El nuevo Lord Protector
Capítulo 33: Rin, ¿Sesshomaru te ha preparado una sorpresa?
Rin se aburría como una ostra. Tenía muchas cosas de las que podía encargarse para ocupar su tiempo, pero Sesshomaru le había pedido que lo esperara allí. Todo había mejorado bastante desde que eran capaces de entenderse mejor entre ellos, y lo había conseguido convencer de que quería socializar con el resto de los habitantes del lugar, además de ser servida. Pero siempre había cosas con las que no acababan de ponerse de acuerdo, y siendo las ideas de él más inamovible, acababa siendo siempre ella quien daba el brazo a torcer. Llevaba un ligero kimono de color azul claro, bordado con la luna en la espalda, y rayos que llegaban hasta los bordados de campos de flores blancas.
Rodó sobre sí misma en el suelo, quedándose enroscada en su misma ropa, para luego volver a la posición inicial. Suspiró. Eso sólo era divertido hacerlo en el pasto. De nuevo pensó en salir, pero pensar en el frío de fuera, aunque se acercara la primavera, y el hecho de que Sesshomaru le pidió que lo esperara allí, la hizo cambiar de idea.
En la entrada sur del edificio principal en Ciudad-Palacio, la entrada más impresionante, desde la que se podía ver la cabeza del dragón petrificado sobre la que estaba construido el edificio y se veían las olas chocar con el acantilado, Sesshomaru estaba mirando fijamente a los cielos, esperando a alguien. Gruñó, se estaban retrasando, y tenía a Rin esperando. Enseguida se acercaron las nubes, y apareció en el cielo un dragón de dos cabezas. Podía ver perfectamente que Jaken había cumplido con su cometido. Comenzó a flotar en dirección a la bestia para hablar con la mujer. No dejaría que pusiera un pie en sus terrenos si no juraba lealtad a él y a su mujer.
Jaken, a su vez, en cuanto vio a su amo acercarse, empezó a temblar de miedo, él nunca iba a buscarlo, y además traía cara de pocos amigos. Sin embargo, en cuanto Jaken empezó a temblar, Atsuko se dio cuenta de qué pasaba, tan anonadada ella con el paisaje. El lord se acercaba, y tenía que mostrarle respeto. Intentando no perder el equilibrio sobre el dragón, se puso de rodillas para ofrecer una reverencia al inuyokai en cuanto estuvo lo bastante cerca.
—Jaken, deja de temblar, que el problema no es contigo.
Atsuko enseguida se asustó. Si el problema no era con el renacuajo sirviente, y obviamente la bestia sobre la que había viajado esos dos días tampoco, implicaba que era con ella.
—¿Es conmigo el problema, amo Sesshomaru? —preguntó lo más calmadamente que pudo, pero sin levantarse de su reverencia, y enseguida notó cono le levantaban la cabeza con la punta de una espada. El daiyokai no se iba con pequeñeces a la hora de amenazar. —Cumplí con sus órdenes en la hacienda, rescaté lo que pude de las cosas de la señora Rin para cuando pudiera volver a verla, y he acudido al llamado apenas me han encontrado.
Sesshomaru sonrió de lado, seguía siendo una mujer de carácter a pesar de estarla amenazando. Guardó la espada, y le dio la espalda
—No he dicho en ningún momento que tuvieras que interrumpir tus cuidados para con tu señora, y te han tenido que traer. Aunque no podía esperar menos de un humano…
—Con todos mis respetos, señor, ¡la señora Rin es humana!
—¡NO TE ATREVAS SIQUIERA A COMPARARTE CON ELLA! —Le contestó encolerizado, con sus ojos enrojecidos.
—No me estoy comparando con la señora. Le estoy recordando que la señora es humana, para la próxima vez que quiera insultarme diciéndome lo que soy, que soy humana. No quisiera que en algún momento tuviéramos el desacertado momento que ella pudiera escuchar un insulto tal y pensara que va con ella también. —Ahora, más confiada, siguió reprendiéndolo por sus actitudes, como cuando lo hacía para conseguir que los enamorados se consiguieran entender —No sé cuál habrá sido tus problemas con los humanos en el pasado, pero tienes la suerte de no encontrarte con demasiados. Yo misma, son encuentro ningún problema no me verá mientras atiendo a la señora y sigo con su educación.
El daiyokai seguía dándole la espalda, pero estaba segura de que contaba con toda su atención.
—Ahora, como se me ha pedido, y es mi deber, antes de encontrarme con la señora, traigo un mensaje: —vio como Sesshomaru movía ligeramente las orejas, le resultó hasta adorable, pero ocultó su sonrisa — Igual que yo me vi vista en la situación de interrumpir mis cuidados hacia ella por no ser capaz de seguirla hasta donde se encuentra ahora, las tropas desertoras, ahora comandadas por Oda Yuuki, heredero ilegítimo del clan Oda, que la seguían, piden reunirse con ella una vez más para ponerse a su disposición si es que ella lo quiere, sino verse liberados honorablemente, y no tirados hacia el campo de batalla sin señor ni dueño.
Sesshomaru la miró de reojo. No le hizo ninguna gracia que el detestable hijo de esa mujer que se le había estado pegoteando como una lapa, quisiera seguirla ahora. Se le ocurrió una idea: si de verdad querían seguirla, que se esforzaran por ello.
—Si son capaces de llegar hasta aquí, quizá los considere dignos de presentarse de nuevo hasta ella. Ahora, deja que Jaken te guíe hacia el lugar donde descansarás, ya te buscaré junto con Rin en unos momentos.
Enseguida el mononoke se alejó, dejando a los sirvientes con el corazón en la boca. Por primera vez, Jaken había conseguido guardar silencio para no meter la pata, pero había sido por la única razón de que se había quedado sin palabras. Esa mujer definitivamente tenía agallas. Enseguida dio la orden a Ah-Un para que los llevara hacia las puertas, y enseguida apenas entró comenzó a dar órdenes a la servidumbre que se acercó a recibirlo.
—¡Lleven estas cosas a las habitaciones de los amos, son las pertenencias de la señora! ¡Y tú cuidado no arrastres eso! ¿Qué haces tú aquí? ¡Deberías estar preparando ya casi la comida para la cena! ¿Dónde está el encargado de los establos? ¡Tienen que llevarse a Ah-Un de aquí, que tiene que comer y quitarse esa silla de una vez! —Se dio la vuelta, fulminándola con la mirada —Y tú, mujer, sígueme, el amo bonito está esperando. ¡Tú también vienes! Tienes que ayudarla a que no tenga tanto aspecto de campesina, y si se le puede tapar un poco el olor a humana para no espantar al personal mejor.
Después de un baño en agua fría, no tenía el derecho ni el tiempo para que le calentaran el agua, cubierta de perfume que olía al bosque en primavera para tapar su olor, vestido y peinado, ya estaba con su casi aspecto refinado de institutriz que solía llevar, excepto porque llevaba su cabello suelto. Ya no contaba con el broche para el pelo que le había regalado su amado hacía más de veinte años, y se negó a llevar ninguna otra cosa. Enseguida, con pasos cortos, espalda recta, postura perfecta, fue a esperar donde le habían dicho.
Mientras tanto, en todo ese tiempo, Sesshomaru por fin había ido en busca de Rin. Entró silenciosamente a sus habitaciones como siempre, y se la encontró hecha un desparramo en el suelo, contando las columnas del techo. Le resultaba fascinante su incapacidad para poder quedarse sin hacer nada, parecía no soportar el silencio a su alrededor o en su propia cabeza. Se acercó a ella, y el cuanto lo vio, como un resorte se puso de pie para abrazarlo.
—¡Por fin ha venido! ¿Por qué tenía que esperarlo aquí? Bueno, mejor no pregunto demasiado que sino arruinaré la sorpresa, es la primera vez que creo que me preparas una, y no debería echa por tierra sus esfuerzos. ¿Pero tengo que hacer algo en particular? Porque he estado pensando que, ya que Jaken no está aquí y los regalos me los das y ya, puede que venga alguien, pero solo son imaginaciones mías, jajaja.
Sesshomaru miraba inexpresivo a su mujer mientras escuchaba su monólogo. Por la velocidad ultrasónica a la que le estaba hablado quería decir que había sido una tortura estar esperando sin saber nada, e intentando saber qué esperarse. Levantó una ceja cuando por fin terminó, le sorprendía que hasta hubiera adivinado que esperaban a alguien, aunque definitivamente no podía esperarse a quién venía.
—Tienes razón, recibiremos a alguien, ¿quieres arreglarte para ello?
—¿Vamos a esperar a alguien y va a ir con la misma ropa de siempre y ataviado de armadura? Creo que debería arreglarse usted tambien, mi señor. —como adoraba Sesshomaru que lo llamara así, ella sabía ese punto débil, y lo vio empezar a quitarse la armadura, de camino a detrás de uno de los enormes biombos, donde sabía que había ropa de él guardada. —¿Quere que lo ayude?
Fue directa a donde se encontraba él, y vio que ya se encontraba vestido con un sobrio kimono azul marino y un obi rojo, donde ya estaba colocando sus espadas. Tras tantas preguntas que le había hecho a lo largo de su vida, no se quejó de que llevara sus espadas. A diferencia de su armadura, aunque no eran parte de su cuerpo como su estola, sabía que eran parte de él y no se separó de ellas. Aunque le entristeció el hecho de que había sido tan rápido que no la había permitido ayudarlo a elegir. ¿No era eso a lo que una esposa servía su esposo? Aunque lo de esposa, no lo tenía del todo claro aún, le daba igual, no era como compartir el lecho con él, o ni siquiera besarse. Porque nada de eso había ocurrido, así que no se sentía estar obrando de manera incorrecta.
Pero se sorprendió cuando él se acercó hacia ella, invadiendo su espacio personal. La tomó de la cintura diciéndole: — No necesito ayuda, pero tú nunca sabes decidirte por nada, y no sobra el tiempo. —Dicho esto, notó como con maestría, como con todo lo que hacía, le había desatado su obi, abriéndole el kimono, dejándola sólo con el jubán rosa que llevaba debajo. En seguida se alejó de ella, abriendo el enorme armario, eligiendo ropa para ella. Le encantaba verlo hacer cosas, la mitad del esfuerzo parecía hacerlo él, la otra mitad, parecía que los objetos se movían cumpliendo sus órdenes, por lo que sin apenas tocar las puertas, estas estaban abiertas completamente. Él abrió una de las cajas, sacando un kimono azul marino como el de él, y se quedó de pie, en posición para ue ella se acercara y la ayudara a ponérselo. Un fuerte sonrojo, tras que medio la desnudara y ahora la ayudara a vestirse. Esos eran momentos muy íntimos, que no sabía si debían darse entre un hombre y una mujer que no estuvieran debidamente casados, pero él no parecía darle demasiada importancia. Se dejó hacerse girar para colocar un obi ancho blanco nieve, y se sujetó el pelo para que encima le colocara un uchitake rojo muy parecido al que hacía unos meses le había regalado por su cumpleaños. Enseguida la guio a sentarse delante del tocador. Para que él suavemente le desenredara el cabello pon tan pocos movimientos que parecía magia, y luego sujetarle el cabello en su colea de siempre. Le hizo gracia que cuando era niña él alguna vez la había ayudado, y seguía teniendo la isma delicadeza con ella, y le entró una pequeña risa de pensar que él quizás no sabía hacerle otro peinado. Le ató un lazo rojo, y se sorprendió al recordar que ese lazo implicaba que ella aún era una doncella. Eso la dejó un poco cabizbaja, lo que le hizo perderse que él se había cambiado de sitio, y ahora, pincel en mano, le levantaba el rostro para pintarle los párpados de rojo, iguales que los suyos.
—¿Pasa algo, Rin? Puedes decírmelo mientras cierras los ojos, me será más fácil.
Rin no pudo evitar sonrojarse al notar que él hasta la estaba maquillando.
—Si sigues con tantos de esos sonrojos, como les llamas, no necesitaré ponerte nada en las mejillas.
Ese comentario hizo que se sonrojara todavía más, quedándole la cara de tomate
—¡Sesshomaru! ¡No se le dice a alguien tan directamente que se está sonrojando! Eso da vergüencita….
Él aprovechó que estaba haciendo un puchero con la queja, para así pintarle delicadamente los labios. Observó como lo hacía Atsuko aquella vez en la hacienda, y ahora lo estaba replicando a la perfección.
—¿Entonces no puedo decirte nunca que estás sonrojada? Sabes que verte ese tipo de cosas me siguen sorprendiendo, antes no te pasaba. —Rin lo miró con algo de reproche de que se hubiera aprovechado de su puchero para terminar de maquillarla. —Ya estás lista, podemos ir.
Dicho eso se levantó, y enseguida notó un tirón de la manga.
—Yo estaré lista, pero mi señor no. Ven, que te acomodo el cabello al menos.
En su fuero interno, Sesshomaru hizo un esfuerzo enorme por no sacudir ligeramente la cabeza para acomodar su cabello en el sitio. Pero ella parecía disfrutar peinando su cabellera, y como sonreía, parecía hacerla feliz, así que la dejaba. Una sonrisa valía la pena por el tiempo perdido en pasar un peine por su cabello, aunque pudiera acomodarse solo. En cuanto notó que terminó, la tomó de la mano para salir de sus habitaciones, y llevarla con Atsuko.
Ella, a su lado, feliz. Sus sirvientes podían ser inútiles o un estorbo, pero pasar tiempo en su palacio para estar con ella valía la pena.
Su corazón se encontraba satisfecho.
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Hola mi gente hermosa! Ya van como 10 días de encierro, y nos quedan más de 20 todavía, según las noticias de hoy u.u
Espero que desde donde me leéis, este cap sirva para distraeros un poquito, y no me leáis de sitios que están tan mal como España o Italia. Como siempre, espero poder leerlos para saber vuestra opinión, es muy importante, si tenéis preguntas, si no son spoiler siempre contesto ;)
¡Muchas gracias por leerme! ¡Un besazo enorme a todos y hasta la próxima!
