Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.
Hola, por poco se me olvida que es viernes, perdón, ando un poco fuera de mí, mañana inicio mi diplomado, y estoy intentando alejar la idea de que eso mate mi inspiración, lo único que quiero es poder darle un buen desarrollo a la historia, en fin, muchas gracias por sus reviews, follows y favoritos, significan mucho para mí.
Mrs Malfoy: Sí, normalmente ese tipo de parásitos, suele ser bastante inteligente, pero espero que todos tengan su merecido, y bueno, sin duda puede ser una tragedia la historia, pero en esta ocasión, no lo será, muchas gracias por tu review.
Nos leemos el próximo viernes. 💖
Gracias por todo; y cualquier cosa, no duden en decirme.✨
Lily estaba desesperada, se habían llevado a Scorpius a un hospital muggle, porque había demasiada gente presente cuando ella llegó hasta él, todos coincidían en que habían visto a un chico, que tenía la descripción de Sally, atacar a Scorpius y salir corriendo, justo cuando Lucy salió en su búsqueda, y la escucharon gritar, eso había alertado también a Lily, y ahora estaba ahí, atascada en aquel lugar, no desconfiaba en las habilidades de los muggles en ese terreno, pero, sabía, que en San Mungo, su novio estaría mejor que en cualquier clínica muggle.
Se detuvo en su andar, cuando una cabellera rubia entró en el pasillo, la mirada gris la ubicó de inmediato, se acercó apresurado y preocupado, haciendo que se sintiera culpable.
—Señorita Potter ¿qué fue lo que ocurrió con mi hijo? –Fue lo primero que preguntó –y ¿por qué está aquí y no en San Mungo?
La pelirroja sujetó al padre de Scorpius, lo llevó hasta un lado donde nadie podía escucharlos, bajó la mirada y después lo observó, con lágrimas en los ojos.
—Fue atacado en un lugar muggle –murmuró –había mucha gente, como para aparecerme con él en San Mungo.
—Pero ¿qué fue lo que ocurrió?
—No lo sé, yo vine junto con él en la ambulancia, la policía vino a hacerme preguntas, pero… no creo haber sido de ayuda.
—Comprendo ¿le han dicho algo? –la joven negó.
—Me quedaré aquí, vaya a tomar una ducha caliente y cambiarse de ropa, no creo que le guste verle así cuando pida verte.
—No me iré de aquí hasta que él esté bien, hasta verlo.
—Está manchada de sangre, va a alterarlo si le ve así.
—No me iré –soltó enfadada –no voy a irme y darle una razón para creer que lo abandoné un solo minuto.
—Por favor, señorita Potter, por muy romántico que eso suene en su mente, tenemos que ser realistas y razonables.
—Quizá ese es su problema, señor Malfoy, que es demasiado realista, y muy razonable.
—Aun así, si mal no recuerdo, su relación con mi hijo no es más que un simple noviazgo ¿no es así?
—Sí, pero…
—Gracias por corroborarlo, debería marcharse, porque a partir de ahora, sólo familiares podrán pasar a verlo, despierte o no, para la siguiente ocasión, piense antes de discutir con la persona que tiene la decisión sobre si dejarla pasar o no, es encantador, que su padre no pueda usar sus influencias aquí ¿no es cierto? Ahora, márchese.
—Scorpius tenía razón, es usted un idiota, entonces, no le diré lo que él me pidió que hiciera.
—M—
James frunció el cejo, la lechuza de su hermano Albus estaba en la ventana, demasiado altiva como para pasar, así que se puso de pie y sujetó el pequeño pergamino, que tenía un S.O.S escrito, y una dirección, avanzó hasta su abrigó y se desapareció sin decirle nada a su prometida.
La vista de un imponente hospital le hizo fruncir el ceño, su hermano mediano estaba afuera, paseando de un lado a otro, con un cigarrillo cuando se suponía había dejado aquel vicio hacía tres años.
—Ah ¿qué se supone que hago aquí? –Curioseo estresado.
Su hermano sólo le señaló un lugar con un suave movimiento de cabeza, así que los ojos avellana de James, se encontraron con su hermanita, manchada de sangre, llorando de frustración, mientras hacía su cabello hacia atrás; corrió hasta ella preocupado.
—Lily –se arrodilló ante ella –Lily ¿estás bien? –la interrogó.
—No –sollozó, abrazándolo fuertemente –no, no, no lo estoy, Jamie, Scorpius –lloriqueó.
— ¿Él te hizo algo?
—Alguien lo atacó en el mundo muggle –musitó.
—Lo llevaremos a San Mungo, tranquila, allá podrán hacer un mejor trabajo que aquí –hizo una mueca.
—No he sabido nada, el señor Malfoy no me deja entrar a verlo.
—Tranquila, dime ¿qué fue lo que pasó?
La mirada de Lily fue hasta su otro hermano, que estaba a lo lejos, caminando de un lado a otro, preocupado por el estado de salud de Scorpius, el padre del rubio lo había puesto al tanto.
—Cuando esperábamos por la ambulancia, la gente… describió a su atacante –bajó la voz, apretando las manos de James.
—Bien, es un indicio, Albus es auror, puede encontrar a un muggle fácilmente.
—No –lo detuvo, ya que se iba a poner de pie, para integrar al otro chico –la gente describió a Sally, James, el exnovio de Albus.
—Pero… Lily ¿hay algo que nos estés ocultando?
—He estado recibiendo notas… -se mordió el labio –me han estado molestando, acosando –aclaró –iba a decirle a Scorpius al respecto después de terminar nuestra reunión con mis amigos, pero –se encogió de hombros –alguien… que se parecía a Sally lo atacó.
— ¿Por qué no se lo habías dicho antes? –Cuestionó furioso –o a mí, o a Albus, a Ted ¿por qué rayos te callaste algo así, Lily?
—Porque si les decía eso, tendría que decirles la razón… quién es y… no puedo contarte algo así, James, es…
—Es Sebastian Keller, lo sé –aceptó con un tono de culpa.
—Pero…
—Albus los encontró en Hogwarts, la última vez que él estuvo contigo, que te forzó a estar con él.
—James, yo…
—Papá alteró tus recuerdos de alguna forma, intentando ayudarte, pero lo sabíamos, Lils –sonrió triste –cuando llegué a la ciudad, Ted y yo, íbamos a buscarte a tu trabajo muggle, y lo vimos espiándote en la acera de enfrente, así que… tomamos todas las medidas que pudimos encontrar, pero no salió del todo bien, por lo visto, pudo darnos la vuelta.
—Él me envió una nota, diciendo que –suspiró, sacó la nota que llevaba consigo, para mostrársela a Scorpius –pero no comprendo ¿por qué Sally haría algo así?
—Sallomon es hermano de Sebastian, Lily, por eso papá y yo nos enfurecimos cuando Albus nos dijo que estaba saliendo con él.
—Alby no sabía que Sally es hermano de Sebastian ¿o sí? –abrió los ojos sorprendida, y su hermano mayor asintió.
—Sí, estaba al tanto de eso.
Lily se cubrió el rostro, no podía darse el lujo de enfadarse con Albus, Scorpius estaba en un momento crítico, y al parecer, era el único que podía darle información al respecto de su novio.
—X—
Lily vio como la sangre salía de sus manos con ayuda del agua, no quería irse del hospital, pero su padre había aparecido, y puesto del lado de Draco Malfoy, no habría autorización para ella de ninguna clase si no se atendía aquellos desperfectos, más tardó en aparecer en el apartamento de James, porque no iban a dejarla sola, ahora que había confesado que Sebastian Keller tenía forma de entrar a su apartamento.
—Toma, esto ayudará un poco –murmuró Shev –te quitará el hambre por unas horas, para que no te preocupes, una mordida bastará.
—Gracias, Eli –sonrió, la abrazó y desapareció.
Tenía que admitir que quitarse toda la sangre de su novio de encima en ese baño había ayudado un poco a tranquilizarse, Draco Malfoy la observó tranquilo cuando entró, por un momento, pensó que la echaría con seguridad o algo así, pero no ocurrió.
—Mamá –soltó sorprendida.
—Hola, cariño –sonrió Ginny Potter, otorgándole una mirada a Draco Malfoy –tu hermano James me contó lo que pasó, así que quise venir de inmediato a ver si podía ayudar en algo.
—Por el momento no hay noticias, así que todo está bien, Ginny –soltó el señor Malfoy –te pondré al tanto cualquier cosa.
—Lo agradecería mucho –sonrió –vendré después –lo abrazó.
Para Lily fue una sorpresa ver que el varón regresaba aquel abrazo, aferrándose a la mujer un instante, antes de tener que dejarla ir, le dedicó una mueca, logrando una brillante sonrisa de Ginevra Potter, la hija menor de Harry, se sintió incómoda ante aquella escena.
—Por favor, Lily Luna –se giró a ella, perdiendo el tono amable y suave que tenía con el hombre –quiero que no te apartes de la vista de tus hermanos, o de Draco ¿lo entiendes?
—Mamá…
—Tienes que cuidar de ti, por favor, si Sebastian vuelve a comunicarse o lo vez… hay un plan de contingencia, Draco te lo explicará, y no hagas nada estúpido.
—Claro –sonrió enfadada –Draco me lo explicará, Ginny.
—Ah, no seas infantil –rodó los ojos Ginny y salió de la habitación.
La mirada furiosa de Lily se posó en el padre de su novio, aunque al final, terminó yendo apresurada hasta el chico, habían controlado la hemorragia, aunque había perdido mucha sangre, según los médicos muggles, eso era bastante fuera de lo común, la zona en donde le habían apuñalado no era algo para que estuviese de esa manera, tendría que haber despertado, y no perdido tanta sangre como lo hizo, acarició la mano de su novio y sonrió.
—Si estabas lo suficiente cansado como para ir, y ahora quieres dormir toda una semana para castigarme… -se acercó a él –despierta, Scor, por favor.
—Necesito que me digas que fue lo que te dijo mi hijo, Lily –soltó Draco, recordándole que estaba presente.
—Él sólo dijo: Dile a papá, que… que el abuelo… dile a papá que… perdón, ella es…" "No, dile a papá que…" "estás feliz porque… voy a morir".
La expresión de Draco no cambió, aquello no le decía en verdad nada, la única persona que sabía que había pasado en realidad era Scorpius, y no podía recurrir a él para entender de mejor manera aquello; el rubio sólo tenía la charla previa con Ginevra.
Sebastian Keller había vuelto; lo lógico era que lo hiciera por la chica frente a él, pero para acceder a ella, primero tendría que haber quitado a Scorpius del medio, pero la pregunta que lo inquietaba era ¿de qué forma lo había hecho?
— ¿Por qué mencionó a mi padre? –soltó de la nada Draco Malfoy.
—Lo cierto es, que no tengo la menor idea, señor Malfoy, Scorpius sin duda pensaba que iba a morir.
—Estás convencida que él lo creía ¿por qué?
—Me propuso matrimonio –se abrazó a sí misma.
—Y ¿qué respondiste? –Lily levantó la vista hasta el hombre, que estaba con un semblante serio.
—Nos interrumpió un paramédico, señor Malfoy.
—Ya veo, en ese caso ¿cuál era tu respuesta?
—Que sí, obviamente, amo a su hijo, como jamás he amado a alguien más en el pasado, o podré amar a alguien más en el futuro.
—Eso es cierto, señorita Potter –levantó la comisura de su labio –las personas somos incapaces de amar con la misma intensidad a dos personas distintas, o se les ama más, o se les ama, pero no con la misma intensidad, a veces es… complicado.
— ¿A quién amó más, señor Malfoy? –soltó Lily, frunciendo el cejo.
—No comprendo.
—Es todo, menos estúpido, sabe perfectamente de lo que hablo.
Sonrió, divertido por el atrevimiento de la chica. —Me recuerdas a tu madre en muchos sentidos ¿sabes eso?
—Evita la respuesta, señor Malfoy.
—Pensé que los hechos hablaban por sí solos, señorita Potter.
—Es un Malfoy, y conozco a su hijo, sé que de alguna parte sacó esa personalidad tan inescrutable.
—Bueno, mi relación con tu madre terminó, y me casé con Astoria, a la que sin duda, amé de una manera tan profunda, que cuando ella murió, permanecí solo.
—Así que tuvo una relación sentimental con mi madre ¿mi padre sabe eso? –elevó una ceja.
—Lo sabe, pero ella lo eligió a él, eso lo dejó tranquilo al respecto.
—Al menos usted amó más a su esposa que a mi madre.
—No, simplemente que quedé viudo y tu madre no, ella sigue con tu padre, así que ¿a quién encontraría mejor que ella?
Lily frunció el ceño, pero por la forma en que se desplazó por la habitación, para dedicar una mirada a su hijo, le hizo comprender que había estado jugando con ella, provocándola de esa forma, porque sabía que aquella confianza le había molestado.
Draco Malfoy había amado a Astoria de una manera profunda, pero comprendió, que amaba más a su hijo de lo que podría amar a alguien más, no de una forma pervertida y sucia, sino de aquel amor que sólo puede tener un padre por un hijo, aquella clase de sentimientos que te hacen saltar a mitad de una maldición asesina y recibirla por él, o que te hacen callar aun en la tortura que te llevará a la locura por proteger aquello que amas.
— ¿Por qué se distanciaron? –lo cuestionó.
—No voy a decírtelo, si él no lo ha hecho…
—Patrañas, señor Malfoy, quiero saberlo, basta de fingir que es por él y por qué no me tiene confianza.
—Scorpius no apoyaba mi forma de vida, yo no apoyaba sus sueños, le forcé a tener un trabajo que le hiciera capaz de sobrevivir por su cuenta, no le agradó.
—Comprendo que los padres solo hacen lo que piensan que es mejor para nosotros, pero… no siempre son conscientes de lo infelices que nos hace tratar de hacerles sentir orgullosos, muchas veces morimos un poco más minuto a minuto, pero se compensa con las palabras "estoy orgulloso de ti".
—Dígame, ¿qué pensaría, si su hijo quisiera hacer nada de su vida?
—Yo no tengo hijos, así que no lo sé.
—Exactamente, cuando era joven, y moría poco a poco minuto a minuto –se burló –por la presión que mi padre ponía sobre mis hombros, creí que cuando fuera padre, sería diferente, y aunque en cierta forma lo soy, porque no obligué a mi hijo a entrar a un camino de… -Lily frunció el ceño, cuando el hombre se quedó callado –eso es.
Jaló las cobijas y subió la bata, descubriendo la herida cubierta por una gaza, la herida estaba lejos de sanar, había adquirido un olor putrefacto y sin duda estaba infectada.
— ¿No se supone que debería estar sanando ya?
—Necesito un favor, señorita Potter –levantó la vista hasta ella.
—M—
Ginevra Weasley estaba sentada en el sofá junto a la cama del novio de su hija, mientras su esposo y Draco Malfoy charlaban sobre la teoría de lo ocurrido.
—No comprendo –murmuró Harry Potter.
Tanto la mujer pelirroja como el rubio pusieron los ojos en blanco, ¿cuántos años habían pasado y el moreno seguía diciendo aquello mismo? Era como si viviera en todos lados, menos en el mundo mágico.
—Tu hija mencionó que mi hijo, en sus delirios, nombró a mi padre.
—Sí, eso ya lo dijiste, pero no comprendo ¿qué tiene que ver tu padre en todo esto?
—Agh, Harry ¿qué no es sencillo de entender?
—No vas a ponerte de su lado, sólo porque fue tu novio.
—Eso no está siendo punto de partida –soltó ofendida –es obvio que Scorpius mencionó a su abuelo porque es la clave de lo que ocurrió.
—Tu padre no tenía motivos para apuñalarlo ¿o sí?
—En serio ¿cómo es que me cambiaste por él? –soltó frustrado Draco, logrando que la mujer se encogiera de hombros.
—Sí, sí, explíquenme un poco más el contexto.
—Mi padre siempre persiguió a Lucius Malfoy ¿por qué razón?
—Por los artilugios que compraba y vendía –soltó Harry, abriendo los ojos en entendimiento.
—Significa que lo atacaron con un artilugio de magia tenebrosa, pero ¿tienes idea de con qué? –soltó Ginny.
—Me temo que es más… complicado que eso –observó a Harry –pensé que mi padre había dejado esa etapa en el pasado, pero no, tenía una pequeña colección, que sigue intacta salvo por una cosa.
—La cosa con que apuñalaron a tu hijo –soltó Harry, haciendo que Draco asintiera -¿y qué clase de artilugio es? –elevó una ceja.
—En 2014, estaba muy interesado en ir conmigo y Scorpius a la Copa Mundial de Quidditch, que se celebró en…
—La Patagonia –completó Ginny.
—Así es, el chiste es, que creo que fue ahí que la recuperó.
—No estás siendo muy claro, así que no bufes cuando no vuelva a entender –soltó Harry.
—Mi abuelo Abraxas, tenía en su posesión más preciada una daga de obsidiana maldita –hizo un mohín –entre algunos nativos mesoamericanos, se extendía el rumor de que esa daga, se había hecho con un fragmento del espejo de obsidiana que un dios de la oscuridad tenía consigo en el pecho, donde veía todas las acciones y pensamientos de la humanidad, y del cual brotaba un humo que mataba a sus enemigos.
—Comprendo, ya no está en su colección.
—No –aceptó –después de los juicios, en los que nos absolvieron gracias a ti, le hicieron deshacerse de todo, no sé qué hicieron, pero supongo que esa daga desapareció, porque volvió a recuperarla en la Copa de Quidditch ese año en la Patagonia. Pero ya no está.
—Entonces ¿qué podemos hacer para ayudar a tu hijo? –cuestionó Ginny.
—Absolutamente nada –suspiró –como ya lo dije, esa daga, observa todas las acciones y pensamientos de Scorpius, y si es su enemigo, lo matará –bajó la vista.
—Temes que realmente muera ¿no es así? –la pelirroja lo sujetó de la mano, dándole un fuerte apretón, para consolarlo.
—La herida se está pudriendo poco a poco, no creo que sobreviva.
—M—
Lily observó a su alrededor, hacía unos minutos Lucy y Archer se habían ido del lugar, habían pasado a verla, ya que estaban bastante preocupados, no por él, sino por ella, había salido unos minutos de la habitación con su amiga, dejando a Archer cuidando de Scorpius.
Frunció el ceño, su hermano no le había dicho nada que ayudara sobre lo que había pasado con Scorpius, así que sólo tenía una opción, que no le agradaría a nadie, aprovechando que Audrey McLaggen había ido, y echado de la habitación, envío un Patronus desde el baño del hospital para Sallomon.
Él iba a decirle la verdad al respecto, bueno, confiaba en eso, fue a casa, estaba bastante nerviosa ¿cómo tenía que actuar con él? Era el hermano de Sebastian, y James no le había dicho si el exnovio de su hermano sabía lo que le había hecho a ella.
—Te ves hermosa, sin duda.
Se giró asustada, Sebastian estaba frente a ella, con el cabello más corto, pero los ojos azules brillándole de aquella manera, un enfermo y familiar terror la inundo, quiso correr, pero sus pies seguían pegados al suelo.
—Vamos, dulzura, no te pongas así, creí que te daría mucho gusto verme, como en los viejos tiempos.
—Jamás he sido feliz de verte –soltó con todo el valor que tenía.
—No mientras ¿recuerdas nuestras reuniones?
En un segundo, lo tenía enfrente de ella, sujetándola por la cintura, acercándola a él, todo lo que podía, Lily intentó alejarse de aquel agarre, pero no pudo.
—Veo que lo recuerdas –se inclinó hasta ella, besando su cuello –dices que no, pero recuerdo muy bien tu cuerpo estremeciéndose de placer debajo del mío, o el sonido de tus gemidos.
—Fuiste tú ¿no es cierto? –soltó.
—El que te daba el mejor sexo de tu vida, sin duda ¿quién más si no yo? –depositó un beso en su hombro.
—Scorpius Malfoy.
Sebastian la soltó bruscamente, alejándose. —Ese ya está muerto, o sino, pronto lo estará –sonrió.
—Aun así, es el hombre que me ha dado el mejor sexo de mi vida –apretó las quijadas –dime ¿qué le hiciste?
—Ah, es un bebé, sólo lo apuñale, y se está muriendo –rió.
—Dime como evitar que la infección…
—No me tomé tantas molestias para deshacerme de él, para darte el remedio ¿o sí? –sonrió.
—Me lo debes, Sebastian, arruinaste mi vida una vez, no vuelvas a hacerlo –soltó enfadada.
—Bueno, en realidad, estoy evitando que la arruines y te cases con él, Malfoy no es para ti.
— ¿Sólo porque tú lo dices? –Frunció el ceño –no, ¿cómo sabes que me propuso matrimonio?
—Ah, pequeña tontita ¿no me creíste cuando te dije que siempre he estado junto a ti? –Rió –no siempre, he de admitir que me tomé un buen tiempo, en lo que perfeccioné algunas cosas, pero al final.
— ¿Cómo? –bramó.
—Fácil, siempre has sido una niña solitaria, me caracterizo por siempre darte lo que pides, quieras y mandes ¿no es así?
Dio dos pasos, hasta que la figura de Lucy apareció delante de ella, el shock volvió a golpearla de inmediato, su respiración se agitó, provocando más placer en la mujer frente a ella.
—Dime, Lily ¿no fue extraño para ti, que de la nada, fuéramos tan buenas amigas?
— ¿Dónde está Lucy? –soltó temerosa de la respuesta.
—Ah, la maté, la verdad no sé dónde terminó y no me importa, sólo extraje todo lo que necesitaba de ella, y ya no servía sólo para dar problemas, así que la boté.
—Eres un…
—Adorable y encantador amante, lo sé, ve todo lo que soy capaz de hacer por ti, para que estemos juntos, dulzura, deberías agradecerlo, yo sí te cuento mis cosas, pero tu noviecito actual –chasqueó la lengua –ese sólo quiere tu hermoso cuerpo, yo, en cambio…
—No hables de lo que no sabes.
—Pero es que sí lo sé ¿no recuerdas todos mis buenos consejos? –Se encogió de hombros, con un semblante serio, pero después soltó una carcajada –la verdad, disfruté mucho hacer que el idiota de tu noviecito sospechara de Archer.
—Dime como sanar su herida –soltó.
—No ¿qué me darás a cambio si lo hago?
—Dejaré que te marches, y no le diré a mi padre.
—Vamos, Lily, si tu padre pudiese dar conmigo –negó –podría bailarle desnudo enfrente y ni así me atraparía.
—Dime como sanar a Scorpius.
—Fácil, te lo diré, con una condición.
—Habla.
—Vamos a la habitación, sé mía, y te lo diré.
—Ni loca –soltó.
—Una última vez, y los dejaré ser felices.
—Sebastian, estás siendo tan poco tú, que dejas a la vista las mentiras, te conozco ¿recuerdas cuantas veces me dijiste lo mismo en el pasado?
—Estabas tan desesperada porque no volviera a tocarte, que sólo tengo la necesidad de que te entregues a mí, como lo hacías con él, dime, Lily Luna ¿qué tenía él que yo jamás he tenido?
—Mi amor, sin duda alguna, Sebastian.
—Estás siendo cruel, ¿y así quieres salvarlo?
La pelirroja apretó las manos en puños, frustrada por todo aquello, estaba aterrada también, pero por alguna extraña razón, comprendía que ya no era aquella niñita, a la que él podía someter, Scorpius había logrado darle la confianza en sí misma que nadie más había podido en el pasado.
—Pide otra cosa –soltó.
—Ya sabes mi precio ¿Qué tan difícil es?
—No, por el contrario, es bastante fácil, puedo desnudarme en este momento, Sebastian, pero no estarás complacido, porque sólo podrás tener un cuerpo, inerte, frío, frígido, nunca me has provocado nada, salvo dolor y sufrimiento.
—Estás siendo una niñita mala –soltó enfadado –dime ¿recuerdas el castigo de ser insolente?
La mano en su garganta se cerró más, cortando un poco el paso de oxígeno a sus pulmones, abrió los ojos, asustada, el vago recuerdo de aquella vez, donde le escuchó decir que le gustaba un compañero del colegio, casi la había matado, si Ted y James no hubiesen entrado a guardar las escobas, sin duda lo habría conseguido.
—Bueno, puedo conformarme con tenerte de nuevo, pero –bajó la voz –si solo va a ser frígido, tendré que tenerte el resto de mis días, pequeña –besó su mejilla –te llevaré, y dejaré a ese que tiene tu amor, morir lentamente en agonía –cerró sus dedos un poco más entorno a la garganta de Lily –una herida con obsidiana maldita incrustada, jamás sana –sonrió.
La besó con brusquedad. —Has perdido el toque, Sebastian –se burló cuando la soltó –pero ahora no tengo tiempo para perderlo contigo, gracias por la ayuda.
—Solo, no vayas a decirlo ¿bien? –Dijo un varón a espaldas de Keller.
—Tranquilo, creo que en habilidades de magia tenebrosa, él no podrá contigo –sonrió.
—M—
Lily entró rápidamente a la habitación, trago saliva cuando vio a sus dos hermanos ahí, bastante frustrados mientras interrogaban a una despreocupada Audrey McLaggen.
—Lily ¿dónde?
—No importa, lo único que sé, es que la obsidiana sigue en su cuerpo, y no sanará si sigue ahí.
—Genial –soltó Albus –pero aun así, no podemos sacarla, está maldita, necesitamos a alguien que pueda con esto –soltó enfadado.
—Lucius Malfoy puede –soltó Audrey, encogiéndose de hombros.
