¡HOLA!
AQUÍ TENÉIS EL PENÚLTIMO CAPÍTULO.
Muy largo, cargado de muchas cosas.
Risas, piques, amistad, familia, enfados, amor y... puede que alguna necesite un pañuelito... No digo más.
Disfrutarlo guapas!
CAPÍTULO 35
- Te invito a una sesión de caza – Le propuso Emmet.
Fue una intervención acertada, para romper la situación un tanto agobiante que se había creado.
Alice comenzó a reírse, con cierto disimulo. Edward miró hacía su hermana y, pese a que seguía algo desconcertado por lo que había pasado instantes antes, también disimuló una sonrisa.
- Tu y yo solos – Aclaró.
- ¡Ohhh, Genial! – Aceptó Bella de inmediato.
- Voy a llevarte a un sitio que va a encantarte – Alzó los ojos Emmet, entre divertido y pícaro.
- No hay sitio que no conozca – Le alzó Bella una ceja – No tenía otra cosa que hacer que explorar.
- Pero antes ibas sola, ahora, vas a ir conmigo… - Volvió a alzarle los ojos, picándola. Pero había un claro sentimiento de ternura.
- Por supuesto… Esa diferencia, hará ese sitio único. – Su voz y su mirada estaban envueltas en la más pura dulzura.
Emmet pasó los brazos por los hombros de su adorada hermana, apretándola contra sí, y ella enredó sus finos brazos por la cintura de él, profundizando el abrazo.
- No sabes la de veces que he deseado que fueras como yo, para poder abrazarte así – le susurró al oído.
Bella lo miró con una dulzura infinita.
- Oh, Emmet… - inspiró profundamente, invadida por las sensaciones. – Ahora todo será distinto… Ya no me arrancarás un brazo por girarme demasiado fuerte bailando… - le guiñó un ojo, y Emmet estalló en carcajadas. – Además, aún me queda algo de neófita, por lo que soy la vampira más fuerte y más rápida de la familia – Le alzó una ceja con prepotencia; aunque con un deje bromista.
- ¿Me estás retando, Bellita? – Bella clavó su mirada, ahora destellando como fuego, en su hermano mientras asentía.
Todos en la sala sonreían pletóricos del cambio en Bella, obviando el momento tenso de hacía unos instantes.
- Veamos quien se lleva el mejor trofeo de caza – Emmet soltó el reto directamente. A Bella le saltaban chispas de emoción de los ojos.
Alice se echó a reír abiertamente ante las imágenes que le llegaban.
De pronto, Bella desapareció, casi volatilizada, dirección al agua. Solo se venían algunas prendas de ropa que se había quitado antes de zambullirse.
- ¡Mierda! – Gruñó Emmet, saliendo como un misil tras su hermana.
Todos comenzaron a reírse.
- Bella va a darle una paliza – Comentó Alice, ante el asentimiento de Edward.
Tras pasar unos minutos, Jasper y Carlisle explicaron al resto lo que había sucedido en los muelles.
- Bueno, realmente no pensé que el pescador se nos acercara tanto. – Carlisle pestañeó algo sorprendido; Jasper sonrió con cierta travesura – Si había calculado que nos hablara y se acercara… un poco. Gesticuló con sorpresa. – Esa era la prueba, en si…
- Yo tampoco creí que lo haría… - añadió Jasper – pero al ser de noche, y no vernos bien, no estaba asustado. – Carlisle asintió.
- Y ella… Bella… ¿Cómo actuó? – Preguntó intrigada Rose.
- Carlisle… fue una jugada muy arriesgada – lo reprendió Esme.
- Si, lo sé… pero ella… - Carlisle abrió los ojos, asombrado de cómo había salido la prueba. – Fue… ¡increíble! – Sonrió abiertamente.
- De primeras se tensó como un palo – contestó Jasper. – Pero le hice una pequeña broma, intentando relajarla un poco. Y ella cambió su semblante, su pose. Estaba tranquila, controlada. – Meditó unos segundos – Fue increíble, con el pánico y el desasosiego que le conllevaba acercarse a los humanos, el porte que mantuvo.
- Me alegro. Muchísimo. – Comentó Alice – Si no llega a conseguir convivir entre humanos, no sé qué será de ella. – Todos asintieron con rostros repletos de pesar.
- Eso no pasará – Respondió Carlisle muy seguro.
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Unas horas después, Bella y Emmet regresaron, y tal como vaticinó Alice, Bella consiguió una muchísimo mejor presa que su hermano.
- No te lamentes Emmet… - Seguía picándolo Bella – Te he ganado… ¡Asúmelo! – Le decía, mientras iba caminando de espaldas hacía la casa. – Soy la vampira más fuerte – Daba saltitos, haciendo de rabiar así a su hermano.
- Vaya, vaya, Emmet… te ha salido una competidora – Lo picó Jasper, ante las risas de los demás.
- Solo ha sido suerte – protestaba el grandote, enfurruñado.
- ¡Si, si… Suerte! Si quieres creerte eso… - Lo siguió picando Bella, canturreando.
Edward no se perdía ningún movimiento de la vampira; lo tenía completamente eclipsado.
Se la veía tan cómoda, tan hecha a su nueva naturaleza, que parecía un sueño lejano aquellas dudas que la atormentaban sobre transformarse, hacía casi una década. Ahora, resultaba imposible no quedar fascinado con ella.
Y más, cuando iba ataviada solo con una camiseta de tirantes y unas braguitas, ya que se había quitado el resto de ropa cuando salió al reto de caza con Emmet, el cual también se había deshecho de sus ropas, quedado en boxers.
La confianza entre Emmet y Bella, siempre había sido evidente, y más evidente era que si Bella llegaba convertirse su unión se potenciaría, pero nadie había imaginado que hasta ese punto de confianza y entendimiento. Todos menos para Rosalie, ella sabía lo muchísimo que Emmet quería a Bella, a modo fraternal, por supuesto, por eso no le extrañó que su cariño y entendimiento llegara a esos niveles; incluso esperaba que aun aumentara más, con el transcurso del tiempo.
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SEMANAS DESPUÉS…
Edward se fue de caza a unas islas próximas con Jasper y Emmet. Hacía tiempo que no hacían una partida todos juntos. Sin las chicas pululando a su alrededor.
- Venga, Edward… empieza a largar – Soltó Emmet, una vez que jugaron y cazaron.
- No sé qué quieres que te diga – Emmet lo miró con una ceja alzada y Jasper lo observó de reojo.
- Siento amor por ambas partes – Comenzó Jasper sin rodeos. Edward lo miró entre asombrado y confuso – Se que, por parte de Bella, lo que tiene es miedo, porque no tuvisteis tiempo para aclarar las cosas. Han pasado casi dos años, y aunque nunca sacó el tema, sé que sigue algo resentida. El enfado inicial se ha disipado, pero queda una cierta decepción y temor.
Edward suspiró, llenándose de valor para comenzar a hablar.
- Yo… cuando pasó aquello de Tanya, llegué a la conclusión de que no debíamos estar juntos. El destino, la vida… ¡llámalo cómo quieras! – Exclamó – No dejaba de ponernos trabas. – agachó la cabeza, abatido.
Emmet rodó los ojos mientras meneaba la cabeza. Jasper pestañeaba, confuso.
- Edward… siempre has sido un tremendista – Gruño Emmet. - Échale un par de pelotas y recupera al amor de tu vida – Le soltó Emmet, bastante malhumorado.
Edward lo miró asombrado, al igual que Jasper.
- Bueno… yo lo diría de otra forma – Jasper miró hacía Emmet, rodándole los ojos. – Pero básicamente sería lo mismo.
- Parece fácil… Sé que no le soy indiferente a Bella. – Sonrió, pero era un gesto triste – Pero, tengo miedo a hacerle daño, otra vez. Que nos lo hagamos mutuamente… Ahora ambos, somos eternos.
- Pero tu… - Emmet, por una vez, no sabía cómo seguir la frase.
- La amaré por siempre… Por toda mi eternidad. – Sentenció seguro.
Los tres se sumieron en la reflexión de Edward.
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Los días fueron pasando, tranquilos.
Bella cada vez estaba más abierta y más natural con toda la familia. Incluso con Edward, el trato era cordial; breve, muy breve… pero no hubo tensiones por el momentazo del baile de aquel día.
Intentaban hablarse lo menos posible, pero no generaban situaciones tensas y absurdas. Cuando había conversaciones en grupo, se contestaban con cordialidad.
Aunque por mucho que quisieran disimular, o camuflar su cordialidad, era más que obvio que entre ellos seguía existiendo química. Su amor era fuerte y sincero, simplemente que ambos tenían miedo.
El estar toda la familia, había hecho que hubiera más movimiento en la isla. Tanto por la sola presencia de ellos, como por las cosas y entretenimientos que habían traído. Eso contribuyó a que el tiempo volara.
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Emmet, Jasper y Bella mantenían interminables y, a veces, catastróficas partidas a la Play Station. Sacando las risas de todos, y alguna regañina por parte de Esme, ya que el mobiliario de la casa se veía seriamente dañado.
Como el día que Emmet le hizo una trampa a Bella y esta pulverizó el mando entre sus manos por la rabia.
- Oh… ¡joder! – murmuró ella sorprendida de su acto. Levantó la cabeza hacía Emmet, con los ojos abiertos y aguantando la risa, mordiéndose el labio. - ¿Has visto eso? – Abrió aún más sus orbes, ante el asentimiento orgulloso del vampiro – Lo he… ¡pulverizado! – Exclamó fascinada.
- ¡Jajajaja! Tienes un genio endemoniado, Bellita – Le respondió Emmet, riéndose; más bien, tronchado de risa.
- ¡Ay Bella…! Ese carácter… - le dijo de forma algo condescendiente Jasper, aunque intentaba aguantar una sonrisa traviesa.
- Bella… con esto, debes darte cuenta, lo cuan frágiles son las cosas entre tus manos. – Le instruyó Carlisle. – Esto debe servirte de ejemplo, práctico – sonrió – sobre lo concentrada y mentalizada que debes estar si algún día te ves en la tesitura de tocar a un humano.
Entonces, como un fogonazo, imágenes continuas le invadieron la mente. Imágenes de ella con Edward.
Sin ser plenamente consciente de ello, alzó la cabeza en dirección al mentado. Sus miradas se quedaron uno en el otro, enlazadas; ya que Edward estaba mirándola fijamente.
- Si… debía estar muy concentrado para no matarte, y por una simple caricia. – Le respondió él, a las preguntas mudas que salían de sus ojos. – Por eso al principio, te decía que no me pillaras desprevenido – le sonrió con dulzura, cuando ella frunció el ceño. – Al final me era más fácil. Estaba en plena sintonía contigo y muy mentalizado de tu fragilidad. – Explicó ante la mirada curiosa de ella.
- Pero… - inhaló aire – nosotros… - no sabía cómo continuar la frase; le resultaba un tanto bochornoso decirlo en voz alta.
- Edward, ella se refiere a cuando os acostasteis – Soltó Emmet, despreocupado como él era.
- Ya lo sé, Emmet… Gracias por la aclaración – le soltó sarcástico. Bella rodó los ojos, mientras ocultaba una risita traviesa, mordiéndose el labio.
- Con mucho control. Muchísimo. – Gesticuló con los ojos, dándole énfasis a sus palabras.
- Pero… yo he pulverizado ese mando, con una facilidad… ¡ufff! – Resopló. – Me parece imposible…
- Cuando lleves más de 100 años como vampira, no te parecerá tan difícil. – Edward se sentía algo incómodo por el rumbo que estaba llevando la conversación, y no quería entrar en más detalles… escabrosos. Detalles que en ese momento le resultaban dolorosos.
- ¡No! No te quites méritos. Ahora hablas con una igual… y aunque sea muy joven, ahora soy plenamente consciente de todo. Y lo que tu hiciste conmigo… Es… indescriptible. – El orgullo que profesaba Bella por Edward, era más que claro; escuchándola y observando su actitud hacía él.
- Bueno… los sentimientos también influyen mucho – Se incluyó Rose a la conversación. – Como sabes, yo cargué a Emmet sobre mi espalda durante más de 200 kilómetros, y él, estaba desangrándose. Su sangre caía sobre mi cuerpo, incluso sobre mi cara. – Suspiró y miró amorosamente hacía su esposo, el cual la miraba de la misma forma – Aún a día de hoy, no se como pude ser capaz de algo así.
- Porque te enamoraste de él, Rose. – Añadió Esme, abrazando amorosamente a su hija – El amor, lo puede todo. – De reojo, pero sin ser nada disimulada, miró hacía Edward y Bella.
Edward sonrió con timidez, y Bella agachó la cabeza, sobrepasada por los sentimientos que la conversación le habían evocado.
- Si… supongo que tenéis razón. – Añadió Edward en un susurro.
Con las mismas, Bella se dio la vuelta, con calma, y una vez salió de la casa por la terraza trasera, se esfumó.
No fue una salida de tono, ya que Bella fue sutil y comedida en sus movimientos, pero si dejó una nube de desolación; ya que el que ella se hubiera ido, tras el comentario de Edward, solo significaba que seguía cerrada en banda a un acercamiento; y el que Edward, no intentase detenerla, confirmaba que él tampoco estaba por la labor de tal hecho.
Ambos estaban heridos, y temían sufrir. Más ahora que ambos eran eternos.
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Los entrenamientos con Carlisle, siguieron su curso. Endureciéndose día a día. El patriarca observó que Bella tenía predisposición y entereza para aguantar, y presionaba a la joven vampira, forzando sus sentidos y aprendiendo a controlar sus instintos.
Cada vez se notaba más controlada en la presencia de los humanos; incluso Carlisle, junto con Emmet y Jasper, la bajó a tierra y la mezcló durante un rato entre el tumulto de las gentes de Brasil.
Bella estaba pletórica de los avances que daba; aunque eran pasos pequeños, para ella eran de gigante.
- Estamos muy orgullosos de ti, Bella… Estas haciéndolo de fábula. – La animaban todos.
- Para solo llevar seis meses con este entrenamiento, son increíbles tus avances. – la aduló Edward.
- Gracias… sois muy amables.
Bella le lanzó una mirada resplandeciente a Edward; el cual ya estaba mirándola con el mismo brillo en sus ojos.
- Porqué no cuentas más de tu época… rebelde – le pidió ella, con un gesto travieso – Nunca me habías hablado de tu etapa de adolescente indisciplinado – Sonrió con pillería.
Esa fue de las pocas veces que se dirigió a él directamente y de forma tan abierta.
- ¡Jajaja! – rió él, la gracia de "su" vampira – No quería darte ideas para cuando te tocara a ti pasar por esto – le alzó las cejas, con complicidad.
Edward relató aquella época, y Bella no perdía ni una de sus palabras y gestos. Seguía fascinándola escucharlo hablar.
Aunque ahora eran de la misma especie, y ella tenía los mismos sentidos que él, su voz seguía pareciéndole hipnótica.
Pero mantenía una fachada controlada. No podía permitir que él tuviera ninguna duda de que ella seguía suspirando por él.
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Alice y Bella se fueron a unas islas cercanas a cazar, en una batida a solas. Bella necesitaba a su amiga; en privado.
Carlisle le había dado el día libre y quería disfrutarlo de una tranquila conversación con Alice.
-Aunque no lo creas, estoy exhausta – Suspiró profundo. – Carlisle ha endurecido los entrenamientos en estos últimos días, y tener mi dominio bajo control todo el tiempo, me agota.
- Siento que te sea tan difícil… Si Jasper y yo, hubiésemos sabido enseñarte desde el principio, seguramente no te sería tan difícil ahora… - Bella la cortó.
- No, Alice… No te culpes de absolutamente nada. Jasper y tú hicisteis todo lo que creísteis bueno para mí. – Reflexionó un instante. – Además, no es igual de fácil para todos – Se inclinó de hombros. – Con esfuerzo, conseguiré convivir entre los humanos, y podremos empezar en alguna ciudad… todos juntos – Concluyó resuelta, y con gran ánimo.
- ¿Todos, todos? – la picó Alice. Bella rodó los ojos.
- Si, Alice… todos. – La miró, mientras meneaba la cabeza.
- La verdad que estoy asombrada de como estas llevando la situación… A que Edward esté aquí con nosotros. – Bella respiró profundo. – Pensé que, bueno… ahora que sois de la misma condición, habría más tirantez… - Calló y suspiró. - Bella… - la nombrada tembló solo de como Alice pronunció su nombre – Nunca hemos hablado de… lo que ocurrió el día que nos fuimos. – Alice usaba un tono cuidadoso.
- A estas alturas, ya da igual – Alice frunció el ceño ante la contestación de Bella – Lo he pensado mil veces, y no creo que Edward fuese a enrollarse con Tanya en el bar. Creo que todo fue un montaje de ella; una última intentona. Tu hermano estaba como loco por quitársela de encima, pero me había dicho, cuando me habló del altísimo interés de Tanya por él, que estaba intentando ser considerado, ya que los Denali estaban dispuestos a ir a Volterra y dar la cara por vosotros – suspiró – Y que no quería líos con ella, por el bien de ambas familias. Y yo, estaba de acuerdo con eso.
- Bella, siempre has tenido demasiada consideración con todo el mundo. – Meneó la cabeza fastidiada – Aunque yo también estaba al tanto de eso, y apoyaba el plan, aunque lo avisé. Le dije que no la despechara, para no crear problemas, pero sin ofenderte a ti. – Recordó la vampira, con el pesar reflejado en su rostro. – No sé cómo no lo vi venir. Estaba tan contenta, tan feliz porque en ese momento tu decisión de ser una de los nuestros, al fin, era firme, que… me despiste – Meneó la cabeza, frustrada.
Bella la sujetó de los brazos, y la hizo mirarla a los ojos.
- Alice… no tienes culpa de nada – Alzó los ojos, poniéndolos en blanco – Una parte de culpa, fue mía. – Alice tardó un nanosegundo en fruncir el ceño – Sí… fui excesivamente dramática al actuar así. Vale que me impactara, porque era una escena para quitar el aliento – Rió, abriendo los ojos en un gesto teatral – Pero no debí permitir que todo llegara al extremo en que lo hizo. – Bella suspiró y agachó la cabeza.
- Bella… ¿qué pasa? O… ¿Qué pasó? – Alice la miraba incrédula.
- Estaba emocionada por habernos acostado juntos… fue algo… muy sensual y muy romántico. Pero me sobrepasó, hormonalmente hablando. Y luego nada más despertar, Tanya comenzó a interrumpirnos, a molestar a propósito y… me sentí un tanto despechada. El que Edward no la pusiera en su sitio de una santa vez. Por mucho que viniera a ayudar… Que no me antepusiera a mí, por encima de lo demás - rodó los ojos con fastidio.
- Si… te entiendo. Yo también lo pensé en su momento; incluso Jasper me dijo que te había captado algo ofuscada y que entendía que te sintieras así. Era un momentazo para vosotros y Tanya no os dejó disfrutarlo.
- Y luego te vi a ti tan enfadada con él… - los ojos de Bella se aguaron ligeramente. Todo lo que su condición le permitía – Que no supe como gestionar el tumulto de emociones que sentía. Cuando íbamos a tomar el avión para venir aquí, estaba lista para detener esto… para hablar contigo y retroceder, pero Jasper te hizo un comentario, sobre avisar a la familia y le contestaste que no, con tanta ira… Tanto rencor, que me callé. Nunca te había visto así, y menos con Edward. Me quedé tan parada… - Exhaló aire sonoramente, con pesar - Y bueno… al llegar aquí, me sentí tranquila. Desconectada, relajada… - sonrió abiertamente.
- Creo que estabas un poco agobiada por todos nosotros… sobre todo por Edward. – meditó Alice. – Pero no solo él tuvo culpa, todos estábamos tan pendientes de vosotros… - Suspiró – Y ahora… ¿qué? Me refiero a… ¿Qué, con Edward? – Aclaró.
Se mantuvieron unos segundos en silencio.
- Ahora tenemos la eternidad… Como me dijo él un día… La eternidad es muy larga.
- Bella… - la llamó condescendiente. – No me des largas. – Bella rió.
- Pues ahora no lo sé… sinceramente. Él marca tanto como yo las distancias, y no sé muy bien el motivo. Si por mí, o por él mismo. – Su mirada se entristeció un segundo. – Pero lo que, si sé, es que lo amé, y lo amaré siempre, por muy larga que sea la eternidad… - Alice abrió los ojos con infinita ilusión.
Pero no pudo contestar nada, ya que un ruido a sus espaldas las hizo girarse alarmadas.
Cuando se voltearon, encontraron a Edward a unos metros de ellas.
Si Bella siguiera siendo humana, hubiera muerto de un infarto fulminante.
- Lo siento… - se disculpó sin moverse ni un milímetro. – No pretendía escuchar, pero… - Su pecho subía y bajaba con nerviosismo.
- ¿Llevas mucho ahí? – Le preguntó Alice, mirando de reojo a Bella, la cual se había convertido en una estatua.
Edward agachó la cabeza, con vergüenza evidente.
Eso significaba que lo había escuchado todo, o por lo menos, la última parte.
Bella se levantó como un resorte, y sin mirar hacía Edward, se dispuso a irse.
- Bella… ¡Espera! – la llamó él.
Pero ella voló a través de la selva como un ánima. Él dio un paso en su búsqueda, pero fue consciente de que no la atraparía; y tal vez era mejor que en ese momento, no la agobiara, sobre todo porque él se había quedado asombrado de lo que acababa de escuchar y no sabía muy bien qué decir o qué hacer.
- No sabía que ahora te las dabas de fisgón. – Lo acusó Alice, pero sin enfado. Se había quedado sin reacción.
- No lo hice a propósito… y lo sabes – La miró con intención. – Lo hubieses visto, y doy por echo que no dejarías a Bella seguir hablando. – Alice negó.
Ambos permanecieron en silencio durante unos minutos, dándose, mutuamente, tiempo para saber qué decir.
- Me ha comentado Jasper lo que hablasteis en la partida de caza del otro día… Espero que no se lo tengas en cuenta – se disculpó.
- No… para nada.
- ¿Y bien?
- No les mentí. Es la más pura de las verdades. Solo que ahora… tras lo que acabo de escuchar…
- ¿Y realmente necesitabas escucharle decir que te ama?
- Si… Llegados a este punto, lo necesitaba. – Su voz fue firme y segura.
Pero algo dentro de él cambió; su decisión de mantener las distancias con Bella, había cambiado totalmente de rumbo.
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Desde ese día, Bella se dedicó a vagar por la selva; incluso si captaba que alguien de la familia se acercaba a su posición, huía a las islas vecinas.
Necesitaba un tiempo a solas; sobre todo a solas de Edward.
Él estuvo un par de veces cerca de pillarla, pero Bella era buena rastreadora, y conseguía darle esquinazo.
No estaba preparada para darle cara después de lo que le había escuchado decir.
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Seguía con su entrenamiento con Carlisle, solo que, en vez de salir juntos de casa, se veían en algún punto intermedio.
Aunque al patriarca no le gustaba meterse en temas "románticos", esta vez si entendió la necesidad de Bella de esconderse durante un tiempo.
Alice les había comentado lo que había pasado y aunque pasados unos días intentaron buscarla, comprendieron que necesitaba un poco de tiempo.
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Tras casi un mes escondida como una forajida, Bella tomó la decisión de que seguir escondida, solo le daba a Edward fuerza sobre ella. Y si, era débil… su presencia seguía afectándole como cuando humana; tal como le había dicho a Alice, lo seguiría amando por toda la eternidad, pero ahora ambos eran iguales. Pertenecían a la misma familia, y después de un mes sola, no quería seguir de árbol en árbol como un mono.
Le echaría valor, y volvería a su sitio; junto a todos.
- Hola familia - Bella saludó con normalidad, entrando a la casa, donde estaban casi todos, repartidos en distintas actividades.
- ¡Nena! – Alice fue la primera en saltar a sus brazos. – Te he echado de menos.
- Yo a ti también.
Emmet llegó como un vendaval, agarrando a Bella y zarandeándola.
- Un vuelvas a irte, nunca – le dijo mirándola muy serio; raro, rarísimo en él.
Bella le acarició la cara con suma dulzura.
- No… Solo necesitaba… - inhaló profundo – respirar.
Entre estas, Edward entró en la sala, acompañado de Carlisle, el cual sonreía de ver que su benjamina había regresado al nido.
Edward y Bella se quedaron enlazados, mirándose fijamente. Miles de sentimientos los envolvieron.
Bella se sentía algo hipnotizada por la intensa mirada de él, pero había tenido tiempo para prepararse a encararlo. Más o menos.
Edward se sentía atado a ella, con un hilo todopoderoso, y dio un paso en su dirección; pero no llegó a completar ni tan siquiera ese primer paso.
- Edward… ¡no!. – La voz autoritaria de Emmet, lo hizo retroceder y apartar la mirada de Bella. – Ella se fue por tu culpa. – Lo acusó alzando fuertemente la voz.
A Edward se le desencajó la cara de golpe; su rostro era aterrador, soltando chispas contra Emmet.
Bella jamás lo había visto así; tan… vampiro. Y maldiciéndose a si misma, sintió como ese porte tan oscuro que había adquirido, la había excitado.
Esme se levantó del sillón donde estaba sentada, alarmada, al ver como sus hijos estaban a un paso de comenzar a discutir o, pelear. Carlisle también se acercó por si tenía que mediar.
Todos se envararon por la escena que tenían delante. Todos menos Alice, que se había vuelto a sentar, tranquilamente, como un indio, a los pies de la puerta.
- ¡Eh, eh! – Se interpuso Bella entre ellos, posando una mano en el pecho de cada vampiro, haciéndolos así separar. – Aquí nadie tiene culpa de nada. – Bella miraba con los ojos desorbitados hacía Emmet.
Jamás los había visto así… de una forma tan salvaje.
- Emmet… no puedes acusar a tu hermano de… - pestañeó, buscando las palabras correctas.
- Tu te fuiste por su culpa, y no pudiste transformarte arropada por todos, y ahora, eres TU la que tienes que volver a irte. – Gruñía como un animal.
Era tal la fuerza de sus sentimientos, que su fuerza corporal se había multiplicado, haciendo a Bella retroceder, arrastrada sobre sus pies, por mucha fuerza que ella pusiera en el intento de detenerlo.
Por lo que cambió su posición, y se puso delante de Edward, dándole la espalda, pero muy cerca; tanto que podían rozarse; y dándole la cara a Emmet.
- Me fui porque necesitaba espacio – Emmet lo iba a volver a interrumpir, pero Bella lo calló alzando la mano – Son cosas mías… cosas… - suspiró – nuestras. - Emmet soltó un bufido.
- Te salva que se ha puesto ella en el medio – le soltó Emmet a Edward; desafiante.
- No necesito que ella me proteja de ti – le escupió Edward. Alzando la voz.
Edward agarró por los brazos a Bella, para quitarla del medio, no quería que la cosa se descontrolara y acabar hiriéndola sin querer.
Bella, al notar las intenciones de Edward, se giró para encararlo.
- ¿Qué crees que haces? – Le preguntó con una ceja altanera.
- No quiero herirte… Quítate… - le dijo en un murmullo bajo y ronco, mirando fijamente para Emmet. – Lleva más de dos años echándome la culpa, y aguantándose las ganas de, intentar – recalcó con malicia – darme una paliza.
Bella pestañeó sorprendida ante eso; inhaló una bocanada de aire y sin más, le estampó un bofetón en plena cara a Edward.
- Yo si que llevaba tiempo con ganas de poder hacerte esto. – Lo miró seria. Edward se agarró la mejilla, completamente estupefacto.
- Pero… - Pestañeaba, sin saber ni qué decir.
- ¡Pero, nada! – Alzó la voz. – Se giró hacía Emmet, y con las mismas, le soltó otro bofetón a Emmet.
- ¡Auch! – Se quejó frotándose la cara, al igual que Edward.
- No quiero más escenas como esta… ¡nunca más! – sentenció tajante. – Emmet… te agradezco, sinceramente, tu protección. Siempre te he considerado mi hermano oso, mi hermano mayor, y te quiero… pero mis asuntos con Edward, he de arreglarlos yo. – Emmet asintió.
Bella, inhaló una gran bocanada de innecesario oxígeno, para darse valor. Se giró, y encaró a Edward.
- Tu… - Edward la miró con una ceja alzara, altanero. – Me da igual que me mires así… Nunca te tuve miedo, menos te lo tengo ahora. – Le clavó la mirada sin compasión. – No quiero mas escenas como estas, y menos que te enfrentes a la familia por nuestros… conflictos.
- Tu no me has dado opción a resolver nuestros "conflictos" – Repitió la misma palabra, con tono ofensivo. Toda la frase llevaba ese tono, realmente. – Siempre que pasa algo, huyes – Le recriminó ofendido; dañado. Bella lo miró alzando su perfecta ceja, y con unos ojos que destilaban una gran soberbia.
- ¿En serio, tu, me estás reprochando eso? No puedo creer que tengas tanta arrogancia…
- Ahora somos iguales, como tanto te jactas de repetir. Los vampiros somos seres arrogantes y soberbios. - Y creo que está más que explicado los motivos por los que tuvimos que irnos.
- ¡Pues vale! – Bella se inclinó de hombros, haciendo a Edward abrir los ojos, ofendido, ante la salida de ella.
- ¿Eso es lo que vas a decir? – Bella asintió, mirándolo con guasa, haciendo a Edward enfadar aun más. – Eres una niñata. – Le soltó.
- ¿Sabes qué vamos a hacer? – Edward se quedó parado, más aun, ante la pregunta. – Dentro de 100 años, cuando sea lo suficientemente antigua, nos ponemos a hablar de… nosotros – gesticuló señalándolos a ambos. – Hasta entonces, el tema queda zanjado.
Con las mismas, rodeó a Edward, dejándolo pasmado, y se dirigió a las chicas:
- ¿Os apetece un chapuzón?
Rose y Esme se quedaron traspuestas ante el cambio de tema. Alice ya se había levantado y sonreía divertida.
- ¡Claro! – Respondió Rose.
Las tres, se quitaron la ropa, quedando en las prendas interiores y se dispusieron a ir al mar. Justo cuando Bella acabó de quitarse el pantalón, se irguió de forma coqueta y le lanzó una mirada retadora a Edward, el cual no le quitaba los ojos de encima.
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La buena sintonía entre Edward y Emmet no tardó más de un par de días en volver. Carlisle y Jasper los emboscaron en una partida de caza, solo de hombres, y ambos aclararon sus puntos de vista.
Emmet solo quería proteger a Bella.
Edward estaba enamorado de Bella.
Ambos querían lo mejor para Bella.
Fin del problema.
Llevaban demasiadas décadas juntos, y en buena sintonía como para que algo enturbiara su maravillosa relación familiar.
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Una tarde cualquiera, todos estaban tirados a las sombras de las gigantes palmeras que adornaban la terraza lateral de la casa, holgazaneando.
Esa zona era la que más les gustaba a todos, ya que estaban cubiertos del sol por las ramas de los poderosos árboles, que se disponían hasta la orilla, para dar sombra y así poder tumbarse mientras el azulado mar les mojaba.
Emmet y Bella estaban sumidos en una partida de ajedrez a tres tableros, mientras Jasper de reojo, reía disimuladamente.
Esme y Carlisle estaban leyendo, mientras se daban carantoñas; Jasper también leía, aunque estaba casi más atento a las partidas de sus hermanos; Rosalie estaba entretenida con la Tablet y Alice y Edward, los cuales estaban en fase de curar sus heridas, también estaban entretenidos con otra Tablet.
- ¡Joder Bella! – Emmet destrozó otro tablero, al volver a perder. Haciendo al resto levantar la cabeza de sus entretenimientos.
- Emmet, con esto me dejas más y más claro que aparte de más fuerte… soy más inteligente. – Bella intentaba aguantar las carcajadas al ver la cara enfurruñada de Emmet. Jasper no pudo aguantar más y acabó por lanzarse a reír también. Rose meneaba la cabeza divertida.
- ¡Chicos…! – Los regañó Esme – No empecéis. Y Bella, no piques a Emmet – la miró con una ceja alzada a modo de advertencia. Carlisle negaba, mirando directamente para su benjamina.
- Tanto que te las das de que, por ahora – recalcó – eres la vampira "top" de la familia – Bella alzó la cabeza con dignidad – No le has echado valor a competir por el título de más rápida. – Le dedicó un alzamiento de cejas, lanzándole un reto.
Emmet estaba molesto porque su nueva hermana fuera superior a él en todo, y su ego se veía maltrecho. Así que le puso a Bella una trampa donde sabía, por su genio competidor, caería sin darse ni cuenta.
- ¿La más rápida? – preguntó con desdén. – Por supuesto… - Meneó el pelo con coquetería y soberbia.
- Bella… No sabes dónde te metes – le soltó Alice, con tono de advertencia, pero cantarín. Bella le dedicó a su creadora una mirada petulante.
- Venga va… contra quien – los ojos de la joven vampira centelleaban ante el reto.
Se puso de pie de un salto casi invisible.
- Contra mí – Contestó Edward levantándose suave y mirándola fijamente.
Bella abrió los ojos, perpleja. Nunca hubiera sospechado que Edward fuese el vampiro más rápido. Imaginó que sería Jasper, o Rosalie, por sus carácteres más fuertes. A Edward siempre lo había visto más calmado; Más, comedido.
- ¿Tú? – preguntó sorprendida. Pestañeó seguido, intentando quitarse la cara de pasmo – Nunca lo hubiera imaginado.
- ¿No? ¿Debo sentirme ofendido por eso? – Le preguntó Edward.
No era su intención, pero, su pregunta se vio envuelta en un tono sensual; rozando lo erótico. Edward poseía esa sensualidad de forma natural, por su carácter; era una cualidad.
Aunque era un vampiro veterano, también reaccionaba ante un reto, y más si era con Bella. Medir sus posibilidades como iguales. Al fin. Por lo que sus ojos resplandecían, dándole un aire más sexy aún.
Bella se mordió el labio, de forma inconsciente ante la pregunta de Edward. Había pronunciado esa simple frase con tanta sensualidad, que la sensación era devastadora.
Más aún, cuando llevaban desde que había tenido lugar el encontronazo en casa, tras su vuelta, sin dirigirse la palabra más que para lo imprescindible.
- No… para nada, solo que me ha sorprendido. – Le contestó recuperado una posición más controlada.
- Venga… un rodeo a la isla – Jasper también se había unido a la competición. Todos habían dejado sus cosas y estaban pendientes del reto formulado por Emmet.
- Bella… No quiero que te disgustes – Carlisle la miró con ojos de advertencia – Edward, es extremadamente rápido. Nunca antes había visto a uno de nuestra especie correr igual.
Bella tragó en seco. Estaba empezando a ponerse nerviosa.
Perder… Y perder ante Edward la hacían hervir la ponzoña en las venas.
Jasper los colocó en un punto de salida, justo donde estaban todos.
Edward sonreía con vanidad, intentando esconderla, ya que sabía que Bella lo miraba por su visión periférica.
- Una vuelta a la isla, bordeando por la costa. No valen atajos – miró para Bella, serio.
- ¿Qué? ¿Por qué me miras a mí? – se quejó la nombrada, enfurruñada.
Emmet no podía parar de reír; aunque el resto de la familia hacía esfuerzos por controlarse. Todo estaba resultando de lo más cómico. Se notaba el joven y fuerte carácter de Bella, sobre todo ante cualquier reto.
- Porque sé que Edward es un caballero… si gana será por méritos propios…
- ¿Y yo no soy una dama? – Meneó la cabeza y soltó un tonito rozando lo sarcástico. Jasper la miró alzándole una ceja. - ¡Vale! – resopló – Sin trampas.
Jasper se posición entre medio de los dos, sujetándoles las manos.
- A la de tres… Uno, dos, ¡tres! – Les soltó las manos.
Edward y Bella se volatilizaron.
- ¿Quién creéis que ganará? – Preguntó Esme. Bella ya tiene muy poco de neófita y Edward es muy rápido… - meditaba.
- Bella es capaz de partirse las piernas por no perder ante Edward – Rosalie se ganó el asentimiento y risas de los presentes por su, acertado, comentario.
- Bella aún tiene algo de neófita – meditó Carlisle – Poco, muy poco, pero…
- Lo suficiente para ganar a Emmet en fuerza… - Comentó Jasper para picar a su hermano.
- Solo espero que esto no sirva para que vuelvan a reñir… Bella es una experta en hacer enfadar a Edward, y ahora, que ella es como nosotros… Son dos titanes – meditaba Esme con cierto temor.
- Tranquilos, - intervino Alice ganándose las miradas de todos. – Van a tardar unos minutos en llegar – Su sonrisa pilla dejaba claro que la "parejita" haría un alto en el camino.
- ¿Sí? – Preguntó emocionada Rose.
- Aunque era por picarla, mi intención también era esa… Darle un incentivo a la parejita – Comentó Emmet con cara de niño travieso – Edward no le quitaba ojo a Bella, y sé que ella, de reojo no dejaba de mirarlo a él. Llevan haciendo eso desde la discusión del otro día.
Rose se acercó a su osote y le dio un sonoro beso.
- Eres un encanto…
- He querido echarle un cable a Edward… solo espero que lo aproveche. – Miró directamente hacía Alice.
-Te pillé el juego enseguida – Comentó Jasper, mirando para su hermano con complicidad.
- No os adelantéis… No va a pasar gran cosa – Suspiró Alice, casi tristona, devolviéndole la mirada a Emmet – me gustaría que mi visión fuese de otra manera, pero… entre que conozco a Edward y lo poco que he visto… la detendrá. Solo un par de minutos, pero… - su cara se tornó pícara, rozando lo libidinoso.
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Bella le sacó una ventaja a Edward de unos cuantos pasos. Aunque eran como dos borrones, ellos se podían distinguir perfectamente.
Tras pasar los primeros 500 metros, Edward comenzó a ganarle esa ventaja a Bella, hasta que de pronto… despareció.
Bella, aunque estaba perpleja, siguió corriendo como si su vida dependiera de ello.
Corrió y corrió… hasta que, pasando la línea imaginaria de la mitad de la isla, alguien la atrapó desde atrás, agarrándola por la cintura y obligándola a detenerse.
- Pero… ¿qué…? – gruñó.
No le dio tiempo a acabar la frase, ya que Edward la volteó, poniéndola de frente a él, pero sin soltar su agarre; manteniéndola prácticamente pegada a su cuerpo.
- Ahora te pillé… - le susurró mirándola fijamente, con una sonrisa torcida que hacía que el pecho de Bella subiera y bajara, agitado – Ya te avisó Carlisle que era muy rápido. – Bella hizo un mohín, a pesar de sus nervios. – No me voy a ir por las ramas… Lo que te escuche decir el otro día, con Alice… - le clavó su dorada mirada con toda la intensidad de la que fue capaz. Bella agachó la cabeza – Quiero que lo repitas. Que me lo digas, mirándome a los ojos. – Le ordenó con voz firme. Bella no pudo más que cerrarlos. La intensidad del momento, de la mirada de Edward, de su sonrisa, de sus labios… llamándola... Era abrasadora.
Sin más, Bella estampó su boca contra la de Edward, el cual no tardó ni una centésima de segundo en responder.
La abrazó con posesión, acariciándola con avaricia por su espalda, sus hombros, su rostro.
- Dios Bella… - Jadeó. – He deseado besarte desde que llegamos… convertida en mi igual… por fin. Eres tan hermosa.
Le dio un mordisco sensual en el cuello, donde antes estaba la yugular, mientras la tenía sujeta por la nuca, posesivo.
Bella gimió de placer. Estar entre sus brazos, ahora sin miedos… Llevaba soñando con este momento desde siempre.
Edward volvió a atacar sus labios, de forma ansiosa. Con necesidad febril.
- No… para… Para, Edward – Bella se separó abruptamente de él, con el rostro desencajado.
- Pero… - Edward fruncía el ceño sin entender.
- No… - Gimió, con el rostro compungido, igual a cuando estas a punto de llorar. – No puedo. Yo no…
- ¿Era mentira lo que le dijiste a Alice? – le preguntó con la voz seria. Bella negó, con la cabeza gacha. - ¿Entonces? – Alzó la voz haciendo levantar el vuelo a unos pájaros cercanos.
- Lo siento… No voy a ponerme digna, todo lo que dije era cierto. Pero, no puedo… - Meneó la cabeza, negando - Y encima ahora, la atracción y el deseo por ti son… titánicos… - Edward le dedicó su sonrisa torcida, pero el gesto no llegó a sus ojos; los cuales estaban tristes.
- Yo siento lo mismo… Te deseaba antes, y te deseo más aún ahora. – Ambos callaron durante unos segundos – Bella, por favor… Siento muchísimo lo que ocurrió en Chicago – Bella apretó los ojos con fuerza, mientras negaba – Ella, Tanya me tendió una trampa y yo, no pensé, solo quería quitármela de en medio y que dejara de incordiar. Aquel era nuestro momento y yo… lo estropeé.
- No Edward… - Bella le puso un dedo en los labios – Ambos actuamos mal. Yo también siento haber dejado que las cosas se complicaran así… como dije, fui algo dramática. Pero no dejamos de hacernos daño… - Era el turno de Edward de negar, mientras su rostro se descomponía por la desolación.
Él sabía que Bella no entraría en razones.
- No quiero pasar la eternidad sin ti – Dijo mirando por encima de la cabeza de Bella, a la nada. Ella contuvo el aliento. – No puedo…
- Por favor… No te vayas… - en la voz de la vampira podía distinguirse perfectamente sus lágrimas, las que sus ojos no podían derramar.
Edward le alzo la cabeza con un dedo, y la miró con gran amor.
- Ni contigo, ¿ni sin ti?
- Por favor… - Suplicaba Bella.
Edward agachó la cabeza, y frunció el ceño en un gesto cargado de dolor. Negando
- Necesito alejarme de ti. Intentar… superarte. – Bella no pudo evitar temblar, ante el escalofrío que sintió ante las palabras de Edward.
Lo amaba, y lo amaría siempre. Pero estaba aterrada.
- ¿Quieres que te deje ganar? – Bella pestañeó sorprendida por el cambio de tema. – Lo digo para que puedas seguir chinchando a Emmet durante un tiempo. No te queda mucho de neófita, unos pocos meses más… pero podrás disfrutarlos a su costa – le sonrió, pero era un gesto tan triste, que rompía el alma.
- Edward, yo… yo, te… - no le salían las palabras. El poder del miedo, no se iba por tener la fuerza titánica de una vampira.
- Yo también te quiero… Te amaré por siempre. No lo olvides. – Suspiró.
Bajó la cabeza, y pasando suavemente las manos por las mejillas de ella, se agachó, despacio, alargando el momento, y la besó.
Un beso de entrega. Un beso de amor. Un beso de… adiós.
- Vamos, - sonrió como si nada hubiera ocurrido – te dejaré ir unos pasos por delante de mí. Para que parezca que me ganas por poco. Si no, no sería creíble.
- Edward… - gimió. Él volvió a acariciarle la cara con suma ternura.
- Me ha gustado correr contigo… Es gratificante; eres un soplo de aire limpio y fresco para toda la familia.
- Nada será lo mismo si te vas... - murmuró con la voz completamente tomada. La sensación que percibía ahora, le recordaba al tiempo en que se fueron, estando en Forks, y sentía que lo poco que pudiera quedarle de corazón, se resquebrajaba.
Edward dio unas zancadas, pero Bella seguía quieta como un palo. Retrocedió lo andado, y la abrazó. Ambos se enlazaron en un gesto tan lleno de amor y, de tristeza, que rompía hasta el más frío de los corazones.
Edward se separó, haciendo un tremendo esfuerzo y la tomó de la mano.
- Vamos… corramos juntos.
"Una última vez" Pensó ella, y ante ese pensamiento, creyó morir.
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Hicieron tal y como dijo Edward. Cuando estaban acercándose a la meta, él la soltó y dejó que lo pasara unos pasos.
Ambos hicieron su papel a la perfección.
Bella entró primero y dos pasos por detrás, Edward.
- ¡Nooo! – Emmet se tiró al suelo, dramatizando. – No puede ser que te haya ganado… - Aullaba Emmet tirado en la arena, a cuatro patas, cual lobo.
- ¡Bellaaaaa! Lo has ganado – Vitoreaba Rose, dando palmas. – Hermanito, tendrás que esforzarte más la próxima vez – Rose se acercó a Edward, dándole simpáticos golpecitos en el pecho.
- Ha sido por poco… Pero en unos meses volveremos a probar. – Contestó él, disimulando, como el gran actor que era.
Esme y Carlisle casi suspiraban aliviados de que Bella hubiera ganado, aunque algo les decía que Edward la había dejado. Si no, con su competitividad de neófita, se hubiera liado un barullo.
Jasper observaba a Edward y a Bella, sabía que algo había pasado. La sensación de tristeza que sentían en lo más hondo de su corazón, era desoladora para él, que la captaba como propia.
Bella se puso a picar a Emmet, siendo así una forma de distracción para ella. Ya que, si no, su cara y su forma de mirar a Edward la hubieran delatado.
Ella, aún, no era tan buena actriz como el resto. Jasper le lanzó una mirada de comprensión infinita, y ella, apretando los ojos, aguantando las lágrimas imaginarias, sacudió la cabeza, indicándole que parara de mirarla así.
Lanzó una mirada y vio como Edward se separaba del grupo. Sabía que se iba. Que se marchaba de su lado, y en ese momento sintió ganas de morir. Porque no podría vivir en un mundo donde él, no estuviera a su lado.
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Alice se acercó a Edward, el cual se había separado. Aunque era buen actor, ahora mismo no tenia fuerzas para ocultar la sensación de vacío tan enorme que sentía en su pecho.
- ¿Cuándo?
- ¿Cuándo? – Edward la miró con el entrecejo lleno de arrugas, sin querer entender a su hermana.
- Es lo que no he visto… Cuándo te vas. – Alice se tocó la frente con su dedo índice.
- Alice… yo… - Suspiró fuertemente – Ella no soporta que se generen tensiones con la familia y no voy a dejar que se esté yendo cada poco, por evitarme. – Apretó los ojos con fuerza – Esta vez me toca irme a mí. Un tiempo… Nos vendrá bien a ambos.
- Te echaré mucho de menos… Muchísimo. Siento muchísimo que las cosas no hayan tomado otro camino. Pero ella, está aterrorizada de lo que siente por ti; y los recuerdos de humana, la confunden aún más.
- Lo sé. Sé que no quiere que me vaya, pero en el fondo, lo va a agradecer. - El suspiro lastimero que lanzó el vampiro, hizo temblar a su hermana.
- Si. Por mucho que me duela que te marches... Ahora mismo es lo mejor.
Ambos se fundieron en un tierno y emotivo abrazo. Un abrazo que sabía a despedida.
- Te quiero Edward… Siempre.
- Yo a ti también te quiero, mi pequeño duendecillo. – Edward metió la cabeza entre el cuello de su hermana predilecta, estrechando así, más el abrazo. – Cuídala mucho… por ti y… por mí.
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En fin... Un final, triste... Muy triste.
Pido perdón, de antemano, por volver a usar la táctica de la "huida", aunque esta vez, ha sido Edward el que se va.
Pero se me ocurrió en el último momento, mientras repasaba el capítulo para publicarlo. Por eso lo hago tan tarde, porque me dio el punto de cambiarlo.
TRANQUILAS, QUEDA UN ÚLTIMO CAPÍTULO
Espero poder subirlo en unos días.
Ya que llegamos al final, espero vuestros reviews.
BESOSSSSSSSSS!
