TE AMO

Van había desaparecido un par de días atrás, tiempo suficiente para que los ejércitos de Asturia comenzaran a movilizarse y las últimas tropas tuvieran todo listo para partir, lo único que hacía falta, era que los soldados estuvieran completamente listos, la fecha fijada para dejarlos ir era en dos días más.

Eries observaba a Folken trabajando en la enorme máquina que invadía la mayor parte de su habitación, la verdadera razón de que se le concediera una antigua bodega como habitación en un piso que no solía utilizarse por los nobles o por los invitados.

-¿En verdad crees que fue por ella?

El hombre de cabellos claros no volteó, siguió ajustando piezas pequeñas en la base y calibrando algunas cosas más a su alrededor, su espalda desnuda llena de sudor y polvo.

-Si, el Escaflowne no está y el vínculo entre esos dos no ha hecho más que aumentar con el paso de los días, ella no será libre hasta que la guerra haya terminado, y mi hermano no la dejará en paz hasta no hacerle saber lo que siente.

La consejera tomó una toalla para acercarse, entregándola al dueño del artefacto en cuanto éste se detuvo en su labor, sonriendo cuando la prenda fue aceptada, utilizada y devuelta sin miramientos.

-¿También buscaste algo en qué ocuparte cuando murió tu padre?

Se detuvo.

Folken se había convertido repentinamente en una estatua, con las manos en alto sosteniendo un par de instrumentos, uno para medir, otro para ajustar. Lentamente, aquel hombre volteó a mirarla con una cara estoica que intentaba no dejarla ver que, de hecho, había acertado.

-¿Qué te hace pensar…

-Van no te habla, no te visita, parece que solo se mantiene cerca para vigilar que no nos traiciones y todo está bien, la noche previa a enterarnos de que había desaparecido ni siquiera podías quitarme las manos de encima.

Lo vio sonreír de lado, una sonrisa torcida ante algún pensamiento lascivo dirigido enteramente a ella.

-Y desde que se fue -Prosiguió ella- solo te detienes de reparar eso para dormir y comer un poco, o si Dryden te llama para algo, en cuyo caso regresas aquí de inmediato.

Lo escuchó suspirar, lo vio bajando los brazos y acortar la distancia entre ambos, escuchó el sonido de las herramientas juntándose dentro de una garra metálica y un segundo después, el calor de una mano callosa acariciando su mejilla con afecto.

-Mi tiempo está cerca de su final, esta guerra también, la máquina debe estar lista cuando Hitomi esté de vuelta.

-¿Por qué?

Folken volteó hacia la máquina, su semblante antes dulce y ligeramente divertido había pasado a uno completamente serio y preocupado.

-Porque ella es vital tanto para esta máquina, como para la máquina del Imperio.

No tardó nada en leer entre líneas, debían usar el poder de la chica de la Luna Fantasma para ganar, lo que fuera que aquel hombre planeaba hacer, muy probablemente le costaría la vida.

-¿Has visto algo en esa cosa?

-¿Algo? -Murmuró él, volteando a verla con interés.

-En las conferencias decías que la máquina del Emperador era capaz de mostrar el futuro, diversos futuros, que podía brindar la oportunidad al usuario de hacer una elección y guiarlo todo al futuro predilecto.

-Así es.

-En ese caso, Folken, ¿lograste ver… el futuro en esta máquina?

No le gustaba los pequeños cambios que veía reflejados en aquel rostro justo ahora, lo hacía ver mayor, muchísimo mayor de lo que era en realidad… no le gustaba para nada.

-Logré ver algunos… pero no el que necesitamos, por eso debo ajustarla aún más, hasta poder encontrar un camino que nos lleve a destruir esa máquina infernal, uno que nos haga libres de elegir…

No pudo evitar colgarse de su cuello, apretujándose contra él con desesperación, sintiendo que se rompería en llanto si lo dejaba continuar. Él estaba enfermo, muy enfermo, no dudaría ni un segundo en sacrificarse si eso valía de algo.

-¿Qué hay de MI futuro? -Preguntó ella, frotando su rostro contra el pecho sudoroso y fuerte bajo sus brazos.

-Eries, ¡no…! ¡Dioses! Serás libre tú también de escoger, de tomar una senda y seguirla.

-¡Y TENDRÉ QUE HACERLO SOLA!

Podía sentir lágrimas brotando a raudales de sus ojos, podía sentir su cuerpo convulsionando ligeramente, el conocimiento jamás le había parecido una maldición como en ese preciso momento.

Lo escuchó suspirar. Lo sintió abrazarla. Sintió un beso depositado suavemente entre sus cabellos. Lo escuchó silbando aquella vieja canción de cuna faneliana, sin dejar de acariciarle la espalda en un intento por confortarla. Y a pesar de todas esas muestras de afecto, no pudo evitar llorar aún más.

Esa noche ambos durmieron juntos más tiempo del usual sin haber hecho más que abrazarse, ella no había podido marcharse a causa del miedo al futuro. Él no se había vuelto a despegar de ella ni cuando al fin dejó de llorar, ni cuando se había quedado profundamente dormida entre sus brazos o cuando la depositó suavemente en el lecho que no se suponía debieran compartir, no se separó de ella ni siquiera cuando los primeros rayos del sol intentaron colarse por un alto tragaluz que daba al suelo de los jardines, no se separó de ella ni siquiera después de que ambos se colocaron las pocas ropas que no habían estado usando la noche anterior, y por primera vez desde que iniciaran aquella extraña relación, la acompañó hasta su habitación, permaneciendo a su lado hasta estar seguro de que estaba mejor.

.

Aquella tarde Van había vuelto al palacio junto con Hitomi. Había sido cierto, el Rey de Fanelia había ido hasta la mismísima Luna Fantasma para buscarla.

Eries había estado ocupada haciendo algunas últimas revisiones antes del despegue de las últimas tropas al día siguiente, había hablado con Allen sobre lo que el regreso de Hitomi significaba para él, había hablado con Dryden en un intento por comprender que decisión planeaba tomar ahora que había confirmado que Allen seguía siendo un hombre importante en la vida de su esposa, había dado el visto bueno al único edificio que al fin habían terminado de reconstruir, encontrándose exhausta después de la cena, cuando pudo liberarse de toda preocupación.

Cuando se acercó a las habitaciones de Folken, se detuvo, él estaba acompañado. Decidió dar la vuelta y volver después, no tuvo que esperar demasiado, apenas había comenzado a subir las escaleras que la conducirían a los jardines, cuando escuchó la puerta abrirse y la voz de Hitomi deseándole las buenas noches a Folken. Sonrió con tristeza, si esa niña supiera lo que estaba a punto de suceder…

-¡Princesa Eries!

-¡Señorita Hitomi! Hace una noche majestuosa hoy, ¿no lo cree?

Había sido alcanzada por la joven de cabellos cortos justo a media escalera, respondiendo al saludo cuando estaban por llegar al final de esta.

-Si, lo es… ¿cómo han estado?

-Preparándonos para lo inevitable. ¿Cómo están las cosas en casa?

-Bien, yo… supongo que estará bien así… si… debe ser mejor así.

Sonaba triste, un poco desanimada, luego, de improviso, la joven había volteado a verla a ella, su rostro iluminándose con una enorme sonrisa sincera.

-Esta vez, haré lo que esté a mi alcance para apoyarlos -Dijo la castaña, doblando su cuerpo en una especie de reverencia- agradezco mucho que me acepten de vuelta con ustedes, estoy a su cuidado.

Eries asintió entonces, suponiendo que aquello debía ser algo de la cortesía que se le había inculcado a esta joven de ojos verdes y ropas estrafalarias.

-Gracias, ya que estás a nuestro cuidado, deberías ir arriba y descansar, tengo entendido que antes de venir a Palas, tú y el Rey de Fanelia se encontraron en un campo de guerra.

La vio abrir mucho los ojos, palideciendo de manera repentina y con el semblante atemorizado, luego la notó obligándose a sonreír, levantando cuerpo y rostro para mirarla intentando ocultar todas sus preocupaciones detrás de una mueca sonriente.

-¡Si!, si, es cierto, no era… no era lo que esperábamos encontrar al aterrizar… creo que le tomaré la palabra entonces, princesa Eries, ¡que descanse!

-También tú, Hitomi, que descanses.

La siguió con la mirada por el pasillo que bordeaba el jardín, viéndola desaparecer en la entrada a las escaleras que subían al primer piso del palacio, hasta ese momento se dignó sonreír, si lo que Folken había dicho la noche anterior era cierto, cada pequeño segundo que pudiera pasar junto a él valía ahora mucho más que todas las joyas, el oro y los energistos de toda Gaea.

.

Dryden se había ido junto con su comboy mercante.

Millerna había despedido a Allen como a un caballero y no como a un amante.

El último destacamento asturiano había salido a luchar en compañía del Rey de Fanelia.

Aquel había sido un día tan extraño desde que amaneciera, tan completamente extraño en todo sentido y en toda regla.

Ella había despertado en brazos de Folken, quien la escoltara de nueva cuenta hasta su habitación poco antes de que despuntara el sol, haciéndola sentir feliz, ella había dormido un par de horas más para no levantar sospechas.

Cuando despertó, había tenido que buscar el segundo bacín bajo su cama, vomitando sin poder evitarlo, la visión de Folken muriendo frente a sus ojos con una espada en la mano no dejaba de darle vueltas en la cabeza.

Aun era temprano cuando habló con Dryden, éste finalmente le había dicho su plan, dejar a Millerna ser libre para elegir con quien deseaba pasar el resto de su vida.

Un poco más tarde, justo después de que Allen y Van marcharan a la guerra, había preguntado a Millerna si podía ayudarla en algo, había asuntos pendientes por todas partes y Dryden había partido temprano, su hermana no solo le agradeció el ofrecimiento, también le pidió apoyo con algunas cosas y de paso, le comentó lo que había descubierto. Estaba perdidamente enamorada de Dryden, él volvería cuando pudiera, luego de que la guerra hubiera terminado. Aquella confesión no solo tranquilizaba a Eries, también la hacía completamente feliz.

A lo largo del día, Eries había ido y venido, había apoyado a su hermana, se había entrevistado con su padre, había supervisado y arreglado asuntos pequeños, sin embargo, el mal sabor de la pesadilla de la mañana la había tenido todo el tiempo en estado de alerta, completamente nerviosa, de tal manera que, apenas terminara la comida, había bajado a buscar a Folken. Él se había mostrado sorprendido de recibirla a esas horas, lo que fuera que la súbita intromisión causara, lo disimuló por completo, invitándola a pasar, ofreciéndole algo de té y charlando amistosamente, como si fueran buenos amigos de toda la vida. Ella se había ido poco tiempo después, ambos tenían cosas que hacer todavía y seguramente alguien podría notar la ausencia de ella arriba en la ciudad.

-Si lo deseas, podríamos tomar la cena juntos esta noche -Había ofrecido él en la puerta.

-¿En verdad? -Sonrió ella ante la perspectiva.

-Mhm -Asintió él- encontré algunos libros interesantes que podría interesarte debatir esta noche.

No pudo evitar reírse un poco ante aquel comentario, no estaba segura si él le estaba dando una coartada o si era una invitación seria a intercambiar opiniones, tal y como habían estado haciendo casi todas las noches, aunque estableciendo esta vez un tema y no dejando que el tema saltara por sí solo.

-Avisaré al servicio entonces, un poco de civilizada frivolidad intelectual podría ayudarme a acallar los nervios tras la partida de las últimas tropas.

Él simplemente asintió, había un brillo curioso en sus ojos y un intento en su rostro por evitar sonreír de forma retorcida, definitivamente, le estaba dando una coartada para estar con él más temprano de lo usual.

-Hasta esta noche entonces, Folken.

-Hasta esta noche.

.

-¿Está segura de que no lo ha probado antes?

Ella negó con la cabeza, había una enorme sonrisa en su propio rostro que intentaba disimular sin mucho éxito a decir verdad, optando por llevarse a la boca un último bocado de postre, aceptando que la persona que se les habían asignado retirara su plato y rellenara su copa con agua.

-Estoy segura, que recordaría un platillo tan estrafalario.

-Más allá de lo estrafalario, es una verdadera exquisitez, el contraste de temperaturas entre un bizcocho recién sacado del horno, con su relleno hirviendo y el dulce colocado por encima, refrescante y helado es… en verdad, apenas sea posible, debería probarlo, se lo recomiendo ampliamente.

El chico del servicio retiró ahora el plato de Folken, ofreciéndole un poco de vino que el hombre rechazó al cubrir su copa con la mano.

-Haciendo a un lado esta conversación sobre exquisiteces exóticas -Soltó Eries sin evitar notar el brillo de mofa en los ojos del faneliano, o la cara de fastidio del hombre del servicio- ¿qué libros son estos que ha encontrado y por los cuales estoy aquí esta noche?

-Bueno, son una verdadera joya de la literatura antigua, si me lo permite, nada menos que unos volúmenes en perfecto estado sobre los tratados comerciales con las tierras al otro lado de las grandes aguas.

-¿Se refiere acaso a "Cartas y bitácora de un cruce, de Adollus Acampa de Salanea"?

-Efectivamente, sabía qué si alguien tendría el intelecto y la sensatez para encontrar esta lectura increíblemente apasionante, sería usted.

No pudo evitar sonreír, estuvo a punto de soltar una pequeña carcajada al notar los rostros pálidos y somníferos del criado de cocinas y el rostro de evidente martirio de la joven que había ayudado a servir la cena al ver "escapando" a su compañero de trabajo y dejándola atrás junto a una bandeja con un par de tazas y una tetera de plata humeante y aromática.

-¡Me halaga, Lord Folken! ¿le gustaría ser usted quien comience con la disertación literaria del tratado comercial oculto entre las líneas de las cartas, o me dejaría a mí ese honor?

-¡Oh, por favor! las damas primero, ¡insisto!

Podía notarlo haciendo un esfuerzo notable por contener la risa, al mismo tiempo, la jovencita del servicio les entregaba a cada cual una taza y trataba de contener un bostezo, sin mucho éxito.

Eries decidió que ya habían torturado demasiado al personal de cocinas por un día, realmente no era necesario seguir con aquella fachada, ambos jóvenes informarían que la princesa de hielo y el estrategos extranjero eran las personas más aburridas y poco emocionales sobre la faz del planeta.

-Camil, querida, te noto cansada, realmente odiaría que derramaras té sobre nuestro invitado de palacio en tan honroso momento, deja las cosas y ve a descansar, puedo encargarme del servicio yo misma.

-Princesa, está, ¿está segura? Los nobles no deberían…

-Querida, soy perfectamente capaz de servir el té en medio de una fina conversación como esta y dejar el servicio en algún área cercana a las cocinas, ¡insisto!

La joven titubeó un momento, miró a Folken como pidiendo permiso, éste puso un semblante completamente serio, como si estuviera un poco exasperado por la súbita interrupción y asintió de forma descortés, haciendo algunos ademanes con su mano humana para que la criada saliera de ahí lo antes posible.

-Gracias, ¡muchas gracias princesa! -Exclamó la joven de no más de dieciséis años, visiblemente aliviada, antes de depositar el servicio en una mesita cercana, limpiar sus manos en el delantal con algo de nerviosismo y salir en tiempo récord.

La puerta se cerró, los pasos de la única persona en el pasillo resonaron apenas un par de segundos, hasta ese momento, los dos intelectuales soltaron sendas carcajadas, como dos chiquillos saliéndose con la suya durante una descarada travesura.

-¿En serio Eries? ¿"Cartas y bitácora de un cruce, de Adollus Acampa de Salanea"?

-No pude pensar en un título más antiguo y aburrido que ese -Se defendió la mujer entre risas abiertas y divertidas, cubriendo su rostro en un intento por mantener la compostura.

-¡Odié estudiarlo cuando era joven! -Comentó Folken aún riendo- mi tutor de historia debía darme alguno que otro azote cada vez que me quedaba dormido durante alguna disertación sobre los tratados comerciales.

-Si te soy sincera, el mío tenía el mal hábito de atar mi cabello a la silla, los tirones me despertaban apenas comenzaba a cabecear.

Ambos rieron de nuevo, esta vez con menos ímpetu que momentos atrás.

-¿Te parece si hacemos algo más, entretenido, que discutir esas absurdas y aburridas disertaciones sobre intercambiar basura por más basura, querida?

Ambos se pusieron en pie, sosteniéndose de los bordes de la mesa desnuda conforme se acercaban lentamente el uno al otro sin quitarse los ojos de encima.

-¿Algo más entretenido? ¿qué propones exactamente, mh?

Había medio paso entre ambos, él la veía de arriba abajo sin vergüenza alguna, despegando su mano de la mesa para pasear sus dedos por el brazo de ella, todavía unido a la superficie de madera donde el servicio se hallaba completamente olvidado, dándole escalofríos ante la lentitud con que había llegado hasta el cuello de ella.

-¿Tú qué crees? No sé tú, pero la idea de perderme en tu aroma, fundirme contigo en un solo ser y un solo sentimiento a esta hora no ha dejado de darme vueltas desde que nos encontramos más temprano, por la tarde.

Ella sonrió, besándolo apenas un momento antes de comenzar a desvestirlo, sembrando besos en cada pedazo de piel que quedaba a la vista. Él la correspondió. No era su hora habitual, no se habían visto a escondidas, el hecho de saber que arriba de sus cabezas, los demás sabían que estaban juntos sin que le prestaran la más mínima importancia, creyendo por completo algo que no era, resultaba ser excitante y completamente embriagador.

Hicieron el amor posiblemente dos veces seguidas, ella no podía evitar maravillarse cada vez qué lo veía llegar al éxtasis, tan magnífico e increíble con aquel par de alas negras a su espalda, estaba segura, era una imagen que se repetiría en su mente por muchos años más, posiblemente por el resto de su vida.

El cansancio estaba a punto de vencerlos, estaban completamente desnudos, sentados en la cama de Folken, envueltos todavía por las alas de él a causa del abrazo íntimo que compartían, la idea de pasar el resto de la noche a su lado bailando en su mente sin que pudiera evitarlo.

Lo sintió besarla en un hombro varias veces, llamando su atención sin poder evitarlo.

Sonrió para él. El faneliano le devolvió aquella sonrisa afectuosa y cómplice, acercándola un poco para depositar un beso sobre su frente.

-Eries, mi querida Eries, es hora de que vayas a descansar, éste ha sido un día extraño para todos, debes estar cansada.

-Pensaba que, tal vez, podría pasar la noche aquí, contigo, abrazados y compartiendo el calor, tienes que admitir que esta es una habitación más fría que las otras.

-Me encantaría Eries, sin embargo… estoy seguro de que alguien bajará a buscar esos trastes de té antes de lo que esperamos, mi intención no era exponerte.

Se alejó un poco para mirarlo, maravillándose de lo cálido que resultaba el mundo cuando estaban juntos entre aquellas alas de plumas negras.

-Tienes razón, ha sido agradable estar juntos como…

-¿Cómo marido y mujer? ¿Con todo el mundo sabiendo que estabas conmigo compartiendo alimentos y con nadie sospechando nuestras verdaderas intenciones?

Sonrió, asintiendo y depositando un beso sobre aquella boca que tantos discursos y sabiduría había repartido durante la última luna.

-Ha sido una ilusión realmente embriagadora, tanto que no quisiera deshacerla.

-Lo sé querida, pero es hora, vamos, realmente odiaría escuchar a algún idiota refiriéndose a ti de mala manera.

Un beso más y pudo sentir como la mayor parte del calor que los había cobijado durante el segundo acto desaparecía. Había guardado sus alas.

Se vistieron mutuamente, no había manera de ocultar las sonrisas de satisfacción de sus rostros, no esa noche, no luego de lo que había pasado.

Folken derramó todo el té en el área que le habían designado para el baño, regresando poco después con las tazas y la tetera completamente vacías y enjuagadas incluso, colocando todo cuidadosamente en la charola, misma que se ofreció a subir, no parecía dispuesto a dejarla cargar con aquella bandeja dentro de la habitación, ella era su invitada después de todo.

-Toma, te escoltaría arriba a las cocinas y luego a tus aposentos para asegurarme de que llegues sana y salva, lamentablemente, me quedan un par de ajustes que hacerle a ese trasto de al fondo.

Ella tomó la bandeja, permitiéndole abrir la puerta para dejarla pasar, sintiendo como era repentinamente atrapada desde la espalda por una garra metálica y un fuerte brazo de carne y huesos.

-Buenas noches Folken -Dijo ella, depositando un beso en la mejilla de su captor, segura de que aquel hombre estaba de tan buen humor, que había decidido portarse un poco infantil.

-Buenas noches a ti también, Eries

La había tomado de la barbilla, guiándola de vuelta a sus labios, un beso corto, suave, cargado de algo que no supo explicar y que la hacía desear más, lamentablemente, él la había soltado demasiado rápido.

-Te amo, mi querida Eries.

El corazón le dio un salto, se quedó sin aliento, mirándolo a los ojos y comprobando cuan sinceras eran sus palabras, si al menos no tuviera esa estúpida charola entre las manos…

-También te amo, Folken.

-Hasta mañana.

-Hasta mañana.

Caminó fuera de aquella habitación que le parecía una realidad distinta, volteando cada tanto, sorprendiéndose de que el alto hombre de cabellos claros siguiera asomado, mirándola todo el tiempo, ella le sonrió de nuevo antes de subir las escaleras, completamente perdida en su ensoñación, para cuando se dio cuenta, Eries ya estaba sentada en su propia cama, permitiendo que Constanza le cepillara el cabello, preparándola para dormir.

.

Notas de la Autora:

Tenía que haberlo subido ayer, en realidad lo olvidé, una disculpa.

Espero que hayan disfrutado la lectura tanto como yo disfruté de escribirla, este ha sido uno de mis capítulos favoritos hasta el momento, lo disfruté mucho, muy a mi pesar, si han visto la serie completa recientemente, creo que se darán una idea de qué es lo que va a pasar en el siguiente, más exactamente, la madrugada siguiente a los eventos aqui descritos.

Bueno, realmente sería muy muy feliz de leer sus opiniones, críticas, comentarios, tomatazos o a cualquiera que piense que Folken debía quedarse con las gemelas gatunas y Eries con Allen xD, yo sé que hay quienes los shippean de esa manera, bueno, me tocó leer un par donde parecía que iban a emparejar a Eries con Gadeth, así que, vengan a comentar, CHANGE MY MIND respecto a esta pareja en particular ;)

SARABA