Sol antes de la tempestad
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Poppy no podía respirar, y esa vital cosa no le molestaba en lo absoluto, se sentía bien, estaba prensada con aquello encajado en su boca, las fuertes manos del joven que no la dejaban moverse ni un poco, su nariz pegada a su vientre, a esos juguetones rulos azulados, sentía algo recorrer su garganta, un líquido caliente que bajaba sin demora por ella, se sentía jodidamente bien, le impresiono lo rudo que fue el chico, pues en un momento pensó que le rompería la mandíbula por la manera tan brava en que se desenvolvió, pero ahora estaba bien, Ramón le libero la cabeza y ella pudo de nuevo respirar, al salir su miembro seguía chorreando, eyaculo de tal manera que de su boca escurrían hilos gruesos de su semen blancuzco, era la primera vez que saboreaba eso, ni dulce ni salado, no podría decir que el sabor era agradable, solo que esa esencia la volvía totalmente loca, sentirla en toda su garganta, tragarla, Poppy no aparto la vista de su amado intruso, aun cuando este iba perdiendo su erecta forma, seguía embobada con aquella serpiente.
-Poppy, lo siento tanto, no era mi intención… - escucho la voz preocupada de Ramón.
-¿Terminar en mi boca? –
-Si, lo lamento, me queje de eso y ni siquiera te pregunte si a ti te gustaría… -
-Sabe bien. – dijo relamiéndose los labios.
-¿Qué? – pregunto sorprendido.
-Me gusta… me gusta cómo se siente, a que sabe… es la primera vez que lo hago sin condón. –
-¿La primera? ¿Estás hablando enserio? –
-Aja… eres mi primera vez en muchas cosas, eso me gusta, Ramón, me gusta todo de ti… sé que te dije que solo es sexo, pero… te amo, cada que me tocas, que lo hacemos… o lo intentamos hacer. – aquel comentario lo hiso reír un poco. – Yo siento algo mucho más fuerte que solo sexo, y creo… creo que tú lo sientes también, ¿verdad? Eres mi primera vez en muchas cosas y quiero que seas el único en muchas más. – Poppy tomo entre sus manos al ahora flácido amigo y comenzó a lamerlo para limpiarlo.
-Uff… Poppy. – bufo mientras echaba la cabeza para atrás, cerrando los ojos y comenzaba de nuevo a mover las caderas, excitado por las lascivas lamidas de la chica. Ya no podía resistirse a ella de ninguna forma. Poppy se había salido con la suya, fue todo una trampa, "solo sexo" pensó "maldita zorra tramposa" Lo había hecho gemir, gritar, "ya me tienes, ya soy tuyo" no podía negar esa extraña conexión, tenía razón, era fuerte, implacable, segadora, lo hacía sentir ansioso y pacifico al mismo tiempo, ahora tenía todo sentido. Ramón quiso verla a la cara antes de que se metiera de nuevo su órgano a la boca, y le sonrió, era una sonrisa que lo decía todo a la vez, Poppy le correspondió metiéndose la punta a la boca abierta restregándola contra su paladar, dándole mimos con la lengua al tronco, sin dejar de sostenerle la mirada.
-Hermano, debiste escuchar eso, había alguien en algún lado que sin duda lo estaba gozando. – Se escuchó decir a Nube que venía entrando a la sala recién llegando de estar en la calle, estaban ambos tan ensimismados que no lo oyeron al abrir la puerta.
Las tres personas presentes se quedaron un momento en shock, Poppy aún estaba hincada frente a Ramón y este tenía los pantalones a medio muslo; Nube no hiso otra cosa más que voltear apenado.
-Lo siento. – Se disculpó. – No sabía que ustedes dos estaban "ocupados". -
Poppy se levantó tan rápido como pudo y comenzó a limpiar los restos de semen de su boca, mientras Ramón se subía los pantalones.
-No, no estábamos "ocupados", solo… es que nos habíamos aburrido de esperarte. –
-¿Y se estaban des aburriendo o querían comer un antojito antes de la cena? –
Poppy se paró a su costado y pregunto de forma directa.
-¿Y la cena? Me muero de hambre. -
-Está en estas bolsas. – le dijo señalándolas. – traje todo lo que había en el menú, en pequeñas porciones, claro, aunque, por lo que te acabas de tragar, no sé si aún te quede espacio. -
-No digas eso. – Menciono avergonzada, Nube volteo a verla para tratar de decir con el mayor tacto posible.
-Tienes un poco de … tú sabes, escurriéndote de la barbilla. -
Poppy se tapó la cara apenada.
-¿Quizás deba de… lavarme? -
-¿La boca? Claro… aunque también la cara, el cuello ¿Qué te hizo mi hermano? ¿jugo a "atínale a la boca" desde lejos o qué? –
-¡NUBE! – Lo callo enojado Ramón.
La cena fue más tranquila que aquello y la vergüenza, gracias al cielo, se le había olvidado por completo a Poppy, Ramón sin duda ya estaba más que acostumbrado a pasar por situaciones incomodas causadas por su hermano.
Ambos hermanos vieron con asombro como la chica termino con sus alimentos como una completa aspiradora. En especial unos, una caja llena de tallarines, la pasta que sorbía Poppy parecía no tener fin, y ella la chupaba y la chupaba sin descanso, sin ni siquiera tomar aire. Ramón la veía con una expresión entre el asco y la completa incredulidad, mientras que Nube solo la veía para luego voltear a ver a su hermano.
-¿Ves lo que yo veo? – le susurro, este afirmo con la cabeza. – Ahora entiendo porque te escuche gemir, si te la chupo con esa fuerza… –
Nube termino con su cena sobre su cabeza.
-Vuelve a decir algo referente a eso y te clavare los dos palillos en tu estúpido rostro. –
Tras terminar de comer, Nube se retiró a darse un necesario baño, la salsa soya y los domplines no se irían solos de su cabellera, Poppy subió a dormir, mientras Ramón se quedó abajo a guardar las sobras. Estando solo tuvo el suficiente tiempo y paz para pensar, "La amo a ella" se decía a si mismo mientras tarareaba una canción y guardaba un toper en el refrigerador, "Estoy seguro, quiero pasar el resto de mi vida con Poppy, aun si ella no quiere casarse jamás" miro aquel numero en su ante brazo al lavar los platos, lo estiro dentro de la tarja, tomo la esponja y lo tallo con fuerza hasta hacerlo desaparecer de su piel, ya no lo necesitaba, es más, ahora se daba cuenta que nunca lo necesito, realmente Antony había pasado a ser historia desde aquel desencuentro en el hotel, solo que se negaba a verlo, ya no se sentía unido a él de ninguna manera.
Ramón finalmente subió a su habitación, se puso su bata y trato y trato y volvió a tratar de conciliar el sueño.
-¡¿Por qué no me puedo dormir?! – se quejó amargamente.
Había tenido un día pesado y físicamente relajante, debería de estar listo para dormir hasta el amanecer, pero por más que lo intentaba, sus ojos no se cerraban. Ya no tenía ninguna crisis existencial, su mente ya no pensaba en nadie que le robara el sueño, a no ser…
Ramón se levantó de un salto, atravesó el pasillo que lo separaba de Poppy y entro a su habitación. Ella estaba abrazando a una almohada, la susodicha almohada con la que pretendía engañarlo.
-Ya no la necesitas, idiota. – dijo en voz baja al quitársela, llevándose la sorpresa de que también abrasaba al oso de peluche. – Te odio, te odio, te odio… - no comprendía porque, pero ese oso de peluche le producía una repulsión terrible, lo quería tan lejos como fuera posible, así que se lo quito con cuidado lo lanzo al pasillo y cerró la puerta.
Ramón se metió en sus sabanas y la arropo entre sus brazos, Poppy gustosa, pero dormida, le correspondió el afecto, acurrucándose entre ellos.
Todo estaba bien, era perfecto, eso pensaba Poppy mientras iba despertando ya cuando el sol comenzó a aclarar el día, las estrellas se habían alineado junto con los planetas y galaxias, estaba segura de que sus sentimientos eran al fin correspondidos, su relación, su vida, su futuro, todo parecía estar correcto, pero, su cuerpo susurraba algo, trato de enfocarse en eso, ¿Qué era lo que la llamaba desde adentro? No sentía dolor, ni siquiera incomodidad o molestia, ¿Qué era? No podría decir que se sentía mal, aun así, no se sentía bien. Su positivismo, siempre salvándola de los malos pensamientos, le sugirió que era solo el atracón de comida que se había dado la noche anterior. "Tantos días con dieta y de la nada romperla, solo estoy sobrecargada." Y tirando ese sentimiento de preocupación, se estiro todo lo que pudo, para darse cuenta que estaba siendo abrasada por la espalda, al moverse, esa persona la enredo entre sus brazos con mayor fuerza, acurrucando su cabeza en su nuca.
-¿Ramón? – pregunto de manera torpe, "¿Quién más podría ser?"
-Buenos días. – saludo con dulzura mientras pegaba más su cuerpo a ella, estaba encantado de pasar una noche normal bien dormida, sin medicamentos ni cansancio extremo.
-Buenos di… - Poppy trato de contestarle, pero sintió algo enorme y duro entre sus piernas. – Wow… ¿Qué es eso? – Ramón la sostuvo con mayor fuerza.
-Son muy "buenos" días. –
-¿Eso qué quiere decir? –
Ramón volvió a repagarse a ella, restregando su miembro, esta vez contras sus glúteos.
-Que no soy el único que se "despertó", ¿Quieres divertirte un rato? Podemos aprovechar. –
-No, no, no… - le rogo mientras se volteaba para darle la cara. – Quiero decir, me encantaría, pero… es que no tengo ganas de… eso… no ahora. – fue honesta, aunque le preocupaba que eso cambiara su humor.
-Entiendo. – dijo con amabilidad. - ¿Y de que si tienes ganas? –
-Pues… -
Un ligero gruñido de tripas llamo su atención, Ramón no necesito de más instrucciones, se levantó veloz a hacerle el desayuno, waffles con fruta y crema batida, chispas de chocolate, grajeas, jamás pensó que ese gruñón le llegara a preparar una fiesta de colores y dulces como desayuno, pero estaba tan cambiando, actuaba de manera contraria a lo habitual, cantaba y le hablaba con ternura, llegándole a decir "cielo" o "cariño", Poppy se sentía tan amada, más cuando Ramón en vez de tomar una servilleta le limpio la mejilla con un beso.
Ramón destilaba amor, en cada acción, cada tono de su voz, en como la miraba, respiraba o hacia el desayuno. Cuando Nube bajo, la bella escena de pareja perfecta de postal lo dejo cegado.
-¿Pero qué paso aquí? – pregunto tratando de no verlos, era tan dulce la escena que le causaría caries o una embolia.
-Es el desayuno. – contesto Poppy con la boca llena.
-¿Quieres más, dulzura? – le pregunto Ramón al ver que se había terminado su plato.
-No, cielo, tengo que guardar la figura. – le contesto Nube fingiendo voz de mujer, pero para su asombro, eso no le molesto a Ramón en lo absoluto.
-También te hice los tuyos, hermano. – Le dijo con amabilidad.
-Ramón, ¿Puedo hablar contigo un segundo? En privado… - le pidió con tono urgente.
-Claro, ¿Qué pasa? – pregunto al estar lo suficientemente lejos de Poppy, aun así, Nube hablaba en susurros.
-Oye, te dije que la llenaras de amor, no que la ahogaras en el. –
-¿A qué te refieres? Poppy está bien, si se sintiera ahogada me lo diría. –
-¿Seguro? Porque yo creo que es más de esas chicas que te siguen la corriente. –
-¿Ella? Pero si siempre me lleva la contra… -
-No, espera, nos estamos desviando, a lo que yo me refiero es que si sigues así de intenso la vas a asustar. –
-Por favor, a ella le encanto. –
-Sí, ahora sí, pero puedes hartarla o aburrirla. –
-¿Aburrirla? Por supuesto, como no lo pensé antes. –
-Eso es, ya estas entrando en conciencia. –
-Encerrada todo el día aquí con nosotros, debe de estar muy aburrida. –
-No era lo que yo quería decir, pero… tal vez un poco de aire nos despeje a todos las cabezas, iré a cambiarme, espérame un momento. –
Nube subió, no sin antes tomar su plato de waffles y llenarlos de una asombrosa cantidad de crema y miel, los comía, tratando de no atragantarse mientras se cambiaba en su habitación. Cuando al fin estuvo listo, bajo para encontrarse que Poppy y Ramón ya no estaban, habían salido dejando una nota en el refrigerador.
"Fuimos a pasear al muelle, hay comida china en el refrigerador, puedes calentarla si te da hambre, volveremos tarde, no nos esperes a comer." Firmada por la pareja.
Nube no perdió más el tiempo, tomo su cartera, un sombrero y salió corriendo de casa en dirección al muelle.
Poppy era casi arrastrada por el feliz Ramón, no es que no quisiera ir con él a algún lado, era solo que iba a un paso que no podía mantener.
-¿Te he dicho que las caminatas calmadas me gustan más que las correrás? –
-Que bromista eras, con este sol, hay que darnos prisas o quedaremos tostados, vamos, corramos a la sombra. – comento apuntando la sombra de los primeros negocios del muelle.
La chica estaba exhausta, pues la distancia entre la casa y el muelle era de respetar, ¿Por qué Ramón la había forzado a recorrerla? Con lo maniático que era luego de que ella se desmayara dos veces por el sol, no la dejaba ni ver por la ventana, y ahora la estaba haciendo correr a pleno día, con la arena quemándole la piel expuesta a la orilla de la sandalia, la luz dejándola casi ciega, y esa sensación de que algo no estaba bien, que iba creciendo en sus entrañas.
-Podemos… descansar un poco. – comento sosteniendo sus brazos sobre sus rodillas. – Creo que estoy algo… - Poppy de verdad necesitaba parar.
-Anímate, mira, vamos a aquella tienda, estoy seguro que ten encantara. –
Ramón no podía contenerse, corría de tienda en tienda, de puestos en puesto, no paraba de hablar, Poppy juraba que casi ni respiraba, sufría de una extraña verborrea, lo decía todo y nada a la vez, para cuando comenzó a atardecer, fijo su vista en un par de surfistas que salían del agua.
-Pero que idiota fui, como no se me ocurrió, venir a la playa y no nadar, debimos de hacerlo desde el inicio, anda, vamos. – Le dijo a Poppy tratando de jalarla al agua.
-No, Ramón, no, espera… - se quejó, poniendo toda su fuerza en evitar que la llevara al agua.
-¿Por qué no? – pregunto con una cara que denotaba su desilusión, parecía que realmente deseaba hacer eso con ella, cosa que la conmovió, haciéndola buscar una buena excusa.
-Es que, yo no tengo… traje de baño, eso es, no tengo y… no quiero meterme con la ropa, luego cuando salgamos estará empapada y no podré cambiarme, mejor regresemos a casa y cuando lleguemos… -
-En casa tampoco tienes un traje. – respondió pensativo. - ¡Ya sé! Vamos a aquella tienda, venden trajes de baños, compremos uno para ti, de seguro habrá alguno que haga lucir aún más bella de lo que ya eres. –
-Awww Ramón… -
Eso la había vencido con facilidad, en menos de un minuto ya estaban en la tienda viendo trajes de baños, Ramón no lo necesitaba, puesto que ya llevaba uno de medio cuerpo con una camisa, como si ya estuviera pensando meterse al agua, esperaba encontrar uno que hiciera juego con el suyo, y tuvo éxito.
-Mira este Poppy. – comento enseñándole el traje de dos piezas. - ¿No es perfecto? –
Poppy lo miro sin ninguna expresión, el diseño era el mismo que él de Ramón, a diferencia del único color presente en la prenda negra, en el de él era azul, en el bikini era rosa.
-Es muy lindo, pero… -
-Tienes que probártelo, por favor, estoy seguro que te verás hermosa. –
-Sí, claro, no hay problema, me lo probare. –
No perdía nada con probárselo, podría decir que no le quedaban a todas las piezas para descartarlas, pero no conto que en realidad, la talla, no le quedaría, estaba apenada, ya lo había comenzado a notar con su propia ropa, le estaba quedando apretada, y tal vez porque eran prendas con desgaste, no era tan evidente, pero al pedir una nuevo de la talla se suponía era la suya, fue un error, ninguna le quedo.
-No te preocupes, le pediré a la vendedora que te traiga otra talla más grande. –
-Está bien. - dijo tratando de no llorar.
Jamás le había preocupado su peso o su figura, se sentía hipócrita, todas esas veces que apoyo a chicas de tallas distintas diciéndoles que lo importante era lo de adentro y no debían preocuparse por tonterías, ahora estaba ahí, por primera vez en su vida sintiéndose miserable frente a un espejo, viendo las imperfecciones que cualquiera no notaria, pero ella sí, sus caderas, aunque sutilmente, se habían ensanchado, sus pechos estaban hinchándose, y su vientre perdía la forma plana.
