Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es completamente mía.


CAPITLO X

Fingía dormir una siesta cuando oyó la despedida de Edward. Se retiraba por la tarde a la oficina. Corrió para tomar las llaves de su coche, corrió por el patio trasero y salió como alma que lleva el diablo. Realmente no quería mentirle a Edward, aunque no estaba muy de acuerdo con decirle la verdad tampoco. Acerca de nada en absoluto. Como por ejemplo que había quedado con Riley esa misma tarde en un café universitario en el que usualmente quedaban para conversar, pero como era perseguido de cerca, optaron por su departamento del centro.

Las calles principales en horas pico eran la peor tortura del día. Londres era una capital demasiado concurrida, el clima de llovizna ya había acabado con su paciencia y estaba realmente molesta.

El edificio era majestuoso, por supuesto. Riley no era menos que el hijo de alguien muy importante y eso va acompañado de demasiados lujos. Que ella misma sabía, que él no se atribuía más que vivir allí. Su casa era bastante simple, por que ya había estado allí en varias ocasiones por trabajo. Riley poseía una casa medio termino en Eritrca y tenía tantos empleados a los que pudiera contratar para ayudar que había hecho construir un lugar especial donde se quedaban los que no pudieran entrar en las habitaciones, o si tenía alguna visita. El portero la dejó entrar, el elevador la llevó hasta el décimo piso. Admiró con nerviosismo el impoluto orden, la limpieza y como los bordes dorados de los sillones y los recuadros parecían brillar como el oro mismo.

Riley había dejado abierta la puerta para ella. Lanzó sus cosas en el sofá y se abrazó a su cuerpo.

-Amiga mía.

Sin soltarlo, Bella sonrió.

-Estoy a punto de matarte.

Bella y él habían sido mejores compañeros en Yale. Realmente amigos, desde que Riley se había comprometido con su mejor amiga Ángela.

-Necesito saber de qué va tanto apuro. Tenemos fecha dentro de tres semanas, donde nos juntamos los representantes de cada zona para exponer la situación.

-Esto es realmente grande.

Se separó de él y se dejó caer en el sofá.

Ángela y ella eran estudiantes de segundo año de contabilidad empresarial donde Riley era auxiliar de cátedra. Trabajando sus mejores notas aprendiendo todo acerca del mundo de los negocios. Una mente brillante, un seductor y un humorista nato. Él tenía a Ang enamorada, rendida a sus pies. Una muchacha tan sencilla, de alma tan pura y blanca. Trabajaba duro en una cafetería a medio tiempo, estudiaba y cuidaba de sus hermanitos cuando su madre trabajaba de noche. Aun así tenía tiempo para ayudar en un centro de ayuda juvenil, donde adolescentes y jóvenes afroamericanos en la veintena trataban de salir adelante con sus vidas, lejos de la familia, sin apoyo económico y en búsqueda de sus identidades. Donde a la larga los tres habían terminado ayudando donde pudieran. Pero el destino no había sido tan bueno para todos. A medio año de terminar con la carrera, Bella ya trabajaba para una empresa mediocre, que al menos cubría los gastos mientras empezaba a introducirse en los negocios. Cuando la terrible noticia la dejó devastada. Ángela había sido arroyada por un conductor ebrio. Todavía le era doloroso recordarla, su muerte había sido un duro impacto para todos. La familia había estado destrozada. Ellos habían llorado hasta quedarse secos y allí, donde todo era oscuro y triste. Había surgido la inspiración.

-Soy todo oídos.

-Están detrás de ti. En Pritz me encontré con una entrometida que husmea dentro de tus negocios. Estuve investigando, es Heidi Vulturi. Una periodista sensacionalista pero es una de las importantes, ella vende mierda buena y profunda.

Riley asintió despacio. Sus celestes ojos estuvieron sobre ella.

-¿Qué es lo que busca?

-Está detrás de un caso bastante acusatorio contra tu padre como malversación de fondos y lavado de dinero. Todavía no hay nada de forma pública pero esta mujer, puedo sentir que se está moviendo mientras nosotros descansamos en la noche.

Riley frunció el ceño. Impactado con la noticia. La ira marcando sus facciones.

-¿Es una broma? ¿Realmente va inventar eso?

-No tengo idea de dónde puede haber surgido la duda, pero es claro que ya está impactando. En donde no debe.

-De todas formas no hay evidencia de eso.

Bella se acercó a él, inclinándose en el sofá. La seriedad del asunto estaba por quebrarla.

-Riley, ella va a estar detrás de todas las finanzas. Tienen una empresa multimillonaria que esconde una fundación sin fines de lucro. Se sabe que hacen grandes donaciones a una sociedad africana pero hay algo demasiado oculto o poco declarado como para levantar sospechas. Angels va a salir a la luz y realmente, como representante financiera no quiero que lo haga. Me perjudicaría, y apartando mi egoísmo. Rose, como representante legal no está de acuerdo tampoco. Tenemos demasiadas donaciones anónimas las cuales serán investigadas, tenemos que evitar la molestia que va a generar si no queremos que nos retiren el dinero o nos demanden.

Bella suspiró. Nerviosa. Removiendo su cabello entre sus dedos.

-Sin hablar, de que todo nuestro esfuerzo por mantenerlo libre de prensa, tranquilo y realmente hacer nuestra labor se verá afectada. Más de dos mil personas dependen de nosotros, tenemos a toda una comunidad que proteger.

-¿Qué es lo que crees?

-Que ya nos ha relacionado de alguna forma. Y realmente no me gusta, sabes lo delicado de mi situación. Con la reputación de los Masen sobre mis hombros, no puedo llamar la atención de esta forma. Prefiero quedar como una perra fría que darle crédito para las noticias a cerca de lo que puedan decir acerca de mí. Sin mencionar que Charlie, trataría de destruir lo que con tanto esfuerzo armé.

-¿Por qué crees que nos han relacionado? En tu empresa con Alice ni siquiera figura tu nombre, eres una socia silenciosa y casi anónima si no fuera por las acciones a nombre de tu abuela. Donde ciertamente no tengo nada que ver, y más que en eventos no nos hemos relacionado. Dudo que sea de dominio público que compartimos los estudios. Los negocios de Bears, no pasan cerca de ti tampoco.

La piel de Bella se erizó al recordar la mirada astuta de la mujer. El miedo y la incertidumbre la recorrían entera.

-Ella dijo que me conocía, que sabía bien quién era ahora. Una Masen, estaba sentada justo a mi lado y no comentó más que conmigo su propósito de esa noche. Puede ser una coincidencia, como puede ser totalmente un ardid.

Riley se mantuvo callado. Tirando de su rubio cabello, concentrado en un punto en la pared. Sintiendo como se formaba el nudo en su estómago.

-No tengo idea de cómo demonios puedo hacer para evitar todo esto. Si ella trabaja bien, como dices, y comienza una investigación certera en nuestra contra no podré ocultar nada. No podré siquiera mover ni un papel. Además, es extraño que si bien fuera justo el punto de conexión, por qué te avisaría, por qué te dejaría siquiera sobre aviso.

-No tengo eso. Tal vez trató de obtener información. Le di mi tarjeta, ella se puso en contacto conmigo esta mañana, la veré en dos días.

-Necesitamos un plan.

-Uno muy bueno. Llamaré a Rose y te mantendré al tanto.

Edward admiraba con detenimiento los contratos frente a él.

-¿Entonces, Amanda? ¿Qué es lo que tenemos frente a nosotros?

Amanda acomodó las carpetas importantes en orden, preparándose para dar las debidas explicaciones.

-Bien, el esquema es el siguiente. En la empresa en general, ya bien sabes que nos dedicamos a proveer material tecnológico. Por lo tanto dividimos la empresa en dos servicios, la parte de aparatos y el servicio de software.

Edward sonrió.

-Excelente. Sigue.

-Del total de la empresa, es decir del cien por ciento de las tareas, de cada departamento lo podemos dividir en treinta y cuatro áreas. De las cuales la empresa en sí, solo manipula veintidós. De las cuales el manejo es exclusivo bajo la firma de la empresa. Tienes una área, la de finanzas que es una de las más importantes bajo tu nombre. Eso quiere decir que el manejo es bajo tu propia y exclusiva responsabilidad.

Edward asintió como CEO de la empresa era lo que más le correspondía como tarea, hacer bien los numeros que crezcan y se multipliquen. Amanda preparó un café y volvió a su asiento frente a él.

-Tienes cinco áreas que pertenecen a Charlie Swan. Lo que quiere decir que va a influir en su participación activa, tanto como la toma de decisiones de los mismos, así como la remuneración por ello. Le pertenecen los departamentos de operaciones, el de dirección de transporte y distribución, el de marketing y alianza, el de contratación de personal eventual y el de transacciones políticas.

Amanda le expuso la carpeta de Charlie, el manejo de los departamentos nombrados, los resultados de producción y el análisis de calidad. En simples palabras, si, Charlie hacía bien su trabajo.

-Además, tienes seis departamentos que tienen su propio representante accionista, el de preparación e ideas, el de proyecto y creación, el de prueba y efectivización, el de producción y el de venta.

Le dejó las seis carpetas distintivas junto al análisis.

-El resto de las veintidós áreas, está bajo la jurisdicción del CEO. El que vendrías a ser tú, por lo que aquí tienes una lista general. También tienen sus representantes y al los que te recomendaría que no los pierdas de vistas. Pueden no tener una voz en la junta, en las elecciones. Pero saben de qué bando quedarse en una guerra. Tienes que asegurarte que seas tu.

-Eres brillante, Amanda. El plan es el siguiente, quiero que te interiorices con cada uno de ellos. Los conozcas, y tienes la tarea más importante. ¿Puedes imaginarlo, cierto?

Amanda sonrió con conocimiento absoluto. Se enderezó en toda su esbelta altura, haciendo su cabello lacio y negro hacia atrás. Sus ojos brillaron.

-Puedes confiar en mí, jefe. Tendremos a ese equipo comiendo de nuestras manos. Es pan comido.

Se acercó para mirarlo de cerca. Totalmente seria ahora.

-Tienes que luchar para mantener a MaCarthy de tú lado. Esa es la tarea difícil.

Edward dudaba de ello. Si bien, Lucas no tenía idea del plan todavía. Iba a dejar el asunto en manos de Bella, ella parecía saber lo que estaba haciendo.

Bella cerró los ojos y suspiró.

-¿Trabajando tan tarde?

Sorprendida abrió los ojos, Edward estaba de pie frente a ella con una cerveza en la mano. Su traje se había perdido y solo llevaba un chandal suelto bajo sus caderas. Casi gimió de frustración. Miró la botella extendida y solo la tomó sin volver a mirarlo.

-Si...

No pudo agregar más nada sin que le fallara la voz. Cerró el computador y se alejó de la mesa de trabajo. Bella analizó la bebida después de un trago. Sonriendo.

-No he bebido en un largo tiempo.

Admitió. Él la miró con una sonrisa ladina.

-Estamos en casa, querida esposa. ¿Qué podría pasar?

Se dió la vuelta y se dirigió al patio trasero. Se dejó caer pesadamente en una de las sillas, apreciando el fresco verano, la luna brillaba intensa. Miró en dirección a su esposa, quién tomaba distancia prudencial de él, casi sorprendido de que ella estuviera allí. Ella había trabajado todo el día en la casa, casi no la había visto el sábado y de repente se sintió valiente a pesar de que ella podía no contestara a sus preguntas.

-¿En qué trabajas?

Bella sonrió sin mirarlo. La confianza que él le inspiraba le permitía abrirse un poco más. Tal vez uno que otro detalle perdido de su vida no le harían daño a su relación e incluso, podría que Edward relajara su postura.