El beso no fue largo, Sonya llegó justo cuando terminaron así que no vio nada, pero supuso algo al ver las mejillas sonrojadas del japonés. Yuuri no estaba tan bebido como para no recordar nada, si lo estuviera ya se habría quitado la ropa y estaría sobre el rubio, al parecer ya le había pasado antes ya que sus conocidos tenían fotos de ello.
—La cena está servida —avisó la chica y Yuuri se levantó para ir a buscar a su "hijo".
Guiándose por el sonido de la risa de una chica, llegó hasta la habitación encontrándolos sentados frente a frente en la cama. La chica reía forzadamente de lo que decía Víctor, como si quisiera agradarle solo por eso y el platinado tenía esa sonrisa en el rostro que Yuuri ya reconocía como falsa o que hacía simplemente por educación.
—Chicos, es hora de comer —les habló intentando que su tono de voz sonara normal para que el menor no se diera cuenta que se había pasado un poquito de copas.
—Ya voy, papá —le respondió al instante el de ojos azules para luego levantarse y ofrecerle caballerosamente una mano a la chica, la cual fue tomada al instante. Sin duda Víctor era un chico de buenos modales y hacía cosas que no se veían usualmente en jóvenes de su edad y mucho menos en esta época, así que Anya debía estar totalmente encantada. Lástima que el corazón del platinado ya estuviera ocupado.
Una vez todos en el comedor, Yuri hizo que su "pareja" se sentara junto a él, frente a ellos Víctor corrió la silla de la menor para que esta tomara asiento y él hizo lo mismo junto a ella, por último la anfitriona se sentó en la cabecera.
Comenzaron a degustar lo que tenían servido mientras platicaban sobre asuntos laborales, Yuri hablaba con fluidez sobre los temas del trabajo mientras Sonya le respondía de la misma forma, dejando a Yuuri completamente fuera de la conversación, por supuesto él no sabía nada sobre esas cosas puesto que su trabajo era en un área totalmente distinta a la del rubio. Tampoco era como si le importara, puesto que Yuri de vez en cuando le regalaba una mirada o una sonrisa corroborando que el japonés estuviera bien y no se sintiera incómodo.
Yuri tenía esos pequeños detalles, detalles que quizás para algunos pasaban desapercibidos, pero que Yuuri comenzaba a notar cada vez más. Parecía un tipo apático y a quien no le importaba nada más que él mismo, pero siempre estaba atento del azabache.
Víctor conversaba con Anya sobre temas escolares, comparando sus escuelas y lo que les enseñaban, además de cómo eran sus amigos y otras cosas. Así fue como se enteró que la chica hace poco había tenido una relación, pero que encontraba al chico inadecuado para ella, decía que era demasiado asfixiante ya que siempre estaba llamándola, enviándole mensajes y regalos, pero a ella ya la había aburrido. El platinado creyó que la actitud de Anya era demasiado altanera, pero no dijo nada, después de todo no era su problema ya que no volvería a verla, así que solo actuaría como si todo estuviera bien, con la intención de no causar problemas a los demás en el lugar.
—La comida esta deliciosa ¿Tú cocinas? —preguntó Yuuri de repente, envalentonado por el poco alcohol ingerido puesto que estaba más que claro que ella no lo hacía, por algo le pagaba a alguien.
—Oh, no. Yo trabajo y odio las labores del hogar, para eso tengo personas que lo hacen, lindo —le sonrió fingidamente mientras respondía.
—Eso es extraño, deberías saber hacerlo —habló el rubio con simpleza.
— ¿Crees que porque soy mujer debería estar en una cocina? —preguntó con un deje de indignación en la voz.
—Creo que como tienes una hija, lo normal debería ser saber cocinar —Yuri siguió hablando con tranquilidad— yo soy hombre y cocino, Yuuri también lo hace. Así que no tiene nada que ver con ser hombre o mujer, tiene que ver con lo que necesita tu hijo.
Sonya se quedó en silencio al no saber cómo responder a ello, no había manera de debatir aquello sin hacerse la víctima.
Después de la comida llegó el postre y más tarde se dirigieron nuevamente a la sala para conversar. Yuri no sabía cuánto tiempo más podría aguantar de escuchar a una mujer tan egocéntrica y que se notaba a leguas que no le interesaba en lo más mínimo el bienestar de su hija, al parecer la chica solo era un trofeo para ella, ya que solo recalcaba en que era la mejor y las cosas que hacía bien.
Sentía que su cabeza explotaría, pero no podía decir nada puesto que esto era un tema más de trabajo que algo social, así que debía mantenerse educado. Yuuri ayudaba bastante, lo hacía reír con sus actitudes al acercársele tanto y logrando que la mujer frunciera el ceño en desaprobación de vez en cuando, además de que no le disgustaba para nada el hecho de tenerlo cerca. Volvió a abrazarlo por la cintura al estar sentados uno junto al otro y besó los labios de Yuuri una vez más, este se dejó, mirando de reojo a Sonya.
Yuuri no entendía como alguien podía caerle tan mal, pero la mujer además de egocéntrica era una roba-esposos. Si bien en la realidad él y el rubio no tenían nada, se suponía que ella creía que sí, pero aún con esa información la mujer no paraba de coquetearle a Yuri de vez en cuando o de agacharse para que se denotara más su escote, el cual era bastante pronunciado. No podía negar que ella era hermosa, pero él lo era aún más, así que disfrutaba de las pequeñas muestras de cariño que su "esposo" le otorgaba, aunque fueran falsas, simplemente porque hacían enojar a Sonya.
El tiempo pasó y la hora de marcharse llegó, los tres integrantes de la familia Plisetsky saltaban internamente de alegría al saber que ya podían retirarse a su casa para poder descansar de aquellas mujeres.
Se despidieron cortésmente y se retiraron en el automóvil. Víctor cayó rendido en el asiento trasero y Yuuri lo siguió unos minutos después en el asiento del copiloto, apoyando su frente en el vidrio de la ventana, haciéndola retumbar. El rubio rodó los ojos y como pudo metió su brazo por la espalda del japonés para poder agarrarlo de los hombros y hacer que apoyara la cabeza en su hombro, así no se haría daño.
Llegaron a casa y Yuri bajó a su hijo en brazos mientras el azabache corría a abrir la puerta de la casa y a correr las mantas para que pudieran acostar al menor.
—Ve a dormir —le dijo el rubio una vez terminada su labor con Víctor, se le acercó y besó la frente del japonés— fue un día agotador —se retiró después de eso, dejando a un Yuuri sonrojado en el pasillo.
El azabache durmió plácidamente esa noche, recordando el último beso, el más sincero de todo el día puesto que no había nadie viéndolos y eso significaba que no había nadie por quien fingir.
El domingo en la mañana Chris le pidió a Víctor que se juntaran en el centro de la ciudad, porque necesitaba ayuda para elegirle un regalo a su novia, pronto estarían de aniversario y quería regalarle algo relacionado con el ballet, pero él no sabía nada de aquello. El platinado le respondió que aunque fuera un traidor, lo ayudaría, solo porque le agradaba Minako. Pidió permiso a sus padres, que aunque ya no estuvieran fingiendo, él los sentía a ambos de esa manera.
Yuuri le recordó sobre no ir a la cafetería por estar castigado y el rubio le dijo que se cuidara y llamara cuando estuviera en el lugar y cuando fuera a volver.
— ¿Por qué quieres que te avise cuando vuelvo? —le preguntó a su padre con una sonrisa picara en los labios— ¿Acaso van a hacer algo que no puedo ver?
Yuri lo miró de manera asesina y el azabache que ya había comenzado a acostumbrarse a ese tipo de bromas de parte del menor, solo le revolvió los cabellos y le dijo que él se iba ahora ya que tenía cosas que hacer también. Víctor se decepcionó un poco, pero no había nada que hacer, a veces olvidaba que en realidad Yuuri tenía una vida aparte de ellos.
El platinado salió al lugar del encuentro, Chris ya estaba esperándolo en una tienda que se especializaba en artículos de ballet. Víctor le ayudó a escoger el regalo que pensó le gustaría más y su amigo se lo agradeció invitándolo a su cafetería favorita, pero el platinado con el dolor de su alma tuvo que negarse al estar castigado.
—Vaya, jamás imaginé verte castigado —le dijo burlón.
—Gracioso. Tú me traicionaste, ni siquiera estuviste ahí soportando el dolor conmigo —le respondió fingiendo estar dolido.
Chris terminó por invitar a su amigo a comer helado, luego de eso se despidieron ya que el rubio aún tenía cosas que hacer. Víctor quedó solo, pero aún no quería volver a casa. No sabía a dónde ir por lo que comenzó a caminar recorriendo las calles para ver si encontraba algo interesante que hacer.
Repentinamente sintió como alguien se colgaba a su cuello, al principio se asustó hasta que escuchó la inconfundible voz de Anya. Había pensado que no volvería a verla más, pero se había equivocado por completo, ahora tenía junto a él a la molesta chica que se quejaba de su ex-novio.
—Hola, Anya —saludó cortésmente Víctor.
—Hola, no pensé encontrarte por acá ¿No es una hermosa coincidencia? —preguntó la chica y el platinado solo sonrió para no ser maleducado. Si fuera por él, ya la habría dejado sola diciéndole que no quería verla de nuevo.
—Acompañé a un amigo, pero ya me iba a casa —soltó rápidamente para que la chica entendiera que debía irse, pero al parecer ella era demasiado insistente.
—Oh, entonces estas libre ahora ¿Verdad? —Le habló entusiasmada— podríamos ir al cine o a comer algo ¿Qué dices? Sería divertido.
Víctor no hallaba la manera de zafarse de ella así que dejó que lo arrastrara por entre los locales, definitivamente no iría con ella al cine, pero tal vez si comían algo juntos después lo dejaría tranquilo. Fueron a un lugar cercano de comida rápida donde la chica se quejó de lo sucio del lugar, lo grasienta que era la comida y la mala atención de los vendedores, además de enojarse porque no les llevaban la comida a la mesa y eran ellos mismos quienes debían cargarla sobre la bandeja para ello.
El platinado solo quería lanzarla por la ventana, aunque por fuera solo sonreía, su día no podía estar empeorando más. Estaba castigado con ir a la cafetería, así que no podría ver a Otabek y mas encima debía estar junto a esa quejumbrosa chica, fingiendo que todo iba bien ¿Por qué no había sacado la personalidad de su padre? Si ese fuera el caso no le importaría abandonarla ahí y decirle unas cuantas cosas en su cara.
Terminaron de comer y la chica seguía hablando y hablando, Víctor imaginó una y mil maneras de taparle la boca en las cuales algunas incluían una trágica muerte. Sonrió mas ampliamente ante tal pensamiento y Anya pensó que al chico le estaba agradando la salida por ello.
Ya estaban por despedirse y Víctor quería saltar de alegría, pero al parecer si podía ir peor su día. Por la orilla de la calle, una motocicleta se detuvo con un sexy chico sobre ella— Hola, Víctor —saludó con su tono neutro— tu novia es muy linda.
El platinado no sabía dónde esconderse, al principio se alegró de que recordara su nombre (aunque no era la primera vez), pero después se enojó. No entendía que le molestaba más de la situación, si el hecho de que creyera que tenía novia o que la haya encontrado "linda". Seguramente lo último solo lo había dicho por cortesía, pero aún así le hacía hervir la sangre.
࿂Continuará࿂
