"No puedo detener estos celos (parte 3)"

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Justo cuando estuvo a punto de preguntarle sobre aquella frase, el celular de Deku sonó interponiéndose entre su buen ambiente. Qué maldito fastidio! Pensó Katsuki poniendo los ojos en blanco.

Deku parpadeó sonsacado, lentamente soltándolo de su agarre.

—Es mi celular— Mencionó, frunciendo el entrecejo, moviéndose a la mesa donde estaba su MacBook Pro reposando. —Hm, dónde lo metí?— Murmuró pensativo, rascándose la nuca con una mano y con la otra en la cintura.

Katsuki lo veía sintiendo el rostro enrojecido, pero lo que difería era que estaba molesto por la interrupción.

Deku escarbaba sus cosas, luego se movió a su mochila amarilla, metiendo su mano derecha a uno de los compartimentos en un movimiento veloz.

—¡Ya lo encontré!— Sentenció complacido, checando al que osaba llamarle. —¡Ay! Es el jefe— Lo miró a Katsuki con cierto miedo, a pesar de que al instante contestó la llamada; él contemplaba al nerd que perdía el color del rostro conforme iba conversando con el que mencionó ser su jefe.

Parece que lo está regañando, supuso él, entrelazando sus dedos de sus manos bruscas.

En una de esas captó más o menos el hilo de la conversación, cuando Deku dijo:

—No le aseguro que no vuelva a suceder—Afirmó correctamente. —Porque no puedo dejar solo a alguien que necesita de mi ayuda—

Será acaso lo de hoy? Pensó inmiscuido en la conversación que ni lo incluía propiamente dicho.

—Pagaré la multa— Declaró muy seguro de sí mismo. —Recuerde que yo soy un héroe de profesión, y si alguien me necesita, yo estaré ahí, entonces no prometo que no lo volveré a hacer— Se dirigió a su mochila, con el teléfono pegado a la oreja. —Para esta tarde ya tendrá pagada la multa, de acuerdo?— Deku asintió a lo que sea que le estaba diciendo su jefe en la otra línea, portando su gesto de nobleza, aquel que tanto le intrigaba ver a Katsuki, pues en él habían más enigmas en su persona que aún le faltaban por descifrar. —Que tenga buen día, nos veremos muy pronto, adiós jefe— Y colgó el celular, echando un suspiro abrumador.

—Qué sucedió, jodido nerd?— Lo cuestionó Katsuki, mirándolo con inquisición.

Deku se llevó una mano al rostro, decaído.

—Me multaron por ayudarte hoy— Confesó exhalando.—Vieron las noticias de Japón y Todoroki dijo que yo fui el que les ayudó; se fijaron en las noticias porque ya sabían que iba a hacer algo heroico en mi estadía aquí—

—Estúpido— Masculló en su dirección.

—No me arrepiento de haberte ayudado, Kacchan— Resaltó Deku, quitándose la mano del rostro. —Se supone que estoy de vacaciones, no en el trabajo, y no podemos hacer nada heroico hasta que se terminen las vacaciones— Sacó su cartera de la mochila, hurgando algo en el contenido de la misma. —Esa es una de las cosas que venían en el contrato que firmé cuando me contrataron en la agencia, pero no estoy de acuerdo en que no pueda ayudar a alguien estando yo de vacaciones— Sacó una tarjeta, que parecía ser una tarjeta de crédito. —Ahorita mismo haré la transferencia del dinero a la cuenta de la agencia—

Recordó que en su reencuentro, Deku mencionó que vivía en el hotel porque su presupuesto no se ajustaba al de un departamento. Frunciendo el ceño, le resultó extraño el saber que él se mostraba muy dispuesto a pagar la multa, pero no una renta de un departamento en Tokio.

O las multas eran baratas o los departamentos en Tokio muy caros para él, cualquiera de las dos era válida, según Katsuki.

En eso, Deku marcó un número en su celular y se puso a hablar con lo que parecía ser una muchacha, más específicamente, una secretaria del banco. Hablaban como si se conocieran muy bien, y él pudo realizar la transacción en un rato, sin muchas dificultades de por medio.

Katsuki lo observó, queriendo volver a ver esa espalda tan seductora que poseía el nerd. Se ruborizó al imaginarse esa espalda entre sus manos, esculpiéndola en toda su extensión, presionando cada punto, cada centímetro de su piel, acercarse a olfatearla, incluso besarla decantado de su esplendorosa presencia.

—Listo, ya terminé!— Exclamó Deku, soltando un suspiro de alivio.

Katsuki se sonsacó de su imaginación alocada y bochornosa, sonrojándose en gran medida al ver al objeto de sus afectos, parado ahí frente a él, resolviendo asuntos del trabajo como todo un adulto.

—Es la cuarta multa que pago— Comentó, seguido de una risita cómica.

—No sabes cuando detenerte, jodido nerd— Siseó Katsuki, aparentando estar cuerdo, porque sus ojos se desviaban al costado derecho del nerd. Deku se rió orgulloso, subiendo los hombros.

—Sí— Metió su tarjeta de crédito a su cartera en el lugar exacto en donde la sacó. —Me es inevitable dejar a las personas que necesitan ayuda de lado—.Cerró su cartera y la regresó al compartimento de su mochila. —Aunque no me quejo por pagar una multa, al contrario, me sentiría peor si no asumo mi responsabilidad de héroe y salvar a aquel que necesite de mi ayuda—Lo engulló con una sonrisa amorosa, que expresaba su orgullo y satisfacción de alguien que vive su sueño en carne propia. Katsuki no podía estar más feliz por él, porque conocía todos los obstáculos que tuvo que pasar el nerd para llegar hasta donde estaba situado en la actualidad; pero, eso no descartaba que aún permanecía latente la sed de respuestas sobre los pormenores que rodeaban a Deku y sed de tocar su espalda a morir.

—Deku— El aludido asintió, sentándose a su lado de un parpadeo. El corazón de Katsuki dio un vuelco. —Por qué puedes pagar esa multa y no una renta de un departamento aquí?—

—Por el tipo de cambio de moneda— Respondió de inmediato. —A mi me pagan con la moneda nacional de Brasil, no con la de Japón—

Debí suponerlo, se quejó Katsuki por no haber pensando en esa obviedad; si Deku trabajaba en Río de Janeiro, lo más lógico era que le pagaran con la moneda del país respectivo, no con la de su país natal.

—No sabía que te molestaba que yo estuviera aquí—Suspiró Deku entristecido.

—¡No dije eso, idiota!— Le dio un zape en la cabeza con su mano. —Aprende a no sacar tus propias conclusiones—

—L-lo siento— Deku se sobó en la zona del golpe, ojeándolo sin mostrarse ofendido por la agresión.

¡Estúpido Deku! En qué cabeza se le ocurrió pensar en esa horrenda posibilidad si lo único que quería Katsuki era tenerlo con él? Qué tan denso era Deku para entenderlo?

La respuesta era: bastante.

—Cambiando de tema— Optó Deku, cambiando su adolorido semblante a uno campante. —Me dijo Paolo que subió nuevo contenido a nuestro Instagram, gustas ver lo que subió? Yo tengo curiosidad— Lo miró, sonriéndole de oreja a oreja.

Quién era él para negarse ante esa cara tan linda? ¡Jodido nerd! Se maldijo por ser tan débil a sus encantos, pero qué otra cosa podía hacer él?

Katsuki asintió, portando su característico ceño fruncido.

Deku se rió, en lo que se giró a su MacBook Pro y comenzó a ingresar su cuenta de Instagram, una vez más, poniendo ese gesto de pura concentración que volvía loco a Katsuki.

¡Cómo era posible que nadie se daba cuenta de lo que le sucedía!

¡Era indignante!

—Ah ver qué puso…— Exhaló, colocando una mano debajo de su barbilla. —Ah!— Emitió un grito, llevándose ambas manos a los cachetes.

—Qué?— Katsuki se quedó estoico, en cierta forma pasmado del repentino grito. El rostro de Deku denotaba vergüenza en esencia.

—¡Subió las fotos de nuestro viaje a Cancún!— Señaló a la pantalla con un dedo, mientras que con la otra mano seguía frotando su mejilla enrojecida de la vergüenza. —Casi me caigo del parapente— Expresó. —A ver, si lo puso— Seleccionó una de las publicaciones recientes y se esparcieron unas cuantas fotos en la pantalla, entre ellas una donde aparecía Deku envuelto en un arnés, con un caso protector de color naranja, y era acarreado por un parapente. —Sí está— Murmuró en afirmación, dándole clic a la foto para verla más grande. —Es el video, entonces— Asumió al ver que la foto, que se suponía que era una foto, estaba en movimiento y aparecía claramente el rostro del nerd sonriendo de oreja a oreja, festejando su triunfo de poder estar en perfecto equilibrio en el parapente, y de repente, se zafó una parte del arnés, aquella que sostenía el costado derecho de Deku, y éste de inmediato reaccionó y se posicionó en otra especie de equilibrio adecuado para evitar caerse del parapente directo al agua.

El rostro antes sonriente de Deku en el video al momento en que se zafó el agarre del arnés se tornó en un instante de pánico, seguido de un alivio inminente al hallar la solución del problema.

—No sé cómo explicarlo, pero— Se detuvo frotando sus dedos debajo de la barbilla en un tamborileo tranquilo, casi melodioso. —¡Fue increíble!— Suspiró maravillado. —Digo, increíble en el sentido de que reaccioné a tiempo y no pasó algo peor— Añadió entre risitas.

Katsuki lo observó sin saber muy bien qué decir, o cómo abordarlo desde que le estaba mostrando cosas que había hecho con anterioridad, al igual que le estaba siendo sincero con sus comentarios, y sus sentimientos. Katsuki debería de estar agradecido, pero experimentaba una mezcla de querer tirar a todos sus conocidos por un puente y que se desaparecieran esos extras, o bien, asentir a todo de momento, hasta que llegara el momento de confesarse.

Ni una de esas posibilidades se volverían a ser realidad, a lo que para Katsuki fue jodidamente molesto, puesto a que no tenía una respuesta certera para colmar esa mirada atenta que el nerd le dirigía con expectativa.

Sin embargo, aún estaba intrigado de saber qué quiso decir Deku cuando le dijo que lo quería, en qué sentido lo quería; como amigo, como amigo de la infancia, como amante, etc. Eran muchas formas de querer, pero la cuestión era: cuál tipo de querer sentía Deku para con él?

—Kacchan?— Deku lo miró interrogante.

—Nada— Reaccionó, moviendo la cabeza en aberración. —Sigue viendo tus malditas fotos—

—Pero, te las estaba compartiendo— Repuso, extrañado con su cambio de actitud. —Ya te aburrí, verdad?— Puso expresión de preocupación, llevándose una mano a su barbilla, abriendo ligeramente la boca.

—¡No, idiota!— Gruñó.

—Entonces, qué sucede?— Manifestó muy dispuesto a escucharle, pero Katsuki no estaba ya de humor para hablar.

Quizás seguían presentes en sus sentimientos sus malditos celos, esas sensaciones de inexorable presencia que a cuestas de todo lo sano, conllevaba a pensamientos constantes en su cabeza que circulaban y chocaban entre sí, y era fastidioso. Todo en ese breve instante en que miró las fotos, le llegó el fastidio, el sublime hartazgo de tener que reprimirse por ser tan imbécil para confesarse. Si continuaba a ese ritmo, no toleraría ni siquiera verse la cara por las mañanas en el espejo del baño.

—Has de estar cansado, no?— Supuso Deku, tratando de averiguar su actitud.

—Qué?—

—Has de haber tenido un día atareado, Kacchan— Continuó Deku, viéndolo en suposición. —Con todo lo de Todoroki y luego regresar a la agencia y preparar la cena, ha de haber sido un día muy cansado para ti, Kacchan—

En realidad no, pero accedería a esa teoría, porque no estaba de humor para hablar de ello.

Se limitó a asentir, signo que Deku interpretó como positivo, al ver que su suposición fue acertada. El nerd de puso de pie, abordándolo de sorpresa, quien se pasmó, similar a una estatua.

—Qué haces?!— Rezongó altanero.

La cara de Deku estaba a unos centímetros de la suya, tal cercanía le provocó un sonrojo en el rostro.

—Te ayudo, Kacchan—Dijo gentil.

—¡No necesito tu ayuda!— Aulló, empujándolo de lado con su mano derecha, yéndose a zancadas a su habitación. —¡Lárgate de mi vista! ¡No quiero ver tu cara, Deku!—

Cerró la puerta de su habitación, siendo recibido por el silencio apesadumbrado que solía rodear cada una de las paredes de su departamento. Ese silencio atronador, insignificante, e iluso que se burlaba de su mísera vida amorosa.

—¡Kacchan!— Le gritó Deku desde el otro lado de la puerta. —Buenas noches, por favor descansa—Ese tono de preocupación por su bienestar, le recordaba que él no era indestructible, sino también podía ser vulnerable. Permitirse ser vulnerable era parte de ser humano, de ser un héroe.

—Buenas noches— Respondió reafirmativo, esperando que así Deku captara que él necesitaba estar a solas.

—Ok, cualquier cosa, estoy para ti— Se ofreció amablemente. Su corazón se oprimió y dio un salto desembocado de su pecho en una danza rimbombante y esplendorosa. Katsuki estaba conmovido, nuevamente, por el nerd.

Siempre era por el nerd.

Alcanzó a oír sus pasos retirarse de su puerta, cada paso alejándose de su cercanía.

Empuñó una mano, diciéndose a sí mismo que él no necesitaba ayuda de nadie, ni aunque Deku se la ofreciera la necesitaría.

Por qué habría él de necesitar ayuda si él se ponía las pilas, por su cuenta, lograría grandes cosas?

Lo único que cabía resaltar era que sus celos, para su desgracia, persistían, mas lo que podía hacer por su cuenta era vivir con ellos, pues qué otra cosa podía hacer?

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P.D. Espero que les guste este capítulo, es la continuación de los otros dos anteriores.

Lo corregí y había una parte sin diálogo, una disculpa por eso.