.
LA SEPARACION
-Entonces, ¿te quedas?
La voz de Candy estaba cargada de tristeza. Entendía sus razones para hacerlo pero no podía evitar que aquello le pareciese un adiós definitivo.
-Regresaré a Inveraray, Candy - Alistair la abrazó - Sólo nos quedaremos para concretar ciertos temas. Yo querría casarme cuanto antes pero me temo que no será posible. Ya se han perdido la boda de una hija, querrán compensarlo con la nuestra.
-Después de la boda vivirás aquí - se quejó - Así que da igual si vuelves o no esta vez.
-Seguiremos viéndonos, prima - rió - No es como si me fuese a vivir fuera de Escocia.
-Ni se te ocurra - lo amenazó - Ya nada será igual. Tú te quedas aquí. Mairi se irá con Archie. Yo me tendré que ir también a saber a donde en cuanto mis padres me obliguen a casarme. Es horrible.
-A esto se le llama vida.
-Pues la vida es un asco.
-Echaré de menos tu optimismo, pequeña guerrera - Alistair rió y la abrazó de nuevo.
-No creas que no me alegro - lo miró - Y mucho más porque es Patty. Ella se merece a alguien como tú, que le haga ver lo bueno de la vida.
-Desde luego - sonrió - Si de ti dependiese, la pobre no dejaría de llorar.
Candy lo golpeó en el pecho pero no estaba enfadada por sus palabras. Sabía que estaba sonado demasiado pesimista. Le sonrió de vuelta.
-Creo que voy a despedirme de ella también.
-Procura no deprimírmela - bromeó.
-Tonto.
Al final del día, Candy se sentía tan descorazonada que ni siquiera tenía ganas de bajar a cenar. Si no fuese porque celebrarían los dos compromisos de sus primos, se quedaría en su alcoba, lamentándose de los cambios que se avecinaban.
-Estás radiante, Janet - le sonrió, contagiada de su entusiasmo.
-Jamás creí que tendría tanta suerte en mi matrimonio. Charlie es... - suspiró - Increíble.
-Conozco bien a mi primo y dentro de unos meses te lamentarás de haber aceptado - bromeó con ella, consciente de que Charlie las estaba escuchando.
-Te he oído, prima - se acercó a ellas para enlazar su mano con la de Janet - Dentro de unos meses serás tú la que se lamente de ser la única soltera entre nosotros.
-No soy la única - protestó - Tom también está solo.
-Ese no durará demasiado así - rió.
-¿Por qué lo dices? Tú sabes algo - entrecerró los ojos - Confiesa.
-Vayamos a sentarnos, Janet - la ignoró deliveradamente.
-Charlie - lo llamó pero no obtuvo respuesta.
Cuando fue a ocupar su lugar en la mesa, ni siquiera se sorprendió de que Albert estuviese a su lado. Miró hacia su madre y ésta se limitó a sonreírle. Por un momento se sintió tentada a marcharse pero aquella maldita sonrisa socarrona de Albert la envalentonó. Ella era Candy White y jamás reculaba.
-No pareces muy feliz - le dijo Albert durante la cena.
-¿A ti que te importa? - había sonado bastante brusca.
-Sólo intentaba mantener una conversación civilizada contigo pero veo que eso es imposible - le sonrió, no obstante, divertido.
-Ya nada será igual - suspiró - Antes de este viaje estábamos los cinco juntos. Mis primos, mis hermanos y yo. Ahora cada uno tomará su camino y ya nada volverá a ser lo mismo.
-Creo que el único que se va es Alistair, ¿no?
-Mi hermana pequeña está prometida con un Campbell . Se irá con él después de la boda - sonrió al recordar la noche en que los había unido para deshacerse de Jimmy.
-Cierto, me lo habías dicho. Pero no parece desagradarte eso.
-La sonrisa no es por eso - cuando Albert alzó una ceja con curiosidad, decidió ilustrarlo. Sorprendentemente, le estaba gustando hablar con él - Jimmy estaba en Inveraray en calidad de pretendiente. Mi pretendiente. Pero acabó prometido a Mairi.
-Y tú no tuviste nada que ver, por supuesto - sonrió.
-Yo me limité a presentarlos - se encogió de hombros - El resto fue cosa suya.
-¿No quieres casarte?
-Eso no es asunto tuyo.
-Vale, vale. Retiro la pregunta - sonrió - Nos estábamos entendiendo y no quiero estropearlo.
-¿Por qué decidiste quedarte con Anthony? Estás muy lejos de tu hogar.
-Hector es el mayor. Es quien debe quedarse en Foulis - fue su turno para encoger los hombros - Era joven y buscaba aventuras.
-¿No los echas de menos?
-No mucho - la miró - Suena mal, lo sé, pero allí no había nada para mí. He sido más feliz aquí con mis primos que en mi propio hogar.
-Yo no podría vivir demasiado tiempo lejos de mi familia - la tristeza volvió a ella.
-Por suerte para ti, ninguno estará tan lejos como para no poder visitarlos.
-Pero no será lo mismo.
-Y volvemos al inicio - bromeó.
-Eres muy gracioso cuando no te comportas como un canalla.
-No te acostumbres - se acercó a ella para susurrarle las siguientes palabras - Sólo intento derribar tus defensas para poder besarte cuando quiera.
Candy lo fulminó con la mirada y él rió. Adoraba provocarla. Se veía todavía más bella con los ojos llameantes y el desafío pintado en su rostro. Las mujeres anodinas y complacientes jamás habían llamado su atención. Candy, en cambio, tenía todo cuanto buscaba en una mujer.
-Pues lamento estropearte el plan - la oyó decir - pero mañana al amanecer me marcho con mi familia y no volveremos a vernos.
-Y yo lamento informarte de que antes de lo que piensas, estaremos juntos de nuevo - sonrió ante el gesto de sorpresa de ella - No te librarás tan fácilmente de mí.
-No me intimidas, Albert - aguantó su mirada como si quisiese demostrarle cuanta verdad había en sus palabras.
-No pretendía hacerlo.
-Pues tampoco me impresionas - se recostó en la silla, aparentando indiferencia.
-Es bueno saberlo - rió - Eso quiere decir que debo esforzarme más.
Horas más tarde, cuando Candy se disponía a entrar en su alcoba, sintió unos fuertes brazos atrapándola por la cintura y tapándole la boca para que no gritase. Ya dentro de su cuarto, la obligaron a girarse y abrió los ojos con sorpresa.
-¿Impresionada? - dijo Albert antes de besarla apasionadamente.
Candy se aferró a él y respondió con igual ardor. Por más que se repitiese a sí misma que no debía sucumbir a él, no podía evitarlo. Después de todo era quien hacía temblar su mundo. Aunque él sólo desease su cuerpo y no su corazón.
Albert interrumpió el beso con gran esfuerzo. No había ido a seducirla, sino a darle una despedida que no olvidase en mucho tiempo. Necesitaba que lo recordase mientras estuviesen separados.
-Esto sólo es una despedida temporal, Candy - le dijo con voz ronca - Volveremos a vernos muy pronto.
-Lo dudo - intentó apartarlo pero no pudo.
-Piénsame, querida - le dijo antes de besarla de nuevo, esta vez con ternura.
-Si volvemos a vernos, ni recordré tu nombre.
Albert rió y volvió a besarla antes de abandonar su alcoba. Candy no podría olvidarlo, así como él jamás podría quitársela de la cabeza.
CONTINUARA
