XLII
Miró a su alrededor. Había escombros, gritos, el sonido de las pistolas y de metralla. Estaba horrorizada ante los trozos de piedra y madera que se amontonaban en las calles, los charcos de sangre y los cuerpos de inocentes asomando entre los huecos. A ello había que sumarle el latido de su corazón, incesante en la sien. Sentía presión en su pecho, nerviosa ante la posibilidad no ya de morir ella, sino de que algún compañero cercano pudiera caer en aquella batalla.
Era su primera vez fuera de la isla. Era la primera vez que pisaba el continente. Era su primera misión después de finalizar la formación y de entrar a las Tropas de Reconocimiento. Tenía mucha inexperiencia. ¿Se notaría? ¿Podría poner eso en peligro a otros soldados más veteranos?
—¡Vamos!
Asintió, aunque su compañero seguramente no había visto su gesto, intentaba borrar también todos esos pensamientos inútiles de su mente. Tenían una misión que completar. Apretó sus dedos alrededor de la luz que debía colocar unos metros más al sur y saltó al vacío desde lo alto de aquel edificio. Rápidamente, activó su Equipo de Maniobras Tridimensionales y se deslizó entre los edificios, esquivando con éxito a posibles enemigos. Aterrizó con gracia en lo alto de otro edificio y se aproximó al borde de la azotea para colocar el faro. Sin embargo, un par de soldados enemigos aparecieron, apuntándole con sus armas. Ella ni se inmutó, por sabía que siempre podía contar con sus compañeros para cubrirle las espaldas.
Tan pronto como esos soldados del ejército de Mare pusieron un pie en esa misma azotea, una enorme sombra cruzó tras su espalda y, sin necesidad de usar un arma, desarmó a su oponente y levantó con una sola mano su cuerpo para dejarlo caer con fuerza contra el suelo, golpeando su cabeza contra el cemento. El rival tosió antes de perder el conocimiento. En cuanto al otro enemigo, emitió un gemido tan pronto levantó su arma contra ella y cayó al suelo de rodillas. La sangre emanaba con fuerza de su muslo izquierdo. La chica levantó la vista y frente a ella, en lo alto de otro edificio, Becca, que sostenía su fusil aún en posición de disparo, le hizo un gesto para indicarle que todo estaba controlado. Rápidamente, aquella enorme sombra volvió a pasar detrás de ella para llegar hasta ese otro oponente que todavía gritaba de dolor y le arrebató el arma.
—Enid —Aaron habló a su espalda—, date prisa.
No había tiempo que perder. Colocó la luz al borde del edificio y la activó.
—Sí, perdón —la chica se puso en pie.
Antes de seguir a Aaron, la muchacha echó un último vistazo a los dos soldados. No tenían heridas graves, sobrevivirían, pero, aun así, le costaba no acercarse a ellos para asegurarse para curar las heridas que Aaron y Becca les habían hecho solo para protegerla a ella. Al fin y al cabo, ella también era médica. Suspiró y volvió a activar su Equipo de Maniobras Tridimensionales. Tenían que reunirse con Miccah una vez hubieran puesto las luces y reportarlo a Jean. Les estarían ya esperando.
...
36 horas antes
Mi espalda golpeó varias veces en la pared, pero, honestamente, no me importó lo más mínimo. Pasé mi mano por el pelo de Levi, aferrando con fuerza mechones de su cabello negro. Le mordí en el labio y mi mordisco vino acompañado por un gruñido. El moreno apretó sus dedos contra mis muslos, mis piernas aferradas a su cintura a pesar de que sus fuertes brazos me sostenían. Levi embistió por última vez, con furia, dejando escapar todo el resentimiento de la pelea que habíamos tenido hacía tan solo unos minutos. Una sensación extraordinaria recorrió mi espina dorsal de arriba abajo, fría ante el contacto con la pared y gemí de placer en voz alta, plena.
Habían pasado casi seis meses desde que Hange, Levi y los demás habían regresado de Mare sin Eren. El chico, tras desaparecer, les había hecho llegar una carta indicándoles que dejaba todo en manos de Zeke. Pixis había aceptado mi petición y les había obligado a regresar. Solo nos quedaba esperar a que nos llegaran más noticias por parte de Eren, por lo que era inútil tener a nuestros mejores soldados fuera de Paradis Finalmente, la comunicación con Eren nos llegaba a través de Yelena y la señora Kiyomi. No es que nos fiáramos mucho de la primera; de hecho, Pixis puso sobre ella bastante vigilancia, pero no nos quedaba de otra si queríamos traer de vuelta a casa a Eren.
Ahora, el día ya había llegado. El plan era infiltrarnos en Mare aprovechando el evento que tendría lugar en Liberio y al que asistirían grandes personalidades de todo el mundo. No teníamos todos los detalles de lo que sucedería exactamente, pero nuestra misión por parte de Pixis y Hange era clara: no matar a civiles y recoger a Eren y Zeke para llevarlos a Paradis.
Era en esa parte en la que Levi entraba en acción. Él tendría que fingir un enfrentamiento contra el Titán Bestia que él debía ganar, pero eso solo sería una distracción mientras se llevaba a Zeke con nosotros. A partir de ese momento, y como requisito para participar en toda aquella locura, Zeke pasaría a ser nuestro prisionero y Levi quería ser quien le vigilara las 24 horas del día. Aquello me había enfurecido. No quería que Levi estuviera a solas con el mayor responsable de la muerte de Erwin Smith y mucho menos con una persona de la que sabíamos perfectamente que no podíamos fiarnos. Pero, lo que más me había molestado de todo era que Levi me había escondido esa parte de la misión y me había enterado solo unas horas antes de nuestro viaje al continente. Me había enterado de que a nuestro regreso a la isla él se marcharía a un lugar secreto con Zeke, alejado de la población, como prisionero, y para ello le acompañarían solo algunos soldados de confianza entre los que, por supuesto, no estaba yo.
Me subía por las paredes y pude morderme la lengua hasta que él y yo regresamos a nuestra casa. Cuando Levi abrió la boca fue cuando estallé. Discutimos a gritos. Levi parecía más calmado al principio, pero, posiblemente, contagiado por mi temperamento terminó también elevando su tono de voz. Aunque no sé en qué momento terminamos teniendo el sexo más violento y salvaje de toda mi vida. Supongo que, a pesar de nuestra discusión, nos queríamos demasiado y detestábamos que nuestra última noche antes de comenzar una misión que marcaría nuestro destino como habitantes de Paradis terminara con los dos enfadados.
—Creo que deberíamos discutir más —bromeé para suavizar el ambiente y romper el silencio que se había establecido entre nosotros. Levi, al otro lado de la cama, soltó un soplido casi de resignación.
No me apetecía estar enfadada con él. Se había tomado la molestia de echar a Becca, Miccah y Enid de nuestra casa (con toda la delicadeza que fue posible y que viniendo de él era prácticamente nula) para que pasáramos él y yo una tarde y noche a solas. Los tres fueron bastante compresivos y no les importó la idea de dormir en el cuartel, aunque Levi tuvo que aguantar algunos comentarios jocosos por parte de Miccah, al que las miradas asesinas de Levi no causaban demasiado efecto.
—Levi —insistí. No me respondió, pero sabía que me estaba escuchando—. Siento haber perdido los papeles y siendo haberte gritado.
—No te lo dije porque sabía que te pondrías así.
—Pero tenías que habérmelo dicho igualmente, no haberme enterado a última hora y en el último repaso al plan. ¿Sabes cómo me ha hecho sentir eso? ¡Soy tu mujer! —me incorporé en la cama, quedando sentada, para poder verle la cara. Levi enarcó ambas cejas— Quiero decir, no estamos casados, no hay ningún papel que lo oficialice, pero tenemos una relación de cuatro años, vivimos juntos, así que yo lo siento así. Y una relación se basa en la confianza. Claro que me habría enfadado cuando me hubieras contado tu intención de quedarte a solas con ese pedazo de mierda de Zeke Jaeger, pero lo habríamos hablado y sé que habría entrado en razón. Pero me has dejado fuera de esta decisión.
—Es que no había ninguna decisión que tomar. Zeke Jaeger es cosa mía.
—¡Eso ya lo sé! ¿Crees que no lo sé? ¡Le hiciste una promesa a Erwin! ¿Crees que me habría olvidado de algo que es tan importante para ti? Por eso sé que no puedo decirte ni hacer nada que te vaya hacer cambiar de opinión y no te juzgo por eso. Tampoco lo iba a intentar, sé que tienes una misión que cumplir. Lo que me duele es que me escondieras tus intenciones para después de esta misión.
—No te lo escondí.
—No me lo contaste tampoco. Es lo mismo.
Levi chasqueó la lengua.
—Ven aquí —me hizo un gesto para que me acurrucara a su lado.
—Te quiero, Levi. Te quiero muchísimo —añadí, abrazándole con fuerza—. Y esta reacción ha sido solo una respuesta a mi miedo de que ese cerdo de Jaeger tenga un as bajo la manga y termines herido.
—Es parte de nuestro trabajo.
—Ya lo sé, pero eso no significa que no pueda enfadarme o preocuparme. Eso no me impedirá hacer mi trabajo de la mejor manera posible, pero eres mi familia, Levi.
Levi me acarició el pelo.
—Lo siento —murmuró finalmente. Aquello me hizo sonreír.
Restregué mi nariz contra su cuello. Olía ligeramente a sudor. Le acaricié el abdomen mientras posaba mis labios brevemente en su piel, en el cuello y en la mejilla. Sentí que su vello se erizaba y le di un mordisquito en el lóbulo de la oreja.
Me incorporé ligeramente y continué dándole besos por su inmaculado pecho. Fui bajando por su abdomen, rozando con mis labios cada uno de sus definidos abdominales. Me detuve en su ombligo y tracé un círculo alrededor de él con la punta de mi lengua para seguir después hacia abajo. Aparté las sábanas que le cubrían y le besé en los muslos antes de detenerme en el centro de su entrepierna. Tomé su miembro con delicadeza y me relamí los labios antes de juguetear con la punta usando mi lengua. Ante aquel gesto, Levi emitió un sonido parecido a una leve carcajada y rodó los ojos, pero no me quitaba ojo de todo lo que hacía. La introduje en mi boca, sintiendo por fin cómo mi objetivo se cumplía y la sangre de Levi empezaba a circular.
Jugueteé con su miembro durante un buen rato hasta que consideré que estaba lo suficientemente erecto. Me puse de rodillas en la cama. Los tonos naranjas del atardecer entraban por nuestra ventana. Parte de los rayos del sol incidían sobre nuestros cuerpos desnudos. El pecho de Levi ascendía y descendía con calma. Me senté sobre él y el moreno acarició con ternura la piel de mis senos y de mi abdomen. Moví un mechón de mi pelo hacia atrás y me incorporé ligeramente para coger su miembro con delicadeza e introducirlo dentro de mí. Dejé escapar un gemido de placer.
Levi se incorporó, quedando sentado en la cama, y me envolvió en sus brazos. Enterró su rostro en mi cuello y me besó. Haciendo uso de su fuerza, me levantó como si no pesara nada, y me tumbó de nuevo en la cama, quedando él encima de mí. Mientras me acariciaba los muslos, me besó repetidas veces en el pecho para, después, comenzar a mover sus caderas.
Levi no era muy parco en palabras, sobre todo cuando se trataba de hablar de sus sentimientos, pero la forma en la que me miraba, como si fuera lo más preciado que tenía, me demostraba lo mucho que me quería. Y los pequeños gestos también decían más que las palabras. Levi entrelazó sus dedos con los míos. No apartaba su mirada de mí y me veía obligada, casi hipnotizada, a mantener mis ojos sobre los suyos. Sus orbes afilados, grises, brillaban. Se inclinó sobre mí y me besó con una ternura inusitada. Sus labios eran finos y suaves y la presión que ejercía sobre los míos era delicada.
Levi era lento en sus movimientos y se recreaba en todos y cada uno de ellos. Acarició sus mejillas con mis pulgares, sintiéndome cada vez más extasiada por el cúmulo de emociones. Guardaba para mí todos y cada uno de esos momentos con Levi, porque, aunque me convenciera a mí misma de lo contrario, una parte de mí temía que todas las noches pudieran ser la última.
Cuando los dos llegamos juntos al clímax, Levi rodó hacia mi lado derecho. Intercambiamos miradas y no pudimos evitar reír. El sexo con Levi era fantástico, pero tenía la impresión de que las dos veces que lo habíamos hecho en aquel día habían estado a otro nivel. Aunque quizás fuera también que los nervios que sentía por empezar una nueva misión podían haber influido en la percepción de que había sido el mejor sexo que había tenido en mi vida.
—Hay que lavar estas sábanas —dijo de repente Levi—. No pretenderás que durmamos en esto cuando están tan sudadas.
—Tienes un don para romper el encanto del momento —rodé los ojos—. Voy a bañarme y luego haré la cena. ¿Quieres algo en especial?
—Espera, yo me bañaré también y hacemos la cena juntos.
—No te fías de mí.
—Muy poco, la verdad.
—Solo he quemado la comida una vez. ¡Una vez! Y fue porque Miccah y Becca se estaban peleando por enésima vez. Fui a separarlos y se me olvidó que estaba el estofado en el fuego.
—Es mejor no arriesgarse —curvó ligeramente la comisura de sus labios hacia arriba, en una sonrisa burlona casi imperceptible.
Mientras yo tomaba un baño, Levi se ocupó de quitar las sábanas y lavarlas. Cuando salí del baño, me vestí y me sequé el pelo. Retomé el trabajo de Levi, quien fue a bañarse en mi lugar, y yo me ocupé de tender las sábanas en la parte de atrás de la casa, donde teníamos un pequeño patio. Aunque Levi era más rápido que yo para bañarse, aproveché el tiempo sobrante para empezar a cortar unas verduras y a pelar patatas. Cuando Levi estuvo ya listo, preparó la carne para freírla junto a la verdura, mientras yo daba el último toque al puré de patatas que acababa de preparar.
Coloqué en la mesa unas velas que, aunque a Levi le parecían demasiado cursis, a mí me parecían un detalle bonito para dar a nuestra cena un toque más íntimo. Mientras comíamos, no hablamos demasiado, pero tampoco importaba. Se establecía siempre entre nosotros un silencio cómodo y familiar, era una clase de intimidad y de nivel de entendimiento que yo no había compartido antes con nadie.
Al día siguiente, por la mañana, recogimos las sábanas tendidas y desayunamos. A diferencia de por la noche, el silencio entre nosotros era pesado, como una losa. Se notaba que nos jugábamos mucho en aquel viaje hasta Mare. Además, por mi parte, sería la primera vez que salía de la isla y me asustaba pisar el continente. Me preguntaba cómo de diferentes serían los edificios, la gente, las costumbres. A su vuelta, Jean, Connie, Levi y Hange me habían contado muchas cosas, incluso la propia Becca nos había explicado cómo funcionaba todo al otro lado del mar. En realidad, no parecía ser la vida muy diferente a la nuestra, pero era muy diferente el que te lo contaran a poder verlo con tus propios ojos.
—Me gustaría ir un rato a la enfermería —le dije a Levi cuando llegamos al cuartel a primera hora. Asintió. Él me conocía mejor que nadie y sabía que necesitaba mi propio espacio y mi tiempo a solas.
Además del miedo ante lo desconocido, me producía cierta angustia pensar que podría estar a tan solo unos metros de la anterior familia de mi madre y ni siquiera saberlo. Quizás ella no querría saber nada de ellos, pero una parte de mí se moría por saber cómo había sido su vida anterior, por conocer a esas personas que le hicieron marcharse de allí y no volver a mirar atrás. Quizás así podría entenderla mejor. Para ello, me había tenido que tragar parte de mis palabras y le había pedido ayuda a Yelena, aunque esa mujer no me gustara en absoluto. Ella contactaría con Zeke para saber si a él le apetecía hacerme ese favor, no me prometía nada.
Inicialmente, ese detalle se lo había escondido a Levi, pero al segundo día de su regreso se lo conté. Pensaba que iba a molestarse por haber hablado con Yelena, por haberle pedido a alguien como ella ese tipo de favor. Sin embargo, no me juzgó, lo entendió perfectamente y me hizo prometerle que, si conseguían algo de información de mi familia, que le avisara, porque él quería estar ahí conmigo cuando eso pasara.
—Llegas tarde.
—Lo sé, perdón.
Becca me esperaba de brazos cruzados en la enfermería.
—Hemos estado terminando de recoger la casa —me excusé— y hemos desayunado con calma.
—Y tanto —protestó la chica—. ¿Y bien?
—Nada. Ayer tampoco.
—Y eso hace ya un total de…
—Tres semanas.
Becca se quedó pensativa por unos instantes.
—No hay manera de que podamos saberlo a ciencia cierta pero ¿me dejas examinarte? —me preguntó, a lo que yo asentí.
Conocía mi cuerpo mejor que nadie, no creía que fuera necesaria aquella revisión, pero dejé que Becca la llevara a cabo si así iba a quedarse más tranquila. Se aseguró de controlarme el pulso, miró mis reflejos, palpó mi abdomen y también el pecho.
—¿Cuánto tiempo más va estar sobándome las tetas? —lo dije en tono jocoso después de varios segundos en los que Becca no dejaba de apretar con sus dedos en mi pecho. Mi comentario le hizo sonrojarse.
—Perdón, es que-
—Es impresionante, ¿verdad? —reí, intentando quitarle importancia— Las tengo duras como una piedra. El roce de la camisa me produce un dolor punzante sobre todo en la zona de los pezones, que está más sensible. Es lógico, teniendo en cuenta que me han crecido las tetas. Lo noto porque la tela de la camisa cada vez me va a quedar más tirante.
—_ _ _ _... —Becca estaba realmente preocupada, podía notarlo por su tono de voz.
—No te preocupes. Por ahora no estoy teniendo nauseas ni mareos ni nada por el estilo. Lo único que tengo son los pechos muy hinchados y sensibles y un apetito sexual más grande que mi cuerpo.
Las dos guardamos silencio. Había intentado sonar divertida para quitarle importancia, pero no había tenido nada de gracia. Becca parecía contrariada, pero, finalmente, rompió la escasa distancia que nos separaba y me abrazó con fuerza. Al principio, me sentí desconcertada, pero su abrazo hizo que la realidad poco a poco fuera calando en mí.
—Estoy embarazada —murmuré. Sentí ganas de vomitar.
—Estás embarazada —Becca tenía lágrimas en los ojos.
—¿Debería alegrarme? No sé si es una buena o una mala noticia. Es el peor momento posible —cerré los ojos, intentando tranquilizarme y pensar con la cabeza—. Está bien. Este será nuestro secreto —Becca abrió la boca para replicar, pero le hice un gesto con el dedo índice para que guardara silencio—. Es una orden como tu capitán que soy. Esto no va a interferir en esa misión. No voy a tener un papel activo esta vez, por lo que mi vida no debería de estar en riesgo, así que es mejor que hagamos todos nuestro trabajo lo mejor que podamos y ya veremos qué hacemos después.
—¡Pero es peligroso igualmente! Aunque estés en el avión con-
—No hay discusión posible, Becca. No puede haber distracciones.
—Eso es fácil para ti decirlo. No puedo esconder algo así.
—Becca —no sé cómo debí de mirarla, pero la muchacha inmediatamente tensó los músculos de su espalda—, tenemos una misión importante por delante y muchos ojos están puestos sobre ti. Confío en ti, así que no la cagues.
Abrí la puerta de la enfermería y caminé por el pasillo rumbó al comedor, donde todos se estarían reuniendo ya para partir por grupos hacia el puerto.
—No sé por quién me has tomado. Llevo preparándome mucho tiempo para esto —pronunció la chica, poniéndose rápidamente a mi altura. La miré de reojo. Su mirada estaba fija al frente, llena de determinación. No esperaba menos de ella. Había practicado tiro más que nadie y se había sometido a un duro entrenamiento físico. La muchacha quería demostrar más que nunca que iba en serio cuando dijo que quería ayudar a Eldia a ser escuchada, a pesar de ser de Mare.
Aquella misma tarde, zarpamos en un barco rumbo a Mare. El final de todo estaba a punto de comenzar.
¡Hola a todos! ¡Por fin de vuelta!
Lo sé, es un capítulo corto, pero sirve más de transición para todo lo que está por venir, que va a ser muy intenso. Espero que os haya gustado el capítulo, aunque sea una terrible escritora para las escenas de sexo.
Io-chan Ao-sama: Jo, ya te lo he dicho muchas veces, no sé cómo puedes leer esta historia sin leer el manga. ¡Te vas a spoilear! ajaja Me alegro de que te gustara mucho el anterior capítulo. Creo que la rayis ha progresado mucho desde que empecé este fanfic y que todos los que leeis esta historia habéis podido ser testigo de ellos, que no ha sido sacado de la nada, sino que se ha ido gestando poco a poco.
Guest: me reí mucho escribiendo toda la parte de Maverick y la rayis en el anterior capítulo. Pero hay que entenderla también, están hablando de su subordinado y ahora cada vez que lo vea pensará en todas las guarradas que le dijo Maverick xD En cuanto a un intento de carta por parte de Levi, lo pensé, pero de verdad que no le veo escribiendo nada más allá de un simple reporte de la situación.
Althea san: Lo cierto es que la personalidad de Maverick es un poco mezcla de todos mis amigos jaja Ellos han sido mi inspiración para crear al personaje, así que me encanta que todos los lectores en los comentarios me digáis lo mucho que os gusta.
Lia Black Panthom: Levi está estupendamente. No ha habido más que leer este cap para saber lo bien que rinde jajaja
Yanina: me alegra que te gustara el capítulo. Creo que las dudas de Enid todos las hemos tenido alguna alguna vez y, como bien dices, todavía es muy joven. Tiene tiempo.
¡Nos leemos!
