Landline

Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.

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Capítulo 31

Bella nunca condujo al aeropuerto.

Sólo voló por su cuenta una vez, cuando tenía once años, para ir a visitar a su padre en Michigan. No fue bien, y no lo volvió a hacer. Y luego su padre murió cuando estudiaba en la preparatoria, y cuando su madre le preguntó si Bella quería ir al funeral, dijo que no.

— ¿No fuiste? —Edward se sorprendió cuando ella se lo dijo. Podías saber que se hallaba sorprendido porque elevó su ceja izquierda dos milímetros. (El rostro de Edward era como un botón de flor, necesitas un lapso de tiempo cuadro por cuadro fotográfico para realmente verlo en acción. Pero Bella se convirtió en una estudiante tal de su rostro, que podía leer la mayoría de sus tics).

—No lo conocía —dijo Bella. Se encontraban sentados en el sofá cama en el sótano de los padres de Edward. Era la segunda o tercera Navidad después de que se casaron, y fueron a quedarse durante casi una semana.

Su madre los puso en el sótano, en un sofá cama, incluso aunque la vieja habitación de Edward tenía una cama matrimonial. —Ella no quiere perturbar la santidad de tu dormitorio —bromeó Bella. Sus padres no habían tocado la habitación de Edward desde que se fue a la universidad. Todos sus recortes de lucha libre de la preparatoria y las fotos del equipo seguían pegados a la pared. Todavía había ropa en el armario.

—Es como cuando vas a Disneylandia —dijo Bella—, y te muestran una réplica de la oficina de Walt, exactamente como la dejó.

— ¿Preferirías fotos del perro?

— ¿En vez de extrañas fotos tuyas sudoroso en un traje de baño del siglo diecinueve?

—Se llama enterizo.

—Es increíblemente perturbador.

La mamá de Edward mantenía todos sus álbumes de fotos familiares en el sótano. La semana que Bella y Edward permanecieron allí, ella sacó toda la pila. —Si alguna vez eres presidente de los Estados Unidos —dijo Bella, con un gran álbum con estampado floral abierto en su regazo—, los historiadores agradecerán a tu mamá por tomar tan buenas notas.

—Hijo único —dijo—. Quería guardar todos los recuerdos que pudiera conseguir de mí.

Edward fue un niño serio e impasible. Ojos redondos y muy abiertos, como un niño pequeño. Mirando francamente a la cámara en su quinto cumpleaños. Más parecido a un hobbit que nunca durante la escuela primaria —con su camiseta marrón, marca Toughskins, metida sobre su barriga, y su cabello abundante peinado como en los setenta. En la secundaria, empezó a pararse con sus pies plantados y sus hombros ligeramente hacia adelante. No retaba a derribarlo —no era ese tipo de persona de baja estatura. Sólo se veía como alguien que no podía ser derribado. En la preparatoria, era amplio y fuerte. Un objeto inamovible.

Bella se sentó en el sofá mirando los álbumes, y Edward se sentó a su lado, jugando distraídamente con los cabellos de ella; él ya había visto todas estas imágenes antes.

Se detuvo en una foto de Edward y Tanya vestidos para un baile de preparatoria. Jesús, en realidad fueron sacados de un video de John Cougar Mellencamp (61).

—Sí —dijo—, pero aun así...

—Aun así, ¿qué? —Bella alisó el plástico sobre la foto.

—Era tu padre.

Apartó la mirada del Edward de la preparatoria, alzándola al Edward sentado a su lado. El Edward de veinticinco años. Más suave que en preparatoria. Con menos tensión alrededor de sus ojos. Luciendo como si probablemente la besaría en un minuto, cuando hubiera establecido el punto que quería.

— ¿Qué? —preguntó Bella.

—Es sólo que no entiendo cómo puedes faltar al funeral de tu padre.

—No lo sentía como mi padre —dijo.

Edward esperó a que ella diera más detalles.

—Él estuvo casado con mi madre solo durante diez minutos; ni siquiera recuerdo vivir con él, y se mudó a Michigan cuando yo tenía cuatro años.

— ¿No lo extrañas?

—No sé qué extrañar.

—Pero, ¿no extrañas algo? ¿Cómo incluso la idea de él?

Bella se encogió de hombros.

—Supongo que no. Nunca me sentí incompleta o nada, si eso es lo que preguntas. Creo que los padres son algo opcional.

—Esa es una declaración fundamentalmente equivocada.

—Oh, ya sabes lo que quiero decir. —Bella volvió al álbum de fotos. Había docenas de fotos del día de graduación de Edward. Lucía afligido en ellas; como si, después de los dieciocho, finalmente hubiera perdido la paciencia con la foto-vigilancia de su mamá. Su padre se encontraba en casi todas las fotos, también, luciendo mucho más tolerante.

—Realmente no sé lo que quieres decir —dijo Edward.

Bella cambió la página.

—Bueno, son agradables, si tienes uno; si tienes uno bueno; pero los papás no son necesarios.

Edward se enderezó, alejándose de ella.

—Son absolutamente necesarios.

—No lo son —dijo ella, girándose hacia él en el sofá—. No tuve uno.

Las cejas de Edward eran sombrías y su boca era plana.

—Eso no quiere decir que no lo necesitaras.

—Pero no necesité uno. No tuve uno, y estoy bien.

—No estás bien.

—Lo estoy, así que… —dijo—, ¿cómo que no estoy bien?

Él sacudió la cabeza.

—No lo sé.

—Estás siendo inusualmente irracional —dijo Bella.

—No estoy siendo irracional. Nadie más en el mundo discutiría conmigo sobre esto. Los papás no son opcionales. Mi padre no era opcional.

—Porque él estaba ahí —dijo ella—. Pero si no lo hubiera estado, tu madre habría llenado los vacíos. Eso es lo que las madres hacen.

—Bella… —Él quitó su brazo de los hombros y el cabello de ella—… estás siendo retorcida.

Ella abrazó el álbum de fotos contra sí misma.

— ¿Cómo estoy siendo retorcida? Estoy justo sentada aquí siendo el producto de una familia con una madre soltera perfectamente bien adaptada.

—Tu mamá no está bien adaptada.

—Bueno, eso es cierto. Tal vez los niños tampoco necesitan madres. —Ella bromeaba hora.

Edward no. Se levantó del sofá, moviendo la cabeza un poco más.

—Edward…

Se dirigió hacia las escaleras, lejos de ella.

— ¿Por qué estás tan enojado sobre esto? —dijo—. Ni siquiera tenemos hijos.

Se detuvo a mitad de las escaleras. Tuvo que agacharse por debajo del techo para hacer contacto visual con ella.

—Debido a que ni siquiera tenemos hijos, y ya piensas que soy opcional.

—Tú no —dijo ella, sin querer admitir que se equivocaba; sin realmente querer resolver lo que dijo—. Los hombres, en general.

Edward se puso de pie de nuevo, fuera de su vista.

—No puedo hablar contigo ahora mismo. Voy a subir para ayudar con la cena.

Bella colocó el álbum de fotos de regreso en su regazo y lo hojeó hasta el final.

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— ¿A dónde vuelas hoy? —La mujer detrás del mostrador le preguntó sin levantar la vista hacia Bella

—Forks.

— ¿Apellido?

Bella deletreó Swan, y la mujer empezó teclear en su consola. Frunció el ceño.

— ¿Tiene su número de reserva con usted?

—No tengo uno —dijo Bella—. Necesito uno. Es por eso que estoy aquí.

La agente de viajes miró a Bella. Era una mujer negra de más de cincuenta o casi sesenta años. Llevaba el cabello recogido en un moño, y miraba a Bella sobre un par de gafas de lectura de montura dorada.

— ¿No tiene un boleto?

—No aún —dijo Bella. Caminó hasta el primer mostrador al que llegó. No sabía si esta aerolínea incluso volaba a Omaha—. ¿Puedo conseguir uno aquí?

—Sí... ¿Quiere volar hoy?

—Lo antes posible.

—Es víspera de Navidad —dijo la mujer.

—Lo sé. —Bella asintió.

La mujer —su placa de identificación decía ESTELLE— elevó sus cejas, luego volvió a mirar su consola, tecleando de nuevo.

—Quiere llegar a Forks —dijo.

—Sí.

—Esta noche.

—Sí.

Tecleó un poco más. De vez en cuando, hacía un ruido descontento como: jum.

Bella se movió en sus pies y sacudió sus llaves contra su pierna. Ya había olvidado dónde aparcó.

La agente de viaje —Estelle— se alejó y tomó un teléfono que se hallaba empotrado a la pared. Parecía un teléfono especial. Tenía una luz naranja en la pared por encima de él. Oh, así es cómo un teléfono mágico debe lucir, pensó Bella

Luego Estelle regresó a su consola y tecleó de nuevo.

—Muy bien. — Suspiró, después de un minuto.

Bella se lamió los labios. Se hallaban agrietados, pero no tenía ningún bálsamo para labios.

—Puedo conseguirte un vuelo a Denver esta noche en United. De ahí, simplemente tendrás que cruzar los dedos. Tenemos retrasos en todo el sistema.

—Lo tomaré —dijo Bella—. Gracias.

—No me dé las gracias —le dijo Estelle—. Soy la señora que está a punto de hacer que se quede varada en el aeropuerto de Denver en víspera de Navidad. ¿Identificación?

Bella entregó su licencia de conducir y tarjeta de crédito.

El boleto era exorbitantemente caro, pero Bella no parpadeó.

—Podría volar a Singapur por tanto —dijo Estelle—. Sin escalas... ¿Tiene algo que documentar?

—No —dijo Bella.

Estelle apoyó su mano sobre una impresora, esperando por el boleto.

— ¿Que hay en Forks de todos modos? Además de sesenta centímetros de nieve.

—Mis hijos —dijo Bella, entonces sintió apretarse su corazón—. Mi esposo.

El rostro de la otra mujer se suavizó por primera vez desde que Bella llegó al mostrador. Le entregó a Bella sus pases de abordar.

—Bueno, espero que llegue más temprano que tarde. Dese prisa. Tiene veinte minutos para llegar a la puerta.

Durante los siguientes veinte minutos, Bella se sintió como la heroína de una comedia romántica.

Incluso decidió qué canción se reproduciría en su banda sonora —Kenny Loggins haciendo una gran y triunfante versión en vivo de "Celebrate Me Home". (62) (Lento y suave al inicio, incrementándose hasta llegar a un crescendo irresistible. Excesivas cantidades de ojos azules del alma.)

Corrió a través del aeropuerto. Sin ningún equipaje qué arrastrar, sin hijos a los que aferrarse.

Corrió pasando al lado de las familias de otras personas. De adorables parejas de edad avanzada. De voluntarios coreando villancicos que llevaban suéteres rojos y verdes.

Con cada paso, Bella se sintió más segura de sí misma.

Esto era lo que debió haber hecho diez minutos después de que Edward se fuera la semana pasada. Volando a través del país para reunirse con su verdadero amor era siempre el movimiento correcto. (Siempre.) (En cada caso.)

Todo estaría bien si Bella podía simplemente llegar a Edward. Si era capaz de escuchar su voz. Si podía sentir sus brazos alrededor de ella.

Como cuando todo estuvo bien cuando él apareció en su puerta hace quince años. (Mañana por la mañana.) Tan pronto como ella vio su cara ese día, lo había perdonado.

Su avión ya estaba abordando cuando Bella —sonrojada y sin aliento— llegó a la puerta. Una azafata bonita y rubia tomó su boleto y le sonrió.

—Que tenga un buen vuelo y Feliz Navidad.

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61- John Cougar Mellencamp fue un cantante y guitarrista de rock.

62- Kenny Loggins es un cantante, famoso por su canción Footlose y Celebrate Me Home es una canción que habla sobre el deseo de alguien por estar en casa durante Navidad.

¡SIII! Corre, Bella, corre