¡Alto!

Antes de leer esta parte asegúrate de haber leído la actualización de la mañana, hoy subí dos capítulos y este es el segundo.


Ella, tú y yo.


El clima era cálido, las aves cantaban como acompañando la emoción del día y una ligera brisa se adentraba por la ventana a su izquierda moviendo la delgada y casi translúcida tela blanca.

Tenía la cabeza llena de esas frases cliché que se podían decir en un día como ese.

Aquellas que iban desde: "Te ves hermosa", "tu rostro está iluminado"; hasta la más conocida de todas: Nunca ha existido novia más hermosa.

El vestido blanco se ajustaba a su cuerpo de manera perfecta, de arriba un corsé lleno de detalles bordados y de la cintura para abajo, una falda ampona que terminaba en una larga cola con flores bordadas.

Y el velo, en la parte de hasta abajo, tenía cosidos pequeños pétalos dándole un toque hermoso y único.

Tomoyo se había lucido y con justa razón.

Pero ella seguía observando el reflejo en el espejo sin poder decir nada a causa de la emoción.

—Me tiemblan las piernas. —Escuchó y no pudo evitar sonreír recordando que también le pasó el día que dijo "acepto".

—Respira por la boca, eso ayuda —dijo acomodando el peinado y poniendo las manos en los hombros de la hermosa joven que parecía un sol radiante.

Ella lo hizo, aunque se notaba que le temblaban los labios, apretó un poco los hombros y puso su rostro a un lado del de ella y observó el reflejo del espejo.

—¿Mejor?

La chica sonrió y ella asintió volteando para observar el ramo de lilys color morado que esperaba por ser tomado.

—Ayer la vi —dijo de pronto su acompañante.

Volteó confundida, la joven la veía a través del espejo mientras mordía su labio inferior con nerviosismo.

—¿A quién? —preguntó agachándose para estirar un poco el vestido.

—A mi... A Akiho —respondió en voz casi inaudible.

Sintió algo frío recorrerla de pies a cabeza, se incorporó fingiendo tranquilidad y tomó los guantes blancos del mueble a su lado.

—Vaya, ¿cómo está? —preguntó controlando el temblor de su voz.

Orbes ambarinos se fijaron en ella, la chica la tomó por las manos y volvió a morder su labio, a ese paso arruinaría su maquillaje y cierta tía pegaría el grito en el cielo.

—Hablamos, ella me explicó sus razones... Necesitaba saber, entender porqué no me quería —explicó la joven con los ojos cristalinos.

—Oh, Sayuri —musitó Sakura negando, su niña tenía tristeza en el rostro, algo que no iba con la ocasión ni el día.

—Le pregunté si acaso... Si alguna vez me llegó a querer —continuó la joven que ahora temblaba.

Sakura suspiró y entrelazó sus manos con las de su hija.

—Sayuri, no debiste —musitó sintiendo el dolor del corazón de la que aún veía como su niña.

La aludida le dio una sonrisa ladeada, bajó un momento la mirada y parpadeó en exageración.

—Entendí muchas cosas, me contó lo que hizo desde que se divorció de Yuna; viajó a muchos lugares, tuvo parejas... Se casó con un hombre mayor y ahora regresó a Tomoeda para... —Se encogió de hombros—. Quiere tener una relación conmigo, resarcir los años de abandono.

El pecho de Sakura se fue contrayendo con cada palabra que salió de boca de Sayuri. Pero no podía reclamar nada, su hija estaba en derecho de conocer a su madre biológica.

—Me da gusto, nena. —Se obligó a decir con una sonrisa forzada.

La chica imitó el gesto y apretó un poco las manos de la castaña.

—¿Crees que papá... Que le importe entregarme acompañado?

Y el mundo de Sakura se vino abajo, abrió la boca con sorpresa sintiendo un dolor punzante en el corazón. Sayuri casi le había clavado una estaca.

Se aclaró la garganta y desvió la mirada, tenía que controlar las lágrimas, era el día de Sayuri y debía apoyarla, ponerla en primera instancia como siempre lo hizo.

—Por ti lo hará, solo deja lo apaciguo para que lo tome con calma —contestó manteniendo esa sonrisa fingida.

Sayuri ladeó la cabeza al notar las lágrimas contenidas en los orbes verdes.

—Ma... Quiero que tú me entregues con papá —susurró.

Entonces todo se detuvo: el tiempo, el día, hasta los pájaros parecieron dejar de cantar. Sakura parpadeó varias veces no terminando de asimilar lo que su hija quería.

—¿Quieres que yo...? —Sacudió la cabeza para despejar la nube de confusión—. Pero creí que Akiho...

Sayuri movió la cabeza de manera negativa.

—Tú eres mi madre —susurró con la voz quebrada—. No me llevaste en tus entrañas pero me llevas en un lugar más especial —continuó poniendo una mano sobre el corazón de Sakura.

Las lágrimas comenzaron a derramarse, Meiling le iba a matar pero no le importó, sentía el corazón alterado.

—Sayuri...

—Amo escuchar la historia de sus vidas porque... Papá siempre me hace ver qué me amaste a mí primero —explicó la chica que ya tenía las lágrimas al borde de las pestañas—. Fue por mí por quién te acercaste, no fue papá; nunca tuviste el deber de amarme y así lo hiciste.

Sakura no pudo más, atrajo a la joven novia y la abrazó con fuerza mientras ambas derramaban lágrimas.

—Claro que te amé, eres mi niña, mi vida... Eres mi hija —exclamó apretando más el abrazo.

Sayuri lloró con el alma, jamás sintió la ausencia de Akiho porque nunca le hizo falta, Sakura era su madre y ningún lazo de sangre podía cambiar eso.

A pesar de que la rubia quiso entrar a su vida, al escucharla hablar sobre viajes que harían, lugares y compras que tenía en mente, se dio cuenta que nada de eso implicaba una relación de madre e hija.

Pero las noches cantando con Sakura, los bailes locos, los juegos, las noches de estudio y desvelo... Incluso los abrazos para calmar su dolido corazón cuando Tai se fue a Inglaterra; eso era una relación de madre e hija.

No había nadie más, ahora entendía lo que su papá sentía por Sakura.

La castaña calmó su llanto y alejó a Sayuri para limpiar un poco el rastro de lágrimas, sonrió.

—Tu tía nos va a matar —dijo sin borrar la felicidad de su rostro.

Sayuri soltó una ligera carcajada y asintió.

—¿Cómo me veo, má? —preguntó ignorando el espejo y solo viéndose en el reflejo de los ojos de su madre.

La castaña acomodó el velo sobre la cabeza de su hija.

—Eres la novia más hermosa del planeta —admitió finalmente en voz alta.


La fiesta estaba en todo su esplendor, sentía cansados los pies y se detuvo en una columna del enorme salón para quitarse los zapatos por un momento.

—¡Sakura! El suelo está sucio —exclamó una voz conocida a su espalda.

Hizo girar los ojos y negó, incluso así se quitó ambos zapatos y gimió de placer cuando sus pies disfrutaron del frío piso.

—Eso de la paternidad te hizo aburrido —alegó volteando a ver a su mejor amigo.

Lien arqueó una ceja y sacudió la cabeza varias veces.

—Creí que eso era lo que necesitaba, madurar —gruñó apoyándose a un lado de la castaña.

Sakura rio divertida.

—¿Tus hijas? —preguntó buscando con la mirada a su esposo.

El abogado se encogió de hombros y vio hacia arriba.

—Por ahí volviendo loco al hijo de Eriol y Tomoyo —masculló cansado—. Le dije a Mei que un día de estos lo van a sacar de sus casillas, pero ya sabes cómo son esas tres mujeres.

La castaña sonrió. Lien y Meiling tenían unas gemelas increíblemente hiperactivas, nada que ver con el hijo serio y recatado de su mejor amiga.

Eran como dos pequeñas Meilings que habían heredado los ojos traviesos de su padre, mientras que el hijo de Tomoyo tenía los ojos color amatista con el cabello y humor del inglés.

Agua y aceite, aunque ya tenían 13 y 15 años respectivamente siendo el joven inglés (porque nació en Inglaterra, tal como su padre) el mayor de ellos.

—¿Sabes qué es lo peor? Que Tai las alienta —masculló el abogado.

—Ay sí, como si tus hijas necesitarán ser alentadas —intervino una tercera voz—. Sakura, hice ese vestido exclusivamente para que lo uses con tacones, ni se te ocurra ponerte tennis, ya vi a Syaoran con ellos —comentó la diseñadora señalanado a la mencionada.

Sakura hizo girar los ojos, le dijo a Syaoran que los escondiera de Tomoyo y parecía que le había pedido que los mostrara a todos los invitados.

El DJ bajó la música y anunció el primer baile de los novios, Tomoyo se puso a un lado de la castaña y apoyó la cabeza en el hombro de esta mientras Lien se paraba al otro lado de la chica.

—Míralos, son perfectos —susurró la pelinegra mientras Sayuri y Tai caminaban al centro de la pista.

Sakura puso su mano sobre la de su mejor amiga mientras apoyaba la cabeza en el hombro de Lien.

—Lo sé.

Los tres amigos miraron a la pareja que bailaba al son de "Thank you for loving me" de Bon Jovi. Las luces de la pista iluminaban sus rostros y era fácil deducir que estaban perdidamente enamorados.

Entonces, ciertas gemelas pasaron corriendo detrás de la pareja seguidas de otro adolescente mojado de pies a cabeza.

—¡Vuelvan acá, me las van a pagar! —exclamó Ansel.

Sayuri y Tai rieron más no dejaron de bailar.

Tomoyo vio enfurecida a Lien mientras que él se encogió de hombros.

—Ni me mires, que te apuesto lo que sea que en unos años vamos a emparentar —bufó mirando hacia arriba y negando.

Sakura no pudo evitar reír antes de sentir un toque es su hombro. Volteó para encontrarse con orbes ambarinos.

—¿Me daría el honor de bailar conmigo, señora Li?

La castaña suspiró amando como su esposo le recordaba una y otra vez que eran matrimonio.

—Claro que sí, señor Li —respondió dándole sus zapatos a Lien—. Tíralos a la fuente, me voy volando en los brazos de mi amado.

Lien rio mientras que Tomoyo gruñó, pero nada de eso le importó cuando Syaoran la tomó entre sus brazos y comenzaron ese vaivén al son de la canción que bailaba su hija.

—¿Estás feliz? —le preguntó Sakura a su esposo.

Él la besó como respuesta, se mantuvieron con los labios unidos hasta que el gruñido del estómago de Sakura lo hizo reír y a ella sonrojar.

—¡Hoe! No me ha dado tiempo de comer —justificó escondiendo el rostro en el pecho de Syaoran.

Siguieron bailando por unos segundos, la risa del castaño fue menguando hasta que quedó en silencio.

—¿Nunca te preguntaste porqué me aferré a este salón? —preguntó en voz baja. Recibió una mirada contrariada junto a un encogimiento de hombros, él besó su nariz antes de sonreír con complicidad—. Porque aquí a la vuelta está nuestra cafetería.

Sakura sonrió de vuelta y sus ojos se iluminaron aún en medio de la oscuridad.

—Y yo pensé que era por lo cerca que estaba la plaza.

Syaoran suspiró y juntó sus frentes.

—Nuestra historia empezó un día lluvioso en una cafetería inusualmente concurrida... Tú llegaste de sorpresa y literalmente te metiste en mi mesa —recordó.

Sakura sonrió ante el recuerdo.

—¿Hamburguesa y malteada? —preguntó en voz baja sintiéndose de nuevo esa joven de veinte años que solo buscaba qué comer en medio de la lluvia.

El asintió y la besó.

—Hambueguesa y malteada —replicó.

Sabían que debían estar en la boda, pero a lo lejos, Sayuri los vislumbró y les dio un guiño dándoles permiso para desaparecer por un rato.

Y así, tomados de la mano, salieron de la fiesta para regresar al lugar donde todo había comenzado.


Jamás había escrito algo tan largo por mi cuenta y debo decir que amo como quedó la historia, juro que lloré al escribir el epílogo y no hay cosa que cambiaría.

Gracias a todos por leer, por disfrutar, por esperarme y por llenarme de ánimos cuando mi vida se vino abajo, jamás tendré suficientes palabras para decirles lo mucho que me ayudaron a salvarme de mí misma.

Al fandom de SCC, es por ustedes que estas obras existen, gracias por el apoyo que me dan historia tras historia.

Sé que muchos esperaban un hijo de SS, pero esa nunca fue mi idea; de hecho, por eso puse la situación de Sakura sobre la mesa, porque embarazarla no era algo que yo quisiera. El fin de la historia siempre fue mostrar una familia que no tenía lazos de sangre, la relación de Sakura y Sayuri es especial por eso, porque sin ser madre e hija biológicamente se amaban como si lo fueran así que meter a otro hijo nunca estuvo en mis planes, lamento si se decepcionan.

Para mí, el tener hijos propios no los hacía más o menos familia, amo como se ven solo los tres.

Muchas ideas las dejé en borrador porque algunas eran crueles jaja, les dije que las iba a compartir para que se dieran una idea:

Originalmente la traidora era Sakura, Akiho habría ofrecido pagar su carrera a cambio de meterse a la vida de Syaoran, se me hizo muy cruel y algo que sería difícil de perdonar.

Eriol habría tenido una aventura con Akiho, ya eran muchas traiciones, no quise hacer más drama.

Tai originalmente iba a ser un niño de la calle, pero me metí tanto en la relación de Tomoyo y su padre que al final opté por ese giro.

Espero de corazón que hayan disfrutado la historia, yo amé escribirla y hacerlos llorar de vez en cuando jajaja.

De aquí no sé qué sigue, tengo pendiente Escúchame y Casualidad, ya decidiré cuál escribo durante la cuarentena.

Por las risas, las lágrimas, las palabras de aliento, los reclamos y la espera...

¡Muchas gracias!