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UN PLAN ALTERNATIVO
Cuando Alistair se enfrentó a Aidan para impedir que Patricia fuese ofrecida en matrimonio a Anthony, Paulina se puso de su parte, sorprendiendo a su esposo, la discusión se trasladó al estudio de Aidan. Donde sólo los implicados pudieron entrar.
Candy se paseaba inquieta por el salón, incapaz de permanecer sentada como su familia. La presencia de Albert tampoco le ayudaba a calmar los nervios. Sus pasos la llevaban una y otra vez hasta la puerta. Deseaba salir de allí, respirar aire fresco, pero no quería estar lejos cuando hubiesen tomado una decisión.
-Candy, deja ya de moverte - protestó Tom hastiado - Me estás mareando.
-Pues no me mires - le espetó.
-Si estuvieses quieta, no tendría que mirarte.
-Si estuviese quieta, no estaríamos teniendo esta discusión.
-Siéntate de una vez, Candy.
-No sé cómo puedes estar tan tranquilo, Tom. Stear está allí solo defendiendo lo indefendible y me temo que cometerá una locura si no consigue lo que quiere.
-Stear no está solo - dijo María con calma, tratando de poner algo de sentido común en aquella conversación - Sus padres están con él. Y Paulina lo apoya.
Candy volvió a pasearse y Tom bufó. Albert rió y Candy lo miró con enfado, colocando sus brazos en jarras.
-¿Y tú de qué te ríes?
-Candy - la reprendió Robert.
-Se está riendo de mí, papá - protestó.
-Me resulta gracioso ver que tu hermano y tú no sólo os parecéis en lo obvio - dijo Albert, reclamando la atención de Candy de nuevo.
-Somos mellizos - dijo como si aquello lo explicase todo - ¿qué esperabas?
Albert elevó las manos al aire en señal de rendición pero la sonrisa en sus labios se ensanchó. Disfrutaba viéndola en aquel estado, tan alterada que ni se había percatado de la familiaridad con que se hablaban, estando sus padres delante. Y deseando estar presente cuando lo recordase después.
Miró hacia sus padres disimuladamente. Robert mantenía el ceño fruncido, seguramente disgustado por el comportamiento de su hija pero la expresión de María era de aunténtica diversión.
Albert empezaba a dudar de si los había visto o no en las almenas. Aunque, si lo había hecho, no parecía demasiado molesta por ello. Y la invitación para visitarlos cobraba más sentido. Algo de lo que no sabía si alegrarse o preocuparse.
-Candy, hija, siéntate - suspiró Robert.
-No me mires tú tampoco, papá - fue su respuesta y Albert rió de nuevo, más quedamente.
Candy lo fulminó con la mirada pero se abstuvo de decir nada. Decidió que lo mejor era ignorarlo. Si lo volvía a enfrentar era capaz de cometer también ella una locura. Estaba demasiado nerviosa en ese momento.
-Siéntate, Candy - repitió su padre.
Candy suspiró e hizo lo que le pedía. No tardó ni dos segundos en comenzar a golpear el suelo con el pie, incapaz de mantenerse quieta del todo.
-¡Oh, por Dios! - gimió Tom - Ve a dar una vuelta, Candy. Me estás volviendo loco.
-Ve tú, si tantas ganas tienes de perderme de vista.
-Ya basta, Candy - rugió su padre.
-Calma los tres - intervino María de nuevo.
-¿Quieres ir a dar una vuelta? - Janet estaba mirando hacia Candy. Parecía igual de divertida que su primo - No nos alejaremos mucho. Nos avisarán en cuanto sepan algo.
Candy inspiró profundamente antes de asentir. Lo necesitaba. Se levantó lentamente para unirse a Janet y salir juntas del salón.
-Las acompañaré - se ofreció Albert - para asegurarnos de que vuestra hija no convence a mi prima de colarse en la reunión.
-No será necesario - comenzó a decir Candy pero su madre la interrumpió.
-Me parece una excelente idea - mantuvo la mano apoyada en el brazo de Robert, como impidiendo que interfiriese.
Candy salió del castillo del brazo de Janet, seguidas de cerca por Albert. Tendría que hablar seriamente con su madre sobre aquella encerrona, porque no tenía la menor duda de que tramaba algo.
-¿No te parece romántico? - suspiró Janet - Alistair enfrentándose a todos por el amor de Patricia.
-En realidad se enfrenta sólo a su padre - apuntilló Albert tras ellas.
-Tú te callas - respondió Candy.
-Hoy estás belicosa, Candy - rió Janet.
-Lo siento - suspiró - Cuando estoy nerviosa me vuelvo un poco irascible.
-¿Un poco? - rió Albert.
-¿Podrías dejar de hablarme? No me ayudas en nada, Albert.
Decidieron continuar el paseo en silencio y como había prometido Janet, ni siquiera perdieron de vista el castillo. Los nervios de Candy más calmados a medida que el aire fresco acariciaba su rostro.
-Se acerca Charlie - informó Albert.
Los tres lo vieron caminar con paso dedicido hacia ellos, su mirada fija en Janet. Candy notó cómo crecía la incomodidad de Janet a cada paso que Charlie daba en su dirección. Cuando llegó hasta ellos, continuaba mirándola sólo a ella.
-Necesito hablar con vos, Janet. En privado.
Albert tomó del brazo a Candy y se alejó de ellos, dándoles la intimidad que necesitaban. Candy tardó en reaccionar pero cuando vio que Albert todavía no la había soltado, lo hizo ella de un tirón.
-No hay necesidad de ser tan brusca, Candy. Te habría soltado si me lo pidieses.
-¿De qué crees que estarán hablando? - ignoró su comentario.
-Supongo que tu primo ha ganado la batalla.
-¿Qué?
-Charlie ha mostrado interés en mi prima desde el principio - se encogió de hombros - Se habrá ofrecido a desposarla para cumplir con el tratado. Y liberar así a su hermana.
-Parece una epidemia - musitó.
-¿El qué?
-Primero Stear se enamora de Patty. Luego nos enteramos de que Karen se ha fugado con Lachlan por amor. Y ahora dices que mi primo tiene interés en la tuya. Se están contagiando unos a otros.
El hablar con Albert sin discutir le resultaba extraño y agradable al mismo tiempo. Lo miró para ver su reacción ante aquel hecho pero lo descubrió demasiado cerca de ella. Retrocedió un paso.
-¿Me tienes miedo? - le mostró una sonrisa ladeada - ¿O lo que temes es contagiarte?
-No seas ridículo.
-Tal vez no sea contagioso - se acercó a ella - Tal vez sea hereditario. Ten en cuenta que todos ellos son primos tuyos.
Candy quiso retroceder un paso más pero se topó con la pared del castillo. Tragó con dificultad, de repente sentía la garganta seca.
-¿Hacemos la prueba?
-Ni se te...
Albert interrumpió su frase cuando se apoderó de su boca. La apretó contra el muro con su cuerpo mientras recorría cada centímetro de sus labios con los suyos. Embriagado por su sabor, gimió cuando ella le correspondió. Era indudable que entre ellos había una conexión.
-Candy- llamaron a lo lejos.
Albert se apartó tan rápido, que tuvo que sostener a Candy, que se había inclinado hacia él por la inercia. Sonrió ampliamente cuando notó su desconcierto.
-¿Te he dejado sin resuello, querida?
-Eres un... - no se sentía capaz de articular una frase coherente así que decidió no intentarlo - Ni siquiera merece la pena.
Se alejó de él cuando vio llegar a Janet corriendo en su dirección. Parecía feliz y tenía una sonrisa contagiosa en su boca. Para cuando se encontraron, ambas sonreían.
-Charlie me ha pedido que me case con él - estaba eufórica.
Y Candy sintió la molesta risa de Albert tras ella, recordándole que todos sus primos estaban cayendo.
CONTINUARA
