CAPÍTULO 11

Si bien los anhelos de una niña no siempre son las vivencias de una mujer, ello no impide que se pueda cerrar los ojos y soñar con el perfecto concepto de felicidad que cada fémina contempla, desde antes de saber el significado que encierran la mayoría de las palabras. Sakura Haruno nunca esperó un príncipe azul sobre un corcel blanco, a pesar de que los cuentos que su madre le leía, le indicaban que era lo que cada princesa tenía destinado.

Ella solo anhelaba a un hombre normal, de carne y hueso, que la amara con pasión y la hiciera muy feliz. Solo esperaba el amor. En los años en que esa voz le hablaba en sueños, era muy inocente para imaginarse que se referían al amor de su vida, al hombre con el que pasaría el resto de sus días.

Creía que hacía alusión a su vida en general, a su trabajo, a su destino en sí, mas no a una persona en específico. Cuando esas revelaciones desaparecieron el día que su padre murió, sus pensamientos no cambiaron, pues nunca se imaginó encontrar el amor verdadero tan joven y de esa forma. Solo que el matrimonio no necesariamente iba ligado al amor.

Sentada en la mesa de juntas de la oficina del hombre que hacía unos momentos le había declarado, no solo un amor loco y obsesivo, sino también la guerra a su libertad, Sakura recordaba todo lo que era querido por ella. Sussana, su amiga, esa loca que siempre la estaba instando a hacer cosas que luego le ocasionaban problemas; esa que cuando la encontraba llorando por su padre la abrazaba, y sin decir palabra, dejaba que descargara todo el dolor de su ausencia; la misma que hacía algunas horas le había contado muy emocionada, que casi tenía su tan ansiada beca en las manos.

Jason, ese hombre que enamorado de su madre, la había consolado mientras la mujer lloraba en su pecho al amor perdido; ese que esperó pacientemente durante años, para mostrar sus verdaderos sentimientos a la mujer que amaba; ese que nunca podría remplazar el lugar de su padre en su corazón, pero al que quería como si de un tío cariñoso y juguetón se tratase.

En su madre y su padre no podía ni pensar, pues los sollozos escapaban nuevamente de su boca; la casa en Pana que su madre se negó a vender por el recuerdo de su padre, y que en ese momento se encontraba cerrada, decorada tal cual como lo estuvo cuando él vivía; un hombre intachable, cuyos amigos, que trabajaron a su lado por muchos años, lo lloraron en su sepelio como si una parte de ellos les hubiese sido arrancada, para nunca más ser devuelta, y del que conservaban una foto enmarcada en una de las paredes del hospital. Y por último estaba Naruto… Un fuerte estremecimiento la recorrió, y un sollozo ahogado resonó en las paredes de la oficina de presidencia.

―Mi amor, no te pongas así, tu familia estará bien. Te lo prometo ―dijo Sasuke con voz cargada de angustia, como si adivinara sus pensamientos―. Yo te haré muy feliz, ya lo verás. Sakura intentó hablar, sin embargo, las palabras se atoraron en su garganta por su propio llanto. En cambio, Eva, que no estaba en ese estado, sí logró su cometido, levantándose rápidamente de la silla junto a Sakura, se acercó a Sasuke que se encontraba recostado en su escritorio, y lo abofeteó con todas sus fuerzas.

―¡Cállate! ―Eva, que con tacones era igual de alta que su primo, lo tomó por la camisa y acercó sus rostros hasta que sus narices casi se tocaron―. He sido cómplice en tus locuras, te he guardado secretos que nadie se imaginaría nunca, pero con esto te pasaste, Sasuke, ¡te pasaste! Sasuke la tomó por los brazos y la miró fijamente.

―Te quiero, Eva, pero si tengo que pasar por encima de ti para tenerla a ella, lo haré, con o sin tu consentimiento.

Eva lo miró a los ojos por unos segundos. No entendía por qué se sorprendía por las palabras de su primo, pues en el fondo, sabía que él era capaz de todo por conseguir lo que deseaba, y en sus ojos podía ver la necesidad por la chica, que lo agobiaba hasta hundirlo en la desesperación. Empujándolo para zafarse de su agarre se acercó a Sakura, que la miraba como si no la reconociera, la tomó por los hombros para levantarla, y la arrastró hacia la sala de juntas contigua, sin voltear a mirar al hombre.

Sakura caminaba por inercia. Parte de su mente aún se negaba a aceptar la situación en la que se encontraba. Luego de que Sasuke le dijera que la amaba con toda su locura, no pudo hacer otra cosa que quedárselo mirando sin saber qué contestar. Nunca se imaginó eso de él, y mucho menos con tanta intensidad; no solo en sus palabras, sino también en su mirada. Los ojos de Sasuke reflejaban tanta angustia y necesidad, que su corazón se contrajo y su mente se paralizó.

Ese hombre estaba completamente loco, y eso no significaría un problema para Sakura si dicha locura no estuviera dirigida a ella. Lo único que pudo liberarla de esa mirada abrazadora fue Eva, que la dirigía a la sala contigua a la oficina. Necesitaba entender qué estaba pasando, por qué eso le sucedía justo a ella, por qué no a otra persona en otro lugar del mundo

. «¡Olivia!» El nombre le llegó a la mente de repente, como la respuesta a todas sus preguntas. Ella debía saber qué estaba sucediendo, y lo que más la mortificaba, cuál sería su futuro. Cuando regresó de sus cavilaciones ya se encontraban en la sala de juntas, con la puerta que daba a la oficina de presidencia cerrada. Haciendo caso omiso de la petición de Eva de que se sentara, caminó hacia la otra puerta, para ir en busca de la mujer que podía ayudarla en ese momento.

―Sakura, ¿adónde vas? Ven, siéntate. ―Tengo que ir a hablar con Olivia, ella es la única…

―Sakura, Sakura, cálmate. En ese estado no puedes estar recorriendo el edificio.

―Tú no entiendes, Eva. Ella me lo advirtió y yo no le hice caso.

―No sé de qué estás hablando, solo sé que no puedes mostrarte así ante todos ―afirmó Eva, tratando de razonar con la chica―. Imagínate qué pensaría Naruto si te ve así. A la mención del nombre de Naruto, la chica se paralizó. No podía permitir que él se diera cuenta de lo que estaba sucediendo; pues por mucho que llorara y suplicara, Naruto le partiría la cara a Sasuke―de nuevo―, y sin importarle las consecuencias, la sacaría del país antes de que el día se terminara. Haciendo caso a la mujer, se sentó en una de las sillas de la larga mesa. Eva la imitó.

―¿Por qué hace esto? ―preguntó Sakura algo más calmada, aunque gruesas lágrimas continuaban saliendo de sus ojos―. Tú tienes que saber, Eva, eres su confidente. Tú misma dijiste que lo sabías todo. ―No todo. Yo no sabía que planeaba obligarte a que te casaras con él, ¡debes creerme! ―rogó la mujer―. Yo jamás lo habría apoyado en algo así para contigo, nunca. Es cierto que sabía lo de tu permanencia aquí, solo que creí que era para tener tiempo de enamorarte, para conquistarte, no para cometer semejante estupidez.

―¿Y por qué no lo hizo? Él es un hombre experimentado, habría podido al menos intentarlo, después de todo consiguió que yo… ―Sakura se detuvo al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir, y al mismo tiempo el recuerdo la castigó con el látigo de la culpa. Cerró los ojos por un momento y otro sollozo escapó de sus labios. Si en aquella noche en el hotel de York, Sasuke hubiese querido hacerle el amor, estaba segura que se habría entregado a él sin miramientos. El solo pensar en eso le hizo odiarlo más. Eva ignoró a propósito la pausa de Sakura, pues entendía que existían cosas que ella no quería compartir.

―Ya te lo he dicho, él es un hombre que está acostumbrado a obtener lo que quiere. No me pidas que traicione a mi primo contándote cosas que solo le incumben a él; lo que sí te digo es que pasó por una experiencia muy amarga, y eso lo marcó de por vida. Estoy totalmente segura que te ama como él mismo lo dijo. Nunca ha amado a una mujer como a ti, y por lo que me ha dicho, no se podía dar el lujo de perderte, más cuando no eres de este país y pretendías irte en corto tiempo.

Quiero que me entiendas, Sakura, no lo estoy justificando, solo trato de explicarte a ti y a mí misma, el porqué de sus acciones. Sakura bajó la cabeza y apoyó la frente sobre la mesa. Se sentía cansada. En su mente todavía daban vueltas las amenazas de Sasuke, una y otra vez; todo sucedió tan rápido que no había tenido tiempo de asimilarlo por completo.

―¿Qué piensas hacer? ―preguntó Eva en un susurro. ―No tengo opción, me casaré con él.

―Sakura, no tienes que hacerlo. Yo puedo hablar con mis tíos, ellos no permitirán que algo así suceda, sé que lo podrán controlar, ya lo verás. Sakura la miró con incredulidad.

―¿En serio crees que alguien podrá detenerlo, después de todo lo que ha hecho? Eva frunció los labios y guardó silencio. Nadie podía detener a Sasuke Uchiha cuando se proponía algo.

―Entonces, ¿solo piensas ceder y ya? Sakura se incorporó en la silla. Apoyando un codo sobre la mesa, sostuvo su frente con la mano. ―Todo por lo que mi familia ha luchado durante años, está ahora en manos de un hombre sin escrúpulos y obsesionado conmigo. ¿Qué se supone que haga? ¿Sentarme y contemplar cómo todo se derrumba a mi alrededor? Eva no alcanzó a contestarle, pues la puerta que daba a presidencia se abrió, dando paso a Sasuke que enfocó su mirada en Sakura.

―Déjanos solos, Eva ―pidió con voz suave, aunque fría.

―De ninguna manera. ―Estaré bien. Si te necesito, grito. ―Sakura se sorprendió de que su sentido del humor todavía funcionaba.

―Sakura… ―susurró Sasuke luego de que su prima abandonara reaciamente la estancia. Se acercó a la silla en la que la chica se encontraba sentada y se acuclilló junto a ella―, a mi lado no te faltará nada. Te daré el mundo si así lo deseas. La chica se levantó bruscamente de la silla y dirigió a él una mirada tan llena de odio y desprecio, que Sasuke sintió que su corazón era atravesado por una daga. ―Solo prométeme, júrame que mi familia estará bien si me caso contigo.

―A tu familia no le faltará absolutamente nada, si lo haces ―aseguró Sasuke, incorporándose y mirándola a los ojos.

―No, Sasuke, tú no entiendes. ―Sakura se acercó a él lo más que su repudio le permitía―. No quiero que tu sucio dinero los toque, ni para bien ni para mal. Limítate a dejarlos en paz

. ―No tienes por qué estar tan prevenida, nena. Si tú supieras cuánto te amo te entregarías a…

―¡Ay, por favor, Sasuke! Déjate de estupideces, que si no te he arrancado la cabeza aún, es porque no sé si ya diste la orden a tus hombres de actuar. ―La orden está detenida por el momento, y será totalmente cancelada luego de que des el sí frente a un altar. Sakura se lo quedó mirando fijamente.

En ese momento, su mente perversa ideó cientos de formas de asesinarlo y dejar su cuerpo irreconocible; mientras que su mente razonable, trató de encontrar la forma de evitar un enlace matrimonial con ese hombre. Tenía que tratar de llegar a algún acuerdo con él, o al menos intentarlo. Cerró los ojos por un
momento y suspiró.

Necesitaba fuerzas para lo que iba a hacer. ―Sasuke―habló en tono conciliador, aunque por dentro el fuego de la ira la consumía. Se acercó más a él, y colocándole una mano en el pecho, lo miró a los ojos―, me deseas, ¿no es así?

―No imaginas cuánto. ―La voz de Sasuke sonó como un gemido. Sakura estiró un poco las comisuras de sus labios, rogando porque la mueca pareciera una sonrisa.

―¿Por qué no hacemos algo? ―Pegó su cuerpo más al de él, y se tragó el poco orgullo que le quedaba―. Vamos a tu apartamento y seré tuya como deseas. Puedo incluso quedarme un tiempo más y… Sasuke se apartó de ella con brusquedad. Su rostro mostraba una mezcla de indignación y disgusto.

―Yo no te quiero para una noche, ni para un mes, ni un año. ―Las manos de Sasuke temblaban vueltas puños a los costados de su cuerpo―. ¿Crees que esa es la solución? ¡¿Lo crees?! Sakura retrocedió y lo miró con los ojos muy abiertos. Había sido una mala idea decirle eso. En ese momento temió que él pudiera agredirla físicamente, y aunque ella se defendería, él era mucho más grande, y si quería, nada impediría que lo hiciera. Sasuke se acercó rápidamente a ella y la tomó por los brazos.

―¿Te entregarías a cualquiera con tanta facilidad? ―El rostro de él estaba desfigurado por la ira―. ¿Dejarías que cualquiera te tocara? ¿Que te follara? ¿Que te quitara lo que es mío?

―¡¿Y qué quieres que haga? si es la única opción que me has dejado con tus amenazas! ―Sakura se tragó su miedo y dejó resurgir su rabia―. Da lo mismo si es contigo o con cualquier otro, Sasuke. La repugnancia sería igual. Sasuke tensó la mandíbula, y sin previo aviso, estrelló sus labios con los de Sakura, y apretándola por la cintura, la besó de forma devoradora. Sakura intentó zafarse de su abrazo.

Aunque ese beso para otra mujer habría sido en extremo excitante, para ella en ese momento, y más aún luego de lo sucedido, era molesto y desagradable, y Sasuke no parecía querer soltarla. La apretaba cada vez más, y entre tanta agitación ella sintió que el aire empezaba a faltarle.

―¡Suéltala! ―gritó Eva al entrar a la sala, y tomando a Sasuke por el cabello, lo haló para separarlo de la chica.

―¡Eva, maldición! ―se quejó él por el dolor ya tan conocido, y sobre todo por la interrupción. ―Al menos déjala en paz hasta que asimile tus estupideces ―dijo Eva, abrazando a Sakura y apartándola lo más que pudo de Sasuke―. Es una chica decente, no como las zorras con las que estás acostumbrado a toparte. ―Eso lo sé perfectamente. ¿Qué quieres?

―Mi tío Jonathan está con Kendal en su oficina y vienen hacia acá.

Sasuke asintió y dio un paso hacia ellas con su vista enfocada en Sakura, que hasta el momento no había dejado de mirarlo con rabia. ―No intentes nada delante de mi padre ni de nadie de mi familia. Si bien mi madre puede darme un sermón y mi padre quitarme la presidencia, yo tengo suficiente dinero y poder como para que mis planes no se alteren en absoluto. Sin esperar respuesta, entró a su oficina y cerró la puerta.

―¿Estás bien? ―preguntó Eva.

―En la medida de lo posible ―contestó la chica limpiándose la boca con la mano. Quería borrar ese beso de sus labios y de su mente, aunque no tanto como el recuerdo de la cabeza de Sasuke entre sus piernas. ―

Vámonos para mi casa. Mi padre no está en la ciudad así que podemos estar tranquilas ―explicó Eva.

―No quiero molestarte.

―¡Ay, Sakura, no seas ridícula! Vamos para que te relajes un poco, y de paso aprovecho y me tomo el día libre. ―Sakura sonrió ante esas palabras―. Podemos incluso llamar a Naruto y decirle que te quedarás a dormir conmigo, para que no tengas que enfrentarte a él tan rápido.

―No tengo idea de qué le voy a decir ―dijo Sakura, colocando una mano en su frente. Estando un poco más calmada, un fuerte dolor de cabeza le hacía sentir los ojos pesados.

―No pienses en eso ahora. Te ayudo a recoger tus cosas y nos vamos. Les diremos a todos que te encuentras indispuesta. Sakura asintió pues no tenía una mejor idea. Ya tendría tiempo al día siguiente para hablar con Olivia. Al entrar en la oficina de presidencia vieron a los tres hombres, quienes giraron al escuchar la puerta abrirse.

―¡Oh! Si aquí está mi hermosa muñequita ―exclamó Kendal con una gran sonrisa, acercándose a Sakura. Al instante se detuvo con el ceño fruncido―. ¿Qué te sucedió? Sakura lo miró sin comprender a qué se refería.

«¿Tan mal me veo?», se preguntó a sí misma, y ya se imaginaba la respuesta. Tenía los ojos rojos e hinchados, la nariz y las mejillas parecían las de alguien con fiebre muy alta, y caminos de lágrimas secas se divisaban en sus mejillas. Kendal se acercó a Sakura, le tomó el rostro entre las manos, y la revisó con expresión preocupada.

―¿Qué tienes, Sakura? ¿Por qué llorabas? ―Solo tiene un fuerte dolor de cabeza, migraña ―explicó Eva

―. ¿No es así, Sakura? La chica asintió y le sonrió a Kendal para tranquilizarlo.

―Estoy bien, Kendal, en serio. Solo necesito recostarme un rato. ―Sakura le tomó las manos para retirarlas de su rostro y las apretó un poco para reafirmar sus palabras―. Cosas de mujeres. Kendal cambió su expresión a una de total entendimiento, y sonrió abiertamente.

―¡Uy! No necesito saber más. Mejor permíteme presentarte a mi tío Jonathan ―dijo rodeándole los hombros con un brazo y atrayéndola a su cuerpo―. Tío, te presento a mi futura esposa y madre de mis hijos, Sakura Haruno. Un leve gruñido se escuchó por parte de Sasuke, al cual todos ignoraron. El hombre mayor se acercó a Sakura y le sonrió.

―Tú eres la chica de la que Lara y Sophia no dejan de hablar ―afirmó, estrechándole la mano. ―Imagino que sí ―dijo Sakura, tratando de regalarle su mejor sonrisa. Ese hombre no tenía la culpa de lo que su hijo estaba haciendo con ella.

―Deberías ir a descansar y tomarte lo que resta del día ―Jonathan se giró hacia su hijo―. Espero que mi hijo no esté siendo muy duro contigo.

―Está siendo todo un maldito ―aseguró Eva entre dientes, para luego, regalarle una sonrisa de inocencia a su tío y abrazarse a él. Sasuke la miró con advertencia, mientras que Eva le dirigió una sonrisa claramente hipócrita. Jonathan rio. Conocía muy bien cómo era el trato entre ellos dos, por lo que ignoró los gestos y rodeó con un brazo a su sobrina.

―De casualidad, ¿no querrías acompañarla y tomarte también el día? ―preguntó, al tiempo que le guiñaba un ojo. Eva asintió sonriente y besó al hombre en una mejilla; preguntó entonces a Sakura si estaba lista para irse, a lo que esta contestó afirmativamente. Estaba deseosa de salir de ahí. Se sentía muy incómoda con Sasuke observando cada uno de sus movimientos.

―En ese caso yo puedo llevarlas ―ofreció Kendal, abrazando a Sakura y dándole un beso en la mejilla.

―¡Deja de manosearla! ―gritó Sasuke, al tiempo que rodeaba su escritorio y los separaba bruscamente.

―¡Sasuke! ―lo reprendió su padre. Lo miró con los ojos entrecerrados, como tratando de descifrar el porqué del comportamiento de su hijo. Aunque no era difícil darse cuenta de que la chica le gustaba, pues no le había quitado la mirada de encima, nunca lo había visto actuar de esa manera con ninguna otra mujer.

―¡Entonces dile que no toque lo que es mío! ―advirtió Sasuke sacando a Sakura de la oficina, mientras Kendal reía a carcajadas. Afortunadamente ni Sara ni John se encontraban en sus puestos de trabajo, porque cuando Eva supo que Sakura se dirigía a la oficina de migración, los envió a trabajar a otra dependencia, previendo lo que se avecinaba. Sasuke colocó a Sakura contra la pared, luego de cerrar la puerta de su oficina.

―Pareces un bebé llorón. ―Puedo ser lo que quieras, menos un maricón que permite que le estén acariciando a su mujer ―dijo Sasuke entre dientes.

―Yo no soy tu mujer. ―Aún. Para tranquilidad de Sakura, Eva hizo acto de presencia, y amenazando a Sasuke con ser ella quien hablara, logró sacarla del edificio y llevarla a su casa. Varios minutos después, Sakura se encontraba recostada en el sofá de la sala de la casa Lancaster. Una elegante residencia ubicada en el Distrito de Knightsbridge, decorada de forma muy parecida a la de los Stone, siendo esta un poco más pequeña y con un ambiente más moderno.

―¿Qué quieres almorzar? ―preguntó Eva, acostada en el sofá de cuero blanco del frente

―. Nos pueden preparar algo o pedir a domicilio. ―En este momento me da lo mismo comer lo que sea ―contestó Sakura con los ojos cerrados, tratando de disipar el dolor de cabeza. Eva se quedó en silencio por unos momentos, y luego con voz emocionada, se enderezó. Una estupenda idea, al menos según ella, había cruzado su mente. Varias horas después, las dos mujeres se encontraban en los mismos sofás, con la misma ropa, solo que profundamente dormidas y con varios grados de alcohol en su cuerpo.

Luego de que Sakura estuviera de acuerdo con la idea de Eva, y llamara a Naruto para avisarle dónde pasaría la noche, porque estaba algo indispuesta, pidieron pizza. Cuando ya sus estómagos estuvieron saciados, asaltaron el bar del dueño de la casa, y acabaron entre llanto y canciones de los setenta y ochenta, interpretadas desafinadamente. Habían reído con las historias vergonzosas de la niñez de Sasuke y Kendal, y llorado con el relato de la muerte del padre de Sakura y la madre de Eva.

A pesar de que el nombre de Sasuke fue mencionado varias veces, Sakura evitó pensar en lo sucedido, y más aún en lo que estaba por llegar. Solo se dedicó a pasar el momento para olvidarse de sus problemas, y deseó que Sussana estuviera ahí y poder contarle lo que sucedía, aunque sabía que eso era imposible.

Cuando sus cuerpos no aguantaron tanto alcohol, cayeron profundamente dormidas y así se encontraban media hora después, cuando Sasuke llegó para saber por qué no contestaban sus llamadas.

―Señor, llevan así una media hora ―explicó Eloise, una de las empleadas de la casa, de unos cuarenta años de edad―. Bebieron durante toda la tarde. Íbamos a esperar un tiempo más para ver si despertaban, sino, estábamos pensando que los guardaespaldas las subieran a las habitaciones.

Sasuke observó el desastre en el que se había convertido la sala de su tío: un par de botellas de whisky vacías, se encontraban tumbadas junto a los sofás; una gran caja de piza con unos pedazos sin terminar y bañados en Coca Cola, cubría la mesa de centro, mientras que los cojines estaban esparcidos por la zona

. Agradeció por un momento que su tía Lizzy no hubiese vivido en esa casa, porque con lo ordenada que era, estaría revolcándose en el otro mundo. Esa propiedad la habían adquirido luego de la muerte de la madre de Eva, pues el padre de ella no hacía otra cosa que llorarla y despertarse ebrio por las noches, llamándola.

―No se preocupe, Eloise, yo me encargo ―dijo Sasuke, acercándose a su prima―. Suba y despeje la cama de Eva, enseguida subo con ella. La mujer obedeció al instante, y Sasuke, luego de echar una rápida mirada a Sakura, tomó a su prima en brazos y se dirigió al segundo piso.

―Señor, ¿preparo una habitación para la otra señorita?

―No, ella se va conmigo. Mejor arreglen la sala por si el tío Joseph se adelanta. La mujer asintió, y entre los dos despojaron a Eva de su ropa de calle y la acostaron. Sasuke regresó a la sala de donde Sakura no se había movido, y acercándose a ella, intentó despertarla con suavidad. Al igual que Eva, no reaccionó ante el movimiento ni el llamado.

―Eloise, entréguele estas llaves a Robert y dígale que nos vamos en mi coche ―ordenó Sasuke. No quería sentar a Sakura a su lado y exponerla a un golpe con algún movimiento brusco del auto. Tomándola en brazos como si del más delicado cristal se tratase, salió de la propiedad y se subió en el asiento trasero de su auto, con ella sentada en su regazo.

El camino a su apartamento no fue muy largo, por lo que Sasuke lo aprovechó para poder observar el rostro de la chica dormida. Entre más la miraba más hermosa le parecía. Sus ojos ocultos por sus párpados, su nariz pequeña, sus pómulos, su barbilla… Todo en ella era perfecto a su vista; aunque deseaba tocarla, prefirió mantenerla lo más quieta posible. Cuando llegaron llevó a Sakura a su habitación, la tendió con delicadeza sobre su cama y se quedó contemplándola. Muchas veces fantaseó con tenerla ahí acostada.

Había llegado el momento de disfrutar de ella como deseara. Empezó a quitarse la ropa, quedando solo con sus bóxers, para continuar con la de ella hasta dejarla en ropa interior; se tendió entonces en la cama y la acercó a su cuerpo. Su intención no era satisfacer sus deseos sexuales, sino derramar sobre ella todo el amor que sentía. Como un verdadero hombre enamorado, comprendía que no se necesitaba del acto sexual en sí, para deleitarse con el objeto de su adicción.

Con la yema de los dedos empezó a acariciar el contorno del rostro de la chica. Su toque era tan suave, que, si Sakura hubiera estado consciente, creería que una suave brisa rozaba su piel. Sasuke continuó con su nariz y luego bajó hasta sus labios; los tenía resecos por el alcohol ingerido, por lo que se humedeció la punta de los dedos con su lengua, y los pasó por los labios de la chica para hidratarlos.

Luego le acarició los párpados con extrema suavidad, y observó cómo las pestañas se curvaban coquetamente. Era muy leve el maquillaje que tenía puesto, solo rímel y algo de delineador, los cuales casi habían desaparecido por efecto de las lágrimas derramadas, y todas las veces que se había frotado los ojos. Continuó con las orejas, que recorrió al tiempo que recitaba palabras de amor y obsesión

. ―Te amo. Te necesito. Eres mía, solo mía. Te deseo, Sakura. Siempre te tendré. Jamás te dejaré ir. Tu lugar está a mi lado, junto a mí, en mí. Soy tu más fiel esclavo, y tú mi hermosa reina. Todo, eso eres tú en mi vida. Tomó entonces las manos de la chica, e incorporándose en la cama las detalló, primero una y luego la otra.

Acarició todos y cada uno de los dedos, los nudillos, las líneas de la palma, como si fuera la primera vez que sus ojos veían esa parte de la anatomía humana. Acercándolas a su boca, las besó con una devoción tal, que cualquiera pensaría que ella era su diosa, y él su más ferviente discípulo. Luego, observó el cuerpo de la chica y se recreó en él. Pasó su mano por encima de este sin tocarlo, solo tratando de llenarse de su energía y vitalidad. Agachando su cabeza, repartió delicados besos por todo su cuerpo, comenzando por el pecho y bajando por el abdomen plano.

Recorrió las piernas con sus labios, y cuando llegó a los pies, besó todos los dedos, deseando que ella pudiera sentir sus roces. Hasta ese momento Sakura solo se había removido un poco, sin llegar a despertarse, lo que no impidió las acciones de él. Si alguien los estuviera viendo, se daría cuenta que no había lujuria en la actuación de Sasuke.

Solo el amor más puro reflejado en suaves caricias y besos, que prodigó al cuerpo de la mujer que se había convertido en su paz y tormento, desde el momento en que sus ojos se posaron sobre ella. La deseaba, de eso no tenía duda, pero existían muchas formas de hacerle el amor a una mujer sin llegar a entrar en ella, y él pensaba enseñárselas a Sakura, alternándolas con momentos fogosos y pasionales, en los que se fundirían en un solo cuerpo, y con los gritos del éxtasis, demostrarían sus emociones.

Cuando hubo disfrutado de poder tenerla solo para él, y sin que ella pudiera negarse, se acostó nuevamente a su lado y la atrajo hacia su cuerpo, quedando los dos frente a frente. Sakura se removió, e inconscientemente se pegó aún más al cuerpo de él, se acurrucó en su pecho y murmuró algo que Sasuke no pudo comprender.

Él sonrió, y después de besarla en la frente y repetirle que la amaba, con ella en brazos se quedó dormido. Cuando Sakura despertó el sol ya había salido en su totalidad, y unos rayos se filtraban por las cortinas de la ventana. Abrió los ojos lentamente, pues un fuerte martilleo, como tambores africanos, retumbaba en su cabeza. Su primera visión fue un techo blanco, el cual dedujo no era el de su apartamento.

Parpadeando varias veces miró a su alrededor, y se encontró en una habitación que estaba muy lejos de pertenecer a alguien de su clase social o género, porque la decoración se notaba masculina. Se incorporó y una fuerte punzada de dolor le atravesó el cerebro, entonces recordó los sucesos del día anterior: la ida a migración, las amenazas de Sasuke, la pasada de tragos con Eva.

«¡Eva!» Se le ocurrió que debía encontrarse en la casa de ella. Se recostó nuevamente sobre la almohada y el olor de las sábanas llegó a su nariz. Era un olor delicioso, a hombre excitante, sexy, varonil. Tomó la almohada entre sus manos y la pegó a su rostro para aspirar con fuerza, lo que provocó que la cabeza le doliera de nuevo, pero lo dejó pasar.

Esa debía ser la habitación de Kendal, pues solo los hombres de esa familia podían oler de esa manera; además, de que la fragancia le era conocida. Al menos estaba tranquila de no haberlo incomodado, pues sabía que él no vivía en esa casa, y su habitación la usaba solo cuando era necesario; por lo que imaginó que hacía poco había dormido allí, debido a que el olor era intenso. Incorporándose, miró hacia la mesa de noche donde un reloj indicaba las nueve quince de la mañana, torció la boca con gesto indiferente.

Sería el colmo que Sasuke le hiciera cumplir horario. Bajándose de la cama, se dispuso a salir de la habitación, cuando un hecho la detuvo: estaba en ropa interior. Revisó rápidamente con la mirada y encontró su ropa doblada sobre una silla, se dispuso a colocársela, mientras su mente trataba de encontrarle explicación al porqué de su casi desnudez. «Quizás fue Eva», pensó y esa idea la tranquilizó. Se pasó las manos por el cabello para tratar de aplacar el desorden que tenía, y abrió la puerta para salir al encuentro de la que se imaginó, debía estar en el mismo estado que ella.

«Creí que la casa era de dos plantas», pensó extrañada, mientras caminaba por el corredor y llegaba a una sala totalmente diferente a la que recordaba. Si bien en su estado no había reparado mucho en la decoración del lugar, estaba segura de no reconocer la estancia.

―Buenos días, señorita ―le habló una mujer de unos cincuenta y cinco años de edad, que la miraba con una sonrisa amable en los labios

―. ¿Desea desayunar?

―Buenos días ―contestó Sakura con una sonrisa―. ¿Eva ya lo hizo? La mujer la miró con desconcierto.

―¿La señorita Eva? No lo sé, ella no vive aquí ―dijo la mujer encogiéndose de hombros.

―¿Cómo que Eva no vive aquí? No entiendo, yo vine ayer con ella al medio día y estuvimos tomando toda la tarde.

―No, señorita, se equivoca. El señor Sasuke la trajo aquí anoche, y me dio indicaciones esta mañana que la atendiera y cubriera todas sus necesidades… ¿Se encuentra bien, señorita? Está pálida. Beth se colocó una mano en la frente, que en ese momento parecía querer estallarle.

―¿En dónde estoy? ―preguntó intuyendo la respuesta. ―En el piso del señor Sasuke Uchiha.

¿Se siente bien? Sakura jadeó como única respuesta. No podía creer que eso le estuviera sucediendo, aunque sabía que no debería extrañarse, porque a un hombre que hizo todo lo posible por tenerla en sus manos, sin posibilidad de escape, le sería muy fácil transportar a una joven ebria y dormida de un lugar a otro.

«Si me trajo aquí sin que me diera cuenta, seguramente pudo…» No fue capaz de terminar el pensamiento. Corrió de nuevo a la habitación que estaba segura era la de Sasuke, y abriendo la puerta se abalanzó sobre la cama, revisando las sábanas frenéticamente. Nada. Corrió entonces al baño, se quitó el pantalón y empezó a revisar sus bragas. Totalmente limpias. Suspiró aliviada al darse cuenta de que Christopher no la había tocado mientras dormía, o al menos no de la forma que ella más temía. ―

Señorita, ¿qué tiene? Me está preocupando. Voy a llamar al Señor.

―¡No! ―gritó Sakura saliendo del baño―. No se preocupe, estoy bien, en serio. Es solo que estoy algo desorientada.

―¡Ah! Eso es normal. El señor me comentó que la señorita Eva se encontraba en las mismas condiciones.

―Sí, supongo. Tengo que llamarla, solo que… ¿Sasuke dónde pasó la noche? ―Sabía que eran preguntas estúpidas, sin embargo, necesitaba hacerlas.

―Pues con usted, aquí en la habitación ―contestó la mujer, mirándola con extrañeza.

―Claro, no sé ni para qué pregunto. ―Entonces, ¿va a desayunar de una vez? Debería hacerlo, porque según tengo entendido no come nada desde el mediodía de ayer. Sakura asintió y la siguió a la cocina, donde desayunó unas tostadas con huevos y tocino, acompañada de una taza de té que según ella era perfecto para pasar las resacas, y cuyo efecto pudo comprobar al poco rato.

«¡Qué vergüenza! Esta mujer debe estar pensando que soy una cualquiera», pensó Sakura mordiéndose el labio. Al menos se consoló en que no la miraba con desdén, si no con ternura y amabilidad.

―¿Cuál es su nombre? ―preguntó Sakura para entablar conversación. ―Catalina, y de cariño me dicen Katy. Sakura le indicó su nombre y esta dijo que ya lo sabía.

―¿Hace mucho que trabaja para Sasuke? ―Hace treinta y dos años con sus padres. Lo vi nacer. Cuando decidió independizarse, la señora Sophia me pidió que me mudara con él para cuidarlo. Regresé el sábado de mis vacaciones.

―¿Y por qué si lleva tanto tiempo le sigue diciendo señor? ―preguntó Sakura, aunque imaginaba que en el mundo de los ricos ese tipo de confianzas no era permitido. La mujer soltó una risita.

―El señor ya se cansó de pedírmelo, pero yo le digo que debo dar el ejemplo a los demás empleados. Aquí trabaja otra chica que me colabora con la limpieza, y algunos de los otros empleados de la familia vienen algunas veces cuando son solicitados. No quiero que por querer imitarme comiencen a tutearlo.

―Entonces, Sasuke es un buen jefe.

―Toda la familia lo es ―contestó la mujer con una sonrisa―. A pesar de todo el dinero que tienen, son personas amables; incluso la señorita Eva, que a primera vista parece ser orgullosa y antipática, es cariñosa conmigo y amable con los demás empleados. Nunca ha llegado a mis oídos alguna queja sobre ellos. El señor es quisquilloso y malcriado, le gusta que las cosas se hagan a su manera o sino la tierra tiembla.

―Katy rio y Sakura frunció los labios―. Es un buen chico, solo hay que saberlo tratar. Sakura se quedó pensando en esas palabras por un momento. Lo que Katy decía era algo que ella había podido comprobar, tanto de la familia como de Sasuke. Aunque él tenía treinta años, a veces se comportaba como un niño de diez años, o de cinco en casos graves. Se notaba que Katy lo quería mucho, pues hablaba de él como si de un hijo se tratase, y por ende, para ella era fácil decir que era un buen chico.

«¿Qué pensaría de su niño si se enterara de lo que me está haciendo?» Obviamente no pensaba averiguarlo, por la seguridad de su familia y porque no quería causarle una tristeza a esa amable señora. Minutos después, buscó en la habitación de Sasuke y encontró su bolso junto a la silla en la que estaba su ropa. Llamó a Eva, quien le preguntó muy preocupada cómo se encontraba y qué había sucedido con su primo, pues le informaron que se la había llevado la noche anterior. Sakura la tranquilizó y le preguntó si iría al trabajo ese día.

―¡Claro que no! ―contestó la mujer desde el otro lado de la línea―. Mi cabeza martillea horrible y no tengo ganas de verle la cara al idiota. Tampoco pienso llamar para avisarle; él lo debe suponer. ¿Imagino que tú tampoco vas?

―No, cómo se te ocurre. El problema es que no quiero llegar a mi apartamento. No estoy lista para verle la cara a Daniel en la noche.

―¿Por qué no lo llamas y le dices que te quedarás aquí conmigo? Inventa que sigues mal y que no quieres estar sola. Te mando a Robert para que te recoja. Sakura estuvo de acuerdo y se dispuso a llamar a Naruto, al que no fue fácil tranquilizar.

―No es nada grave, solo tengo la marea roja y el malestar me está matando. Eva tampoco se siente bien y pidió el día, así que nos acompañaremos mutuamente ―explicó lo mejor que pudo. Después de todo no era tan falsa esa información, pues ninguna de las dos estaba en condiciones de trabajar ese día. Luego de que Naruto accediera a no llevarla a rastras donde un médico, esperó que llegaran por ella.

―Señorita ―llamó una joven de unos veintitrés años, de la misma estatura de ella, con el cabello cobrizo y expresión insolente. «Ahora entiendo las razones de Katy para negarse a tutear a Sasuke»―, el señor Uchiha pregunta por usted. La chica habló en tono frío, la miró con menosprecio luego de entregarle el teléfono, y se marchó sin decir más. Sakura estaba segura que los pensamientos que creía tenía Katy hacia ella, esa joven los exteriorizaba sin miramientos.

―¿Qué quieres? ―preguntó bruscamente. ―Saber cómo está mi nena. Si lo hubiese tenido en frente le habría partido la boca de un golpe, pues le habló como cualquier novio enamorado y juguetón.

―No seas imbécil, Sasuke. ¿Cómo te atreves a traerme a tu apartamento sin mi consentimiento, y acostarme en tu cama para dormir contigo? ―inquirió Sakura con rabia.

―¡Oye, no te pongas así! Te pregunté si querías irte conmigo y murmuraste algo, así que supuse que era un sí ―explicó Sasuke con voz de inocencia.

―¡Ay, por favor! No seas ridículo.

―¡Bueno, ya! No me riñas que sabes que no me gusta. Mejor paso a recogerte en un rato, te llevo a tu piso para que te cambies, y almorzamos en donde tú quieras ―propuso Sasuke remordimiento alguno. ―Sasuke no me trates como tu mujer ni como tu novia, porque no lo soy. Si por mí fuera, estaría ahora mismo del otro lado del océano siguiendo con mi vida tranquilamente, olvidándome de que existen personas tan desagradables como tú.

―Anoche no te parecí tan desagradable cuando te acurrucaste contra mi pecho ―dijo el hombre con voz sugerente. Sakura emitió un gruñido de frustración, y luego de mandarlo a comer sus propios desechos orgánicos, cortó la llamada. El teléfono volvió a sonar.

―¡¿Qué?! ―contestó furiosa.

―¿Vienes hoy? Quiero verte.

―¡No, y Eva tampoco! ―gritó en respuesta y cortó de nuevo la llamada. El teléfono no volvió a sonar. Respiró hondo para tratar de calmarse. Sasuke actuaba como si fuera inocente. «Es un descarado», pensó con desespero.

Estaba claro que para él ella era suya, y era un hecho tan natural, que no lograba entender por qué ella no lo aceptaba. Luego de despedirse de Katy, quien la invitó a regresar cuando deseara, y le pidió tener paciencia con Sasuke, fue llevada por el chofer de Eva de vuelta a la residencia Lancaster. En el camino llamó a la oficina de tesorería de UchihaWorld Company.

―Olivia, soy Sakura, la amiga…

―¡Mi niña! ―La voz de la mujer sonó angustiada―. No sé qué sucedió, pero en tu voz está implícito que las advertencias de tus sueños se hicieron realidad. Sakura se asombró por las palabras de la tía de Jerry, y le fue imposible contener el llanto.

―No llores, Sakura, ya verás como todo se resuelve. ¿Estás aquí en la empresa?

―No ―contestó ahogadamente―. No voy hoy.

―Bueno, no importa; yo también tengo muchas cosas pendientes aquí y no podríamos hablar tranquilas. Mejor ven mañana que estés más calmada, almorzamos juntas en mi oficina donde nadie nos moleste, y me cuentas qué sucedió ―propuso Olivia―. Y tranquilízate, niña, que como te dije antes, la vida nunca nos pondrá pruebas que no seamos capaces de superar. Sé fuerte y trata de no pensar en nada. Ya hablaremos mañana.

―Gracias, Olivia. Sakura cortó la llamada y se secó las gruesas lágrimas que recorrían sus mejillas. Esperaba que Olivia pudiera darle respuestas a tantas incógnitas que revoloteaban en su cabeza en ese momento. Lo mejor era seguir el consejo de ella; ya nada podía hacer para cambiar las cosas, y mortificarse más no la llevaría a algo bueno. Ese día se relajaría con Eva, y al siguiente trataría de encontrarle sentido a sus problemas.