SDisclaimer: Los personajes usados acá no me pertenecen.
Advertencias: Yaoi.
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Danza entre titanes
Por St. Yukiona
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Apéndice I: Primer amor.
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La guardia de la media noche era probablemente la peor de todas: Era aburrida, había humedad (más que por la mañana) y siempre eran idiotas los que tenía como compañeros. Compañeros idiotas, teniendo conversaciones idiotas sobre cosas idiotas. Los veía hablar alegremente a esos dos por enfrente de él, tan felices como si no vieran el desastre y el caos a su alrededor. ¿Es qué eran incapaces de oler aún el hierro de los edificios retorciéndose? ¿El eco de los gritos de las personas en los escombros? ¿Qué no eran capaces de sentir la agonía de la muerte que los acechaba en la esquina?
Yuri los odiaba. Odiaba a todos. No. En realidad sólo sentía odio hacia sí mismo. Hacia su incapacidad de no lograr con expectativas más grandes de las que hubiese deseado. Peinó hacia atrás su cabello y continuó caminando escuchando las carcajadas de sus compañeros que delante de él andan sin ninguna preocupación.
Minami Kenjiro era otro de los supervivientes de la academia Jaeger donde Yuri había estudiado y que de ella nada quedaba en pie, sólo era un terreno baldío con varias cruces pues ahí mismo fueron enterrados los cuerpos de sus compañeros. Aquel horrible día muchas vidas se habían perdido. El otro era Pichit Chulanont, era dos años mayor que Minami y Yuri, y era alguien sumamente cercano a Yuuri, incluso más que él que era su co-piloto, a veces veía al tailandés salir de la habitación de su piloto muy animado. Al parecer el japonés y el tailandés habían hecho migas apenas fueron presentados, llevaban varios meses haciendo esas guardias perimetrales que se cubría un tramo a pie, otro en vehículo terrestre y otro en vehículo aéreo. Minami era experto en manejo de vehículos terrestre, Phichit había aprendido con Yuuri Katsuki a pilotear helicópteros de pequeñas dimensiones y Yuri era experto en armamento, por lo cual eran una buena trieja, o al menos hasta que Yuuri volviera de su retiro en Rusia, cuando volviera y su Jaeger estuviera reparado entrenarían hasta el cansancio.
Minami estornudo una y dos veces antes de que se frotara torpemente la nariz con el puño de su uniforme. Parpadeó y se analizó en una fracción de segundos: No estaba enfermo, no se sentía enfermo, por lo tanto alguien hablaba de él*, porque era una obviedad que relacionara el hecho de estornudar repentinamente con que alguien lo recordara en la lejanía a que quizás estaba desarrollando alergia a algo en el ambiente.
—Espero sea Yuuri —suplicó a la nada juntando sus manos mientras recordaba al piloto jaeger, el dios de sus oraciones de cada noche antes de ir a dormir. El tailandés rió cubriéndose los labios y rezando un: "Qué atrevido, Minami-kun".
—O Vitya, el esposo de Yuuri dispuesto a molerte a golpes —azuzó el rubio enfadado terminando de comer lo último que quedaba en la bolsa metálica de comida deshidratada que solía consumir durante sus rondas. Los otros dos chicos se fijaron en el piloto que pocas veces era partícipe de sus conversaciones banales.
—¿AH? —ladeó el rostro Minami —. ¿Viktor Nikiforov? No me preocupa... —bufó aquel pelirrojo mientras negaba al tanto entrecerraba la mirada tratando de visualizar un enfrentamiento contra Viktor pero no era un secreto que a pesar de tener una amputación en su pierna el ruso seguía siendo de los guerreros más fuertes de la defensa incluso fuera de un imponente robot de varios miles de toneladas. A cualquiera le haría temblar las carnes.
—Ríndete, Minami —rezó con frialdad el ruso empujando a ambos para caminar por delante de ambos —. Es estúpido que pienses sobre tener una oportunidad con Katsuki, él no está interesado en niñitos idiotas.
—¿Cómo tú? —azuzó Phichit sonriendo suavemente, Yuri Plisetsky se giró para encarar al tailandés empujándolo violentamente hacia atrás.
—¿Cuál es tu maldito problema?
—Cuál es el tuyo, Plisetsky —respondió el tailandés con tranquilidad ladeando el rostro, Minami se pegó hacia la zona de la arboleda que había a un costado de ellos, puesto que la tensión se sentía—. ¿Tienes sentimientos por Yuuri-kun? —soltó despacio y el rubio se vio confundido pero negó furiosamente escupiendo al suelo furioso.
El rubio giró sobre sus talones para quedar de frente al asiático que le observaba de modo escrutador. A unos pasos se encontraba el jeep que los llevaría al recorrido por la costa alta y acortó la distancia entre Phichit y él, el moreno no pareció intimidado bajo ninguna circunstancia. La sonrisa tranquila y el gesto sereno eran probablemente lo que más irritaban al ruso, como si ese ingeniero tuviera la capacidad de ver a través de su cabeza y saber sobre esos oscuros pensamientos que Yuuri en la interfaz se callaba y pretendía no ignorar. En un principio, durante el primero y segundo enlace se había sentido morir de vergüenza, pero después... en un acto de descaro voluntario terminó por mostrar todo, pero el japonés jamás se vio interesado en intentar volver realidad alguna de las fantasías que se dibujaban con matices lujuriosos y de entera provocación. La atracción que sentía por Katsuki Yuuri era tan inevitable e innegable que nada le impediría decirle a Phichit: Sí, lo amo, ese es mi problema. No obstante escupió hacia un lado y siguió caminando hacia el vehículo.
—Digo yo que no eres el único... hay un montón de gente fantaseando comiéndole más que la boca, Plisetsky —dijo con un aire de burla el tailandés torciendo los labios y ganándose el silencio del ruso que se había vuelto a detener en medio de su camino —, quizás es por esa onda de las feromonas que él desprende... como una especie de macho alfa en celo... ya sabes todas las hembras babean por él —sentenció el moreno antes de hacerse hacia atrás cuando un furioso ruso se abalanzó hacia él, el rubio tropezó de bruces debido a la velocidad que llevaba su golpe, pero enseguida se repuso e intentó volver a golpear a Phichit sin éxito.
Chulanont era bastante rápido y talentoso para reaccionar de forma fácil, sin contar que por algún motivo sintió a Yuuri en los golpes que Yuri le intentaba dar. Sonrió casi con cariño reconociendo que el apego que Yuri sentía por el japonés era algo así como un primer amor arraigado en tiempos de peste donde las fantasías y los cuentos dibujados en la arena era lo necesario para no pensar en la miseria. Algo así como lo que ocurría con Chris Giacometti y él, ambos sabían que lo suyo jamás podría ser materializado y consumado de forma firme y tangible, jamás habría carne contra carne pues Chris lo esperaba una familia y suficiente debía de tener la preciosa mujer con las historias que se contaban por ahí de Chris con el capitán Masumi, como para que él llegara también a imponerse a la lista de amantes desventurados que tocaban puerto en el corazón del suizo.
Un puño casi le rozó el rostro al tailandés quién pensó que era suficiente y logró interceptar la muñeca ajena, para girarla y torcer su brazo hasta el punto que el rubio quedó de cara al piso. Un gemido ahogado y un empujón más fuerte que hizo embarrar la mejilla del ruso en el lodo casi seco.
—¿Sabes por qué es tan difícil pelear contra Yuuri? —cuestionó el moreno con su rodilla sobre la espalda del rubio y ejerciendo presión en la llave—. Porque cuando peleas con Yuuri, en realidad él no pelea... él baila, y es él quien te guía... tú sólo lo imitas, pero aún no sabes guiar... por eso es que sigues siendo una carga para él, tus emociones son una carga, Yuri —su voz no era alarmante ni buscaba provocar más, hablaba con calma como si ese que estaba contra el suelo le hubiese pedido consejo—. Eres un niño siguiendo los pasos de un gigante, queriendo bailar entre titanes... —lo soltó con sutileza quitándose de encima—. Vamos Minami —pidió amablemente el tailandés y el japonés que estaba ahí, aterrado, dio una mirada al ruso y enseguida corrió detrás del mayor de los tres que se alejaba parloteando sobre lo mucho que le gustaba la noche, estaba fresca y había poca humedad.
Yuri se quedó todavía un rato más con el rostro contra el lodo hasta que escuchó el ruido del motor del jeep andar. Era momento de limpiarse las lágrimas y seguir trabajando con la dignidad que la quedaba.
..
El lugar del cual partió la avioneta para los cuatro pasajeros , era un prado solitario a costado del basurero de la ciudad, aunque decir aquello era un eufemismo pues toda la ciudad era un enorme basural ahora. Había recibido un fuerte castigo durante el ataque de aquel Kaiju y aún se podía notar en la coloración de algunas plantas el efecto tóxico que seguía teniendo el epicentro de impacto. El cadáver de aquella enorme bestia aún decoraba el centro de Yeletskiy donde la tormenta aún no había arribado como en los alrededores de Vorkutá donde habían tenido que hacer un largo recorrido en vehículo terrestre debido a las inclemencias del clima. La vista era desalentadora y Yuuri prefería no ver hacia abajo y fijarse en el cielo.
—¿Y tú y Plisetsky? —dijo de pronto Viktor sacando a ambos pilotos de sus pensamientos silenciosos. Otabek miró a Yuuri que pareció seguir concentrado en el cielo frente a él, activando algunos censores.
—¿Perdón, señor? —preguntó el kazajo al ver que Yuuri no reaccionaba a la pregunta del Teniente, por ende fue evidente que hablaba con él.
—¿Plisetsky y tú tienen algo? —insistió el ruso que iba bastante cómodo agachado dentro de la pequeña cabina de la avioneta.
—Debería volver a su lugar, Teniente Nikiforov —comentó Yuuri.
—Con todo respeto, Mayor, sólo es una pregunta inocente para matar el tiempo —dijo sonriendo contra el micrófono de la diadema de audio que usaban para comunicarse porque la cabina era insonorizada y se escuchaba el ruido de todo el mecanismo funcionar, Yuuri era un piloto de la vieja escuela que no se guiaba de los aparatos eléctricos y tenía el oído muy entrenado como para saber si algo no sonaba como debía de solucionar.
—Señor —murmuró Otabek —. No creo que el cadete Plisetsky se sienta feliz al saber que divulgo información privada, señor.
Yuuri miró de reojo a Otabek y sonrió sin decir nada, aunque Viktor sonrió más grande.
—Por favor —silbó y su voz sonó rasposa en los audífonos de todos —. ¿Tienes miedo a que te digan que eres gay? Pft. la base es una hervidera, y en tiempo de guerra...
—Viktor cállate —ordenó Yuuri cortando el horrible y denigrante comentario. Viktor volvió a reír.
—Le tengo mucho respeto al cadete Plisetsky, señor —respondió Otabek y Yuuri lo contempló una vez más para suspirar.
—Haces bien, es menor de edad a pesar de que sea un valioso compañero y es ilegal —recordó el moreno.
—Sí, señor.
—¡Ay, Yuuri! No seas aburrido... —rezongó Viktor —. En algún momento también debes de tener tus necesidades, Otabek. No eres de piedra aunque muchos crean que es así... hasta Yuuri y yo antes de nuestra reconciliación en Vork... ay... ay.. ay...
—Dísculpalo, Otabek —murmuró Yuuri soltando la oreja de Viktor que casi se caía por el apretón propinado por el japonés, volvió a acomodarse en su sitio —. Aunque Vitya tiene razón... si es algo sincero, deberías aproximar tus sentimientos, estamos en una campaña que va directo a la muerte —no se cortó en decirlo ni lo suavizó.
—Lo entiendo pero... como estoy con Yuri hasta el momento estoy bien, ¿sabe? —miró a sus dos superiores despegando su mirada del frente y siguió concentrado en el vuelo —, con solo verlo me tranquilizó... —externó y por algún motivo se sintió confiado en seguir hablando—, si lo he llegado a imaginar pues... en momentos más íntimos, pero de las veces que nos hemos visto... quizás un beso un poco mas allá de la mejillas, un apretón mas largo de manos, una mirada... pero nunca le he faltado...
— ¡Puff! —pujó Viktor para después reír—. No te creo eso, solo falta ver como se miran, para saber que van hacer cositas después cuando se queden solos.
Otabek se sonrojó y de no ser porque iba amarrado al asiento hubiese saltado de la indignación, Yuuri propinó otro golpe a Viktor y éste se calló pues estuvo a punto de estallar a reír mucho más fuerte.
—Es que no es algo que yo... más bien nosotros podamos evitar, simplemente su mirada busca el contacto con la mía y viceversa, una o dos caricias sutiles es suficiente para nosotros... mantenernos cerca... pero a algo mas... —siseó—. Jamás... somos amigos cercanos, familia, sólo eso.
El moreno que manejaba lo observó de reojo una vez más y torció los labios.
—¿Y nunca has pensado en hacerlo... faltarle un poco, bajar un poco más la mano, hacer que perdure un poco más el beso... subir de volumen aquellas caricias...? —ahora Viktor parecía un poco más serio.
Otabek mordió su labio tratando de crear la escena de la situación expuesta por sus superiores, pero antes de cualquier imagen sugerente acabó por sentirse profano, irritado y un poco enfadado por la falta de respeto a la imagen de Yuri y negó rotundamente. Yuuri sonrió con tranquilidad, lo último que quería era que Otabek acabara siendo rechazado por su culpa, porque él había visto en la cabeza de Yuri el modo en que éste veía a Otabek y no había nada más que amor fraternal. Una desilusión romántica era algo que nadie se merecía. Otabek y Yuri poseían una bonita amistad, y aunque él mismo había aludido a un acercamiento más osado por parte de Altin hacia Plisetsky se arrepintió, negó y se concentró dejando que Viktor se quedará cerca ya parloteando sobre cualquier otra cosa. El sonido de su voz le hacía distraerse de su destino final en la caldera del infierno a la que iban.
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¡Nos leemos pronto!
¡Gracias por leer!
St. Yukiona.
Que los ama de pulmón, páncreas y todo lo demás.
