Ahí estaban. Él, la chica odiosa y su "crush", todos en el mismo lugar— no es mi novia —intentó aclarar con un tono suave para que no se denotara su desagrado por la palabra, no quería que Otabek lo creyera un maleducado.

Pero podríamos serlo a futuro —dijo Anya al mismo tiempo que se aferraba fuerte al brazo de Víctor y miraba al moreno con atención.

El platinado ya casi no aguantaba, sentía que en cualquier momento la tiraría a la carretera— Una señorita no debería insinuarse de esa manera —habló Otabek sacando a Víctor de sus pensamientos. Por otro lado el mayor se dio cuenta de que el de ojos azules estaba incómodo con la cercanía de la chica, él sabía lo que era eso. Mujeres que creían tener el derecho a acosarte porque pensaban que por ser bonitas, prácticamente te hacían un favor.

Anya se quedó en silencio y miró a Víctor a la espera de que dijera algo, pero el chico simplemente apartó su brazo para poder recuperarlo— ¿No tienes que volver a casa ya? Después de todo no tenías planeado encontrarte conmigo —le habló casi apretando los dientes y rogando porque la chica se retirara.

No te preocupes, tengo la tarde libre y creo que tú también ¿No?

No la tiene —respondió Otabek— prometió que me acompañaría a un lado y no lo ha hecho. Por eso, ahora que lo encuentro debo obligarlo a cumplir —Víctor quedó embobado al escuchar al otro hablar, mintiendo para salvarlo de las garras de aquella odiosa persona.

Pero está conmigo y… —no pudo terminar la frase cuando vio que Otabek se quitaba su casco y se lo ofrecía a Víctor.

Lo siento, Anya. Promesas son promesas —le dijo sonriente y recibiendo lo que el moreno le pasaba. Se lo puso y subió ansioso a la parte trasera de la moto. Anya se quedó sola y enojada viendo como los otros dos se alejaban.

Víctor se sentía completamente feliz, podía afirmarse fuerte de la cintura del moreno, fingiendo que era porque tenía miedo cuando en realidad aquella nueva experiencia de velocidad le encantaba. Por otro lado llevaba su casco y lo había salvado del demonio igual como si fuera un caballero que va por su ¿Princesa?

Llegaron hasta donde el mayor trabajaba, al parecer tenía turno, pero el platinado no podía entrar ¿Cómo le diría que estaba castigado y no podría ir como siempre hacía?

Se bajaron y Víctor le devolvió el casco a Otabek— ¿Todo bien? —Preguntó al notar extraño al menor— aún tengo tiempo antes de iniciar mi turno ¿Quieres que te invite algo?

Se maldijo a sí mismo, puesto que el castigo estaba siendo peor de lo que pensaba, tendría que negarse y eso le dolía.

Lo siento, no puedo aceptar—le explicó intentando sonreír—yo… estoy castigado.

El moreno se sorprendió un poco por sus palabras, era normal que castigaran a los adolescentes, pero siempre era quitándoles su teléfono o esas cosas, nunca había escuchado que el castigo fuera no ir a un restaurante o cafetería. Bueno, él no era quien para meterse en como castigaban los demás a sus hijos, por ahora le preocupaba que hace un momento el platinado se veía feliz de subir a la moto y ahora se denotaba triste.

Entonces puedo comprarlo para llevar y comemos en el parque que está cerca —le ofreció, pensando tontamente que de verdad deseaba comer lo mismo que pedía siempre y por eso estaba triste, cuando la razón real era que Otabek lo había invitado y no podía aceptar.

A Víctor se le iluminaron los ojos e incluso se sonrojó un poco, asintió enérgicamente con la cabeza, parecía idiota actuando de manera tan infantil cuando el otro era mayor. Jamás se fijaría en él si no se mostraba maduro, aunque era más que seguro que al mayor le gustaban las chicas por lo que tal vez nunca tendría una oportunidad real.

Bien, espérame aquí y ya vuelvo —le dijo regalándole una pequeña sonrisa al menor y se adentró en la cafetería. Otabek no necesitaba preguntar que quería Víctor, siempre pedía lo mismo. El ordenó un sándwich y un café.

Salió del lugar y con un gesto de su cabeza le indicó a Víctor que lo siguiera. Llegaron al parque y se sentaron en el pasto para poder comenzar a comer, el platinado estaba realmente feliz, no podía pedir nada mejor para ese día, además de que había pensado que iba a ser el peor por haberse encontrado con Anya y resultó que ahora le agradecía mentalmente ya que si no fuera por ella no habría tardado más y no hubiese visto a su salvador.

Mientras comían conversaban de distintas cosas, el moreno le preguntaba a Víctor sobre la escuela y su amigo para poder tener un tema de conversación, a veces Víctor se perdía en los ojos oscuros de aquel hombre que tanto le gustaba. Terminaron hablando sobre el castigo y Víctor tuvo que contarle que lo encontraron medio tomado y a medio vestir junto a Chris en la sala de su casa. Otabek frunció levemente el ceño pensando en Víctor y Chris a medio vestir y juntos, por alguna razón esa idea no le pareció agradable, aunque no diría nada.

Terminaron de comer y al moreno aún le quedaba un poco de tiempo, ese día se había ido antes ya que vería si podía hacer algunas horas extras, pero sus planes cambiaron al ver al platinado. Le caía bien y le era agradable pasar el tiempo con él, apesar de que a veces tenía actitudes levemente infantiles, a la hora de conversar sobre distintos temas se notaba cierto grado de madurez que era difícil de ver en un adolescente y eso le gustaba.

¿Quieres que te lleve a casa? —en la motocicleta no debía ser lejos, aunque ahora caía en cuenta que tampoco sabía donde vivía el menor y estaba ofreciendo algo sin pensarlo antes, pero lo ya estaba hecho. Solo debía esperar la respuesta.

¿Puedes? —Preguntó con su rostro entusiasmado de nuevo— digo… tienes que trabajar ¿No?

Tengo veinte minutos ¿Tu casa queda muy lejos? —preguntó mientras caminaban hacia un basurero para poder botar los papeles y otras cosas.

No es muy lejos, pero ya hiciste mucho por mi hoy, tal vez sea mejor si no te quito más tiempo —y ahí estaba de nuevo, el Víctor que pensaba las cosas antes de hacerlas, cualquier chico de su edad solo hubiese aceptado sin preocuparse del resto, sobre todo al tener la oportunidad de andar en motocicleta.

Tengo tiempo —le respondió mientras caminaban hacia su medio de transporte— ten —le extendió el casco de nuevo y Víctor aceptó gustoso. Definitivamente este era el mejor día de su vida.

Llegaron rápidamente hasta su casa, estaba demasiado feliz así que se bajó con rapidez y devolvió el casco. Otabek también bajó para poder despedirse— entonces ¿Cuándo podre verte por allá de nuevo? —le preguntó y el corazón de Víctor saltó de alegría.

No lo sé, pero te puedo dar mi número y si quieres… podríamos vernos igual que hoy —le ofreció el platinado y el moreno asintió sacando su celular para anotar el número que Víctor iba a dictarle.

Yuuri aún no se iba cuando Víctor salió, el platinado besó su mejilla antes de irse, diciéndole un "adiós papá" mientras sonreía. El japonés también sonrió ya que se sentía bien escuchar aquello, aunque sabía que no era cierto y solo había sido por la actuación de anoche, recordó los besos que se atrevió a dar al estar pasado de copas y se avergonzó de sí mismo. En realidad no tenía cosas que hacer, pero no quería quedarse a solas con Yuri así que arrancaría lo antes posible.

Me besas para luego escaparte. Que cobarde, katsudon —le habló Yuri cuando vio que ya estaba listo para irse.

Yo… —no sabía que responder y podía sentir como hasta sus orejas se tornaban rojas— lo de anoche solo fue porque teníamos que parecer una pareja —respondió con rapidez.

Lo sé —no, no lo sabía. Así como tampoco sabía el porqué le había correspondido y la razón por la cual se había sentido bien hacerlo— ¿Qué tienes que hacer? Te llevo.

No es necesario —respondió con nervosismo.

No tengo nada mejor que hacer un domingo —se acercó a él para quedar frente a frente y mirarse a los ojos— te llevo a lo que sea que hayas inventado para escapar, luego de que te aburras de inventar excusas, vuelves acá para quedarte a dormir.

¿Excusas? De ve-verdad tengo cosas que hacer —comenzó a reír nervioso y Yuri solo lo miró fijo— bien, vamos entonces.

Aceptó que lo llevara a su departamento, aceptó que subiera con él, aceptó que se adentrara donde vivía y hasta que le ayudara a ordenar. Se suponía que iba porque necesitaba ordenar y limpiar puesto que pasaba más en la casa del rubio que en su hogar, de hecho su departamento se sentía extraño, ajeno a él ya que no estaba a gusto ahí.

Es muy pequeño —le dijo sin rodeos el rubio mientras organizaba unos libros— deberías mudarte a un lugar más grande, tus libros ya no caben aquí —fruncía el ceño al ver que tenía tantos que no cabían en el pequeño mueble destinado para ellos.

No puedo hacer eso, soy solo así que no necesito más espacio y es muy caro rentar otro lugar —le explicó mientras barría. Su departamento tenía todo junto, la cocina, sala y comedor, disponía de un baño pequeño y una habitación.

Entonces deja de pagar y vente a vivir con nosotros —respondió en tono molesto, más por la frustración de no poder meter los últimos cinco libros que por estar enojado en realidad.

Yuuri se sorprendió por la propuesta del otro, no podía aceptar algo así, menos ahora que comenzaba a sentir cosas por él. Sería doloroso ver como traía alguna chica a casa y él sin tener otro lugar a donde ir— así estoy bien, no te preocupes. Compraré un librero —le dijo quitándole los libros sobrantes y dejándolos en el velador junto a su cama.

Yuri entendió que el azabache no aceptaría, por ahora. Él no se rendiría con facilidad, necesitaba tenerlo viviendo en su casa para asegurarse de que estaba bien y no en ese pequeño lugar que parecía una lata de sardinas.

Terminaron pronto, Yuuri buscó un bolso para echar parte de su ropa y el rubio guardó los libros del velador para dejarlos en casa. Compraría una biblioteca para la casa con la intención de que el japonés pudiera poner todo lo que quería leer o ya había leído.

Se dirigieron a casa en el auto, ya era un poco tarde y Víctor aún no lo llamaba para avisarle que iba de regreso a casa, por lo que ambos Yuris estaban un poco preocupados, así que lo llamarían apenas llegaran. Estacionó el auto afuera de la casa para poder abrir el portón y meter el vehículo, pero antes de salir observó fijo al japonés, todo el camino solo se le venía a la mente la suavidad de los labios contrarios y el sabor de su boca. Quería probarlos de nuevo y eso haría.

Yuuri —lo llamó para que le prestara atención y volteara hacia él, cosa que consiguió. Estuvo a punto de besarlo cuando escucho un ruido extraño cercano al auto, miró hacia el frente y pudo ver a Víctor bajando de una motocicleta junto a un chico que parecía un delincuente.

࿂Continuará࿂