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HOGAR, ¿NO TAN DULCE HOGAR?

El viaje había resultado largo y silencioso. O al menos así lo había sentido Candy. Parte de su corazón se había quedado en Dunvegan, con aquellos a los que quería y que no habían regresado con ella. Y aunque sabía que los volvería a ver, una desazón inexplicable se había apoderado de ella. De poco sirvieron los intentos de su familia de entablar una conversación con ella. Lo más que lograron fue sacarle algún que otro monosílabo. No se sentía con ganas de nada.

En cuanto llegó a Inveraray, se encerró en su alcoba. No deseaba ver a nadie ni mucho menos hablar. No quería que nadie le preguntase por su viaje a Skye. Ni siquiera bajó a cenar cuando anocheció ni al día siguiente a desayunar, por más que su estómago protestase por ello.

-¿Estás bien?

María había decidido llevarle una bandeja con algo de comida y un poco de agua al ver que tampoco bajaría a comer. Estaba preocupada por ella pero no quería presionarla. La conocía lo suficiente como para saber que sólo empeoraría las cosas.

-Sí - mintió Candy.

-No lo parece.

-He dicho que estoy bien, mamá - se arrepintió al momento de haber sido tan brusca - Lo siento. Es que...

-Echas de menos a Stear - terminó por ella.

-Sí.

-¿Sólo a Stear? - se atrevió a insinuar.

-A mis primos también pero no es lo mismo - fingió no entender - Hacía años que no los veía.

-Está bien, si no me lo quieres decir - le sonrió, sin insistir más, intentando darle tiempo para que ella misma se lo contase - pero tienes que prometerme algo.

-¿Qué?

-Que saldrás de este cuarto y dejarás de autocompadecerte. Eso no es propio de ti, cielo.

-No me...

-Tú hazlo - la interrumpió acariciando su cabello - Y yo fingiré que te creo cuando dices que sólo extrañas a tus primos.

Candy entrecerró los ojos y María sonrió de nuevo antes de besar su frente con cariño. Después la dejó sola. Sabía lo orgullosa que era y que no admitiría algo así facilmente, pero al menos esperaba que sus palabras la hiciesen pensar un poco.

-Candy - Archie corrió hacia ella para abrazarla - Qué alegría verte. Estaba preocupado por ti.

-¿Tú, preocupado por mí? - rió. Su madre tenía razón en que salir fuera le haría bien. Ver a Archie le había alegrado la tarde.

-Claro. Te fuiste a escondidas y después descubrimos que te habían capturado. Quería ir con ellos pero no me dejaron.

-Nunca corrí peligro, realmente - le sonrió - ¿Me lo parece a mí o has crecido desde que no nos vemos?

-Puede que haya crecido un poco - se tocó el pelo avergonzado - Ya tengo catorce años, además.

Candy rió con su último comentario pero al ver la expresión dolida de Archie se detuvo. Su primo se encontraba en una época de transición en ese momento, cuando todavía era considerado un niño pero él ya se sentía un hombre. O al menos pretendía serlo.

Ya había pasado por eso con Tom y Alistair y sabía cuán molesto les resultaba que se riera de ellos. Los había fastidiado durante mucho tiempo y disfrutado con ello pero Archie era diferente. Tal vez porque su primo sentía verdadera adoración por ella o por el especial cariño que le profesaba, pero de cualquiera de las maneras, no podía disgustarlo como había hecho con los otros dos.

-Siento no haber estado aquí - le dijo.

-No importa - hinchó el pecho orgulloso - Papá y tío Robert me dejaron al cuidado de todo. Fue el mejor regalo.

Candy se mordió el labio para reprimir una sonrisa. Dudaba de que su padre no hubiese dejado a alguien más al cargo pero no sería ella quien desilusionase a Archie. Adoraba a su primo y le gustaba verlo tan feliz.

-¿Has aprendido algún movimiento nuevo mientras estuve fuera?- prefirió cambiar de tema.

-Puede - le mostró una amplia sonrisa - ¿Quieres averiguarlo?

-Tal vez más tarde - negó - Ahora necesito encontrar a Mairi. La he estado buscando pero no puedo dar con ella.

-Bajó al pueblo después de comer - le informó.

-Oh - sonó decepcionada.

-Si quieres te acompaño - se ofreció.

-Vamos a pie - asintió - Me apetece caminar.

-Genial - le pasó el brazo por los hombros y Candy se sintió pequeña de repente.

-Dios, sí que has crecido - rió.

Lo observó de nuevo detenidamente y pudo advertir los cambios en él. Ya la sobrepasaba en altura, aunque eso no era difícil de lograr, por otra parte. Pero ahora que la mantenía pegada a él por su ya más musculado brazo, su menudo cuerpo chocaba contra el duro costado de Archie a cada paso que daban. Su cabello rubio había crecido y ahora le rozaba los hombros, dándole un aspecto más rudo. Cuando sus ojos miel la miraron, advirtió en ellos una chispa de diversión pero también incomodidad por su escrutinio.

Le sonrió y él le correspondió. Había crecido, cierto, pero también parecía haber madurado. Y no pudo dejar de admirarlo por ello. Se estaba convirtiendo en todo un hombre, digno de su padre.

-Te has estado ejercitando - lo acusó en broma mientras lo golpeaba en el pecho. Un pecho más ancho y viril de lo que recordaba.

-Quería impresionarte, prima - le sonrió.

-Lo has conseguido. No sabía que un mes se podía aprovechar de ese modo - sonrió, negando con la cabeza.

-Fijas un objetivo y lo cumples. Tú siempre lo dices.

Parecía avergonzado de nuevo y Candy decidió dejarlo estar. Todavía quedaban en él restos de las inseguridades infantiles y no quería hacerlo sentir mal.

-Si sigues así - no pudo dejar de decirlo, no obstante - sobrepasarás a tu padre muy pronto.

-Eso es imposible - un sonrojo intenso cubrió su rostro y Candy sonrió divertida.

-Nada es imposible - y por alguna extraña razón, su pensamiento viajó hasta Skye, a un rostro masculino y atrayente, con los ojos más azules que había visto en su vida.

Desechó la imagen y continuó andando. Ya llegando al pueblo, Candy miró inquieta a su alrededor. Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Archie sintió su agitación y miró también.

-¿Qué buscamos? - le preguntó con curiosidad segundos después.

-No lo sé. Nada, supongo - frunció el ceño - Fue sólo una sensación.

-¿De qué? - la miró.

-De estar siendo observados.

Archie miró de nuevo, poniendo más atención y llevando su mano a la daga que siempre llevaba colgando del cinto. Candy se sacudió de encima la sensación y tiró de su primo para llegar hasta el pueblo.

-Seguramente no fue nada - le restó importancia.

-Puede - contestó Archie mirando hacia atrás una última vez.

CONTINUARA