El nuevo Lord Protector

Capítulo 33: Jaken, más rápido, te esperan


Ah-Un había traído consigo las nubes de lluvia. Tener un dragón que nublara los cielos cuando vuelas para ocultarte está bien, pero no cuando atraes la lluvia y ésta te cala hasta los huesos cuando tienes que bajar a tierra firme. Así que, como le habían ordenado, tenía que encontrar el sitio en el que estuvo Rin, al norte de la aldea de Inuyasha, para buscar a una humana. ¿Acaso el gran Jaken no era necesitado ya por el amo bonito para cuidar de la pequeña Rin? Pues parecía ser que no, ya que se encontraba el diablillo calado hasta los huesos, hundido hasta las rodillas en el barro —no es que el barro fuera profundo, pero su pequeña estatura no daba para más—, y murmurando una retahíla de quejas mientras se adentraba en los límites de aquella apestosa aldea de humanos. Había hecho bien en decirle a la bestia de dos cabezas que trajera una tormenta, con la torrencial lluvia, la mayoría de los aldeanos se habían refugiado en sus chozas y el gran Jaken no tendría que calcinarlos hasta los huesos con su báculo por interponerse en su camino.

Así pues, como pudo, siguió caminando, tenía que encontrar al inútil de Inuyasha para que le ayudara, llevaba consigo un pañuelo que le había prestado a Rin la humana en cuestión para que el mitad bestia le ayudara a seguir su rastro. Tenía la solución para encontrar a la humana que le habían mandado a buscar, pero no tenía una solución para conseguir encontrar al inútil del medio hermano de su amo bonito. Para colmo Ah-Un había decidido empezar a caminar por su cuenta, dejándolo de nuevo desamparado por la lluvia. Como pudo, ya que seguía hundiéndose en el fango, empezó a correr tras el dragón, hasta que éste se quedó en un sitio.

—¿Pero se puede saber gran bestia estúpida a dónde se supone que vas sin avisar? Tenemos que encontrar al descerebrado de Inuyasha, ¡y ese tenemos te incluye!

—Oh, ¿Y por qué hay que encontrar al señor inuyasha? —le contestó una voz femenina a Jaken.

Casi le da un patatús. ¿Ah y Un era una mujer? Lo había molestado tanto que ahora hablaba? ¿O se había enfriado tanto, debido al aguacero, que ya no se enteraba de qué era lo que estaba pasando? Un paraguas sostenido por una mujer de mediana edad lo resguardó de la lluvia. Parecía una visión traída por los dioses del cielo. Tranquilamente, traía consigo un manojo de trigo tierno con ella, que le daba de comer a las cabezas del dragón, mientras lo cobijaba del agua con una sonrisa.

—Es usted el Gran Jaken, ¿verdad? La señorita Rin me mencionó como reconocerlos, aunque con tanta lluvia casi ni los vi. ¿Qué le trae por aquí? Siento comunicarle que el señor Inuyasha se encuentra de viaje ahora mismo, aunque les puedo invitar a que se refugien en mi humilde casa hasta que llegue.

Jaken tenía la cara desencajada del asombro. Esa mujer le estaba hablando con toda la tranquilidad del mundo, pero con todo el respeto que su gran personalidad se merecía. Y parecía conocer a Rin. Por no hablar de que la tonta de Rin hasta le había explicado como dirigirse apropiadamente a él.

Ella comenzó a caminar, bastante agraciadamente, teniendo en cuenta que se hundía en el barro igual que él, y que el dragón tiraba de ella para pillar más comida. ¿Pero de que conocía esa mujer a Rin? A la chiquilla no se le daba bien hablar con humanos que no conociera, y solo se había relacionado con el grupo de Inuyasha desde que llegó a esa aldea.

—Oye humana, entiendo que hayas escuchado maravillas de mi persona y de mis hazañas de parte de Rin, pero ella no hablaba con cualquiera. ¿Quién se supone que eres tú?

—Oh, no soy nadie en particular, siento no haberme presentado. Mi nombre es Atsuko, no creí que le resultara de importancia a un gran demonio como lo es usted.

—¿Y de qué conoces a la señora Rin?

La mujer se paró en seco y se giró a mirar fijamente a su interlocutor, eliminando toda clase de simpatía que pudiera mostrar antes.

—Conozco a la señorita Rin porque antes de tener que huir a esta aldea, yo fui la encargada de atenderla en la hacienda Oda por orden del amo Sesshomaru.

Yuuki volvía maldiciendo por lo bajo hasta la choza que ahora compartía con su madre. Apenas habían pasado algo más de dos semanas desde que habían huido de la hacienda Oda, y para pasar desapercibidos, todos los traidores se habían dispersado entre las aldeas vecinas, o refugiado en los bosques, a la espera de poder seguirlo. Pero no tenía ni idea de dónde podrían estar ni la señorita Rin ni aquel demonio perro que se la llevó. Ni siquiera pudo despedirse de ella. Maldita lluvia. Había comenzado a llover de repente, y sus sandalias de mimbre se habían impregnado de barro. Ahora su armadura la tenía que llevar deshonrosamente cubierta, ya no podía lucirla como orgulloso samurái.

Maldijo de nuevo, se restregó los ojos. No sólo le había asaltado la lluvia en su camino de vuelta tras tener que encargarse de salvaguardar durante todo el día uno de los puestos del mercado a cambio de una miserable paga, sino que ahora parecía que a su madre se le habían pegado las mismas malas costumbres que a su adorada señorita Rin. Se le veía muy feliz preparando el té a una criatura, mientras veía a sus pies un enorme dragón de dos cabezas que comía apaciblemente.

—¡¿Pero qué estás haciendo madre?! — Le increpó enseguida Yuuki a la mujer que estaba sentada sirviendo tan educadamente como si lo hiciera ante el mismísimo Shogun. ¿Se le había ido del todo la cabeza tras haber tenido que abandonar la hacienda? No no no no y mil veces no. Se acercó hecho una furia para interrumpir lo que quiera que fuera eso, para encontrarse una mirada muy, pero que muy, enfadada de su madre.

—Recibir a los invitados, eso estoy haciendo. — y señalándole un sitio a su lado, le ordenó: —Ahora haz el favor de limpiarte esos pies y sentarte a mi lado, tenemos órdenes nuevas de Sesshomaru-sama.

Yuuki enseguida cumplió con la orden dada, su madre enfadada daba bastante miedo, y no pensaba llevarle la contraria. Ahora todo tenía sentido, no estaba recibiendo a la criatura de turno que hubiera aparecido con la lluvia, sino que estaba por recibir órdenes del perro demonio. Lo cual implicaba tener noticias de Rin, o eso quería pensar. Si daban con ella tenía que movilizar a todos los refugiados que huyeron para seguirlos a ambos, su honor le obligaba a ello.

Pero toda situación que se suponía que estuviera aconteciendo perdía de toda la seriedad que conllevaba al ver a un renacuajo envuelto en una sábana, con sus ropas recién lavadas tendidas sobre el fuego, y siendo servido a cuerpo de rey en una choza de mala muerte. Tampoco ayudaba la actitud de su madre, siempre sentada recta y con modales impecables, vestida de campesina, ni el cuidado que estaba teniendo con la vajilla de bambú como si se tratara de la más fina porcelana china. Procuró contener la risa, pero una ligera sonrisa asomó a la comisura de sus labios, la cual no pasó desapercibida a los presentes.

—Deja de sonreír tanto hijo, se que estabas atontado por la señorita, lo siento, me corrijo, la señora Rin, pero ella ya está casada, no deberías ni mirarla ya.

—¿Cómo que está casada ya? ¡Ni siquiera ha pasado un mes!

—Los humanos son bastante retardados a veces… jejeje —Jaken se aclaró la garganta para continuar: —el amo Sesshomaru, Lord del Oeste, cabeza de su clan, heredero de la diosa canina Irasue, general de las bestias de montaña y los cielos, ha unido su vida a la mujer que su personalidad ha escogido. Y no ha sido nada más ni nada menos que Rin. Así nos lo ha anunciado a todos, y ahora a ella le debemos respeto, obediencia y lealtad hasta la muerte. Un mocoso imberbe como tú no debería ni acercarse a ella ni en sus más salvajes fantasías.

—Pero… no entiendo, ella…no paraba de decir que quería seguir siguiéndolo, que era su amo y señor, casarse es otra cosa diferente. No… no quiero creerlo, la señorita Rin es demasiado pura para que vea su vida atada a un demonio que la mancillara…

—¿Y tú inferior humano que te piensas que le va a hacer el amo bonito a la mocosa?! El amo Sesshomaru es un gran demonio perro que vive solo para luchar y el poder, no se dedica a hacer de esas cosas. La ha presentado como su mujer para que ningún otra criatura o humano le ponga un dedo encima. ¡Así que deja de pensar cosas raras!

¿Casarse con ella para que nadie más se le acercará? ¿Acaso tenía a la señorita Rin encerrada, sin contacto con nadie? Alguna vez había oído que los inugamis eran muy celosos con sus dueños, y cuando trajeron a la chica a la hacienda lo hicieron con la excusa de que era una bruja dueña de un inugami. Pero también ella repetidas veces hablaba como si fuera del revés, ella la pertenencia de él. Pero vio en primera persona como se la había llevado consigo para protegerla, o le llevaba regalos en el último mes y medio. Esa no era una actitud hacia un sirviente. Taladró con la mirada a Jaken, quien seguía mirándolo desafiante. Había algo que no alcanzaba a entender. Un hombre si ya tenía la devoción y el acceso a una mujer a la que deseaba no hubiera seguido con esa actitud servicial. Si ella lo adoraba no lo hubiera seguido llamando amo. Tampoco tenía sentido dejarla a la merced de desconocidos.

—Madre, decías que había órdenes de Sesshomaru-sama, si nos está comunicando algo a nosotros tiene que ver si o sí con Rin-sama

—Oye, niñato imberbe, las órdenes son solamente hacia tu señora madre, a ti no te incumben, deberías salirte a la lluvia así te bañas

—Por favor, gran Jaken, deje estar aquí a mi hijo, temo que si luego le comunico que me espera más adelante no me crea, prefiero que lo escuche directamente y así se quede más tranquilo.

—Al menos tu humana si que eres más respetuosa. Bueno, el amo bonito no me ha dicho nada de que nadie más se entere, ya se lo había dicho a todo con el que me crucé de todos modos. A ver, ejem —se aclaró la garganta haciéndose el importante y poniéndose de pie báculo en mano, aunque eso realmente no fue un gran aumento de estatura tampoco. —El amo Sesshomaru solicita la presencia de la humana Atsuko para que se encargue de continuar los cuidados y educación de la señora Rin. Como solicita su presencia en Ciudad palacio, un lugar al que los humanos no llegan, tengo que aclarar que no se puede llevar ni amigos ni familia.

—¡Pero muchos abandonamos la hacienda para seguir a Rin-sama!

Atsuko le dio la señal a su hijo de que se callara tras su intervención, poniéndole una mano en el hombro y negando con la cabeza. Su madre le pedía silencio, prudencia, como cuando era aún un adolescente y se enteró de quién era su padre. Yuuki agachó la cabeza, haciendo lo posible por contenerse, y no ver la sonrisa burlona del sapo.

—En nombre de mi hijo y de quienes lo siguen, antes de ver y volver a encargarme de la señora, quisiera poder hablar con el amo Sesshomaru acerca de los humanos leales a la señora. Supongo que es ahora es conocida por liderar un ejército de humanos y criaturas, o eso espero, los humanos que la seguían no pueden quedar atrás. De todos modos, cumpliendo las órdenes, no me es problema ir yo sola la primera. —hizo una pausa para evitar que le temblar a la voz, como siempre se metía en problemas que le quedaban grandes —Aunque he de decir que no se a dónde es que debo dirigirme.

—Más té, humana. —Atsuko le sirvió y Jaken comenzó a sorber sonoramente— partiremos en cuanto mis ropas sequen y se hayan ido las nubes que trajo Ah-Un.

La mujer asintió, miró a su hijo de reojo. No es que fuera un inútil, pero siempre había estado tras de él, y era la primera vez que de verdad se quedaba solo. Tenía 22 años, era todo un hombre ya, pero seguía teniendo la mentalidad temperamental e irreflexiva de un maldito adolescente.

—Por supuesto, gran Jaken. Por favor, sería una gran ayuda si me deja unos momentos tranquilizar a mi hijo, nunca hemos tenido que separarnos hasta ahora.

Jaken miró de arriba abajo a sus dos interlocutores, se parecía a él con su mamá, y casi se emociona.

—Chico, solo te voy a decir una cosa: diga lo que te diga, haz caso a tu madre. Las madres no duran para siempre.

Y todo lo solemne le dejo ser su improvisada vestimenta (una toga hecha con una sábana), se dispuso a salir de la enclenque cabaña. Dentro, Atsuko sólo se avalan o a abrazar a su hijo, mientras intentaba no temblar. Tenía miedo, viajaría sola a un sitio inhabitable seguramente si no había humanos. Viajaría con un sapo que no le daba seguridad en lo absoluto, y tenía que dejar por primera vez solo a su hijo. ¿Qué iba a comer? ¿Le dejarían seguirla más adelante? ¿Qué le diría a los oficiales que habían despertado para seguirle? ¿Y a sus familias? Su amado hijo era muy pequeño aún, no quería dejarlo solo tan de golpe. No tenían más familiares que ellos mismos. En cuanto se separaran estarían solos. Procuro tranquilizarse, quería decirle tantas cosas si no llegaba a volver a verlo…

—Hijo, me voy a ir ya, y espero poder volver a verte, pero no es seguro ya. Has crecido bien, te pareces a tu padre en muchas cosas, pero te pido que te parezcas más en su rectitud que en su terquedad. Parécete en su sentido del honor, no tanto en sus deseos de luchar por él. También te pido que no cometas los mismos errores que yo, no confundas admiración o deseo con amor, la simpatía o atención con cariño. Eres, mi único hijo, la mejor equivocación que jamás he tenido, la razón por la que seguí adelante tras la muerte de mi amado, y también la razón del rencor hacia Nobusada, un odio aún que nunca verá suficiente ninguna venganza y que no quiero que herede, porque manchar a tu corazón y estropeara tu alma. Sigue siendo alguien a quien seguir, y la esperanza de todos nosotros los desertores ya sin hogar. Vivimos entre la guerra, quiero que seas capaz de llevarlos hacia donde nunca más tengan que preocuparse del peligro o de su volverán a ver a sus familias. No sabes el dolor que me aqueja el separarme de ti, pero vendí mi vida a cambio de una venganza que no me pareció ni me parecerá nunca suficiente. Debo demasiado y nunca podré pagarlo. Pero tu, hijo, piensa bien si quieres seguir ese camino. Eres libre, ahora más que nunca, para que puedas rehacer tu vida ya sin la sombra de tu hermano.

Yuuki ya había empezado a llorar a moco tendido a mitad de lo que le decía su madre, no podía evite ar sentirse como un niño

—Te quiero mamá, cuídate…

Como única respuesta, Atsuko se deshizo de su recogido, para entregarle el broche con el que siempre se lo amarraba. El último recuerdo que les quedaba de Oda Nobuhide, y de aquel fugaz amor que acabó trayendo la desgracia sobre tantos. Yuuki la recibió lo más ceremonialmente que pudo, a pesar de estar llorando como un niño, y, de rodillas, vio como su madre silenciosamente salía por la puerta de la choza para quizás, nunca más volver a verla en esta vida.


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Hola mi gente hermosa! Estamos oficialmente de encierro en casa, así que aquí estoy. En fin, no sé cuanta gente se molesta en leer lo que pongo por aquí, pero como he estado contando antes, no estoy pasando por el mejor momento. Pero me esfuerzo en seguir escribiendo, no garantizo una continuidad cada semana como había querido volver (no me autodecepcionaré tanto ni decepcionaré al resto si no prometo nada) lo único que quiero eso sí seguro es para acabarlo para finales del verano, agosto-septiembre aquí en España.

Por otro lado, no siempre contesto personalmente a todos los que me escriben, pero sí os leo. De lo que sí que estoy cansada es de la doble publicación, avisar en todos los grupos de facebook... es muchísimo tiempo y desgaste, cuando veo que no se me contesta demasiado. La gente que ya me sigue por aquí o por wattpad la historia, le saltarán los avisos... y yo que sé. Lo único que quiero es no sentir que me consume tanto el publicar cuando lo que merece el tiempo y el esfuerzo es el escribir y acabar la historia.

Ya dejo de dar la chapa, HABLEMOS DE LA HISTORIA! :D

Siento que sólo haya personajes secundarios aquí, pero bueno, necesito representarlos un poco más para que se entiendan más las decisiones que irán tomándose más adelante.

RIN: No la he hecho llorona, la pobre sólo ha llegado a sus límites de intentar ser más fuerte, no creo que llorar la haga débil de vez en cuando, pero el aislamiento, el dolor horrible y el malestar físico, yo creo que eso quiebra a cualquiera TT_TT

SESSHOMARU: NO ES UN MALDITO SER HUMANO, ES UN PERRO DEMONÍACO. Con todos mis esfuerzos y sin hacer OoC, no va a querer a Rin, se siente tranquilo y satisfecho con su presencia, por algo que no alcanza a entender, así que decide que tiene que ser de su propiedad. Rin es suya y no se toca. También por la misma razón siente una cierta vulnerabilidad por hecho de que deja que ella le de de comer y haga regalos, y como entendimiento de criatura sobrenatural, tiene que hacer algo a cambio. Y ante todo esto que expongo, creo que no tiene que ser igual el sentimiento, pero quizás lo más parecido al enamoramiento que puede sentir.

RIN Y SESSHOMARU: confianza mutua, se ¿Han casado? o lo que quiera que fuera eso, porque así no se tienen que separar. Al final se conocieron ambos en un momento muy vulnerable en sus vidas, y ya no quieren separarse. ¿Pero es amor platónico o hay algo más? Ya lo veremos más adelante :3

AH-UN: Creo que alguna vez se le ve que llega con Sesshomaru y un pedazo de tormenta, no se culpa de cuál de los dos es, pero me inclino por el dragón (puede como que escupir truenos, así que...), también porque según la historia de los animales del zodíaco chino, el dragón aunque volaba, llegó más tarde por regalar lluvia, así que aquí está, trayendo lluvia torrencial en mi fanfic.

JAKEN: Sé que más adelante en el anime/manga es el personaje cómico del grupo como es con Shippo en el grupo de Inuyasha, pero me parece más realista que siga y sirva a Sesshomaru y él se deje seguir y servir por un Jaken como el que aparece al principio, así que lo haré más así.

ATSUKO Y YUUKI: Les he dedicado un capítulo, porque hay que entenderlos más, que aunque sean unos pobres secundarios, están teniendo su importancia como piezas de la historia :D

¡Muchas gracias por leerme! ¡Un besazo enorme a todos y hasta la próxima!