Capítulo 39. Fuegos artificiales

Cuando Albert termino de cantar me secó las lágrimas y me dio un beso dulce en la boca, después tomo una fresa cubierta de chocolate que puso cerca de mis labios invitandome a comerlo, cuando estaba a punto de darle un mordisco a tan exquisita fruta el la alejó de mí regalandome una sonrisa traviesa, a pesar de no probar el dulce del cacao pude lamer sus dedos largos y gruesos riendo por mi pequeña travesura involuntaria, despues mi rubio mordió un pedazo de fresa, lo mastico disfrutando de su sabor mientras que yo lo veía con deseo por ver su rostro de placer, acercó su boca a la mía y me preguntó —¿quieres?

Tenía la respiración agitada de tan solo verlo disfrutar del sabor del chocolate mezclado con lo dulce de la fresa, mi boca no pudo pronunciar palabra alguna, solo me pase la lengua por los labios y asentí con la cabeza. Mi rubio se acercó lentamente a mi rostro, aspiró mi aroma para después besarme despacio como disfrutando de cada movimiento del beso, su lengua bailaba con la mía, sus manos curiosas se pasearon por mis curvas dejándome extasiada y con ganas de más. Me encantó verlo sorprendido cuando él se dió cuenta de que no llevaba puesto el corsé, verlo con esas ganas de disfrutar de mi cuerpo me incita a besarlo con más impetu y me da la valentía de despojarlo de su fino sacó, mis manos también quieren pasearse por su piel desnuda por eso me atrevo a desabrocharle el chaleco para quitárselo, después dándome mi tiempo le quité la pajarita, cuando le empecé a sacar su linda camisa planchada a la perfección el tomo con agrado mi trasero emitiendo un gruñido erótico por encontrarlo desnudo mientras que yo sonreía satisfecha de lograr mi cometido. Mi amor me acerco a su mástil duro, yo no me podía quedar atrás y sosteniendome de sus hombros con mis brazos le rodeé la cintura con mis piernas al mismo tiempo que él me sostenía gustoso de las nalgas, sentía que estaba en la gloria restregandome en su falo entusiasta de darme placer, sin poderlo evitar pensé en voz alta —me gusta tenerte así... Tan excitado, tan deseoso, tan duro y es solo por mí

—jajaja ¿ dónde quedó tu humildad mi dulce Candy?

Un poco apenada contesté —¡me escuchaste! Yo...

Me interrumpió con un beso demandante y dijo —es verdad... solo tú me gustas y solo a ti adoraré con mi cuerpo y mi alma... Después de ti no hay nada, solo queda el olvido

Sin darme cuenta ya estábamos en nuestra habitación que tenía un ligero aroma a canela, mi hombre me depósito con cuidado sobre el piso de madera, al percatarme de la decoración me acerque a la cama y ví con una enorme sonrisa el corazón que cubría todo el lecho, no pude ocultar mi asombro y me puse a dar unas cuantas vueltas de la alegría que inundaba mi pecho eufórico por un detalle romántico de la persona amada, mientras daba vueltas como niña con los ojos cerrados pude sentir como suaves pétalos de rosas caían sobre mi cuerpo como agua de lluvia que cae sobre la tierra, al abrir los ojos pude percatarme como Albert sonreía complacido. Las flores rojas terminaron en el piso como sospechaba que iba a terminar mi hermoso vestido. Con decisión me acerque al amor de mi vida, admiré su perfecto rostro, me perdí en su mirada azul mientras le sacaba la camisa del pantalón, deseosa desabotone la prenda para abrirla deleitandome la pupila con semejante cuerpo esculpido por los mismos dioses, le acaricié el pecho despues el abdomen sintiéndome complacida por escucharlo gruñir de pasión, sin esperar más le quité la camisa para pegarme a su pecho al mismo tiempo que lo rodeaba con mis brazos y me adueñaba de su espalda ancha y poderosa.

Mi rubio me besaba con desesperación los labios para después ir hacia mí cuello mientras que sus manos estaban ocupadas bajandome el cierre del vestido al lograr su cometido empezó a ayudarle a la fuerza de gravedad para dejarme sin ropa, cuando mi hermoso vestido rojo yacía en el suelo mi hombre se alejó de mí viéndome completamente desnuda, recordé que llevaba puesto el broche de mi príncipe y lo intente ocultar con mis manos mientras bajaba el rostro apenada pensando que era una falta de respeto traerlo puesto cuando mi corazón pertenece a otro hombre, me lo puse está mañana para tener fuerzas de seguir adelante con mi vida pero después de bañarme se me olvidó quitarmelo por que apareció Albert en mi puerta y cuando él aparece se me olvida todo que no sea referente a mi rubio y dije en un susurro — discúlpame, no debí... Me lo puse en la mañana y se me olvidó quitarmelo

El con cuidado tomo mis manos para dejar al descubierto mi delito y dijo como si fuera una súplica —no te lo quites, por favor quédate así... Únicamente con el broche puesto. Eres perfecta pero con esta joya te ves radiante como el sol por las mañanas de primavera

Sorprendida levante la vista y me encontré a un Albert sonriéndo complacido y hablé —no te molesta que lleve puesto el broche de mi príncipe... Digo, de aquel joven...

Me tomo el rostro con sus manos y dijo sinceramente —no... En realidad me gusta que tengas un amuleto contra los fantasmas así siempre estaras protegida

Como siempre mi corazón no pudo más y de mis ojos salieron un par de lágrimas pero no eran saladas más bien eran dulces por que Albert siempre logra llegar en lo más profundo de mi alma, pasado unos instantes su mano derecha empezó a rozar mis ojos bajando sutilmente hasta mis mejillas, pasando por mi nariz y boca, después descendió a mi cuello para proseguir por mis hombros, siguió navegando por mis pechos ahí se detuvo besándome, chupando y mordiendo con sus dientes ligeramente los pezones duros listos para ser venerados por la boca de mi rubio, después de un tiempo me tomo con sus manos la cadera mientras su boca se paseaba gustoso por mis costillas y mi abdomen, de ves en cuando me metía su nariz en mí vientre para ocasionarme cosquillas pero en vez de eso solo me provocaba que me excita más y emitiera gemidos más fuertes. Al escucharme no se detuvo si no que su mano se fue más abajo de mi abdomen para rozar mi centro más sensible, no estuvo el tiempo que yo deseaba que estuviera pero no me quejé por que sus dedos fueron reemplazados por su boca, su lengua masajeaba mis labios vaginales dejándome con las piernas temblorosas y con la respiración agitada. Albert se paró para posicionarse detrás de mí, me deshizo el peinado dejando caer mis risos en mis hombros y espalda como si fuera una cascada dorada, su mano izquierda me hizo a un lado la cabellera mientras que él me mordisqueaba la nuca haciendome suspirar, su mano se posicionó en mi abdomen para pegarme a su cuerpo al mismo tiempo mi culo era atendido por su falo que estaba deseoso de entrar en batalla y salir victorioso, su mano derecha pasaba por mi brazo hasta llegar a mi pecho y quedarse estacionado entretenido dando un masaje magistral a esa parte de mi anatomía, mientras que mi rubio me decía al oído —eres hermosa, soy muy afortunado de tenerte en mis brazos

Sabía que tenía que decirle algo pero de mi boca solo salían gemidos eróticos al mismo tiempo que mis manos masajeaban sus cabellos y me arqueaba afreciendo mis pechos a su mano y mi trasero a su pene energético, mi Adonis bajo su mano al sur y se quedó jugando en mi centro, conforme la pasión nos envolvía cada vez más el introdujo sus dedos para masturbarme, yo no podía contener mi éxtasis y empecé a gritar su nombre mientras convulsionababa por sentir el inicio de un orgasmo placentero pero antes de acabar el se detuvo privandome de un gozo total. Albert me tomo entre sus brazos y me depósito sobre la cama, mi cuerpo estaba tan sencible y deseoso que al contacto con los suaves pétalos de las rosas las sentí frías y me provocaron otro gemido de placer y mi cuerpo se retorcía arqueando la espalda en la cama, ya no podía esperar mas, lo necesitaba tanto que hasta me dolía el cuerpo, deseaba tenerlo dentro de mí que le dije suplicando —ven... Hazme el amor, te necesito dentro de mí

Al escucharme se quitó los zapatos y la ropa restante, mis ojos no se apartaban de su espada fuerte y filosa que se que en tan solo unos instantes me atravesara no solo la carne si no que también el corazón llegando hasta mi alma y quedandose ahí de por vida. Al estar completamente desnudo frente a mis ojos se acercó a mí, empezó a adorar mis piernas besandolas hasta llegar a la fuente de mis deseos, se quedó un momento a atenderlo con sus labios para después proseguir hasta mis pechos, fue en ese instante en el que tomo mis caderas con fuerza haciendo que estuvieran firmes con la primera embestida, empujó un poco más hasta quedarse bloqueado por una barrera, para distraerme del dolor me beso con esmero mientras continuaba metiendo su mástil dentro de mí, cuando finalmente estuvo dentro en su totalidad espero un tiempo prudente para acostumbrarme a su tamaño, el dolor empezó a transformarse en una sensación placentera al mismo tiempo que él empezaba a moverse rítmicamente, mis manos se paseaban por su cuerpo haciéndolo disfrutar de este momento mágico, cuando estaba viendo los fuegos artificiales él gritó mi nombre como yo grité el suyo. Nuestra entrega fue magistral por ser la fusión de amor y pasión, nos fundimos en uno solo, sin duda fue una experiencia religiosa. Cansados nos desplomamos sobre nuestro lecho de rosas rojas, dormimos enredados el uno del otro. Yo tuve una magnífica noche durmiendo en sus brazos olvidando por un momento que la vida está a punto de separarnos.

Continuará...