Fictions para ruborizar
One shot: Atracción inesperada
Sinopsis: Bella está ciega de amor por Jasper, mejor amigo de su hermano mayor. Se siente devastada al saber que éste tiene una nueva conquista, pero lo que no espera, es sentirse atraída a otro muchacho que siempre despreció.
Es un Fiction que contiene lenguaje explícito y escenas fuertes. Este es un Fiction Rated M (16+)
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Bella POV
Suspiré al verlo entrar.
–Hola Jasp –susurré mirándole atónita.
–¿Mmm? –volteó a mirarme –Oh, hola Bella –cuando pronunciaba mi nombre me derretía.
–¿Cómo estás? –insistí en conversar.
–He estado bien –respondió sonriendo levemente.
–Me alegro, me alegro –repetí –¿Te vas a quedar un par de días?
Emmett, mi hermano mayor, siempre lo invitaba a la casa del lago durante el verano.
–Sí, vamos a disfrutar del lago –aclaró alejándose.
Le seguí –¿Quieres que te ayude con el bolso?
–No, no –negó tirándolo sobre el sofá.
–Hey –oí detrás.
Volteé, era Edward.
Bufé.
¿Otra vez Emmett lo había invitado?
–Déjalo arriba –me lanzó su bolso.
–Ayyyy –me quejé lanzándolo al suelo –¡súbelo tú mismo!
–Ahhh perdón –ironizó –creí que eras la mucama –sonrió con malicia.
–Vete al carajo –susurré haciéndole fuck you.
–¿No le ofreciste a Jasper ayuda? –preguntó mordiendo su labio inferior.
Gruñí.
–Ya, ya –Emmett intentó apaciguar las aguas –Vamos a darnos un chapuzón fuera, luego acomodamos todo.
–¿Por qué lo trajiste? –lo tomé de la blusa.
–¿Qué?
–¿Por qué trajiste a Edward?
–Porque quiero, Bella, no molestes, por favor –frunció el ceño.
–¡Es un molesto! ¡Esta también es mi casa!
–No seas chiquilina, haz lo tuyo y déjanos hacer lo nuestro.
–Pero él siempre trae problemas –zapateé.
–Entonces vuelve a la ciudad, enciérrate en tu departamento –señaló.
–¡No!
–Entonces no molestes, Bella –me pegó un empujón.
Me metí en mi habitación furiosa.
Le escribí un texto a Ángela.
Mi hermano llegó con Jasper y una sorpresa extra, adivina quién.
A los pocos minutos respondió.
¿Edward?
Acertó.
Recibí una llamada de su parte, atendí.
–¿Puedes creerlo? ¡Otra vez lo trajo!
–Menos mal que me volví el jueves a casa –lanzó una carcajada.
–¡No seas mala! Si al menos estuvieras aquí se me haría más liviano.
–Vuélvete a la ciudad, ya podrás conquistar a Jasper en otro momento.
Me quedé pensando –No quiero volver, no voy a hacerlo, siempre logra que me vaya antes de tiempo, no quiero darle la razón… estoy harta.
–¡Entonces quédate y hazle la vida imposible tú a él! –ordenó furibunda.
Horas más tarde
–¡Bella, baja a cenar! –gritó Emmett asomándose por la escalera.
Me puse una blusa amplia, acomodé mi cabello y bajé.
–¿Qué hay? –pregunté observando la mesa.
–Pizza –aclaró Jasper tomando un trozo.
–¿Tú la hiciste? –me senté frente a él.
–No –respondió al tragar –la hizo Edward.
–No le puse veneno, puedes comerla –susurró Edward riendo.
–Oh que gracioso –suspiré harta de su ironía.
–Vamos a comer, ya basta –Emmett me sirvió un trozo en el plato.
Observé a Jasper con detenimiento, como sus dientes se hincaban en la masa, y el queso se le adhería a la comisura de los labios.
Se me hacía agua la boca.
–Límpiate –musitó Edward rozándome la barbilla.
–¡Déjame! –empujé su mano.
–No empiecen, por favor, son insoportables –Emmett se levantó de la mesa para buscar más bebida –Si siguen así tendrás que irte Bella, ya tuviste tu verano aquí, ahora me toca a mí.
Un clásico, Emmett siempre me echaba a mía, antes de echarlo a él.
–¿Por qué lo elijes a él por sobre mí? –me dirigí tras él.
–Ya tuviste tus días aquí, invitaste a tus amigas y la pasaste bien –gruñó –ahora me toca a mí, Bella, siempre tienes problemas con mis amigos.
–¡Solo con Edward!
Lanzó una carcajada –¿Qué hay de Garrett, Mike o Demetri?
–¿Qué hay de qué?
–¡Con ellos también tienes problemas, joder!
–Jasper me cae bien –interrumpí –¿Por qué no puedes solo venir con él?
–Oh, claro, que solo venga Jasper –Edward nos interrumpió.
–¡No te metas! –señalé.
–Voy a abrir una cerveza ¿te parece? –Emmett parecía ignorarme.
–¿Emmett?
–Ya no voy a seguir esta conversación, Bella, si estás incomoda vuelve a la ciudad y punto.
–No comeré tu pizza –gruñí luego mirando a Edward.
–No la comas –respondió sacándome la lengua.
Revisé la heladera, decidí prepararme un sándwich de atún con tomate.
Me serví un vaso de gaseosa y corrí a mi habitación.
Cerré la puerta con fuerza.
Odiaba a Edward, siempre arruinaba todo.
Tenía que ser inteligente, no iba a ceder, no esta vez.
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Sonó el despertador, eran las nueve de la mañana.
Abrí mis ojos, salté del susto.
Edward estaba ahí parado frente a mí mirándome.
–¡¿Qué mierda haces aquí, idiota?!
–Iba a apuñalarte, pero despertaste –se encogió de hombros.
–¡Eres un imbécil! –me levanté y lo empujé fuera de la habitación.
–Qué lindo se te ve ese pijamita –sonrió.
–¡Sí, claro, me encanta tu estúpida ironía!
–Sí, sé que te encanta –se burló.
–¡Te lo aviso desde ahora, Edward, yo no voy a irme de esta casa, no vas a lograrlo, no este verano!
–Entonces supongo que pasaremos mucho tiempo juntos ¿no?
Puse mis ojos en blanco –¡En tus sueños! –le cerré la puerta.
Me lavé el rostro y me puse algo de corrector de ojeras.
Tenía que verme bien para conquistar a Jasper, este iba a ser mi verano, yo iba a tenerlo.
Busqué la mejor bikini, un short algo gastado y lo tiré todo sobre la cama.
Me quité el pijama, oí un chiflido provenir desde fuera.
Observé por la ventana, era Edward.
–¡Pervertido! –grité cerrando la cortina.
Terminé de vestirme y bajé a la cocina.
Calenté algo de café y me lo serví en una taza de Kitty.
Jasper apareció frotándose los ojos.
–¿Te preparo un café? –pregunté sonriéndole.
–Sí –asintió.
–¿Cómo amaneciste?
–Algo cansado, anoche nos quedamos viendo una película de terror en la televisión, terminó tarde.
Le entregué una taza, rocé su mano con mis dedos.
Esperé una reacción de su parte, pero no dijo ni una palabra.
–¿Quieres que te haga algo de comer?
–Me gustarían unos huevos revueltos.
–Perfecto ¡yo los hago!
Se alejó bebiendo café.
Comencé a preparar los huevos revueltos, estaban casi listos cuando Edward decidió meter su mano.
–¿Son para mí?
–¡No! ¡Son de Jasp! –exclamé.
–Ohhhh –abrió la boca bien grande –¡Son de Jasp! –me imitó.
–¡No metas tu mano ahí!
–¿No puedes convidarme un poquito?
–¡Noooo! –le di un codazo –¡Jasper, ya están listos los huevos! –grité sin soltar la sartén.
–No te oye, vas a tener que salir fuera a decírselo.
–Te comerás los putos huevos, te conozco –lo miré fijamente.
–Sí, me conoces –sonrió.
Reí.
Tomó la sartén e intentó quitármela.
Sus dedos rozaron los míos.
Fruncí el ceño, su tacto me incomodó.
–Ve a decirle tú, no seas chiquilín –ordené quitando mi mano.
Aguantó la risa –Bien, yo le diré –se robó mi taza de café y salió corriendo.
–¡Edward!
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Me di un chapuzón en el lago.
Salí escurriendo mi cabello.
–Hola –oí la voz de una muchacha.
Levanté la vista –Ummm… hola –la saludé sin saber quién era.
–Soy Irina –se presentó besado mi mejilla.
–Yo soy Bella –indiqué algo confundida.
–Sí, lo sé, eres la hermanita de Emmett –respondió sonriéndome.
¿Hermanita de Emmett? ¿Quién era esta tal Irina?
–Veo que se conocieron –Jasper la rodeó con sus brazos.
Deseaba que la tierra me tragase.
–Ella es mi novia –aclaró dándole un beso en el cuello.
Oh por dios, deseaba vomitar.
–¿Vamos a nadar? –Edward me empujó al agua.
–Ahhhhhhh –grité cayendo.
Salí a la superficie.
–¡Casi me ahogas! –lo salpiqué.
–Creí que deseabas salir de esa situación –sonrió con picardía.
–¡Tonto!
En realidad si deseaba salir de esa situación.
Edward había hecho algo bien.
Salí del agua, tomé mi toalla e ingresé a la casa.
–¿Ella se quedará? –pregunté acercándome a Emmett.
–Su familia tiene una casa aquí cerca –comentó.
–¿Pero dormirá aquí?
–No lo sé, Bella, quizás se quede alguna noche –se encogió de hombros.
Refunfuñé.
–No vayas a quejarte, Bella ¡ni se te ocurra!
–Es que no la conocemos –musité.
–Yo sí la conozco.
–¿Hace cuánto? –sentía que todo mi mundo se desmoronaba.
–Desde hace unos –se quedó pensando –dos meses –contó con sus dedos –la conocimos en la fiesta de cumpleaños de Mike.
–¿Y hace cuanto sale con Jasper?
–No lo sé exactamente.
–¿Es algo serio?
–¿Por qué no se lo preguntas a ellos?
–¡No!
–Podrías hacerte amiga de ella, es buena chica.
Edward lanzó una carcajada al pasar a nuestro lado.
–¿De qué te ríes? –me crucé de brazos.
–No creo que se hagan amigas –levantó sus cejas.
–¿Y si una noche se le ocurre quedarse a dormir, dónde dormirá? ¡En mi pieza no la quiero!
–Les prestaré la habitación de papá y mamá –indicó.
¿Quéeeeeeeee?
¡Me iba a infartar!
–¿Por qué? –mi voz se volvió chillona.
–¿Por qué, qué?
–Tienes una mancha aquí –Edward señaló mi blusa, bajé la vista y me golpeó la nariz.
–¡Eres un tonto!
–Por dios, Edward, deja de molestarla, no la provoques –Emmett se rascó la cabeza –parecen dos niñitos.
Corrí a mi habitación y me encerré.
–¡Joder! ¡Joder! –golpeé la almohada.
Irina, que nombre más estúpido.
Gruñí.
Le envié un texto a Ángela.
SOS
Rápidamente respondió.
¿Qué está pasando? ¿Edward te hizo algo malo?
Escribí llena de rabia.
¡JASPER TIENE NOVIA! SE LLAMA IRINA Y ESTÁ AQUÍ
Tardó unos minutos en contestar.
Omg, no sé qué decir, Bella, estoy en shock
Alguien golpeó la puerta de forma insistente.
Abrí.
–¿Qué necesitas? –pregunté al ver a Edward.
–Solo quería saber si estabas viva –indicó con seriedad.
–¿Eh?
–¿Quieres un chocolate? –me ofreció una barra de chocolate.
–¿La envenenaste? –entrecerré mis ojos.
–No –negó sonriéndome.
–¿Qué estás tramando?
–¿Yo? –se auto señaló.
–Sí, tú –afirmé.
–Creí que te haría sentir mejor –se encogió de hombros.
¿Qué le pasaba?
–Te lo agradezco –susurré aceptándolo.
Se alejó lentamente.
Cerré la puerta y me tiré en la cama con el chocolate en mano.
–¿Qué estás tramando Edward?
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A la hora decidí salir fuera, no podía quedarme encerrada por siempre.
Revisé la heladera y tomé un trozo de pizza.
No sabía tan mal como pensé, Edward tenía buena mano.
Puse un pie en el césped y los gritos de Irina me aturdieron.
–¡Ven a jugar Bella! ¡Ven!
Estaba jugando al ping pong* con Jasper –Te doy mi raqueta para que jueguen una partida –ofreció él.
–No, gracias –negué dirigiéndome a las hamacas.
Me balanceé de adelante hacia atrás con lentitud.
Sentí de repente que alguien me empujaba con fuerza.
–Ayyyy –casi pierdo el equilibrio.
–Te balanceas muy despacio –Edward se sentó en la hamaca junto a mí –Y veo que estás disfrutando la pizza que juraste no comer.
–Casi me tiras de la hamaca, tonto –le miré de reojo.
–¿Competimos por quién va más alto?
Reí.
–Okey –fui hacia atrás y tomé un envión.
–¡Te voy ganando, Bella!
–¡Ni lo sueñes! –exclamé.
Observé a lo lejos como Jasper besaba a Irina, mientras le tocaba las nalgas.
Mis manos se aflojaron y caí de la hamaca.
–Ahhhh –grité golpeándome contra el césped.
–¡Bella! –Edward corrió hacia mí –¿Estás bien? –sus manos me tomaron del rostro –¿Bella?
–Sí, sí –repetí.
–¿Segura?
–¿Qué pasó? –Emmett se agachó –¿Te hiciste daño?
–Ven –Edward me levantó en brazos.
Enredé mis brazos en su cuello.
Me llevó dentro –Estoy bien –susurré mientras me posaba en el sofá.
Una gota de sangre cayó sobre mis labios.
–Mierda –me toqué la frente algo asustada.
–¡Oh joder, pareces Chucky! –Edward me revise y se tapó la boca horrorizado.
–¿Enserio? –me toqué el rostro desesperada.
–A ver, Bella –Emmett trajo un paño húmedo para colocármelo en la frente.
–Auch –me quejé –¿Me arruiné el rostro? ¿De verdad parezco Chucky?
–Es solo un raspón, Bella –Emmett lanzó una carcajada.
–¡Imbécil! –le di un golpe a Edward en el hombro.
–Lo siento, necesitaba hacer un chistecito –aguantó la risa.
–Ay –noté que tenía los codos raspados.
–¿Te duele? –Edward levantó mis brazos.
–No, no –mentí, en realidad si me dolía.
–¿Cómo pudiste caerte así? –Emmett frunció el ceño.
–Me resbalé –agaché la mirada avergonzada.
–¿Estás bien? –Irina se apareció de repente.
Edward la tomó del brazo y la alejó.
–Iré a lavarme –señalé levantándome.
–¿No quieres que te ayude? –preguntó Emmett siguiéndome.
–No, Emm, estoy bien –mentí, lo único que deseaba era encerrarme para llorar.
Me metí en el baño, cerré con llave, apoyé mis manos en el lavabo, y levanté la vista para observarme al espejo –Soy una tonta –las lágrimas recorrían mis mejillas –Jasper nunca se fijaría en mí –caí al suelo.
–¿Bella? –Edward tocó la puerta.
–Es–estoy b–bie–bien –me tembló la voz.
–¿Por qué no abres la puerta? Quiero revisar esos raspones ¿me dejas?
–No, no –me refregué los ojos –de verdad, estoy bien –quería que se alejara.
–Bueno, estaré en la cocina –indicó.
Esperé a que se fuera para abrir la puerta.
Salí en punta de pie, no quería que nadie me oyera.
Me metí en mi habitación, cerré la puerta con furia, me lancé sobre la cama y apreté mi rostro contra la almohada.
–Uggggggggggggg –la rabia me consumía.
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–¿Vas a cenar? –Emmett golpeó la puerta horas más tarde –Estuviste toda la tarde aquí encerrada, Bella.
–¿Irina aún está aquí? –pregunté desde la cama.
–Sí, se quedará a cenar –respondió.
–¡No tengo apetito, Emm, déjame sola!
Me sentía fatal, no quería ver a la "parejita feliz"
Cerré los ojos, los sentía hinchados de tanto llorar.
Alguien abrió la puerta, podía sentir unos pasos acercándose.
Una mano se posó en mi espalda –¿Bella?
–Mmmm –no quería voltear.
La yema de sus dedos rozó con delicadeza mis hombros.
Me hacía cosquillas.
Reí.
–¡No bajaré, Jasper, no lo haré hasta que ella se vaya!
–Mírame –me volteó a la fuerza.
–¡Edward!
–Oh, Bella –acarició mi barbilla.
–¿Qué… qué…?
Se acercó lentamente a mi rostro.
Sus tibios labios rozaron los míos.
Me estremecí.
–¡Bella! –desperté al sentir que alguien me sacudía –¿Ya piensas comer? –Emmett estaba sentado al borde de la cama.
–Yo…
Aún no podía creer que había tenido un sueño húmedo con Edward.
–¿Bella? ¿Vas a comer? –insistió –Te traje unos fideos, el plato aún está caliente.
–Bien, comeré –asentí levantándome.
–Yo ya me iré a dormir –se alejó lentamente –¡Ojito, quiero verte comerlos!
Enredé el tenedor en los fideos.
–En eso estoy –señalé.
–¿Están ricos esos fideos? –Edward se asomó por la puerta lamiéndose los labios.
Me tomó por sorpresa, tosí atragantándome.
–¡Epa! –golpeó mi espalda.
–¡Estoy bien! –dije empujándolo.
No quería que me tocara.
–¡Epa! ¿Estamos a la defensiva? –apretujó mi nariz.
–¡Vete a dormir, Edward! –lo pateé.
–Sí, eso haré antes de que te agarre un ataque de histeria –me guiñó un ojo.
–¡Ya vete! –cerré la puerta –Ay, carajo –me golpeé la frente.
¿Por qué había tenido ese sueño? ¡No era lógico! ¡Yo odiaba a Edward!
¿Odiaba a Edward?
Desperté algo inquieta.
Me dirigí al baño para lavarme el rostro, abrí la puerta –¿No sabes tocar, Bella?
–¡Carajo! –cerré mis ojos, Edward se estaba dando una ducha, ¡estaba desnudo! –¿Y yo que iba a saber que estabas duchándote?
–Por eso tienes que tocar –lanzó una carcajada –Toc toc, toc toc –se burló de mí.
–¡Iré al baño de abajo! –grité chocándome contra la puerta –Ay… ¡mierda!
–Abre los ojos, tontita –susurró tocándome, había salido de la ducha.
–¡Edward! –me tensioné sintiendo sus manos mojadas.
–¿Qué? –me guio fuera.
–¡No me toques, estás desnudo!
–¿Y? ¿Eso te molesta?
Corrí alejándome.
–Oh por dios, oh por dios –repetí sentándome en las escaleras.
–¿Preparo café? –oí la voz de Emmett en la cocina.
–¿Me hablas a mí?
–¡Sí!
–Bueno –respondí respirando hondo.
Intenté mantener la calma.
–¿Ya está listo? –ingresé en la cocina y busqué mi taza.
–Ya casi –aclaró.
–¿Y Jasper? –no lo veía.
–Se fue a buscar a Irina, van a ir hasta la cascada.
Fruncí el ceño.
–¿Y porque no vamos todos?
–Porque son novios y quieren privacidad, Bella –hizo señas sexuales con sus manos.
–¡Emm! –exclamé golpeándolo.
–¿Qué? ¡Es la verdad!
–Cuando esté listo, sírveme una taza, iré al baño –me metí en el baño de abajo, lavé mi rostro y me acomodé un poco el cabello.
–¿Ya está mi café? –volví a la cocina, Edward estaba en toalla tomando café de mi taza.
–¡Esa es mi taza! –gruñí.
–Sí, lo sé –sonrió mirándome fijamente.
–¿Por qué no vas a vestirte? –lo miré de arriba abajo –¡ridículo!
–¿Te incomoda verme así? –se me acercó.
–¡No me toques! –caminé hacia atrás.
Acercó sus manos –Buuuuu, no me toques –me imitó.
Se me aceleró el corazón.
¿Qué diablos me sucedía?
–¡Se te va a caer la toalla!
–¿No quieres ver un poquito? –movió sus cejas.
–¡Nooo! –temblé.
–Mmmmm –balanceó su cabeza –Te ves algo roja –acarició mis mejillas.
–¡No estoy roja!
–Sí –mordió su labio inferior.
Me estremecí.
–¡Devuélveme la taza, Edward! –se la quité de las manos –¡Y déjame en paz!
–Si su majestad, la dejaré en paz –se inclinó.
–¡Bobo!
Se alejó riendo.
Salí fuera con rapidez, me senté en el muelle mientras le daba un sorbo al café.
–¿Qué rayos me pasa, acaso estoy loca? –me pregunté a mi misma.
Emmett se había lanzado al lago, estaba nadando de una punta a la otra.
–¿Estás entrenando? –pregunté haciéndole señas.
–Seee –respondió.
¡Joder! ¡Estaba sola con Edward!
Corrí a mi habitación para vestirme.
No iba a quedarme en la cabaña, tenía una idea.
Salí por la puerta trasera sin hacer ruido.
Cerré con cuidado.
–¿A dónde vas? –la voz de Edward me paralizó.
–Yo… voy…
Sonrió.
–Iré a dar una vuelta –señalé mi bicicleta.
–¿Sola?
–Sí, sola –aclaré mi voz –¿Qué haces con eso? –tenía el hacha en mano.
–Iba a cortar unos troncos, a la noche haremos carne asada –explicó.
–Ah –tomé la bicicleta –En un rato vuelvo –me subí y comencé a pedalear para alejarme lo más rápido posible.
–¡Ten cuidado! –exclamó.
Me dirigí a la cascada, al llegar observé a Jasper e Irina nadar desnudos –¡Mierda!
Emmett tenía razón, iban a tener sexo.
–¿Por qué estoy aquí? ¡Soy una masoquista! –me escondí tras un árbol para llorar.
Podía oír sus risas.
No podía soportarlo.
Corrí hacia mi bicicleta, un muchacho estaba revisándola –¿Es tuya? –preguntó.
–Sí –respondí acercándome lentamente.
–¿Estás solita?
–No, estoy con unos amigos –señalé el camino hacia la cascada.
–¿Quieres un poco? –me mostró una bolsita con cocaína.
–No, gracias –negué tomando la bicicleta.
–Espera –me tomó del brazo.
–No quiero –repetí.
–Eres muy bonita –me acarició el cabello.
–¡Oye! –lo empujé –¡No me toques!
–¡Cálmate, niñita! –me sostuvo con fuerza.
–¡Me haces mal, imbécil! –intenté zafarme.
–¡Déjala! –Edward apareció de repente.
Me paralicé.
–¿O qué? –preguntó el muchacho desafiándolo.
–O te rompo todo –cerró los puños.
–No vales la pena, niña –se alejó balbuceando.
–¿Me seguiste?
–Sí –admitió –Es peligroso que andes sola, hay muchos locos por ahí, Bella.
–Solo quería tomar aire –mentí.
–¿Tomar aire? ¿En la cascada?
–¡Sí!
–¿No está Jasper ahí?
–No lo he visto –negué nerviosa.
–No me mientas, Bella, sé lo que sucede –murmuró acercándose.
–Tú no sabes nada –me alteré.
–Él está ahí con Irina –señaló.
Me encogí de hombros –¿Y?
–Has venido a vigilarlos, te conozco, Bella –sus ojos se fijaron en los míos.
–¡Yo no vigilo a nadie! ¡Y no me conoces!
–Nadie te conoce como yo –lamió sus labios.
Se me aceleró el corazón.
–Yo sé lo que te sucede –me tomó de las manos.
–¡Tú no sabes nada!
–Sí, lo sé.
¿Acaso sabía que estaba enamorada de Jasper?
–Pero no diré nada, Bella, quédate tranquila –clarificó.
–Yo… yo no…
–Está bien, no digas nada –posó su dedo índice en mis labios.
Me estremecí, mi respiración se aceleró.
–No durarán mucho, él siempre las deja, ya lo conoces –señaló –además ella no te llega ni a los talones, no tienes nada que envidiarle.
Sí, lo sabía, sabía que amaba a Jasper.
Quería morirme.
–Sí, lo conozco, pero ella es… es…
–Ella es igual a todas las demás –acabó mi frase.
–Eres malo, Edward –negué riendo.
Se acercó con rapidez a mi rostro, sus labios se posaron sobre los míos.
Cerré los ojos.
Un escalofrío recorrió mi columna vertebral.
Sabía a limonada, sentí su lengua rozar la mía.
–Ahhh –gemí contrayendo mis muslos.
Se alejó unos centímetros.
–Carajo –susurré tapándome la boca.
Lo hice a un lado, tomé la bicicleta y me alejé.
–¡Bella! –lo podía oír gritar mi nombre –¡Espérame!
Volteé, me seguía con la bicicleta de mi hermano.
–¡Mierda! –intenté ir más rápido.
Volví a darme la vuelta, estaba alcanzándome.
–Ahhhhhhhhhh –caí de la bicicleta, la rueda había golpeado con una roca.
¿Acaso todo tenía que salirme mal?
–¡Bella! –se bajó de la bicicleta con ligereza –Supongo que tienes una racha de caídas –aguantó la risa.
–¡No te rías de mí, estúpido! –bufé.
Se agachó.
–¿Te duele algo?
–No –respondí agachando la mirada.
–¿No? –me tomó de la barbilla.
–No –repetí mirando sus labios.
Deseaba besarlo nuevamente.
¿Por qué deseaba hacerlo?
–Ven, vamos a caminar –me ayudó a levantarme.
–Ajam –tomé la bicicleta y caminé a su lado.
El silencio nos invadió.
–¿A dónde fueron? ¡Me asusté! –Emmett se nos acercó furibundo.
–Lo siento –me sentía avergonzada por todo lo que había sucedido.
–Solo dimos una vuelta, te vimos entrenar y no quisimos interrumpir –Edward mintió.
–¿Te caíste otra vez? –me miró confundido.
–Había una piedra en el camino –resoné mi cuello.
–¡Tienes la cabeza en otro planeta! –me la frotó con fuerza.
–Ayyy –le di un puñetazo –No me molestes, iré a darme un chapuzón –miré de reojo a Edward, estaba muy callado.
Me metí dentro y subí a mi habitación.
–¿Por qué carajo me besó? –dudé mientras buscaba la bikini en el aparador –¿Qué mierda fue todo eso? ¿Por qué me había gustado tanto besarlo?
Me quité el short, bajé mis bragas, rocé mis caderas con suavidad, cerré los ojos, podía sentir un calor agobiante recorrer mi pecho.
Mis muslos se contrajeron.
–Mmmmm –rocé mi clítoris.
Me lancé sobre la cama.
Metí dos dedos dentro de mi coño, deseaba que él lo hiciera.
–¡Joder, no! –me detuve, estaba masturbándome pensando en Edward.
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Me asomé por la ventana de la cocina, Edward estaba fuera cortando los troncos.
Sus músculos se tensionaban cada vez que levantaba el hacha.
–Ay mierda –me mojé.
Clavé mis uñas en el pan que estaba apoyado sobre la mesada.
Me descubrió observándolo.
–¡Carajo! –me agaché.
De rodillas, gateando, me dirigí al comedor.
–¿Por qué caminas como bebé? –lo oí detrás.
–Se me cayó un arete –mentí.
–¿Sí? –se agachó a mi lado –¿Te ayudo a buscarlo?
–No, no.
Sonrió, podía sentir su perversa mirada.
–Sigue con tus cosas –interferí levantándome.
Con su mano derecha me acomodó el bretel de la bikini.
Tragué saliva.
–Si encuentras mi arete, avísame –piloteé.
–Te crecerá la nariz como a Pinocho –me rozó la nariz con su dedo índice.
–¡Ja! –reí falsamente.
–¿Piensas contarle a Emmett lo que sucedió?
–¿Qué? –me paralicé.
–Si tú no dicen nada, yo no diré nada –aclaró alejándose.
Antes de salir fuera me observé en el espejo de la puerta, estaba roja como un tomate.
¡Qué tonta!
Caminé hacia el lago, me senté en el borde del muelle.
Metí mis pies en el agua.
–¿Emm?
–¿Qué?
–¿Alguna vez te enamoraste?
–¿Qué es esa pregunta? –salió del agua y se sentó a mi lado.
–Solo curiosidad –suspiré.
–Sí, me he enamorado –confesó –¿Tú?
–¿Yo? –me auto señalé –Pues, sí –pensé en Edward.
¿Queeeeeeé? ¿Por qué pensaba en Edward? ¡Yo no podía amarlo!
–¿Y cómo se llama él?
–Voy a nadar un poco –me lancé al agua evitando responderle.
Nadé hasta las grutas.
–¡Edward es un tonto, no puedo enamorarme de él! –bufé.
–¿Lobo está? –oí la voz de Edward fuera de las grutas.
No respondí.
–¿Lobo está? –repitió –Se supone que digas… ¡si está! –se metió dentro.
–No, no estoy –intenté salir.
–¿No? –sus manos rozaron mi cintura.
–¿Y Emmett?
–Tomando sol –mordió su labio inferior mientras me empujaba hacia atrás.
Se me erizó la piel.
–No le diré nada a Emm, te lo juro –afirmé.
–Lo sé –con sus brazos me encerró contra las rocas.
–¿Entonces?
–¿Entonces, qué?
–Creí que intentabas amenazarme –expliqué.
–No –presionó su cuerpo contra el mío.
–¿Por qué me besaste?
–Gemiste cuando lo hice –sonrió –creí que lo habías disfrutado.
–¡Eso es mentira!
Mi corazón se aceleró.
–Tú eres una mentirosa, Pinochita –besó la punta de mi nariz.
¡Joder, deseaba que me besara!
–Tienes que dejar de decir mentiritas –con su pulgar rozó mis labios.
Mordí su dedo.
–Eres traviesa –presionó mi nuca con su mano derecha, y lentamente acercó sus labios a mi cuello.
Temblé deseándolo, sus manos rozaron mi vientre y bajaron hasta mis muslos.
–Edward –jadeé.
–Shhhhh –se agachó lentamente.
Corrió mis bragas a un lado, sentí su lengua rozar mi clítoris.
–Ahhhhh –gemí retorciéndome.
No podía controlarme, sentía que iba a explotar.
Nunca antes un chico me había hecho sexo oral.
–Ahhhh, ahhh, ahhhhhhhh –mi cuerpo de repente se aflojó.
–¿Bella? –la voz de Emmett me alteró.
–¡Mierda! –exclamé acomodándome las bragas –¡Ya voy! –salí sin pensarlo dos veces y me lancé al agua.
–¿Viste a Edward?
–No, no lo vi –mentí.
–Creí que estaba nadando, pero no lo veo por ningún lado.
–¡Dah! –puse mis ojos en blanco –debe estar dentro de la cabaña.
–¿Tú que hacías ahí dentro? ¡Está todo oscuro, es peligroso, puede haber algún murciélago dando vueltas, ya te dije!
–Solo quería relajarme.
–¡Para relajarte, tírate a tomar sol en el muelle, que es más seguro!
Nadamos de vuelta al muelle.
–¿Qué hacen? –Jasper había vuelto.
–Nadando un poco –escurrí mi cabello al salir.
–¿Y Edward?
–En la cabaña –señalé.
–¿Cortaron la madera para el fuego de esta noche?
–Sí, Edward dijo que iba a hacerlo –aclaró Emmett secándose con la toalla.
–¿Vas dentro? –Jasper me frenó.
–Sí, sí.
–Tráeme algo para merendar, tengo hambre.
¿Creía que era su sirvienta?
–Sí, claro –le sonreí falsamente.
–¿Qué hicieron en la cascada, picarón? –Emmett le guiñó un ojo.
Apresuré el paso, no deseaba oír esa conversación.
Me dirigí al baño, cerré con llave –Edward me hizo sexo oral –susurré mirándome al espejo –¿Qué mierda le está pasando? ¿Qué me pasa a mí?
No podía creerlo.
Me había gustado, lo había disfrutado.
Aún estaba húmeda.
Refregué mis ojos –¿Esto es real?
.
.
Me asomé fuera, Edward estaba prendiendo el fuego para asar la carne.
–Deberías hacer las verduras –señaló Jasper acompañándome a la cocina –voy a abrir unas cervezas ¿tú quieres una?
–No –negué refunfuñando.
¿Por qué yo tenía que preparar las verduras? ¿Por ser mujer?
–¿Qué mierda le pasa a Jasper, está bobo? –pregunté a Emmett mientras salaba la carne.
–¿Por?
–Me da órdenes, se hace el "gran macho" –encomillé.
–Él siempre te da órdenes, Bella –lanzó una carcajada –Y tú siempre le haces caso –replicó luego –no entiendo por qué –hizo una pausa –pero lo haces, corres tras él como si fuera una especie de Dios griego.
Fruncí el ceño.
Él tenía razón.
–Le llevaré la carne a Edward –señaló la bandeja –Pero si prefieras, tú llévasela y yo hago las verduras.
–No, no, yo las hago, tú llévale la carne.
No sabía cómo mirar a Edward después de lo que había pasado en las grutas.
Corté el tomate, imaginé que le cortaba la cabeza a Jasper –¿Qué? ¿A Jasper? –exclamé dejando el cuchillo a un lado.
–¿A Jasper, qué? –Edward me tomó por detrás.
Mi cuerpo vibró.
–N–na–nada –tartamudeé mordiendo mi labio inferior.
Sus manos rozaron mis nalgas.
–Edward –sonreí excitándome.
Metió su mano derecha bajo mis bragas.
Con la izquierda me tapó la boca.
–Mmmm –me retorcí al sentir sus dedos en mi coño.
–Eres deliciosa –comenzó a masturbarme.
–Mmmm –estaba muy excitada.
–¿Lo disfrutas? –mordió el lóbulo de mi oreja.
Asentí.
Movía sus dedos con rapidez.
Lamí su mano.
–Acaba para mí, Bella –suplicó.
Contraje la pelvis, un fuego invadió todo mi cuerpo.
–Así –sacó sus dedos, un fluido caliente descendió por mi pierna.
Sentía que me hacía pis.
Corrí al baño abrumada.
¡Había tenido un orgasmo!
Era la primera vez que me sentía así.
Mi ropa interior estaba mojada, tenía que cambiármela.
Abrí la puerta del baño, caminé hacia las escaleras –¿A dónde vas? –preguntó Emmett asustándome –¿Y las verduras?
–¡Ay! –salté.
–¿Qué te sucede?
–Nada, nada, voy a buscar algo arriba, ya bajo –subí rápidamente.
Hurgué en el aparador.
Tomé unas bragas limpias y me las cambié.
Desde la ventana observé a Edward tirado en el césped.
Me quedé tildada mirándole.
Había algo diferente en él.
Levantó la mirada, me observó sonriente.
Colocó la mano frente a su rostro y la besuqueó desaforadamente.
Reí.
–¡Ridículo! –le grité.
–¡Baja, ya va a estar la carne!
–¡Ahora voy!
Busqué un labial en el neceser, elegí el rosado.
Me pintarrajeé.
Bajé dando unos saltitos.
.
.
Edward POV
–¿Te sirvo? –pregunté al ver a Bella bajar las escaleras.
–Sí –agachó la mirada –¿Y las verduras? –se dirigió a la cocina.
–Como tardabas una eternidad en bajar, yo hice las ensaladas –interrumpió Emmett –Ven a la mesa –señaló su silla.
Se sentó frente a mí.
La observé fijamente.
Ella sonrió.
–¡Muy buena carne! –exclamó Emmett aplaudiendo.
Jasper me observaba con seriedad.
–¿Qué pasa?
–Nada –respondió apretujando sus dientes –Mañana vendrá Irina a almorzar con su hermana Tanya –comentó luego.
–¡Esaaaaa! –Emmett me codeó.
–¿Esa, qué? –Bella saltó con rapidez.
–Tanya gusta de Edward –susurró él, riendo.
–¡Eso no es verdad! –negué.
–Oh –Bella clavó su mirada en mí –Que alegría –gruñó con ironía.
Jasper hizo silencio.
–¿O no, Jasper? –Emmett intentó que lo apoyara.
–Sí –asintió él frunciendo el ceño.
–No, no es verdad, además ella no me interesa –expliqué.
–¡Sí, seguro! –Emmett comenzó a hacerme burla –¿Quién no querría follarsela? ¡Por favor, es una belleza!
–¿Una belleza? –Bella clavó el tenedor en la carne con furia.
Reí.
–Ella no es tan bonita como dice tu hermano –aclaré.
–¡Sí, seguro! –se levantó de la silla –Iré a buscar más sal –pisoteó con fuerza.
–Traeré más cerveza –la seguí.
–Aún hay –interrumpió Jasper señalándome la botella.
–Sí, pero no está tan fría –mentí.
Bella estaba sentada en una banqueta de la cocina refunfuñando.
–Hey –me acerqué por detrás.
Se levantó rápidamente –Solo vine por la sal –se cruzó de brazos.
–Ella no me interesa, Bella –acaricié su mejilla.
Tragó saliva y caminó hacia atrás.
–No miento –deseaba besarla.
–¿Y la cerveza? –Jasper se apareció de repente.
–Ya la llevo –aclaré mi voz.
–Deja, yo la llevo –sacó una de la heladera.
Se quedó ahí parado observándonos.
Bella tomó la sal y se dirigió a la mesa.
–¿Qué? –pregunté pasando a su lado.
Durante la cena, Emmett no paró de hablar de la noche en que conocimos a las hermanas Denali –¿Crees que Irina sea la indicada? –le preguntó a Jasper.
Se encogió de hombros –No lo sé, quizás sí, quizás no. El tiempo lo dirá, Emm, no seas ansioso.
Nunca era la indicada, siempre las relaciones le duraban un par de meses.
–¿Cómo que no lo sabes? ¡Irina es una bomba! –mordió su labio inferior –¿O no, Ed?
–¿Ya no comen más? –interrumpió Bella levantando los platos.
Todos negamos.
–Te ayudo –me levanté.
–¡No, yo la ayudo! –Jasper me sostuvo del brazo.
Su actitud me sorprendió.
¿Qué le sucedía?
Salí fuera para limpiar la parrilla.
A los pocos minutos, Bella se apareció –¿Necesitas ayuda, Ed?
–No, ya casi acabo –sonreí –¿No estabas lavando los platos?
–Jasper se ofreció –puso sus ojos en blanco.
–¿No crees que se comporta extraño?
–No lo sé –dudó.
–¿No lo sabes? –me sorprendió que no se diera cuenta.
–No le he prestado mucha atención –admitió.
¿No le había prestado atención?
Sonreí por dentro.
–¡Bella, tu teléfono está sonando! –gritó Emmett asomándose.
–¿Lo trajiste?
–No soy tu mayordomo –bufó.
Evitó responderle e ingresó a la casa.
–¿Ya terminas?
–Sí, ya casi.
–¿Vemos una película?
Asentí.
Me dirigí al baño una vez que acabé, oí a Bella en la escalera –Me siento extraña, todo es muy extraño, no puedo explicarlo, Ángela, es tan inesperado todo esto –musitó –¡Es una locura, lo sé!
¿Hablaba de mí?
–Y creo que… que me gusta –le tembló la voz –Sí, lo sé, pero sucedió, Ángela, no sé cómo… ¡pero sucedió! ¡Cuando me besó, sentí algo por él! ¡Sé que es una locura!
–¡Ed, vamos a elegir una de Netflix! –exclamó Emmett asustándome.
–¡Carajo, Emmett! –salté del susto.
–¿Por qué te asustas? –se asomó y observó a Bella en la escalera –¿Estás oyendo conversaciones ajenas? –levantó sus cejas.
–Nada que ver –negué masajeándome el cuello.
–Ajá –no me creyó.
Caminé tras él, evitando crear un problema, me lancé sobre el sofá al lado de Jasper –¿Qué vamos a ver?
–Encontré una de terror –indicó seleccionándola.
La película estaba por comenzar cuando Bella se acercó.
–¿Van a ver una película?
–Sí, es una de miedo –aclaré.
–¿Puedo?
–Sí –señalé haciéndole un espacio.
Apoyó la cabeza en mi hombro.
Acaricié su cabello.
Me codeó.
Aguanté la risa.
Durante las escenas de susto, apretujaba mi brazo.
–¡Ayyy! –se tapó los ojos cuando el asesino atacó a la protagonista.
–¡Mierda! –Emmett se exaltó –Era obvio que iba a matarla, es muy predecible –se quejó luego.
Cuando la película acabó, Bella se levantó del sofá –Iré a dormir, buenas noches –nos saludó.
–Adiós –la tomé de la mano.
–Adiós –repitió ella riendo.
–¿Ahora son amiguitos? –Jasper apretó los puños.
–¿Qué? –respiré hondo.
¿Acaso estaba haciendo una escena?
–Nada, iré a la cama –bufó alejándose.
–Algo aburrida –dijo Emmett.
–¿Aburrida? –tenía la mente en otro lado.
–La película, era predecible.
–Igual te asustaste –reí a carcajadas.
–¡No me asusté!
–Sí, lo hiciste –insistí.
–¡No soy una mujercita!
–¿Qué tiene que ver eso, con ser mujer, Emm? –negué –¡Además si te asustaste, deja de negarlo!
–Pffff –movió sus manos en el aire enfadado.
.
.
Estaba en la cama, no lograba pegar un ojo.
No dejaba de pensar en Bella, deseaba tocarla, necesitaba hacerlo.
Me levanté, intenté no hacer ruido, caminé hacia su habitación, abrí la puerta con cuidado –¿Bella? –me metí en su cama.
–¿Qué haces aquí? –comenzó a reír.
Le tapé la boca –Shhhh –acaricié sus labios.
Metí mi mano bajo su blusa.
–Mmmmm –se retorció.
Toqué sus senos, estaban tibios –Oh, Bella –gemí.
Me estaba poniendo muy duro.
La besé, su lengua jugueteó con la mía.
Le quité la blusa, mordisqueé sus senos –Ahhhh –gimió.
–Shhhh, van a oírnos –susurré en su oído.
Abrió sus piernas y se enredó en mí.
Movió su pelvis de arriba abajo, rozaba mi polla una y otra vez.
Respiré agitado.
–Follame –jadeó.
Bajé sus bragas, rocé su coño con mis dedos.
Estaba muy húmeda –Ed –apretó sus muslos.
Mordí mi labio inferior.
–Quiero que me folles –suplicó clavando sus uñas en mi espalda.
Me quité los calzoncillos con rapidez.
Sus manos frotaron mi polla.
–Bella –apretujé la almohada.
–Házmelo, házmelo –colocó mi polla sobre su coño –Ahhhhhh –se contrajo, le tapé la boca.
–Oh dios –la penetré.
–Mmmm –presionó mi cuerpo contra el suyo.
Me moví despacio, entraba y salía de su coño, podía sentir toda su excitación.
–Mmmm –mordió mi mano.
Reí.
La embestí con fuerza.
–Ahhhhhhhhhhh –gritó.
La besé desaforadamente.
Salí de su coño.
–No, no –sus ojos se fijaron en los míos –Sigue, por favor.
Froté su clítoris con mi mano derecha.
–Ed –lamió sus labios.
Volví a penetrarla mientras tapaba su boca.
–Mmmm –gimió tironeándome del cabello.
Entre y salí de su coño con rapidez –¿Te gusta?
Asintió.
La cama comenzó a rechinar.
Seguí embistiéndola.
Iba a acabar, estaba a punto –Acabaré –indiqué saliéndome.
El semen cayó en mis manos.
–Oh, Edward –besó mi cuello.
Se levantó de la cama y sacó una toalla del aparador.
–Límpiate –colocó la toalla en mis manos.
Oímos un ruido en el pasillo.
–Shhhhhhhh –colocó su dedo índice en mi boca.
Se acercó a la puerta y apoyó el oído.
La abrió lentamente y asomó su rostro –No hay nadie –indicó volteando.
Me levanté y la agarré de la cintura.
Sonrió.
–Eres mi mejor noche –confesé besando su frente.
Ella se quedó petrificada.
–Buenas noches –corrí a mi habitación.
.
.
Por la mañana
Bajé a la cocina, Bella estaba preparando café.
–Buen día –sonreí.
–¿Quieres un café? –chupeteó una cuchara.
–¿Qué estás comiendo?
–Mermelada –susurró.
Metí dos dedos dentro del pote.
–¡Edward! –me retó.
Agarró mi mano y chupeteó mis dedos.
–No se hace eso –negó sonriendo con picardía.
La estampé contra la pared.
Besé sus labios desaforadamente.
–¿Hiciste el café? –oí la voz de Emmett acercándose.
Me alejé de ella.
–Sí, ya está listo –tomó una taza para servirle.
–¿Jasper aún duerme?
–Supongo que sí –respondí.
–¿Ed, anoche no podías dormir?
Bella dejó caer la taza.
–¡Ay, perdón! –tomó un paño para limpiar.
–¿Qué pasó? ¿Se te resbaló?
–Sí, se me resbaló.
La ayudé a limpiar.
–¿Ed?
–¿Qué?
–¿Anoche no podías dormir? –insistió.
–Me desvelé, tuve un mal sueño –mentí.
–¡Me decías a mí! ¡Fue la película, te dio miedo!
–Sí, fue eso ¡me atrapaste! –le di la razón.
Bella suspiró.
–¡Hoy viene Tanya! –me guiñó el ojo.
–Que emoción, emoción, emoción –ironizó Bella sacando la lengua.
–¡Ya para con eso, Emm! –lo empujé.
Una hora más tarde, un coche se aparcó en el frente de la casa.
–Bienvenida, siéntete como en tu casa –Emmett se encargó de recibirlas.
–Oh, gracias –oí la voz de Tanya –¿Y Edward?
¡Carajo! ¡Era una pesada!
–Hola –Irina se acercó para saludarme –Vine con mi hermana –volteó.
–Sí, lo sé.
–¡Ed! –Tanya me abrazó –¡Qué lindo verte!
–Sí, bueno –intenté alejarla.
–Cuanto cariño –oí la voz de Bella.
–Hola, soy Tanya –se presentó.
–Bella –respondió estrechando su mano –La hermana de Emmett –aclaró luego.
–¿Y Jasp? –Irina me tocó el hombro.
Jasper aún no se había levantado.
–Arriba –señalicé.
–¡Voy a buscarlo!
Bella salió fuera.
La seguí –Oye –la tomé del brazo –te juro que yo no tengo nada con ella.
–Pero lo tuviste –bufó.
–No, no.
–Ay, Edward, no mientas –achinó los ojos.
–¿Estás celosa?
–¡No! –exclamó poniéndose a la defensiva.
–Pero eso parece –pellizqué su barbilla.
–¡No estoy celosa! –alejó mi mano.
Me evitó durante varias horas, decidí dejarla tranquila.
Cuando nos sentamos a la mesa para almorzar, se sentó lejos de mí.
Eso me dio rabia.
Me senté a su lado –¿Me evitas?
–No te evito –negó.
–Mentirosa –susurré.
–Ve a sentarte al lado de la rubia tonta –resopló.
Reí a carcajadas.
–¡No te rías de mí!
–Me río de tus celos –mordí mi labio inferior.
–¡No me molestes, Edward!
–¿Qué pasa ahora? –Emmett se interpuso.
–Nada –trinó Bella.
–Siéntate allá, Edward, no empiecen a pelear –Emmett me pidió que me alejara.
Tuve que sentarme al lado de Tanya.
–¿Cómo estás pasando el verano? –preguntó enredándose el cabello en los dedos.
–Bien –realmente no quería conversar.
–Me quedaré varios días –aclaró.
–Ah, mira que bueno –me serví algo de jugo.
–Podríamos vernos mañana –tomó mi mano.
Bella se levantó de la mesa colérica.
–Iré a buscar más pan –se metió en la cocina.
Jasper se dirigió tras ella.
¿Qué carajo?
No aguantaba, tenía que saber porque Jasper la había seguido.
–Iré por más jugo –me llevé la jarra.
–Estoy bien, enserio –respondía Bella, mientras Jasper le acomodaba el cabello tras la oreja.
–Hace falta más jugo –coloqué la jarra sobre la mesada.
–Ahora llevo –indicó Jasper –Lleva el pan, Edward –me entregó la bolsa, parecía que quería sacarme de allí.
–¿Qué mierda crees que haces? –me enfurecí.
–¿Necesitan ayuda con algo? –Irina nos interrumpió en el momento justo.
Jasper se fue tras ella –No, vamos a la mesa.
–¿Qué fue eso? –le dije a Bella.
–Me preguntó si me pasaba algo –tomó unas naranjas y comenzó a cortarlas –Lleva el pan a la mesa, por favor.
–Ya te lo dije y te lo repito, no tengo nada con Tanya, ella no me interesa, lo de anoche…
–¿Y el pan? –Emmett ingresó frenético.
–¡Aquí! –le entregué la bolsa.
–Bueno, a la mesa –señaló empujándome.
Cuando acabó la comida, Irina se ofreció a lavar.
–¿Bella? –me acerqué a ella –¿Podemos terminar la conversación?
–¡Ven, Ed! –Tanya me tironeó del brazo.
–¡Me estás haciendo mal, Tanya, por favor! –le pedí que se detuviera.
–¿Vamos al muelle? –hizo puchero con sus labios.
–No, ahora no puedo –cuando volteé, Bella ya no estaba.
¡Carajo!
–¡Porfa!
–¡Vamos a darnos un chapuzón! –exclamó Emmett levantándome.
–¡Espera! ¡Espera!
Me lanzó al agua.
–¡Mierda, Emmett! –me quejé.
Tanya se quitó el vestido, acomodó su bikini y se tiró al agua.
–¿Vamos a nadar hasta las grutas?
–No –negué.
–¡No seas malo!
.
.
Bella POV
Me hervía la sangre.
Primero tuve que ver a Irina con Jasper. Ahora a Tanya revoloteándole a Edward.
¡Emmett tenía razón, ella sentía algo por él, le estaba encima como un animalito en celo!
¿Se la habrá follado?
¿Qué tenían estas tipas?
¿Por qué me enredé con él?
Es obvio que Edward va a lastimarme.
¡Ya está lastimándome!
¿Por qué me lo folle?
¡Ángela tenía razón! ¡Soy muy ingenua!
¿Edward me usó? ¿Solo fue una calentura?
–¿Bella? –Jasper se apareció –¿Segura que estás bien? Antes no te creí.
–Sí, estoy bien –mentí nuevamente.
–Edward no es para ti –sus dichos me sorprendieron y me dejaron sin habla –Él es muy impulsivo, rebelde, desubicado, en fin, un desastre.
¿Por qué me decía todo esto?
–Además tiene algo con Tanya –confesó –No quiero verte así, triste –se acercó –Sé lo que hiciste con él, los oí anoche. Él te está usando.
–Yo… yo no…
–Tú no tienes que sufrir por él –besó mis labios.
Me sorprendió no sentir nada al besarlo.
Lo alejé.
–Jasper, lo siento, pero no –fruncí el ceño.
No podía creer lo que estaba pasando.
No podía creer que estaba rechazándolo.
¿Amaba a Edward?
–Él te está usando porque sabe que estás triste.
–¿Triste, de donde sacas eso?
–Porque traje a Irina –aclaró.
¿Quéeeeeeee?
–Pero me di cuenta que Irina no es para mí, voy a dejarla.
–No entiendo nada, ¿tú crees que yo estoy triste por ti? ¿Y qué Edward se aprovechó de eso?
–Sí, así es… él se aprovechó de tu tristeza. Sé que me amas, Bella, y está bien, te entiendo.
¿Lo sabía?
MALDITO HIJO DE PUTA
–Eres una mierda, Jasper –susurré.
–¿Qué?
–¿Sabías que estaba enamorada de ti? ¿Y la trajiste aquí? –comenzaba a perder la compostura –¿Durante cuánto tiempo lo supiste y me torturaste con tus novias?
–Bella –intentó calmarme.
–¡Eres un imbécil! ¡Cada vez que tuviste novia me la presentaste, la besaste frente a mí, la tocaste frente a mí! ¡Y lo sabías, sabías que me lastimabas! ¿Y ahora quieres convencerme de que Edward es un imbécil?
–Yo no lo hacía a propósito, es solo que no sentía lo mismo, Bella. Pero ahora sé que podemos intentarlo.
–¿Ahora lo sabes? ¿Podemos intentarlo? –reí –¿Ahora que estoy follandome a otro? ¿Eso te molesta? ¿Te molesta que sea Edward?
–¡Edward solo te está usando, en un mes se olvidará de ti!
¿Igual que él se olvidaba de sus novias?
Cada vez me desilusionaba más, no podía creer lo que escuchaba.
–Preferiría que esto acabe aquí, Jasper –me dolía todo lo que estaba diciendo.
–Por favor, Bella, voy a dejarla, podemos intentarlo –insistió tomándome de los brazos.
–Suéltame –lo miré fijamente –¡Suéltame ahora!
–Tranquilízate, por favor, yo solo quiero protegerte.
–Lo único que tú quieres, es lo que NO tienes, Jasper –cerré los ojos, intenté bajar un cambio –Tú actitud me da asco, ¡vergüenza ajena siento por todo lo que estás diciéndome! ¿Dejarás a Irina por mí?
–¡Pero tú me amas, creí que estarías feliz si dejaba a Irina!
–Yo no te amo –comencé a alejarme –No podría amar a alguien como tú, si alguna vez te amé, me arrepiento –susurré.
No lo amaba, estaba segura.
–¿No vas a decirme, que sientes algo por Edward? –lanzó una carcajada –¡Siempre se despreciaron!
–¡No tengo que darte explicaciones de nada! –grité.
–Por favor, Bella –intentó besarme, me alejé rápidamente.
–¡Oye! ¿No entiendes que no quiero? –ingresé a la casa, dándole la espalda.
–¡Lo tuyo con Edward no funcionará!
Irina pasó a mi lado –¿Todo bien? –preguntó luego de notar mi enojo.
–No –escupí furibunda.
–¿Qué pasó? ¿Peleabas con Jasp? –frotó mi brazo –lo oí gritándote.
–Espero que rápido te des cuenta de que es un patán y no sufras por alguien así –aclaré.
Se quedó dura, no emitió sonido alguno.
–Lamento mi sinceridad –dije inmediatamente.
Asintió presionando el lóbulo de su oreja.
Me dirigí a mi habitación, cerré la puerta con fuerza.
–No puedo creer esto –me rasqué la cabeza.
Tomé el celular, revisé la última vez que Ángela se había conectado.
Hacía tan solo unos minutos.
¿ÁNGELA? ¿PUEDO LLAMARTE?; envié.
El celular comenzó a vibrar, estaba llamándome.
–¡No sabía con quién más hablar! –exclamé atendiendo.
–¿Bells, qué te ha pasado?
–No puedo creer lo que sucedió, aún no –susurré antes de quebrar en llanto.
–¿Qué pasó? ¡Dime ya!
–¡Jasper siempre supo que sentía cosas por él! ¡Siempre!
–¿Cómo? ¿Se lo dijo Edward?
–No, solo lo sabía, y lo peor es que sabe que tengo algo con Edward.
–¿Se lo dijo a tu hermano? ¿Se agarraron a las trompadas?
–No, no es eso –me senté en el suelo –Él me escuchó anoche follando con Edward –me golpeé la frente.
–¿Te lo follaste? ¡No puedo creerlo!
–Él vino a mi habitación y… y… bueno pasó –recordé como se sintió ser suya.
Sonreí por un momento.
–¡Bueno, ese no es el punto! –estaba desviándome del tema central –Comenzó a decirme que Edward no era para mí, que me estaba usando porque estaba triste. Y le pregunté porque creía que estaba triste.
–¿Y?
–Dijo que sabía que yo estaba triste por Irina, que sabía que lo amaba. Y entonces me di cuenta, es una mierda –respiré hondo –¡Jasper es una mierda, Ángela! –apreté los dientes furiosa –No puedo creer todo esto, ¡encima me besó! –recordé lo insulso que me pareció –Prometió dejar a Irina, dijo que quería intentarlo conmigo ¡no soy tonta! ¡Me quiere porque me interesé en Edward!
–¡Es un imbécil, que decepción!
Intenté calmarme.
–Trata de respirar, Bells, ¡cálmate! –imploró –estás muy alterada.
–Es que no puedo creer que sea tan patán ¡no puedo creer que estuve enamorada de alguien así por cinco años! ¡Cinco años, joder!
Me asomé por la ventana, Edward tenía a Tanya colgada del cuello.
–Para colmo la hermana de Irina, una rubia platinada; de senos grandes y cintura pequeñita; está detrás de Edward ¡lo que me faltaba!
–¡Aleja a esa perra de ahí, Bells!
–¿Y si Jasper tiene razón, y Edward solo me usa?
–Eso tendrás que descubrirlo tú misma, querida amiga.
–Creo que me enamoré de él –confesé.
–¡Eso está clarísimo!
–¡Oye!
Me daba miedo amarlo. No quería que me lastimara.
–¿Y si me rompe el corazón?
–Si te rompe el corazón, le rompes la nariz y listo –dijo riendo.
Lancé una carcajada.
–¡Bajaré y alejaré a esa perra de Edward! –me planté.
–¡Así es!
–Luego hablamos –colgué.
Me refregué los ojos, los tenía algo hinchados.
Bajé las escaleras decidida, Tanya no iba a quedarse con Edward.
¡No iba a permitirlo!
Me topé con Jasper, que estaba sentado en el último escalón –Bella, yo quisiera que me dieras una oportunidad, solo una.
–¡No! –respondí tajante.
–Pero no puedes decirme que no –dispuso.
–¿No puedo? Yo no quiero saber nada de ti, no me interesa tener nada contigo, me decepcionaste ¿no entiendes?
Frunció el ceño.
–Déjame tranquila –salí fuera.
Tanya estaba bailando alrededor de la silla de Edward.
–¿Puedes parar? –le dijo él presionándose la frente.
Parecía estar harto.
–Ve al agua, ya no molestes rubiecita –la agarré del brazo.
–¿Qué? –me miró furiosa.
–Que te vayas al agua –apunté el muelle.
Edward se levantó con lentitud.
–¿Quién te crees? –Tanya se cruzó de brazos y me enfrentó.
–Vete, Tanya, por favor –Edward balanceó su cabeza a un lado.
–¡Es mi puta casa! –objeté.
–¡Eres muy grosera, Bella! –se dio la vuelta ofendida.
–¿Te sientes bien? –Edward se tapó la boca, aguantando la risa.
–Sí estoy celosa, listo, lo dije –admití suspirando.
–¿Sí?
–Sí –asentí –¿Tuviste algo con ella? –no podía dar más vueltas, necesitaba preguntárselo de una.
–¡Te juro que no, nunca la toque! –me miró a los ojos.
–Okey.
–¡Te lo juro! –repitió.
–Te creo –creí en su palabra.
–Me gustaría besarte ¿sabes? –se acercó a mi rostro.
–¡Mi hermano está cerca, Ed! –lo frené riendo –¡Eres un desubicado!
–¿Y? ¿No te folle anoche mientras tu hermano dormía en la habitación de al lado?
–¡Shhhhhh! –le tapé la boca –¿Acaso quieres que Emm, te rompa el rostro?
–Por ti dejaría que me rompa el rostro –confesó.
–¡No seas cursi!
–Tú me pones algo cursi –pellizcó mi nariz.
–¡Ya! –alejé su mano.
Sin previo aviso, me levantó en brazos.
–¡Nooooo, Ed, me voy a caer! –grité pataleando.
–¡Vamos! –me llevó a mi habitación.
–¡Van a notar que no estamos!
–Luego ponemos una excusa –guiñó un ojo.
Me lanzó sobre la cama –Ayyyyy ¡bruto! –se puso sobre mí.
–Me gustas mucho, Bella –reconoció.
–¿Mucho? –pregunté mordiendo mi labio inferior.
–¡Mucho! –levantó mi falda.
Acarició mis piernas con la yema de sus dedos.
–¡Me haces cosquillas! –me retorcí.
–Espero que algún día lo olvides –susurró recostándose a mi lado.
–¿A qué te refieres?
–Jasper –indicó.
–Él no me interesa –confesé.
–No mientas, sé que aún piensas en él.
–Eso no es cierto, Ed.
–¿Sientes algo por mí?
La vergüenza me invadió, no podía responderle.
–¿Bella?
–¿Mmm? –le miré.
–Yo siento cosas por ti –declaró besándome.
Me puse sobre él.
Presioné mis muslos contra su cadera.
–Oh, Bella –jadeó, podía sentir su erección.
–Hazme tuya otra vez, Edward –murmuré en su oído.
.
.
Una hora más tarde
–¿Por dónde andaban? –Emmett se nos acercó –¡Desaparecieron de repente! –movió sus manos en el aire –¡Creí que los había abducido un ovni*!
Edward inventó una excusa.
Mordisqueé mis uñas, intentando no reír.
–¿Estaban divirtiéndose? –Jasper metió su bocadillo.
Lo seguí.
–No te desubiques –susurré una vez que nos alejamos lo suficiente.
–Yo no dije nada malo –se encogió de hombros.
–¡Ya déjanos en paz!
–¿Qué pasa? –Edward nos interrumpió, parecía confundido.
–Nada –mentí alejándome.
–Bella –me persiguió –¿Qué pasa con Jasper?
–Nada, Ed –no quería crear un problema.
–¿Por qué mientes? ¿Qué sucede?
–Nada, Ed, nada –repetí.
Si le decía lo que había pasado, pelearían.
Me tiré en el pasto, sentí el calor del sol.
–¿Te pusiste protector? –preguntó Emmett pateándome.
–Ay –me quejé –Solo estaré unos minutos –inferí.
–¡Te vas a quemar como un pavo!
Cerré mis ojos.
–¡Bella! –Edward de repente me sacudió.
–¿Qué? –me senté preocupada.
–Te quedaste dormida al sol –presionó mis brazos.
–¡Joder! –grité al sentir un ardor insoportable en la piel –¿Cómo puede ser? ¡Solo cerré los ojos unos segundos!
–¡Te dormiste por una hora! –Emmett negó enfurecido.
–¿Quieres un poco de mi crema? –Irina se acercó con un pote de Aloe Vera.
–Eso creo –intenté levantarme –¡Ahhhhhhh!
¡Sentía que la piel se me prendía fuego!
Edward me ayudó a recostarme en el sofá.
–A ver, esto va a aflojar el ardor –batió el pote de la crema y me tiró un chorro en el brazo.
–¡Ayyyyyy! –me tensioné.
–Cuando te cubra de esta crema, el ardor va a desaparecer, ya verás.
¿Por qué odiaba a Irina? Era una persona encantadora.
¡Ah sí, ya sé porque, porque soy una estúpida!
Amar a Jasper fue un error, un error que no podía perdonarme.
Después de embadurnarme de crema, me dirigí a mi habitación con la ayuda de Emmett –Te dije que ibas a quedar como un pavo ¡te lo dije!
–Es el karma –musitó Tanya mirándome.
–¿Qué dijiste? –volteé, le clavé la mirada.
Negó.
–Recuéstate un poco –me ayudó a recostarme.
–¡Ayyy, Emm! ¡Me arde, ten cuidado!
Observé a un lado el cinturón de Edward, había quedado en el suelo.
¡Carajo!
–¡Oye, espera! –lo tomé de la blusa, ¡iba a ver el cinturón! –Necesito que traigas agua, tengo la garganta muy seca, me duele –fingí que tosía.
Corrió en busca de un vaso.
Me levanté –¡Mierda, mierda! –me ardía todo.
Tomé el cinturón y lo tiré debajo de la cama.
–¡Toma! –ingresó apresurado.
–¡Es el vaso con el que te haces buches! –hice una mueca de asco.
–¡Es el primero que encontré! ¡Vamos, toma agua!
Tomé, me dio arcadas, le podía sentir un leve sabor a pasta dental.
–Ya está, listo, ahora déjame descansar –lo eché.
.
.
Me despertaron unos gritos.
–¿Qué carajos pasa? –quise levantarme, me costó un eternidad, me sentía fatal –¿Emmett? –caminé por pasillo con lentitud.
–¡Eres un hijo de puta! –oí la voz de Edward.
–¿Qué pasa abajo?
–¡Ya deténganse, por favor! –los gritos de Emmett me preocuparon.
Bajé lo más rápido que pude.
–¿Qué mierda están haciendo? –Jasper estaba sobre Edward golpeándolo –¡Ya deténganse! –grité desesperada.
Edward lo escupió.
–¡Maldito imbécil! –Jasper le dio un puñetazo en el rostro.
–¡Déjalo en paz, Jasper! –comencé a patearlo.
–¡No empeores las cosas, Bella! –Emmett me sostuvo.
–¡Suéltame, joder! –sus manos rozaban mi piel irritada.
–¡Ya dejen de pegarse!
Edward se lo sacó de encima.
–¡Loco de mierda! –exclamó empujándolo.
–¿Qué mierda les pasa? ¿Acaso perdieron la cabeza? –Emmett se interpuso.
Edward se limpió la nariz, le salía sangre.
–Él se está follando a tu hermana –señaló a Edward, delatándonos.
–¡Imbécil! –le di una bofetada.
–¿Es broma? –Emmett se alejó riendo –¿Me están haciendo una broma? –el silencio nos invadió –¿Por qué ninguno habla? –frunció el ceño.
Me clavó la mirada.
Negué.
No podía admitirlo, tenía miedo de su reacción.
–¿Por qué le pegaste? –respiraba agitado.
–No es… no es lo que parece –intenté calmarlo.
–¿Edward? –lo tomó de la blusa.
–¡No, Emm, no le hagas daño! –lo sacudí.
–¡Eres un maldito! –lo tiró al suelo.
–¡Yo la amo! –chilló Edward.
–¡Pero ella no te ama! –Jasper se entrometió.
–¡Tú no sabes nada, Jasper! ¡Cállate la boca! –intenté pegarle, Emmett me detuvo.
–¡Bella, no!
–Ella me ama a mí –se auto señaló –tú eres el descarte, Edward.
–¡ESO ES MENTIRA! –grité.
La actitud de Jasper era muy infantil.
¿Cómo pude algún día amarlo?
–¡Vete a la mierda! –Edward se levantó lleno de rabia.
Se abalanzó sobre él.
–¡Ya basta! ¡Paren! ¡Edward detente, no sigas! –supliqué.
–¡BASTA! –el grito de Emmett me aturdió, nos aturdió a todos.
–¡No lamento lo que hice, Emm, yo amo a Isabella, es la verdad! –Edward se sinceró –Si me odias por ello, te entenderé –agachó la cabeza –Pero es la verdad, la amo, me enamoré de tu hermana.
.
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Un año más tarde
Con los pies rocé el agua, estaba algo fría.
Se quitó toda la ropa –¡Wuuuuhhhhuu! –Edward se lanzó desde lo más alto de la cascada.
Sentí que mis mejillas se enrojecían.
–¡Ven, Bella!
Me quité todo con rapidez, dudé en tirarme, era muy alto.
–¡Vamos! –insistió.
Cerré los ojos y me lancé –Ahhhhhhhh –grité.
Salí a la superficie, Edward me sostuvo de la cintura –Te amo –manifestó besándome.
Su cuerpo se adhirió al mío.
–Yo también te amo –lamí mi labio superior.
–¿Me dejarías hacerte el amor?
–Sí –jadeé.
Sus labios rozaron mi cuello.
–Mmmmm –arqueé mi espalda hacia atrás.
Sentí su polla erecta rozar mi coño.
–¡Follame, Edward!
Me embistió con fuerza.
–Ahhh, ahhh, ahhh –gemí.
Apoyé mis manos en su pecho, podía sentir su corazón latiendo cada vez más rápido.
–¡Oh, sí, sí!
Me sentía en las nubes.
Incrementó la velocidad, sentía que iba a explotar.
–Ahhhhhhhh –relajé mi cuerpo al llegar al clímax.
–¿Lo disfrutaste? –preguntó pellizcándome los pezones.
–¡Sí! –suspiré agotada.
Nadamos hasta la orilla, escurrí mi cabello al salir del agua.
Un leve viento hizo que se me erizara la piel.
Edward trepó las rocas hasta lo más alto y bajó con la ropa.
–¡Rápido, alguien podría vernos desnudos! –lo apresuré.
Me lanzó la ropa.
–¿Acaso tienes miedo? –pellizcó mi mejilla.
–¡Vamos, vístete de una vez! –insistí.
–Además, aquel hombre –señaló detrás de mí –estuvo observándonos mientras follabamos.
Volteé horrorizada.
No había nadie.
–¡Maldito mentiroso! –grité volviendo mi mirada hacia él –¿Qué haces? –me sorprendí al verlo arrodillado.
–Isabella Swan –sacó una cajita blanca del bolsillo –¿Me amarías por siempre?
La adrenalina invadió mi cuerpo.
–¡Edward! –abrió la cajita, dentro había un anillo de compromiso.
–¿Te casarías conmigo?
Fin
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Ping pong*el tenis de mesa es un deporte de raqueta que se disputa entre dos jugadores o dos parejas.
Ovni* objeto volador no identificado, que se refiere a la observación de un objeto volador, real o aparente, que no puede ser identificado por el observador y cuyo origen sigue siendo desconocido después de una investigación.
