HOLAAA!

Tal y como prometí, cuando acabara "Un ángel entre demonios", me pondría con este fic.

Lo que no puntualicé, y ni yo misma pensé, es que se fuese a alargar tanto en el tiempo.

MIL MILLONES DE DISCULPAS!

Pero de verdad que me ha sido imposible.

Bueno... como ahora en España estamos encerrados en casa por el Covid19, pues he podido acabar el otro fic, y darle caña a este.

Así que en breves, ojalá pueda ser mañana), tendréis el siguiente capi.

Sin más, os dejo con el capítulo...

*Os recomiendo leer el anterior primero.

CAPÍTULO 32


Un año.

Un año exacto desde que Bella se había convertido y las cosas apenas habían mejorado.

Habían intentado tres veces bajar al continente, desembarcando en lo más alejado del puerto y a una hora en que Alice había controlado que no hubiera nadie.

Horas antes, habían llevado a Bella a cazar para que estuviera lo más saciada posible y así, facilitarle la prueba.

Olieron a humanos a unos cientos de metros y Bella, aunque bastante angustiada, logró controlarse. Tanto Alice como Jasper estaban en alerta total, ante un mal movimiento de la neófita. Sabían que era un alto riesgo hacer semejante prueba, pero ya no sabían qué hacer.

La distancia con los humanos se fue acortando y, por tanto, su olor se intensificó.

Bella arrugó la nariz y contrajo levemente los labios, dejando la punta de sus colmillos al descubierto.

- Vamos Bella… contrólate. Tú puedes. - Le insuflaba ánimos Jasper. - Se que es tremendamente difícil, pero también sé que tú puedes con esto. - La vampira apretaba los labios, con una mueca de sufrimiento.

Se quedaron en esa posición, obligando a Bella a embeberse del olor humano; que se hiciera a él. Ya que solo alguna vez y, a mucha distancia, había olido a la pareja que venía por la isla a traer víveres y hacer la limpieza.

.

Caminaron un poco más, para oler a un pescador que preparaba su barcaza, a unos 150 metros de ellos.

Bella respiró despacio, acostumbrándose al olor.

Y ahí permanecieron casi una hora, mientras el pescador realizaba su tarea; habiéndose convertido en un conejillo de indias sin tener la menor idea del peligro que le acechaba.

Un mes después volvieron a probar y, fue más de lo mismo. El cometido era que Bella se embebiese del olor a humanos; que se hiciera a él.

Aunque fuese una prueba dura, necesitaba pasar por ella, como todos, para poder relacionarse en el mundo humano.

Al mes siguiente volvieron a intentarlo, pero esa vez se arriesgaron a adentrarse un poco más en los muelles, donde había varios pescadores preparando los aparejos de pesca o recogiendo tras su jornada.

Al principio la cosa iba bastante bien, hasta que la fatalidad hizo que uno de los pescadores se hiciera un corte con un anzuelo.

Todo pasó en una milésima de segundo:

Bella gruñó y adquirió posición de caza, enajenada por el olor de la sangre.

Jasper la agarró por detrás, formando una jaula con sus brazos, mientras Alice controlaba la situación y ayudaba a su esposo a arrastras a Bella.

La obligaron a sumergirse en el agua y tras darle Alice una sonora bofetada para que volviera en sí, Bella reaccionó tranquilizándose y recuperando el control sobre sí misma.

- La prueba se ha ido al garete - Jasper meneó la cabeza, con disgusto.

- Con lo bien que iba… - Alice arrugó la boca con pesar. - Ha sido mala suerte que el hombre se cortara. - Se inclinó de hombros.

- Yo… lo siento, mucho - Bella agachó la cabeza abatida. - Creo que será mejor esperar un tiempo para volver a intentarlo.

Con las mismas, y con un sufrimiento más que patente, se dio la vuelta y desapareció entre la maleza de la isla, dejando a sus hermanos compungidos por ella.

Tras ese incidente, el humor de Bella cambió. Dio un giro completo; ya no estallaba, ya no alzaba la voz, ya… nada. La apatía la había invadido por completo, y eso era aún peor que antes.

La depresión era un sentimiento todopoderoso en los vampiros (como todos), pero este era sumamente peligroso, ya que, si entraban en ese estado, les era muy difícil salir de él. Incluso algunos vampiros, tras décadas de depresión, acababan muriendo.

.

- Es la hora Alice. - Jasper habló muy serio y, preocupado, con Alice.

No hizo falta decir más; ella sabía perfectamente a lo que su esposo se refería.

- Si, lo es.

Alice se sentía completamente abatida e incluso inútil. Bella llevaba año y medio como vampira, y aunque era tremendamente joven, no había conseguido controlarse de ningún modo, y ella, como su mejor amiga, no la había conseguido ayudar en nada.

Y tras el percance con la sangre, hacía ahora casi tres meses, el comportamiento de Bella, era altamente preocupante.

Con las mismas, se encaminó a la casa seguida de Jasper. Recuperó su móvil, escondido en la mesita del despacho y lo encendió y configuró.

- Mantengamos esto en secreto - Murmuró ella, mirando fijamente el teléfono - Va a ser mejor que sea una… sorpresa - Alzó una ceja y su boca se giró en una mueca extraña.

Marcó el número al que sabía que, antes o después, volvería a llamar.

Al segundo tono, contestó.

- ¿Alice?

- Hola Carlisle… Bella te necesita…. A todos. - Su voz se hundió en la última palabra.

- . -

.

Dos días después, una lancha motora atracaba en el muelle de Isla Esme, y de ella bajaban cinco vampiros que tenían los nervios a flor de piel. Unos más que otros.

Carlisle lideraba el grupo. Tras abrazar afectuosamente a Alice y Jasper, no perdió más tiempo.

- ¿Dónde está? - Preguntó conciso.

- Al escuchar la lancha, se habrá escondido en lo más profundo de la isla. - Contestó Jasper - Imaginará que son los cuidadores. - Carlisle arrugó las cejas, preocupado.

- No quiere ni acercarse a los humanos. - Alice ya le había explicado a Carlisle lo que había pasado. Le hizo un resumen sobre Bella, de los casi dos años que llevaban en la isla.

- Entiendo. - El patriarca dejó la mirada fija en el infinito, meditando. - Ella, ¿sigue enfadada con Edward? - Preguntó de golpe, dejando a toda la familia pasmada.

El nombrado se congeló, y los ojos se le salían de las órbitas.

Llevaba dos días nervioso e irritable. Nadie le había replicado, para no alterarlo más, y por supuesto, ninguno había mencionado el suceso con Tanya. Hacía meses que no se comentaba, pero en estas 48 horas, aunque estaba en el pensamiento de todos, se había vuelto algo "tabú".

Era más que obvio que el más nervioso de todos, era él. Llevaba casi dos años sin verla, y la última vez que estuvieron juntos, había sucedido aquello con Tanya, y Bella se había ido de su lado enfadada y lo peor, tremendamente decepcionada.

El recuerdo de aquello llevaba rondándolo y atormentándolo desde entonces, pero desde hacía dos días, desde la llamada de Alice, su mente no tenía espacio para nada más que para rememorar una y otra vez aquella noche:

FLASHBACK…..

Ambos se abrazaron de forma amistosa. La tregua estaba firmada y Edward estaba pletórico por quitarse de encima a Tanya.

Ella aprovechó la sumisión y rendición de él y se enredó en su cuerpo.

No había maldad en el gesto, por lo menos por parte de Edward, pero visto desde fuera, era otro tema. (-)

Bella estaba viendo que el hombre (vampiro) que juraba tan solo hacía unos minutos que ella era su vida, su todo, estaba besándose con su ex amante. (-)

- ¿Tanya? - Le preguntó, envolviendo su nombre en un gruñido.

- A mí no me preguntes. No sé qué está ocurriendo - Le respondió dulce. Demasiado.

Edward era extraordinariamente bueno sonsacando. Siguió presionando a Tanya con su mirada fija e intimidante.

"Eres tú el que no ha estado atento a cuando tu adorada humana ha salido del baño y te ha visto enredado entre mis brazos… y con sus torpes ojos, se ha pensado que nos estábamos besando."

El pensamiento escapó de su mente sin darse ni cuenta (-)

- Se fue. - Le comunicó Emmet posicionándose a su lado. - Entiendo tus razones, pero has sido un completo gilipollas. - Edward suspiró, pero no respondió nada, ya que su hermano tenía toda la razón. - Alice la sacó de aquí, con ayuda de Jasper. - Edward frunció el ceño.

Esa forma de actuar en Alice no le gustaba nada. Eso solo significaba que su hermana estaba más que enfadada, encolerizada con él; y eso no era bueno. Perder la ayuda de Alice significaba problemas. (-)

- Tengo que encontrarla - Emmet frunció la boca.

- Suerte… - Edward se dio la vuelta ante el comentario de su hermano, mirándolo extrañado. - Has perdido el apoyo de Alice… Veremos a ver quién te ayuda ahora. - Pestañeó consternado. Eso ya lo sabía él de sobra.

FIN FLASHBACK...

.

- No lo sé - Contestó ella inclinándose de hombros. - Nunca, ni una sola vez, hemos hablado de lo que ocurrió. - Pestañeó, aún sorprendiéndose de eso. - No me ha dado pie a sacar el tema… Y yo, por no hacerla sufrir recordándolo…

- Desde que llegamos aquí, no ha dicho ni una sola palabra. Es como si aquello no hubiera sucedido, nunca - Agregó Jasper.

Todos se quedaron anonadados con sus respuestas.

¿Bella no había hablado de aquello, nunca?

Eso no podía ser bueno. De ninguna manera.

Edward agachó la cabeza, compungido. Quería que ella fuese feliz, por eso no intentó buscarla. Sabía que estaba bien con Alice y Jasper, y más aún cuando su hermana confirmó que Bella ya era una de los suyos.

No interfirió más en su vida, tal y como se prometió aquella fatídica noche.

Pero… sintió un escalofrío cuando Alice comunicó eso de que Bella jamás había vuelto hablar de aquello. Un mazazo tan brutal que lo dejó sin respiración.

¿Seguiría tan enfadada que no lo quería ni hablar?

¿Lo habría superado? ¿Superándolo a él en el camino?

Y… ¿Ahora? ¿Cuál sería su reacción al verlo?

Lo peor de todo, es que ni él mismo sabía cómo reaccionaría una vez la tuviera delante; y más ahora que era como él.

Su sueño, desde que la había conocido, echo realidad, por fin; y él, estaba fuera de su vida.

Alice lo miró, al fin, directo a los ojos. Y sintió lástima.

Había tenido tiempo, mucho, para pensar y poner sus ideas y sentimientos en orden.

Su hermano había cometió un gravísimo error dejándose embaucar por Tanya, pero no era imperdonable.

Ella había sido testigo de excepción del sufrimiento de su hermano cuando tuvieron que irse, dejando a Bella. Eso no podía fingirse; y aunque hubiese sido una reacción exagerada, tras un tiempo se hubiera ido mitigando, cosa que no fue así en absoluto.

- Edward… lo llamó. – El nombrado alzó levemente la cabeza; el ver a su hermana, mirarlo con ojos amorosos le consoló, ligeramente, el alma. – Te he echado de menos – le confesó, ahora a unos centímetros de él.

- Yo a ti también. – le devolvió la declaración.

- Solo después de dejar querer decapitarte, por supuesto – le sonrió de forma divertida; él le sonrió igual. Esa debió ser la sonrisa más sincera que había mostrado en casi dos años.

- Esta vez, - suspiró, no puedo decirte que todo se arreglará. – puso un mohín con sus labios – Ella… Bella, - apretó los ojos un segundo – no ha dicho absolutamente nada… Ni de aquella noche ni de, nada. Es como… - Alice no encontraba las palabras, para que no hundieran, más, a su hermano.

- Como si no hubiese existido – Edward tuvo que apretar fuertemente los ojos.

Esas fueron las palabras que él le dijo en el bosque de Forks cuando la dejó.

- Al fin, mi promesa se ha cumplido – Soltó con voz hundida.

Carlisle le puso una mano en el hombro y le lanzó una mirada tranquilizadora.

- Voy a ir a buscarla. Solo. - Específico.

- Pero… - Intervino Emmet - Ella no está familiarizada con tu olor. Solo distinguirá a un vampiro, desconocido. - Emmet estaba visiblemente preocupado. - Puede atacarte.

- No lo hará. - Contestó el patriarca completamente convencido. - No quiero que ni os acerquéis. Porque distinguirá varios efluvios y eso si puede asustarla. Iré solo. Punto.

Alice le indicó algunos de los sitios donde Bella solía refugiarse, y mientras él se encaminaba hacia allí, el resto se fue acomodando en la casa, y de paso saludarse como se merecía.

Nunca, desde que habían formado la familia, habían estado tanto tiempo separados.

Se abrazaron y Esme, por supuesto, lloró emocionada.

Alice y Jasper les pusieron al día sobre su tiempo de reclusión en la isla.

- . -

Carlisle se adentró en la densa vegetación, siguiendo las indicaciones de su hija, hasta que un leve efluvio le fue llenando las fosas nasales.

Bella estaba cerca.

Por su parte, Bella se había adentrado en la selva, hacia la parte sur de la Isla en cuanto escuchó el motor de la lancha motora, creyendo, como había adivinado Alice, que eran los cuidadores.

Hacía más de dos meses que había sucedido el percance con la sangre del pescador en el continente, y desde entonces, evitaba cualquier acercamiento con los humanos.

Aunque ya estaba familiarizada con el olor de la pareja que venía a adecentar la casa, no quería más "sustos".

Se había sentido perdida, asustada y horrorizada con los sentimientos que el olor de aquellas pocas gotas de sangre le habían ocasionado.

Tras tranquilizarse, había sido plenamente consciente de su naturaleza. De lo que podía llegar a hacer y sentir. De su potencial… Era una vampira.

Entonces, y sin poder evitarlo, Edward entró en su mente.

En el esfuerzo hercúleo que debió hacer para poder estar con ella. Aunque fuera más antiguo, mucho más, el auto control que tenía sobre sí mismo era digno de alabar.

También los demás, pero en concreto él; había hecho el amor de forma pasional y en ningún momento sintió miedo porque él tuviera el más mínimo desliz.

El pensar en Edward la pilló de sorpresa, ya que era algo que controlaba mucho. Desde aquella fatídica noche, se había jurado no pensar más en él. El daño que le había ocasionado era de magnitudes inmedibles.

Lo que también le sorprendió era darse cuenta de lo fácil que había entrado en su mente; en el momento en que había tenido un subidón de adrenalina y no estaba en plenas facultades para controlar sus pensamientos, Edward se había hecho un hueco con suma facilidad para colarse en su mente.

De lo que también fue consciente, es que, por mucha rabia que le diera admitirlo, seguía amándolo desesperadamente; y el enfado se había disipado en cierta medida.

Seguía sintiéndose traicionada, sobre todo por todo lo que habían tenido que pasar y que él lo tirara todo por la borda, justo cuando parecía que el destino se ponía de su lado, al fin.

Entonces comprendió que su habitual malhumor sería desatado por eso… Por seguir amándolo. Por no haber sido creación de él, como era el plan. Por no estar con toda la familia en estos momentos, arropada... Por todo lo perdido.

Dándole vueltas a esas cuestiones, un olor extrañamente familiar le llegó por sorpresa.

Alzó la cabeza, olfateando.

- ¿Edward?

Pensó exaltada. Un cúmulo de varios y diferentes sentimientos, se arremolinaron en su cerebro.

- Bella - La llamaron, haciéndola congelarse en su sitio.

Esa voz… Era sumamente familiar, pero estaba segura a un 95% que no era la de Edward.

- Bella… tranquila, soy...

- Carlisle - Murmuró. Y según lo dijo en voz alta, el nombrado se posicionó delante de ella. - ¡Carlisle! - Está vez, alzó la voz con entusiasmo y una notoria alegría.

Bella recorrió la distancia que los separaba y se lanzó a sus brazos, los cuales la esperaban abiertos y la recibieron envolviéndola fraternalmente.

- Hola preciosa - Carlisle le acarició la cabeza con mimo. - Te he echado mucho de menos. Nada es igual sin ti. - A Bella solo le faltaba ronronear como un gatito.

- Yo también te he echado muchísimo de menos. - Le respondió sin despegarse de él.

Tras un largo tiempo sin moverse, ambos rompieron el abrazo, pero sin separarse demasiado.

- ¿Qué es lo que sucede, pequeña? - Preguntó él con una mirada y voz dulces como el almíbar.

Se fueron a la otra orilla de la isla, lejos de oídos externos y tras acomodarse en uno de los idílicos acantilados, se pusieron a charlar, poniéndose al día.

El tiempo voló, mientras Bella le explicaba sus sentimientos y sus cambios de humor incontrolados, y Carlisle la escuchaba atento.

- Eso es simplemente que te convertiste con sentimientos contradictorios y estando en un estado de ánimo un tanto bajo. Demasiadas ideas por la cabeza. Y más aun estando encerrada en esta isla sin nada qué hacer. - Le explicaba él - Estas aburrida. - Se inclinó de hombros ante tan sencilla respuesta. - Y un vampiro nunca puede aburrirse, sobre todo en sus primeros años.

Bella pestañeó sorprendida ante la explicación de Carlisle.

- ¿Por qué no llamaste antes? - Bella frunció el ceño, contrariada.

- Yo no he llamado - sonrió dulce - A sido Alice. - Su hermana no se lo había dicho, pero no necesitaba la confirmación.

- Y… ¿Por qué no lo ha hecho antes? No entiendo porque ha dejado pasar tanto tiempo. - Bella suspiró. Había llegado la hora de tocar un tema un tanto delicado.

- Porque ella sigue enfadada con… Edward. - Según pronunció su nombre, tuvo que bajar la cabeza. Aún se le hacía difícil decirlo en voz alta.

- Y… ¿tu? ¿Sigues enfadada? - Le preguntó con cuidado, pero una ligera sonrisa traviesa asomaba entre sus labios.

- Si… - Contentó enérgica, pero tras apretar los ojos con fuerza y exhalar una fuerte bocanada de aire, se explicó. - Siendo sincera… no tanto como antes. Pero sigo sintiéndome decepcionada y frustrada. - Su gesto se endureció. - Aunque Alice y yo jamás hemos tocado el tema, sé que ella no lo ha llamado porque sigue muy enfadada con él, y supone que yo también. - Gesticuló con los labios una mueca divertida.

- Entiendo. - Carlisle se quedó pensativo, con un gesto facial muy particular en él cuando meditaba algo. - Tengo que decirte que… - Miró hacía Bella, sopesando cómo darle la noticia sin alterarla.

- Que Edward está aquí. - Afirmó tajante. Carlisle asintió, sorprendido. - Cuando te olí, pensé que eras él - Bella miró hacia el mar; al infinito. - Tienes su olor impregnado - El patriarca abrió los ojos extrañado; Bella nunca había olido a Edward siendo ella vampira, ¿cómo podía ser que reconociera su olor? - Ni yo misma sé cómo lo supe. Pero lo sabía, lo distinguí, lo reconocí. - Lo miró directa a los ojos. - Ha sido una pasada - Sonrió divertida.

- Es toda una hazaña, la verdad - Alabó. - Pero, no hemos venido Edward y yo… - Bella lo miró curiosa - Hemos venido todos. Todos se morían de ganas de verte. - Bella no pudo más que sonreír. - Necesitabas a tu familia.

Estaba deseando verlos. Más ahora que tenían la misma condición.

- Estoy deseando ver a Emmet. - Alzó las cejas, pícara. Carlisle soltó una carcajada.

- Él igual. Ha estado muy tristón sin sí.

Sin más demora, se pusieron rumbo a la casa, donde todos seguían esperando.

- . -

- . -

- Hemos respetado las habitaciones - Explicó Alice, para que cada uno dejara el equipaje en su dormitorio. - Bella está en una de las de invitados. Que ahora ya es suya - Sonrió, mientras Esme asentía complacida.

- La casa está muy bien cuidada, Alice. - La felicitó la matriarca. - Estando tu aquí durante casi dos años, esperaba encontrarme con una casa completamente diferente - Rodó los ojos.

- Los cuidadores siguen viniendo, por lo que se encargan de limpiar y mantenerlo todo bien… por eso sigue todo igual - Le guiñó un ojo a su madre.

- Eso lo explica todo - Ambas rieron por el comentario.

Una vez dejaron las maletas en sus respectivas habitaciones, se reunieron en el salón.

Era momento de ponerse al día.

- Cuéntanos. - Le instó Rose. - ¿Cómo fue… transformarla? - De sus ojos salían chispas de curiosidad.

- Pues fue… difícil. Y muy… - Alice miró hacía Jasper en busca de apoyo, ya que no le salían las palabras adecuadas.

- Sentimental. - Agregó él. Alice lo miró con infinita dulzura. - Ya no era solo el hecho de que ella debía convertirse para evadir a Victoria y los Vulturis, si no que Bella, lo había decidido. Realmente estaba convencida de ser una de los nuestros. - Toda la sala estaba sumida en el más estricto de los silencios. - Y si algo salía mal, el problema no era daros la noticia a vosotros, que también - alzó ambas cejas. Edward apretó los ojos ante semejante idea - Sino los remordimientos. - Jasper miró hacia su esposa, la cual asintió ante su explicación.

- Cuando la mordí… - suspiró, y Edward contuvo la respiración - y su sangre entró en mi boca… - Abrió los ojos con angustia - Fue… indescriptiblemente difícil parar. Pero - Sonrió - pensé en ella… a mi mente vinieron recuerdos nuestros, juntas y eso hizo posible que parara. - Alzó la cabeza triunfal, lanzándole una mirada directa a su hermano - Y, pensé en ti. - Edward le mostró una sonrisa tierna. - En que me matarías si no paraba y la mataba. - Le dedicó un mohín con la boca, mientras Edward asentía discretamente.

El nombrado se levantó del sofá y se acercó a su hermana. Lo que realmente le apetecía era estrecharla entre sus brazos, pero no estaba seguro de semejante gesto.

Sabía que su hermana lo había perdonado, pero…

- Gracias. Gracias por cuidar de ella y… Gracias por parar.

La mirada de Edward mostraba unos ojos completamente enamorados. Por lo que Alice se sintió aún más perdida ante los motivos de su hermano de no buscar o intentar comunicarse con Bella.

Entonces, al fin, se abrazaron.

Se fundieron en un gesto tan lleno de amor fraternal, que cortaba la respiración de lo intenso y bonito del momento.

- No vuelvas a defraudarme así – le susurró ella al oído. – Te quiero demasiado para volver a enfadarme así contigo.

- No lo haré. Me has hecho tanta falta…- le confesó Edward. – Pero me alegro que te quedaras con Bella; ella te necesitaba aún más. – Alice asintió, aún entre los brazos de su hermano predilecto.

Edward se dirigió a la puerta acristalada que daba a la terraza. Necesitaba un poco de oxígeno.

Según salió, un olor extrañamente familiar, le llenó las fosas nasales.


Espero que os haya gustado.

¿Qué le pasa a Bella?

Solo está aburrida, o ¿es que hecha en falta a un guapísimo vampiro?

Besosssssssss

*Espero que las que leíais este fic, volváis a tomarle el hilo y queráis seguirlo.