HOLA!

Ya estoy aquí... no he tardado mucho, ¿eh?

Es lo que tiene, tener tiempo libre ;-)

A lo mejor esta noche, os dejo una sorpresita subiendo otro fic. Ya que muchas me habéis preguntado si voy a subir un nuevo fic... y SI! Tengo varios empezados. Así que con el que me sienta más "inspirada" lo subiré.

Con esto quiero ayudar a que estos días de encierro, sean más llevaderos. Espero que mi pequeño grano de arena, sirva de algo.

Os dejo con el siguiente capi... que SÉ, os va a gustar, mucho ;-)


CAPÍTULO 33


Carlisle y Bella entraron por la puerta principal; antes de traspasarla, su olor le llegó al resto de la familia que seguían sentados en el salón.

- ¿Bella? - Preguntó Emmet. - Huele… - Olfateó al aire.

- Huele como ella, pero tiene connotaciones diferentes. - Rose también olfateaba.

- ¡Hola familia! - La voz cantarina, similar a la de Alice, pero un tono más grave, hizo acto de presencia en el salón.

- ¡Bella! - Gritaron todos al unísono, levantándose de sus asientos.

Bella enfocó directamente hacía Emmet. Ambos se miraron y en menos de un pestañeo, Bella estaba dando vueltas en brazos de "su" osote.

- ¡Por favor! No destrocéis el salón - pidió Esme con una gran sonrisa en la cara.

Todos estallaron en risas.

- Te he echado mucho, muchísimo de menos - Le susurró él. - Prométeme que no volverás a desaparecer, o por lo menos sin llevarme contigo - Su voz era infantil y tierna.

- Te lo prometo. Y yo, también te echado mucho de menos.

Una vez Emmet la bajó y la achuchó todo lo que quiso, el resto de la familia fue abrazándola y diciéndole lo mucho que la habían añorado.

- Estas preciosa - la aduló Esme.

- Sí… ahora tenemos otra belleza en casa - Rose le dedicó un guiño de ojos cómplice.

- Bueno... esto de la inmortalidad tiene sus beneficios - Alzó las cejas con cierta vanidad.

- Cuando los hombres te miren y se queden al borde del infarto, verás que subidón de ego - Rose le imitó el gesto, alzándole las cejas.

Pero a Bella no le hizo la gracia esperada el comentario; ya que se quedó callada y su rostro se desencajó.

"Hombres… ¿humanos?"

Carlisle se acercó a ella, posando una mano en su hombro.

- Tranquila Bella. Ahora lo ves difícil, pero con la ayuda de todos, antes de lo que crees, podrás vivir entre los humanos. - Asintió ante sus propias palabras.

"Una carga"

El pensamiento entró veloz en su cerebro.

La tan temida palabra… Carga.

El rostro de Bella se descompuso en una mueca de tristeza.

- A todos nos ha costado adaptarnos al olor de la sangre, Bella. - Intervino Rose acercándose unos pasos.

- A unos más que a otros - Le guiñó un ojo Jasper.

- Y aparte de eso, hemos cometido errores - Emmet rodó los ojos - Unos más serios que otros - Frunció el ceño.

- Y la familia ha estado ahí, siempre. - Esme también se acercó a ella y le acarició un brazo de forma reconfortante.

Bella suspiró.

- Yo… yo no quiero… - algo le impedía ser sincera sobre su miedo más profundo. Sobre las dudas que la ahogaban cuando los Cullen le comentaron el motivo de su regreso.

- Bella - La llamó Carlisle obligándola a mirarlo. - No eres una carga. - Carlisle supuso lo que estaba martirizando a Bella, y se arriesgó lanzando esa daga. Acertando de pleno, ya que el rostro de la vampira cambió. - ¿Recuerdas cuando te conocimos, en Forks? - Bella frunció el ceño, asintiendo - Y, ¿recuerdas que todos queríamos que te transformaras? - Volvió a asentir. - Entonces no existía Victoria. - Carlisle giró la cara, alzándole una ceja, intentando que Bella viera lo obvio.

Y así fue. Bella abrió los ojos, pestañeando seguido. La claridad había llegado a su obnubilado cerebro.

Miró directa hacía Carlisle, con una sonrisa capaz de derretir un iceberg.

- ¡Oh! - Contestó, formando un divertido puchero con sus labios.

- Si, exacto; "oh" - la imitó Carlisle. - A veces le damos tantas vueltas a las cosas, que no vemos lo más fácil.

- Está conversación debería haberse dado hace mucho tiempo. - Recordó Emmet.

- Si, así es - Contestó Carlisle. - Pero justo el día en que iba a tener está conversación contigo, fue cuando te llamaron por lo de tu entrevista en la universidad y estuviste todo el día deprimida. - Rememoró el patriarca; Bella frunció la boca en un gesto de pena - Después llegaron los Denali y todo fue complicándose - Alzó él los ojos.

- Jamás pensamos que fueses una carga - Volvió a hablar Emmet. - Ya te lo dije cuando tuvimos nuestra cita - ambos se sonrieron con cariño - Te has ganado nuestro amor por méritos propios.

Todos asintieron a las palabras de Emmet, y Bella sonreía y respiraba tranquila.

Ya que, hasta ese momento, no había sido consciente de cuánto la seguía perturbando esa idea.

- Bella, eres parte de la familia. - Intervino Esme, atrapando sus manos - Te quisimos siempre, y siempre quisimos que fueses como nosotros, para no perderte nunca. Todo, contigo a nuestro lado, es mucho mejor. Tú, llegaste para completar nuestra familia.

- Nunca vuelvas a pensar que eres una carga. Te apoyaremos siempre… pase lo que pase. - Rose también se acercó a ella, transmitiéndole su apoyo. - Esperaremos el tiempo que haga falta hasta que te adaptes y podamos hacer una vida normal. Poco a poco, irás comprendiendo que para nosotros el tiempo, es relativo. - Le guiñó un ojo.

- Gracias… no sabéis como agradezco y como - rodó los ojos - necesitaba que me lo dijeseis. - suspiró.

Esme la abrazó con cariño maternal.

.

Mientras esa conversación se daba, Edward escuchaba desde el porche que conectaba con el salón, por el cual había salido un minuto antes de que Bella y Carlisle llegaran.

Estaba completamente anonadado con Bella; con su hermosura, su porte, su aire inmortal. Era impresionante.

El verla, siendo vampira, tras casi dos años, lo había impactado más de lo que había imaginado. Estaba como un adolescente hormonado cuando ve a la chica que le gusta.

Se limitó a quedarse donde estaba, y poder seguir observando a Bella; manteniendo así la paz y que ella, fuese soltándose con la familia; ya que estaba seguro de que en cuanto ambos cruzaran miradas, el buen ambiente reinante en la sala, se esfumaría.

.

Bella estaba tranquila, por varias razones:

Estaba entre toda su familia, por fin. Y eso la hacía sentirse completa; a salvo, feliz.

El tema de ser una "carga", que tanto la atormentaba, había quedado aclarado, y se sentía mucho mejor.

Pero aún quedaba un tema pendiente:

Edward…

Sabía que estaba. Que estaba cerca.

Podía oler su aroma, como se arremolinaba en su cerebro.

Su presencia la hacía sentirse mal y bien al mismo tiempo.

Mal porque, aunque lo sentía y percibía, no podía verlo. Y el que no diese la cara la hacía sentirse confundida.

Bien porque estaba allí. Porque en cuanto Alice llamó pidiendo ayuda para ella, él también viajó para estar ahí.

Pero, ¿por qué no había intentado de algún modo comunicarse con ella?

Jasper había dicho, al día siguiente de lo sucedido en el pub con Tanya, que no era real lo que mis ojos habían visto, que había sido una trama de la vampira por sentirse despechada.

Si eso era verdad, ¿por qué no dio la cara? ¿Por qué no la buscó?

.

El salón se sumió en un silencio un tanto enrarecido; de pronto, nadie sabía qué decir.

La única que mantenía una actitud despreocupada era Alice, a la cual se le escapaba una sonrisita traviesa en la cara.

Bella tomó aire, para relajarse. Sabía que tenía que hacerlo; que debía ser ella quien diera el paso.

- Edward… - decir su nombre en voz alta, le ocasionó un cosquilleó en la garganta. – Sé que estás en la terraza, puedo olerte – rodó los ojos. – Entra.

El nombrado se sorprendió de que ella lo llamara. No sabía cómo ni cuándo sería buen momento para entrar y unirse a la conversación.

Ya no solo por no molestar a Bella, sino por él; ya que se tenía miedo a sí mismo, a su reacción, cuando la tuviera delante.

Inspiró hondo y entró, a paso humano, incluso algo más lento, en el salón. Nada más ingresar en él, lo primero que vio fue a ella.

A tan solo cuatro pasos de él. Tan atractiva, tan sensual, tan… vampira.

Si no fuese que sabía que era imposible, hubiera creído que su corazón había latido.

- Hola Bella… Estás… - no sabía qué adjetivo usar. Preciosa, atractiva, maravillosa… – genial. – prefirió decantarse con una palabra que no comprometiera, con tono conciliador. Pero sabía que, por mucho que lo intentara, sus ojos lo delataban; describían lo emocionado que se encontraba de verla.

- Gracias. – Sonrió levemente de lado – Tu… estás, como siempre. – Se inclinó de hombros y sonrió un poco más; aunque el gesto estaba algo forzado. No porque no quisiera sonreírle, sino porque los nervios la estaban devorando.

Tras casi dos años, se tenían delante.

Ambos semejantes. Ambos en igualdad de condiciones. Después de ocho años… Ellos, al fin, pertenecían a la misma especie y, se suponía, que ya no había ningún impedimento para estar juntos.

Pero…

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El ambiente estaba cargado de una sensación, extraña; no era incómoda, era de esos momentos que nadie sabe qué decir, por miedo a romper la esencia del instante.

Todos se miraban entre ellos de reojo, con sonrisas nerviosas y tímidas, casi hasta aguantando la respiración.

Todos, menos Bella y Edward, que no se quitaban la mirada de encima. No era una mirada fija, sino de reconocimiento. Ambos debían volver a descubrirse mutuamente. Pero mantenían una distancia de… seguridad.

Jasper captaba distintos sentimientos emanar de sus dos hermanos. Aunque reconocía mucho temor, había un sentimiento que sobresalía entre todos: Amor.

Tras un tiempo inmedible, Carlisle optó por romper la burbuja que se había creado en la sala.

.

- ¿Bella, ¿cuánto llevas sin cazar? – preguntó Carlisle, rompiendo así el contacto visual entre ella y Edward.

- Una semana – Contestó algo sorprendida por la pregunta.

- Bien, pues mañana iremos de caza, tú y yo, solos. – Ambos se sonrieron afectuosamente.

- ¡Genial! – Rió Bella emocionada.

Jasper le alzó una ceja, suponiendo a qué se debía esa invitación por parte de Carlisle, y no era otra cosa, que empezar con su formación.

Edward contuvo el aliento; miró con pesadumbre hacía Bella. Había escuchado los pensamientos de su padre, y sabía qué implicaba esa invitación.

- Me alegro que te entusiasme la idea – Carlisle la miró con cariño – Porque después, vamos a ir al continente.

Bella dejó de respirar, metafóricamente hablando.

- Carlisle… yo, no… yo… no puedo – Tartamudeo nerviosa.

- Si, si que puedes. – Contestó rotundo. - ¿Pensabas qué veníamos a entretenerte? – Le alzó una ceja, y Bella bajó la cabeza. - Aunque eso también. – Rió.

- Va a ser divertido ver cómo te las apañas con Carlisle – Rió Emmet; él siempre sacando un chiste de todo. Bella lo miró arrugándole la boca.

- Todos hemos pasado por esto. Carlisle es un gran profesor – Le comentó Rose.

- Será duro al principio, pero con Carlisle a tu lado, antes de que te des cuenta, podrás estar paseando por las calles de Río. – La animó Esme.

- Menos a Alice y Jasper, él nos a enseñado a todos. – Explicó Emmet. – A Edward es al que más le costó, ¿verdad hermanito? – Lo picó. Edward lo miró rodando los ojos, pero con una sonrisa pícara en sus labios.

- Bueno… a Edward no es que le costara, es que tenía una vena de adolescente rebelde muy marcada – Agregó Carlisle con una nota de humor.

Entre ambos vampiros se lanzaron una mirada cómplice; Carlisle lo miraba orgulloso y Edward con gratitud.

- Si no fuese por tu infinita paciencia… - Resopló Edward – Nunca podre agradecerte aquello lo suficiente.

- Edward, estoy más que agradecido porque volvieras y te redimieras. Porque estabas sinceramente arrepentido, y desde entonces, tu actitud ha sido ejemplar.

Bella los escuchaba atentamente, pero había algo que se perdía. No entendía a lo que se estaban refiriendo.

- Unos años después de convertirme – Comenzó Edward a explicar, como si hubiese leído la mente de Bella – tuve una etapa de rebeldía y me encaré a Carlisle. Estaba enfadado por controlar mi sed, y… mis gestos algo presuntuosos.

- Es que eras un presuntuoso… aún lo eres ahora alguna vez – Rosalie le alzó una ceja, aunque con un tono de humor.

- Entonces un día, decidí irme. Esme ya llevaba tiempo con nosotros, y acababa de convertir a Rosalie, por lo que supuse que me dejaría ir sin más. – Carlisle negó con la cabeza. – A los pocos días me pilló y me dio un pequeño sermón, pero me dejó ir.

- Sabía que necesitabas espacio; andar por ti mismo durante un tiempo. El poder escuchar las mentes, era algo apabullante, más la sed… Y no tuve en cuenta que ya éramos Esme y yo, y añadí a Rosalie sin percatarme que nuestro hogar era tu zona tranquila.

- Tras dos años, regresé. No quería andar solo por el mundo, y los echaba mucho de menos, incluso a la presumida de Rosalie. – La mencionada meneó la cabeza, divertida. – Eran mi familia. Durante ese tiempo, me alimenté de sangre humana; - Bella abrió los ojos asombrada - Leía sus mentes y asaltaba a asesinos y violadores, pero eran seres humanos igualmente. Me sentía como un monstruo. – Suspiró. Bella ni pestañeaba ante semejante historia – Carlisle me perdonó y me volvió a abrir las puertas de su casa.

- Te dije que siempre estarían abiertas – Contestó él, mirando a Edward con cariño.

- Eso ya pasó, Edward. – Esme se acercó a él y lo abrazó con amor maternal. – Desde entonces, has sido un ejemplo a seguir.

- ¿Por qué no me habías contado nunca esto? – Le preguntó con un deje de reprobación en la voz.

Pero sin darse cuenta que le había hablado directamente.

En el momento en que fue consciente de eso, agachó levemente la cabeza, lo justo para cortar la comunicación visual con Edward.

- No quería asustarte y confundirte. El recuerdo de aquellos dos años, y los remordimientos, fue lo que necesité para no volver a probar la sangre humana. – Bella desvió la mirada, de forma perdida, sopesando el relato de Edward.

- Con esto, - añadió Emmet, - Edward quiere decirte que no debes sentirte débil. Rosalie, por ejemplo, tuvo claro desde el principio, que no quería matar humanos. A mí me costó hacerme a nuestra dieta, bastante. - Si no fuera por Rosalie, yo deambularía por ahí, solo, siendo un completo depredador. – Añadió.

Todos fueron comentando algún episodio de su pasado; algún momento de debilidad.

Eso hizo que a parte de que Bella entendiera que todos había sido "una carga" en algún momento, se distrajera de la presencia de Edward.

Porque a excepción de la única pregunta que le hizo cuando narró su acto de "rebeldía adolescente", entre ellos, directamente, no volvieron a hablarse.

No por ganas.

Edward estaba ahogándose por darle una explicación de lo sucedido con Tanya; de disculparse en cien idiomas diferentes. Pero, aunque tenía claro que se disculparía, tampoco quería entrar en demasiados detalles, porque seguía pensando que Bella estaría mejor sin él en su vida.

.

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Nuestra parejita, por fin, se ha visto cara a cara.

Están distantes, manteniendo una actitud algo fría, pero...

Lo bueno, es que a Bella se le ha quitado de la cabeza lo de ser una "carga". Esto será un antes y un después.

Mañana... leeremos cómo le va a Bella en su "entrenamiento" con Carlisle.

BESOSSSSSSSS!