La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Capitulo 15
—Le "dije" no "deje" —corrijo a Brenna, poniendo a prueba mi mano derecha mientras descargo el plato de tazas. Debo volver a llevar platos de comida sin demasiada dificultad el sábado, lo cual es bueno porque es cuando tengo programado volver al trabajo.
—Le dije a Brady que no debería decir cosas malas sobre Emmett porque fue un accidente y los accidentes suceden, y el hockey es solo un juego. Pero él dijo que su papá comentó que era culpa de Emmett si ellos no ganaban.
Ruedo los ojos, pero en silencio rezo a Dios que los Flyers de alguna manera ganen milagrosamente los próximos cuatro partidos, que es lo que mi papá dijo que necesitaban para pasar a la ronda final. Al parecer es muy difícil, sobre todo sin sus dos mejores jugadores.
—¿Quién es este niño Brady?
—Brady Mooter. Está en el primer grado.
—¿Mooter?
—Sí. Es nuevo.
—Lo supuse. —Habría recordado ese nombre en la ciudad—. No escuches a Brady Mooter. Está repitiendo lo que dijo su papá, y su papá es un idiota. —Rápidamente agrego—: Pero no le digas a Brady Mooter que lo dije. Y no le digas idiota a nadie. No es agradable, y no quiero otra llamada del señor Archibald. —Ya he oído del director más en los últimos tres días que en todo el año escolar. Una vez, para decirme que Brenna debía regresar a la escuela. Luego para preguntarme si Emmett podría hablar con los niños en la asamblea de la escuela. Y otra vez hoy, con la esperanza de obtener boletos de los play-off para él y su hijo.
—Está bien, mamá.
—La gente dejará de hacerte preguntas pronto. Lo prometo. —No debería hacer esa promesa. Con la entrevista al aire mañana por la noche, podrían empeorar las cosas.
—No me importa si me hacen preguntas.
Suspiro. Pero a mí sí, si esas preguntas llevan a otros temas.
—¿Has escogido un libro?
—No puedo decidir entre estos dos.
Es una ocurrencia nocturna, el gran dilema del libro que debemos leer, mientras Brenna retrasa la inevitable hora de acostarse.
—Entonces esta vez lee uno tú misma, y yo voy a leer el otro. Date prisa, Brenna. Son casi las nueve y media. Deberías haber estado en la cama hace una hora. —Todo está distinto por aquí en estos días.
Pero en lugar de dar la vuelta y dirigirse a su habitación, se acerca a la ventana delantera. Las tabillas de las persianas están permanentemente dobladas, donde sus deditos las abren para echar un vistazo fuera.
—Deja a Sam tranquilo, por favor.
—No veo a ninguna persona detrás de Rawley.
—Bien. —Entre la presencia del equipo de Kate Wethers anoche, señalando que concedí una entrevista a una emisora nacional, y los dichos públicos que Tanya emitió en mi nombre de que no voy a conceder más, Mike dice que el enjambre de buitres ha disminuido algo—. Comienza a leer. Estaré allí en un segundo.
—Está bien, mamá —dice con su linda voz cantarina, regresando a los saltos a su habitación. Me hace sonreír mientras abro el armario de la cocina para apilar los platos limpios, y me pregunto cuánto tiempo más ella será tan obediente.
Frunzo el ceño al sobre blanco apoyado sobre los platos de la cena. No recuerdo haberlo puesto allí.
Mi estómago se contrae con cautela en el momento en que siento su peso, percibiendo el grueso tejido dentro. Lo abro y se cae mi mandíbula. —Qué demoni... —Lo examino con el pulgar. Veintes, cincuentas y cientos.
Hay miles de dólares aquí.
Junto con una nota y dos boletos de hockey. Reconozco la escritura de Emmett de inmediato.
Isabella,
Sé que no quieres mi dinero. Por eso tienes que aceptar esto.
—Emmett
El calor llena mis mejillas. Debe haber metido el sobre en el gabinete ayer. De cualquier manera… tiene razón, no estoy de acuerdo con aceptar un alijo secreto con dinero de su parte.
Busco mi teléfono. Desplazándome por mi lista de contactos, espero durante unos tres segundos antes de llamar. A pesar de mi ira inmediata, también siento más que una pizca de excitación porque tengo una excusa para llamarlo.
Mi corazón se hunde ligeramente cuando va al correo de voz.
—Hola, soy yo, Isabella. —¿A cuántas conoce?—. Isabella Swan —aclaro, y luego pongo los ojos en blanco—. Acabo de encontrar el sobre guardado en mi armario. Ojalá no hubieras hecho eso. Gracias pero… en serio no tenías que hacerlo. —Tal vez debería haber pensado en esto un poco antes de llamar—. Esto es demasiado. Entiendo que quieres cubrir los ingresos que he perdido, pero solo he faltado dos semanas. No ganaría tanto ni en cuatro meses. Y no hice lo que hice por dinero. Incluso después de descubrir quién eras, aun así no quería tu dinero. Ya te he contado todo esto. Es como… —Lucho para articular lo que quiero decir. Hice un mejor trabajo con Kate Wethers, incluso cuando sonaba como una chica enamorada—. Es como si me estuvieras entregando una recompensa por salvar tu vida. Como si pusieras un precio a tu vida y aparentemente vale… no sé, ¿cuánto es esto? —Lo examino con el pulgar de nuevo—. ¿Cinco mil? ¿Seis mil? Vales mucho más que seis mil dólares. —Jadeo al segundo que las palabras dejan mi boca y se registran en mi cerebro—. ¡Espera! Salió mal. Eso no significa que quiera más dinero. No quiero nada de eso. —Gimo—. Dios, odio dejar mensajes de voz.
Me vuelvo para encontrar a Brenna de pie en la puerta de su dormitorio con su pijama de Olaf, mirándome con los ojos anchos y curiosos. Debo sonar como una loca en este momento, despotricando a alguien en el teléfono por darnos dinero, cuando durante toda su vida, ella me oyó hablar de cosas que no podemos permitirnos. Respiro profundamente, y cuando sale de mis pulmones, parte de mi enojo se va con el aire. —Te agradezco el gesto. Pero no puedo aceptarlo. Necesito que te lo lleves. Buenas noches.
Cuelgo, deseando que hubiera una manera de suprimir mi correo de voz y comenzarlo de nuevo. Considero brevemente volver a llamar y dejar otro mensaje más civil, pero temo que solo hará que toda esta situación sea más embarazosa.
Entonces se me ocurre: ¿Puso a prueba mi llamada? ¿Ha estado esperando que encuentre el sobre?
Arrugo la frente. —¿Me recuerdas qué día es?
—Jueves.
Me lanzo a encender la televisión y busco el partido de los Flyers.
Mi estrés sobre el dinero desaparece temporalmente cuando veo la puntuación. —¡Van a ganar! —Solo quedan treinta segundos y los Flyers están por delante con dos tantos. Emmett está seguramente viendo el partido ahora en el borde de su asiento. No es de extrañar que no respondiera.
Suspiro con alivio cuando pasan los segundos, el silbato suena y los Flyers chocan entre sí en un montón sudoroso de alegría. Al menos Emmett estará de buen humor cuando escuche mi mensaje incoherente, y luego rechace mi petición por completo, como supongo que va a hacer.
—Vamos, Brenna. Vamos a leer ese libro.
