Pues…

Emmett no quería decirle que quería ver a Rose luego del tercer polvo que se habían dado el fin de semana, sí, a escondidas, y sí, diciéndose un adiós definitivo.

—No quiero que mi hermano haga un espectáculo que te cague definitivamente la relación con la bonita de Bella.

—Haré lo que sea con tal de sacar a ese imbécil de su lado.

Emmett rodó los ojos y lo siguió mientras salía dando un fuerte portazo para llegar a su coche.

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Alice y Rose reían sin parar, mientras Jasper le daba besos a la primera, dando a entender cuánto se le estaba levantando eso entre las piernas. Riley miraba constantemente a Bella y buscaba la manera de mantenerla cómoda e instarla a que estuvieran más solos, pero era imposible dado el ruido y porque sus mejores amigas estaban detrás de ella todo el tiempo.

—¿Quieres ir a bailar? —le preguntó el abogado, sacándola de sus pensamientos.

—Eh… ¡Claro! —respondió, un poco dubitativa.

Cuando le tomó la mano, Riley fue valiente y le acarició la cintura, llevándosela hacia la multitud.

Mientras aquello ocurría, Edward y Emmett entraron al antro, el cual se encontraba completamente lleno. Divisar a Bella podía ser difícil, como una aguja en un pajar, pero la verdad es que, para el doctor, dar con ella era casi instintivo. Cuando se dio cuenta que estaba acompañada, sintió un fuerte dolor en su corazón. Fue tanto que por un segundo tuvo que respirar hondo, porque dolía, de verdad.

Bella se reía con él mientras le daba giros en su propio eje. A ratos le susurraba cosas al oído, cosas que Edward no sabía que significaban, pero a su Ojitos Marrones la hacían mantener muy feliz.

—Oh, mierda —dijo Emmett, viendo lo mismo.

Isabella no podía dejar de reír ante los recuerdos que Riley tenía de ella cuando eran más jóvenes. Era mucha la nostalgia de aquellos episodios, pero también le hacía recordar las cosas buenas de la vida hasta ese entonces.

—Creo que la cerveza se me fue un poco a la cabeza —afirmó, sonriéndole—. Por eso dejé de beberla, la verdad.

—Descuida, sabes que yo te llevaré a casa sana y salva.

Bella iba a responderle que se lo agradecía, pero que prefería irse con sus amigas y en especial con Jasper, pero al girar la cara vio a Edward de frente, mirándola con los ojos bañados en lágrimas, justo cuando Riley le tomaba la mano. Tragó y se mantuvo con sus ojos frente a los suyos, sin saber cómo reaccionar a verlo justo de frente. Edward no soportó la intención en los ojos del abogado y dio varios pasos al frente, mirándolo con el ceño fruncido.

—¿Qué haces tocándola? —le preguntó, apretando la mandíbula con fuerza.

—Edward, por favor, no hagas un escándalo —pidió Bella, interponiéndose antes de que fuera a hacer una locura.

Él frunció el ceño y su barbilla tembló.

—¿Vas a defender lo que estaba haciendo? —exclamó, perdiendo los estribos.

Bella tragó, sin saber qué decir.

Edward se rio y miró al suelo mientras se ponía las manos en la cintura.

—Bella, ¿no crees que es mejor irnos a otro lado? Estarás mejor —comentó Riley.

—¿Mejor? ¿Mejor de mí? —espetó el doctor, alcanzando a darle un empujón en el pecho.

—¡Hey! ¡Edward! —lo regañó Emmett, sin alcanzar a agarrarlo.

A Bella, verlo así de violento le rompió el corazón. ¿Qué clase de hombre le estaba mostrando? ¿Dónde estaba su Dr. Torpe? ¿En qué se había convertido desde que se atrevió a decirle todas esas cosas horribles cuando los mellizos se perdieron? Aquello dolía tanto, por Dios, tanto que no se aguantó el llanto.

Edward vio lo que había hecho y cómo Riley la consolaba, abrazándola.

—Tranquila, vamos a otro lado, en serio.

Bella no dejaba de mirarlo mientras el llanto le resultaba insostenible. Si ella se había enamorado de él era porque su lado humano era bondadoso y hermoso por dentro y por fuera. ¿Por qué se parecía a todos esos imbéciles que habían pasado por su vida? ¿Por qué ahora que su corazón lo clamaba de forma horrorosa a pesar de todo lo que había sucedido?

Rose y Alice se acercaron al espectáculo mientras Jasper venía detrás, sin saber qué había ocurrido. Cuando se dieron cuenta de por qué había tanto alboroto, las dos amigas se miraron, sabiendo que la habían cagado en su totalidad.

—Sí, comienzo a creer que estoy mejor sin ti —afirmó Bella, viendo los puños apretados de Edward.

Cuando la escuchó decir eso, su semblante ensombreció tanto que a todos los amigos de Bella les dolió como si fuera para ellos.

—No sé quién eres, Edward, pero sí sé que yo no quiero a un hombre así.

Bella se liberó también de Riley y se fue corriendo en medio del gentío, por lo que Alice y Rose la siguieron con las cejas enarcadas. Jasper se pasó las manos por el cabello y se quedó mirando a Edward, sin saber qué decirle, porque él solo contemplaba al suelo, sintiendo la entereza de perderla definitivamente.

—Amiga, no te vayas —suplicó Alice, tirando de su mano.

—Fueron ustedes, ¿no es así? —les preguntó, dándose la vuelta mientras se limpiaba las mejillas con furia—. ¡Ustedes lo llamaron para que viniera a hacer un espectáculo!

—No, Bella —gimió Rose.

—¿No pensaron en que esto podía ocurrir? ¿Qué esperaban? ¿Hacer que Edward perdiera la cabeza? ¡Pues bien hecho!

Ambas arquearon las cejas y quisieron acercarse otra vez.

—Bella, perdónanos, es que queríamos que tú y él…

—Pues no lo lograron, lo empeoraron, ¿bien?

Ella sacó su teléfono de mala gana y tecleó a las únicas personas que necesitaba en ese momento.

—Hola… Papá. —Su voz sonaba temblorosa—. Estoy en la discoteca. ¿Puedes venir a por mí?

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Edward se sentó en la barra con los hombros decaídos, mirando al vacío mientras sentía que su vida perdía lentamente el sentido al recordar lo que la mujer que amaba le había dicho con tanta soltura.

A su lado estaba Jasper, esperando a Alice y a Rose, y al otro a su hermano Emmett, quien le chocó el vaso para ponerse a beber.

—La hiciste mal, chico —dijo el rubio, suspirando de manera larga y tendida—. Bella es tan sensible, demasiado…

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué?

—El amor nos hace estúpidos —afirmó Emmett, mirando cómo Rose caminaba con Alice hacia ellos.

Se veía muy triste, lo que le hizo levantarse de su silla para querer ir tras ella. Cuando la rubia se dio cuenta de la real presencia del otro Cullen, su corazón comenzó a martillear con fuerza e instintivamente se llevó una mano a los cabellos, queriendo esos brazos tan grandes alrededor de ella.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Jasper, recibiendo el beso de Alice.

—Se enojó con nosotras.

—¿Y Riley? —preguntó, mirando a Edward de reojo.

—Quiso acompañar a Bella… mientras Charlie se la llevaba a casa.

Edward cerró sus ojos de forma brusca.

—Quiero estar solo —pidió y luego alzó el vaso—. Otro más, por favor.

Jasper suspiró y le palpó la espalda.

—Claro que sí, amigo.

Se llevó a Alice de la cintura y esperó a Rose, quien no dejaba de mirar a Edward, queriendo disculparse por lo que había ocasionado.

—Me iré después —susurró ella.

—¿Qué? ¿Estás segura? —inquirió el policía.

—Sí. Ve.

Rose esperó a que se fueran y se acercó a Edward.

—Lo siento.

—Descuida, Rose, sé que lo hiciste por ella…

—Por ustedes. Mira… Bella nunca había sonreído como sonrió contigo. No quiero que por algo que puede solucionarse pierdan ese amor que tanto me gustaba ver en ustedes dos. ¿Bueno?

Él la miró por primera vez durante el largo rato de incómodo silencio y le sonrió con pesar.

—¿Crees que no ha terminado ya?

—No, y me niego a creerlo. Solo… comienza pidiendo perdón de verdad.

Edward suspiró.

—Es lo que intento hacer desde el primer minuto, pero… soy tan sonso.

Rose sintió pesar ante la manera en que se estaba tratando.

—No. El día en que te des cuenta por qué alguien tan sensible como Bella te adora… lo entenderás.

Le dio un beso suave en los cabellos y se marchó, dejándolo pensativo en medio de una odisea de inquietudes internas.

Rose estaba quebrada. Nunca discutía con su mejor amiga, o bueno, no ella. En realidad, las veces que lo hacían, era la rubia quien explotaba debido a su fuerte carácter, mientras que Bella solía ser más pacífica, intentando siempre arreglar los errores, incluso los que no le competían. Ahora, saber que de verdad parecía odiarla por lo que había hecho, la ponía tan mal que quería llorar.

—Hey —le dijo alguien, justo desde atrás.

Ella se dio la vuelta y lo vio, con las manos en los bolsillos, sin saber qué decirle. Rose se tocó el cabello, como siempre, restregando la punta del tacón en el suelo, avergonzada de que él la viera tan vulnerable.

—¿Estás bien? —inquirió finalmente Emmett.

—Pues no —respondió—. Pero no necesito de tu ayuda. ¿O qué? ¿Crees que por ese polvo que tuvimos tienes que consolarme?

Emmett puso los ojos en blanco.

—¿Sabes qué? Da igual.

Se acercó a su hermano y le palpó el hombro.

—Vamos a casa.

—No, déjame aquí.

—Pero…

—Tomaré un taxi. Quiero estar solo.

Emmett se sintió abrumado y bufó, permitiéndole la soledad. Miró a Rosalie una última vez, pero se negó a suplicarle atención, por lo que se marchó hasta la salida, dispuesto a llegar a su casa y dormirse.

En el instante en que él iba a subirse a su coche, sintió el llamado de una mujer, lo que, la verdad, no esperaba escuchar. Al girarse, la vio, algo tímida, como nunca.

—Te aceptaré un aventón —dijo Rose—. ¿Aún puede ser?

Emmett suspiró y se cruzó de brazos, queriendo hacerla sufrir, porque a pesar de todo, la llevaría hasta el fin del mundo, aunque fuera un grano en el culo.

—Claro que sí —respondió—. Te llevaré a casa.

El Dr. Emmett le abrió la puerta y en cuanto pudo, la sintió cerca, oliéndola para solo recordar esas revueltas entre las sábanas que tenían a escondidas. Cuando Rose se sentó, cruzó una de sus piernas, a la espera de que él llegara y se sentara a su lado. Ambos se miraron una vez adentro y Emmett, como ya conocía el camino, emprendió rumbo hasta allá. En esos diez minutos de trayecto, ambos estaban en profundo silencio, recordando con viveza lo último que pasaron juntos, no queriendo dejar soltar la primera palabra y menos reconocer que seguían sintiendo deseos de repetir lo mismo de la última vez.

—Ya estamos aquí —dijo él, sacando la llave.

Salió y le abrió la puerta, dispuesto a encaminarla hasta la puerta de su casa. Sin embargo, en el instante en el que Rosalie estuvo de frente, ambos cayeron en un espiral de locura que los llevó a besarse ante todo pronóstico que quisiera decirles su cabeza.

—Entra conmigo —le pidió ella, mirándolo a los ojos—. Mi hija está con mi madre.

Emmett soltó el aire y volvió a besarla, llevándosela junto a él, dispuesto a desatar su deseo reprimido.

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Bella miraba al techo, sintiendo el dolor de una pésima noche. Aún tenía la discusión con Edward en la cabeza, aquella en la que por poco le destroza la cara a Riley. Si tan solo él supiera que se moría por su doctor, pero no, prefería actuar como un torpe.

—Porque eso eres, Dr. Torpe —susurró y se tapó hasta la nariz con sus edredones, extrañándolo como una tonta.

Lo peor era que sus amigas estaban de su parte, dándole ventajas.

—Estúpida Rose, estúpida Alice —dijo, bufando.

Y se veía tan guapo en la discoteca, tanto, tanto, tanto con sus ojitos verdes y sus anteojos, sonriéndole con el arrepentimiento en la mirada y…

—¡Bella! —exclamó una voz desde la ventana.

Ella abrió sus ojos de par en par, asombrada. Esa voz…

Un golpe sonó en la ventana, luego otro, y así sucesivamente.

Bella se salió de la cama y se puso una bata. Cuando estuvo frente al vidrio, vio a Edward desde el jardín, alzando la cabeza mientras llovía de manera torrencial sobre su cabeza. Estaba completamente empapado y lloraba mientras la contemplaba, tambaleándose.

Se había emborrachado.

—¡Bella! —gritó él, ilusionado de verla.

—¡Sht! —lo calló—. ¡Mis padres están durmiendo y te descubrirán!

—¿Y eso qué? Solo quiero estar contigo, Ojitos, solo… quiero estar contigo —se lamentó, poniéndose una mano en el pecho, cerca del corazón.

Bella arqueó las cejas ante la tristeza que le provocaba verlo así, tan triste.

—Te seguí como pude, crucé caminos desastrosos para encontrarte, y aquí estás, mi amor —sollozó—. No puedo estar sin ti. Y sí, me he puesto celoso, pero también me agobié al verte con ese imbécil. —Se apoyó en un árbol ante el mareo que tuvo y luego pestañeó mientras intentaba enfocar—. Pero es porque estoy loco por ti, Ojitos…

—Eso solo lo dices porque estás borracho y me viste con otro hombre —gimió ella, negándose a sentir emociones ante su discurso.

—No —respondió, arqueando las cejas—, no, no, no. Yo debería estar feliz porque tú lo estás, pero también quiero que lo seas conmigo, porque daría mi mundo por ti si eso es lo que quieres.

—Eso no lo demostraste cuando me dijiste todas esas cosas —soltó Bella—. Vete, por favor, no quiero que sigamos esta conversación, no ahora, estás borracho y…

—¡No importa! —exclamó a todo pulmón.

—¡Sht…! ¡Ed…!

—Voy a… ¡trepar este árbol! —dijo antes de tener un episodio de hipo—. Lo voy a trepar y… y… voy a entrar a tu habitación solo para cantarte… ¡sí, con eso te enamoraré de nuevo! Te cantaré, ya verás que te encantará.

—Edward —lo regañó Bella, intentando no sonreír.

Pero él no estaba bromeando. El alcohol lo ponía más temerario y se dispuso a subir al árbol mientras seguía lloviendo.

Eres todo para mí, Ojitos Marrones —comenzó a cantar—, eres todo y más. Si tan solo supieras cuánto tiempo esperé encontrarme a una mujer como tú, sí, como tú.

Edward cantaba mal, al menos borracho no asimilaba una nota con la otra, pero a Bella le hizo emocionar de tal forma que sus ojos se le llenaron de lágrimas, porque sí, era un ridículo, pero era tan bueno y adorable…

Eres todo para mí, mi preciosa Isabella, cada vez que te miro me enamoro más de ti, más y más, tanto que no puedo respirar. Solo dame la oportunidad de demostrarte todo lo que siento por ti… Déjame hacerlo, porque este hombre tonto sin ti no es nada más que un borracho pánfilo y sin control… ¡Voy a subir a seguir con mi serenata en tu habitación! ¡ISABELLA ERES TODO PARA MÍ, TODO PARA MÍ! —vociferó.

—¡Edward! ¡Sht! ¡Mis padres se enterarán que estás aquí! ¡No te subas! Estás borracho y te caerás.

—¡Seguiré acá arriba si no vienes aquí y me abrazas! —se lamentó, arrodillándose en el suelo, alzando las manos hacia el cielo, como si quisiera alcanzarla—. Quiero un abrazo tuyo, uno apretadito, uno que me haga dormir. —Cerró los ojos y suspiró de forma larga—. ¡O SEGUIRÉ CANTANDO! ¡OH, ISABELLA!

—¡Está bien! ¡Está bien! ¡Bajaré!

Bella abrió la puerta de su habitación y en puntillas utilizó la salida de escape que tenía cuando era adolescente, una en la que sabía nadie podía encontrarla.

Cuando Edward vio que su Ojitos Marrones se acercaba a él, sintió que el mundo mejoraba y que todo era felicidad. Ah, cuánto la amaba, si era tan hermosa, tan dulce y fuerte. No tardó nada en echarse a sus brazos, abrazándola con los ojos cerrados, oliéndola y sintiendo su calor. Bella botó el aire, arqueó las cejas y lo imitó, porque a pesar de borracho y más torpe que nunca, era su doctor, su gran amor, ese por el que sentía algo jamás imaginado.

—Ven, entra a casa, te resfriarás —instó Bella.

—Solo si iré contigo.

—Irás conmigo. Vamos.

Charlie estaba suplicándole a Renée que le abriera la puerta, pero su solecito no mostraba signo alguno de arrepentimiento ni tampoco de piedad.

—Déjame entrar a la habitación, mi amor, ya van demasiadas noches sin ti —dijo el policía, pegando la frente a la puerta.

—¡Vete con Teresa! —le gritó en respuesta su esposa.

—Pero yo quiero estar contigo…

—¡Já! ¡Púdrete!

—Solecito… Tengo frío… Tu gordito te ama, ábreme la puerta, ¿sí? Te prometo que…

Dejó de hablar cuando se dio cuenta que una voz masculina se escuchaba desde algún lado de la casa. Renée también pudo escuchar, por lo que abrió la puerta y asomó la cabeza.

—¿Quién es? —preguntó ella, mirando a Charlie.

El policía buscó su arma en sus pantalones de trabajo y con las manos temblorosas se puso en posición de defensa. Cuando Bella encendió la pequeña luz del pasillo, confundida gracias a la oscuridad anterior, todos se encontraron y lanzaron un grito.

—¡¿Qué haces tú con este soquete?! —preguntó Charlie, cruzándose de brazos, muy indignado.

—Papá…

—Charlie —espetó Renée—. ¡No le digas así!

—Sr. Swan… Yo solo quiero estar con su hija —dijo Edward, para después tener otro cuadro de hipo.

—¿Está borracho? —preguntó el policía, encolerizado.

—Borracho de amor —rectificó el doctor.

Bella puso los ojos en blanco mientras Renée se reía.

—Sr. Swan, aquí, ante todos, quiero afirmar todo lo que su hija me hace sentir —prosiguió de manera solemne—. Su hija lo es todo, me hace feliz, me insta a ser el hombre que siempre quise ser. Es hermosa y me vuelve loco. Hace que todo se me levante…

—¡¿Qué?! —espetó el padre, abriendo los ojos de golpe.

Bella se puso las manos en la cara, al igual que Renée, mientras Edward, detrás de su borrachera, comenzaba a sudar debido a la certeza absoluta de sus últimos segundos de vida.

—Yo… No quise decir…

—No sabe lo que dice, papá —intentó aclararle Bella.

—Oh, solo está borracho. —Renée lo miraba con ternura—. ¿Quieres que te prepare algo para eso?

—No, no, no, mamá, él se va a la cama y ya está.

—¿A la tuya, bonita? —le preguntó él, abrazándola y cerrando sus ojos.

Charlie tomó aire, dispuesto a insultarlo, pero Renée se lo impidió, poniéndole la mano en el pecho.

—A la de invitados, Edward —respondió Bella, tomándolo de la mano para llevárselo hasta allá.

—Quita esa cara de perro molesto, Charlie —gruñó Renée, cruzándose de brazos—. Tu hija necesita arreglar las cosas con Edward.

—Pero…

—Nada de peros. No permitiré que ellos sufran como yo sufrí y sigo sufriendo por Teresa.

—Amorcito. —Charlie arqueó las cejas y la abrazó—. No digas eso…

—Pues es la verdad —aseguró la mujer, mirando al techo, haciéndose la difícil.

—Yo te amo a ti, siempre te he amado a ti —afirmó el policía, dándole besos en el hombro y en el cuello.

—Comienza a demostrarlo.

Mientras, Bella ayudó a entrar a Edward a la habitación, quien tambaleaba aún debido a la borrachera. A pesar de eso, estaba pendiente de que ella siguiera a su lado y de no incomodarla o enojarla debido a su torpeza en aumento.

—Acuéstate —le ordenó, palpándole la almohada.

—Solo quiero estar contigo. No voy a acostarme sin ti, sabes que no me gusta.

—Ya llevas años sin mí, no es tan difícil —respondió, resentida de lo que ocurrió en la discoteca.

Él negó de manera rápida.

—Ya no es lo mismo sin ti.

—Edward, acuéstate.

—No quiero hacerlo si tú sigues enojada conmigo. Menos aún si siento que aún estás pensando en él.

Bella frunció el ceño y luego miró al suelo.

—¿De verdad crees que pienso en él? —inquirió, tan triste de que sea esa su manera de pensar.

—Es lo que vi.

—¿Por qué? ¿Porque me reía con él? ¿Es eso?

Edward tragó.

—¿No puedo reírme con ningún hombre?

—Bella…

—¿Es por eso?

—No. Es… Te hice tanto sufrir por usar las palabras incorrectas, que ahora que te vi sonreír sentí rabia por no poder ser yo quien lo hiciera. Y sé que la culpa es mía, pero te quiero tanto que no pude soportar la idea de que ahora estés disfrutando con él… no de la manera que ese imbécil quiere.

La barbilla de Bella tembló, pero no se permitió llorar.

—Necesitas descansar, Edward. Por favor.

Él estaba tan mareado que ni siquiera podía sacarse la camisa. Así que, como Bella tenía un corazón frágil cuando se trataba de Edward, le ayudó, sacándole botón por botón y despejándolo de ella.

—Te quiero tanto, mi Ojitos Marrones —susurró él, buscando su rostro para mirarla de cerca y besar su frente en el intento.

Bella cerró sus ojos al sentirlo.

—Todos los días me arrepiento de lo que te dije. De verdad.

Bella sentía las ganas intensas de corresponder a sus muestras de cariño, siendo fuerte por fuera, pero débil por dentro. Edward era tan dulce, mucho más ahora que estaba completamente borracho, tanto que casi olvidaba todo lo que dijo la última vez.

—Sé que estás muy enojada conmigo, tanto que deseas no quererme. —A Edward se le quebró la voz y Bella miró hacia sus manos, sentada en la cama de invitados—. Y que soy muy tonto y torpe al meterme en el bar.

—Edward…

—Estoy borrachito por ti, muy, muy borracho —dijo, suspirando de manera larga—. Pero es porque te quiero tanto que no puedo dejar de pensar en ti.

Él la abrazó y le besó los cabellos, cerrando los ojos ante su olor y la manera en que cuerpo menudo cabía tan bien en sus brazos.

—Han sido días tan duros sin ti. Ava y Noah solo preguntan por mamá y yo quiero decirles que necesitas tiempo, pero ni siquiera sé si vas a querer volver a verlos de la misma manera después de lo que dije —afirmó, con la barbilla temblándole de manera abrupta—. Y yo no quiero, mi amor… La idea me rompe. Te quiero tanto y quiero… conformar una familia contigo… de verdad…

Él tambaleó debido a la borrachera mientras los ojos de Bella se llenaban de más lágrimas densas. Formar una familia había dicho, ¿de verdad quería eso?

—Eso lo dices porque estás borracho —gimió.

—Siempre lo he pensado, pero temía asustarte —susurró—. Lo que dije… Ni siquiera es verdad. Estaba asustado por ellos. A veces no digo las cosas de la manera correcta, lo que no quiere decir que piense eso de ti. Bien sabes que sería capaz de todo por hacerte feliz… Todo, cariño, todo y más. Y sé que soy un borracho tonto, pero eres la mujer de mi vida.

Bella tragó y entre lágrimas lo acomodó en la cama.

—Debes dormir —le dijo ella al oído.

Edward la miró a los ojos, disfrutando de ese iris chocolate que tanto amaba.

—Lo haré si te quedas conmigo.

Suspiró y dejó que la abrazara, no sabiendo de qué manera perdonarlo, porque tenía mucho miedo que lo que pasó se repitiera. Amaba a Edward de una forma en la que jamás había amado a nadie, el daño que provocaban sus palabras eran tales que no podría soportarlo otra vez.

—Juro que esto no significará nada si no quieres aún, pero por favor, quédate conmigo, mi amor, te lo suplico —añadió—. Han sido demasiados días sin ti.

Bella bajó los hombros y lo contempló, muriéndose de amor por él.

—Está bien —susurró—. Duerme. Lo necesitas.

Él relajó cada músculo de su cuerpo, sujetándola con suavidad desde el vientre y la cintura. Era feliz, al menos un poco, teniéndola a su lado. Había añorado de manera salvaje su calor y olor en la cama, cada noche pensándola mientras sentía que moría ante la posibilidad de perderla. Pero aquí estaba, siendo esa chica tan dulce, que aunque estuviera enojada y dolida por ser un estúpido, seguía cuidándolo por emborracharse ante el dolor de verla con otro.

Cuando Edward se quedó profundamente dormido, Bella disfrutó de cómo los brazos de él la sostenían. Sabía que debían hablar y que su doctor tendría mucho que hacer para volver a ganarse la confianza de su amada, pero mientras esto acontecía, ella iba a disfrutar de su presencia luego de que, tal como Edward, lo extrañase por días, fingiendo que ya no necesitaba de su compañía en las noches.

Las horas pasaron y ellos durmieron juntos entre los edredones de la cama de invitados de la casa de Bella. Los pajarillos de la mañana fueron suficientemente ensordecedores para despertar al doctor, aquejado por el fuerte dolor de cabeza producido por la resaca. De no haber sido porque la vio entre sus brazos, él habría sentido que se moría de agonía producto de la deshidratación generada por el exceso de alcohol. Su garganta dolía, así que, aunque no quería hacerlo, tuvo que levantarse, cuidando de no despertar a su Ojitos Marrones. Se metió a la cocina, mirando la hora y sorprendiéndose de cuán temprano seguía siendo, y enseguida abrió la llave del agua para poder beber un poco.

—Pero, corazoncito, ¿no te parece maravilloso cómo lo pasamos anoche? —inquirió Charlie, detrás de la pared.

Edward levantó la ceja y miró, algo intrigado.

—¡Pues olvídalo! ¡Yo ya lo hice! Anoche caí bajo al rendirme a tus cursilerías, ¡pero hoy recordé lo que hiciste con Teresa! —le gritó Renée.

El doctor no sabía adónde meterse. No quería ser parte de la discusión del matrimonio.

—Corazoncito, yo no quiero a nadie más que a ti.

—Teresa y sus atributos parecen decir lo contrario —refunfuñó la mujer, cerrando la puerta en sus narices.

—¡Corazoncito! Maldita… sea —gruñó el hombre, entrando a la cocina.

Edward y Charlie se miraron a la cara y luego los dos bajaron hasta la desnudez de un gordito jefe Swan, que solo tenía una almohada tapando sus partes íntimas.

—Me sacó a patadas —susurró el policía, haciendo un puchero.

Edward seguía mirando su desnudez, sin saber adónde meterse.

—¿Café? —fue lo único que pudo decir.

Charlie sintió que iba a ponerse a llorar y vio en Edward la única salida para desahogarse ante las penurias del amor.

—Por favor —respondió con la voz chillona.

Se sentó a trasero desnudo en una de las sillas y suspiró, para entonces sollozar, pensando en su corazoncito, que posiblemente nunca iba a perdonarlo, mientras Edward se lamentaba por él y su dolor… pero también por la silla, recordándose no volver a tocarla, al menos no sin antes desinfectarla.

—Las mujeres son difíciles, sí que lo son —soltó, mirando hacia el frente con el puchero cada vez más notorio.

Edward preparó el café y se apoyó en la mesa, dispuesto a escucharlo aunque le dolía la cabeza como la mierda.

—No sirve de nada demostrarles todos los días que las quieres, porque ahí van, notando hasta el más mínimo error —afirmó el hombre, mirando hacia el frente, con los ojos perdidos mientras tenía las manos sobre la almohada, tapando sus partes nobles.

—Eso es porque ellas siempre intentan no cometerlos —susurró Edward—. Es más, creo que quienes la cagamos siempre somos nosotros, que no pensamos en lo que nuestras palabras pueden ocasionar en quienes más amamos.

Él le sirvió café a su suegro, mientras efectivamente pensaba en los daños que había provocado en su esposa, incluso hace más de quince años atrás.

—Te contaré algo, chico. ¿Puedo hacerlo?

Edward apretó los labios y asintió.

—Solo quiero pedirle algo. ¿Puedo?

—Claro que sí.

—¿Se puede poner un pantalón?

.

Habían salido al jardín para tener un poco de privacidad. Hacía un frío intenso en Forks, así que en cuanto se sentaron sobre las escaleras del porche, se apegaron a las tazas de café caliente.

—Renée odia a Teresa con justa razón —susurró Charlie, mirando a los ojos del doctor—. Bella aún no nacía, de hecho… Renée estaba embarazada.

—Vaya, eso debió tenerla muy sensible.

—Sí. —Suspiró—. Teresa y yo nos conocemos hace muchos años. Yo la ayudé, pues su novio era un maltratador. Tuvo a Riley y poco después Renée me anunció que íbamos a tener a nuestra pequeña. Todo habría sido fabuloso de no haber permitido que Teresa haya tenido actitudes extrañas conmigo.

—¿Qué actitudes?

—Le permití quedarse en mi casa por unos días, Renée empatizó con ella, así que aceptó. Sin embargo, cuando el tiempo pasó, me di cuenta que, aún teniendo a un pequeño Riley en casa, Teresa se me insinuaba delante de mi esposa. —Se encogió de hombros—. Era tan descarado y yo tan estúpido que no me di cuenta hasta que, un día, las cosas se malinterpretaron tanto que Renée acabó creyendo que yo la había engañado con ella. Se fue de casa al instante, dejándome deshecho.

Edward pensó en cómo se sentiría si eso le sucediera y le dolió tanto que prefirió quitarse eso de la cabeza.

—Bella estaba por nacer. ¿Te imaginas cuánto me dolió? ¿E imaginas cuánto le debió doler a ella?

—Debió ser demasiado.

—Ella no quería escucharme, de verdad, no lo quería. No sé cuántas veces le supliqué que entendiera que todo era un malentendido, pero Renée suele ser…

—Como Bella —lo interrumpió el doctor—. Tan sensibles que las heridas quedan.

—Sí —susurró—. Renée entró en parto y yo entre lágrimas le pedía que no me lo negara. Recuerdo que odié a Teresa en ese momento y antes le pedí que se fuera de casa, que necesitaba el espacio para mi hija y mi esposa. Corrí hasta el hospital y le supliqué a Renée que me entendiera, que de verdad la amaba… y todo fue un caos porque mi corazoncito no dejaba de llorar, y fue por mi culpa. Finalmente, le hice entender que la amaba a ella y a nadie más, pero ahora creo que la he cagado de nuevo, y esos miedos vuelven, ¿sabes? Lo vi en sus ojos, vi a mi Renée de antaño y creo que no va a perdonarme por ser un tonto.

Edward lo escuchaba, incapaz de no ponerse en su lugar. Eran contextos diferentes, pero estaba seguro de que la amaba tanto como él amaba a su esposa.

—Lo ama, de eso estoy seguro —respondió Edward, arqueando las cejas.

—Tú amas a mi hija —añadió Charlie, chocando su taza de café con la de él.

—Sí. La amo. Y no he podido confesárselo.

Los dos respiraron hondo.

—A veces quiero romperte el trasero a patadas porque eres un manos largas, pero sé cuándo un hombre es merecedor de mi hija, y tú lo eres, bobo.

Edward se alegró tanto de escucharlo decir eso, que hasta dejó pasar la manera en cómo lo llamó.

—Y aunque no dijiste las palabras correctas, dañándola sin querer, sé que nunca buscarías hacerle algo malo.

—Jamás, Sr. Swan. Estaba desesperado por lo que estaba pasando con mis hijos, dije cosas debido a la rabia hacia mí mismo, hacia cuánto odiaba no haber podido llegar con ellos por estar trabajando como un loco. Nunca quise decirle que ella no era su madre, porque es cosa de ver cómo los ama para darse cuenta de que sí, lo es, para mí sí —afirmó él con total sinceridad.

Bella había alcanzado a escuchar esa última frase, poniéndose justo detrás de la puerta, dándose cuenta de cómo se sinceraba con su padre. Al instante pestañeó, derramando un par de lágrimas.

—Es mi Ojitos Marrones, no quiero perderla, no quiero que ningún imbécil la quite de mi lado, porque no solo yo me moriré sin ella, sino también Ava y Noah, que no dejan de decirme cuánto extrañan y requieren a mamá. Ellos la eligieron y yo no voy a negarme a eso. Si tan solo entendiera que soy un estúpido que está aprendiendo a no ser tan torpe, que a veces digo cosas de la manera incorrecta… Pero para mí ella lo es todo junto a mis hijos. —Suspiró—. En fin… Lamento ser tan sincero, Sr. Cullen.

Charlie lo escuchaba de forma atenta y de pronto sonrió.

—Eres un bobo, pero eres muy sincero. ¿Sabes qué? Entre los dos podemos descubrir de qué manera hacer que nos crean que para nosotros son lo primordial en nuestras vidas —dijo Charlie.

—Creo que entre dos podemos encontrar la solución.

—Estoy de acuerdo.

Antes de poder levantarse del porche, vieron llegar el coche de Maggie, quien venía con los sesos revueltos ante los berrinches de los mellizos por querer ver a papá y a mamá. Como no contestaban sus llamados, había tenido que llamar a Emmett, quien además parecía estar con una mujer, y en medio de la vergüenza de haberlo interrumpido, supo por sus palabras que el Dr. Cullen estaba en casa de Bella. Le pareció perfecto ir a dejárselos para que ya dejaran de gritar.

—¡Papi! —gritaron los dos, bajándose como pudieron de las sillitas y del coche.

—¡Oigan! —llamó Maggie, corriendo para alcanzarlos.

Ava y Noah se unieron a los brazos de Edward, que parecía muy sorprendido de verlos ahí.

—¡Hola! —dijeron ambos, yendo con el policía.

Charlie los abrazó también, encantado de poder tenerlos en casa. Vaya que los adoraba, ¡muchísimo!

—¡Oigan, miren quiénes están aquí!

Bella ya lo sabía, aún tenía las palabras de Edward en la cabeza mientras los contemplaba a los dos. En el minuto en que los mellizos vieron a quienes más añoraban, sus ojos se agrandaron y corrieron a su encuentro. Ella se agachó para estar a su altura y recibió a los dos, tan pequeñitos y adorables, cariñosos tal como su padre.

—Los extrañé —murmuró ella, poniendo sus manos debajo de cada carita.

Ava y Noah le dieron muchos besos, lo que enseguida le hizo soltar un sollozo.

—Lo siento, lo siento —susurró, calmando la preocupación en su mirada—. Es que de verdad los extrañaba mucho.

Edward miraba lo que ocurría con el corazón en la garganta y Charlie comprendió que era momento de dejarlos solos. Cuando aquello ocurrió, Bella se secó las lágrimas con el dorso de su mano, intentando calmarse.

—Bella —llamó el doctor.

Él estaba despeinado, con los ojos enrojecidos y unas ojeras muy grandes debajo de ellos, pero aún así le seguía pareciendo el hombre guapo de su vida.

—¿Sí?

No soportó la distancia y tomó una de sus manos, besándosela mientras cerraba los ojos.

—Siempre me gusta verte al despertar, me resultas tan naturalmente hermosa.

Bella tragó.

—Por eso te amo.

Ella pestañeó. ¿Qué había dicho?

—¿C-cómo…?

—Isabella Swan, te amo… Eres el amor de mi vida.

Oh…


Buenas tardes, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Como verán, las cosas no fueron tan fáciles para estos dos, en absoluto, en especial para Edward, que cometió varios errores a medida que su torpeza y sus celos lo consumían. Riley sí ama a Bella, lo hace de verdad, pero los sentimientos de él no importan si es Bella quien sabe que no podría amar a nadie que no fuera Edward, es una lástima que él no se de cuenta, ¿no? Charlie también ha sufrido, tomando en consideración las cicatrices pasados que tomaron lugar cuando Renée aún estaba embarazada. Al menos, los dos pobres hombres han podido hablar y dar cuenta de que, al final, ambos pueden llevarse muy bien, créanme que este es un nuevo comienzo. ¿Y qué me dicen de lo que está pasando con Rose y Emmett? ¿Quieren más de esta parejita que se niega a responder a sus sentimientos? ¿Qué creen que pase ahora que Edward le ha confesado a Bella que él realmente la ama y que es el amor de su vida? ¿Creen que Bella responda de la misma manera? ¿Lo perdonará? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

¡Alerta! Que la verdad de Kate saldrá pronto, créanme que los pequeños serán sinceros muy pronto. Y sí, ¡habrá capítulo muy muy pronto! Ya que perdí mi trabajo y, bueno, tengo un poco más de tiempo ahora

Agradezco los comentarios de SeguidoradeChile (ya veremos, ya veremos, si Kate tuvo algo que ver en esto jiji), Pam Malfoy Black, lauritacullenswan, Tata XOXO, Miss Cinnamon (créeme que no pasa del próximo capítulo), Jenni98isa, Coni (sí que entiendes la importancia de las palabras, chica), Abigail, marieisahale, lunadragneel15, Noriitha, catableu, Jeli, Diana, Dominic Muoz Leiva, Chiqui Covet, josalq, GabySS501, Valevalverde57, cavendano13, katyta94, AniluBelikov, Liliana Macias, rjnavajas, piligm, twilightter (muy acertadas palabras, querida), AleCullenn, Heart on winter, Pancardo, maribel hernandez cullen, Beth, Brenda Cullenn, Yoliki, kathlenayala, LizMaratzza, MariaL8, Ivette marmolejo, Fallen Dark Angel 07, keith86, valentinadelafuente, LoreVab, Esal, Tereyasha Mooz, Bell Cullen Hall, Valentina Paez, freedom2604, alejandra1987, DanitLuna, Diana2GT, carlita16, Angelus285, Andre22twi, PatyMC, Srita Cullen brandon, sheep0294, ariyasy, AnabellaCS, Damaris14, Rose Hernndez, Ana karina, LicetSalvatore, Elmi, Rero96, Manitoizquierdaxd, andremar00, krisr0405, Gladys Nilda, Luisa huiniguir, Kamile PattzCullen, ELIZABETH, Fernanda javiera, Bere, Techu, Nat Cullen (estoy segura que ahora cambiaste de opinión jaja), morales13roxy, Reva4, Sei, Yesenia Tovar, MaleCullen, Belli swan dwyer, Twilightsecretlove, viridianaconticruz, Vero Morales, rosycanul10, Adriu, calia19, Stellamio, Lizdayanna, Markeniris, angryc, Pameva, Milacaceres11039, seelie lune, Poppy, patymdn, miop, Liz Vidal, terewee, Melany, Flor Santana, cary, Jocelyn, tulgarita, YessyVL13, Santa, BellaNympha, debynoe12, A k, BreezeCullenSwan, florcitacullen1, Ceci Machin, Ilucena928, Vaneaguilar, Salveelatun, Marken01, LuAnka, sool21, Robaddict18, camilitha cullen, Gis Cullen, Maca Ugarte Diaz, Jade HSos, maricarmen92, Car Cullen Stewart Pattinson, Mar91, Fernanda21, FlorVillu, beakis, saraipineda44, JMMA, Mayraargo25, Say's, catalinaacarreno, Vanina Iliana, NarMaVeg, Elizabeth Marie Cullen, AndreaSL, Mela Masen, Sony Bells, EniCullenMasen, Olga Javier Hdez, bbluelilas, Iza, Elejandra Solis, Gibel, Smedina, almacullenmasen, VeroG, michi'cullen, amedina6887, nydiac10, Tina Lightwood, Alexandra Nash, Kika, jupy, Tecupi, isbella cullen's swan, liduvina, NaNYs SANZ, Amy Lee Figueroa, martuu341, weirandmore, merodeadores1996, monik, CeCiegarcia, selenne88, Cullenland, Claribel, Ella Rose McCarty, Aidee Bells, Joa Castillo y Guest, espero volver a leerlas a todas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, en especial en estos tiempos, escribir a veces absorbe, pero sus palabras hacen que una sienta el entusiasmo necesario para seguir y hacer de estos tiempos algo mejor para todas

Recuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá

Pueden unirse a mi grupo de facebook que se llama "Fanfiction: Baisers Ardents", en donde encontrarán a los personajes, sus atuendos, lugares, encuestas, entre otros, solo deben responder las preguntas y podrán ingresar

Cariños para todas

Baisers!