Capítulo seis
Mientras Edward jugaba con Seth no podía quitarle la mirada de encima. Estaba segura de que tenía cara de embobada, con la boca abierta y todo. Podría jurar que hasta había un halo de luz envolviéndolo haciendo una imagen perfecta.
– ¿Cuántos hermanos tienes? –preguntó sin mirarme.
Desperté de mi ensoñación y disimuladamente toqué la comisura de mis labios por si algún hilillo de baba me delataba… ya era demasiado obvia como para que encima mi saliva quisiese jugármela.
– En realidad solo tengo un medio hermano –contesté.
Me miró confundido, y no pude evitar sonreír al ver el modo en el que se achicaban sus ojos intentando buscarle sentido a mis palabras.
– Es una larga historia… –murmuré cuando vi que no entendía nada.
– Yo tengo tiempo… hasta dentro de de unos días no me voy –y otra vez esa sonrisa… ahora no pude reprimir el suspiro y mi cara de boba, haciendo que su sonrisa se marcase más… eso era un delito, ese hombre debía estar tras las rejas por verse tan sexy…
"¡Isabella céntrate!" me gritó mi conciencia de nuevo. Me aclaré la garganta y me rasqué la frente algo nerviosa…
– Bueno… mis padres se separaron cuando yo era muy pequeña, yo siempre he vivido con Renée hasta que tuve que ir a la universidad, que vine a vivir con Charlie –le expliqué–. Cuando llevaba seis meses aquí él se casó con Sue, ella es la madre de Jake, que es un año mayor que yo. Siempre habíamos sido muy buenos amigos y ahora ya somos casi hermanos… –sonreí al recordar a Jake.
Edward me miraba fijamente, aunque Seth no había perdido totalmente su atención, cada pocos segundos lo miraba y continuaba con sus juegos.
– Cuando Sue me dijo que estaba embarazada comencé a buscarme una casa propia… esa es algo pequeña y los cinco no cabríamos ahí– concluí–. Y esa es básicamente la historia de mi vida.
– No era tan larga… –susurró cerca de mi cara.
Su aliento me golpeó y tuve que parpadear varias veces para serenarme y no saltarle encima. En serio, mis hormonas empezaban a darme miedo, estaba casi segura que al levantarme habría un charco en el banco.
– ¿Y… y la tuya? –pregunté… bueno, realmente balbuceé.
– Mi historia ya la habrás leído en las revistas… o sino busca en Google, la encontrarás con facilidad –dijo con un tono de voz extraño desviando la mirada.
Lo miré un poco sorprendida por el cambio tan repentino, unos segundos antes estaba bien y ahora tenía la mandíbula completamente tensa.
– Por lo que veo no te gusta mucho estar en el ojo público –murmuré casi para mí misma.
Me dedicó una mirada muy intensa directa a mis ojos, tanto que tuve que bajar la mía porque me sentí totalmente expuesta ante él.
– No mucho –suspiró–, pero yo he elegido vivir así… solo tengo que acostumbrarme.
– Yo no podría acostumbrarme a eso… –musité.
Me miró sorprendido y con una tímida sonrisa.
– A todas las chicas les gusta ser el centro de atención… mira a Tanya, disfruta cuando algún paparazzi le hace fotos.
– Te equivocas… –dije negando con la cabeza–. Seré rara y para nada como Tanya – eso quería dejarlo más que claro–, a mí no me gusta llamar la atención, preferiría pasar totalmente desapercibida, incluso en la universidad me da vergüenza si me miran más tiempo de lo normal.
Volvió a mirarme a los ojos con intensidad, era como si estuviese buscando algo en ellos. Aparté la mirada cuando sus labios volvieron a surcarse en una sonrisa… "¡joder Bella! Que está tu hermanito delante… no querrás dar un espectáculo en el parque, ¿verdad?" negué con la cabeza haciendo callar a mi conciencia… sí que estaba pesada últimamente.
Volví a mirar a Edward y continuaba jugando con Seth, se habían caído muy bien, Seth parecía disfrutar de sus juegos y la sonrisa de Edward era enorme. Iba a abrir mi boca para decir algo que rompiese el silencio, cuando de repente Edward desapareció de mi lado. Oí un jadeo seguido de unas maldiciones y una risa atronadora. Busqué la fuente de esos sonidos y vi que Edward estaba envuelto por dos enormes brazos llenos de músculos pegados a un cuerpo igual de musculoso. Cuando Edward volvió a estar en el suelo y se paso la mano por el pelo algo nervioso, alcé la mirada y mi respiración de cortó. Allí a nuestro lado estaba Emmett McCarthy con una sonrisa deslumbrante marcando sus perfectos hoyuelos… ¡perfecto! Ahora no solo tenía que controlar mis hormonas junto a Edward, si no que Emmett acababa de llegar para completar la ecuación: Isabella + Edward Cullen + Emmett McCarthy = Babas x suspiros + hormonas a mil por hora… en fin.
– ¡Te odio! –Gritó Emmett– ¿cómo se te ocurre dejarme venir solo hasta aquí? Esto es el fin del mundo, solo me ha faltado encontrarme con un rebaño de ovejas y ya me sentiría en la casa de la pradera.
– Emmett –gruñó Edward mirándome.
Emmett siguió el rumbo de su mirada hasta encontrarse conmigo… una sonrisa ocupó su rostro y palmeó la espalda de Edward.
– Veo que no has perdido el tiempo hermano… hasta has conseguido que las diosas bajen del cielo –dijo entre risas.
Mi rostro se tornó rojo… y Edward le dio un codazo en el estómago.
– Ella es Bella, la mejor amiga de Alice –me presentó Edward.
– No... Ella es periodista, estaba en la rueda de prensa ayer –dijo Emmett de nuevo mirándome fijamente –sí, estoy seguro de que era ella.
Mis mejillas aumentaron el tono de rojo. Torpemente me puse en pie y me acerqué hasta Seth.
– Edward… ya… ya nos veremos… adiós – balbuceé nerviosa.
Comencé a empujar la sillita de Seth por el parque, pero no pude dar más de dos pasos cuando unos fuertes brazos me rodearon extrayendo todo el aire de mis pulmones.
– No… puedo… respirar –dije entre jadeos.
– ¡Emmett! –oí gruñir a Edward de nuevo.
– Lo siento, lo siento –se disculpó dejándome en el suelo– Soy Emmett –dijo con una deslumbrante sonrisa tendiéndome una mano.
– Lo sé… yo Bella –conteste tomándosela.
– Así que… eres periodista –tanteó.
Yo desvié mi mirada al suelo volviendo a sonrojarme… ¡Maldita Alice! ¿Por qué siempre me tenían que traer problemas sus "magníficos" planes?
– En realidad es estudiante de literatura –confirmó Edward.
Nuestras miradas se cruzaron durante un segundo y me puse todavía más roja… "¡Alice voy a matarte!" por primera vez en dos días estaba de acuerdo con mi conciencia.
– ¿Y qué hacías en el hotel, haciendo preguntas? ¿Vas a escribir un libro sobre Eddy? –preguntó Emmett de nuevo.
Edward se aclaró la garganta y parecía también algo avergonzado.
– Yo… bueno… yo… ehh… yo… ¡ha sido culpa de ellos! –grité señalando con el dedo a Alice y a Jasper que se estaban acercando hacia nosotros.
Alice frenó en seco cuando me oyó gritar y su cara se puso blanca. Se acercó corriendo y me agarró de las manos.
– Lo siento Bella, no quería engañarte, pero tenía miedo, no te enfades Bella, yo te quiero mucho, eres mi mejor amiga, Bella, dime que me perdonas por favor, te prometo que te compraré lo que quieras Bella, pero no te enfades conmigo –Alice era la única persona que conocía capaz de pronunciar sesenta palabras por minuto sin pararse a tomar aire, gracias a que con el paso del tiempo aprendí a descifrar sus murmullos, si no nuestras conversaciones serían siempre unilaterales.
La miré a los ojos y juraría que estaba a punto de hincarse de rodillas en el suelo para pedirme perdón. Con cara de pánico la sujeté por los brazos para que no lo hiciese, ya era suficiente vergüenza que Emmett hubiese descubierto nuestra trampa en a rueda de prensa.
– Alice… –dije con voz dura–. Me las vas a pagar.
– Dime que quieres que haga Bella, lo haré, te prometo que lo haré –suplicaba.
Sonreí… al fin de cuentas era Alice… la pequeña y terrorífica Alice, pero mi amiga al fin y al cabo. Entendía él porque no me había dicho nada, aunque me dolía un poco su falta de confianza, pero ya hablaríamos en otra ocasión, ahora quería hacerla sufrir un poquito.
– No iré de compras contigo este sábado –dije haciendo un mohín.
Ella abrió mucho los ojos y volvió a perder el color de sus mejillas. Su boca se abrió varias veces para decir algo pero luego se cerraba.
– Está bien –masculló entre dientes.
Se acercó a Jasper sin dejar de mirarme, no me pasó por alto que su labio superior estaba temblando ligeramente… estaba nerviosa, no sabía el motivo pero la salida de compras de ese sábado era muy importante para ella. En realidad lo sospechaba, mi cumpleaños estaba cerca y seguro que quería comprarme algo. Entrecerré los ojos en su dirección y le dediqué una de mis más terroríficas miradas, o al menos esperaba que así fuera.
– No es lo que piensas –murmuró–, Bella sabes que te quiero y nunca haría nada a tus espaldas.
Mi boca se abrió en una "O" así que ahora la diablillo esa estaba planeando algo… miedo me daba…Edward comenzó a reírse, intentó disimular su risa con tos pero fue inevitable que estallara en carcajadas. Alice le dedicó una mirada envenenada, Jasper se escondía tras Alice ocultando su risa también y Emmett y yo nos miramos sin entender nada.
– Vámonos Bella –dijo Emmett con fingida indignación empujando la silla de Seth– Dejemos que los Cullen se tranquilicen… no sea que su locura sea contagiosa. Llamaremos al manicomio –gritó hacia ellos– estarán aquí en unos minutos con sus camisas de fuerza.
Miré a Emmett atónita, se llevaba a Seth y se quedaba tan tranquilo. Corrí en su dirección y mi torpeza hizo acto de presencia, tropecé y tuve que sujetarme a uno de sus brazos para no caer. Mi cara se tornó roja de nuevo.
– Mira bebé… tu mamá alumbra más que un arbolito de navidad –le dijo a Seth.
Yo rodé los ojos y Seth le sonrió.
– Es mi hermano –dije en un gruñido.
