Landline

Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.

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Capítulo 32

El avión no despegó.

Todo el mundo tenía puesto el cinturón de seguridad. Apagaron sus dispositivos electrónicos. La bonita azafata les dijo cuál era la salida a la cual dirigirse en caso de catástrofes o una muerte casi segura. Entonces el avión se deslizó por unos pocos minutos.

Luego unos minutos más.

Se deslizó probablemente por veinte minutos.

Bella se encontraba sentada entre una mujer extremadamente refinada y pulida que se tensaba cada vez que Bella golpeaba su muslo y un niño de la edad de Alice que llevaba una camiseta de ESTO APESTAAAAA (Era demasiado joven para ver a Mike'd Up opinaba Bella).

— ¿Entonces te gusta Trey? —le preguntó.

— ¿Quién?

—Tu camiseta.

El niño se encogió de hombros y encendió su teléfono. Un minuto más tarde, la azafata se acercó y le pidió que lo apagara.

Después de cuarenta minutos de deslizamiento, Bella se dio cuenta que el niño era hijo de la mujer sentada a su lado. Ella seguía inclinándose sobre Bella para hablar con él.

— ¿Le gustaría cambiar de asientos? —le preguntó Bella.

—Siempre dejo un asiento vacío entre nosotros —dijo la mujer—. Normalmente eso significa que terminamos con espacio extra por que nadie quiere sentarse en el medio.

— ¿Querían sentarse juntos? —preguntó Bella—. No me importa moverme.

—No —respondió la mujer—. Mejor quedémonos donde estamos. Ellos usan las asignaciones de asientos para identificar los cuerpos.

El capitán encendió el intercomunicador para pedir disculpas porque no podía encender el aire acondicionado y para precisamente decirles—: Paciencia, somos los quintos en la fila para despegar.

Luego reapareció para decirles que no se hallaban más en la fila. Estaban esperando noticias desde Denver.

— ¿Qué está pasando en Denver? —le preguntó Bella a la azafata la próxima vez que se detuvo a decirle al niño que apagara su teléfono.

—Una tormenta de nieve apocalíptica —dijo la azafata alegremente.

— ¿Está nevando? —preguntó Bella—. ¿No está nevando siempre en Denver?

—Es una tormenta de nieve. Desde Denver a Indianápolis.

— ¿Pero todavía estamos saliendo?

—La tormenta está pasando —dijo la azafata—. Estamos a la espera de confirmación, entonces despegaremos.

—Ah —dijo Bella—. Gracias.

El avión regreso a la puerta de embarque. Luego se deslizó de nuevo. Bella vio al niño jugar un videojuego hasta que su teléfono se apagó.

Toda la tensión y la adrenalina que sintió en el aeropuerto se perdieron a través de sus pies. Tenía hambre, Y tristeza. Se inclinó hacia adelante en su asiento, para no rozar la mujer a su lado.

Bella seguía pensando en su última conversación telefónica con Edward, su última pelea. Entonces comenzó a preguntarse si en realidad podría ser su última pelea. Si lo ahuyentó y ya no le proponía matrimonio, ¿borraría todas las peleas que tuvieron desde entonces?

En el momento en que el capitán regresó con buenas noticias

—Tenemos confirmación. —A Bella estaba alterada. Esto es el purgatorio, pensó. Entre lugares. Entre tiempos. Completamente fuera de contacto.

Todos a su alrededor aplaudieron.

Bella no era buena para volar. Edward siempre sostenía su mano durante el despegue y las turbulencias.

Ahora que había demasiadas personas en su familia para sentarse en una fila, se sentaban dos a cada lado del pasillo en la misma fila, Bella y Edward en los asientos de pasillo, para que él pudiera tomar su mano si lo necesitaba.

A veces ni siquiera levantaba la vista de su crucigrama, solo estiraba el brazo para ella cuando el avión comenzaba a temblar. Bella siempre trató de no parecer asustada, por el bien de las niñas. Pero igual tenía miedo. Si hacía ruido o tomaba aire demasiado fuerte, Edward apretaría su mano y la miraría "Oye. Solecito. Esto no es nada. Mira a la azafata allá, está dormitando. Estaremos bien."

El avión de Bella encontró turbulencia a una hora del vuelo a Denver. La mujer sentada a su lado no se molestó por ello, excepto cuando las sacudidas movían las caderas de Bella contra las suyas.

Su hijo ya había caído dormido contra el costado derecho de Bella. Ella se apoyó contra él, apretó sus puños y cerró los ojos.

Trató de imaginar a Edward, conduciendo a través de esta tormenta de nieve para llegar a ella.

Pero no hubo ninguna tormenta de nieve en 1998.

Y tal vez Edward no trataría de llegar a ella.

Trató de recordar de nuevo lo que le dijo anoche por teléfono. Intentó recordar lo que él le respondió.

Edward probablemente pensó que era una maniática. Solo debería haberle hablado sobre el teléfono mágico. La revelación completa. Luego podrían haberlo resuelto juntos. Podrían haber sido como Sherlock y Watson desde ambos lados de la línea de tiempo.

O Edward podría haberlo descubierto todo, él era el Sherlock y Watson (63) en su relación.

El avión se agitó, y Bella presionó la cabeza de nuevo contra el asiento, obligándose a escuchar la voz de Edward. "No es nada. Estaremos bien."

El sol se ponía en Denver. El avión voló en círculos (y se sacudió) por cuarenta y cinco minutos antes de que la tormenta parara y ellos pudieran aterrizar.

Cuando por fin salió al puente de embarque, Bella se encontraba segura de que iba a vomitar, pero la sensación pasó rápido. Apresuradamente pasó a la señora intocable y su hijo, y sacó un pasaje a Forks.

Bella había perdido su próximo vuelo, pero tenía que haber otro.

Dio unos pocos pasos confundida dentro del aeropuerto. Las puertas se hallaban tan llenas, gente sentada en el suelo, apoyada contra las ventanas. Cada puerta, de arriba a abajo en el vestíbulo, estaba llena.

Bella tenía que llegar al otro lado del terminal. Encontró una banda transportadora de pasajeros y caminó rápidamente. Sentía como si el tiempo se moviera más rápido para ella que para el resto de las personas que pasaba. Nadie más parecía tener prisa. Y la mayoría de las tiendas se encontraban cerradas y oscuras, a pesar de que solo eran las seis. Nochebuena, pensó. Y luego, tormenta de nieve apocalíptica.

Cuando llegó a su puerta, todos los asientos se hallaban tomados. Las personas estaban de pie alrededor de un televisor sin sonido, viendo el canal del clima. Había un cartel sobre el escritorio con tres números de vuelo, todos retrasados. Técnicamente no perdió su vuelo, porque nunca despegó.

Bella se ubicó en la fila, solo asegurándose de quedarse donde estaba era su mejor opción para llegar a Forks.

Cuando por fin llegó al mostrador, el empleado de la aerolínea fue sorprendentemente alentador.

—Su mejor opción es teletransportarse.

— ¿Perdón?

—Solo un poco de humor de Harry Potter —dijo.

—Claro.

Bella no había leído los libros de Harry Potter, pero fue a ver la mayoría de las películas con Jasper los días que él tenía ganas de salir de la oficina. No le importaban los magos pero pensaba que Alan Rickman (64) era de ensueño.

— ¿Cuándo empezaste a desear a chicos de mediana edad? —preguntó Jasper.

—Cuando me convertí en una persona de mediana edad.

—Detente, Bella. Estamos aún en los treinta y tantos.

—Dios, me encanta ese show.

—Lo sé —dijo.

—Eso es una prueba de que soy de mediana edad —dijo—. Extraño los treinta y algo.

El Starbucks al lado de su puerta se encontraba cerrado. Y el McDonalds. Y el Jamba Juice. Bella compró un sándwich de pavo en una máquina expendedora y un cargador de iPhone en otro. Consiguió un café terrible en el único lugar abierto, un bar deportivo temático del Oeste, luego se dirigió de nuevo a la puerta y encontró un lugar en la pared para apoyarse.

El vidrio contra su espalda se hallaba frío. Bella miró por la ventana. No podía ver nada, ni nieve, nada más que sombras, pero podía oír el viento. Sonaba como si todavía estuviera en el avión.

Frente a ella, una mujer rompía una galleta por la mitad y la dividía entre sus hijos, dos niñas lo suficientemente pequeñas para compartir un asiento. Tenían servilletas dobladas en sus regazos y cajas de leche. La mujer se encontraba sentada junto a su marido, y su brazo colgaba perezosamente sobre el respaldo de su silla, acariciando su hombro distraídamente.

Bella quería acercarse a ellos. Quería sacudir las boronas del abrigo de la niña más pequeña, quería hablar con ellos.

—También tengo esto —quería decirle a la mujer—, exactamente esto.

¿Pero era verdad?

¿Aún lo tenía?

Bella siguió probándose a sí misma, catalogando sus recuerdos, registrándolos en el tiempo. El séptimo cumpleaños de Alice. El primer Halloween de Bree en Disneylandia. Edward cortando el césped. Edward frustrado en el tráfico. Edward moviéndose hacia ella, dormido cuando Bella tenía insomnio.

— ¿Estás bien?

—No puedo dormir.

—Ven aquí, loca.

Edward enseñándole a Alice como hacer pochoclo Jiffy Pop. Edward garabateando un jerbo soñoliento en el brazo de Bella…

Bella nunca podía recordar la diferencia entre un jerbo, un hámster y un conejillo de indias, así que Edward los dibujaba sobre ella cuando estaba aburrido —Hoja de repaso —decía, escribiendo "soy un conejillo de indias" en un globo en su codo.

Pasó la mano por encima de su brazo en blanco. La niña frente a ella volcó su leche, Bella se inclinó y lo recogió. La madre sonrió, y Bella le devolvió la sonrisa. También tengo esto, dijo su sonrisa.

Extrañaba a sus niñas. Quería verlas. Tenía fotos en su teléfono…

Bella escaneó la puerta por un enchufe y encontró uno en la pared un par de metros más abajo; dos personas ya se hallaban ahí. Se acercó y les preguntó si podía enchufar su teléfono cuando terminaran.

—Solo necesito un minuto —dijo—, es solo para revisar algo.

—Adelante —dijo un joven de unos veintitantos años. Tenía la edad de Edward, Edward en 1998. El chico desconectó su teléfono y se movió unos centímetros para darle espacio.

Bella se arrodilló torpemente entre él y una mujer que escribía en su portátil. Abrió el nuevo cargador y sacó su teléfono del bolsillo, luego lo enchufó y espero a que apareciera la manzana blanca.

No pasó nada.

— ¿Lleva mucho tiempo apagado? —preguntó el muchacho—. A veces tarda unos pocos minutos.

Bella esperó unos minutos.

Lo conectó y desconectó en ambos extremos. Presionó los dos botones.

Una lágrima cayó sobre la pantalla. (Suya, obviamente)

— ¿Quieres usar mi teléfono? —preguntó el muchacho.

—No, está bien —dijo Bella—. Gracias. —Desconectó su teléfono y se puso de pie, balanceándose hacia atrás torpemente cuando se levantó. Dio la vuelta. Luego retrocedió—. De hecho, eh, sí. ¿Puedo usar tú teléfono?

—Claro. —Lo sostuvo hacia ella.

Bella tomó el teléfono y marcó el número celular de Edward

—Lo sentimos este buzón esta… lleno. —Le regresó al chico su teléfono—. Gracias.

Su lugar en la pared, junto con las niñas, había desaparecido. Una mujer se hallaba sentada ahora con su niño.

Bella comprobó otra vez el anuncio sobre el mostrador. Aún retrasado. Uno de los otros vuelos fue cancelado. Se alejó de la puerta y dejó caer su teléfono en la basura.

Luego lo pensó mejor y metió la mano en el bote de la basura para recuperarlo. (Estaba justo en la parte de arriba) (La basura del aeropuerto es relativamente limpia) Un hombre mayor que llevaba una gran chaqueta acolchonada la observaba. Trató de mover su teléfono en el aire, para que no pensara que escarbaba por comida.

Luego lo guardó en su bolsillo y se acercó a la banda transportadora de personas. La recorrió tan lejos como pudo en una dirección, luego regresó todo el camino, entonces lo hizo de nuevo.

Solo porque no pudiera ver las fotos de sus hijas en su teléfono no quería decir que las fotos no estuvieran allí.

En algún lugar.

La cama de Bree con una docena de gatitos de peluche. Las muñecas de papel de Alice. Bree mordisqueando sus trenzas, Edward sacándolas de su boca. Bree mordisqueando otra vez sus trenzas, Edward atando sus trenzas en un moño en la parte superior de su cabeza.

Edward en la cocina. Edward haciendo chocolate caliente. Edward haciendo la cena de Acción de Gracias. Edward de pie junto a la estufa cuando Bella llegaba tarde a casa del trabajo.

—No estaba seguro de lo querías empacar, pero lavé todo en tu cesto. No olvides que hace frío allí, siempre olvidas que hace frío.

Si Bella pudiera mirar sus fotos, se sentiría mejor.

Si sólo tuviera una pequeña prueba, no es que necesitara una prueba, pero si tan sólo pudiera tener una pequeña prueba de que todavía estaban allí. Acarició su dedo anular desnudo. Vació los bolsillos buscando señales de vida: Todo lo que tenía era una tarjeta de crédito y una licencia de conducir, ambas con su nombre de soltera.

Se oscureció el aeropuerto.

Los aeropuertos eran siempre oscuros por la noche, y este era aún más oscuro con todas las tiendas de dormir y la nieve. Bella aún podía escuchar el viento, a pesar de que ahora no se encontraba cerca de las ventanas. Todo el edificio lamentándose con él.

En algún momento, se bajó de la cinta transportadora. El suelo demasiado quieto debajo de ella, y se tambaleó. Cuando recuperó su equilibrio, fue al baño más cercano y se paró frente a un espejo de cuerpo entero.

Tan pronto como la habitación estuvo casi vacía, se levantó la camiseta y pasó su mano a lo largo de las estrías y la fibrosa cicatriz bajo su vientre.

Todavía estaban allí

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63- Sherlock Holmes es un personaje ficticio. Es un detective inglés y Watson lo acompaña en algunas de sus aventuras.

64- Alan Rickman fue un actor de cine que interpretó a Severus Snape en Harry Potter.

Cada vez está más cerca de su destino. Definitivamente esta es una historia que se queda corta en Edward pero pues así fue escrita y ese es parte de su encanto. Ya veremos qué le espera en Forks D:

Gracias por sus comentarios y su tiempo :)

Ya sólo nos quedan cuatro capítulos más y algo extra :)