Capítulo 37
Visión de futuro
Otra semana ha pasado, aunque ¿para qué llevar la cuenta del tiempo en un mundo sin reloj?
A veces pienso que para nada, otras, porque siento que si simplemente dejo la vida pasar me perderé a mí misma más de lo que ya lo he hecho al elegirle a él.
Sé que algún día me arrepentiré, que es de justicia que pague por una felicidad bañada en sangre inocente, pero hasta que ese momento llegue lo único que me importa es esto, estar aquí con él.
Tranquilos sobre el tejado del pabellón, sintiendo los primeros rayos del día calentando nuestra piel desnuda.
Como si fuéramos la primera pareja de un extraño edén posapocalíptico.
-¿En qué piensas?- La voz de Ethan me hace abrir los ojos mientras sus dedos viajan suavemente por mi costado, desde mi hombro hasta mi cadera.
Esto no está bien con él, y no puede acabar bien. Pero es que no me importa como acabe, no con él mirándome como si fuera su estrella polar. Irónico teniendo en cuenta que yo siento que él me ha hecho perder el rumbo.
-¿Por qué crees que los otros se aferran a la idea de medir el tiempo en calendarios? ¿Para qué sirve ahora?- Le pregunto estremeciéndome por sus suaves caricias.
Él sonríe y pasa su brazo tras mi espalda para pegarme más contra su cuerpo, -para absolutamente nada, lo hacen por puro costumbrismo. Todos acabaremos convertidos en caminantes, creer que el mundo podrá recuperarse es como un niño creyendo en Santa Claus por Navidad, bonito, pero poco práctico.-
-Entonces ¿tú planeas ser el último hombre vivo?- Pregunto pasando una pierna sobre su cadera para juntar nuestros sexos
-Me atrae la idea de ver como todos los demás corretean como si fueran cucarachas sin cabeza,- su sonrisa es exultante, -lo admito. Pero más allá de eso- hace una mueca.
La primera embestida me produce un jadeo. -¿De verdad a mí no vas a matarme?- Se detiene y me mira intensamente.
-Te puedo prometer que antes me pegaría un tiro.- Se pone sobre mí y el vaivén de sus caderas toma una cadencia dolorosamente rápida. -¿Y tú por qué me quieres vivo? A estas alturas ya tienes que haber reconocido que no queda nada bueno en mí más que lo que siento por ti.-
Decirle que le amo sería darle demasiado poder sobre mí, pero tampoco puedo mentirle, no con lo bien que me conoce. Desde luego mejor que yo misma al parecer, teniendo en cuenta como hemos terminado.
-Contigo me siento libre,- admito acariciando su cuello.
-Tú eres una reina, no hay ni una sola razón por la que debas sentirte enjaulada por los prejuicios de los demás nunca más, solo importan tus deseos. El resto, son solo muertos que aún no saben que lo están, no pueden oponérsenos.-
-Repítelo.- Gimo alto sintiendo el calor acumularse en mi vientre como una central nuclear a punto de alcanzar el punto de fusión.
-Eres una reina en un mundo de muerte.- Entre mis ojos entornados por el placer veo como los tendones de su cuello se tensan deliciosamente.
Grito y él me besa para ahogar el sonido y que nadie nos descubra en un lugar supuestamente inaccesible.
Instantes después Ethan se corre sobre mi muslo, gruñendo contra mi cuello.
Así, él sobre mí, yo bajo él, luchamos por recuperar la respiración. Finalmente Ethan vuelve a tumbarse a mi lado, relajado y ajeno a todo el dolor que ha causado en la prisión.
-Si yo soy una reina- medito con los ojos cerrado -¿tú eres mi súbdito?- Le pregunto divertida no creyendo que él sea capaz de darme esa clase de poder sobre su capacidad de acción.
-Tú ordena y te obedeceré.- Me jura, y no hay mentira en sus ojos.
Por un instante me quedo sin respiración. ¿Realmente quiero ejercer ese tipo de control en alguien tan ladino?
-Me das miedo.- Digo bajito, apretando las manos contra mi pecho sintiéndome vulnerable.
-No es verdad, lo que temes es tu propio poder. Y no tienes porque.- Vuelve a abrazarme y yo quedo atrapada una vez más en su red. ¿O es él quien queda enredado en la mía?
A veces es confuso ver la diferencia, si acaso es que la hay.
Estamos sumergidos en un juego mortal del que ya ninguno de los dos podemos escapar.
Tal vez sea hora de que lo acepte y me deje llevar.
-Bob,- susurro. –Quiero que Bob muera.-
-¿Para vengar a Zack?- El hastío en su voz es palpable. –Yo fui el verdadero responsable de aquello.-
-Solo porque Bob te dio la oportunidad.- Le araño el pecho a la altura del pezón derecho. –Y quiero que lo pague, dijiste que eras mi súbdito.- Le recuerdo sentándome a horcajadas sobre él.
-Es cierto, lo soy.- Dice serio.
-Entonces haz mi voluntad sin rechistar,- me inclino sobre él para besar sus labios. –Asesino.- La palabra se precipita en su boca y un pedazo de mi alma lo hace con ella.
¿En qué me he convertido? ¿O es qué siempre he sido esto?
Una reina de la muerte.
….
Ay días que sabes que no van a ser fáciles por más que pongas de tu parte para que lo sean, esos días, por más que lo intentes sencillamente los astros se alinean en tu contra, y tú debes capear el temporal como buenamente puedas.
Bueno, pues algo así me tocaba hacer ahora, aunque la verdad, más que capear la sobreprotección de estos tres, lo que me encantaría sería tener el lazo de la verdad de Wonder Woman y dejarles atados hasta que vuelva.
Pero tristemente no es una opción.
No vivo en un cómic, si no en la cruda y zombie realidad. Y eso les incluye a ellos en modo neurótico al saber que pienso irme unos días con Michonne, solas las dos.
Que por cierto, menuda perra tienen con el tema, no nos vamos solas, nos vamos juntas, si estamos juntas no estamos solas.
Es de cajón de madera de pino en mi opinión.
Respiro hondo para intentar serenarme y no mandarlos a la mierda, pero ellos no colaboran nada a favor de mi estado zen.
….
Entro al comedor de la prisión con Judith en brazos para prepararle un biberón, pero me detengo un segundo en la puerta al escuchar las voces, frunzo el ceño y al entrar me encuentro lo que menos esperaba.
Parpadeo confuso y me acerco hasta Maggie, quien al verme reclama que le entregue a mi pequeña, desde luego es afortunada, nunca le faltará amor o protección.
-¿Qué es lo que pasa?- Pregunto divertido dirigiendo mi mirada al espectáculo que se desarrolla a solo un par de metros.
Los hermanos Dixon y Castillo están firmemente plantados delante de Cassidy, esa pequeña rubia con un don innato para trastocar vidas les mira a su vez cruzada de brazos, como si se estuviera conteniendo de darles un bofetón a cada uno.
-Nada aparte del hecho de que ese trío de idiotas está a punto de arrepentirse de pretender actuar como machos alfa.- Responde Maggie sin contener la risa.
-Escuchadme bien los tres porque no lo voy a repetir, no vais a impedirme ir a ningún sitio. Os recuerdo que antes de que me encontrase con Merle me estuve sacando las castañas del fuego completamente sola por cuatro meses. Cuatro meses.- Usa un tono de voz neutro pero firme digno del patrullero más curtido. -Así que no vais a decirme lo que puedo o no hacer ¿entendido?-
-Esto no va a acabar bien.- Digo al ver como ellos se tensan.
-Oh, puedes estar seguro. Apuesto tres turnos clavando estacas a que ella se sale con la suya.-
-Eso no es ninguna apuesta, es obvio.- Le digo guiñándole un ojo antes de acercarme a la zona conflictiva que está justo al lado de la cocina.
-No vas a ir a ninguna jodida parte, ¿por qué eres tan cabezota?- Le riñe Daryl -solo quiero protegerte.- Dice él intentando que entre en razón. Niego escondiendo mi risa tras una tos, ¿no sé da cuenta de que no va a ganar la discusión?
-No quieres protegerme a mí si no a ti, tienes miedo de perderme,- Cassidy suspira relajando su tono, -es normal y te entiendo, sin embargo yo no te prohibido salir, de hecho te animo a hacerlo porque sé que es algo que necesitas, a pesar de que a veces tardes incluso una semana en volver, así que no tienes derecho a decirme que no puedo hacer esto.- Se acerca a él levantando el mentón ligeramente en un gesto desafiante que me hace sentir calor en el vientre, niego y aparto la vista.
No está bien que piense eso.
-Rainbow, por favor sé razonable.- Le suplica Ale, en un intento de ser el mediador cordial de los tres. Pero solo consigue que ella se vuelva contra él como un látigo chasqueando el aire.
-Razonable mi coño Alejo Castillo.- Se produce un silencio tenso cuando le llama por su nombre y apellido. De hecho me sorprende, pensaba que el nombre de Ale, venía de Alexander o Alejandro. -Voy a salir,- les advierte con un siseo peligroso.
-Ni hablar- dicen los tres a la vez como si fueran una única entidad consciente.
-Te recuerdo listilla autosuficiente, que si aquel día yo no hubiese estado con mi grupo te habrían violado por turnos y después te habrían rajado las tripas para llevarte al pueblo y usarte en las peleas.- Oír eso me corta la respiración. –Así que no, no vas a ir a ninguna jodida parte sola con esa negra.-
Todos nos quedamos sorprendidos cuando vemos como Cassidy le da un puñetazo a Merle y este empieza a sangrar por la nariz como un puerco mientras da con su culo en el suelo.
Me siento al lado de Maggie y ella me entrega a mi pequeña, que enseguida se engancha al biberón sin prestar atención al circo que se desarrolla a su alrededor, como si nada pudiera impresionarla.
-Eres un cabrón de mierda Merle Dixon.- Dice Cassidy aún con el puño apretado.
-Joder,- susurra Ale, -¿estás bien colega? Como me le hayas dejado más tonto de lo que ya estaba con ese golpe la vamos a tener buena tú y yo Rainbow.- Dice el español agachándose al lado del mayor de los Dixon tendiéndole una servilleta. –Aunque reconozco que se la había ganado.-
-¿Te pones de su parte?- Chilla Merle.
-Te has pasado mamón, a callar.- Se levanta y abre sus brazos, -tened cuidado ahí fuera.- Dice claudicando a regañadientes mirando para otro lado.
Ella se lanza contra él, y Ale la aprieta tan fuerte que juraría que oigo como crujen los huesos de su espalda.
Daryl no dice nada, está callado, demasiado callado incluso para él. Dudo que supiera lo que su hermano acaba de decir.
-¿Ya estás lista?- Pregunta Michonne entrando al comedor ajena a lo que ha pasado.
-Sí,- responde ella separándose de su hermano y asegurando la correa de la pierna en la que lleva enganchada su ballesta de mano.
-Simplemente vas a hacerlo y ya está.- Le reprocha él mirándola frustrado, no puedo evitar sentirme identificado, ¿cuántas veces me encontré de ese lado cuando estuve casado con Lori? Demasiadas, tantas que perdí la cuenta al cabo del tiempo.
-¿De verdad es así como vas a comportarte?- Le pregunta ella con los dientes apretados.
-Sí tú te empeñas en comportarte como una cría egoísta yo puedo hacer lo mismo.- Cierro los ojos involuntariamente sabiendo que esas, han sido justo las palabras equivocadas.
-Muy bien, pues ve a follarte una caminante Dixon, porque lo que es hacerlo conmigo vas listo después de este numerito de capullo que acabas de gastarte.- Dice ella antes de darle un rápido beso de despedida en los labios. –Incluso ahora que tengo ganas de sacarte los ojos con las uñas te quiero un poco.- Gruñe como toda una Dixon antes de darle la espalda e irse con Michonne.
Él simplemente se queda ahí, con los puños apretados, sabiendo que la ha cagado, pero creyendo estúpidamente que sí se mantiene firme en lugar de ir corriendo tras ella, Cassidy dará media vuelta y cederá como suele hacer. Pero se equivoca, esta vez debería ser él quien se tragase el orgullo.
Niego, sin encontrarle ya la gracia al asunto.
-Daryl, como mujer casada te informo en caso de que no te hayas dado cuenta, eres gilipollas,- dice Maggie poniendo los ojos en blanco.
-¿A dónde vas? Te recuerdo que tienes turno conmigo en los cultivos por la mañana.- Digo al ver que se levanta.
-Lo sé, no pretendo escaquearme, pero mi padre me pidió que le ayudase esta mañana con algo de la enfermería.- Responde encogiéndose de hombros, -y a ti aún te queda un rato antes de estar listo, cuando me necesites búscame.- Dice antes de marcharse.
…..
Suspiro conteniéndome de darle una colleja a mi cuñado a duras penas, a veces es bruto como él solo.
-¿Tú también crees que soy gilipollas?- Me ladra cuando nota que le miro.
-Pues mira,- hago como si me lo pensase. –Un poquito sí. Reconoce que no has estado muy fino al final.-
-Se trataba de hacer que se quedase.- Vuelca su frustración en mí. –Y tú le has dado tu bendición.- Me recrimina.
-Porque me he dado cuenta de que no podía frenarla y prefería despedirme de ella en condiciones, no como vosotros.- Le lanzo a Merle una mirada asesina. –¿Si no hubiese sido Rainbow realmente habrías dejado que tus hombres le hiciesen eso a una desconocida?- Le pregunto a Merle conteniendo la bilis.
-Recuérdame cuando he dicho que fuese un puto santo de las narices.- Dice aún con la cabeza echada hacia atrás, -creo que esa perra me ha roto la nariz.-
-Eso espero.- Digo apretando el pañuelo contra su nariz con saña.
-Eso duele cabrón.- Se queja y pone una mueca de asco al tragar sangre.
-Te jodes, y tú- miro a Daryl, -¿quieres mover el jodido culo e ir tras ella para decirle adiós? No pienso estar viendo tu cara de desesperación hasta que vuelva porque has sido tan tonto del nabo como para no hacer las cosas bien cuando aún tenías tiempo.-
-No.- Dice serio.
-No, ¿qué?- Le pregunto porque tiene que estar vacilándome.
-Lo que has oído, ¿ella toma una decisión estúpida y yo tengo que dejarla correr el riesgo solo para que no se enfade? Prefiero tenerla cabreada y viva a verla convertida en caminante solo por no atreverme a llevarle la contraria.- Dice herido en lo más hondo.
-Todavía no te has dado cuenta.- Digo sorprendido. -Esta vez ella no va ceder. Los dos sois adultos, este es un mundo peligroso y los dos tomáis vuestros propios riesgos. Más te vale aceptarlo para cuando regrese o mucho me temo que lo que le pueda pasar deje de ser asunto tuyo.- Palmeo su espalda.
-Ale tiene razón.- Dice Merle sorprendiéndonos, sobre todo teniendo en cuenta el argumento con el que él ha intentado impedir que se fuera.
-Será mejor que le lleve con Hershel, a lo mejor se le ha incrustado algún hueso de la nariz en el cerebro.- Digo preocupado cogiéndole por la axila y llevándomele casi a rastras del comedor.
-¿Te crees que soy una damisela en apuros?- Me pregunta mosqueado.
-Querrás decir mamón en apuros, tú procura no seguir ninguna luz brillante, quédate conmigo grandullón.-
-Como si tuviera elección.- Gruñe algo echando la cabeza más hacia atrás.
-¿Decías?- Pregunto distraído.
-Que tires antes de que me desangre, mira que eres lento.- Me echa en cara.
-Oye encanto, te recuerdo que no eres precisamente una sílfide, así que si prefieres ir andando tú solito, adelante, yo te suelto.-
Mientras le arrastro veo pasar a Beth con las mejillas arreboladas en dirección al comedor imagino, últimamente se le pegan mucho las sábanas, tal vez le pase algo, ella suele ser muy madrugadora, a lo mejor debería hablar con ella.
-Ten más cuidado,- me reclama Merle cuando da un tropezón. Yo pongo los ojos en blanco al escuchar como se queja, sea como sea, el asunto de Beth tendrá que esperar a más tarde.
De todas maneras no creo que se trate de algo grave, de serlo, Maggie ya estaría enterada sin duda.
¿No?
Al fin y al cabo es su hermana mayor.
…
-Hey Bob.- Le saludo con una sonrisa torcida, el tipo se gira a mirarme con una botella en la mano.
-Yo… Puedo explicarlo.- Dice nervioso sin saber como actuar.
-¿El qué?- Pregunto haciéndome el inocente.
-Pues…- Señala el vino.
-Ah,- me encojo de hombros, -eso no es asunto mío,- me tumbo en su colchón como si fuese mi celda. –Teniendo en cuenta el mundo en el que vivimos me parece justo que mientras se pueda elegir, cada uno se mate a su manera.-
-¿Qué quieres decir con eso?-
-Nada más que lo que he dicho.- Me levanto siempre sonriendo. –No soy de relacionarme mucho con los demás como habrás notado, pero me gusta ayudar, si se te acaban tus provisiones y necesitas más puedo decirte donde esconde Castillo su alcohol.-
-¿Por qué harías eso?-
-Porque era el novio de mi tía y nunca me cayó demasiado bien.- Digo sin más palmeándole la espalda, -ya sabes, búscame si te hace falta.- Me marcho pateando el aire distraído.
-Ethan.- Me giro cuando Carol me llama.
-Hola,- le saludo apoyando mi hombro contra la pared del pasillo. -¿Vuelvo a ser digno de que me saludes?- Pregunto burlón.
-No te pases de listo conmigo.- Me dice amenazante.
-Oh, no se me ocurriría, te lo puedo asegurar.- Tras eso nos quedamos en silencio, ella me mira estudiándome, ¿qué puede querer?
-Beth es tu amiga,- dice como si no le convencieran las palabras que ha usado.
-Tiene complejo de salvadora, soy su proyecto dominical.- Digo divertido.
-El caso es que ella confía en ti.- Insiste. Yo medito sobre el asunto. Beth no confía en mí más de lo que confiaría en una serpiente que se cruzase en su camino por accidente, pero aun así no puede mantenerse alejada, por alguna razón se encuentra fascinada conmigo, igual que me sucede a mí con ella.
-Carol querida, ve al quid de la cuestión. ¿Quieres?-
-¿Sabes si ella va detrás de Daryl?- Eso me provoca un ataque de risa tan descomunal que me caigo al suelo de culo. –No le veo la maldita gracia.-
Tardo bastante en recuperarme lo suficiente para contestarle. –Lo siento es que,- se me escapa una risita –no he podido evitarlo.- La miro con una ceja alzada –tú realmente odias a las rubias ¿no?-
-Sé lo que me digo, ella va detrás de él.- Hago un esfuerzo enorme para no volver a reírme en su cara.
No puede estar más equivocada.
-Sí tú lo dices,- hago como si considerase la idea. –De cualquier modo si así fuera te vendría bien, Cassidy se pelearía con Beth, Daryl se alejaría de las dos para intentar calmar los ánimos y tú podrías aprovechar para ganarles terreno. Visión de futuro querida.- Digo dándome unos golpecitos en la sien con el dedo índice.
-Eso podría ser útil.- Parpadea despacio antes de volver a clavar su mirada en mí, que desconfiada. -¿Qué quieres a cambio de ese consejo?-
-Bueno,- me acerco a ella despacio, -todo tiene que tener un precio, no lo he inventado yo, fue el capitalismo.-
-Habla o te quedas con una mano delante y la otra detrás.- Responde ácida.
-No puedes darme lo que quiero, así que ¿qué más da?- Intento pasar por su lado pero me detiene.
-Contigo nunca es tan fácil. No quiero deberte nada. ¿Qué quieres?-
-¿Puedes darme la muerte de Andrea?- Sonrío desganado.- ¿O mostrármela al menos?- Me aparto de su mano. –Lo dudo, así que dejémoslo.-
-Yo… ¿De verdad te afectó la muerte de tu tía?- Parece sorprendida, bien.
-Incluso los capullos tenemos corazón Carol. ¿Puedo pasar?-
-Claro,- noto que quiere decirme algo más. –Ethan, siento que no pudieras despedirte.-
-Lo hice,- le aseguro sonriendo abiertamente ahora que estoy de espaldas a ella. –A mi manera lo hice.- Le aseguro alejándome.
Tal vez, si toco las teclas adecuadas de la moral de Carol pueda utilizarla como cabeza de turco para que destroce la prisión, sus celos podrían serme muy útiles.
Eso siempre que consiga que Cassidy también se ponga celosa, tengo que hablar con Beth sobre ello, seguro que no dará crédito a lo que le diga, pero sentirá curiosidad, al menos la suficiente para seguirme la corriente en este asunto.
…
Michonne detiene la camioneta ante la tienda de armas del pueblo en el que nos hemos detenido.
-¿Estás bien?- Me pregunta apagando el motor.
-Estoy encabronada. ¿Se puede saber que se creé? ¿Se piensa que cuando él se va a mí no me importa lo que pueda sucederle?- Me muerdo el interior de la mejilla, por supuesto que lo piensa. A pesar de todo no es capaz de creer que alguien pueda amarle por quien es.
Bajamos del vehículo y noto la sonrisa de Mich. Alzo una ceja a la par que cargo mi ballesta por si se nos presentasen problemas.
-No me malentiendas. No me divierte que estés enfadada con él.- Se excusa cuando nota que la miro.
-Si tú lo dices.- Le contesto no muy convencida.
-Es en serio.- Da unos golpes en el cristal para atraer a los muertos que pueda haber dentro. –Es que me ha matado lo que le has dicho al despedirte.-
-No me acuerdo.- Y es verdad, si ahora mismo me tomasen juramento estaría jodida.
-Lo de que incluso cuando le sacarías los ojos le quieres un poco.- Recuerdo haberle dado un piquito, pero no haberle dicho eso, claro que lo veía todo en rojo. –Me ha llegado al alma.-
-Ya bueno, ¿qué puedo decir? Soy una romántica incluso cabreada.- Ambas nos reímos sin sobresaltarnos cuando unos caminantes chocan contra el cristal.
-Las relaciones no siempre son fáciles y creo que lo sabes, pero vosotros, lo que tenéis, merece la pena que luchéis por eso, incluso con broncas tontas como esa.-
-Sé que se ha puesto así porque le importo, y no ha sido el único en modo neandertal pero me jode que crea que no puedo cuidarme. Además te tengo a ti para cubrirme las tetas.-
-La expresión correcta sería cubrirte las espaldas.- Dice con cara cómica.
-Ya bueno, a cada una que le cuiden lo que le preocupa- se ríe cuando le contesto eso. –Puede que las mías no sean muy grandes pero las tengo cariño y me encantaría que siguiesen en su sitio.- Más risas por su parte, lo que motiva a los cuatro caminantes del interior a agolparse juntos.
-Eres de lo que no hay.-
-Lo sé.- Le aseguro entrando en la tienda.
De un flechazo mato al primero, y empujo al segundo de una patada contra un mostrador antes de clavarle un cuchillo en la frente.
Mich mata a los otros dos con movimientos fluidos de su katana. Sin confiarnos cerramos la puerta y revisamos la trastienda para asegurarnos de no tener ningún encuentro desagradable con algún mordedor rezagado, pero nada.
-No queda gran cosa.- Dice Michonne algo desmotivada, al ser un lugar pequeño las dos creímos que aquí la histeria del principio de la infección no habría sido tan intensa, nos equivocamos.
No quedan ni un arma de fuego y apenas si un puñado de balas, pero no es eso lo que yo busco.
-Justo lo que necesito.- Le digo sonriendo enganchándome una nueva ballesta de mano a la correa de mi muslo libre antes de valorar un arma para Daryl.
Encima que vengo para hacerle un regalo, es un grandísimo idiota, bufo sopesando la mirilla que tiene para ayudar a ajustar el blanco, creo que le gustará, nunca viene mal tener una opción B, me la cuelgo en el hombro y abro la bolsa militar que he traído para guardar las flechas adecuadas para nuestras armas.
-Hey, mira esto Rainbow.- Me doy la vuelta y Mich me enseña algo muy curioso –extiende el antebrazo- me subo la manga de la camiseta, porque sí, en la prisión voy coqueta pero si salgo aunque haga calor procuro ir medianamente cubierta, no me salvará de un mordisco, pero si de un arañazo tonto.
Con cuidado me aprieta la abrazadera y después desliza el puñal de muelle dentro del resorte.
-¿Y ahora?- Le pregunto mirando curiosa el aparato.
-En principio bastará con que gires la muñeca rápidamente para que la hoja de veinticinco centímetros salga.- Me aparto un poco de ella y hago el giro, con una rapidez mortal la hoja reluciente sale de la abrazadera.
-Creo que me he enamorado, ¿dónde ha estado este chisme durante todo mi Armagedón?- Pregunto dando saltitos como una fangirl al ver un tráiler de una nueva película de Marvel.
-Nunca creí que te vería mirar algo con los ojos así de brillantes sin que se trate de un dulce o de Daryl.-
-Buah, si me vieras cuando le robo dulce de leche a Carol de la cocina y se lo echo por encima a mi angelito flipabas con mi cara de salida.-
-Eso es demasiada información.- Dice estallando en carcajadas. - ¿De verdad le robas a Carol?-
-Ella es la que lo esconde para empezar y yo no la he delatado, que luego una es la que tiene la fama de gocha.- Digo haciéndome la digna guardando con cuidado el cuchillo dentro de su funda antes de bajarme la manga de la camiseta, por suerte es ancha y no se nota. –Muchas gracias,- le digo mirándola a los ojos. –Esto bien podría salvarme la vida.-
-No me las des, puede que algún día tú me la salves a mí con eso, es una inversión de futuro.-
-Será un placer si llega el caso.- En lugar de abrazarnos o apretar nuestras manos, nos tomamos la una a la otra por el antebrazo y juntamos nuestras frentes en señal de lealtad y respeto.
-Vamos hermanita, las compras aún no han acabado. Judith necesita pañales.- Dice limpiando su katana con un paño que había sobre el mostrador antes de salir.
-Hoy vamos a dejar las tarjetas tiritando,- digo recordando ese trocito de plástico que ya no sirve para nada. Poníamos todas nuestras expectativas en cosas tan inútiles.
¿Por cuánto tiempo más esperábamos que una vida así fuera sostenible?
Fuera como fuere ya no vale la pena preocuparse por eso, es a fin de cuentas historia muerta.
…..
Busco a Daryl y lo encuentro en una sala curando en salmuera la carne del ciervo que cazó con Merle.
Por lo que sé suele usar melaza, vinagre y licor. Dándole a la carne un sabor delicioso.
Antes de que tenga la oportunidad de abrir la boca él me corta. –Si vas a decirme que Maggie y Ale tenían razón puedes ahorrártelo.-
-Para nada.- Me siento con pesadez en una silla al lado de la mesa en la que está trabajando. –No te he visto en la comida.-
-No tengo hambre.-
-Ya veo,- le miro y espero.
-Sé que ella es fuerte, y Michonne también sabe apañárselas, pero… Él sigue ahí fuera Rick, y las cosas que dijo que le haría, no puedo quitármelo de la cabeza.-
-Daryl,- niego paciente –Mich estuvo buscándole durante mucho tiempo y no le encontró, aunque siga vivo dudo que vuelva, ya no tiene un ejército con el que poder atacarnos.- Me paso la mano por la frente. –¿Por qué no le dijiste esto en lugar de actuar como un capullo?-
-¿Qué habría cambiado? Ella ya había tomado su decisión.- Insiste en su cabezonería.
-Al menos os habríais despedido como Dios manda.- Le veo apretar los puños sobre la carne. –Cassidy es consciente del peligro que corre, seguramente incluso más que tú, pero eso no la impide luchar o vivir como quiere hacerlo.-
-Precisamente- gruñe -quisiera poder evitar el daño en lugar de rezar por llegar a tiempo, para que quede algo de ella que salvar.-
-Daryl soy padre de un niño y una bebe, si alguien desearía poder envolver a sus seres queridos en una burbuja protectora ese soy yo, pero no puedo, tengo que educarlos lo mejor que pueda y esperar que sea suficiente.-
-Carl es un buen chico.- Dice calmándose.
-Y será un gran hombre o eso espero.- Daryl me mira sin entender. –El miedo a perderlo siempre va a estar ahí, pero no puedo tenerle encerrado. ¿Entiendes lo que quiero decir con esto? Cassidy te quiere, pero necesita su independencia.-
-Lo sé, pero es que tengo la sensación de que cada vez que nos alejamos ocurre algo malo.- Se limpia las manos y se apoya en la mesa. –Me habría puesto igual aunque se hubiese ido con Ale o con mi hermano, no es porque sean mujeres, es el hecho de no estar con ella para poder cuidarla lo que me saca de quicio.-
-¿Crees que ella no piensa lo mismo cuando te vas a cazar? Pero sabe que te hace falta y confía en tus habilidades, debes hacer lo mismo, ya habéis demostrado que estáis hechos a prueba de balas y miedo. ¿Qué más necesitas?- Le pregunto al ver como observa el suelo con una atención depredadora, seguramente viendo en su superficie el rostro del Gobernador.
-No lo sé,- niega mirándome. -Solo sé que si volviésemos a separarnos me volvería loco. Ella… Es lo mejor de mí.-
-Volverán, son duras y astutas.- Me rio levantándome de la silla. –Estarán de vuelta antes de que se te ocurra la forma de conseguir que te perdone la cagada de esta mañana.-
-Aunque me perdone me hará pagarlo con creces.- Dice rascándose la nuca nervioso.
-No lo dudo.- Le aseguro a punto de marcharme.
-Me alegra que estés mejor- dice de pronto, -¿hablaste con ella?-
Suspiro a sabiendas de que no puedo esquivar el tema sin que parezca sospechoso. -Tenías razón en que no lo dejaría pasar, cuando se me acercó no me dio opción.- Nos quedamos callados y escuchamos el suave murmullo de las voces en el patio de la prisión. -Le conté lo de Lori y Shane,- admito sorprendiéndome a mí mismo, -la verdad es que me hizo bien soltarlo.-
-Es como una perra de presa cuando encuentra un rastro no se detiene.- Dice orgulloso relajándose al fin un poco.
-Daryl.- Le llamo pensativo, recordando los ojos de Cassidy mientras el sol descendía y el tono suave y decidido de su voz al decirme "Rick, tú sabes que no va a suceder."
-¿Sí?- Pregunta despreocupado.
-Aunque a veces cometa errores, puedes confiar en mí,- le aseguro -nunca traicionaría tu confianza, ¿lo sabes no?- Lo que no me queda claro es si se lo estoy diciendo a él, o a mí.
-Por supuesto, ¿a qué viene eso?- Me cuestiona extrañado.
-A nada. Solo necesitaba decirlo, han pasado muchas cosas ultimamente.- Respondo sintiendo mi corazón retumbando en mi pecho como un tambor de guerra.
-Está bien.- Admite sin más volviendo a su trabajo de curar la carne. Por mi parte espero que esta calma dure, la necesitamos para sanarnos.
…
-¿Cómo estás?- Me pregunta Karen entrando en la torre.
-Bien, es solo que…- No soy capaz de mantener mi máscara ante ella, me rompo a mitad de la frase.
-Oh Ale.- Ella me abraza y yo refugio mi cara en el hueco que une su hombro y su cuello, me encanta ese lugar, me siento seguro. –Ellas estarán bien. Tal vez estén incluso de vuelta.-
-Ya la vi marchar una vez, yo mismo la lleve al aeropuerto y luego pasó todo esto… Estoy asustado.- Admito separándome de ella. –¿Es egoísta?-
-No,- niega suavemente tomando mis manos entre las suyas. –Es humano, nada más.- Me mira y sonríe. –Supongo que no habrá nada que pueda decir para convencerte de que bajes de aquí en toda la noche.-
-Me temo que no.- Niego inquieto porque eso la moleste.
-Eso imaginaba, así que he venido preparada y traigo refuerzos.- Dos segundos después silva y entra Gin arrastrando una mochila. –Tengo mantas, termos con agua y café, cereales…- Ambas van sacándolo todo según Karen lo nombra.
-Yo… No es necesario, estaréis más cómodas en el pabellón.- Digo sintiéndome afortunado de tenerlas.
-Lo sabemos tío Ale.- Dice Gin abrazándome.
-Y no nos importa quedarnos aquí. ¿Sabes por qué?- Me pregunta la mujer más sabia con la que me he cruzado. –Porque somos una familia, y cuando uno de nosotros lo pasa mal o regular, el resto estamos al quite.- Dice dándome un suave beso que me deja con ganas de más rápidamente.
-No quiero imaginar que sería de mí sin vosotras.- Digo con el corazón en la mano.
-Por suerte nunca tendrás que averiguarlo, no tenemos pensado ir a ningún lado sin ti. Con caminantes o sin ellos, tú vienes con nosotras.- Me promete, y yo me muero de ganas de hacerle el amor durante horas.
Pero…
-Karen tiene razón, si tú no nos dejas, nosotras a ti tampoco.- Promete mi pequeñaja que cada día tiene menos de pequeña.
-Gracias peque valiente.- Ella sonríe y se asoma a ver el paisaje. –Gracias a ti también.- Le digo a Karen cuando la siento rodearme la cintura.
-No tienes que dármelas, no estás solo, ni en esto, ni en nada.- Dice apoyando la mano a la altura de donde solía pincharme en el brazo.
-Creo que aún no me he acostumbrado.- Digo observando su perfil, ¿cómo puede ser tan inteligente y querer estar conmigo?
No tiene sentido, pero no voy a quejarme por ello ni mucho menos.
-Pues más te vale ir haciéndolo.- Apoya su cabeza contra mi hombro y así, durante un rato, los tres oteamos el exterior de la prisión esperando la llegada de la expedición mientras el sol termina por ocultarse tras unas nubes grises.
….
Suspiro tumbándome en la cama del motel en el que vamos a pasar la noche mientras pienso en Daryl y en sus ojos heridos cuando me di la vuelta.
No es justo que me haga sentir culpable cuando él sale más que yo.
Me muerdo el interior de la mejilla intentando convencerme de que no me acurrucaré contra su cuerpo en cuanto volvamos a dormir juntos, es curioso lo fácil que me he acostumbrado a él en un montón de aspectos distintos.
A como se mueve en mitad de la noche y se echa sobre mí para atraparme en un abrazo protector, al calor que irradia su cuerpo incluso en invierno cuando más frío hace.
A veces somos como una tormenta encontrándose con un terremoto, por suerte las que menos, la mayor parte del tiempo lo nuestro es tan fácil como el latir del corazón.
¿Por qué esta mañana ha tenido que ser una de las veces malas?
-Maldito Dixon- reniego de mi mala suerte incorporándome.
Siempre estaremos en desacuerdo en cuanto a la seguridad de quien de los dos es más importante. Es hora de que vaya asumiéndolo.
Oigo un ruido en la puerta, pero no me inmuto, bien podría ser tanto un caminante como un vendedor ambulante, seguro que alguno de esos queda todavía, con personas más raras me he cruzado desde que esto empezó, además, si fuera Michonne habría llamado con la señal para que la dejara entrar.
-Por favor,- suplica la voz de un chico joven. –Estoy herido, y ellos están cerca.- Entrecierro los ojos suspicaz.
¿Cómo sabe que hay alguien aquí que puede ayudarle si la habitación no tiene luz? Sin pensármelo mucho salgo por la ventana que hay en el baño y rodeo la habitación por fuera hasta estar en la esquina.
Suelto un juramente cuando veo que dos tíos apuntan a Michonne con unas glock mientas un tercero juega con su katana como si fuera un navaja, podría seguir haciendo el tonto y cortarse los cojones ya que está, eso me ahorraría trabajo.
El cuarto es el que está fingiendo necesitar ayuda, todo mi cuerpo se pone en tensión y mi vista se agudiza, sé que es por la adrenalina, pero la forma en que veo el mundo cambia.
Disparo en la garganta con mi ballesta al que está justo detrás de mi hermana, a mi familia no la amenaza ni el Diablo por grandes que tenga los cuernos.
En cuanto lo hago el chaval, el de la katana y el de la glock se ponen a cubierto tras nuestra camioneta, frunzo en ceño confusa. ¿Por qué no me disparan? Se supone que tendrían que hacerlo. A no ser…
Me giro demasiado lento y la culata del arma me da en el cogote, aunque no con la fuerza que hubiese sido necesaria para dejarme inconsciente.
Doy vueltas en el suelo sobre mi cuerpo para tratar de alejarme lo máximo posible del quinto hombre. Pero el cabrón me da una patada en el costado que me hace lanzar un grito de dolor.
Por un momento cuando me da una segunda patada estoy tentada a entrar en pánico y a recordar al Gobernador, el cabrón me tuvo a su merced en una situación muy parecida, pero no me consiento esa debilidad.
Se bien que si quiero que salgamos de aquí de una pieza no puedo permitírmelo.
-Revienta a esa puta como si fuera una piñata, ha atravesado a Lloyd.- Grita uno de ellos.
Sonrío a través de las gotas de lluvia que empañan mi visión porque sé algo que él quinto hombre desconoce, suelto mi ballesta de mano, giro hacia su cuerpo hasta chocar con él para sorprenderle en lugar de seguir intentando alejarme y saco de la funda de la sobaquera izquierda mi pistola tasser para emergencias.
El tío se queda rígido cuando le disparo y luego cae al suelo dando espasmos, sin dudar me echo sobre su cuerpo y le clavo en la sien la pequeña daga que llevo en el tobillo derecho antes de volver a la esquina para tener algo de protección.
Otro capullo menos, quedan tres hijos de la infamia.
-Se lo ha cargado, se ha cargado a Han.- Chilla el chaval acojonado, una sonrisa afilada atraviesa mi cara, se han metido con las perras equivocadas.
-Imposible, solo es una puta, las putas no matan, mueren rellenas de semen, eso es lo que hacen ¿me entiendes? No me lo digas, yo sé que es así, así que yo te lo diré a ti.-* Dice el de la katana enarbolándola cabreado por encima de la cabeza.
Como no deje de gritar pronto atraeremos atención no deseada, y eso sí que será un problema.
-Calma Ray,- dice el de la glock que parece el único con cerebro aquí. –Oye encanto, ¿me oyes?- Pongo los ojos en blanco, ¿es que no pueden dejar de chillar como adolescentes en una peli de miedo? No me puedo creer que hayan pillado por sorpresa a Mich, ha tenido que ser mientras guardaba algo en la camioneta, porque si no, no me lo explico.
-Te oigo, no hace falta que chilles.-
-Bien no chillaré, pero dispararé a tu amiga en las tripas como no salgas de esa esquina. Tú o ella encanto, decide.-
Maldigo mi suerte antes de salir, alejarme y huir como una rata asustada no es una opción.
En cuanto estoy a la vista el chaval me apunta con una linterna a los ojos, en ese momento aprovecha y se echa sobre mí.
Mientras me tumba en el suelo y me abre las piernas para cachearme pienso a toda velocidad, necesitamos pillarles por sorpresa, si consigo matar a uno más los otros no serán un problema, entre las dos podremos despacharlos en un parpadeo.
La cuestión es, ¿cómo hacerlo?
Tirándome del pelo después de haberme desarmado arrojando al suelo la ballesta de mano que encontré hoy, el chico me ata las manos por delante con jodida cinta americana, como si fuera un secuestrador cutre de la tele.
Y si alguien sabe de secuestros esa soy yo, parece que tengo un jodido imán en el culo para atraer zumbados.
La lluvia arrecia haciendo que parezca que lloro, pero nada más lejos de mi ánimo, estoy tranquila.
Ahora que me tienen bajo control el capullo de la katana se acerca a mí corriendo para escupirme en la cara, todo en lo que yo pienso por mi parte es en que ojalá no tenga el VIH. -Puta.- Me da un puñetazo en los riñones, seguramente con los golpes que ya había recibido de antes me tiraré unos cuantos días meando sangre.
-Hey Ray, no estropees la mercancía.-
-Esta no es mercancía, ha matado a nuestros amigos, así que es carnaza.- Se pega a mí sonriendo, por el rabillo del ojo veo a Michonne, esperando su oportunidad.
-Joder tío, que te he dicho que no.- Insiste el de la glock girándose apenas un segundo, lo justo para que Michonne que hasta entonces había sido una rehén cooperadora le de una patada en la corva de la rodilla derecha y le pase las manos por el cuello para asfixiarle, al parecer también tiene las muñecas atadas con cinta americana.
Sin darle a Ray cara de alelado la ocasión de ayudar a su compañero levanto las manos y giro la muñeca, el cuchillo sale veloz atravesando su mentón como si fuera mantequilla, incrustándose a través de la lengua hasta llegar a su paladar, el chico grita a mi espalda espantado.
Una sucesión de tiros perdidos mueren en la oscuridad sin encontrar un blanco, mientras eso ocurre el mundo se convierte en una tira de diapositivas que pasan ante mis ojos con una lentitud agónica, sin tiempo para pensar en si el chico aterrorizado tiene un arma que usar contra mí o si es inocente, saco el cuchillo incrustado en Ray, me giro y le corto la garganta ahogando su grito en una cascada de sangre.
Agotada caigo al suelo a plomo, como si se me hubiesen terminado las pilas de repente.
-¿Rainbow estás bien?- Me pregunta Mich preocupada arrodillándose a mi lado.
-Sí, ¿tú?-
-De una pieza,- corta su amarre con el filo de su katana antes de recogerla y hacer lo mismo conmigo, sin dudar limpia el filo de mi cuchillo antes de guardarlo en su funda, hecho esto me ayuda a levantarme, -con todo el lio que se ha armado será mejor que pasemos la noche en otro sitio.-
-Estoy de acuerdo, larguémonos de aquí echando hostias,- gruño cuando intento agacharme para recoger mis armas. El dolor es demasiado reciente.
-Ahora recojo yo, tranquila.- Me siento en el lugar del copiloto y espero mientras ella reúne mis juguetes.
En cuanto los tiene me los da y arranca mirando por el espejo retrovisor al pequeño grupo de mordedores que acaba de llegar.
-Hemos tenido suerte de que no apareciesen antes.- Me recuesto y la miro cansada, de repente tengo un sueño que me muero. -¿Qué ha pasado?- Pregunto en un intento de despejarme.
-Me pillaron por sorpresa.- Responde escueta.
-Me doy cuenta, y no te lo hecho en cara, podría haberme sucedido a mí, solo quiero saber cómo ha sido.-
Aprieta el volante con ira, seguramente tenga los nudillos blancos, pero no puedo asegurarlo ya que los mitones que lleva la cubren.
-Creí escuchar a un bebé llorar.- Endurece el rostro, -fui a ver y me apuntaron a la cabeza.- Me sorprendo al darme cuenta de que está llorando. –Fui una maldita idiota.- La lluvia cae sobre la luna de la camioneta cada vez con más intensidad, por fortuna los limpia parabrisas funcionan. –Podrían haberte matado por mi culpa.- Se acusa innecesariamente de algo que no ha ocurrido.
-Ahora es cuando estás siendo idiota, no antes, escuchaste a un niño llorar y fuiste a ayudar, es natural, no podías saber lo que iba a ocurrir.-
-Era un muñeco de plástico, debería haber notado la diferencia, me dejé llevar por los recuerdos, no estuve alerta.- Se tensa al darse cuenta de que ha revelado algo sobre sí misma que no estaba preparada para que supiera nadie más.
-Michonne, no fue tu culpa.- Y ahora no me estoy refiriendo a lo que acaba de pasarnos, ella lo sabe.
-Sí que lo fue, debí cuidarle,- para la camioneta en la cuneta incapaz de seguir conduciendo. –Lo dejé, dejé a mi pequeño André con su padre y con ese cerdo amigo suyo, estaban infectados, cuando llegue… Ellos.- Me desabrocho el cinturón y nos abrazamos con fuerza.
Ella llora por horas con su corazón desgarrado, por la vida perdida de su niño y por ella misma.
No hay nada que pueda decir que calme su pena, así que la sostengo y permanezco ahí, sujetando su dolor mientras se desborda por los cuatro costados de su cuerpo.
No es mucho, pero es lo que tengo para darle, mi compasión y mi amor. Porque estar ahí y no dejarnos solos cuando nos rompemos o nos sentimos perdidos es lo que hace la familia.
El nombre de André se graba en mi corazón y lanzo una oración a mis Diosas por él.
Y mientras yo rezo, y ella llora, la lluvia se convierte en tormenta.
…...
La suave voz de Beth cantando Last Kiss de Taylor Swifft relaja mis pensamientos, como si mi mente en lugar de ser un lago oscuro lleno de cosas viscosas en el fondo, fuera un claro charco en el bosque reflejando la luz del sol en su superficie.
Algo simple.
Fácil.
Bueno.
Respiro despacio disfrutando de la sensación de normalidad que me aleja de mi mente, morir debe ser algo así, ir cortando las cuerdas de tu existencia hasta que la última se desgarra por si sola incapaz de sostener la realidad.
Diablos, maldigo sonriendo sorprendido por la intensidad del sentimiento, estoy enamorado de Beth, ella podría salvarme si la dejase pero… Ya es demasiado tarde para retroceder, no puedo ascender hacia la luz, solo cavar más hondo el hoyo que yo mismo me he esforzado en crear.
Ahora ella está en la oscuridad conmigo, cantando mientras nos hundo.
Como si eso estuviera bien con ella, como si no le importara, casi como si lo esperara desde la granja.
Puede que en parte sea cierto, puede que no. ¿Qué importa?
Ella canta, y hay calma. Ella canta y me ama.
Se corta de pronto, pero eso no perturba la sensación de bienestar a nuestro alrededor. -¿En qué piensas tanto? Estás sonriendo.- Abro los ojos para poder mirarla, parece divertida.
-Nada.-
-Mentiroso.- Entrecierra los ojos y se ríe. –Venga dime.-
-Pensaba en lo bonita que estás perdiendo la cordura por mi culpa, y en lo poco que me importa ser el responsable.-
-Te lo tienes muy creído. ¿No?- Bufa antes de besarme. –Además, en realidad eres tú el que está cosiendo su locura a mi vida, y dado que soy quien lo permite- se encoge de hombros –la responsabilidad es mía supongo.-
-Tal vez sea cosa de los dos.-
-Tal vez no importe mientras estemos juntos, ¿no crees?- Dice sonriendo, la curva de sus labios es suave y esconde todo lo que soy capaz de desear más allá del caos.
-Tienes toda la razón, mi reina.- Me incorporo sobre los codos para ser yo quien la bese esta vez. –Hay algo de lo que quiero hablarte,- ella me mira curiosa.
-¿De qué se trata?-
-Ethan- Bob nos interrumpe entrando nervioso a mi celda mirando todo el rato por encima de su hombro, pongo los ojos en blanco al ver su actitud.
Bien hecho memo, eso apenas es sospechoso, pienso molesto.
-Sera mejor que me vaya, luego hablamos.- Beth pone cara de asco al pasar al lado del alcohólico.
-Lo siento, no quería interrumpir.- Se excusa Bob.
-No lo has hecho,- miento con mi sonrisa ensayada. –Es una pesada.-
-He venido por lo que dijiste,- su pie golpea rítmicamente el suelo. Con claros deseos de estar en cualquier otra parte, como si de alguna manera supiera que estar cerca de mí no es buena idea para su salud a largo plazo. -¿De verdad me ayudarías?-
-Pues claro, pero todo tiene un precio.- El hombre tuerce la cara. –Descuida, el primer favor que hago siempre es gratis.-
-Eso es un arma de doble filo, si no vuelvo a pedirte alcohol pierdes.- Me suelta de sopetón.
Lo que me hace pensar en un viejo dicho de mi abuela, arrepentidos los quiere Dios, y desesperados el Diablo. Hasta que el mundo no se fue a la mierda no entendí lo que quería decir con aquello.
Pues bien, Bob está muy desesperado y yo no soy ningún ser de luz precisamente, así que interpretemos nuestros respectivos papeles en esta tragicomedia posapocalíptica.
-Tengo visión de futuro, es un riesgo calculado.- Me levanto y salgo, él hombre me sigue sin abrir la boca hasta que llegamos a las celdas de aislamiento donde Ale guarda el alcohol fuerte.
Abro con la llave maestra antes de deslizar el pasador, entro en busca de lo requerido por mi futura víctima y salgo con un vaso de chupito, insuficiente para satisfacer su adicción, perfecto para convertirle en consumidor.
-Esto es una miseria.- Dice mirando con ansia el vaso que sostengo entre mis dedos.
-Puede, pero no obstante es más de lo que tienes. ¿Cierto?- Traga saliva incapaz de responder. –Además ten presente que para que Ale no sé de cuenta tenemos que hacer esto poco a poco.- Le entrego el chupito sonriendo amistoso. –Poco es una putada, pero es mejor que nada.-
-Tienes razón.- Me da la razón hipnotizado.
-Lo haremos así, uno por la mañana para empezar el día con alegría y otro por la noche para espantar al señor de las pesadillas. ¿Te parece bien?-
-Sí, ¿qué querrás a cambio más adelante?- Me pregunta antes de llevarse el vaso a los labios, en un repentino arrebato de lucidez.
-Tonterías en realidad, soy un poco acaparador de trastos, un embudo y una manguera me vendrían de perlas.-
-Creí que querrías material médico.- Su cuerpo se relaja en el acto al decirlo. –Si son cosas pequeñas como esa lo haré encantado, voy a deberte mi cordura chico.-
-Yo prefiero la madriguera del conejo, pero cada uno escoge.- Digo observando como traga, enseguida se pasa la lengua sobre los labios necesitando más. –Poco mejor que nada en absoluto.- Le recuerdo antes de que me pida otro.
-Sí, sí, gracias.- Se va rápido sin mirar hacia atrás. Avergonzado por su necesidad.
Es tan divertido jugar al gato y al ratón, cuando el ratón ignora que están jugando con él.
Vuelvo a cerrar la celda de aislamiento, en el exterior un trueno rompe el silencio de la noche, lo que me saca una sonrisa, Dixon debe estar de los nervios por su chochito perdido.
Al amanecer solo será otro pobre hombre desesperado en el fin del mundo como tantos otros.
*/*/*
Hola almas corsarias.
Hoy estamos a 13 de marzo, aún tengo que terminar de editar el capítulo pero lo tendréis de sobra para el 19.
Aquí en Madrid, yo no vivo en la capital si no en un pueblo que está como a media hora en coche, mucha gente que trabaja en las oficinas ya trabaja en casa por el Coronavirus, y ojo que yo era la primera que se lo tomaba a cachondeo, hasta que vi la histeria colectiva y a la gente dejar los supermercados vacíos de papel higiénico y champú, para que el apocalipsis les pille con el culo limpio y el pelo brillante se conoce.
En fin, que también han cerrado colegios y universidades y están diciendo de no abrirlos de nuevo hasta junio.
Además también han cerrado los comercios, exceptuando hasta donde yo sé los supermercados, las farmacias y los estancos.
El caso es que no sé hasta que punto realmente estamos tan en la mierda y cuanto se debe a la histeria social, el gobierno nos ha pedido que no salgamos de casa si podemos evitarlo.
Mientras tanto hay gente abandonando animales domésticos, por miedo, cuando estos no transmiten el virus, repito, LOS ANIMALES NO SON UN FOCO DE INFECCIÓN, NO SEAS MISERABLE Y NO ABANDONES A UN SER VIVO.
Sin más que añadir salvo que intentemos tomarlo con calma, el mundo no se acaba ni el papel higiénico tampoco, tomemos las medidas adecuadas de higiene para prevenir, y a los que estemos en cuarentena a quedarnos en casa hasta que se nos diga lo contrario, es lo que hay y nos toca pasar por ello. Ya está.
Espero que el capítulo os haya gustado, como siempre besototes for all.
P.D. ¿Creéis que Cassidy se meterá un poco con Daryl antes de perdonarle cuando vuelva? ¿O qué el verá los golpes e insistirá en que tenía razón y no debería haber salido?
Por otra parte, ¿adivináis que planea Ethan para Bob? Sé que no he sido muy sutil, pero no he podido evitar dejar pistas.
*Esa expresión y esa forma de decir, no me lo digas, yo te lo diré, están basadas en un personaje que se llama Boy del libro Apocalipsis de Stephen King, simplemente por hacer un pequeño homenaje y porque acabo de terminarme el libro y se me vino a la cabeza.
