- Nowaki, no tiene gracia.

- No bromeo, Shinobu.- Dijo el médico.

- Pero es imposible, Miyagi y yo siempre usamos protección.- Dijo el rubio echándose a llorar. Nowaki se acercó a abrazarlo.

- Los preservativos a veces fallan.

- Esto es horrible, ¿qué voy a hacer? No puedo ser madre adolescente.

- Bueno, en nada vas a cumplir los veintidós, ya no se te considera adolescente.- Dijo Nowaki y Shinobu rompió a llorar todavía más fuerte.

- Encima me hago viejo...

- Venga no te desanimes, piensa que no estás solo. Tienes a Miyagi, nos tienes a nosotros, tienes a. . .

- No puedo contar con Miyagi, va a morir del disgusto.- Dijo Shinobu sorbiendo por la nariz.

- Seguro que no se lo toma tan mal.

- Nowaki, yo no lo quiero.- El menor apartó suavemente al médico, quien seguía abrazándole y se abrió de piernas.- Por favor, sácame a este ser.

- A ver, Shinobu, primero tranquilízate.- Dijo Nowaki cerrándole las piernas delicadamente.- El embarazo ya está bastante avanzado pero aún estás a tiempo de abortar, si eso es lo que quieres. Tienes hasta la semana catorce para abortar, así que yo te recomiendo que lo pienses durante unos días y ya me dices. ¿De acuerdo?

- Está bien.- Asintió Shinobu más tranquilo.- Por favor, no se lo cuentes a nadie. No quiero que nadie me juzgue cuando. . .ya sabes.

- Nadie te va a juzgar, Shinobu.- Le dijo Nowaki.- Pero te prometo que no se lo diré a nadie.

- Gracias.

- Te acompaño a casa.- Le sonrió Nowaki.

- ¿No tienes más pacientes?

- Algún compañero me puede cubrir durante un rato.

- Muchas gracias, porque ahora mismo me tiemblan hasta las piernas.

Nowaki le acompañó a casa y Shinobu le pidió que se quedara hasta que Miyagi recibiera la noticia, pues el rubio se sentía más tranquilo si había algún médico cerca.

- ¿Cómo ha ido la ecografía?- Preguntó Miyagi al escuchar la puerta. Caminó hacia la entrada y se sorprendió al ver al médico allí también.- Hombre, Nowaki.

- Hola, Miyagi. Shinobu tiene algo que decirte.

- No te habrá rayado el coche, ¿verdad?- Bromeó Miyagi y comenzó a preocuparse al ver que su novio no reía.- Shinobu-chin, ¿qué pasa? ¿A qué viene esa cara?- El rubio rompió a llorar y se abrazó al profesor, quien le rodeó con sus brazos. Miyagi miró a Nowaki en busca de algún tipo de explicación.- ¿Su padre ha descubierto que es mentira? ¿Es eso?

- No, se lo ha creído.- Suspiró Nowaki.- No ha sido complicado hacerle creer que hay niño porque Shinobu está embarazado de verdad. Está de dos meses y medio.

- Imposible...- Murmuró Miyagi.- Usamos condón siempre.

- Pienso demandarles.- Dijo Shinobu sin parar de llorar. Miyagi le atrajo más hacia él y le dio un beso en la cabeza.

- Shinobu-chin, tranquilo...

- Ya le he explicado que está a tiempo de interrumpir el embarazo.- Dijo Nowaki.- Aún tenéis unas semanas para pensarlo.

- De acuerdo.- Asintió Miyagi sin soltar a su pareja.- Muchas gracias por todo, Nowaki.

- De nada.- Sonrió el médico.- Cualquier cosa llamadme.

- Mi amor, por favor, deja de llorar.- Dijo el profesor una vez Nowaki se hubo marchado.- Todo va a salir bien. Si quieres tenerlo lo tendrás y si quieres abortar, abortarás y yo estaré a tu lado pase lo que pase.

- ¿Tú qué quieres?- Dijo Shinobu alzando la vista para mirarle.- ¿Quieres que lo tenga o que aborte?

- Eres tú quien va a pasar por ello, no yo.

- Pero tú eres el padre...

- Shinobu, eres lo que más quiero y solo me importa que seas feliz. Si tenerlo te va a hacer feliz, yo también lo seré.

- ¿Y si lo que me hace feliz es no tenerlo?

- Si eso es lo que te va a hacer feliz, ya sabes que tienes todo mi apoyo. Te amo, Shinobu.- Miyagi le alzó ligeramente la barbilla y le besó.


Misaki se encontraba haciendo un bizcocho para que merendara su hijo cuando sintió unas manos posarse en su cadera y una boca atacar su cuello.

- Usagi-san, estoy cocinando.

- Pero si no te molesto.- Dijo Akihiko mordiéndole suavemente el cuello.- Es más, sé que te encanta.

- Nao-chan...

- Está haciendo la siesta. No se va a enterar de nada.

- Espera que meta el bizcocho en el horno.

- No.- El escritor introdujo su mano dentro del pantalón de Misaki y comenzó a acariciar su hombría, despertándola.

- En la cocina no, espera un poco que...- Akihiko le calló con un beso mientras le masturbaba. Misaki cerró los ojos dejándose llevar y dio media vuelta para quedar de frente al escritor.- Usagi-san...

- Dime que te encanta que te toque.- Le susurró Akihiko al oído y a Misaki se le escapó un gemido.

- Me...me encanta...

- ¡Mamiiiiii!- Escucharon unos pequeños pasos yendo hacia la cocina y Misaki, de manera impulsiva, le dio un fuerte empujón al escritor, quien de no haberse agarrado a la encima hubiera acabado en el suelo. El estudiante se colocó bien la ropa y sonrió al ver entrar a su pequeño.

- ¿Qué pasa, cariño? ¿No quieres dormir más?

- Eso, Nao-chan, es hora de dormir...- Dijo Akihiko y le tendió una mano al niño, con la intención de llevarle de vuelta a su dormitorio. El pequeño negó y apartó la mano de su padre para ir hacia Misaki, quien se inclinó para coger al pequeño en brazos.- Los niños buenos duermen la siesta.

- Huele bien.- Comentó el pequeño.

- Estoy haciendo un bizcocho para la hora de la merienda.- Le informó Misaki.

- ¿De choco?

- Sí, cariño.

- ¡Bien!

- Pero el bizcocho es solo para los niños que hacen siesta.- Dijo el escritor.

- Yo he dormido.- Le dijo Naoki.

- Pero tienes que dormir más.

- Usagi-san, ya no tiene ganas, déjalo.- Dijo Misaki y Akihiko frunció el ceño.

- Pero si Nao-chan está muy cansado, mira cómo se le cierran los ojitos.

- No, estoy bien.- Dijo el niño todavía en brazos de su madre.

- ¿Quieres que papá duerma contigo?- Se ofreció Akihiko y el niño negó.- ¿No? Me pondré muy triste si...

- Usagi-san, no seas pesado.- Le dijo Misaki.- Ya dormirá a la noche.

- Aún queda mucho rato para eso.- Murmuró el escritor.

- ¡Voy a ver una peli!- Anunció el niño sonriente y Misaki lo dejó en el suelo. El pequeño salió corriendo de la cocina, dejando a sus padres a solas.

- Amo a mi hijo con locura pero a veces sobra.

- Usagi-san, no digas eso.- Le dijo Misaki metiendo el bizcocho en el horno.

- Es la verdad, echo de menos hacerlo en cualquier parte de la casa.- Se quejó el escritor cruzándose de brazos.- Ya solo lo podemos hacer por las noches y en la habitación, es aburrido.

- Vaya, gracias.

- No lo digo por ti, tú eres increíble.- Le dijo Akihiko abrazándole por la espalda.- Pero estamos cayendo en la rutina.

- Lo he estado pensando y creo que deberíamos pasar un fin de semana juntos.- Dijo Misaki sonrojado.- Ya sabes, nuestro aniversario fue hace un par de semanas y no lo pudimos celebrar.

- Cierto.- Sonrió el escritor y Misaki se giró para mirarle a los ojos.- Cinco años juntos.

- Sí, cinco años.

- Hace cinco años que me declaré y tú saliste corriendo.

- Cállate, ¿vas a recordármelo siempre?- Dijo Misaki avergonzado, haciendo sonreír todavía más a su pareja.

- Misaki, te amo.- Dijo Akihiko.

- Y yo a ti, Usagi-san.


Aquel sábado, como muchos otros, habían quedado todos en la vivienda de Misaki y Akihiko para cenar. Se encontraban ya sentados en la mesa, cuando Kane salió de la cocina con dos botellas de vino.

- Shinobu, este vino te va a hacer el culo agua limón. Sentirás un orgasmo al...

- No, gracias, no me apetece.- Dijo el rubio y Kane le miró con semblante serio.

- Se me acaba de caer un mito...

- Kane, trae el vino que yo sí que quiero probarlo.- Le dijo Akihiko y el abogado le tendió el vino.

- Shinobu, venga, prueba un poco. Me ha costado una pasta.- Le dijo Kane.

- Que no quiero.

- Pero si es muy bueno.

- Kane, no seas pesado.- Le dijo Nowaki con una sonrisa.

- Pero es que lo he comprado pensando en él. Shinobu es mi alma gemela en cuanto a beber como marineros.- Dijo Kane.

- Déjalo estar, no le insistas más.- Le dijo Satoru.

- Lo dices como si fuera cansino.- Le dijo Kane a su novio.

- Lo eres.- Afirmó Hiroki.- Entonces es el fin de semana que viene cuando os vais, ¿no?

- Sí.- Respondió Misaki.- De todas formas no vamos a salir de la ciudad, por si pasara algo.

- Misaki no quiere estar lejos de Naoki.- Dijo el escritor.

- Oye, que fue idea tuya. Yo quería ir de turismo rural.

- Hiro-san y yo conocemos un hotel muy mono, ahí secuestramos a Chiqui.

- Lo recuerdo.- Dijo Akihiko.- Os presté mi coche y metisteis una gallina. Ni olvido ni perdón.

- Ya me perdonaste.- Le dijo Hiroki.

- Pero qué rencoroso eres, Akihiko.- Rió Kane.

- ¿Y no pensáis salir de la ciudad? Deberíais aprovechar.- Dijo Miyagi.

- Exacto, ya se sabe que los hijos matan la vida de pareja.- Comentó Kane.

- ¿Qué sabrás tú de eso?- Le dijo Hiroki.

- Pues que ya casi ni se os oye y tú siempre has sido muy escandaloso, Hiroki.

- ¡Tendrás valor!- Exclamó Hiroki.- ¡Para escandaloso tú, que cualquier día me vas a traumatizar a Haru-chan!

- Lo que pasa es que te da envidia mi vida sexual.- Dijo Kane.

- Hiro-san no tiene nada que envidiar, está muy bien servido.

- Papá, ¿me has llamado?- Dijo Haruki saliendo del cuarto de juegos de su amigo.

- No, cielo, solo le estaba gritando a Kane. Sigue jugando.

- Has dicho su nombre y ha dejado de jugar para ver qué querías.- Dijo Misaki impresionado.- Si Nao-chan está jugando le tengo que llamar unas siete veces para que me haga caso.

- Es solo así con Hiro-san, a mí me suele ignorar.- Sonrió Nowaki.

- Resumiendo, tener hijos es un coñazo.- Dijo Kane.- Aquí los más inteligentes somos Shinobu y yo, que no hemos dejado que nos preñen.

- Voy a salir un poco a que me dé el aire.- Dijo Shinobu poniéndose en pie.

- ¿Quieres que te acompañe?- Le preguntó Miyagi.

- ¿Te encuentras mal?- Preguntó Nowaki y Shinobu negó.

- Estoy bien, no os preocupéis. Estaré un rato en la terraza.

- ¿Quieres una manta? Ya empieza a refrescar.- Le ofreció Misaki.

- No, gracias.- Dijo Shinobu saliendo a la terraza.

- Oye, ¿pero tú no querías tener hijos?- Le preguntó Satoru a Kane.

- Por supuesto. Es más, quiero doce.- Dijo Kane.

- Pues conmigo no cuentes, yo como mucho un par.- Rió Satoru.

- Pues te dejo.

- No puedes amenazarme con dejarme siempre.

- ¿Pero cómo te voy a dejar? Si no paro de pensar en llegar a casa para poder sentarme en tu cara.- Dijo Kane abalanzándose sobre él para besarle.

- Kane, guarradas en la mesa no.- Le dijo Akihiko.

- Yo no acabo de acostumbrarme a esto...- Murmuró Misaki.

- Ni tú ni nadie.- Dijo Miyagi.

- A mí me parece muy bonito, tienen mucho amor que darse.- Sonrió Nowaki.

- Pues tanto amor en nuestra casa no cabe, tendrán que buscar un sitio para ellos dos.

- Hiroki, no te emociones que llevamos saliendo solo dos semanas.- Le dijo Kane dejando de besar a su novio.- Además, en el momento en que Nowaki corresponda mis sentimientos, dejaré a Sato-chan.

- ¡Deja de decir gilipolleces, so burro!

- Hiro-san, está bromeando.

- No sé yo.- Comentó Akihiko.

- ¿A ti no te ofende?- Le preguntó Miyagi a Satoru.

- No, sé que eso no va a pasar jamás.

Shinobu salió a la terraza y se sentó en el suelo. Se había comenzado a sentir agobiado ahí dentro. Los días pasaban, el tiempo se le acababa y seguía sin saber qué hacer. Sintió que los ojos se le humedecían y estuvo a nada de echarse a llorar, pero dos vocecitas le sacaron de sus pensamientos.

- Yo estaré cocinando como mi mami, ¿vale?- Distinguió la voz de Naoki, que salía por la ventana de su cuarto de juego y que daba a esa terraza.

- Pues yo soy médico como mi papi y vengo de trabajar.

- Vale, yo estoy en la cocina. Llegas de trabajar y me tienes que saludar con un beso pero no de verdad, ¿vale? Hazlo de mentira.

- ¿Cómo es un beso de mentira?- Preguntó Haruki.

- Pues te acercas a mí y dices muac.

- Vale.

Shinobu sonrió al escuchar aquello, se puso en pie y se asomó por la ventana.

- Niños, ¿a qué jugáis?

- A papás.- Respondió Naoki.- ¿Quieres jugar?

- Claro.- El rubio entró por aquella ventana dando un pequeño salto y se acercó a los niños.

- Shinobu puede ser nuestro hijo.- Le dijo Haruki a su amigo.

- Sí, será el bebé.- Sonrió Naoki ilusionado por tener un compañero más de juegos.

- ¿Entonces qué tengo que hacer?- Preguntó Shinobu.

- Llorar y comer la papilla.

- Como Miyagi en unos años...- Murmuró Shinobu sentándose en el suelo.

- Empecemos.- Dijo Haruki y dio dos pasos hacia atrás.- Esto es la puerta.

- Tienes que abrir con la llave.- Le dijo Naoki y su amigo asintió.

- ¡Click!- Exclamó Haruki haciendo como si abriera.- Cariño, ya estoy en casa.- Shinobu se tapó con una mano la boca para que no le vieran reír.

- Hola, marido.- Dijo Naoki y Shinobu no pudo contener una carcajada.- No te puedes reír, eres un bebé.

- Lo siento.- Dijo Shinobu intentando parar de reír. Haruki se acercó a su amigo y le abrazó.

- ¡Muac!

- ¿Eso ha sido el beso?- Preguntó el rubio todavía riendo y Haruki asintió sonriendo.- Me habéis alegrado el día.- Murmuró Shinobu y se quedó unos segundos callado mirando a la nada.- No me gustan los niños pero vosotros sois muy tiernos, siempre me hacéis reír.- Dijo el estudiante más para sí mismo que para los pequeños.- ¿Sabéis qué?

- ¿Qué?- Preguntó Haruki sin borrar la sonrisa.

- Voy a tener un bebé.- Los niños le miraron sorprendidos y luego comenzaron a gritar emocionados.

- ¿Lo tienes ya en la barriga?- Preguntó Naoki.

- Sí, desde hace tres meses pero todavía no se nota mucho.- Dijo Shinobu y se levantó la camiseta.- ¿Lo veis? Está un poco abultado pero casi no se ve, tenéis que fijaros.

- ¿Podremos jugar con él?- Preguntó Haruki.

- Claro, seréis sus primos mayores.

- ¡Voy a decírselo a mi mami!- Exclamó Naoki muy emocionado y salió de la habitación corriendo. Haruki se sentó en el regazo de Shinobu y posó una mano en su barriga.

- ¿Cómo se llama?

- Todavía no lo sé, lo pensaremos cuando sepamos si es niño o niña.

- Yo cuidaré del bebé.- Le dijo el pequeño sonriente.- Jugaré con él y le daré de comer.

- ¿De verdad? ¿Harás todo eso?- Sonrió Shinobu acariciando el pelo de Haruki.

- Sí. También le dejaré mis juguetes.

- Eres muy amable, Haru-chan.

- ¡MAMIIIIIII!

- ¿Qué pasa?- Preguntó Misaki preocupado y todos se callaron para ver qué quería el niño.

- ¡SHINOBU TIENE UN BEBÉ EN LA BARRIGA!

- No, cariño, lo siento pero eso era una mentira.- Le dijo Misaki sonriendo.- No va a tener un bebé.

- Sí que tiene un bebé, me lo ha dicho.- Dijo Naoki frunciendo el ceño.

- Nao-chan, no es cierto que...

- Sí que lo es.- Dijo Miyagi llamando la atención de todos.- Está de tres meses.

- ¿Shinobu está bombo de verdad?- Sonrió Kane y Miyagi asintió. Kane se puso en pie y fue corriendo a la habitación donde se encontraba el embarazado.

- Enhorabuena, Miyagi.- Le dijo Misaki sonriendo.

- Gracias.

- Sí, enhorabuena, los niños dan mucha alegría.- Dijo Hiroki.

- ¿Y te hace cosquillas?- Le preguntó Haruki a Shinobu, haciéndole reír.

- No, todavía no siento nada.- Respondió Shinobu mientras el niño seguía acariciando su ligeramente abultada barriga. Kane entró corriendo.

- ¡Estás preñado!

- Sí.- Asintió el rubio.

- Ya decía yo que era muy raro que me rechazaras alcohol.- Comentó Kane.

- Qué fuerte, vas a tener un bebé.- Dijo Misaki entrando junto con los demás.- Parece que fue hace nada cuando compartíamos habitación en el internado...

- ¡Yo también quiero tocar!- Exclamó Naoki acercándose a Shinobu.

- Niños, no le agobiéis.- Dijo Akihiko.

- Nao-chan y yo cuidaremos del bebé.

- Lo tendré en cuenta.- Rió Miyagi y Shinobu le miró esperando ver alguna reacción sobre la decisión que había tomado. El profesor le devolvió la mirada y le guiñó un ojo sonriendo, Shinobu sintió que se le quitaba un peso de encima.

- ¿Y por qué no habías dicho nada?- Le preguntó Satoru sonriendo.

- No he tenido síntomas ni nada, me enteré hace un par de semanas cuando fui a la ecografía falsa.- Explicó Shinobu.- Y como no tenía claro si iba a tenerlo, decidí no decir nada. Pero voy a tenerlo.

- ¿Puedo ser el padrino?- Preguntó Kane.

- Tú ya eres el de Haru-chan, ahora me toca a mí.- Dijo Satoru.

- Shinobu, ni se te ocurra hacer padrino a Sato-chan, sería una gran putada para el niño.

- Kane, esa boca.- Le dijo Nowaki.

- Pues seguro que sería mejor padrino que tú.- Dijo Satoru.- ¿Qué le regalaste a Haru-chan en su último cumpleaños? Ah, sí, absolutamente nada.

- ¡Serás ruin, estaba en paro!

- Pues ahora bien que cobras y todavía no le has comprado nada.

- Creía que ahora que son pareja no discutirían tanto.- Comentó Misaki.

- Pues están así todo el día, menos cuando se besan y porque entonces están callados.- Suspiró Hiroki.

- Shinobu, si te pasas esta semana por la clínica es posible que ya te pueda decir el sexo del bebé.- Dijo Nowaki y el rubio le miró sorprendido.

- ¿Tan pronto?

- Sí, si está bien colocado se puede ver y sino, con una analítica te lo podré decir con seguridad.

- No, a mí no me pinches.

- Shinobu, cuando salga de tu barriga yo le daré un beso y Haru-chan también.- Dijo Naoki.- Y podrá venir a la guarde con nosotros porque Haru-chan y yo somos mayores y le podemos cuidar.

- Muchas gracias, Nao-chan.- Sonrió Shinobu.- Pero los bebés nada más nacer son muy aburridos.

- Este no.- Dijo Haruki.

Shinobu llegó a su casa agotado y, nada más ver el sofá, se tumbó sobre él. Miyagi le dio un beso en la frente y volvió a salir a la calle.

- Viejo, ¿dónde vas?- Preguntó Shinobu.- No habrás decidido ir a por tabaco ahora que quiero tener al bebé, ¿verdad?- El rubio no obtuvo respuesta pero un par de minutos más tarde, Miyagi entró en la vivienda con una bolsa y un cochecito de bebé. Shinobu le miró sorprendido.- ¿Y eso?

- Es de cuando tu hermana me hizo creer que estaba embarazada de mí, fui yo quien pagó por todo esto y no pensaba dejar que se quedara con las cosas.- Respondió Miyagi.- Lo he tenido guardado en el trastero desde entonces. Pensé en venderlo porque no queríamos tener hijos pero sabía que tarde o temprano algo así nos pasaría.

- Menos mal que no lo vendiste.- Sonrió Shinobu.

- Lo malo es que es todo rosa, así que como tengamos un niño...

- Pero qué rancio eres.- Le dijo Shinobu.- ¿No sabes que ahora todo es unisex?

- ¿No te importará llevar a un niño en un cochecito rosa?

- Miyagi, por favor, qué masculinidad más frágil tienes.- Comentó Shinobu y el profesor resopló.

- Encima...

- ¿Estás contento?- Preguntó el rubio.- ¿Era esto lo que querías?

- Después de dos semanas te veo tranquilo y relajado, no puedo estar más feliz, Shinobu-chin.- Respondió el profesor acercándose al menor para besarle.