Capítulo 37: Hacia la nevisca

—Ayuda ... Sale Anders del agua cargando a su hermana de un brazo junto con Snowky a ver unas personas acercándose. Agotado cae inconsciente y todo se torna oscuro.

— ¡Los encontramos! — fue lo último que escuchó Anders de caer inconsciente.

Para su mala suerte eran soldados del ejército invasor.


—Que extraño ya deberían haber llegado. Espero que no les haya sucedido nada y estén bien.

Se escucha un estruendo en el primer piso Elsa baja a revisar y se encuentra a Malvavisco y a los nevaditos derretidos hechos charco, parecía que hubo una inundacion ahí adentró. Siente que alguien la sujeta de la espalda y la aferra con fuerza.

—Le advertí que había peores monstruos que yo. —reconoce Elsa la voz de Akxel quien fue el que la había inmovilizado, el hombre que estaba ahí se ría tan diferente a aquel que conoció en ese baile y trato de cortejarla. Ahora ese mismo hombre tenía un aspecto bárbaro y descuidado, parece que no lo habían tratado bien después de su huida de Arendelle.

Llegan muchos más soldados con sus armas y lanzas unos atan a Taiga y la encierran en una red, el que más destaca entre los bárbaros es un hombre mayor, con un abrigo de cuero, una piel de reno la cual tenía unas enormes astas. La energía de ese hombre era siniestra y repulsiva.

—Majestad, por fin nos conocemos. —acaricia el viejo la barbilla de la reina con malicia y la reina lo fulmina con una mirada asesina.

— ¡¿cómo me encontró?! — le pregunta secamente sin tintubear al Kallxer.

—Tengo mis trucos bajo la manga. —mueve el bastón son sizaña entre sus ásperas manos. —Esto le quitó sus poderes y también me ayudó a localizarla.

—Parece que le gusta jugar sucio.

—Lo dice quien no dudo en aprovechar ventaja de sus poderes y acabar con mis líneas.

—Lo que hago es por la defensa de mi reino. No sabe con quiénes se ha metido.

—No, ustedes no saben con quiennse han metido. Kalljonxia, la más grande nación del Norte, cerca de los círculos polares extendiendo nuestro dominios, todos nos temen y los que osan en desafiarnos lo pagan con sus vidas. Es mejor que se una a nosotros a que nos tenga de enemigos, deje de pelar en vano. Sea mi concubina obedezca mis órdenes sin rechistar y todo no habrá sangre demarrada.

— ¿Concubina? ¿Ni siquiera en calidad de esposa? —dice con sarcasmo la reina de las nieves— ¡Patético! ¿Por quién me toma? No seré parte de un harén. Ni me inclinare ante usted. —dice Elsa desafiante y con la frente en alto.

—Bien puede que esto haga que cambie de opinión. —se hace a un lado Dark Kallxer los soldados descubren un bulto cubierto por una piel de oso revelando a los hijos de la reina Elsa que yacian inconscientes y tenían sus ropas mojadas y temblando. La expresión en el rostro de la platinada cambia a uno de preocupación. Los soldados tenían amordazado a Kristoff quien tenía varias heridas y lo tiran al suelo los ojos del maestro repartidor reflejan tristeza al ver a su cuñada sentía que le había fallado.

Andy abrió los ojos, parecía que se encontraba en un inmobiliario de hielo escucho como unos gritos, se sentía mucha tensión en el ambiente. Volteo hacia dónde venía tanto alboroto y vio a su madre discutiendo con un hombre intimidante y descuidado, a pesar de su apariencia reconoció la voz, era Akxel. Elsa se veía furiosa. Hay otra persona ahí más vieja y aterradora que Akxel que vestía cuero y traía una piel de reno con todo y cuernos.

—¡Anders, Aline! No les hagan daño o lo lamentaran.

—Quien lo lamentara serás tú querida reina de las nieves, coopera y tus mocosos saldran con vida. Haz lo que te digo obedece mis órdenes. Con suerte serías mi esclava.

—No voy a permitirlo. Podemos arreglarnos de otra manera.

—Estas sometida no tienes poderes. ¿Qué vas a hacer? Sólo existe una manera, mi manera.

El hombre tira a Elsa al suelo. Akxel se veía indiferente ya no tenía su mano derecha y en su lugar tenía un garfio.

Anders se levanta como puede y entra en defensa de su mamá.

— Déjala en paz! ¡Cobarde! — va a atacar con sus poderes. El hombre apunta con una vara de madera de la cual sale una energía verde que golpea a Andy.

— ¡Anders! —se acerca Elsa a su hijo para revisarlo. -¿Te sientes bien?

-Estaré bien cuando ese sujeto se vaya de aquí y te deje en paz. -Andy prepara su magia, pero desconcertado nota que sus poderes no funcionan.

- No me eres útil y por tu insolencia te descuartizaré frente a los ojos de tu madre infeliz monstruo, los insolentes como tu que frustan mis planes tendrán una muerte lenta y dolorosa.

— Tenga clemencia! Solo es un niño, déjenlo, háganme lo que quieran pero no le hagan ni un rasguñó. —suplica Elsa al Kallxer.

-Ese mocoso sólo será un estorbo, ya me cansó su insolencia. Y no hay espacio suficiente para los insolentes en mi reino. Verás lo que les pasa a los mocosos descarados y atrevidos que osan en desafiarme. Pequeño monstruo; primero te empalare, te haré un corte desde la garganta hasta el ombligo, te sacaré los sesos y verás como tú corazón es devorado por las ratas y finalmente te descuartizare. Será mi venganza por matar a uno de mis leales hombres y frustrar mis planes.

-Yo no soy un monstruo usted sí! —responde el niño y el Kallxer patea al príncipe y pone su enorme pie sobre la espalda del pequeño inmovilizandolo.

- ¿No es demasiado para un niño? ¿No será mejor una muerte rápida para ahorrar tiempo? Con eso ya es suficiente. -interviene Akxel quien no estaba de humor para ver más sangre y menos la de un niño, el hombre sentía como si estuviera reviviendo un recuerdo que creía olvidado.

- Ya que lo sugieres... te cedo el honor de acabar con este engendro. Será tu venganza después de que hizo que perdieras tu mano derecha.

Akxel sacó su espada y trago saliva, empuña su arma y está se lanza al niño.

—Akxel hazme lo que quieras pero no le hagas dañó. —rogaba Elsa unos soldados la inmovilizan en el suelo ella gritaba y trataba de liberarse como fiera atrapada.

—No se porqué tan aferrada con ese niño si puede podemos engendrar más. —el Kallxer toma de la barbilla a al reina y está solo siente una sensación de asco

Antes de acabar con la vida del pequeño príncipe otra espada se atraviesa y frena ese golpe fatal.

- ¿¡Hans!? - exclama sorprendida Elsa


Ya eran altas horas de las noche cuando de escuchan unos fuertes toquidos en la puerta. Hans se levanta sobresaltado.

— ¿Qué pasa? —pregunta Lavine tallándose los ojos.

—Es una reunión de emergencia. Es requerida la presencia del príncipe Hans. Arendelle solicita nuestra ayuda. —dice el mensajero.

Hans se levanta apurado se pone su bata y va a la sala de juntas.

—Nos ha llegado un llamado de emergencia de Arendelle, solicitan urgentemente nuestro apoyo. Kalljonxia los ha estado amenazando, atacando sus fronteras y costas. —informa el rey Vivark, en el salón estaban sus dos hijos, sus altos mandos del ejército, almirantes y su yerno Hans.

—Ahora ese viejo avaricioso tiene en la mira a Arendelle. —comenta el hijo mayor.

—Sé que Arendelle no tiene un gran ejército no están preparados para esos enemigos los acabarán. —dice Hans.

—Pero tienen los poderes de hielo de su reina. ¿Todavía no se les olvida el incidente de la boda? Si una niña de 4 años provocó un desastre así, imaginen la capacidad de la reina Elsa. —dice Lavine entrando de repente.

—¿Hija, recuerdas cuando nosotros estuvimos bajo ataque de Kalljonxia? Habríamos muerto de no haber sido por la ayuda de las Islas del Sur. Vivimos en carne propia lo mismo, y no deseamos lo mismo para ellos, ¿verdad? —le dice con calma el rey a su hija, Lavine se queda callada ya que su padre tenía razón.

—Esta vez cuentan con el apoyo de Berk, no entiendo porque el rey Hakkon les dio su apoyo a esos parásitos. —dice el hijo mayor. —Tienen una pesada armería.

—Iremos a la misión. —dicen los dos príncipes de Varbergk

—También iré yo. —dice Hans está era la oportunidad perfecta para demostrarle a la reina que estaba arrepentido por el daño que le había hecho en el pasado con ese acto heroico, haría las paces con ella.

—No vayas Hans! —abraza Lavine a su esposo— Es peligroso, no arriesgues tu vida, Helena y yo te necesitamos.

—Ya los enfrenté antes, los derroté y lo haremos de nuevo. No quiero imaginar lo que hubiera pasado si el Kallxer hubiera ganado y logrado sus fechorías aquí, no quiero que ver lo logré con Arendelle. Además... —se acerca al oído de su esposa y le susurra— Mis hijos están ahí, me necesitan.

—Bien Hans, pero prométeme que volverás sano y salvo. Quiero darte tu regalo de navidad.

—Te lo prometo. —le da un dulce beso a su esposa y el pelirrojo se va a alistar para su misión.

—Volvemos a vernos. —habla Hans.

—No recuerdo haberte visto antes. —responde Akxel poniéndose en guardia olvidando su tarea de acabar con Anders y este se va a poner a salvó con madre.

—No te decía a ti, le decía a él. —se refiere el pelirrojo al Kallxer.

—El tremendo fracaso en el Sur. Bien ya nos conoceremos. —y los dos hombres de enfrascan en un duelo en dónde ambos llevaban la ventaja. La batalla estaba muy reñida, Akxel de una gran casa de caballeros y Hans quien tenía años de experiencia con la espada y la vida militar en altamar.

—No ganarás por segunda vez. —responde el Kallxer y se pone en posición de batalla. Y se une a Akxel.

Junto con el pelirrojo llegan más soldados de Varbergk, entre ellos se encontraban la brigadier Monique Bellerose y el coronel Robert Westergaard. Inmovilizaron varios soldados kalljonxianos y liberaron a Taiga.

—Tranquilos ya están a salvo. —le dice Robert a la reina de Arendelle.

—Aline, mi niña. Esta fría, resiste bebé. —Carga la reina a su hija entre sus brazos que respiraba con dificultad.

—Hay que buscar un médico pronto. —dice Robert quien cargaba a una cansada Snowky.

—Es muy poco honorable pelear 2 contra uno. —dice Monique amenazando al Kallxer con su espada.

—Una mujer? Que patético.

Monique molesta tira al viejo tirano dejándolo en el suelo provocando que soltará el báculos de madera. Andy lo toma entre sus manos.

—Esto por mi mamá. —lo rompe en dos en la cabeza de Dark Kallxer y roto el baculos son liberados los poderes de Anders y Elsa.

En este punto Hans y Akxel estaban peleando cerca del balcón del castillo, un paso en falso y caerían al abismo.

—Príncipe Hans de las Islas del Sur, ¿No es así?

—¿Te interesa tanto?

—El que arruinó la misión de Varbergk, he oído mucho sobre ti. ¿Eres el padre de los hijos de la reina Elsa?

—Sé la verdad detrás del origen de esos niños, lo veo en tus ojos y los de ellos. Los dos somos unos monstruos. Yo he masacrado inocentes en cada conquista de Kalljonxia y tú te aprovechaste de una mujer inocente. Ni siquiera yo fui capaz de cometer tan bajeza, tampoco tengo derecho de juzgarte. Será mejor que este par de monstruos caigan en el abismo del infierno. —Akxel hace que Hans pierda el equilibrio y el pelinegro junto con el pelirrojo quedan como colgando del puente. Hans se aferraba de la orilla del balcón para no caerse. Akxel se movía y lo jalonaba para que cayera junto con él.

—Nos vemos de nuevo. —se dirige Monique a Akxel.

—Has cambiado. —responde con burla el general mientras jaloneaba a Hans y su garfio se encaja más en la pantorrilla del almirante Westergaard

—Veo que no te han tratado bien. —comenta desdeñosa la brigadier. —Aurevoir. —la rubia hace que Akxel se suelte de Hans y que su garfio se desganche con su espada y Akxel cae sin remedio al vacío hacia una caída mortal.

—Gracias. Ahora estoy en deuda contigo.

—Oui, oui, oui. Luego hablamos de eso hay encargarnos del anciano.

Robert ayuda a su hermano a salir de ahí y se alejan de la orilla para detener a los demás soldados.

—Ya ríndase sus días de conquistas y masacres ya han terminado. —apunta el príncipe en la barbilla al líder de Kalljonxia.

—¡Acaben con ellos no permitan que esa monstruosa bruja siga con vida y sus secuaces acaben con su líder! —le grita el Kallxer a sus generales. —Nos acabará a todos si sigue vida. ¡Ataquen!—dice el Kallxer tirado en el suelo derrotado.

La mayoría de los hombres del Kallxer dudaron de la cordura de su líder así que tiran su armas al suelo desobedeciendo si órdenes.

—Momento, ellos no lucen como unos monstruos o unos brujos, y en cambió usted sí. —dice un hombre castaño quien era el rey de Berk, la nación aliada de Kalljonxia. — Ellos solo se están defendiendo, sus movimientos eran de defensa. Usted nos dijo que la reina planeaba invadir Berk y ella fue la que asesinó a mi padre cuando vino a hacer una visita diplomática.

—El anterior rey de Berk iba en uno de los barcos que fue atacado por soldados kalljonxianos. —dice Elsa.

—Señores bajen sus armas, nuestros enemigos no era quien creíamos. Hemos Sido engañados toda esto tiempo, nos hicieron atacar a inocentes. Detengan a ese cobarde. —ordena el líder de Berk.

—Oh por favor, ha caído en su embrujo. —replica el Kallxer.

—No, se me ha caído la venda de los ojos y ahora veo la realidad.

Los soldados de Berk detienen a los Kalljonxia y ahora con más aliados Arendelle tiene asegurada la victoria. Los que se volvieron en contra de Dark Kallxer se lo llevan n a su patria en dónde murió a manos de su propia gente.

Momentos después Anna llega montada sobre Sven y con una espada, se veía felíz de ver a su hermano a salvo.

—Oh Elsa tenía tanto miedo por ti y Anders y Aline, fallamos Kristoff y yo al protegerlos y ... —decia derramando varias lágrimas y moqueando.

—No fue tu culpa ni de Kristoff—limpia Elsa las lágrimas de su hermana —los kalljonxianos fueron los tramposos.

—No se preocupen por mí esos cobardes no podían conmigo que hasta tuvieron que juntarse. —viene Kristoff quien ya había sido liberado, tenía algunas heridas y raspones pero no eran tan serios.

—Oh Kristoff! Temía no volver jamás a verte. —la pelirroja besa y abraza a su esposo.

—Y sigo aquí con ustedes. —abraza Kristoff a la princesa.

— ¿Y cómo llegaste con ellos? —le pregunta Elsa a su hermana refiriéndose al ejército de Varbergk y la brigadier Bellerose.

—Digamos que estaba huyendo con mis hijos y Sven de los Kalljonxianos buscabamos un lugar seguro donde resguardarnos ví más soldados y pensé qué eran más invasores y los amenacé con la espada que traía pero luego ví esos rostros familiares y resultaron que venían a ayudarnos.

—Será una interesante historia que contar pero ahora tenemos unos asuntos que atender urgentemente. —se refiere Robert Aline que yacia inconsciente en sus brazos respirando con dificultad.

—Resiste un poco más Aline.

-_-•_-

Ahora la familia reala de Arendelle y Hans estaban en el palacio de Arendelle con un medico para que tratara el ataque de asma que tenía Aline y a tratar a los heridos.

—La princesa ya está fuera de peligro. —dice el médico después de atender a Aline. —pudo haber contraído neumonía y hasta morir, su hija sí que es una niña muy fuerte Majestad.

—Muchas gracias doctor. —agradece Elsa al médico.

—Solo procuren que descanse, tome el medicamento y se alimente bien. Me retiro tengan un buen día.

Sale el especialista de la habitación.

—Los dejaremos solos, es muy intenso estar en una guerra y tener una hipotermia. — salen Anna y Kristoff para darles espacio a Elsa y a Hans.

Snowky entra al cuarto y se sube a la cama está vez a diferencia de otras ocasiones Elsa dejo que la canina se quedara. Andy por su parte estaba dormido a un lado de su hermana.

—Muchas gracias por habernos salvado, no quiero imaginarme que hubiera pasado si… Después de todo demostraste que has cambiado.

—No iba a permitir que les hicieran daño, en cuanto me enteré de que Arendelle estaba en peligro vine lo más rápido que pude a listar y organizar al ejército. Y… perdóname…

Elsa se desconcierta por las palabras de Hans, ¿acaso escuchó mal?

—¿Eh?

—Perdón… estoy muy arrepentido por lo que te hice hace casi 6 años, no hay día en que no me carcoma mi conciencia por mis crimines. Ni tú, ni Anna se merecían lo que les hice. Todo lo que pasó fue culpa mía y perdí todo, me victimicé, le eche la culpa a los demás. También me disculpo por haberme infiltrado a tu palacio y haberme tratado de robar a Aline. Me arrepiento por somo fueron concebidos Anders y Aline ellos y tú no merecían eso. Lo siento desde el fondo de mi corazón estoy arrepentido… Si pudiera regresaría el tiempo, sé que no es posible, quiero pagar por crimines…

—Hans… Te perdono, sólo esperaba que te disculparás sinceramente y demostrarás con acciones que te interesan tus hijos. Noto y lo veo en tus ojos que ya no eres ese mismo hombre que llegó a Arendelle hace seis años. Acepto tus disculpas y te permito que puedas ver a Anders y a Aline, algunas veces pensé que si no era muy cruel no permitirles ver a su padre. —le dice Elsa con una sonrisa y Hans no pudo evitar llorar de alegría.

Pasaron los días, Berk ayudó a reparar los daños materiales que había dejado la batalla y Arendelle se fue recuperando poco a poco, lo bueno que no hubo muertos que lamentar solo algunos heridos.

Unos días después se estaba celebrando un baile de victoria para celebrar a los héroes que salvaron a Arendelle.

—Majestad avistamos una nave de batalla. —le notifica un almirante a la reina.

—¿Una nave de batalla?

La reina se acerca al muelle, la nave atraca y baja una pelirroja.

—¡Kalljonxianos no saben en donde se metieron! — grita la princesa Forbia.

—Ya no hay que preocuparse de ellos, gracias a las Islas del Sur y Varbergk los vencimos. — explica Elsa.

—¡Rayos llegamos tarde! — sale Gordania.

—Disculpe la tardanza majestad, nuestro mensajero es un incompetente y el mensaje nos llega apenas hace unas horas. — agrega Erskina.

—¿Quieren unirse al baile de victoria? —les pregunta Elsa.

—Ya que estamos aquí… Pues sí. —responde la reina de DunBroch.

—Quedémonos más tiempo aquí que en lo que tardamos en llegar. —comenta la segunda trilliza.

—Más de lo que tardó el mensajero en traer el mensaje. — agrega la trilliza menor.

—Andy sólo no comas demasiado, ya sabes que no debes comer demasiada azúcar.

—Ya lo sé mamá.

—Modérate, no te vaya a dar una indigestión. —le dice Elsa a su hijo.

—Los niños valientes como yo no los puede sorprender una indigestión y los dolores de estómago no les pueden a hacer daño. — el niño se da un buen festín con el buffete del baile y la cena navideña.

Y a cada acción hay una reacción Andy se enfermó del estómago, tuvo diarrea y vómito a altas horas de la madrugada, alucinando que Akxel lo iba a hacer cachitos con su espada.

—Tranquilo Andy, mamá está aquí. No pasa nada. Te dije que no comieras de más. — le dice Elsa a su hijo mientras este se quejaba en sueños.

—Este niño se empachó. Lo más conveniente será hacerle una purga. — dice Roma.

Después de vomitar y un par de diarreas más Anders ya estaba mucho mejor y de buen humor para celebrar las fiestas navideñas. Se celebró el cumpleaños de la reina Elsa además de que se hizo una alianza entre Berk y Arendelle.


—Oh Lavine, perdóname por haberte preocupado, pero no podía dejarlos a su suerte.

—Ya pasó lo peor, lo que importa es que volviste sano y salvo. —le da un beso a su esposo con la pequeña Helena en sus brazos.

—¿Y que haces aquí? No es que me desgrade que estés en Arendelle. Pero pensé que pasaríamos las fiestas en Varbergk. —pregunto algo sorprendido el príncipe.

—Papá y tus padres acordaron quedarse una temporada en Arendelle a celebrar las fiestas con la reina para limar asperezas y arreglar unos acuerdos, ellos ya se encargarán de eso.

—Bien, me alegro. Le beneficiará esos acuerdos a las Islas del Sur. Y cambiando de tema le traje un regalito a Helenita. —saca una muñeca con un vestido de hielo cortesía de la reina Elsa. —Más bien es parte de la reina Elsa.

La expresión de Lavine cambió a una notoria expresión de desagrado.

—¿Azul? Dile que gracias, pero Helenita es más de rosa. Además no crees que sea peligroso.

—¿Y como sabes que le gusta el rosa? Y además como va a ser peligroso, es una muñeca totalmente segura, sin piezas pequeñas.

—Soy su madre y lo sé. — dice altiva la rubia.

—A mi me parece que a mí muñequita le gustó su muñeca. —dice Hans al ver a su hija metiéndose su nuevo juguete en la boca.

—Y cambiando de tema, es hora de que por fin te de tu sorpresa.

—Me pregunto que será. —dice curioso el príncipe.

—Estoy embarazada, vas a ser papá por segunda vez. —dice emocionada Lavine.

—Wow! Hace no mucho que nació Helena, no fue muy pronto para un nuevo bebé, si mencionar que tuviste complicaciones.

— ¿No te gusto tu regalo entonces? —dice llorosa la rubia princesa.

—No es eso, por supuesto que estoy feliz por la nueva espera de otro bebé; pero me preocupa tu salud. — le da un beso en la frente a su mujer y los dos ven tranquilamente a través de la ventana el paisaje nevado.

Elsa a lo lejos veía la escena y se retira con los demás a celebrar las fiestas.


Cómo les va con la cuarentena copos de nieve? El coronavirus no me ha afectado y de una vez les traigo capítulo nuevo ahí me avisan si hay un error en la cajita de abajo, se toman en cuenta sus sugerencias ;3 Hay algo que no me convenció del capítulo pero ustedes tienen la última palabra.

Cuídense, lávense las manos, no hagan compras de pánico y no salgan de casa si no es necesaria.

Hasta pronto y abrazos desde la distancia!