Días soleados.

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-Ves, Ramón, yo podría tener los hijos que quisiéramos, seriamos una familia feliz. – Alegremente comento Poppy.

-Ay, por favor, yo también podría hacer eso, tendríamos una gran y lujosa boda, con cientos de invitados y después si quiere, luego de un rato, nos conseguimos una de esas bendiciones no deseadas, junto con una encantadora niñera asiática, son maravillosas, cuidaran tan bien de esa cosa que ni recordaremos que tenemos una. – le dio como opción Antony.

-Lo de la boda suena bien… pero, el resto. – A Ramón no le gustaba como sonaba, él deseaba ser un buen padre, no uno como aquellos que los tienen y nunca los veía.

-Eso es, centrémonos en la boda, será increíble, ya verás, tan maravillosa que ninguna otra excusa de persona. – dijo mirando a Poppy. – Podría superarla. –

-Ni siquiera lo intentaría, tan progresista te presumes y piensas en algo tan anticuado, ¿una boda? Esas sí son estupideces, yo no necesito un bobo papel que me diga que, a quien y desde cuando amo a alguien. – comento Poppy.

Ramón veía a ambas partes pelearse por él, simplemente no quería decirle que sí o no a cualquiera de los dos, aun no sabía a quién amaba en realidad, por la parte del sexo, ambos, se podría decir, estaban a la par, en cuanto afecto, Antony lo había decepcionado y a Poppy apenas le daría una verdadera oportunidad, por compatibilidad, el modelo había sido su pareja estable por casi cuatro años, donde su química fue perfecta, mientras que con la chica, todo era un desastre, aunque siendo honesto consigo mismo, eso no le molestaba tanto, pero, por cuanto tiempo podría estar así.

-No puedo creer que me engañes con este tipo de persona. – escucho que le reclamo Antony.

-Él no te está engañando, tú si lo engañaste a él, además, tú que lindo, pudiste salir con ambos y ahora te crees que puedes decidir, bien por ti, pero ahora mismo Ramón pasa por algo similar y tienes el descaro de exigirle que te escoja, sin darle al menos algo de tiempo para pensar. -

-Niña, no tiene nada que pensar, él me ama solo a mí, ¿Cierto? ¿Ramón? –

El pobre estaba aún más confundido, con sus pensamientos ahogándolo, tenía que vaciar su cabeza de algún modo, Antony en un principio pensó que Ramón solo tenía a esa chica ahí para divertirse, pero al notar su tención, comprendió que estaba envuelto en un triángulo amoroso, igual como en el que estuvo con Marc.

-Oh… ya entiendo, no es solo sexo. – dijo el modelo.

-Gracias por al fin entender. – le comento con sarcasmo Ramón. – deberías de irte. – agrego.

-¿Y dejarte con ella ahora que sé que puedo perderte? Ni loco. –

-Si no te vas ahora y por las buenas, llegara mi hermano y te sacara por las malas. – Amenazo.

-¿Y por qué haría eso? –

-Sabe lo que paso entre nosotros aquella noche y créeme, tomara venganza en cuanto pueda, si estás aquí cuando él llegue, ni creas que te defenderé. –

-Claro que lo harías, te conozco. –

-¿Quieres comprobarlo? – pregunto con tono de amenaza.

Antony sabia por lo poco que le dijo Ramón que su hermano sin dudas podía fácilmente acabar con tres musculosos hombres de un par de golpes, que estaba loco y no razonaba muy bien, adoraba el caos, le gustaba la venganza y sabia como ejercerla, pensó que entonces fue muy suertudo al no estar él presente, no se quiso arriesgar

-Bien, me voy, por ahora, pero seguiré intentándolo. – El modelo saco un bolígrafo y anoto algo en el antebrazo de Ramón. – Ten, es mi número de teléfono, no lo pierdas y en cuanto te regrese la razón a la cabeza, llámame, si sabes lo que te conviene. – Antony salió, volteándole la cara a Poppy y cerrando dramáticamente la puerta corrediza, no habían pasado ni dos segundos cuando regreso. – Olvide mis cosas. – menciono tomando el ramo, el anillo, el champagne y las copas. – No voy a dejar que disfrutes de mis cosas con esa zorra. – antes de irse miro por última vez la entrepierna de Ramón. – Disfrútalo porque será la última vez que lo tengas. – le dijo a Poppy para finalmente irse.

El silencio reinaba de nuevo luego de esa inesperada aparición, estaban ambos sentados en el sofá, uno a lado del otro sin mirarse ni decir nada. Ramón estaba cruzado de brazos, pues nunca antes se había sentido así, Antony seguía dando vueltas en su cabeza, pero Poppy sin ningún afán se metía y robaba cada vez más espacio en su corazón. Su padre le dijo que, si estaba enamorado y se volvía a enamorar, era porque realmente jamás amo a la primera persona. Ahora ella era la que lo volvía loco, pero estar ese breve momento con Antony lo hizo dudar, además, sería una relación más estable y segura, la razón y el corazón iban en direcciones contrarias. En cuanto al sexo, los dos estaban bastante bien, aunque no podría decirlo por completo de Poppy, no recordaba haberlo hecho con ella, y esas pequeñas muestras, tenía que admitirlo, eran más calientes que cualquier revolcón con su ex.

-Oye… ¿En qué piensas? – Pregunto Poppy al verlo tan perdido en la nada.

Ramón un tanto taciturno volteo a verla y sin ninguna gana le contesto.

-En nada en realidad. –

-Pues, por lo que acaba de pasar, me supuse que estarías pensando en miles de cosas, como en ese chico… es muy guapo, se veía aún más guapo de aquella vez que lo vi en el pasillo, ¿sabes? Puedo reconocer, ahora que ese odioso se fue, que tienes buen gusto. - comento sonriéndole.

Ramón la miro extrañado, como podía elogiar a alguien e insultarlo en la misma frase.

-Pues no es tan perfecto como se ve por fuera. – le contesto sin ningún motivo en particular, pero eso parecía ser lo que buscaba la chica.

-¿Ah sí? ¿Quién podría pensarlo? – pregunto de manera sobre actuada. – digo, ¿Qué cosa podría volverlo imperfecto? ¿Tiene malos hábitos? ¿Es malo escuchando? ¿Es terrible en sus horarios? –

-Para tu desdicha. – le contesto entendiendo cuál era su fin. – Es perfecto en todo eso. – le presumió.

-Pues yo creo que es un mentiroso, te engaño y tiene el descaro de decir que fue cuando "estaban distanciados". –

-Es que si lo estábamos. –

-¿Perdón? Eso no puede ser, ustedes… ¿se dieron un tiempo? –

-No, nada de eso. –

-Entonces, ¿Qué paso? –

-Bueno, es que… él y yo, estábamos… fue una grandiosa noche. –

-Aja… - dijo algo malhumorada la chica, sus celos le parecieron tiernos.

-No termino bien. – comento desanimado, captando la atención de Poppy. – Yo ya tenía la idea de casarme y tenía miedo de que dijera que no, solo… quería complacerlo, que se sintiera bien en todo, pero, me pidió hacer algo que yo no quería, que siempre me rehúse a hacer. –

-¿Qué cosa? – pregunto preocupada.

-Quería que yo… tú sabes, a muchos les gusta hacerlo, pero a mí, no es lo mío, di que es al egoísta, ¿Crees que lo sea? –

-Pues… depende, ¿Qué es? –

-Sexo oral… - Ramón se veía algo avergonzado. – Me gusto que me lo hagan, pero… - Hiso una mueca de asco. – Yo hacerlo es… desagradable. –

-En lo personal no me desagrada, de hecho, me gusta hacerlo. – comentó coqueta. – Pero si a ti no te gusta, no veo porque tengas que hacerlo, ¿Él te obligo? –

-¡No! – contesto defensivo. – Bueno, en parte, es que, las cosas no pasaron así, él estaba ebrio y yo… solo estaba algo inseguro, quería proponerle matrimonio, tenía tanto miedo que me dijera que no, que cuando insinuó que eso era solo una pequeña muestra de amor, como si fuera una prueba de yo no era… digno, solo por no poder hacerlo, mira, yo acepte, ¿si? No es como que me haya… -

-¡¿Ese maldito te violo?! –

-¡No! Él no sería capaz, fue mi error, yo me equivoque, él estaba ebrio y no debí de hacerle caso a sus palabras. –

-¡Mal nacido!, como si eso lo hiciera menos peor, Ramón, él te chantajeo para que hicieras algo que no querías, no es tú culpa. –

-Poppy, era algo inevitable, si nos casábamos, en algún momento yo iba a tener que hacerlo… aunque no me gustara la idea, pensé que solo estaba haciendo algo que, no sé, nos iba a unir más y a la larga, con algo de suerte, me terminara gustando o no lo odiara. –

-¡¿Pensabas casarte con alguien que te hiciera sentir que le tenías que dar muestras de tu amor que iban en contra de tu voluntad?! ¿Cuánto tiempo pensabas hacer eso? –

-¿Me estas regañando? Vamos, contigo no ha sido tan diferente, ni siquiera recuerdo haber dormido contigo y no dejaste de acosarme a pesar de que te pedí que dejaras en paz. –

-Si, pero yo… yo no quiero obligarte a nada, jamás te haría tal cosa, ¿no te pido permiso cuando estamos…? En tú sabes que, Ramón, yo no soy como él, sé que meto la pata y te he decepcionado, pero si me das una oportunidad… además seria lo justo. –

-¿Lo justo? –

-Si, Antony probo de todo con ese tipo, te engaño, ¿no es verdad? Ni siquiera hablo contigo luego de "eso" y debió de salir con él de inmediato, salió durante meses, mientras tú… ¿con quién te diste la oportunidad? –

Ramón lo pensó un poco, algo de razón tenía, Antony se tomó su tiempo para decir, tuvo una relación con ambos, así pudo escoger mejor, Poppy estaba siendo muy paciente soportando todos sus enredos y no solo eso, le estaba dando una oportunidad que muchos no le ofrecerían.

-Con nadie realmente. – confeso.

-¿Ni siquiera un pequeño revolcón? – pregunto curiosa.

-Bueno, lo trate, ¿feliz? Pero el chico resulto ser… se podría decir que no era mi tipo y tuve que escapar. – contesto recordando al chico de la farmacia.

Poppy comenzó a reír, se escuchaba a una historia que sin duda quería escuchar

-Sé que acabamos de pasar por un duro y extraño momento, pero créeme, necesito que "oxigenes al bebé" –

-¿Qué? ¿Justo ahora? –

-Sí, mira… yo no decido cuando las hormonas me atacan, solo… hazme el favor, ya estábamos en eso antes de que él llegara, y no es justo, date una oportunidad, sé que esto es solo sexo y está bien, somos adultos ¿no? Podemos hacerlo sin alterar el resto… Ramón, vamos, te necesito. –

Aquellas últimas palabras le sonaron tan bellas salidas de sus labios, haría cualquier cosa para complacerla.

-Bien, solo porque te lo prometí y…lo que sea, terminemos con esto de una vez. –

Poppy no perdió más su valioso tiempo, se montó sobre el chico y antes de comenzar le quito el cinturón, abrió por completo la bragueta de su pantalón.

-¡Oye! – se quejó de inmediato Ramón.

-¿Qué? ¿Sigues odiando que cambie tus planes y me salte paso? –

-Callate y comienza. – Le ordeno, como si eso lo volviera quien mandaba en el acto.

-Bien, pero recuerda que me prometiste llegar hasta donde yo lo necesite y que no te detendrás esta vez, descuida… si algo te incomoda lo entiendo, pero si la estás pasando bien, no nos detendremos, no tienes que temer, no soy como él. –

-Obvio que no lo eres, como sea, solo terminemos con esto. –

Los besos comenzaron lentos y suaves, pronto fueron aumentando en pasión y violencia, las manos de la chica se movían por todo su cuerpo, mientras las de Ramón permanecían estáticas sobre sus caderas, tratando de que estas no le provocaran una pronta erección, pues ya no estaba tan seguro si eso era lo que quería; pero no sirvió en lo absoluto, no pudo evitar, no podía ser tosco o rudo, si la retenía con hosquedad podría lastimarla, por lo que Poppy le estaba proporcionando el masaje más placentero que había sentido en toda su vida, la manera en la que restregaba su entrepierna con la suya, su órgano viril sentía su entrada humedecerse entre las prendas, el simple hecho de imaginar eso lo ponía más duro. Los traviesos dedos de la joven asecharon su pantalón, dudosos se detuvieron antes de entrar en ellos, jugaba haciéndolo sufrir ligeramente, pero no tardaron en adentrarse; Poppy se había olvidado por completo de cuál era el problema con Ramón, todas esas peleas bobas, discusiones sin sentido que se borraban de su memoria con cada caricia y beso que le entregaba al chico, con una mano tomo a su presa, ese miembro que al menor de los tactos reaccionaba vibraba lleno de lujuria, jugoso, ancho, se notaba que tenía tiempo sin usarse como era debido, había tanto que exprimirle, o mejor aún; la chica se deslizo de golpe hasta el suelo y sin pedirle permiso a su acompañante, sacándole casi un grito de la sorpresa, se lo metió en la boca, ella no se percató de sus instintos hasta que degusto los pliegues de su rugosa piel dentro de su boca, aquel especifico sabor de esa parte de su cuerpo, si bien no era su primera vez haciendo un oral, si era la primera vez que lo hacía sin condón, sus sesiones pasajeras sabían a mango, frutos rojos, mora azul, le habían llenado la cabeza de historias sobre sabores desagradables, que solo se podían enmascarar con los condones de sabores, sin ellos, el ejercicio era simplemente desagradable, pero para ella, con él, en ese momento, era la cosa más maravillosa que había probado.

Ramón por otro lado no dejaba de tratar pensar en otra cosa "solo son las hormonas, ella necesita esto… solo no debo… yo no debo tocarla" la mano derecha del joven estaba cubriendo su boca, tratando de que ningún ruido saliera de ella, la izquierda estaba entretenida en sujetarse fuerte del sofá, pues temía perder el control de sus caderas cada que la chica succionaba con ahínco su miembro. Era imposible no sentir, Poppy era muy experimentada en eso, lo hacía demasiado bien, por lo que no se dejaba de repetir a sí mismo "Lo ha hecho antes, para ella esto no significa nada, solo… solo se divierte, somos dos adultos divirtiéndonos, esto no significa nada" Pero era difícil para él creer en sus propias palabras, lo que ella le hacía sentir cada que lo mamaba, que su lengua resbalaba por su órgano erecto, parecía perverso posar su atención en esa escena depravada de la que ambos eran protagonistas, intentaba pensar en todo menos en lo que hacían y sentía, "¿Con cuántos durmió esta zorra?" pensaba en algún número, pero no servía, "¿Qué paso entre ella y su ex? ¿Debí de seguir la sugerencia de Coral? ¿Realmente Antony lo esperaría? ¿Y si no le gustaba lo que sabía que haría con Poppy?" Le había dado permiso, pero no lo vio muy complacido con la idea. Todos esos pensamientos no le ayudaban en nada, todo volvía a girar en torno a la chica de los cabellos rosas que no paraba de chuparle la verga.

"Eso es." Al fin pensó, "ella es una maldita zorra que solo me usa, yo también debería serlo" Además, esa había sido la conclusión, era solo sexo, no tenía que darle un significado mayor a ese, como cuando lo hacía con Coral por completar la ecuación de una buena relación, o con Antony porque era jodidamente bueno, o como con cualquier otro antes de ellos, podía hacerlo, ponerse en aquel modo, solo físico, al igual que ella con todos. "Si… Trágatelo, trágatelo." Trato de pensar, "aquí lo tienes zorrita, métetelo hasta al fondo." Pero le era casi imposible, no concordaba con lo que sentía, lo físico era lo de menos, esa chica le producía un hueco en las entrañas, sentía fundirse con su ser, las neuronas seguro le estallarían en cualquier momento, no podía seguir tratando de no sentir, termino cometiendo el mayor de sus errores, abrió los ojos, bajo su mirada y se topó con los suyos; no sabía que ella lo estaba admirando, se perdió en ellos, tan rosas, llenos de afecto, con esa luz que los hacia hablar sin palabras ni voz, gritaban "Déjame amarte", Poppy tomo su mano izquierda, él no opuso ninguna resistencia, la poso sobre su cabeza, enredándola con sus cabellos rosados, al sentir lo sedosos que eran, el calor que ella emitía, la otra mano dejo de proteger su boca y acato la misma orden.

Poppy se sorprendió del escándalo que estaba armando Ramón, gemido tras gemido, de vez en cuando gruñía y gritaba de éxtasis. "El señor mudo si sabe gemir." Pensó en ese momento.

-¡Por favor, no pares! – le dijo desesperado cuando al fin pudo hilar una frase. – Poppy… yo… yo… házmelo como quieras. -

Eso le causo una risa mental, ahora si podía hacerlo a su antojo, pues se contenía hasta no saber cuál era el límite, no dudo más y se fue a estimular un punto que sabría lo volvería aún más loco, entre sus glúteos, cerca de su ano, mientras que su otra mano gustosa jugueteaba con un par de bolas calientes. Ramón se quemaba en éxtasis, hiperventilaba con cada movimiento de su cadera, con las dos manos obligaba a la chica a meterse más adentro su miembro, su boca era gloria, pero su garganta, el joven lanzaba sus caderas al aire a la vez que la oprimía con ambas manos, veía deleitado como su gruesa polla desaparecía de su vista dentro de esos carnosos labios, retrocedía solo para dejarla respirar un poco, para volver a repetir el acto, pero claro, aunque Ramón quisiera retener todo aquello y seguir disfrutando, tenía la desventaja de meses sin una buena exprimida, sus reservas estaban llenas de semillas que buscaban descargarse lo antes posible, algo brusco por la ansiedad de liberar sus presas hinchadas de pasión contenida, doblo una de sus piernas para poder apoyarse en su rodilla y descansar todo su peso y fuerzas en encajarle hasta el fondo su masculinidad en una estocada final, a la vez que con una mano la obligaba desde su nuca y jalando hacia arriba de su cabello con la otra, a no despegarse de él mientras vaciaba dentro de ella todos ese lubrico líquido, producto de su ordeña.