Capítulo 8: El futuro que nos acecha: Parte II

El destello de la explosión les cegó momentáneamente, pero no pudieron detener sus avances porque los guardias les pisaban los talones. El aluvión de flechas de Varric ayudó en cierta forma, puesto que los enemigos que residían en primera fila retrocedieron momentáneamente para poder esquivar las mortíferas flechas que se cernían contra ellos.

Ali tomó un pronunciado giro en un estrecho pasillo que parecía alejarse del amplio corredor principal, sus compañeros le seguían a varios pies de distancia, intentando reducir la ola de soldados que no parecían dispuestos a rendirse. La muchacha se detuvo en seco justo a tiempo, pues frente a ella se mostraba un gran hombre que blandía una pesada hacha de hierro sobre su cabeza. Antes de que sus extremidades pudiesen reaccionar y siendo consciente de que estaban rodeados, una gran mano cálida y callosa rodeó su estrecha cintura, y en un fugaz instante se vio rodeada de los fuertes brazos de Cullen, que apretaba el ligero cuerpo de la joven contra su fornido pecho.

El corazón de Ali se aceleró al sentir la cercanía de su compañero. El mundo entero pareció desaparecer durante un instante, tan solo estaba el olor de Cullen, el sudor que recorría la piel desnuda de su cuello y la calidez de su cuerpo que emanaba como un veneno mortífero y penetraba en su propia piel.

-¡Maldita sea Heraldo! – Jadeó el comandante - ¿Puedes por favor dejar de ser así?

-¿Así como? – Bufó la muchacha, siendo completamente consciente de que los brazos de Cullen seguían reteniéndola.

-¡Una niña irresponsable y temeraria que no es consciente de que es la única cosa que nos separa de la destrucción.

Cullen al fin retiró el abrazo de la muchacha, y ésta se alejó rápidamente de él sin poder contestar, pero sin pasar por alto que el comandante se había referido a ella como una "cosa". Cassandra apareció entonces justo tras ellos, con la frente repleta de sudor y su espada cubierta por una espesa y fresca capa de sangre.

-¿Por qué os habéis detenido? – Preguntó intentando recuperar el aliento.

-Este hombrecillo de aquí nos estaba dando problemas – Cullen apuntó con su arma al cadáver inerte del guardia que había intentado cortarles el paso. A Ali le pareció divertido que Cullen se refiriese a él como "hombrecillo", puesto que uno de los brazos del guardia era casi igual de grande que su propio cuerpo - ¿Habéis solucionado el problema de la persecución?

-Casi – Asintió Cassandra – Dorian ha reunido poder suficiente como para crear una barrera de fuego, no los detendrá, pero nos hará ganar algo de tiempo y quizás consigamos despistarlos hasta que demos con Leliana.

Habia descubierto a sus compañeros maniatados, magullados y terriblemente heridos en los dormitorios de los guardias de Alexius. Por lo visto los utilizaban para divertirse en sus horas muertas, que no eran pocas puesto que el Antiguo no tenía muchos enemigos que consideraran apropiado asaltar el castillo de Risco Rojo como lo estaban haciendo ellos.

A Ali le sorprendió ver a Cullen entre sus amigos, pero éste le informó del asalto a Refugio, como habían matado a todos los miembros de la Inquisición, incluida Josephine y los recientemente reclutados Toro de Hierro, Sera, Blackwall y Vivienne. Leliana y él mismo habían sido arrastrados hasta Risco Rojo con intención de ser torturados y poder sonsacarles información de la Heraldo de Andrastre. Un dolor agudo similar al que sintió cuando se encontró con Solas en aquella celda inundó el pecho de Ali. Aquel futuro era horrible y debían evitar por todos los medios que terminase ocurriendo en su realidad. Dorian había dicho que la única forma de intentarlo era consiguiendo el amuleto de Alexius y activar su magia temporal, no era algo seguro, pero era lo único que tenían. Cassandra y los demás no conocían el paradero del maese, pero Cullen aseguraba que Leliana sí. A la mujer la arrastraron junto al comandante y durante un tiempo los torturaron en habitaciones contiguas. Por lo visto, ella conocía el castillo ya que había recorrido sus pasillos años atrás, junto con la Heroína de Ferelden.

Así que allí estaban todos, magullados, cansados y buscando a ciegas a alguien que no sabían si vivía o ya había sucumbido al mal de Alexius. Cuando todos parecieron recuperar las fuerzas suficientes para seguir, el grupo avanzó a paso rápido y en silencio por los oscuros pasillos de piedra que parecía ahogar todo rastro de esperanza.

Ali encabezaba la marcha, intentando acompasar su agitada respiración con la velocidad de sus pasos, ignorando el incipiente ardor de las ampollas de sus pies que reventaban dolorosamente con la fricción del cuero de sus estrechas botas. Sí, lo había sentido tras aterrizar en la celda de las mazmorras, y estaba segura de que Dorian también se había dado cuenta: su cuerpo había cambiado. La pechera de su armadura apretaba demasiado sus senos, y el cabello que normalmente acariciaba juguetonamente su nuca, llegaba a sus anchos hombros. No había considerado que un simple viaje a través del tiempo pudiese afectarle de aquella manera, pero por lo visto, se equivocaba.

Aquel pasillo los llevó hasta una nueva encrucijada, repleta de puertas y nuevos pasadizos eternos que parecían desembocar en ninguna parte. Tras una breve y silenciosa discusión decidieron girar hacia la derecha para seguir su camino, hasta que Cullen se detuvo en seco y retrocedió rápidamente, empujando a sus compañeros y haciendo que Ali perdiese momentáneamente el equilibro. Unos fuertes pasos de botas metálicas ahogaron sus quejas y la mirada profunda del comandante le confirmó sus miedos: un numeroso grupo de soldados se dirigía hacia su posición. La joven unió su cuerpo a la fría pared de piedra hasta el punto en que pensó que después le costaría horrores despegarse de ella. Sentía el latido de su corazón en sus oídos y la respiración agitada de sus compañeros tan solo podía ahogarse con la suya propia, los guardias se acercaban irremediablemente, y tras ellos tan solo había un largo pasillo de puertas cerradas; No tenían escapatoria.

Ali cerró los ojos con fuerza, intentando ignorar el terror que crecía en su pecho cuando las armaduras retumbaron justo a su lado, pasando de largo y siguiendo por el camino que ellos mismos habían decidido seguir momentos antes. Los bicolores ojos de la muchacha se encontraron con las expresiones triunfantes de sus compañeros al percatarse de que el peligro había desaparecido tras una de las puertas más alejadas del corredor.

-Bien, al menos nos ha quedado claro que por ahí no podemos ir – Bromeó Dorian.

-Somos demasiadas personas – Susurró Ali dándose cuenta de que, si alguno de aquellos hombres hubiese girado la cabeza, habrían sido descubiertos sin remedio – Quizás deberíamos separarnos.

-Ya, y cuando encontremos a Leliana podemos enviar ondas psiónicas para informar de nuestra posición – Bufó Varric, haciendo una mueca de dolor al recibir el golpe de Ali en el antebrazo.

-Tienes parte de razón, Heraldo – Cassandra bajó tanto el tono de su voz, que Ali tuvo que acercarse aun mas a ella para poder oír el final de su frase – Pero no debemos pasar aquí ni un minuto más del necesario. El Antiguo tiene demasiados seguidores y nosotros pocas probabilidades de hacerles frente, nuestro objetivo debería ser sacaros de aquí lo antes posible, si nos separamos tendremos menos números de poder derrotar a Alexius y devolveros al pasado.

-Yo solo digo que si ahora tenemos pocas posibilidades quiz…

La mano de Cullen tapó por completo la boca de la muchacha. Ya era la segunda vez en menos de cinco minutos que la había dejado con la palabra en los labios, y aunque le hervía la sangre porque comenzaba a pensar que lo estaba haciendo apropósito, en lo único que pudo pensar era en lo áspera y callosa que resultó ser su piel. El olor a oxido y sangre mezclada con un peculiar, único y dulce olor comenzaba a marearla. Aquello le estaba trayendo recuerdos que, desde que pisó las calles de Risco Rojo, parecían decididos a torturar sus noches de descanso. Las manos de su madre que acariciaban su cabellera antes de dormir o que controlaban la temperatura de su cuerpo al enfermarse, eran similares; callosas y con el singular olor de las toscas espadas de Ferelden. Su madre siempre reía al recordar como su familia se horrorizó al darse cuenta que la tersa piel de la joven dama había formado durezas que nunca la abandonarían, algo impropio de una noble y común en un guerrero.

Cullen no la miraba. En realidad, ninguno de los presentes se percató de la boba sonrisa que se formó en el rostro de la joven, una sonrisa que desapareció en el mismo instante en que el chirrido de una puerta resonó en el lugar, acompañado de un gemido ahogado. Ali esquivó el agarre del comandante y se posicionó justo al lado de la bifurcación, con el corazón encogido e intentando ver de dónde provenía aquella voz tan conocida. Por suerte la visión del hombre debía ser casi nula y su repentina aparición pasó completamente desapercibida porque, tras unos instantes de vacilación, reculó hasta la puerta cercana de la que había salido y la cerró con un fuerte golpe.

Ali se giró hacia sus compañeros con expresión triunfante, pero estos no compartían su felicidad.

-¡¿Es que te has vuelto loca?! – Gritó Cassandra (Si es que a susurrar con fuerza se le puede llamar gritar) – ¡¿Tan empeñada estás en morir?!

-Heraldo, se que siempre te apoyo en… Bueno, en casi todo. Pero esto ha sido…

-Yo tenía razón, Cassandra, tenías que haberme escuchado… Estamos condenados.

Ali puso los ojos en blanco mientras Dorian sonreía divertido, aunque grandes gotas de sudor brillaban en su frente.

-Sois unos exagerados - La muchacha miró a ambos lados del pasillo antes de hacer una señal con la mano para que avanzaran – No ha pasado nada, y encima hemos encontrado a nuestra maestra espía.

-¿Cómo…?

Ali acalló a Cullen situando un dedo sobre sus labios y caminó sobre las puntas de sus pies hasta dirigirse hacia la puerta donde había salido el hombre encapuchado. Apoyó ambas manos en la desvencijada entrada y sus ojos se cerraron. Debía concentrarse en el tacto de sus dedos sobre la vieja madera, sintiendo fluir la materia prima de la que provenía. Con un inaudible susurro, el agua comenzó a surgir de las astilladas tablas del portón, rodeándolo por completo mientras delgados hilos azules jugueteaban enredándose en los pálidos dedos de Ali, subiendo por sus brazos y dejando tras de sí perladas gotitas en su piel.

Cuando la magia al fin desapareció, la puerta se abrió sin el más mínimo sonido, deslizándose suavemente y dejando vía libre al discreto grupo. Ali avanzó agazapada, intentando pisar allá donde el sonido de sus pies podía ser ahogado. Sus compañeros la seguían de cerca, imitando sus movimientos y pisando allá donde ella pisaba. La oscuridad era casi total, a excepción de algúna que otra antorcha calcinada que a penas iluminaba la zona cercana en donde estaba situada. Aquello tan solo confirmó las sospechas de Ali: Aquel hombre vivía en sus propias tinieblas.

Las voces incrementaron a medida que se adentraban en la sala. El lugar parecía sacado de uno de los indecorosos libros de "amor" de Varric (50 brebajes de Graham): Armas y utensilios con mas zonas punzantes de las necesarias, estructuras con cuerdas, barras de acero y mecanismos para dar rienda suelta a la imaginación sadomasoquista (Ali estaba segura de que a Toro le habría encantado), y sangre como decoración principal de las paredes y el oscuro suelo de piedra.

A la muchacha no le fue difícil encontrarla. Estaba al otro extremo de la habitación, atada de pies y manos, sostenida en el aire de las muñecas por una larga cuerda que estaba sujeta a un gancho que sobresalía del techo. Leliana estaba irreconocible, como la mayoría de sus compañeros, pero era obvio que las torturas hacia su persona eran mas frecuentes e intensas. Las heridas que aún no habían sanado del todo se reabrían a causa de las hechas recientemente, sus normalmente llamativos ojos claros habían perdido el brillo, siendo rodeados por oscuras esferas purpuras. Sus mejillas estaban huecas, y su piel resultó una gran quemadura cicatrizada que difícilmente dejaba reconocer a la mujer que, a penas hacia un año, fue la envidia de muchas nobles de Orlais.

-Si no piensas hablar – Decía el verdugo, acariciando las innumerables herramientas de dudosa reputación que adornaban ordenadamente una pequeña mesa – Tendré que doblegarte por las malas.

-¡Antes prefiero morir! – La voz de la mujer era a penas una silaba en el viento. Indudablemente, el dolor no era solamente externo.

-Que así sea.

El hombre asió rápidamente un afilado cuchillo que situó con habilidad en el cuello de su víctima. Ali reaccionó violentamente, corriendo hacia el verdugo y golpeando su brazo con el extremo de su báculo, haciendo caer el puñal que resonó estrepitosamente en el frio suelo de piedra. Todo hubiese sido distinto si él hubiese oído el sonido de la puerta al abrirse, si se hubiese percatado del grupo de personas que avanzaban encorvadas hacia su posición, si la amenaza de su cuchillo no hubiese sido una mera advertencia… Pero su reacción fue lenta, lo suficientemente lenta para que Leliana se deshiciera del agarre de sus tobillos, lo sujetase con ambas piernas y le rompiera el cuello con destreza y rapidez.

Cassandra y Cullen esquivaron el cuerpo que yacía en el suelo y corrieron a desatar a su compañera, que jadeaba sonoramente ante el gran esfuerzo que acababa de realizar. Ali observaba atentamente las leves convulsiones del cadáver del verdugo, tragando forzosamente e intentando no imaginar lo que seria capaz de hacerle Leliana si se enteraba de…

-¡Estas viva! – La mujer avanzó hacia Ali nada mas deshacerse de sus ataduras – Veo que tenéis armas. Bien, vayamos a buscar al Maese, lo mas probable es que esté en su habitación.

Leliana esquivó a la joven y se arrodilló frente a un gran baúl oxidado donde comenzó a rebuscar y seleccionar las armas que allí se encontraban.

-¿No sientes… Curiosidad por saber cómo hemos llegado hasta aquí? – Preguntó sorprendido Dorian, ya que al resto de sus compañeros hubieron de explicarles el cómo y porque habían atravesado el espacio-tiempo hasta llegar al futuro (A Cullen tuvieron que repetírselo en varias ocasiones para convencerle de que no eran ilusiones fabricadas de su propia locura).

-No – Dijo tajante Leliana, sin mirarlos a los ojos.

-Alexius nos envió al futuro. Esto, su victoria, el Antiguo… No debería haber sucedido.

Dorian había iniciado su aclaración ignorando la negativa de la mujer, pero Ali se percató, por la mirada de ésta, que había sido una muy mala idea.

-A lo que Dorian se refiere es que podemos revertir el hechizo – Se apresuró a decir Ali – Debemos volver a nuestro presente e impedir que Alexius se haga con el control.

-¡Es suficiente maldita sea! – Bufó con ira – Y los magos no dejan de preguntarse porque la gente les teme…

Leliana se incorporó al fin, situando un enorme arco y un pesado carcaj de flechas en su espalda. Observaba a los dos magos con verdadero odio, como si ellos fuesen los culpables de aquel maldito futuro.

-Para vosotros, esto, ¡Todo esto! – La mujer extendió los brazos – Es solo una posibilidad. Un futuro que esperáis que no llegue a suceder. Pero yo he sufrido, todo el mundo ha sufrido, han muerto aliados, familiares y amigos. ¡Ha sido real!

Ali sintió como su corazón se despedazaba lentamente. Desde el primer instante en que hubo pisado aquel lugar se había dicho una y otra vez que no era real, que podían hacer que nunca pasara, que cambiarían el futuro… Pero jamás llegó a imaginarse que, para sus compañeros, sus amigos, el dolor, la impotencia, el terror… Todo aquello lo habían vivido día tras día, durante todo un año. Las lágrimas que tanto se había esforzado por contener, finalmente se desbordaron ante la mirada de los demás.

-No les culpes de esto, Leliana – Dijo Cassandra, observando como la joven intentaba controlar sus hipidos – Han venido para ayudar, no son nuestros enemigos.

La mujer no contestó, hizo un ademán con la cabeza para que el grupo la siguiera y avanzó en silencio por los pasadizos del castillo. Con Leliana la marcha fue mucho más amena y menos tensa, sabían hacia donde debían dirigirse y donde esconderse en el caso de que un grupo de enemigos se acercase demasiado. Todos estaban armados sí, pero a excepción de Dorian y ella misma, el estado físico de sus compañeros no era el apropiado para una confrontación directa, si podían ahorrar fuerzas para el encuentro con Alexius, mejor.

No tardaron en dejar atrás las habitaciones que se utilizaban como objeto de tortura y pudieron adentrarse en una zona del palacio mas viva. Pese a que el lugar seguía en condiciones deplorables y los numerosos objetos de decoración de los que el Arl tanto se enorgullecía habían sido reemplazados por desmesuradas vetas de lirio rojo. La luz natural comenzaba a iluminar sutilmente la zona y a permitir que las esperanzas de Ali augmentaran poco a poco.

Aunque aquel ligero optimismo desapareció tan rápido como la puerta que daba acceso a los jardines se cerró a sus espaldas. Los árboles, flores y demás vegetación que embellecía la tosca arquitectura Fereldena había desaparecido, en su lugar se observaba un desolado y desértico patio con raquíticos y calcinados troncos donde anteriormente debía haber majestuosos arbustos repletos de flores procedentes de todos los rincones de Thedas. El cielo era un mar de llamas esmeralda que bailaban alrededor de la ya tan conocida grieta, con la única diferencia de que esta ocupaba todo lo que alcanzaba la vista. Rocas de desmesurado tamaño flotaban sobre sus cabezas, dejando caer pequeños fragmentos que se desplomaban estrepitosamente a sus pies.

-Hacedor… - Gimió Ali tapándose la boca con ambas manos.

Avanzaron en completo silencio tropezando con los adoquines que sobresalían del camino. No encontraron ningún guardia o soldado por los alrededores adyacentes, y era obvio el motivo: El gran numero de demonios y espíritus procedentes del Velo era suficiente para alejar a los extraños.

Ali se posicionó frente a sus compañeros, decidida a que estos no formasen parte de la ofensiva y se limitaran a defender en caso de ser necesario. La muchacha alzó los brazos hacia el cielo y una gran nube purpura surgió sobre ella, un considerable número de relámpagos descendió del cúmulo y comenzó a rodear a la muchacha mientras esta preparaba su ataque decisivo: la Oleada de arco eléctrico. Con un ligero movimiento de muñeca, la tormenta serpenteó hasta sus objetivos y alcanzó a la mayoría de ellos, calcinando y matando a muchos, pero tan solo debilitando o paralizando a otros. Las sombras menores desaparecieron en su mayoría tras un pequeño estallido y dejando tras de sí un rastro de humo verde. Pero los espectros permanecieron allí, camuflando su etérea apariencia con el entorno y atacando desde el anonimato. Por suerte, la barrera de Dorian podía proteger ataques débiles de un demonio de bajo nivel como aquellos, así que Ali se concentró en su propio ataque.

La muchacha extendió ambos brazos y llamo al agua y el viento que nacían en su interior, ambos elementos surgieron de sus manos, únicos por separado, pero creando nuevos poderes si se unían. El agua que se solidificaba al leve toque del viento atravesó los volátiles cuerpos de los espectros, que desaparecían uno tras otro, sin posibilidad de defensa ni ataque. Ali sonrió triunfante mientras el hechizo de Dorian se desvanecía, permitiendo que sus compañeros se le acercasen.

-Eres fuerte – Varric le golpeó de forma amistosa la espalda – Veo que no has perdido tu toque en todo este tiempo.

-Para mi tan solo han sido horas – Ali sonrió.

-Es cierto. Conozco los hechizos que se formulan a través de los elementos primarios de la magia, pero nunca había conocido a ningún mago que utilizara su forma primigenia – Dorian volvió a mostrar aquella mirada de curiosidad y desconfianza que le había brindado en el encuentro con los soldados de las mazmorras – Es difícil de controlar y peligroso para la integridad del propio hechicero, pero…

Dorian dejó una pausa para crear expectación, y estaba funcionando porque Cullen lo miraba como si su futuro dependiera de las siguientes palabras del mago.

-Supongo que contigo, Heraldo, es diferente.

-¿Estas seguro? – Preguntó Cullen con un deje tembloroso en la voz.

-Completamente – Corroboró Dorian – La he visto utilizar un poder que para mi es impensable, y estoy seguro de que eso tan solo es la punta del iceberg.

El hombre guiñó un ojo a Ali juguetonamente, pero la muchacha no pudo corresponderle. Leliana la miraba con una expresión indescifrable, y sabía que Dorian había descubierto mas cosas de las que decía saber. Si lograban volver al pasado, debía hablar con él antes de que comenzase a indagar en algo más que sus poderes.

-Sigamos, si nos quedamos mucho tiempo aquí los demonios serán atraídos por el olor de la muerte.

Nadie mas insistió en seguir hablando y pudieron reanudar la marcha sin problemas. Tras abandonar los jardines, Leliana los llevó a través de nuevos pasillos y habitaciones. Cada vez les resultaba más difícil pasar desapercibidos debido al gran numero de soldados que parecían patrullar la zona en busca de algo o a alguien. Era obvio que su presencia allí era conocida, y si no se apresuraban, evitar una batalla sería imposible.

Cuando aquellos pensamientos se estaban convirtiendo en un susurro constante en los oídos de Ali, Leliana finalmente se detuvo frente a un desmesurado y ennegrecido portón, sin aldaba ni orificio de cerradura, lo único que llamaba la atención era un grabado en el centro de ésta que se asemejaban a inscripciones en un lenguaje desconocido, y la imagen de un cristal rodeado de espinas.

-Escritura élfica – Susurró Cassandra.

-Tras esta puerta se encuentra Alexius – Leliana apoyó ambas manos en la madera – Pero los guardias no son el único impedimento para llegar hasta él. Esto es un conjuro, y dudo mucho que haya sido hecho por el propio Alexius. Nadie ni nada puede destruir esta puerta, esta es la última barrera.

Ali no podía escuchar la voz de sus compañeros, a penas oía sus propios pensamientos. Aquella voz resonaba en su cabeza, susurrando y gritando, suplicando y ordenando. Sabía lo que debía hacer porque ella se lo indicaba, la mayor parte del tiempo podía acallarla e incluso ignorarla, pero había momentos en que rechazar aquella parte de su ser era imposible. Firme, decidida, y lo más importante: nunca fallaba.

La muchacha apartó a Leliana con un suave empujón y posicionó su mano izquierda sobre la escritura, concentrándose en su significado, en la voz de su alma:

"Sólo la elegida puede entrar"

Un fulgor verdoso iluminó la estancia.