CAPÍTULO XXXII
DISCLAIMER. Antes de empezar quiero dejar en claro que los personajes no me pertenecen, ellos son enteramente propiedad del MCU y de la mitología nórdica, yo sólo los uso para dar rienda suelta a mi imaginación.
N/A. Este capítulo es corto porque quité una parte que estaba muy larga. Díganme, ¿prefieren capítulos largos o cortos?
…
Capítulo Treinta y Dos
Llegaron con el murmullo apagado de las cigarras. La gran urbe había sido asfixiante para estas y de las miles que una vez poblaran las noches nubladas de Londres, sólo quedaban un par de centenas.
Entraron a la casa y las maletas fueron llevadas en vilo por los sirvientes que le lanzaron miradas curiosas a Loki, incluso Thor pudo notarlo. Y no los detuvo. Para ese punto su pie derecho sólo daba un paso al a par que el izquierdo porque se suponía que así debía ser.
Esta vez, cuando Sif salió a su encuentro y sus pupilas se tornaron como la Antártida, no le dio vergüenza. Lo que había en él era como una planta que por la sequía había quedado reducida a brotes secos y raíces endebles.
Su esposa no le dirigió la mirada a su nuevo inquilino así como tampoco le habló a Thrud a la que llevó del brazo a toda prisa rumbo al segundo piso. De alguna retorcida manera, encontrar que Loki se mordía el labio al notar que se le otorgaban las mismas habitaciones de antaño, lo llenó de algo parecido a los rayos del sol.
Afrontar a Sif le planteaba varias preguntas. El cómo era la más urgente a resolver pero lo único que él quería hacer era encerrarse en su recamara y no salir jamás de nuevo. Y así lo hizo. El apetito lo evadió durante varios días y aunque la puerta le fue tocada en repetidas ocasiones, no salió.
Entonces ella en un descuido de él al pedir vodka al servicio, se coló en su alcoba sólo para encontrar cada recoveco de la habitación hecha un asco. Thor podía jurar que una rata se había alojado allí mismo, viendo un lugar perfecto a su conveniencia para vivir.
Halló no odio o reclamo en los ojos de Sif, sino una especie de tristeza profunda. De seguro su barba se debía de ver horrible, con días que tenía sin rasurársela y las ojeras debían parecer crisálidas negras.
Pese a la sensación de vértigo que le provocaba el tenerla allí, el saberla cerca le llenó de un sentimiento puro de necesidad. Y como si se tratara del hijo pródigo, se dejó caer de rodillas y se abrazó a su cintura mientras dejaba escapar el veneno que lo venía infectando desde que saliera de Liverpool.
Las manos pequeñas y delgadas que se posaron en sus hombros fueron firmes y reconfortantes sí, pero no lo acariciaron o mimaron como tiempo atrás. De joven había decidido que ella era la adecuada, no porque fuera hermosa o refinada, sino porque tenía ese aire de guerrera que portaba Frigga.
Uno que proclamaba que no te dejaría en la batalla por más estúpidas que hubieran sido tus decisiones.
Así, cuando Odín había confiado en la persona incorrecta en su segunda década al frente del banco que había fundado, ella no desesperó por el bonche de deudas que habían adquirido por la depreciación del tabaco.
Como una roca permaneció allí, furiosa por dentro con la avaricia que había llevado a su esposo a cometer semejante locura, pero con la determinación de una montaña que privó a sus hijos, aún bebés, de muchos lujos.
Salieron a flote o eso es lo que Thor recordaba con sus escasos seis años y lo que su hermano una vez le había contado al respecto. Él había estado fascinado por alguien con semejante entereza y aunque al principio la doncella de Liverpool le había parecido algo sosa, por una serie de acontecimientos fortuitos había llegado a sorprenderse con su temperamento.
Jamás podría cambiar de opinión con respecto a Sif. Incluso ahora y con todo lo que él le había hecho, en su toque se figuraba el cariño que aún le tenía. Deseaba tanto corresponderle, deseaba tanto olvidar a aquel ser que lo había embrujado de tal manera que pensaba que jamás podría volver a vivir sin él, y purgarlo de su vida.
Pero no podía. Amaba a Loki de una forma tan escalofriante, que lo asustaba. Aún ahora quería que fueran sus dedos los que recorrieran sus cabellos o su garganta la que emitiera aquel tarareo calmante que estaba escuchando. Quería que ese aroma primaveral fuera de él y por eso, de golpe, se puso de pie y se alejó.
Desconcierto se dibujó en ella pero pasado un parpadeo este se convirtió en comprensión y después en molestia. Sif apretó cada puño a su costado y dando un suspiro, fijó su mirada castaña en la celeste.
—Supongo que ya estás calmado. —Con sus brazos ella misma se cobijó y dio unos pasos para quedar a un lado del rubio, viendo hacia el lado contrario del otro—. Por tu reacción inapropiada diría que ya lo sabes, así que no iré con rodeos. ¿Cómo, en tu sano juicio, dejaste que esa persona volviera a nuestro hogar? Más aún, sabiendo sus negras e indignantes intenciones para con tu hija.
—No tuve otra opción.
—Siempre hay otra opción Thor —protestó ella, girando la cabeza y viéndolo por encima de su hombro derecho—. Y más si está en juego alguien que amas.
Aquello fue como una chispa que encendió la mecha que era todo su cuerpo. El centro mismo de su ser se retorció por lo dicho y sobre todo, por el recuerdo que lo invadió con respecto a tales palabras.
—Sí y yo siempre he sido el tonto que es dejado de lado en cada elección, que con una soga es jalado de un lado a otro y que toma decisiones en la ignorancia.
—No me levantes la voz —apuntó Sif, ahora de frente a su esposo y con un dedo contra su pecho—. Lo que sea que quieras decir con este desplante, habla claro si es que deseas una explicación de mi parte.
—¡Desearía que tú me hubieras hablado claro! —Inhaló profundo para serenarse y siguió—: Desearía que me hubieras dicho sobre la absurda apuesta que le impusiste a Loki hace unos años. Desearía que por lo menos hubieras tenido la desfachatez de hacerte presente estando yo a su lado. ¡Eso hubiera deseado!
—¿Estás hablando en serio? Hice lo necesario para mantener esta familia a flote. —Un hormigueo invadió su anatomía y la hizo temblar desde su núcleo—. Si en serio fueras un buen hombre, habrías sepultado ese infame deseo antes de que te corroyera por completo. ¡Mírate ahora, reclamando por algo nimio en lugar de preocuparte por el funesto futuro de tu hija!
Casi retumbó de coraje pero lo que aquella mujer decía era cierto. Thrud era lo más importante y saber qué hacer era preciso. Debatieron hasta entrada la tarde noche sin encontrar una manera de hacer claudicar al otro de su decisión o al menos de una forma en que los beneficiara a todos o en el caso de Sif, a su familia.
Sí, Thor podía vivir con Loki en Liverpool pero ella temía por su marido. A principios de la década pasada habían salido a la luz varios casos de esta nueva enfermedad que padecía y que en su país se consideraba un delito. Además, debía admitir que el asunto debía desecharse de raíz pues si alguien los miraba, estarían acabados.
Así que no, esa no era una opción.
—No sé por qué discutimos esto, de todos modos ya no hay nada que hacer —dijo Thor, dejándose caer sobre una silla de tantas en la habitación—. Si nos negamos algo mucho peor pasará.
—¿A qué te refieres?
—La huida no es lo peor Sif. —El rubio temblaba casi como si tuviera frío en los huesos—. Lo horrible es lo que pasaría sin que estuvieran casados.
—¡Thor! —exclamó llevándose una mano a la boca, con los ojos tan grandes como lunas—. No hables de eso, no es propio de un caballero.
—Fiorella me contó que nuestra hija preguntó sobre ello.
Aquello era no sólo vergonzoso sino escandaloso. Claro que la sirvienta se había ido horrorizada por lo que su hija, según ella con voz temblorosa, le había cuestionado pues quería estar preparada de alguna manera para cuando Loki se lo pidiera. Cosa que él ya le había dicho que sucedería de no obtener la aprobación de sus padres.
El hombre alto jamás había visto a Sif romper algo pero esta vez se quedó allí mismo tan blanca como un papel que pensó que se desmayaría, para en seguida, de un manotazo, tirar un par de candelabros de bronce de la mesita circular y alta que tenían entre ellos.
Lo que prosiguió fue una especie de desconcierto por su acción y de ahí otro artículo de cualquier índole sepultado en el suelo. Tan raro era verla así que él no atinó más que abrazarla por su espalda.
Al final, ambos se quedaron cansados y juntos contra la pared. Respiraciones entrecortadas y sollozos fue lo que él pudo percibir bajo su toque. No vería el rostro de su esposa pues esta lo consideraría una afrenta. Ya no tenía derecho a verla vulnerable.
Al día siguiente Sif le entregó una misiva a Thor que había tenido guardada por lo que llevaba en la ciudad y le dio una breve explicación sobre ello.
…
Fue una partida de póker la forma en que encubrieron su reunión, aunque Hogun no entendía realmente para qué necesitaban hacerlo si ninguno de ellos escondía su amistad aún vigente con Thor.
Incluso Francis se dignó a aparecer, obviamente por el deseo de enterarse de la boca del rubio, como la mayoría quería, sobre la verdad de aquel asunto que traía a Londres en ascuas.
Volsstag y Fandral ya habían perdido más de cinco veces esa noche y él iba a tener la segunda, cuando la voz medio afónica característica de Francis intervino para contar un par de chistes. Él no creyó prudente hacerlo pero comprendía los motivos del susodicho.
Un aura gris se había posado alrededor de Thor en cuanto se había puesto a jugar y aquello ameritaba aligerar el ambiente. Claro que él sabía que Volsstag y Fandral en realidad se estaban dejando ganar, pero no entendía aún por qué.
De la misma manera que no hallaba razón para que ambos compinches intercambiaran miradas significativas. Tal vez se había perdido de algo porque ni él ni Francis parecían estar al borde de un ataque de lobos como parecían estarlo esos dos.
—Supongo que están aquí para saber la verdad, así como yo quiero entender por qué —dijo el rubio, interrumpiendo la actual partida en la que Hogun llevaba la delantera—. Ya me han contado lo básico del asunto pero quisiera oírlo de su boca.
—¿Te lo contó Magni? —Gotas gordas de sudor navegaron por la frente del pelirrojo y Fandral encendió pronto un puro—. ¿O fue…?
—Eso es irrelevante. —Ambas manos del rubio fueron en picada y chocaron contra la mesa—. Quiero saber qué locura los llevó siquiera a suponer algo semejante.
El de ojos más rasgados se rascó la cabeza para encontrarle sentido a la plática y al igual que Francis carraspeó, incómodo. Esto no era algo que ambos esperaban sucediera en la reunión.
Gracias al cielo su madre había salido.
—Yo lo dije. Volsstag me lo confesó en un mutuo acuerdo de confidencialidad pero yo en estado de ebriedad se lo solté a Emily.
—¡Es que no había nada que confesar! ¡Sif jamás me engañó!
Ahora sí, todos los presentes de la habitación estaban atentos y él casi podía encontrar divertido el que el otro que parecía haberse perdido la noticia igual que él inclinara la cabeza para escuchar mejor lo que prometía ser una buena explicación.
—Thor, yo entiendo que no querías que se supiera y es sumamente caballeroso lo que haces pero no tienes que pretender entre amigos. Sí, metimos la pata y no sabes lo profundamente arrepentidos que estamos de ello, pero como dice mi esposa: se cosecha lo que se siembra y por algo el castigo de tu mujer vino de esta forma.
El calor que emitían las candelas en aquel cuarto oscuro de pronto se hizo sofocante y el constante vaivén de los pasos dados por el servicio en el suelo recién pulido, hicieron del momento el silencio más ruidoso que Hogun alguna vez hubiera tenido la desdicha de presenciar.
Thor parecía estar perdido en su mente, como si cavilara algo. Sus ojos se perdían en la pared de detrás de él, pues estaban sentados frente a frente y por un instante, todos pensaron que algo le había pasado hasta que volvió a hablar.
—Si les dijera la verdad, ¿me creerían y prometerían que jamás saldría de este cuarto?
Contemplaron cómo la manzana de Adán de su amigo bajaba y se movía con lentitud más de dos veces seguidas. Fueron contagiados por esa nueva atmosfera en la que de repente habían sido empujados. Claro que asintieron y lo juraron, Fandral con más entusiasmo que los demás.
—El motivo que nos llevó a Sif y a mí, tomar la decisión de alejar a Loki de nuestras vidas sí radica en un acto vergonzoso pero no de mi esposa, no. —Se había puesto de pie pero aún se mantenía inclinado hacia donde un momento antes había estado jugando— Ella y yo tuvimos una pelea que nos superó pues mi hija Thrud estaba perdidamente enamorada de él y aunque en un principio lo atribuimos a una fantasía infantil, cuando ella empezó a llegar a los doce y no abandonaba dicha idea decidimos alejarla de él. Además, Loki la estaba enamorando…
Gruñidos de enfado y exhalaciones de sorpresa se hicieron presentes a su alrededor, incluyendo las suyas. Hogun no acaba de creérselo pero tampoco dejaba de sentir la indignación como si fuera propia.
En común acuerdo, todos lanzaron insultos hacia Loki, quien desde antes fuera el malo de la historia pero que ahora con una confirmación aunque fuera de otra índole, por parte de su amigo, lo parecía aún más.
—Sí, lo sé. Yo culpé a Sif por dejarlos tanto tiempo juntos a solas y por no estar al pendiente en todo momento de Thrud y ella me culpó a mí por haberle dado a Loki el rango de un pupilo pues nuestra hija había comenzado a verlo como un candidato adecuado.
—Demonios Thor eso es una locura. Tu hija es un buen partido, no debería estar con alguien tan por debajo de su clase. Me alegra que lo hayas sacado de tu hogar pero si es así, ¿por qué permitiste que volviera? —interrogó Francis.
—Era un buen partido, al menos antes de que todo esto pasara. Amo a mi hija pero reconozco que no es la persona más brillante del mundo, además de que todo se ha vuelto más caótico para variar. —Volsstag bajó la mirada ante esto y Fandral lució francamente arrepentido—. Sin que nos diéramos cuenta ese sirviente, se aprovechó de nuestra generosidad dada por segunda vez con sus estudios y trabajo. Ha conquistado a mi hija durante los años que no ha estado aquí y ahora la ha convencido de unirse a él, a cualquier costo.
Cada uno de los reunidos en torno a él, tomaron una inhalación profunda después de la declaración y la contuvieron. Aquello era la muerte social, la desdicha primigenia en la que una muchacha decente podía caer si no cuidaba bien sus pasos. Muy pocas, que supieran, vivían en condiciones favorables en la actualidad.
—Oh Dios, ¿y qué piensan hacer? —Fandral se atrevió a hablar.
—No lo sé, él usa el rumor de Sif para manipularnos a ambos y que aceptemos dicha unión.
—¡Nunca! —Volsstag se paró, embravecido—. ¡Diré la verdad! ¡Diré que a mí se me ocurrió tal disparate y por error se esparció, y tú lo negarás todo!
—Amigos —suspiró—, ustedes no me creyeron cuando lo negué al principio, ¿qué les hace creer que si quiera una pequeña parte de la oligarquía londinense va a hacerlo, en especial cuando mis más allegados se echen la culpa?
Silencio de nuevo. Parecía ya una melodía que se tocaba de acuerdo al compás que marcaba la plática. Todos estaban de acuerdo en ello y no es como si el escandaloso caso de Lady Thrud yéndose de cabeza desde niña por un don nadie fuera a ayudar en nada.
El dar explicaciones traería la misma ignominia que el callar así que si eran francos, lo único que se podría hacer para salir un poco del fango en el que la familia Odinson se había embarrado, era hacer una pantomima en la que fuera Thor quien viendo los beneficios para sus empresas, decidiera casar a su primogénita con un simple pupilo.
De todos modos, cualquier opción traería consecuencias al prestigio de la familia de su amigo y no se refería sólo a la directa, aunque estaba seguro que estar en otro continente y tener un tremendo poder amainaría cualquier habladuría.
Entonces Hogun registró cada detalle de la faz contorsionada y de los cabellos revueltos de la melena de Thor y sintió compasión. Aquello era como entrar en un laberinto y seguir dando vueltas en él sin encontrar una salida propiamente dicha. O al menos, eso era lo que podía leer en el rubio.
Se compadeció también por Volsstag y Fandral que ahora mismo parecía que estaban a punto de querer saltar de un puente. Comprendían que ellos eran los que le habían dado aquella ventaja a Loki para orquestar esa maraña de intrigas.
No podía culpar a Thor por no haberles contado antes aquello. Ningún padre querría narrar el infame comportamiento de una hija como Lady Thrud y él rezaba porque su bebé fuera más sensato que eso.
…
Si bien en un principio pensé que Loki era el villano de la historia no es así, supongo que ya habrán notado qué lo es. Por mi parte, pienso que él es más un anti-héroe.
