Capítulo 6: Riesgos
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—¿Desea algo más su majestad?
Kagome negó con la cabeza bebiendo un sorbo del té que trajeron para ella esa mañana
—Si necesita algo, por favor llámenos.
Las doncellas de la princesa le hicieron una reverencia y se retiraron silenciosamente. Kagome no despego la vista en ningún momento de su delicada taza de porcelana y sólo cuando sintió el sonido de la puerta al cerrarse se permitió soltar un pequeño suspiro.
Sabia que aunque era la única persona en el cuarto, el guardia real, Inuyasha estaba haciendo guardia fuera de su ventana. Sus doncellas, las dos niñas idénticas, debían estar fuera de su puerta esperando por su llamado. Sin contar a todo el personal de criados que debían estar en el palacio… así que ni siquiera se molesto en idear un nuevo plan de escape. Estaba absolutamente presa en el lujoso dormitorio de una princesa.
Aun así Kagome se sentía… bien
Quizás era el efecto del té de crisantemo que Kaede había ordenado que le dieran esa mañana o la extraña actitud que todos tenían con ella desde la noche anterior.
O bien el agua limpió todas sus preocupaciones.
Lo cierto era que ya no le quedaban lagrimas y sentía que sus nervios habían llegado a su limite. Quizás por eso ya no los sentía más.
No supo que fue lo que les dijo Inuyasha a las doncellas, pero verla llegar de noche completamente mojada debe haber sido suficiente sorpresa para todos.
En cuanto volvió al palacio se encargaron de secarla, ponerle ropa limpia, darle algo caliente y llevarla a la cama.
Apenas la miraron a la cara y no hablaron más que para preguntarle si necesitaba algo. Todos parecían sumamente nerviosos, como si la razón de su existencia fuera no perturbarla en lo más mínimo y eso era algo… extrañamente tranquilizador.
Incluso Kaede se molestó en visitarla esa misma mañana para decirle que todas sus actividades del día serian canceladas y que lo mejor seria mantenerse en esa enorme cama y descansar.
La suerte finalmente le sonreía. Al menos un poco.
Así que al parecer tenia el día libre.
Un día más con su cabeza pegada al cuerpo.
No supo realmente que fue lo que la poseyó el día anterior. La Kagome completamente afligida por la muerte de la princesa Kikyo y temerosa por su propia vida, parecía muy lejana.
Presa del pánico había intentado escapar sin pensar y cuando se dio cuenta estaba saltando al agua.
De niña, solía acudir al lago cuando su vida se ponía difícil y creía que no tenia escapatoria
Suikotsu decía que el agua lo limpiaba todo.
Pero cuando Kagome saltó, simplemente no estaba pensando en nada.
Supo que seria sentenciada a muerte en cuanto se entero del trágico final de la princesa…
La pregunta era ¿Cuándo?
Así que sobrevivir a ese chapuzón nocturno era la menor de sus preocupaciones en ese momento… hasta que llego Inuyasha a sacarla.
Mojada ante el brillo de la luna su mente logro aclararse.
Una vez estuvo acostada, limpia y seca fue que todo pareció tener sentido.
Ella aún estaba viva ¿No?
Y Kagome apreciaba enormemente su vida ¿Estaba mal querer mantenerse así por un largo largo tiempo?
Hasta ahora nadie parecía sospechar que ella era una impostora.
Y aunque odiaba admitirlo, que Kikyo estuviera muerta, le quitaba un enorme peso de encima. Ya no viviría con el constante miedo de encontrarse cara a cara con la verdadera princesa exigiendo su cabeza por suplantarla.
Inuyasha tenia razón; de nada le servía tener remordimientos ahora.
Kagome viviría.
Regresaría a su casa, vería a sus hermanos y todo esto lo recordaría como una pesadilla muy lejana.
Sólo debía esperar el momento oportuno para irse sin que nadie lo notara. Hasta entonces debía fingir ser la verdadera princesa… ¿Qué tan difícil podría ser?
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¡Que dichosa se sentía esa mañana!
Un pequeño y hermoso regalo envuelto en seda era el responsable. ¡Y cuánto quería mostrárselo a Jijie Kikyo!
De seguro eso la animaría.
No fue difícil escapar por la ventana mientras sus criados pensaban que estaba en la lección de pintura.
Corrió por el camino de mármol de su jardín que llevaba detrás de los Templos de Loto Dorado, siguió por el bosque de bambúes, atravesó por el pequeño agujero de la frondosa pared de arbustos que marcaba el comienzo del Jardín del Palacio de la Belleza Concentrada (luego la cubrió con un puñado de hojas para que nadie lo viera)
Cuando finalmente llego a los arboles de magnolias ya estaba algo cansada, pero demasiada emocionada para notarlo.
Aunque… se encontró un pequeño obstáculo al final del camino.
Fuera de la ventana del cuarto real, se encontraba el Guardia de Jijie Kikyo… ¿Por qué estaba ahí? Usualmente se mantenía en la misma habitación que ella ¿Estaría castigado? Mmhhn ¿Le impediría verla?
Dispuesta despejar sus dudas salió de entre los arbustos.
—¡Gēge Inuyasha!— Saludo ella— ¿Qué haces aquí?
El aludido levanto la vista. La expresión de su rostro era dura, pero sabia que no estaba molesto de verla.
—Princesa Rin —saludo él— ¿Qué hace usted aquí?
—Yo pregunte primero — repuso ella con un mohín
Inuyasha soltó un suspiro y Rin decidió acompañarlo. Debía sentirse solo el pobre…
—¿La señora Kaede sabe que estas aquí? —quiso saber él una vez que la niña se sentó a su lado.
—Ahmm… Si por "aquí" te refieres a la Ciudad Prohibida, si. Lo sabe. —Respondió ella despreocupadamente acomodando su túnica debajo de sus piernas.
—Eso es bueno. — dijo él— Sólo que por "aquí" me refería específicamente a "fuera de la ventana de la Princesa" ¿Lo sabe?
Rin estiro su labio inferior y lo miro contrariada.
—Oh, tu ya hiciste una pregunta, ¡No es justo! Es mi turno— dictaminó ella como la pequeña princesa que era.
Inuyasha miro al cielo. Y él que había pensado que seria una tarde tranquila…
—De acuerdo, pregunta.
—¿Puedo trenzar tu cabello? —dijo ella.
—Ahm… no —respondió él— Bien, mi turno.
Pero Rin lo interrumpió.
—¡Eso no es justo! Incluso Sesshomaru me deja hacerlo…
—Princesa, que mi hermano te dej… Espera, ¿Sesshomaru te deja trenzar su cabello?
Inuyasha la miro con sospecha, ella le asintió con sus grandes y cristalinos ojos castaños.
—De acuerdo, haremos un trato —propuso él muy serio— Te dejare hacerlo, pero debes llamarme cuando se lo hagas a Sesshomaru, ¿De acuerdo?
—De acuerdo —Respondió muy firme.
Dicho y hecho Inuyasha le dio la espalda para que ella jugara a las muñecas con él.
—Entonces… —Comenzó Rin desenredando los mechones color plata con sus dedos— ¿Jijie Kikyo te boto de la habitación?
—No realmente —respondió Inuyasha. Una simple princesa no podía echarlo a ÉL de ningún lado— Fue la Señora Kaede.
—¿Por qué?
—La Princesa esta algo… ahmm… necesita un tiempo a solas.
—Ya veo, Abuela Kaede me dijo lo mismo —Suspiro Rin— Aún así creí que a ella no le molestaría verme…
Inuyasha noto como la voz de la niña se apagaba. Tsk, mala señal. Realmente no sabia consolar a pequeñas princesas… ni a nadie.
—No seas tonta, por supuesto que se alegrara de verte —intento él— Ella siempre lo hace.
Era cierto. Las únicas veces que Inuyasha había visto sonreír a la princesa era ante la presencia de Rin. Era algo extraño… incluso escalofriante, pero también hermoso.
Kikyo era hermosa
Y sonreír le sentaba bien.
—Ya no lo se… —la voz de Rin parecía desinflarse— Ella ha cambiado sabes. Cuando yo era más pequeña solíamos ser muy cercanas, pero luego… ya no vino a visitarme más. Tampoco a jugar. Comenzó a hablar mucho menos y ya casi no sonríe.
Inuyasha se preocupo cundo la voz de Rin comenzó a quebrarse. Y quiso huir.
No podía decirle que su querida hermana se había convertido en un ser cruel y despiadado y que eso no era su culpa. Y definitivamente no estaba preparado para contener el llanto de una niña.
—Y entonces ocurrió ese incidente… —siguió Rin— Nadie me cuenta estas cosas porque creen que aún soy una niña, pero me doy cuenta de lo que ocurre. Desde entonces Kikyo ya no es la misma…
Inuyasha desconocía los detalles del "incidente". La familia real intentó mantenerlo en secreto. Era esa clase de escandalo que no podían dejar pasar.
Aún así, Miroku se lo dijo;
—No lo entiendo. Si tanto desea morir, ¿Por qué no permitir que uno de sus tantos enemigos acabe con ella?
Eso fue hace un par de años atrás. Inuyasha no la conocía entonces y dudaba hacerlo ahora.
Las manos de Rin se detuvieron en medio de su trabajo.
—Y aunque nadie me lo diga, se que anoche hubo otro incidente ¿No es así? —lo sorprendió la intensidad que se apodero de la voz de la pequeña Princesa Rin
Inuyasha volteo a verla. No pudo evitar compadecerse de ella.
—No puedo darte las respuestas que quieres Princesa —dijo él, sintiéndose incomodo— Lo siento.
Ella agacho la cabeza, parecía triste.
—Lo se
—¿Por qué no le preguntas tu misma? — propuso él.
—¿Me dejaras entrar?
Inuyasha pareció considerarlo.
—Sólo si no le dices a nadie que trenzaste mi cabello. —advirtió con seriedad.
—¡Hecho!
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¿Incidente?
¿De qué estaban hablando?
Kagome no había querido escuchar. Bueno, no al principio.
No era del tipo de personas que podía estar quieta demasiado tiempo, así que después de terminar el almuerzo que las criadas le llevaron, decidió que era tiempo de salir de la cama.
No quiso espiar o algo así, sólo quería saber si Inuyasha estaba, como ella pensaba, fuera del ventanal y de paso ver que hacia…
¿Eso no era espiar o si? sólo curiosidad.
Se asomo, corriendo las cortinas de seda, para mirar por el cristal. Sentado en la pasarela de madera que daba al Jardín, el Guardia Real de la Princesa parecía disfrutar el agradable día. Observaba el jardín, sentado en una postura recta. Su espada entre las piernas. Parecía relajado, pero de seguro estaría atento de lo que pasara ahí dentro… o de lo que ella hiciera ahí dentro.
¿En que pensaría mientras hacia su guardia? Seguramente debía aburrirse un montón. Ella lo estaría.
De pronto apareció, entre medio de los arbustos, la niña del día anterior. Era la hermana menor de la princesa ¿Cuál era su nombre?
—Princesa Rin— Pudo escuchar la voz de Inuyasha.
Oh, ese era.
¿Venia a verla? Bueno, no a ella, a la verdadera princesa, pero para efectos practicas y considerando que la verdadera estaba muerta… si, venia a verla a ella.
Lo que significaba… ¡Oh, no! ¿Qué se supone que haría? No pensó que tendría que comenzar tan rápido con esto ¿Acaso ella la descubriría?
Se obligo a calmarse, quizás Inuyasha no la dejara pasar.
Se mantuvo esperando que el Guardia la despachara, pero al parecer ellos se llevaban… bien. Tanto que de un momento a otro vio a Rin jugando con el plateado cabello a su antojo.
De acuerdo eso era inesperado, pero tan bien algo bastante pintoresco como para dejar de mirar. Él ya no se veía tan rudo en esa posición.
Entonces Kikyo salió a relucir en la conversación
Kagome pego su oreja a la madera.
Suikotsu decía que escuchar conversaciones ajenas estaba mal, pero Kagome ya había cruzado esa línea hace bastante tiempo.
Y en la escala de crímenes que había cometido durante estos días, este ultimo parecía un juego de niños.
Estaba decidida a vivir y cualquier información que pudiera ayudarla en esa campaña, la tomaría con gusto.
Aun así se sintió mal al oír acerca de la complicada relación de hermanas.
Su corazón dolió al saber que ya nada podía hacerse. Ellas no volverían a verse mas… y eso era su culpa.
¿Serian los dioses capaces de perdonarla?
Tuvo que alejarse al escuchar a Inuyasha decirle a Rin que podía pasar
¡Pero que mal Guardián era! Se suponía que ella no recibiría visitas por hoy.
¿Qué haría la verdadera Kikyo? ¿Se enfadaría? ¿O se alegraría?
De seguro la verdadera Kikyo la recibiría con gusto… ¿Quién no se alegraría de recibir a su hermana menor? Especialmente si esa hermana era tan adorable como Rin
Logro cubrirse con el edredón de la cama antes de que la princesa entrara por la ventana.
— ¡Jijie Kikyo! — exclamo Rin una vez dentro
—R-Rin… —fue el pobre saludo de Kagome
—Pensé que estarías aburrida de estar todo el día encerrada… —Rin se acerco a su lado animadamente y con un brinco se acomodo junto a ella en la cama— Kaede no quería que viniera ¿Sabes?, pero realmente quería verte. Sesshomaru regreso de su última expedición hoy temprano. Apenas alcance a verlo porque tuvo que ir de inmediato a ver a nuestro padre, ya sabes como es… a los hombres sólo les importa una cosa ¿verdad? A veces pienso que sólo inventan guerras porque desean luchar ¡¿No es absurdo?!
Kagome la escucho atentamente sin decir palabra. ¿Qué debería hacer?
Rin tenia mucha energía y parecía tan rebosante de vitalidad… y era una buena conversadora
—¿Crees que Sesshomaru será así siempre? —Suspiro con drama— Quiero decir, he deseado casarme con él desde siempre, pero ¿Qué sentido tiene si nunca estará en casa?
Kagome no tenia ni la menor idea de que hablaba la pobre Rin, pero se sentía como la clase de lio amoroso que compartes con tu mejor amiga o en este caso, hermana mayor.
— Como sea, esta vez también me trajo muchos obsequios…—ahora su humor volvía a ser animado. De entre medio de sus mangas saco un pequeño paquete con forma de cuadrado ¿Cómo pudo esconder eso ahí? — Es un tablero de Weiqi, es realmente bonito, pero yo no se jugar. Se que a Sesshomaru le gusta mucho, seguro que quiere que su futura esposa sepa jugar ¿No crees?...
Kagome nunca había conocido alguien que hablara tanto… pero decidió que Rin era linda. Sus ojos brillaban cuando mencionaba al tal "Sesshomaru" (quien quiera que fuera) y sus mejillas tenían un saludable color rosa. Sus hombros se relajaron. Si la Princesa continuaba así, quizás no seria necesario que ella dijera una palabra…
Rin desenvolvió el paquete sobre la alfombra. Kagome sólo conocía el Weiqi por las pinturas de los libros. Nunca vio uno de cerca hasta ahora, pero ahí estaba la Princesa acomodando las piezas blancas y negras en sus respectivas fuentes de cerámica. Vio fascinada como el tablero se abría cual mariposa en cuatro partes iguales y se desplegaba como una sola gran pieza de madera.
Era increíble… En serio ¿Cómo Rin oculto eso entre sus ropas?
—…de seguro Sesshomaru debe ser muy bueno. No podría ganarle ni en mil años —continuo la niña alegremente— Aún así quiero aprender. Pensé que él mismo me enseñaría, pero esta siempre tan ocupado con nuestro padre y todo eso… aún así creo que es mejor que lo hagas tú. Siempre has sido buena enseñando y… bueno, creo que, ya sabes… sería genial porque tu… —Inesperadamente Rin parecía tímida— Podríamos pasar un tiempo juntas ¿Verdad?
Rin la miro con tiernos ojos y Kagome reparo en dos detalles; Primero, ella no sabia jugar. Segundo ¿Qué clase de plan homicida era ese de pasar más tiempo juntas?
—¿Qué? —soltó la joven impostora sin poder evitarlo.
La princesa se sonrojo encantadoramente
—Eres muy buena jugando ¿No? ¡Le has ganado a Miroku! Me pregunto si serias capaz de ganarle a Sesshomaru… —su pequeña frente se arrugo pensativa— ¡Él seria un buen rival para ti!
—No, espera, Rin…—intento detenerla Kagome— Yo no… no creo que sea buena idea.
Rin ladeo su cabeza, confundida
—¿Por qué? —quiso saber
Kagome sintió ligero calor subiendo por su nuca.
Piensa Kagome, piensa
—Ahm, me siento algo indispuesta ahora, lo siento Rin
Rin pareció desinflarse tristemente.
—Oh… ya veo. Entonces, ¿Quizás mañana?
Tienes que pensar en algo mucho mejor, Kagome
—Bueno… creo que mañana estaré algo ocupada aquí.
—¿Así? —los ojos de la princesa se volvieron acuosos. Oh, no — ¿Hice algo malo? —pregunto triste— ¿Por qué no quieres verme? Pensé que te alegraría que viniera
Y Rin comenzó a llorar
¡Rayos! ¡Ella era tan vertiginosa!
—No, no, no, no, no es eso —quiso disculparse Kagome.
No estaba en sus planes hacerla llorar. Sólo era una niña queriendo pasar más tiempo con su hermana, no podía culparla por eso.
Sólo que tu hermana esta muerta…
¿Cómo rayos podría decirle algo así?
—Yo sólo he estado algo indispuesta últimamente, es todo. No creo poder enseñarte correctamente —definitivamente no era muy creativa al momento de inventar excusas.
Aun así eso pareció calmar a Rin, quien se limpio la nariz con la manga de su túnica.
—¿Es por eso que sucedió anoche? —pregunto la niña limpiando sus lagrimas.
Por eso se refería a cuando se tiro tontamente al agua ¿verdad?
—Nadie quiere decirme nada, ¡Pero debes confiar en mi Kikyo! Ya no soy una niña. Pronto cumpliré 15 años y si te esta pasando algo, ¡Debes decírmelo! —lo pidió con tanta intensidad que Kagome habría sido capaz de decirle todo— Has estado actuando extraño desde hace mucho… especialmente estos últimos días. No le diré nada a nadie así que por favor, no me apartes de tu lado.
Kagome trago duro ¿Qué se suponía que debía hacer? Esos ojos le estaban partiendo el corazón y Rin no aceptaría una excusa tonta, entonces…
—Veras Rin yo… — vamos, Kagome— ¡Olvide como jugar! Por eso no puedo enseñarte.
La princesa le frunció el ceño
—¿Qué? ¿Cómo puedes olvidar algo así?
Quiso golpearse, ¿Qué rayos estaba diciendo?
—Bueno no es que lo haya "olvidado"… —prácticamente no podía olvidar algo que nunca supo. ¡Demonios! a este paso seria descubierta muy pronto.
—Jijie, debes dejar de mentirme. Debes decirme que fue lo que paso anoche —Aquí volvía la Rin intensa. Era impresionante el sincero brillo de sus ojos. Ella estaba preocupada. — Y por qué has estado actuando tan extraño estos días. No aceptare más excusas.
Al mirarla, supo que Rin tenia razón. Ella tenia los ojos mas inocentes que alguna vez había visto. Eran tan transparentes y puros como su corazón.
Sabia que no sobreviviría lo suficiente para escapar sin un aliado y Rin parecía tan inocente y leal…
Debía decirle la verdad, pero ¿Cómo? Eso la mataría. Y le rompería el corazón a la princesa.
—Puedes confiar en mí — Y su tono fue tan irresistible que Kagome tomo su decisión.
—Esta bien— dijo la joven campesina que ahora ocupaba el lugar de una Princesa—Te lo diré, pero debes prometer que no se lo contarás a nadie.
Rin asintió con seriedad.
Y Kagome corrió el riesgo.
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Continuara
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Actualice dos de mis fics en una semana... es esto un ¡Milagro de cuarentena!?
Espero que donde sea que estén, esto pueda alegrar su noche
Muchas gracias a todas por seguir esta historia ¿Llegaremos a los 35 reviews?
Las leo y les dejo un abrazo gigante!
