Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.

Hola, un viernes más, un capítulo más, muchas gracias por todo su apoyo, sin dudas significa mucho para mí, espero que esté siendo de su agrado la historia, muchísimas gracias a los que leen la historia, y a los que aparte de eso, dejan su hermoso review, gracias, en serio, gracias, significa mucho para mí, en fin, sin más, ojalá les guste el capítulo y nos seguiremos leyendo.

Mrs Malfoy: Hola, muchas gracias por tu review, me alegra que te esté gustando, y sí, aun habrá más capítulos, pero no sé cuantos más, gracias por el apoyo.

Guest: Hola, muchas gracias por tu review, aunque dudo que leas esto, lamento que pienses que es una mala historia sólo por la cantidad de capítulos, ojalá encuentres algo que sea de tu entero placer, hay muchas historias muy buenas de esta pareja.

Nos leemos el próximo viernes. 💖

Gracias por todo; y cualquier cosa, no duden en decirme.✨


Lily observaba atenta a su padre, que estaba furioso por lo que había hecho, Sebastian había sido dejado en una celda de Azkaban a la cual no podían acceder, por magia tenebrosa que había sido empleada para evitar que escapara, y ella se negaba a decir quién le había ayudado a llevar ese plan acabo.

—Ya debería haber despertado –soltó Lily, desesperada.

—Él no va a despertar –soltó Albus, convencido.

—Suenas como a su padre –soltó James.

—Seamos honestos, si es verdad que la herida por sí sola, ve tus acciones y pensamientos, no podrá acceder, Scorpius es tan obstinado, que está evitando que pase a sus pensamientos, a sus recuerdos.

—Y ¿si te inducimos en su juicio por un dios oscuro o espejo humeante y le dices que sólo le deje echar un vistazo? –se burló James.

—Es una buena idea –soltó Harry Potter.

— ¿Lo dices en serio, o sólo te estás burlando de mí? –frunció el cejo el mayor de sus vástagos.

—Lo digo en serio, pero, Lily debería ser quien lo haga.

—Albus lo conoce mejor que yo.

—Pero Scorpius no lo ama, es más fácil que confíe en ti.

—No lo sé –musitó temerosa –él ha estado reacio a decirme cosas de sí mismo ¿y si eso lo enfada?

—Le ayudarías a dejar ese lugar, Lily.

—Cierto –le dio la razón a su padre.

A pesar de que el plan le parecía una locura, esperaron a que Draco Malfoy regresara, había ido a su casa a tomar una ducha y comer un poco, aprovechando la cantidad de visitas que tenía Scorpius, una vez que se le puso al tanto, fue hasta el hospital.

—Sigo diciendo, que deberíamos llevarlo a San Mungo, ahí posiblemente habrían hecho esto hace días –soltó James.

—No podemos moverlo así como así –soltó Draco –hay ciertos protocolos, y por la gravedad mágica de su salud, es mejor mantenerlo aquí, incluso, más seguro.

—Bien, entonces ¿qué opina de nuestro plan, señor Malfoy? –interrogó Albus, un poco nervioso.

—La mente de las personas es muy complicada, hace tiempo que no hablo con él, así que no sé cómo podría esto afectarle.

—Todos sabemos que él ama a Lily, más que nada, así que es la única que no corre peligro ahí.

—Pero… no sé ¿y si no lo encuentro?

—Piensa un poco como él, si estuvieses en su lugar ¿dónde estarías?

—Nunca he hecho una inducción de conciencia, así que será complicado y un poco peligroso ¿aun así estás segura de querer hacerlo?

—Estoy segura.

Draco Malfoy mostró el trozo de obsidiana que le habían quitado a Scorpius de la herida, aun así, ésta seguía avanzando en su infección, cubriéndole una parte cada vez más grande de su anatomía.

—No será agradable ¿bien?

Ella asintió a las palabras del padre de Scorpius, lo vio incrustar el fragmento, y una vez dentro de su piel, tuvo que meter su dedo a la herida, el tacto se sentía extraño, y un poco asqueroso; escuchó la voz a su alrededor y poco a poco, todo le daba vueltas de forma violenta.

—X—

Abrió los ojos, estaba recostada, o eso creía, la oscuridad era inmensa, no sabía cuánto tiempo llevaba ahí, inconsciente, giró en su propio eje, buscando un recoveco de luz, pero nada se veía, suspiró.

— ¡Scorpius! –lo nombró.

Una pequeña esfera de luz la cegó, le costó un momento acostumbrarse, así que le observó con atención ¿de dónde había salido?

—Scorpius ¿estás aquí? Cariño, soy yo, Lily.

Un llanto se escuchó, bajo, pero tan triste, que le dieron ganas de llorar, era el llanto de un niño, así que no podía ser de su novio, al menos no un Scorpius adulto.

—Scorpius, vine por ti, hemos descubierto que para que puedas volver, necesitas dejarlo pasar, ver cada uno de tus recuerdos, y…

—Por su puesto.

El llanto cesó, la luz se encendió, y lo vio, sentado en el suelo, recargado en una puerta, con las piernas flexionadas y sus brazos descansando en sus rodillas, con la cabeza agachada.

—Scorpius –soltó alegre.

—Sabía que lo intentarías, pero no sabía cuánto te tomaría tomar su aspecto –soltó, con una mirada de odio y desprecio en la voz –era lógico que tomaras su aspecto, jamás podría dañarla a ella, prefiero morir, antes de hacerle daño alguno, así que felicidades, no va a funcionarte de cualquier manera.

—Cariño…

—Muy convincente, pero no, no pasarás, nada de mi vida te incumbe, no eres nada ni nadie para juzgar mi vida, márchate, que sin importar que tengas su rostro, no confiaré en ti.

Las lágrimas cayeron por las mejillas de Lily, las palabras del chico eran bastante agridulces, por saber que jamás la lastimaría, y la confirmación que no confiaba en ella, ni en una réplica o lo que fuera.

—No sé quién te ha estado visitando, Scor, pero tienes que dejarlo ver, si no eres su enemigo, no tiene por qué retenerte más.

—Yo no soy tu enemigo, has visto gran parte de mis recuerdos, sin permiso, pero ahora comprendí que soy yo quien te mantiene aquí, no al revés, si quieres volver a donde perteneces, tendrás que marcharte sin ver nada más ¿lo comprendes?

El llanto volvió a escucharse, detrás de la puerta donde él estaba recargado, al escucharlo, recargó la cabeza en la madera, mirando hacia arriba, su semblante también cambió.

—Entonces, te llevaré por el recorrido –la pelirroja se sobresaltó, al escuchar una voz a sus espaldas.

Scorpius regresó su vista hasta la pelirroja, atemorizada, la mirada de Rose Weasley era bastante cruel, sacó una pequeña daga, y la levantó, con la intención de apuñalar a Lily.

— ¡Scorpius! –chilló, lo sujetó para que no cayera al suelo.

Un segundo después, Lily estaba de pie en un amplio jardín, no lo reconoció, Scorpius no estaba y tampoco Rose, observó a su alrededor, una mujer de cabellos oscuros y ojos verdes estaba de pie cerca de ella, viendo en su dirección, sabía que no podía verla, estaba en un recuerdo de Scorpius, así que se giró.

En un pequeño arbusto, se alcanzaba a ver una pequeña melena rubia, que se asomaba de la forma poco discreta que podía existir, pero típica en los niños.

— ¿Dónde estará Scorpius? No lo encuentro –soltó, con una enorme sonrisa.

El niño rió entre el arbusto, siendo más evidente, mientras la mujer fingía seguir buscándolo, no pasó mucho, hasta que salió de su escondite, "asustando" a su madre.

—Ahí estabas –habló en un tono dulce y tranquilo –que bueno que saliste, o no te habría encontrado nunca, eres bueno escondiéndote.

—Yo jamás me escondería mucho tiempo de ti, mami, te amo –lo abrazó.

—Y yo a ti, Scorpius –lo estrujó, besando la parte superior de su cabeza –no importa lo que pase, siempre voy a amarte.

—Papá dice que un día vas a dejarnos, pero no te vayas ¿sí? Quédate conmigo toda mi vida.

—Siempre voy a estar contigo toda tu vida, cariño –lo alejó un poco –siempre estoy junto a ti, aunque no me veas, porque estoy aquí –colocó la palma de su mano en el pecho del niño, señalando su corazón.

El recuerdo cambió de forma brusca, mareándola un poco, estaba en el suelo, recostada cuando unos pasos se escucharon a sus espaldas, un Draco Malfoy más joven avanzaba hasta ella con semblante serio, deteniéndose delante de un niño; del pequeño Scorpius.

—Deja de llorar, Scorpius –le pidió, en un tono suave, aunque para un niño, era difícil de distinguirlo entre seriedad y suavidad.

—Ellos dicen que…

—No debería interesarte lo que dicen –se acuclilló, para quedar a su altura –eso no es verdad.

—Papá ¿es verdad que soy hijo de Voldemort? –Las lágrimas cayeron con más intensidad –eso quiere decir que realmente tú, no eres mi papá.

—Ellos sólo lo dicen para lastimarte, y los estás dejando –colocó sus manos en sus hombros –tú eres mi hijo, Scorpius, mío y de Astoria, y jamás te mentiría al respecto.

—Entonces ¿también mintieron cuando dijeron que mi nacimiento provocó que mi madre enfermara al grado que un día moriría?

—Tu madre un día morirá, Scorpius, al igual que yo.

—Pero, los magos vivimos muchos años más que los muggles ¿no es cierto? –se ilusionó por un momento.

—Es cierto, aun así, tu madre quizá no viva tanto, hijo.

— ¿Y tú? ¿Si mamá muere, tú también lo harás? ¿Vas a dejarme solo también?

—Yo nunca voy a dejarte solo, Scorpius, sin importar cuanto lleguemos a chocar en caracteres, siempre voy a estar ahí para ti, en el momento que me necesites, estaré ahí, sin importar cuanto tiempo tengas sin hablarme, tú, y tu madre, son todo lo que tengo, y a ti, en específico, te amo, hijo –Lily notó como las palabras le costaron más de lo que debería decirlas, las sentía, porque se le notaban en los ojos, en la postura, en todo, pero Draco no estaba acostumbrado a ser tan expresivo con los demás –haría cualquier cosa por ti, por tu bienestar.

—Papá, nunca vayas a dejarme –pidió, haciendo sonreír al mayor.

—Te lo juro, Scorpius, jamás voy a dejarte.

Lily sonrió, aquello le pareció incluso más tierno que el recuerdo pasado de la madre de Scorpius, y es que estaba tan acostumbrada a pensar que el amor de la madre era incluso más que el del padre, y a veces, ellos podían sorprender, amando de forma incondicional a sus hijos, y siendo capaces de todo lo que una madre es capaz de hacer por ellos.

El recuerdo volvió a cambiar, Scorpius de diez años estaba delante de ella, mirando a través de la ventana de los Sortilegios Weasley, sus ojos grises brillaban ante la emoción, se giró para ir hasta la puerta, topándose con un par de niños mayores que él, así que se detuvo un momento, esperando a que entraran o se fueran.

—Dime ¿no pensabas entrar, o sí, Malfoy? –se burló uno de ellos, que Lily no reconoció.

—Y-Yo… sí, mi madre me dio unos galeones para comprar algo, siempre he querido…

—Deberías saber que la tienda es de uno de los hermanos Weasley –dieron un paso hasta él –héroes de guerra, y tú ¿realmente piensas entrar? Cuando tu padre es Voldemort, que valentía, a pesar de ser vencido, fuiste criado por unos asquerosos mortífagos, los Malfoy como tú, son basura.

El pequeño Scorpius se cubrió la cabeza y se agachó, para que los golpes no dieran en algunas zonas de su cuerpo, mientras los demás reían divertidos porque estaban "luchando" contra el hijo de Voldemort, igual que lo había hecho Harry Potter y sus brillantes amigos en el pasado.

—Oigan, ya déjenlo –soltó alguien desde la puerta –sino se calman, le diré a mi tío George.

Rose Weasley se abrió paso entre los niños, para ayudar a la víctima de esos grandulones, su cara de asco y desagrado fue clara cuando vio que se trataba de Scorpius, retrocedió, quitando la mano que había ofrecido, y observando al niño detrás de ella.

—Alguien va a verlos y regañarlos, así que deberían llevarse a la escoria Riddle a un lugar más privado, y tú –soltó con desprecio a Scorpius –ni se te ocurra entrar a la tienda de mi familia, o haré que te echen, asesino.

—Yo no soy ningún asesino –bramó Scorpius.

—Pues eso no es lo que se dicen –levantó la vista, así que el rubio hizo lo mismo, Astoria Malfoy estaba de lado, distraída por un par de brujas, evitando que viera hacia su hijo –tu madre luce asquerosa, como un inferí –los demás rieron a sus espaldas –ya ves, cómo si eres un asesino, al nacer tú, su vida comenzó a apagarse, escuché a mamá decir, que mientras más fuerzas adquieras y más crezcas, matarás más rápido a tu madre.

—Yo no…

—Llévenlo a otro lado, o la inferí de su madre notará que lo golpean.

Lily perdió de vista a su prima Rose, cuando todo cambió, esta vez, no era un pequeño Scorpius el que estaba frente a ella, sino un Scorpius de quizás 17 o 18 años, su cuerpo no estaba tan trabajado como ahora, aunque sí un poco.

—Eres sólo un niño –soltó una mujer divertida.

—Audrey me dijo que usted me ayudaría con eso –murmuró, en un tono tan extraño, que le hacía dudar que fuese el mismo del que se enamoró.

—Espero que ella no esté haciendo esto con mi esposo, o tu padre –soltó divertida.

—Lo dudo mucho –admitió en ese mismo tono –yo sólo quiero que me ayude, verá, soy…

—A ninguna mujer le importas tú, niño –sonrió, llevando el whisky a sus boca –entiende eso de las mujeres, ellas sólo quieren ser el centro del universo, de su pareja, del hombre que las corteja, no les interesa como se sientan ellos ni que piensen, nada, mientras las hagas sentir importantes, van a darte todo lo que pidas, desde lo que quieres y tienen entre las piernas, hasta su dinero y amor.

—Si me dan su amor…

—No –informó –ellas van a darte su amor, porque las atiendes, sexual y las engrandeces, en cuanto las comiences a aburrir contigo, te dejarán.

—Ya, bien, entonces ¿va a decirme qué hacer?

—Es mejor la práctica que la teoría –sonrió –ven aquí, chico.

La mueca de asco de Lily fue clara, al ver a esa mujer de al menos 40 años besando a un joven, aunque la edad era distinta, no veía mucha diferencia entre lo que le había pasado con Sebastian, a lo que Scorpius hacía con esa mujer asquerosa.

El recuerdo volvió a cambiar, de nuevo era esa mujer, con el rostro sudado y rojo, mientras Scorpius arremetía en su interior, la mujer gemía de forma escandalosa, mientras rasguñaba la espalda del rubio, la hizo terminar, pero él no lo logró, simplemente salió de ella, frustrado.

—Te estás volviendo muy bueno en esto, Scorpius –lo elogió –si quieres más práctica, puedo presentarte a chicas de tu edad, o incluso más jóvenes, e inexpertas.

—No me interesan más jóvenes que yo –soltó.

—Entonces, por eso entiendo que…

—No, tengo 17, soy mayor de edad, me interesan mujeres de mi edad, que puedan decidir si quieren o no estar conmigo, las menores, pueden quedarse y adquirir experiencia con chicos de su edad.

—Bien –aceptó –tengo unas sobrinas de 19, supongo que esas estarán bien, también van a saber guiarte.

—Me parece bien –contestó en un tono ausente.

—X—

Scorpius se puso de pie de inmediato, la observó preocupado, estaba llorando, y sabía que la habían llevado de paseo por algunas de sus memorias, sino es que por todas, y eso le preocupaba, una cosa era que le dijera que no era un buen tipo, y otra que ella viera cada una de sus memorias.

—Ya ¿vas a dejarme entrar a esa puerta? –soltó Rose, a sus espaldas.

—Ni lo sueñes, hay más de donde puedes elegir y no has entrado –soltó enfadado –Lily… ¿estás bien?

—Sí –soltó distante.

— ¿Algo de lo que viste te hizo cambiar de idea sobre lo que sientes por mí?

—Ah, vaya que sí –se burló Rose.

—Cállate –soltó enfadado –Lily…

—Te diré por ella, que en todos tus recuerdos, no hay ninguno de ella, ninguno bueno, al menos –sonrió Rose.

— ¿Qué? –frunció el ceño.

—Ni uno solo –musitó Lily –en todos ellos, no hay diferencia entre Rose y yo, Scorpius ¿cómo puedes amar tanto a una y odiar a la otra? Si lo único que hice por años fue hacerte sentir más y más invisible.

Lily rompió en llanto, de una forma tan incontrolable y lastimera, que se asemejaba al del niño detrás de la puerta que tanto atesoraba Scorpius.

—Eso no es cierto, cariño –la sujetó de las mejillas, obligándola a verlo.

—Lo es, claro que lo es, Scorpius –sollozó –yo hice que cada vez creciera más y más esa sensación de que no mereces ser amado –intentó alejarse –me odio en este momento por haberte hecho sentir así…

—Tú no tienes la culpa de que ya estuviese jodido, Lily –sonrió –te amo, porque eres dulce, inteligente y divertida, Albus lo dijo, fui yo, cuando decidí ser lo que soy o fui, que alejé toda posibilidad de que te fijaras en mí, era obvio, que con lo que te pasó, tenías tu propio lugar mental en el que estabas a salvo, y no es tu culpa que yo no fuese parte de eso.

—Quiero saberlo todo de ti –musitó –y no, eso no me hará dejar de amarte, sino todo lo contrario.

—Eso dices, pero no es cierto.

—Entonces, pruébame.

—Cariño ¿aquí? –bromeó el rubio.

—Eres un idiota, Scor –soltó con una débil risa.

—Ven –extendió su mano y Lily la tomó sin dudarlo un momento –vamos al peor de mis recuerdos.

La puerta se abrió, haciendo que el llanto fuese más fuerte, todo se movió, y ni siquiera había entrado por la puerta, sin embargo, vio a un chico corriendo rápidamente por el pasillo de Hogwarts, con una enorme y hermosa sonrisa.

Abrió la puerta, emocionado, feliz, con un trozo de pergamino en la mano, que llamó su atención, era su letra.

—Lily –la nombro –soy yo, Scorpius Malfoy, el mejor amigo de tu hermano Albus, recibí tu pergamino, y me alegra que quieras ser mi amiga, hoy he recibido una mala noticia de casa, pero tu pergamino me ha hecho feliz.

La pelirroja contuvo el aliento, no recordaba aquello ¿realmente había pasado?

Su respuesta se vio contestada un momento después, cuando la risa de algunas personas, él se giró, algunos alumnos mayores cerraron la puerta del despacho que había sido del Profesor Snape y que ya nadie ocupaba.

—Ah, que dulce, realmente creíste que mi prima vendría ¿no es así, pervertido? –Lo empujó –a ella le produces tanto asco como al resto de los demás, sólo mírate, eres tan débil y llorón, incluso tu padre tiene que estar avergonzado de ti, ah, y tu padre adoptivo también.

Algunos de los chicos le apuntaron con sus varitas cuando intentó atacar a Rose, que iba acompañada de Polly Chapman, que reía a carcajadas por la mirada asustada del rubio.

—Nadie va a amarte jamás, Scorpius –soltó Polly –Rose tiene razón, eres un perdedor, ni siquiera tienes el mismo potencial mágico que tu padre, Voldemort, pero heredaste la cobardía de tu padre Draco, eres patético, eres incapaz de provocar ese sentimiento tan puro y poderoso en alguien –sonrió –sólo un imbécil se enamoraría de ti.

—Incluso a mi primo Albus le provocas asco –soltó Rose divertida –es tu amigo, porque hicimos una apuesta, pero no por otra cosa.

—Nadie quiere ser tu amigo –soltaron a coro los demás.

Lily desvió la vista al ver como los demás lo golpeaban, la risa de los presentes era insoportable, cruel, mientras lo atacaban, cuando se hicieron hacia atrás, la joven pudo ver lo que habían estado haciendo.

Lo habían desnudado.

No conforme con eso, le habían quitado todo el cabello con magia, y usado hechizos algo avanzados en él, dejándolo con un aspecto asqueroso y como de reptil.

—Aguamenti –murmuraron al menos cinco chicos, guiados por Rose, y lo mojaron, mientras reían.

—Ahora sí, eres idéntico a tu verdadero padre.

Lily contuvo todo lo que pudo el llanto, impotente de no haber estado ahí, de no haber podido hacer nada, o brindarle su amistad realmente, el pergamino que Lily vio sobre el piso, no era el que tenía su letra, sino una más uniforme y elegante.

Scorpius, lamento informarte esto por lechuza.

Pero tu madre murió esta mañana, tu padre no ha tenido cabeza para nada desde que ocurrió, pasaré por ti a primera hora, por favor, no le digas a nadie.

El chico de 13 años se quedó en posición fetal, llorando desconsoladamente, mientras la furia de Lily invadía todo su cuerpo, quería gritar, tirarlo todo, quemarlo, si fuese necesario, para volcar toda la ira que la estaba consumiendo; observó al chico junto a ella, observando con tanto dolor aquella escena, ahora lo comprendía, la razón por la que no quería contarle, la humillación, el dolor, su madre había muerto ese día, y no conforme con eso, Rose y sus amigos, le habían "recordado" que nadie más en el mundo lo amaría de nuevo.

La puerta se volvió a abrir, la joven estaba lista para odiar a alguien más, una melena castaña se asomó al lugar, Lily supuso que le llamó la atención el llanto, o algo así, los ojos azules de Jarvis perdieron de inmediato el brillo fanfarrón, entró apresurado a auxiliar al chico que desconocía.

—Oye ¿quién te hizo esto? –Preguntó, ayudándolo a sentarse.

Whisp se quitó la túnica, la bufanda y los guantes y se los puso al chico, se sentó sobre el suelo para contemplarlo, ya que al parecer no pensaba hablar.

—Soy Jarvis, Whisp –completó.

—Sé quién eres, te crees fabuloso, te das el lujo de despreciar a las chicas y no eres amigo de nadie que esté fuera de las ligas, si para ti no es popular, para nadie lo es.

—No sabía que me tenías en tan mal lugar, Scorpius.

Lily sonrió, ahí estaba esa calidad humana que siempre mostraba el castaño, y al parecer, jamás la decepcionaría.

—No vengas a hacerte el agradable conmigo, sé que no te caigo bien.

—La verdad, es que me enfoco en otras cosas, contrario de lo que crees, no voy catalogando a la gente, simplemente me enfoco en lo que me interesa.

— ¿Qué haces aquí?

—Me interesa saber ¿qué rayos te pasó?

—Unos estudiantes me gastaron una broma, me dejaron luciendo como mi padre ¿no lo has visto?

—Tu padre es un empresario, rubio y fastidioso, normalmente luces muy parecido a él físicamente, ahora, no te encuentro parecido alguno con él ¿intentas jugarme una jugarreta?

Scorpius se cubrió el rostro y sollozó, en un segundo, estaba llorando, de nuevo aquel sonido desgarrador, sin importarle un bledo que alguien más estuviese enfrente de él, ya lo habían humillado lo suficiente como para que eso le importara.

—Vayamos a la enfermería, ven –se puso de pie de una forma ágil y grácil y le extendió la mano.

Lily observó a Scorpius aceptar el gesto, el castaño lo cuidó hasta llegar a la enfermería, y estando ahí, se quedó con él, charlando de algunas cosas, del éxito del castaño con las chicas, y las personas en general, riendo, diciendo chistes, hasta que se quedó dormido.

Jarvis Whisp no se fue de la enfermería hasta que Scorpius la abandonó con su abuela Narcissa Malfoy.

—Quizá para ti no sea la gran cosa –murmuró Scorpius, dolido.

—Lo lamento –volvió a disculparse con él –yo… nunca recibí ninguna nota tuya.

—Lo sé, Rose interceptó el mensaje que te envié.

—Ahora comprendo muchas cosas –aceptó.

—Ahora te gusta más Jarvis ¿no es cierto?

Lily sonrió; cuando había ido con el castaño, y preguntó cómo se habían hecho amigos, pensó que no le quería decir por alguna clase de venganza, ahora, al saber que su amistad, había nacido por algo tan cruel, comprendió todo.

—Scorpius –Lily se giró hasta él, sorprendiéndolo por la brusquedad.

—Sí, pelirroja.

—Quiero hacerte una pregunta, y responde con honestidad ¿bien?

—Claro ¿qué ocurre?

—Dime ¿quieres casarte conmigo? –preguntó, sorprendiéndolo.