Capítulo 36
La bala sigue en la pistola
Mika se acerca a Carl y a mí, es la primera vez que lo hace. Perder a su hermana y a su padre tan seguido no debe de haber sido fácil, aunque por mi parte me alegro por lo de Lizzie, las ideas que tenía sobre los caminantes eran peligrosas.
Sinceramente creo que con su muerte hemos esquivado una bala.
-Hola.- Dice tímida sin animarse a entrar en el puesto de vigilancia. -¿Puedo?-
-Claro,- la anima Carl, siempre tan amable. Por mi parte continúo afilando mi cuchillo.
-¿Sigue sin hablar?- Le pregunta a mi amigo.
-Lo hará cuando tenga ganas.- Dice él sin darle importancia pasándole uno de nuestros comics. –Bienvenida a la atalaya.-
-Gracias… Siento lo que mi hermana dijo sobre los caminantes, lo de que eran personas. Ella estaba enferma, creo.-
-Eso da igual, no merecía lo que le hizo Andrea.- La consuela Carl, tras eso ella no dice más, no hace falta.
Al parecer volvemos a ser tres, el silencio es agradable, todos estamos demasiado heridos como para que las palabras puedan significar algo.
Es el hecho de estar acompañados, sin más, lo que nos ayuda.
Me quedo perdida en el reflejo de mi hoja, ¿qué se sentiría al destripar con el a mi hermano?
-Gin.- Me llama Carl serio sacándome de mis oscuros pensamientos. -¿Estás conmigo?- Asiento y vuelvo a afilar mi cuchillo. Pase lo que pase, siempre estaré de su parte, siempre.
…..
Cuando me despierto Daryl ya no está en la celda, últimamente parece inquieto por algo, pero no estoy segura de porque.
Sé que cuando entró al pabellón A para darnos los medicamentos le asusté, pero no creo que se trate de eso, o al menos no del todo.
Me visto, mis vaqueros rotos, mis botas militares y una camiseta negra que deja el hombro al descubierto, me asomo a la barandilla y veo a Carol entrar verdaderamente malhumorada, cosa que me sorprende, juraría que por regla general suelo ser yo la que le lleva a ese estado.
Pero antes de que pueda darle vueltas a la posibilidad de bajar y preguntar que la pasa, unos brazos me levantan del suelo.
-Poni tarado ni siquiera he desayunado todavía.- Me quejo entre risas. ´Tras estrujarme como si fuera su peluche favorito me deja de nuevo en el suelo.
Su sonrisa es amplía, parece emocionado, aunque me parta un rayo si sé porqué, tengo la sensación de que hoy no va a ser mi día, quizá me equivoque.
-Mira.- Me enseña el refuerzo metálico que siempre lleva Merle sobre el muñón.
-¿Se lo has robado?- Pregunto resistiendo el impulso de llevarme una mano a la frente.
-Técnicamente no del todo.- Dice intentando parecer inocente y fracasando estrepitosamente.
-¿No del todo? Vas a tener que explicarme eso.- Me cruzo de brazos conteniendo una sonrisa.
-Veras Kong estaba roncando a todo pulmón así que supongo que no me oyó, pero pese a eso te aseguro que antes de quitarle el refuerzo yo se lo pedí prestado, y él no dijo no, así que técnicamente no es del todo un robo.-
-Ajá,- le evalúo y por fin se me escapa una risa. –Puede que dado que estaba dormido él discrepe profundamente en cuanto a que no haya sido del todo un robo.-
-Vamos Rainbow no seas as…-
-CASTILLOOO- La voz de Merle reverbera hasta los cimientos y mi unicornio se encoge a mi lado.
-No me has visto,- dice antes de bajar corriendo las escaleras. Dos segundos después pero ya demasiado tarde aparece Merle resoplando.
-Lo voy a matar, ¿dónde cojones está ese picha floja?- Me pregunta cabreado como un rinoceronte.
-Pues técnicamente teniendo en cuenta la velocidad a la que ha salido por patas cuando has gritado no puedo asegurar categóricamente que no haya saltado de un brinco la alambrada.-
Aprieta los dientes furioso. –El cabrón se cree muy gracioso.-
-A ver, reconoce que no es para echarse a llorar.-
-Oh él va a llorar, te lo aseguro.- Una sonrisa guarra se le dibuja en la cara sin que él lo note, por mucho que se queje, le encanta que Ale le de excusas para poder echársele encima.
-Voy a desayunar.- Digo bostezando y estirándome todo lo larga que soy, que no es mucho.
-Bonita cintura,- dice con su tono pervertido.
-Ve a meterle mano al unicornio y olvídame.- Le digo enseñándole mi dedo de en medio.
-Que te den,- me gruñe.
-Oh ya lo hace tu hermano grandullón, y muy bien.- Afirmo bajando las escaleras. –Y por cierto, creo que deberías ponerte unos pantalones antes de perseguir a nadie.- Se detiene en seco detrás de mí. Una risa se me escapa al oír sus maldiciones, poco a poco la prisión recupera su ritmo habitual.
De una forma u otra, la vida sigue adelante, estemos listos para ella o no.
…..
Exhalo y el humo sale de mi boca ascendiendo lentamente hacia el cielo.
Necesito salir de esta prisión, si no fuese porque esto es más seguro para Cass ya le habría pedido que se fuese conmigo, lejos.
Tiro la colilla al suelo cuando veo a Ale salir corriendo con algo entre los brazos.
Sonrío a mi pesar.
No, ella no es la única por quien sigo aquí.
Ellos son mi familia. Por mucho que lo desee no podría simplemente irme y dejarlos a su suerte.
Pero es que… Las paredes de la prisión se retuercen a mi espalda, listas para caer sobre mí y aplastarme.
-Le di,- me dice animada Beth, yo le doy otra flecha para que la coloque en la ballesta. –Reconócelo, soy una alumna aventajada.-
Eso me trae recuerdos de cuando le enseñé a disparar a Cass, diablos, parece que ha pasado una vida desde entonces
-Tal vez tengas un buen maestro.- Ella hace un puchero cuando le contesto eso.
-No me quites mérito.- Levanto las manos en un gesto defensivo y veo como vuelve a colocarse en posición. –Oye Daryl.- Asiento distraído. –¿Crees que bastará?- La miro sin entender. –Con el muro de coches, es decir, no es que no sea una buena solución pero…- Dispara y guarda silencio.
-Estaremos bien.- Le aseguro recordando el rostro de Cass bañado por la sangre y con el tubo del respirador en la garganta. Creo que pasará un tiempo antes de que deje de tener pesadillas con eso.
-…. Es que a veces luchar parece no ser suficiente. Es como si nos mantuviésemos al borde de un acantilado, esforzándonos en no caer.-
-¿A dónde quieres llegar?- Sus ojos claros se clavan en mí, es como si tratase de decirme algo desesperadamente.
-A que por mucho que nos esforcemos por mantenernos firmes, solo hace falta un pequeño empujón para que todo se quiebre.-
-Los coches aguantaran, y pronto pondremos también estacas en el suelo para que los hijo de puta se queden ahí clavados.- Ella niega, y yo me siento como si estuviese en el colegio y fuese demasiado lento para entender la lección.
-Los coches no hubieran evitado la gripe, ni pueden evitar otras cosas.- Me pasa la ballesta desganada.
-Eh ¿todo va bien?- Al salir del pabellón la vi preocupada y pensé que esto la animaría, que estúpido.
Sus grandes ojos azules se clavan en mí, paralizándome ante el abrazo que me da por sorpresa.
-Gracias Daryl.- Palmeo su hombro incómodo en un intento por consolarla. Da un profundo suspiro y se aparta. –Estoy bien, es solo que a veces es difícil.-
-No tiene porque serlo, no te olvides de que estamos en esta mierda contigo.- Se ríe al escucharme.
-Lo sé,- una sonrisa suave se dibuja en sus labios. –Solo dime una cosa, si… Sí Cassidy escogiese un camino distinto, si ella hiciese las cosas de otra manera con la que los demás no estuvieran de acuerdo, a ti eso te daría igual ¿no? Seguirías a su lado porque la amas.-
Frunzo el ceño pensando en ello, -si tuviera que escoger entre el mundo y ella, siempre la elegiría a ella.- Admito sin tapujos. -¿Pero a qué te refieres con hacer las cosas de manera distinta?-
-A nada en concreto.- Dice negando con la cabeza. –Solo era algo que rondaba por mi cabeza, no me hagas caso, la gripe y todos los que hemos perdido ha hecho que tenga pensamientos tontos.- La miro desconfiado ante eso último. –Ninguno sobre hacerme daño. Tranquilo. Será mejor que vaya a ver si Maggie necesita ayuda con Judith.- Se despide de mí con un beso en la mejilla.
A pesar de que haya dicho que no es importante no puedo dejar de pensar que miente pero ¿sobre qué?
Maldigo en voz baja, las adolescentes no son lo mío.
…
Michonne se sienta pesadamente a mi lado. -¿Qué tal lady samuray?- Digo viendo su cara de hastío.
-Dado que le he visto la raja del culo a Merle, no demasiado bien.- Al escucharla escupo el agua que estaba bebiendo, añoro mis batidos de frutos rojos.
-Perdona ¿qué?-
-Lo que has oído,- arruga el entrecejo. –En fin, al menos ya hemos terminado de traer coches y de colocarlos.- La estudio cuando dice eso.
-No estarás pensando en volver a marcharte.- Literalmente me lanzo a su cuello como si estuviera en Disneyland y ella fuese mi personaje favorito de la franquicia. –No, lloraré, y patalearé hasta darte tanta vergüenza ajena como para que te quedes, lo juro.-
-Me estás asfixiando.- Me separo de ella pero solo lo justo para sacarle morritos.
-No te vayas, por fa.-
-No iba a decir eso.- Me asegura riéndose.
-Ah vale,- vuelvo a mi sitio como si no acabase de montar un jodido espectáculo digno de una telenovela mexicana.
-Eres para echarte de comer aparte.- Niego con la cabeza y sonrío mordisqueando una zanahoria.
-Hablando de comer, echo de menos las galletitas con forma de dinosaurio, aunque era una putada que los hiciesen a todos mirando para el mismo lado, así era imposible hacerles pelear.- Digo pensativa con mi zanahoria en la mano.
Ahora es el turno de Mich para escupir. -¿Cuántos años tienes? ¿Ocho? Aunque tengo que reconocer que tienes un buen punto ahí.-
-Por supuesto que lo tengo.- Nos quedamos calladas, relajadas la una con la otra.
-Oye, ¿has notado que Rick…? Bueno, que él…-
-¿Está más huraño de lo usual?- Termino por ella, -sí, le pedí a Daryl que hablase con él.-
-¿Y?- Pregunta con interés.
-Nada- me encojo de hombros –que hay cosas en las que tiene pensar, pero que no están relacionadas con la prisión.- Michonne frunce el ceño.
-No está bien que se guarde sus preocupaciones para él solo.- Alzo una ceja en su dirección en cuanto termina la oración. –Es distinto.- Se defiende.
-¿Por qué? ¿Por qué se trata de ti?- Ante eso no responde. –No voy a ponerte una pistola en la cabeza y a obligarte a vomitar tu basura emocional, pero recuerda que tú me convenciste para que hablase con Maggie, a veces lo que cargamos por dentro pesa menos cuando lo sacamos afuera. Piensa en ello.- Le digo poniéndome en pie.
-Tal vez algún día.- Dice arañando suavemente la mesa.
-Voy a ver si le doy un beso de buenos días a mi hombre salvaje, luego te veo y preparamos las cosas para dentro de un par de días.-
-¿Para?-
-Nuestra escapada de chicas.- Le guiño un ojo. –Solas tú, yo, y un montón de cadáveres hambrientos. Piénsalo.-
La dejo atrás riéndose.
No creo que mis chicos se lo tomen con tanto humor, pero… Realmente necesito salir de aquí, cada día me siento más atrapada.
Al salir veo como Beth le da un beso a Daryl, sonrío al notar la tensión en el cuerpo de él.
Si se tratase de otra persona habría terminado con su culo en el suelo, pero Beth es especial.
-Hola bombón,- le digo dándole un azote en el trasero cuando llego a su lado. Él me mira por encima del hombro divertido.
-¿Qué son esas confianzas?-
-Las que tú me das,- digo disfrutando de como sus manos rodean mi cintura.
-¿En serio? No lo recuerdo.- Sus manos se posan en mi trasero y con un pequeño impulso mis piernas rodean sus caderas.
-Tendré que refrescarte la memoria.- Deja caer su ballesta y me besa. Me pierdo en el hambre que siente por mí, -te quiero.- Digo aún con los ojos cerrados.
-Cass,- su voz suena tímida de pronto, nada comparado con su beso necesitado.
-¿Sí?- Le miro con curiosidad.
-Nada, no iba a decir nada.- Sé de sobra que no dice la verdad.
-A veces me vendría genial que vinieras con subtítulos incorporados para saber lo que piensas.- Le digo acariciando su cuello.
-Pensaba en algo que me ha dicho Beth.- Sus ojos me miran con intensidad. –Nada más.-
-Uuuhhh, ¿tenéis secretitos?- Le pico divertida. –Voy a tener que ponerme celosa al final.- Me rio ante la idea.
-No digas tonterías.- Gruñe apretándome más contra él. De pronto me asalta la convicción de que nunca estaremos lo suficientemente cerca, a pesar de estar piel con piel, cuando se trata de él, nunca parezco tener suficiente.
-Si hiciese eso no hablaría jamás.- Digo sonriendo.
-Voy a salir,- me suelta a bocajarro torciendo la boca. -Hace falta que unamos las planchas de metal que consiguió Karen con el soplete a los coches para reforzarlos.- Suspiro cuando las palabras abandonan sus labios, así que era eso. Está cansado de que lo mantengan alejado del bosque.
-Si le dices a Rick que prefieres ir a cazar algo lo entenderá, de hecho vendría bien.- Digo a mi pesar, ya que no me hace ilusión que se vaya durante mínimo tres días, pero sé que le hace fala. En la naturaleza es donde él se siente cómodo.
-No, él me necesita aquí. Sigue con la cabeza en otra parte y eso no me gusta.-
-Daryl,- me mira y me pierdo en sus ojos ¿cómo alguien que ha pasado por tanto puede tener una mirada tan inocente? –No te eches el mundo sobre los hombros, salvarnos no es tu responsabilidad.-
-¿Qué quieres decir?-
-Que si vas a cazar ni Rick va a perder la cabeza, ni yo voy a estar indefensa. Sé que lo de la gripe aún es muy reciente pero no puedes enjaularte aquí solo para estar seguro de que estamos a salvo.-
-No lo entiendes,- me deja en el suelo y coge su ballesta encaminándose a la puerta.
-No me des la espalda Daryl Dixon.- Aprieta los puños y me mira. Suspiro hondo, no quiero discutir, no quiero aunque él lo necesite para desfogarse. –Si tienes que irte hazlo, pero no me uses de excusa para quedarte.-
-Yo no estoy haciendo eso.- Parpadeo entre lágrimas rabiosas mientras él se acerca, odio cuando me pasa eso, me hace parecer vulnerable cuando lo que en realidad siento es una intensa ira.
-¿De verdad?- Le pregunto pero él no responde, solo aprieta la mandíbula, le he cabreado.
Bien, así somos dos.
-A veces eres imposible,- gruñe, ¿cómo demonios hemos acabado así?
-Puede, pero sigo teniendo razón. Ya vivimos en un mundo de muerte, no te acostumbres a hacerlo también en uno de miedo.- Solo quiero que confíe en mí, que me cuente lo que le preocupa sin tener que sacárselo a base de arrinconarle, ¿de verdad es tanto pedir?
La tensión entre nosotros se acumula como una bomba a punto de estallar.
Miedo.
Todo se reduce a miedo.
-Voy a hacer mi trabajo.- Me da la espalda y yo me debato entre su orgullo y el mío.
Si yo soy imposible, él no es ningún cuento de hadas. Pienso malhumorada.
A pesar de todo me abrazo a su espalda obligándole a detenerse. Porque él es más importante para mí que todas sus malditas inseguridades.
-Escúchame,- le pido aferrándome a él. –No quiero que te vayas, pero necesitas hacerlo. No me hace falta ser ninguna genio para saber que te sientes atrapado. Porque para ser honesta a mí me pasa lo mismo, pero sé que a ti te afecta más.- Me muerdo el interior de la mejilla nerviosa. -Solo quiero que estés bien.-
En cuanto digo eso, o tal vez por el abrazo él pierde todo el impulso, permitiéndome sentirle cálido contra mi cuerpo a través de la ropa.
-Lo siento.- Murmura bajo. –Es que me jode que creas que eres una carga.-
-Sé que no lo soy, pero te conozco. No puedo retenerte aquí, ni quiero que sientas que debes hacerlo por lo que ha pasado.-
-Casi te pierdo, mientras estaba fuera.- Dice con la voz a punto de romperse.
-Fuiste a buscar medicamentos.- Se gira y acuna mi cara entre sus grandes manos.
-Lo sé,- besa mis labios y yo me derrito. –Pero no es la primera vez que casi llego demasiado tarde.- Se separa de mí reticente. –Dame tiempo.-
-¿No te basta con mi corazón?- Pregunto más tranquila. Su pulgar acaricia mis nudillos en un gesto tan natural entre nosotros que me saca una sonrisa tonta.
-Con eso es más que de sobra, pero para aprender a cuidarlo bien necesito tiempo. Dámelo. Dame tiempo a tu lado.-
De acuerdo, mi corazón se ha saltado un latido y mis bragas se han fugado a Madagascar, no me dirá mucho te quiero, no, pero claro, me dice cosas como esta y una no puede ser razonable.
-Eres un avaricioso.- Digo en un susurro, mirando al suelo sintiéndome tímida. Él me levanta la barbilla.
-Se trata de ti, por supuesto que soy avaricioso.- Frunce el ceño y cambia el peso de un pie a otro. -¿Estamos bien?-
-Sabes que sí angelito.- Se agacha para besarme y me cuelgo de su cuello. Me vuelve loca, y aunque a veces nos llevemos al extremo sé que él siempre será la razón que impulse mis latidos.
…..
Ale da una voltereta y se aleja de él como si fuera un puto acróbata del circo del sol.
El muy cabrón.
-¿En serio pretendías tomarme por sorpresa? Pero cariñosito,- niega suavemente con la cabeza a la vez que le mira son esa puta sonrisa burlona que tanto le atormenta antes de dormir. -¿Cómo ibas a hacerlo si resoplas como un rinoceronte asmático?-
-Te voy a dar yo a ti rinoceronte asmático.- Intenta placarle para tumbarle en el suelo, pero el jodido cabrón hace un recorte y se le escapa por apenas un par de centímetros.
-¿Qué me vas a dar exactamente?- La diversión brillando en sus ojos al saber que no puede atraparle, no en campo abierto.
La suave risa de los niños les distrae, apoyados sobre la barandilla, Gin, Carl y una niña rubia les miran como si fueran los jodidos dibujos animados de la mañana de un sábado.
Aprovechando su descuido le da con el hombro en el costado, eso parece ser suficiente para que Ale suelte su refuerzo.
-Mierda.- Se agacha a recogerlo para evitar que él lo haga antes, justo lo que esperaba, ya le tiene. Literalmente se sienta a horcajadas sobre la espalda de Ale.
Él se encabrita como un joven potrillo molesto porque le pongan la silla de montar por primera vez. Intenta alejar su mente de esos derroteros antes de que el pequeño Merle se anime entre sus piernas.
-Ahora no te parece tan gracioso ¿eh listillo?-
-Por piedad quítate de encima me estoy clavando tu refuerzo en el estómago.-
-Ja, ja, ja- se ríe secamente, omitiendo el pensamiento de que lo que debería clavarle es otra cosa bien distinta. -¿No lo querías? Todo tuyo.-
-Vale, vale, era una broma sin gracia, lo siento.-
-No es suficiente,- le gusta tener el poder sobre él para variar. Tira de su pelo y le obliga a levantar la cara del suelo. –Convénceme.-
-Ah,- gime –joder mamón te estás pasando.- Se queja apretando los labios, la vista de Merle se desvía a los tendones marcados en su cuello debido al esfuerzo que Ale hace por intentar resistirse.
-Di, soy una putita y me encanta tenerte encima.- Está jugando con fuego, si realmente él claudica y le dice eso se empalmará sin remedio.
Lo que sería un jodido problema.
-Ni de coña, además tú lo sabes, si aquí hay un putito ese eres tú cariñosito, y ni todos los tirones de pelo podrán conseguir que diga lo contrario.-
-Cabrón.-
-Mamón.-
-Soplapollas.-
-Lame burros, hijo de una camella artrítica y un coyote bizco.-
-¿Qué has dicho?- Ha hablado en español y no le ha entendido ni una mierda.
Ale se tensa bajo él y parece dudar.
-Si te lo digo me pegaras.-
-Lo haré de todas formas.- Le aprieta la cara contra la arena. –Llora, llora.- Dice divertido.
-¿Se puede saber que estáis haciendo vosotros dos?- La serena voz del sheriff pelotas de plata les saca de su burbuja.
-Nada de nada, agente. Solo una charla amistosa.- Le asegura conteniendo sus ganas de decirle que eso no es su puto asunto.
-Quiere matarme.- Se queja Ale como un crío de parvulario.
-Merle, quítate de encima.- Le ordena Rick como si hablase con un chico que ha hecho una estúpida pintada en el centro cívico del pueblo.
-Él me robó.- Se excusa apartándose malhumorado. En cuanto Castillo está libre se levanta con agilidad lanzándole su refuerzo que atrapa por poco con su única mano.
Por su parte el sinvergüenza se apoya en el hombro del cerdo con total descaro.
-¿Nos buscabas para algo?-
-Para que al menos tú seas útil, voy a salir con Daryl, estaría bien que nos cubrieses con tu fusil, ¿aún te quedan bombas de ruido?-
-No, pero podemos coger la radio de Patrick, el chaval ya no la necesita, me doy una carrerita, la dejo en el bosque y listo.-
-Bien pues…- La vista del Sheriff se desplaza y ellos le imitan con curiosidad.
Su hermano y la rubita parecen estar discutiendo, ¿de qué manera habrá metido la pata ese grandísimo zoquete?
Él le da la espalda y Merle se plantea darle un par de guantazos para que espabile, pero ella le abraza por detrás, se quedan así por unos minutos hasta que él se gira para tomar la cara de ella entre sus manos insensibles.
Sabe que para su hermano esa pérdida de tacto es una agonía que le corroe más de lo que va a admitir jamás.
-Si le doy un fusil ella también podría venir, dos armas siempre es mejor que una.- Dice Ale apartándonos de la tierna escena.
-Sí, haz eso.- Le responde el hombre distraído dándose la vuelta y alejándose a paso veloz, como si algo le hubiese molestado.
-¿Qué diablos le pasa?- Pregunta el mayor de los Dixon escupiendo al suelo.
-No estoy seguro.- La seriedad con la que dice eso mientras ve al otro alejarse consigue preocuparle.
-¿Crees que pasa algo?-
-Oh, algo está pasando, eso lo tengo claro, el qué es otra cuestión.- Tras ese comentario se sacude igual que un perro lo haría tras haberse empapado para quitarse el agua. -Voy a los juguetes, oye ¿me harías un favor?-
-¿Estás jodiendo conmigo?- Le ladra. -¿Después de lo que has hecho tienes los huevos de pedirme un favor?-
-Siempre he tenido más pelotas que cerebro.- Responde con desinterés encogiéndose de hombros.
-Cabrón,- murmura Merle sabiéndose incapaz de negarle algo que realmente el otro necesite. -¿Qué cojones quieres?-
-¿Te importa darle una de tus clases a Gin?- Ambos miran hacia la torre, los niños han vuelto a meterse dentro. –Creo que le vendría bien.-
-¿Sigue sin hablar?-
-Consigo que se ría, y por las noches se abraza a mi como si fuese un pequeño Koala pero…- Niega preocupado. –Ni Karen ni yo hemos conseguido que hable, no quiero obligarte, solo he pensado que… Bueno.- Me mira divertido.
-Que como soy un tocapelotas conseguiría hacerla hablar aunque sea para insultarme.-
-Quizá.- Se rasca la nuca, y eso le hace parecer mucho más joven, como un chaval preparando una trastada. –Pero no te pases.-
-El excesivo eres tú capullo, no yo.- Le recuerda falsamente molesto. –Cuenta conmigo.-
-Gracias.- Los ojos de Ale se clavan en los suyos.
Esos malditos ojos entre verdes y azules.
Sin darse cuenta le ha puesto el refuerzo y se lo ha atado con dedos ágiles.
Pero antes de que pueda decirle alguna gilipollez él ya se está alejando, listo para seguir las órdenes del imbécil que le dejó esposado a una azotea.
-He quedado relegado al papel de una puta niñera.- Maldice. –Hay que joderse.- A pesar de renegar de su suerte, era algo que ya estaba planteándose hacer, pero Castillo siempre se le adelanta.
El cabrón es mucho más listo de lo que la gente cree.
…
Soldamos las placas con cuidado.
En el bosque a toda potencia se oye a Elvis Presley, cosas de Ale.
Sobre un todo terreno el susodicho hace guardia con un fusil.
Connors lo imita sobre un Chevrolet tostado sin perdernos de vista, por si de pronto algún caminante decidiese que somos más llamativos que El Rey.
Tuerzo la boca. –Oye Daryl, ¿todo bien?- Pregunto señalándola. Él me mira sorprendido porque haya roto el silencio, últimamente no soy muy comunicativo con él, pero la verdad es que no sé como cojones comportarme.
Pensé que tomarme mi tiempo y algo de distancia me ayudaría a aclárame.
Me equivoqué.
Estoy igual de confuso que cuando hablé con Andrea.
Él la mira y una sonrisa suave relaja algo sus rasgos.
-Sí.-
-Me pareció que estabais peleando.- Digo tanteando el terreno pasándole otra plancha.
-Lo estábamos, ella…- Piensa lo que decir a continuación. –Sencillamente me conoce demasiado.-
-Siéntete afortunado, si cabreaba a Lori lo mínimo que estábamos sin hablarnos era un día, eso en los buenos tiempos.- Se le escapa una risa seca cuando le cuento eso.
-Creo que me volvería loco si ese fuese nuestro caso, seguramente iría arrastrándome a sus pies como un jodido perro arrepentido.-
-Ya, el matrimonio cambia ciertas cosas, después del sí quiero en vez de una unidad, de pronto hay bandos.- Creo que es la primera vez que hablo de Lori sin sentir que me ahoga el arrepentimiento.
-Entonces me alegro de no estar casado.- Al darse cuenta de que la miramos nos lanza un beso coqueta.
No puedo evitarlo, eso hace que se me escape una sonrisa.
-Sea como fuere, ¿a que venía la discusión?-
-Sobre la caza, ella cree que debería ir, yo también pero…-
-No quieres dejarla atrás.-
-Exacto.- Los músculos de sus brazos se tensan al levantar otra placa.
-Es natural, lo de la gripe ha sido un duro golpe.-
-No solo eso,- noto que no está seguro sobre si decirme algo o no.
-Dispara,- le animo quitándome el sudor de la frente con el puño de mi camisa.
-Si me voy, ¿podrás con ello? Últimamente tu cabeza no está donde debería.-
Se equivoca, es mi corazón quien está en el lugar incorrecto. –Puede que no esté siendo muy sociable,- admito. –Aun así, eso no significa que no tenga la lucidez necesaria para proteger este sitio.- La miro de reojo tumbada sobre el techo del coche, con el pelo recogido en una coleta y las mejillas pintadas con tizón negro para impedir que el sol la deslumbre, sin perder de vista la línea de los árboles. –Dicho esto, admito que preferiría que esperases un poco, al menos hasta que hayamos solucionado el como cerrar el muro de coches.-
-Puedo esperar.- Como siempre, pase lo que pase puedo contar con él. No hay amigo más leal y yo en cierta manera le estoy traicionando, ¿en qué clase de hombre me convierte eso?
…..
Después de comer, justo cuando me estaba quedando amodorrada sobre la mesa Merle me ha cogido del brazo izquierdo y me ha sacado fuera.
El cemento de la cancha quema mi espalda a través de la camiseta de tirantes que llevo por lo caliente que está. Gruño y me levanto con los puños apretados.
Karen nos mira con los brazos cruzados.
-Merle creo que te estás pasando.- Le dice ella preocupada por mí. No quiero que se preocupe, no quiero que…
-La ratita puede aguantarlo.- Dice al ver que me pongo de nuevo en posición de ataque. Me está enseñando a pelear con mis cuchillos, aunque evidentemente solo estamos usando trozos de madera.
-Pero…- Antes de que tenga tiempo de terminar esa frase me lanzo furiosa contra Merle, y de nuevo acabo sobre el cemento.
Tengo ganas de llorar, ¿por qué? ¿Por qué no consigo alcanzarlo?
-¿Gin?- Me llama preocupada y me pongo en pie, otra vez. Ella suspira.
-Te lo he dicho, es dura.- Alardea Merle, ella se le acerca y le susurra algo al oído, él pone mala cara pero asiente. Tras eso parece más calmada.
-Bien, Gin cielo, si me necesitas estaré en los cultivos.- Me acaricia la mejilla sin importarle que esté sudada, en un gesto maternal que me deja perpleja por lo bien que se siente.
-Bien, ahora hagámoslo enserio.- Dice Merle cuando nos quedamos solos. En lugar de su falsa navaja, intenta darme un puñetazo, le esquivo por instinto. Él sonríe exhibiendo todos los dientes. –Eso es, no pienses maldita sea, solo muévete.-
Despacio, pero cada vez más deprisa hace una serie de movimientos con la intención de darme, al fin mi mente se despeja de todo y en lugar de atacar a ciegas me concentro en la manera en que se mueve para mantenerme alejada del alcance de sus puños.
De pronto veo un hueco, golpeo con mi trozo de madera la parte delantera de su codo, eso le habría cortado los tendones si fuese un cuchillo de verdad, pero no lo es y para él no cuenta, me aparta de un empujón y vuelvo al suelo.
Al punto de partida, sin nada que hacer.
Un grito de impotencia se abre en mi garganta.
-Joder, ya era hora,- gruñe Merle. –A este paso pensaba que nos íbamos a quedar aquí hasta mañana.- Se agacha y queda en cuclillas ante mí. -¿Quieres llorar como una niñita?-
-Yo no soy una niñita.- Le grito sin levantarme, con las lágrimas derramándose en cascada por mis mejillas.
-Puede, pero sí eres una llorona.- Aprieto los puños. –Una llorona muerta.-
-No.- Me pongo de pie temblando de rabia. –No voy a morir.- No antes de ver morir a Ethan al menos.
-Lo harás si no eres capaz de ver lo que tienes delante,- sus rodillas crujen cuando se incorpora y hace una mueca. –Morirás por pensar demasiado. Dime una cosa ¿estás enfadada por lo de tu tía?-
-Sí,- y él no se hace ni una idea de cuanto.
-Bien, acumula esa ira hasta que puedas usarla, pero ni se te ocurra- su mano me aprieta el hombro. –Óyeme bien mocosa. Ni se te ocurra dejar que esa ira te controle, tienes que afilarla y usarla como uno más de tus cuchillos, si permites que sea más fuerte que tú. Estas muerta.-
-No es solo ira, quiero vengarme.-
-Andrea está muerta.- Me recuerda liberándome.
Si le dijese lo que sé, creería que me he vuelto loca, no me apoyaría como Carl a pesar de que no esté del todo convencido de lo que digo.
-Lo sé.- No digo más. ¿De qué serviría?
-Sigamos,- dice cogiendo su trozo de madera, -esta vez préstame atención a mí, y no a la basura que haya en tu cabeza.-
-Pero…-
-Pero nada, ¿puedes solucionarlo ahora?-
-No.-
-Entonces usa la ira que eso te da para impulsarte, pero déjalo aparte. Sigue adelante. Tarde o temprano el problema se resolverá o podrás actuar, hasta entonces déjalo correr.-
-Tú eres mi problema.-
-Exacto ratita, ahora sostén el cuchillo hacia arriba, aprovecha que eres bajita, eso es bueno, significa que tu eje de gravedad está más cerca del suelo y que tienes más estabilidad que yo.-
Esta vez todo va más despacio, repito los movimientos y despejo mi cabeza.
La tarde poco a poco va cayendo, apenas hemos parado para beber un poco de agua, siento los músculos de todo el cuerpo doloridos, estoy agotada y por primera vez desde que me di cuenta de lo que mi hermano había hecho, estoy tranquila.
Antes o después él y yo acabaremos en una situación de todo o nada.
Y entonces uno de los dos morirá. Hasta que ese momento llegue me prepararé para hacerle frente.
Me siento cansada en los bancos de la cancha, Merle me imita resoplando como una locomotora averiada.
-Gracias,- digo bajito disfrutando de los últimos rayos de la tarde.
-Solo una cosa más ratita.- Le miro apoyando mis codos sobre mis rodillas. –Ale puede parecer un alelado, pero no lo es. Si necesitas soltar algo, puedes hablar con él, está ahí para ti.-
Parpadeo despacio, -lo pensaré… Oye Merle-
-¿Qué?- Parece enfadado pero no lo está.
-Tú quieres al tío Ale, ¿a qué si?-
Él asiente, -claro que le quiero, pero matar, por ser un puto incordio.- Se pasa la mano por la boca en un gesto de molestia.
-¿Y a mí?- Le pregunto divertida, él bufa ante mi pregunta.
-A ti otro tanto, te metía en un saco y te tiraba a un río.- Me golpea la rodilla con su refuerzo metálico y se me escapa una risita.
Más allá vemos como el tío Ale hace dar una vuelta a Karen antes de acercarla a su cuerpo y besarla.
Nunca le vi tan feliz con mi tía, me alegra que Karen le haga bien, pero me da pena por Merle, por el rabillo del ojo veo como se enciende un cigarrillo.
Merle es duro, puede soportarlo, y al contrario que lo que pasaba con mi tía, Karen parece caerle bien.
El mundo ha girado y todo ha cambiado una vez más.
-Todo cambia siempre. Ni siquiera el odio permanece cuando el corazón se detiene.- Susurro recordando algo que Ale le dijo a Shane hace mucho tiempo, antes de que llegáramos a la granja de los Greene creo, en su momento no lo entendí, pero empiezo a hacerlo ahora.
-¿Decías algo?- Me pregunta Merle.
-Supongo que no.- Me levanto y corro hasta el tío Ale, él me coge en el aire elevándome por encima de su cabeza dando vueltas.
-¿Te lo has pasado bien con el pulgoso?-
-Sí, he aprendido mucho.- Digo cuando me deja en el suelo. Karen me mira sorprendida, él solo asiente.
-Eso está muy pero que muy bien,- me pellizca la nariz –pero que no se te peguen ninguna de sus feas costumbres, que tiene muchas.-
-Descuida las que no aprenda de mí, las sacará de ti.- Le reprocha Merle.
-Menos mal que estoy yo para inculcarle algo de sensatez.- Dice Karen negando divertida.
-Pues sí, entre ellos dos me volverían majareta.- Le doy la razón y tomo su mano. -¿Vamos a cenar? Tengo hambre-
-A cenar se ha dicho.- El tío Ale agarra mi mano libre y así, juntos los tres, con Merle tras nosotros murmurando, nos reunimos con los demás.
Mi hermano se equivocó pensando que al matar a Kate me dejaría sola, tengo a mi familia conmigo.
Él es el único que no tiene a nadie.
Y al final, eso será lo que le haga perder. No es tan listo como se cree.
….
Cojo de la mano a Daryl y le sonrío, ha sido un buen día aunque hayamos tenido que sacrificar la radio. Habrá que pensar en otra tetra para engañar a los muertos mañana.
Tal vez podríamos dar una vuelta con la moto.
Eso estaría bien.
-¿Cómo es que no has discutido con Ale sobre quien ha matado más caminantes?- Me encojo de hombros mientras veo como mi hermano coge a Gin y da vueltas con ella.
-Necesitaba una victoria, Merle le ha hecho morder el polvo esta mañana.- Pestañeo sutil. –Pobrecillo.-
-Ya.- Daryl me mira suspicaz y nos detenemos. -¿Qué le has quitado?-
-¿Por qué supones eso?- Digo desviando mi vista a mis pies.
-Cass.-
-Está bien, está bien. Puede que me haya comido yo sola una tarta de manzana que hizo Carol la semana pasada y que me sienta culpable por no haberla compartido con él. Pero es que olía de muerte.- Confieso poniéndole ojitos.
-Que bruta eres a veces, podrías haberte puesto mala.- Dice mirando al cielo con fingida exasperación.
-Habría merecido la pena, te lo aseguro. Estaba buenísima.- En la zona de los cultivos Rick está agachado mirando unos tomates. –Adelántate, ahora te alcanzo angelito.- Daryl sigue mi mirada.
-Tal vez tú tengas más suerte con él que yo.- Acaricia mis nudillos con su pulgar.
-Te quiero.- Le digo antes de darle un beso rápido. Él me sonríe y se va a nuestro pabellón con el resto. Despacio respirando el aire de la calurosa tarde de Georgia me acerco hasta nuestro esquivo Sheriff. -¿Qué hay de nuevo viejo?- Le pregunto sentándome estilo indio a su lado.
-¿Qué?- Su cuerpo se pone rígido, -deberías ir con los demás a cenar.-
-Me apetecía tomar un poco de aire fresco.- Me mira con el ceño fruncido.
-¿No has tenido bastante?- Cuestiona molesto.
-Evidentemente no, además hace mucho que no te incordio.-
Guarda silencio y se sienta como yo. No sé qué interés le pueden despertar los tomates, pero nos quedamos en silencio mientras anochece.
-¿Qué es lo que quieres realmente?- Me pregunta claudicando.
-Saber lo que te pasa.- Con terrones de tierra suelta comienzo a hacer una pequeña cordillera. –Y no digas que nada, o que como no tiene que ver con la prisión no es mi asunto, eres un hermano para Daryl y un buen amigo para mí.- Le miro y sus puños están apretados sobre sus rodillas.
-¿No puedes dejarlo correr?-
-No, porque tú sigues mal.- Bufa y se remueve incómodo pero no se va. –Solo dilo, te sentirás mejor.- Le aseguro apoyando mi mano en su hombro.
-No puedo decirlo en voz alta.- Sus ojos se clavan en los míos. –Cuando disparas no puedes hacer retroceder la bala hasta el cañón del arma.-
Suspiro y vuelvo mi vista a mi pequeña cordillera.
-Rick, nadie tiene la vida comprada, así que endeudarse con el miedo es una jodida mala idea.-
-¿Qué quieres decir?-
-Qué si no es conmigo está bien, pero tienes que hablar con alguien, Hershel tal vez.- Le guiño un ojo. –Porque reconozcámoslo, estás de un humor de perros y tu encanto tiene un límite, antes o después recibirás un puñetazo. ¿Es eso lo que quieres?- Me levanto y le doy la mano para ayudarle a incorporarse.
-Cassidy,- hay algo en sus ojos, una especie anhelo que me hace retroceder ligeramente incómoda al reconocerlo cuando le tengo de pie ante mí. -¿Sabes lo que le pasó a mi mujer?-
-Sí, Daryl me lo contó, murió en el parto por la cesárea que tuvo que hacerle Maggie para salvar a Judith.-
-Eso solo es el final, mi compañero Shane, mi mejor amigo y ella…- Se atraganta con las palabras. –Me dieron por muerto y estuvieron juntos, pero entonces yo les encontré.-
-Oh joder.- Eso tenía que haber sido increíblemente incómodo.
-Mi mujer hizo como si nada y no me lo comentó, supongo que pensó que teníamos una segunda oportunidad para hacer las cosas bien. Pero Shane no estaba dispuesto a ceder. Intentó matarme, pero yo fui más rápido.-
-¿Entonces Judith?-
-Es hija de Shane.-
-Tal vez no.-
-Lo es, de alguna forma lo sé. En mi corazón siempre será mi hija, pero biológicamente hablando yo no la engendré.- Parpadea y noto como sus hombros se relajan. –Es la primera vez que se lo cuento a alguien.-
-Debió de ser muy duro.-
-Lo fue, Lori y yo jamás conseguimos arreglar lo nuestro después de aquello, ella lo intentó, pero me cerré en banda, creía que habría tiempo, quizá, más adelante.- Se le escapa una risa forzada.
-Siento mucho que tuvieras que pasar por eso.-
-Si Shane se hubiese mantenido alejado todo habría sido distinto. Pero no lo hizo.- Las palabras entre líneas de esa frase me golpean con fuerza en pleno tórax. Él se está manteniendo aparte, intentando actuar de la manera correcta, contrario a lo que su amigo hizo.
Santo infierno.
-¿Rick?- Incluso a mí me suena insegura mi voz al pronunciar su nombre.
-Ya lo sabes, no me hagas decirlo.- Me abrazo a mí misma sintiéndome fría repentinamente.
-Yo…- ¿Qué puedo decirle? Esto era literalmente lo único que jamás hubiese esperado, porque él es Rick el líder serio y guay. En serio. ¿Pero que carajos le ha pasado por la cabeza? A lo mejor Carol le ha intoxicado con la comida, eso explicaría que tenga ideas raras conmigo, sí, puede que no tenga sentido pero me voy a quedar con esa opción.
Él nota mi incomodidad y da un paso atrás. -Ve, ahora iré yo.- Niego con la cabeza, aunque me encantaría hacerle caso, dejar que se alinee así mismo no servirá de nada.
-Eso no es una solución, además sientes algo por Michonne.- Le recuerdo tratando de mostrarme serena.
-Cassidy.-
-Sé cómo me llamo.- Le sonrío, -ven a cenar con todos, tomate espacio conmigo si te hace bien, pero no te alejes del resto, te necesitan, y tú a ellos.-
-¿Se lo dirás a Daryl?- La duda le crispa el rostro.
-¿Para qué? La bala sigue en la pistola.-
-Pero tú sabes.- Insiste él nervioso.
-Yo sé lo que os pasó a Shane, a Lori y a ti, nada más.- Reticente me acompaña, nuestros pasos se detienen antes de entrar al pabellón. –Rick, tú sabes que no va a suceder,- digo señalándonos -con el tiempo estaremos como antes.-
-Gracias.- Me dice con el ceño fruncido.
-¿Por ser un incordio?- Pregunto poniéndome bizca. –De nada Sheriff Sexy.-
Se queda fuera pero no insisto porque entre, al fin dejo caer mis manos a mis costados y noto que tiemblan, eso ha sido intenso.
Niego con la cabeza en un intento vano de ayudarme a procesar más rápido lo que ha sucedido.
¿Rick sintiendo algo por mí? Es sencillamente de locos, Daryl no volvería a confiar en él si se enterase a pesar de que no haya intentado nada.
Su relación se rompería para siempre, no puedo consentir que eso pase, se necesitan, forman un equipo increíble.
Además, sienta lo que sienta por mí, también le atrae Michonne. Con él tiempo la confusión se calmará y lo verá claro. Al menos eso espero.
Ahora lo mejor es dejar correr esa conversación como el agua de un río, dejar que se vaya y se ahogue en el mar.
….
Me apoyo en la pared, no tenía planeado decírselo, ni siquiera de forma indirecta pero… Su mirada, su voz preocupada.
Al final las palabras salieron.
En cierta forma es un alivio, el oírle decir que nunca pasará nada entre nosotros a pesar de lo que siento, aunque no lo haya dicho así, ha sido como quitarme una espina de la mano.
Doloroso hasta cierto punto, y agradable a la vez.
Porque a pesar de que mi corazón no esté donde debe, el suyo está cómodo entre las manos de Daryl.
Y eso es todo lo que importa al final mientras el mundo sigue girando, ahora solo tengo que intentar recuperar mi equilibrio.
Es fácil quererla, pienso para mí sonriendo distraído.
-¿Todo bien?- Me pregunta Michonne mirándome seria.
Verla calma mis pensamientos, sigue aquí.
-Mejor. ¿Estabas en la torre?-
-Sí,- contesta sin darle importancia al hecho de que tras tanto tiempo vagando se haya integrado tan bien en la rutina de la prisión. -He pensado que yo podría ayudarte mañana a soldar las planchas y los Dixon ir a cazar, nos hemos quedado sin carne fresca.-
-Pues justo había hablado de eso hoy con Daryl, creo que te lo agradecerá.- Ella sonríe tímida. –¿Eso significa que vas a quedarte?-
-Me he dado cuenta de que he estado persiguiendo a un fantasma. Si está vivo, volverá sin necesidad de que nadie se deje la piel ahí fuera buscándole.-
-Me alegro.- Digo sonriendo. –De verdad.-
-¿Vamos a cenar?- Me pregunta ladeando la cabeza.
-Detrás de ti.- Respondo haciendo un gesto caballeroso.
-Vaya modales sureños.- Desvía sus ojos de los míos, pero su sonrisa me indica que le ha gustado.
-Los que una dama se merece.- Eso sí que le saca una carcajada.
-Cuidado, si me acostumbro al trato fino luego no querré otra cosa.- Me advierte, y juntos entramos en el comedor con los demás, todo saldrá bien, aunque para hacerlo primero tenga que ponerse el mundo del revés.
…..
Después de la cena Carol planta ante mi unicornio y ante una servidora tres tartas, el hecho de que lo haga para convencer a Daryl de que ella hace todo lo que puede por ser amable conmigo mientras que yo me mantengo fría con ella debería mosquearme.
Pero es que son tartas.
-Chííí, te queremos Carol.- Gritamos los dos a la vez.
Oficialmente somos más fáciles que la tabla del uno.
…
-Te das cuenta de que acaban de vender su amor por unas tartas. ¿No?- Me pregunta Karen riéndose sin tapujos, yo me encojo de hombros ocultando mi sonrisa tras un cigarro.
Jamás cambiarán.
-La última que hice desapareció,- les mira a los con los brazos en jarras. –Así que para que no discutáis aquí tenéis estas para vosotros solos.-
-Hey, no es justo,- se queja Carl.
-Para vosotros he hecho unas galletas, las tenéis en la cocina.- Gin y Carl salen perdiendo el culo sin molestarse en decir a donde van.
-Así que una tarta desaparecida. ¿Eh?- Acusa Ale a mi mujer, ella se sonroja e intenta esconderse detrás de mí llevándose una de las tartas, pero él la coge y empieza a hacerle cosquillas. –Traidora, destroza ilusiones, come bollos, rapaz hambrienta.- Le dice sin dejar de hacerla reír.
-Para, para, lo siento, Rainbow lo siente, de verdad. Es que estaba recién hecha, olía de vicio, empecé y no pude parar, como tú con aquella chica de Las Vegas por la que me dejaste tirada un día entero.-
Él se detiene en el acto y mira a Karen culpable. –A ver, técnicamente no fue así.-
-Fue literalmente así, estamos a pachas.- Grita ella luchando por soltarse de su agarre.
-No puedes comparar esto con aquello.- Se queja él.
-Claro que puedo y lo hago.- Insiste ella.
-Eres una manipuladora emocional.-
-Me lo enseñaste tú, las culpas al maestro.- Le dice chulita.
-¿Pero tendrás cara?- Cuando el rostro de Cass está tan rojo que empiezo a preocuparme un poco decido cortar el asunto de manera simple.
-Se os van a quedar frías las tartas y no van a estar tan ricas.- En cuanto digo eso, se lanzan a por ellas como si no hubiesen estado haciendo el indio un parpadeo antes.
-Tienes que enseñarme a hacer eso.- Me susurra Karen asombrada. –Ha sido instantáneo.-
-Lo único que necesitas es algo dulce, nada más.- Digo encogiéndome de hombros restándole importancia.
….
-Ay mi pobre panzita.- Me lamento, ¿y si al final Carol las ha envenenado? Sí, fijo, aunque si lo hubiera hecho también mataría al unicornio, y aparte, nada con veneno puede saber tan rico. ¿No?
Creo que estoy delirando ya, esto es el fin.
Me llevo una mano a la frente para realzar mi dramatismo.
-Mi pobesita chiquita. ¿Has comido mucho dulce?- Me dice mi unicornio con cara de felicidad, acariciando mi tripa en un gesto calmante que la verdad me alivia bastante.
-Chí.- Le pongo pucheros y Glen se ríe al vernos.
-Lo vuestro no tiene remedio, él día que encontremos una fábrica de bollos intacta moriréis por empacho.- Asegura nuestro coreano favorito, sin saber la razón que puede llegar a tener, estamos muy necesitados de azúcar y no tenemos fondo.
Así que bien podría suceder.
-Lele la panza.- Vuelvo con mi drama.
-Ay mi niña, malditos cólicos feos, los regañare ¿quieres?- Se ofrece mientras sigue acariciándome la tripita, que gustito.
-Ti, pegales.- Le digo a un tris de quedarme dormida.
-Pum, pum, pum, feos, dejad a Rianbow en paz.- Finge regañar a mi estómago.
-Bien, ya no me lele la panzita.- Digo agitando una servilleta como una banderita feliz.
Una carcajada general nos trae a la realidad.
Daryl simplemente niega con la cabeza sin poder ocultar su preciosa sonrisa torcida.
Karen por su parte apenas puede apartar las lágrimas que le caen a causa de la risa.
-Oh por favor Ale, te lo ruego, jamás seas así de cursi conmigo.- Le pide ella.
Eso saca más risas a los demás presentes.
Por nuestra parte nosotros nos miramos y nos encogemos de hombros.
-La envidia les corroe, claramente.- Me dice mi unicornio en tono confidente, el único fallo es que todos le escuchan. Más risas estallan por doquier.
-Menos mal que no eres un tipo celoso Daryl.- Dice Michonne. Él se rasca la nuca porque no es del todo cierto, pero más que celos, yo diría que las veces que hemos discutido por eso se trata de su inseguridad.
-¿Lo hacemos?- Me pregunta Ale, asiento y antes de que se lo esperen saltamos encima de nuestras respectivas parejas.
Hay días complicados y días buenos.
Mi mirada se encuentra por accidente con la de Rick, él asiente antes de seguir acunando a su pequeña.
Hoy ha sido bueno, y mañana será mejor para él porque ahora carga con un peso menos sobre los hombros.
Todo irá bien.
Hola almas corsarias. */*/*
Rick y Cassidy al fin han hablado y él no le ha dicho a las claras que siente algo por ella, pero nuestra protagonista que no es tonta ha leído entre líneas al contarle él la historia de Shane y Lori.
¿Todo se calmará o Rick meterá la pata?
Ethan permanece tranquilo tras el incidente de la gripe, pero le conocemos y no estará así por mucho tiempo.
El fragmento en el que Cassidy/Rainbow y Ale hablan como niños del dolor de tripa de ella es una petición de are221099
Gracias a poty90 por comentar en Fanfictió eres un tesoro.
Gracias también en el último capítulo por votar a WalkerDixon y DebieDaryl.
Y a DebieDaryl también gracias por comentar. Siempre ánima leerte.
Sin más que decir por el momento, espero que os haya gustado el capítulo, besototes for all.
