XLIII – Secretos de plata

–Tengo que reconocer que tienes mucho valor.

Akai no pudo evitar esbozar una leve y satírica sonrisa, ante el comentario que el joven policía le dedicaba nada más ver como su silueta se iluminaba poco a poco al salir al exterior de la terraza del mejor hospital de Beika.

Dejó que el aire fuera su respuesta, sacando una de sus manos del bolsillo para encenderse un cigarro, para luego conectar sus miradas. Por una vez iba pensar más en la seguridad de la joven que en la suya propia, la situación lo requería, no más disfraces.

Además Bourbon jamás diría en esos momentos que Akai se encontraba vivo, no quería añadir más cuerda a la soga que les ataba los cuellos de Kir y él… cual mano de verdugo era RUM, esperando el momento perfecto, una sola señal...

–El mismo que tu al traer a tus hombres para vigilar a la chica –finalmente contestó, mirando hacia un lado, provocando que el aire peinara su flequillo y el humo acariciara su mejilla –, tienes que tener el agua hasta el cuello para llegar a hacer algo así, ¿cierto?

–…

–Kir me lo ha contado todo –observaba como los ojos de Amuro dejaban un destello de pura sorpresa –, como te dije tenemos un enemigo en común –giraba el rostro para mirar nuevamente el horizonte –, pero también tengo una promesa que cumplir.

–¿Una promesa?

Esta vez la conexión de miradas fue diferente, aquella penetrante mirada… hizo que la sangre de Amuro se congelara, provocando un desagradable cosquilleo por todo su cuerpo.

–¿Cómo sé que Shiho no sufrirá ningún daño?


–Bourbon.

Este parpadeó, lentamente, volviendo en si mientras dirigía su rostro hacia la voz que le había vuelto al presente. La sonrisa de Vermouth hacía sentir que lo que se había perdido de la conversación no le iba a hacer mucha gracia.

Iba a abrir la boca, pero la entrada de Gin le salvó de la situación, ganándose un valioso tiempo para recordar porqué estaba allí; una segunda oportunidad que el FBI les había entregado a todos los NOC de allí… poder escurrirse de la atenta mirada de RUM.

El regreso de Sherry.

Observó como el alto cargo lanzaba sobre la mesa una fina carpeta marrón, una carpeta que revelaría todo lo que la joven científica confesó a base de hipnosis y sueros de la verdad.

Aún recordaba su llegada: el silencio sepulcral roto por el sonido de la cadena de las esposas de Sherry, su mirada baja, vacía… una imagen para recordar a todos los de la Organización que una vez dentro no se podía salir. Pero para él era un alma a cambio de muchas almas, ahora a salvo, jamás dejaría que le pusieran la mano encima, no solo por Akai, si no por respeto a su gran sacrifico que ella jamás conocería.

Por los archivos ella estaba limpia, el único contacto directo que tuvo con el FBI no reveló nada… cada uno de ellos observaba detenidamente cada una de las páginas de aquel informe, su único trato directo con gente fuera de la Organización eran niños.

¿Niños? Era extraño que alguien como Sherry se juntara con niños tan pequeños, pero eran los mismos que estuvieron en su misión en el tren Express… todo coincidía, pero a la vez es como si faltaran datos…

¿Faltaban páginas?

¿Quién haría eso?

Imposible.

–Seguramente quien hizo el interrogatorio está muerto, ¿verdad Gin? –sonrió Vermouth a la vez que, con suma agilidad se deshacía de único papel que Gin no descartó: la ficha de Shinichi Kudo –, estarás contento de que, en el fondo Sherry ha sido fiel a nosotros.

–¿Lo has matado?

–¿Tanto te preocupa Bourbon? –se mofaba Vodka mientras su jefe seguía ensimismado con el papeleo –, Aún no has respondido a la petición de Vermouth.

–¿Cuál? –seguramente fue lo que le preguntó cuando vagaba en sus recuerdos.

–Hacerte cargo de la gatita –recordó la joven actriz, levantándose del asiento para poder abrazarlo desde atrás –. Fuiste entrenado para poder acercarte a ella cuando queríamos su prototipo de la Apoptixina, aunque Gin se te adelantó. Entre que eres el miembro más perceptivo y tus grandes conocimientos…

–¿No sería mejor Gin?

–Cómo acabaron antes de que se fugara no es buena idea –se divertía jugando, sabiendo que el hombre de negro no podía comentar que había vuelto a tener contacto con ella, se jugaba que descubrieran su estado –. Usando la vida de los niños como fianza y tu como su tutor nada puede fallar.

Gin soltó de mala gana los papeles sobre la mesa, bajo una fría sonrisa.

–Haz lo que quieras con ella.

–Pero solo estaría con ella fuera de la Organización, llevarla y recogerla –aunque era una perfecta oportunidad para cumplir su trato, temía que ella optará por otras opciones –, ¿y si intenta algo durante su estancia en los laboratorios?

–Estará acompañada en todo momento por un compañero de su antiguo laboratorio –Kir quería hacer saber que estaba con él en todo momento, Sherry no sufriría ningún daño –, la sala estará cerrada herméticamente, no podrá suicidarse ni escapar.

–Entonces ya está todo dicho –aplaudió una sola vez, zanjando finalmente el tema –, es hora de que cada uno siga su camino, yo estaré atenta de si hay algún movimiento por parte del FBI, ¿vienes conmigo Gin?

–Tengo cosas mejores que hacer.

¿A que venían esos jueguecitos?

¿Era él o los dos se llevaban peor que antes?

–Muy bien.

Ahora solamente lo que tenía que hacer era bajar donde se encontraba Sherry, la tensión se podía cortar perfectamente con un cuchillo por lo que agradeció salir lo antes posible de allí, bajando rápidamente al sótano de la sede principal.

Aunque estaba entrenado para acercarse a ella, ganar su confianza era otra cosa después de tantas traiciones. Tendría su tiempo o buscar algo clave para que supiera que estaba de su lado, que nunca cortaría la comunicación con los del exterior.

Por suerte la caza de ratas había cesado, no podían permitirse perder de nuevo a la gran investigadora y desarrolladora de algo que ni él sabía para que funcionaba, si se lo sonsacaba sería una buena información para la policía secreta.

No se lo contó ni al FBI,

Ni al crío detective,

¿En que estás pensando Amuro?

Abrió la puerta, observando su interior hasta que halló a la joven sentada en una de las frías esquinas, con ambas piernas estiradas de lado, levantando lentamente su rostro pálido y cansado.

–¿Te encuentras bien?

–¿Tu que crees?

–Te llevaré a mi casa –se acercó –, te prepararé una habitación para descansar.