Capítulo 41. Querido tío abuelo

Con los ojos cerrados respiro profundamente para llenar mis pulmones de aire puro, fresco y con olor a él, al abrir los ojos puedo apreciar el maravilloso paisaje que está frente a mí, la colina de Pony rodeada por un bosque verde que es atravesado por un acuífero largo y brillante hogar de un sin número de pescados pareciera un listón de ceda que fue tirado por Dios al descuido sobre una alfombra lleno de vida. Con mis pies descalzos puedo sentir la frescura del césped, el aire rocía la fragancia de las flores silvestres que están en flor por ser primaria, pareciera que es mayo el mes de mi cumpleaños, el cielo es azul brillante adornado por unas cuantas nubes en forma de borreguitos, el sol está en lo alto haciendo su trabajo iluminar y llenar de calor al mundo mientras que mi corazón está rebozando de alegría por tenerlo cerca de mí, siento su presencia, se que me ve con su mirada feliz y su sonrisa soñadora, volteó hacia atrás y lo puedo apreciar, él esta recargado en el tronco del padre árbol, su peso lo apoya en una sola pierna mientras que el otro lo tiene flexionado depositando la planta del pie en el tallo del árbol, sus manos los tiene a los costados listos para albergar a su dama, su rostro tiene un aura celestial como si fuera un ángel, si no supiera que es mi príncipe lo confundiria con un ser sobrenatural, me gusta lo que veo, me gusta su aire despreocupado, como si fuera un eterno chiquillo que no lo aquejan las preocupaciones de la vida, despues de que se le escapa un suspiro sus labios dicen en un susurro —ven a mí, dulce amor... — pero para los oídos de mi corazón fue un estruendo fuerte, no fue cruel ni terrible aunque parezca absurdo más bien fue tierno, dulce y al mismo tiempo decidido. Yo solo podía sonreír ante su majestad él dueño de mí corazón, no camino más bien floto en el aire como el polen de las flores, llegó a él mi otra mitad, al estar junto a mi príncipe él me rodea con sus brazos fuertes proporcionándome el hogar que siempre quise tener, embelesada le contestó —ya estoy aquí y nunca me separare de ti

El contesta divertido — tendría que estar ciego, sordo o imbécil para dejarte ir

Sus palabras me dejan muda de la impresión, mis mejillas se sonrojan y solo puedo expresar con los ojos parpadeando —que halagador... No sé que decir

Con una mano me acaricia delicadamente el rostro, con la otra me acerca más a él, siento su calor, sus músculos, su cuerpo de hombre se amolda al mío y mientras que sus ojos me ven directo a los míos dice —no digas nada, solo reconoce que no soy ciego, ni sordo y mucho menos imbécil...

Rodeo su cuello con mis brazos y le contesto —te creo por que tú eres mi príncipe

Acerca sus labios a los míos y cuando rosa mi boca, él empieza a hablar — mi dulce Candy me gusta tenerte entre mis brazos — despues capturó mis labios con un beso dulce y ardiente al mismo tiempo, entre beso y beso me susurraba —te amo tanto mi linda muñequita de cabellos de oro, ojos de esmeralda, boca de rubí

Estaba impresionada con sus piropos que le dije —eres todo un poeta príncipe amado

Escuché su risa fresca y juvenil para después hablar —tu eres mi musa que inspiras las palabras que brotan de mi corazón,

—hmmm yo te inspiró

—si por que tú eres el agua fresca, pura, cristalina y dulce que brota del manantial celestial para calmar mi sed, la sed de este vagabundo errante. Después de probar tu boca ya no podré beber el agua de otro manantial solo tú me brindas paz, calma y felicidad

Al escuchar estas palabras lo besé entregando mi alma en el acto y lo mejor de todo es que él me correspondió hambriento de mí, si estuviéramos en el plano terrenal mi príncipe ya me abría quitado la ropa, sus manos aventureras me explorarian con entusiasmo, pero como estamos en el cielo sus caricias son castas, sus manos están quietas, con una me masajea el pelo y con la otra me rodea la espalda, nuestra unión pareciera inocente y lo es, más sin embargo no impide que nuestras almas estén desnudas, fundiéndose en un solo ser haciendo el amor, yo me aferró a él, tengo miedo que desaparezca como la última vez que lo soñé, pero en esta ocasión no se desvanece si no que permanece a mi lado, empiezo a abrir los ojos lo quiero ver, al despabilarme me doy cuenta de que no estoy en el paraíso más bien estoy en la habitación de Albert y con una sonrisa acarició el rostro perfecto de mi príncipe ¡mi príncipe! Estás palabras retumbaban en mi cerebro, estoy muda de la impresión, los recuerdos me llegan como una avalancha abrumadora, mi corazón empieza a latir apresuradamente, de mi boca quieren salir gritos de asombro pero no puedo, me levanté de la cama con mucho cuidado, tome la camisa de Albert con las manos temblorosas, como pude me la puse y fuí al baño como una cobarde a llorar de la alegría mientras cerraba la puerta y me sentaba en el piso abrazándome las piernas, no lo puedo creer después de tanto buscar, después de tanto sufrimiento y de tanto tiempo por fin lo encuentro, sonrió con las lágrimas surcando mis mejillas al mismo tiempo que digo en voz baja —siempre estuviste conmigo, acompañándome en los momentos más difíciles de mi vida y no me di cuenta, por eso es que tus ojos y tu voz me resultaban familiares por que tú Albert ya te conocía desde que tenía tan solo seis años, tu eres mi primer amor

Después de tranquilizarme me arregle lo mejor que pude, me lave la cara, los dientes y me peine el cabello, salí del baño con la mayor dignidad posible, Albert ya estaba despierto me tendió la mano para decirme con su dulce voz —ven — me acerque y me acosté a su lado mientras que él me besaba despacio y con ternura, sus manos inquietas se paseaban por mi espalda para terminar en mis piernas desnudas al mismo tiempo que su boca atendía mi cuello, despues con una sonrisa en la boca me pasaba sus dedos en el comienzo de mis pechos, luego como al descuido me desabotona la camisa para tener acceso a mi cuerpo desnudo, me ve con administración como si fuera una obra de arte y dice —eres lo mejor que me a pasado en esta vida— con veneración pasea su mano por mis pechos bajando por mis costillas, despues sigue con mi abdomen para quedarse ahí por un tiempo y habla —quiero que seas la madre de mis hijos

Cuando escuché sus palabras como si fueran alimentos afrodisíacos mis ojos se dilataron para expresar el deseo erótico que siento por Albert, siento correr la sangre hirviendo por mis venas, mi respiración se agita, me pasó la lengua por los labios muero por besarlo, mis manos se inquietan por tocarlo, y mi vagina se humedece. Quitó de un tirón la sábana que nos estorba, me abalanzó sobre él quedando a horcajadas, mi príncipe sonríe gustoso por mi reacción mientras que yo lo beso y lo acarició con ímpetu, él me masajea los pechos para torturarme de placer y cuando se lleva un pezón a la boca yo gritó de gusto, su mano se pasea por mi espalda hasta llegar a mi culo para atenderlo luego introduce sus dedos en mi vulva para acariciarlo suavemente siento como tengo contracciones vaginales, después mi amor introdujo su falo en mi sintiendo como enloquesco de pasión mientras me muevo con frenesí, disfrutando de cada movimiento, cada vez lo hago más rápido obteniendo mayor placer hasta que explotó desintegrandome en mil partículas, cuando terminó me desplomó sobre su cuerpo, el sonrie al mismo tiempo que se sienta entre mis piernas viéndome con satisfacción, empieza a tocarme las piernas, yo estoy tan sensible que no puedo evitar los gemidos, me separa las piernas y me vuelve a introducir su mástil duro, grande y delicioso, empieza con movimientos suaves para continuar con embestidas fuertes mientras yo me siento desfallecer de felicidad, deje de gemir y de gritar lo que hago es aullar como loba salvaje en celo, mi cuerpo se retuerce de tanta excitación y mis manos se cierran en un puño capturando la sábana blanca, estamos extasiados, radiantes de felicidad, nos abrazamos mientras nos calmamos, después Albert dice —eres temeraria

—¿por qué lo dices?

—no tienes miedo de quedar embarazada

—si quedó embarazada, estaría bien por que sería el heredero Andrew

—jajaja lo haces por dinero

—lo hago por amor, pero siendo tu hijo se que jamás lo abandonarias. Y aunque lo abandonaras yo sabría como salir adelante

—eres la dueña de mi corazón jamás te dejare y si quedarás embarazada nuestro hijo sería un hermoso regado de Dios, viviré solo para protegerlos

Después de un beso largo y un poco melancólico nos bañamos, para desayunar algo sencillo, café, emparedado de verduras, fruta picada y jugo de naranja recién exprimida.

En la estación del tren el me dijo —casate conmigo— mientras sostenía una sortija frente a mí, esta propuesta me impacta dejándome sin habla, pasado mi turbamiento solo pude decir —si— cuando en realidad quería gritas ¡ siiiiii acepto! , No pude contener las lágrimas de la emoción por que el tío abuelo William Andrew, Albert mi hermoso vagabundo y mi príncipe me pedían matrimonio al mismo tiempo. El hombre de mi vida tomo el anillo y me lo depósito en mi dedo tembloroso, después yo me aventé a sus brazos para tenerlo muy pegadito a mi mientras él me besaba con ternura los labios. Cuando Albert se separó de mi dijo —habia planeado la cena de anoche para pedirte matrimonio... Pero tu belleza me vuelve un tonto que se me olvidó por completo

—no importa

—claro que importa se supone que debía pedirtelo en un lugar bonito, agradable para que se convierta en un recuerdo inolvidable

—para mi es romántico y perfecto este lugar y este tiempo en el que me pides que sea tu esposa

—eres muy comprensiva

—te amo

—ya es hora de abordar el tren... Te prometo volver lo más pronto posible

—te estaré esperando toda la vida

—estoy seguro que volveré antes de lo previsto princesa

Lo vi partir en el tren teniendo fe y esperanza en la vida, en el destino, en el universo, en mi suerte y en Dios, se que volverá, este amor tan grande, intenso y fuerte no puede perecer, tiene que sobrevivir al tiempo, al espacio, a las clases sociales a todo.

Los días pasan lentos, mis amigos y el trabajo me hacen llevadero su ausencia, por las noches añoro con mayor intensidad su regreso derramando lágrimas amargas en la almohada.

Hoy es un día muy bonito, el cielo está despejado, siento como el sol acaricia mis mejillas con sus rayos cálidos, después de tomar un agradable desayuno me dispuse a tomar una hoja blanca, una pluma y tinta para empezar a escribir mi primer carta a mi prometido, con una sonrisa traviesa empiezo a escribir:

Para: el querido tío abuelo William Andrew

Continuará...