AVISO: Por circunstancias especiales, el capítulo de este mes se ha subido antes de tiempo. En principio, el próximo se publicará en su fecha habitual.


Capítulo 32: Plan desolador

Una figura caminaba ligeramente cabizbaja por las calles de Twain Harte tratando de pasar desapercibido, yendo por las zonas menos transitadas u oscuras y, cuando eso no era posible, mezclándose con los demás transeúntes. También su vestimenta reflejaba esa intención de no llamar la atención: un gorro tapaba su cabello, haciendo imposible distinguir el color del mismo; la capucha de la sudadera puesta por encima del gorro, ocultando parte de su rostro; y con una bufanda alrededor del cuello, la cual también cubría su boca. Lo único que no tenía oculto eran sus ojos azules.

Para Naruto, estaba claro que su objetivo era pasar inadvertido, pero cualquier persona que le viera por la calle pensaría que simplemente se protegía del frío que ya se notaba en el ambiente.

El rubio caminaba a una ritmo normal, ya que no sólo no quería parecer que huía de algo y llamar así la atención, sino que también intentaba retrasar lo máximo posible su llegada al destino que tenía en mente. No era que odiase el lugar ni las personas que vivían ahí, sino que se le hacía muy duro tener que hacer lo que tenía pensado.

Flashback

Después de llorar y desahogarse con su padre, éste llamó a Kakashi para que fuera al hospital a reunirse con ellos. Una vez que estuvo allí, le contaron que Naruto había cambiado de opinión y había accedido a irse de Twain Harte.

– ¿Y ahora qué? – preguntó Minato.

– Le he estado dando vueltas a cómo sacaros de la ciudad sin que Zabuza y su manada se percate de ello y el único plan que se me ha ocurrido es que os vayáis el mismo día en que te den el alta – explicó.

– ¿Por qué ese día? – quiso saber Minato.

– Bueno, antes es imposible por tus heridas, no podemos arriesgarnos a que se te abran o se infecten o cualquier otro contratiempo, y después, creo que sería arriesgado. Hay que asumir que os están vigilando, incluso puede que a mí también, pero ahora mismo, no sería inteligente atacaros si quieren pasar inadvertidos, ya que no sólo mi manada y yo estamos siempre por aquí haciendo guardia sino que hay multitud de personas en el hospital, entre médicos, doctoras, enfermeros, pacientes... armarían un gran revuelo si hicieran algo – explicó Kakashi.

– Demasiados testigos de los que encargarse sin levantar sospechas – intervino Naruto, aunque por el tono usado se notaba que todavía estaba decaído con todo aquel tema.

– Exacto, y no sólo eso. La policía sigue con la investigación por lo que, si algo le pasase a Minato mientras está aquí, con demasiados testigos como bien has dicho, atraería su atención y podrían centrar el foco de la investigación en ellos.

Desde la cama, Minato escuchaba atento la explicación de Kakashi, aunque sin dejar de observar de vez en cuando a su hijo, quien se encontraba de pie junto a la ventana y a veces, su mirada se perdía en la oscuridad de la noche.

– Después de que salgas del hospital, las posibilidades de que intenten algo son más altas, ya sea de camino hacia vuestra casa o ya una vez estéis en ella, durante ese mismo día o en los días posteriores, y ahí no habrá tantas personas de las que preocuparse. Si quieren, pueden atacaros y hacerlo pasar de nuevo por un ataque de lobo, pese que fuese una coincidencia extraña – continuó Kakashi con su explicación.

Algo de lo que había dicho el adulto captó la atención de Naruto, quien apartó sus ojos de la ventana y los centró en él.

– Entonces, ¿exactamente cuándo planeas que pongamos en marcha nuestra huida? – preguntó Naruto imaginándose la respuesta.

– Justo después de que le den el alta – señaló a Minato –. Haremos un cambiazo aquí en el hospital.

Por la mirada confusa que recibió por parte de ambos rubios, supo que debía dar más datos para que supieran a lo que se refería.

– Como he dicho, hay que asumir que Zabuza os tiene vigilados, y pese a desconocer si tiene ojos dentro del hospital o no, sigue siendo el sitio más seguro para vosotros, así que aquí se pondrá el plan en marcha. Mi idea es hacer creer que yo llevaré a Minato a casa una vez le den el alta mientras vosotros os escapáis en otro vehículo. Así, tanto si quiere atacar como solamente vigilar, Zabuza me seguirá o me hará seguir por algún miembro de su manada. Su atención estará puesta en mí y no en vosotros.

– ¿Y dónde conseguiremos otro coche? No podemos simplemente comprar uno nuevo ni pedirle a algún amigo que nos preste el suyo – indagó Naruto viendo fallos en ese plan.

– De eso me encargo yo, no os preocupéis. Si sabes por dónde moverte en esta ciudad, puedes conseguir una amplia gama de recursos, entre ellos un coche con una matrícula falsa – dijo como si nada el hombre-lobo –. Encargaré a alguien que lo deje aparcado en el parking del hospital en cuanto sepamos el día del alta, así ninguno de nosotros se acercará a ese vehículo y no dejaremos nuestro olor para que puedan seguir nuestro rastro.

Tanto padre e hijo se miraron entre sí sorprendidos al desconocer aquella faceta de Kakashi. Parecía que el adulto tenía más secretos de lo que creían.

– Y cuando te marches solo en la camioneta de mi padre, ¿no crees que sospecharán? – señaló el adolescente otro agujero de aquella idea.

– No si otro Minato va conmigo – sonrió con satisfacción.

– ¿Otro Minato? – preguntó el verdadero desconcertado.

– Había pensado en que Ibiki se hiciera pasar por ti – aclaró –. Únicamente necesitará una peluca rubia y ropa tuya, así podremos engañar sus sentidos de la vista y del olfato.

Por un instante, los tres se imaginaron a Ibiki con esas guisas y estuvieron a punto de reírse, pero la situación era tan urgente y tensa que al final se les pasó.

– ¿Y yo? ¿Qué pasa conmigo? ¿Tienes a alguien en mente para que se haga pasar por mí también? – indagó el adolescente.

– En principio, no. No sabemos cuándo le darán el alta a Minato, por lo que no podemos saber si tendrás clases o será fin de semana.

– Sabes que vendría ese día incluso si no tuviésemos que marcharnos de la ciudad. Y es algo que se imaginaría cualquier persona, que un hijo estaría al lado de su padre cuando saliese del hospital – rebatió Naruto.

– No necesariamente – intervino Minato, ganándose una mirada de reproche por parte de su hijo –. No lo digo con segundas intenciones – se adelantó ante una posible mala interpretación de sus palabras –. Sabes que si no fuera por estas circunstancias especiales, te diría que no hace falta que vinieras, que no deberías cambiar tus planes o faltar a clase por mí, cuando se supone que ya estoy bien y ya me verías en casa. Seguramente, te convencería de ello, por lo que no sería sospechoso o raro que no aparecieras el día en que me den el alta.

– No sé – dijo Naruto sin estar del todo convencido.

– Además, cuanta menos gente conozca el plan, mejor – comentó Kakashi en un intento por terminar de convencer al rubio, pero acabó consiguiendo un efecto diferente.

Ambos adultos vieron cómo el adolescente se apartaba de la ventana y daba unos cuantos pasos hacia Kakashi con clara molestia reflejada en su rostro.

– ¿Qué quieres decir con eso? ¿Pretendes que me marche de la ciudad sin siquiera contarle el motivo a mi manada? – cuestionó incrédulo.

– Sí, así es – fue la contundente respuesta del otro alfa.

Por un instante, Naruto se impactó tanto que no pudo articular palabra. Pero, a continuación, sintió que la ira que había sentido esa misma tarde con Kakashi en su casa volvía a él, sin embargo, hizo acopio de todo su autocontrol para no dejarla salir. Estaban en un hospital y los pacientes se merecían un mínimo de respeto, por lo que no iba a alzar la voz y molestarles.

– ¿Vas en serio? No solamente les voy a dejar solos, ¿sino que encima quieres que lo haga sin ni siquiera una explicación? – preguntó enfadado.

– Sí.

Naruto miró boquiabierto a Kakashi ante su escueta respuesta.

– No – se negó el alfa más joven.

– Naruto... – le llamó su padre tratando de calmar a su hijo porque notaba lo alterado que estaba.

– No – repitió –. No me parece correcto ni justo dejarles a oscuras. Se merecen una explicación como mínimo, no puedo abandonarles sin siquiera contarles lo que ocurre.

– Es tanto por vuestra seguridad como por la de los demás – explicó Kakashi –. No nos podemos arriesgar a que sin querer llegue a los oídos de Zabuza lo que estamos planeando, ni tampoco vamos a convertir a nuestros seres queridos en objetivos de tortura para sonsacarles información.

Naruto quiso seguir oponiéndose porque seguía creyendo que sus amigos y Sasuke se merecían como mínimo que les contara la razón de su marcha. De esa manera, sí que parecía que les estaba dejando a su suerte, sin tener una idea de lo que ocurría para poder estar advertidos y protegerse adecuadamente. Sin embargo, otra parte de él comprendía perfectamente el argumento de Kakashi. ¡Cómo odiaba toda esa mierda de situación!

– Y creo que eres lo suficientemente listo para saber que no debería advertirte sobre que no puedes despedirte tampoco. Eso desbarataría todo el plan. La clave aquí es mantenerlo en secreto.

Aquello más que cabrear a Naruto, le entristeció. Ni siquiera podría decirles un mísero adiós a sus amigos y a su novio. Iba a desaparecer de sus vidas de repente, sin explicación y sin que se lo vieran venir. Se sentía horrible en ese instante, la peor de las personas, se sentía como un cobarde, la peor calaña... como una mierda.

– Joder – maldijo frustrado.

Ambos adultos le miraron con compasión. Era una situación complicada y era duro hacer lo que Naruto tenía que hacer. Ocultar cosas no sólo a su manada, sino a su pareja. Le mataba no poder hablar con Sasuke sobre aquello, ser sincero y escuchar su punto de vista en todo aquello. Tener que callar y fingir ante tus seres queridos no era fácil, aunque fuese para protegerles.

– Lo siento, Naruto. Sé que no es lo ideal, pero ahora mismo es lo mejor para todos – Kakashi quiso demostrar su empatía.

– Será por poco tiempo, ya lo verás – intentó a animarle Minato –. Dentro de poco, estaremos de vuelta y podrás explicarles todo.

Naruto observó a su padre sonriéndole y, de repente, se dio cuenta de algo que le hizo sentirse peor. Minato no sólo había perdido recientemente a su esposa, sino que él mismo había estado a punto de morir, razón por la que se hallaba postrado en una cama de hospital con graves heridas que le dejarían importantes cicatrices y, en vez de quejarse o lamentarse, trataba de consolarle.

– Lo siento, papá. Estaba tan centrado en mí y mi manada, que no había caído en que no debe ser fácil para ti tampoco todo esto. Abandonar tu ciudad natal, donde creciste, conociste a mamá, formaste una familia... donde tienes tantos recuerdos.

Minato se emocionó ante la consideración de su hijo. Era cierto que era duro para él también, sin embargo, había una pequeña parte que, aunque le avergonzaba admitirlo, le aliviaba alejarse de allí.

Siempre le había gustado Twain Harte, había nacido y criado aquí; adoraba ese encanto tan especial que poseía, incluso después de conocer su cara oculta. Pero después de la muerte de Kushina... no creía estar preparado para caminar por la ciudad sin experimentar dolor y tristeza, al rememorar algún recuerdo junto a su esposa, y mucho menos podía volver al que había sido su hogar. Todo allí le atormentaría.

En el fondo, pensaba que estar alejado de todo aquello por un tiempo le vendría bien. Ni siquiera había tenido tiempo para procesar correctamente la muerte de su mujer. Necesitaba pasar las diferentes etapas de duelo y sanar.

– No te preocupes, no es un camino de rosas para mí precisamente, pero es más duro para ti. Debes alejarte de tus amigos y la persona a la que quieres sin ni siquiera decirles un "hasta pronto". Yo no tengo que pasar por eso, mi esposa está muerta y mi hijo me acompaña en este viaje así que...

Minato había querido hacer ver que para su hijo debía ser más duro, pero acabó soltando ese comentario tan ácido. Kakashi y Naruto intercambiaron miradas y se quedaron en silencio sin saber qué decir, lo cual no pasó por alto Minato.

– ¿Crees que funcionará el plan? – cambió de tema ante la incomodidad y tensión que se había creado en el ambiente.

– Sí, estoy bastante seguro de que sí – contestó Kakashi.

– Pero existe la posibilidad de que no – comentó Naruto siendo más realista. No quería que le crease falsas esperanzas a su padre.

– Claro, ningún plan es infalible al cien por cien, siempre existe la posibilidad de que falle, pero es el único que tenemos, Naruto – le interrumpió Kakashi – . Si tienes otro mejor, soy todo oídos.

El adolescente solamente se quedó mirando al adulto con el ceño fruncido porque Kakashi sabía perfectamente que no tenía ninguna idea más. De hecho, hasta hacía unas pocas horas, ni siquiera tenía pensado largarse de Twain Harte, por lo que no había considerado oportuno pensar un plan de escape.

– Digamos que conseguimos marcharnos sin que Zabuza y su manada lo sepan – cambió la dirección de la conversación Naruto al no poder aportar otro plan mejor – ¿adónde iremos después? No podemos estar conduciendo sin rumbo para siempre.

– Conozco a alguien que puede ayudarnos a ocultaros, pero antes tengo que hablar con esa persona. Ya os iré informando – contestó Kakashi sin entrar en detalles.

Padre e hijo se quedaron pensando en quién podría tratarse esa persona misteriosa, ya que desconocían que Kakashi aún tuviera conocidos fuera de Twain Harte. Nunca le habían oído hablar sobre alguien que no fuera de su círculo de amigos o que al menos viviera en la ciudad.

– Entonces, ¿está decidido? ¿Éste es el plan? – preguntó Minato.

– Dadas las circunstancias, es lo mejor que podemos hacer, así que si no tenéis nada más que objetar, sí, es el plan.

Al ver que ninguno de los otros dos se oponía, Kakashi volvió a hablar.

– Iré a poner al corriente a Ibiki y a empezar con los preparativos – dijo antes se salir de la habitación.

Fin del flashback

De eso, habían pasado un par de semanas en las que había tenido que hacer un tremendo esfuerzo por actuar con la mayor normalidad posible. Incluso había retomado los entrenamientos con su manada. Los involucrados en la huida creían que era por aparentar, y en parte, así era. Sin embargo, la auténtica razón era que Naruto quería pasar el mayor tiempo posible con sus amigos y además, ayudarles a mejorar en el poco tiempo que le quedaba allí para que pudieran apañárselas durante su ausencia.

También se había dedicado a decirle y demostrarle a Sasuke que le amaba en cada momento posible. No quería que jamás dudase de aquello, que pudiera pensar que ya no estaba enamorado de él y por eso se marchaba sin decirle nada y con aparente facilidad.

Finalmente, después de mucho caminar llegó a la casa de Sasuke. La observó durante unos segundos antes de mirar a su alrededor, cerciorándose de que no había alguien que pudiera verle o reconocerle y se escondió tras unos árboles.

Por unos instantes, el rubio se regañó a sí mismo. Ni siquiera debería estar allí en ese momento, ya que su sola presencia podría echar abajo todo, pero... no podía marcharse sin ver a Sasuke una última vez, sin despedirse aunque fuese de forma indirecta. No podía irse sin decirle cuánto le quería y que, pasara lo que pasara, era una de las personas más importantes de su vida.

Pese a saber que los padres de Sasuke no estaban y que Itachi ya se habría marchado a la universidad, Naruto usó sus sentidos para confirmar que, efectivamente, la única persona en el interior de la vivienda era Sasuke.

Si hubiese sido cualquier otro día, habría llamado a la puerta sin problema, pero teniendo en cuenta el día que era hoy, no podía arriesgarse a hacerlo, así que esperaría a que su novio saliera de casa para ir a natación.

Pasados quinces minutos, por fin Sasuke salió de su casa y recorrió el camino desde la entrada hasta la acera totalmente ajeno a la presencia del rubio hasta que escuchó un leve susurro que decía su nombre.

Sasuke miró a su alrededor buscando a Naruto hasta que le vio escondido entre unos troncos que le indicaba con gestos que no hablara y se acercara. Sasuke le observó extrañado, no sólo por su comportamiento sino porque no había olido su característico aroma, lo cual le resultaba raro. Lo que sí había captado era un extraño olor, pero no le había dado importancia y mucho menos se habría imaginado que venía de su pareja.

– ¿Naruto? – murmuró confuso.

– Hola, Sasuke – contestó como si nada de lo que pasase fuera sospechoso.

– ¿Por qué no hueles como siempre? ¿Qué es ese extraño olor? – preguntó mientras le olfateaba. No era desagradable pero tampoco llamaba a acercarse mucho. Parecía como si su novio se hubiese bañado con una mezcla de varias plantas e incienso.

– Oh, sólo estaba poniendo en práctica una cosa que me comentó Ibiki el otro día. No te preocupes, se acabará pasando.

– Ok – contestó Sasuke con desconcierto –. ¿Qué haces aquí? Creía que estarías en el hospital. Hoy le daban el alta a tu padre, ¿no? ¿Quieres que te acompañe? – preguntó pensando que por eso se hallaba allí.

– No te preocupes por eso, es sólo que me apetecía verte – le respondió evadiendo así el tema del hospital, aunque tampoco había mentido. Sí era cierto que quería verle.

– Vale – le miró extrañado.

Sasuke notaba que el rubio estaba más raro de lo normal, pero no le dio mucha importancia. Desde lo ocurrido hacía unas semanas, Naruto había estado actuando un poco diferente, pero pensaba que era su manera de lidiar con todo lo que había pasado.

Por su parte, Naruto no podía dejar de mirar a Sasuke. Se sentía tentado a soltarle todo allí mismo al ver su cara de confusión y, por un segundo, casi lo hizo, pero antes de que la verdad saliera de su boca, se recompuso y dijo otra cosa.

– Hoy tienes natación, ¿no? – preguntó Naruto.

– Sí, iba hacia el gimnasio ahora.

Antes de que pudiera preguntarle nada más, Naruto volvió a hablar.

– Entonces no te entretengo más. No quiero que llegues tarde y te regañen por mi culpa. Ya te he visto y dado los buenos días – le sonrió como si hiciera aquello como parte de su rutina matutina.

– Ehh... vale – dijo confuso –. Nos vemos luego – se despidió girándose para emprender su camino.

– Sasuke – le llamó Naruto cuando el chico había dado un par de pasos.

El moreno se giró de nuevo y se quedó allí de pie mirando a su novio, esperando a que le dijera lo que tuviera en mente, pero lo que no se esperó fue que Naruto se acercara a él, posara sus manos sobre su rostro y le diera aquel beso tan diferente a los que le había dado hasta ahora.

Ese beso era lento y suave, pero podía notar que estaba cargado de emociones. Emociones que no sabía interpretar, pero que hacían que el beso se intensificara y las manos del rubio abandonaran su rostro para estrechar su cuerpo con fuerza, como si temiera que fuera a desaparecer.

Poco a poco, el beso fue retomando el ritmo despacio y tranquilo con el que había comenzado, y cuando Naruto separó sus labios de los de Sasuke, juntó la frente de ambos sin soltar al moreno en ningún momento. Ambos estuvieron en esa postura unos largos segundos, Sasuke notando cómo su pareja inspiraba con mayor fuerza de la normal, como si intentara atrapar su aroma todo lo posible, hasta que separó ambas frentes y abrió los ojos para mirar los suyos.

– Te amo – susurró mirándole con tal intensidad que provocó un escalofrío en Sasuke –. Te amo tanto que haría lo que fuera por ti, por que estuvieras a salvo. Te amo, Sasuke – repitió – no lo olvides.

El moreno se había quedado sin palabras, no podía pensar con claridad. Aquel beso y aquella declaración por parte de Naruto le habían dejado trastornado. Antes de que pudiera decirle que él también le amaba, Naruto le había dedicado una sonrisa y se había marchado corriendo mientras gritaba: "¡Volveré! Te lo prometo. ¡Te amo!".

. . .

Sasuke no había dejado de pensar en el beso que le había dado su novio antes de irse a entrenar y le había distraído de la práctica de natación, por eso, el entrenador le había dicho que mejor se marchase a casa. Sasuke no se opuso demasiado.

No dejó de darle vueltas al tema mientras se duchaba y, después, se vestía. No sabía qué pensar de ese beso. Por una parte, le había gustado, pero a la vez, le había hecho saltar sus alarmas internas. Había algo en él que le daba mala espina, parecía como si Naruto no fuera a besarle nunca más, como si fuese el último, como si fuese...

Los ojos negros de Sasuke se abrieron de repente ante la sorpresa y el temor al terminar aquel pensamiento. "Como si fuese... una despedida". No podía ser, ¿cierto? Era imposible, ¿por qué Naruto iba a despedirse? Vivían en la misma ciudad, no tenía sentido, a no ser...

– No, no, no – se repetía a sí mismo para convencerse de que la idea que acababa de pasar por su cabeza era imposible.

Pero su mente se negaba a darle la razón conforme iba juntando detalles que había estado pasando por alto desde hacía bastantes días. Había tantas señales que había ignorado, creyendo que todo se debía al duelo por Kushina, pero que ahora empezaba a ver que había algo más oculto.

Todos esos "te amo", caricias y besos que le daba, incluso el último tan sentimental, creía que era debido a que estaba afectado por la muerte de su madre y pensaba que debía demostrar su amor más a menudo en vida, y no lamentarse después en la muerte.

Debía haberse dado cuenta antes de que algo pasaba, sobre todo, con esa sonrisa que le había dedicado antes de marcharse. Había sido forzada y ahora veía con más claridad que ocultaba tristeza tras ella.

Entre todo eso y ese maldito extraño olor que ocultaba el propio de Naruto, debía haber sospechado, pero eso no se iba a quedar así. Naruto le iba a tener que explicar muchas cosas e iba a buscarle en ese mismo instante. Si ya le habían dado el alta a Minato, debían estar en casa haciendo las maletas, así que hacia allí se dirigió una vez salió corriendo del instituto.

. . .

¡Ni siquiera se había secado el cabello! Empapado como estaba, detuvo su carrera en mitad de la carretera. Todavía tenía en mente las malditas palabras que le había dedicado cuando él se dirigía al entrenamiento con su equipo de natación.

¡Volveré! Te lo prometo. ¡Te amo!

Esas malditas palabras se repitieron durante los últimos días, una y otra vez pero él no las tuvo en cuenta. Creyó que era una forma de hablar, porque la primera vez que lo dijo, se había marchado a hacer algo, pero volvió. Decirle que le amaba… era raro, Naruto solía utilizar más el "te quiero", pero decir algo como "te amo", parecía significar mucho más que un te quiero y ahora se daba cuenta. Ese imbécil estaba tramando algo y no estaba contando con él.

¿Por qué había luchado tanto para ser beta si ahora su propio alfa le ocultaba cosas? ¿Cómo iba a poder ayudarle si no contaba con él? Era desesperante. Desde la muerte de su madre, estuvo tan raro… y entendía que fuera así, era un momento difícil para toda la familia. Por eso mismo intentó darle algo de espacio y no tener en cuenta alguna de sus acciones individualistas, pensando que se le pasaría. Hoy se daba cuenta de que algo iba realmente mal.

¿Qué narices estaba pasando? ¿Por qué la casa estaba cerrada a cal y canto? ¿Por qué parecía como si nadie estuviera allí? De hecho, los olores que captaba eran residuales, como si nadie hubiese estado allí en días. ¡El coche tampoco estaba! Estaba convencido de que si allanaba la casa, no encontraría nada allí, al menos no las cosas imprescindibles. Seguramente, los muebles permanecerían, pero tenía la sensación de que habrían tomado todo lo básico como ropa y algo de comer. ¡Se marchaban! Es lo que sentía. Entonces… ¿Por qué Naruto no le había dicho nada? ¿Qué significaba todo eso?

Corrió nuevamente por el asfalto en dirección a los primeros árboles del final. Allí la carretera empezaría con sus curvas para rodear el bosque y así salir de la ciudad, pero él lo atravesaría. Entonces, captó el extraño olor que impregnaba a Naruto cuando se habían visto. Parecía ir hacia el este, así que seguramente, el coche querría tomar la carretera ciento ocho. Para eso, Sasuke debía atravesar el pueblo y desde la casa de Naruto, la zona residencial de la colina este. Quizá llegando hacia la carretera de montaña de Confidence - Routh Fork podría alcanzarles. El vehículo debería ir más lento en esas curvas montañosas.

Sus piernas no dejaron de moverse ni un segundo pese a los arañazos que alguna rama le hizo en el rostro mientras corría a toda velocidad por el bosque. ¡Si sólo hubiera aprendido a transformarse completamente en lobo! Sería mucho más rápido, pero… a dos patas, su velocidad no podía igualarse a la de un lobo de verdad pese a ser más rápido que un humano normal.

¡Te amo!

Una lágrima brotó finalmente de sus ojos al recordar esa maldita frase. ¿Por qué le decía algo así y luego hacía algo tan perverso? ¿Por qué no había hablado con él? No podía entender las decisiones de Naruto, ni como lobo ni como humano. ¡Un alfa no abandonaba a la manada!

Por fin pudo ver la carretera de montaña frente a él. La gran bajada con curvas hacia la carretera Middle Camp Sugarpine. Si llegaba a ella, sólo sería una recta entre pinos hasta la carretera ciento ocho, marchándose finalmente del pueblo.

¡Dos minutos! Dos malditos minutos. Eran apenas cero con cinco millas y desaparecería de su vida. Si llegaba a esa carretera, sólo le quedaría una milla para poder alcanzarles, eso apenas eran otros dos minutos en coche, quizá tres dependiendo del tráfico y lo rápido que Minato condujera, si es que no iba Naruto al volante.

Jamás en su vida había sentido una decepción así. Demasiadas emociones se agrupaban en su cuerpo. Tristeza, dolor, odio, incertidumbre… no era capaz de centrarse en un único sentimiento. Todo le afligía y la desesperación por llegar hasta Naruto era cada vez mayor.

Corrió colina abajo entre los árboles. Sus agudizados oídos escucharon una gota cayendo contra una de las múltiples piedras del terreno. Era sangre, por el olor lo reconocía. Seguramente la herida de su mejilla por los cortes de las ramas. ¡Un minuto! Aproximadamente era el tiempo que había perdido corriendo colina abajo y aún no podía divisar el coche pese a escuchar el rugido del motor. Olía a humo del tubo de escape y agradecía tener esos instintos tan agudizados para hacerse una idea de lo que ocurría a su alrededor. Acortaba distancias frente al vehículo.

Llegó finalmente abajo y siguió corriendo por el lateral del bosque. Debía alcanzar el coche antes de que se perdiera para siempre en la ciento ocho, sin embargo, la salida estaba cerca, demasiado pese a que podía ver la parte trasera de un coche que no conocía, pero sabía con certeza que de ahí provenía el nuevo olor de Naruto. Salió a la carretera. Estaba cerca, Naruto podría verle por el retrovisor al igual que su padre, porque aunque no podía olerle, estaba seguro de que iba con él. No había más coches, sólo él se detuvo en medio, con la respiración entrecortada y lágrimas en sus ojos, viendo cómo el coche continuaba su marcha.

– ¿Naruto? – preguntó su padre al volante, echando la vista al espejo retrovisor.

Era imposible que su hijo no hubiera olido a Sasuke. Debía saber que estaba en ese bosque desde hacía mucho tiempo, pero él seguía medio tumbado sobre el sillón del copiloto, mirando la ventanilla, con su frente apoyada contra el cristal. ¡Por su hijo abandonaría el plan! Es lo que Minato pensó, tenía derecho a decirle adiós a Sasuke. Sólo sería un momento, una pequeña parada, pero no fue hasta que llevó el pie al freno cuando el rostro de su hijo se giró hacia él.

– No te detengas – fueron las palabras que Naruto dejó escapar.

¡Lloraba! Minato observó las lágrimas de su hijo antes de que su rostro volviera a mirar por la ventanilla. Seguramente, observaba a Sasuke por el espejo retrovisor de su lado y, aun así, no quería bajar a despedirse. Quizá… si ahora bajaba, cambiaría de idea para no marcharse.

El cuerpo de Sasuke tembló cuando el coche se perdió en la gran carretera. ¿Le había visto? ¿Había llegado tarde? ¡No! Era imposible que su alfa no hubiera sabido que él estaba allí.

– ¡HIJO DE PUTA! ¡VETE AL INFIERNO! – gritó Sasuke completamente enfadado, lo que provocó que pese a la lejanía del vehículo, Naruto dejase que más lágrimas cayesen. Podía escucharle alto y claro, pero ya no había vuelta atrás a su decisión.

– ¿Estás bien? – preguntó Minato a su hijo, todavía más acurrucado en su asiento y llorando sin control alguno. Naruto tan sólo negó con la cabeza, tapándose los oídos con ambas manos.

Minato supuso que pese al silencio que reinaba en el vehículo, su hijo todavía podía escuchar cosas. Seguramente a Sasuke.

. . .

Una vez al mes, sus padres siempre salían a cenar fuera. Mikoto decía que así mantenían la chispa y la llama encendida, solo ellos dos, sin niños de por medio. En cambio, encerrado en la casa y viendo que eran casi las once de la noche, Itachi estaba preocupado por no haber visto a su hermano en todo el día. Hacía horas que debió salir de su práctica de natación pero aún no había vuelto. ¿Debía salir a buscarle?

Miró por la ventana cuando escuchó un par de perros del vecindario ladrar. El grito lastimero de uno de ellos, le hizo darse cuenta de la figura que venía caminando a paso rápido y gruñendo a todos y cada uno de los perros que empezaban a silenciarse y esconderse completamente asustados.

¡De mal humor! Así venía su hermano pero al menos allí estaba. Entró por casa como un huracán, dejando caer la puerta tras de sí hasta cerrarse con un estruendoso portazo.

– ¿Sasuke? – preguntó Itachi al ver que no pronunciaba palabra alguna y empezaba a subir los peldaños de dos en dos hacia su cuarto.

¡Sí había ocurrido algo! Y era algo grave. Pensó en darle un poco de espacio, en que se calmase antes de ir a hablar con él. Normalmente, cuando venía de mal humor, le daba un poco de tiempo y luego, se metía con él para hacerle enfadar un poco. ¡Cosas de hermanos! Siempre se peleaban por alguna cosa, pero hoy… tras escuchar el estruendoso ruido proveniente del piso superior, asustó a Itachi.

Si bien le gustaba discutir con Sasuke… también habría matado por él. ¡Era su hermano! Lo adoraba y algo muy malo debió pasar para que estuviera en ese estado. Hoy no era un buen momento para meterse con él y no lo sería tampoco ningún otro día con el tema que le afligía. Eso es lo que Itachi supo.

Subió las escaleras con rapidez y abrió la puerta del dormitorio de su hermano sin previo aviso. ¡Todo estaba en el suelo! De hecho, no había nada en su sitio. Algunos trofeos que ganó en natación estaban rotos en el suelo. Las baldas tiradas, el colchón de la cama movido del sitio, la ropa de su armario tirada de mala manera y ahora… se había puesto a desmontar completamente el armario, tirando las maderas al suelo antes de dirigirse hacia la mesa de escritorio.

– ¡SASUKE! – gritó Itachi, entrando como pudo, esquivando todo lo que ahora yacía en el suelo para poder agarrar de las axilas a su hermano y alejarle del ordenador que pensaba destrozar también a ese ritmo.

– ¡SUÉLTAME! ¡DÉJAME EN PAZ! – gritó hacia Itachi, pese a que éste no estaba dispuesto a hacerle caso.

– ¡PARA YA, SASUKE! ¿QUÉ TE OCURRE? – preguntó con preocupación. Algo tenía a su hermano desquiciado.

– ¡ESE CABRÓN!

¡Lloraba! Jamás había visto a su hermano llorar de esa manera inconsolable. Ahora se alegraba de que sus padres no estuvieran en casa, aunque debería explicar el desastre.

– ¡SASUKE, CÁLMATE Y CUÉNTAME QUÉ OCURRE!

Por primera vez, todo el cuerpo de Sasuke se giró hacia Itachi, apoyando su rostro en el pecho de su hermano y llorando sin poder parar. Sus dedos se agarraron con tal fuerza a su camiseta, que hasta sintió daño, pero Itachi no dijo nada, dejó que se agarrase y llorase lo que tuviera que llorar.

– ¡Se ha ido! – sollozó al final –. ¡Ni siquiera me ha dado una explicación! Él… se ha ido. ¿Por qué? – preguntó a Itachi pese a saber que éste no tenía una respuesta.

¡Primer fracaso amoroso! ¡Le habían roto el corazón de la peor de las formas! Es lo que Itachi entendió. Se trataba de Naruto. Al abrazar a su hermano en un intento por consolarle, sintió su cuerpo temblar hasta que sus rodillas terminaron de fallar. Por miedo a que pudiera hacerse daño, Itachi lo agarró con fuerza y se agachó para dejarle arrodillado en el suelo, todavía con su rostro hundido en su clavícula. ¡Su camiseta se estaba empapando! Y si por él hubiera sido, si Naruto no se hubiera marchado del pueblo… él mismo habría ido a darle una paliza tras ver a su hermano en ese estado.

Lo abrazó con mayor fuerza, porque era lo único que podía hacer en esos casos. Él estaba acostumbrado a los rechazos amorosos, aunque no sufrió uno de tal intensidad, pero su hermanito… Naruto era su primer amor, uno que había sido demasiado fuerte y desde luego, no conocía los detalles, pero no había sido una buena ruptura.

– Ya está, Sasuke. Estoy aquí contigo. ¿Vale? – le abrazó con fuerza contra su pecho.

– ¿Por qué? – preguntó a su hermano –. ¿Por qué no me lo dijo? ¿Por qué se va sin más? No lo entiendo.

– No lo sé, Sasuke.

– ¿He hecho algo mal? – preguntó entre sollozos –. ¿Es mi culpa?

– ¡No! – se apresuró a intervenir Itachi – no es tu culpa. ¿Vale? Él es un idiota.

¿Qué más podía decirle Itachi? En estos casos se solía decir siempre lo mismo. Era posible que echarle la culpa a Naruto no fuera adecuado, pero tampoco iba a permitir que Sasuke se menospreciara por ese asunto. Como hermano mayor y protector, si debía echar la mierda fuera, lo haría una y mil veces con tal de ver bien a su hermano.