El nuevo Lord Protector
Capítulo 35: Rin, esto no tendría que haber pasado
Desde que Sesshomaru le había mostrado a Rin que Atsuko había sido traída para que siguiera sirviéndola e instruyéndola, se había visto envuelta en la rutina que había tenido en la hacienda Oda de nuevo. Levantarse, asearse, ser peinada y vestida. Desayunar. No tenía ya clases dedicadas a comer, pero seguía recibiendo correcciones, que agradecía internamente, quería ser más perfecta para ser digna de estar con Sesshomaru. Sentada recta, no comer demasiado rápido, delicadeza al masticar, disfrutar del silencio y de la acción de alimentarse. Lo que más le costaba normalmente a Rin era el silencio, estuvo mucho tiempo en su infancia en silencio, aunque con la costumbre empezaba a ser cada vez más cómodo, principalmente gracias a los silencios compartidos en presencia de su inuyokai favorito. Luego del desayuno, con el pulso aún descansado, escritura, comida del mediodía, y estudio de poesía, historia, geografía, política, diplomacia. Muchas veces en esos estudios, Atsuko coordinaba, pero no era la que impartía todas las clases, ya que era consciente de su desconocimiento del mundo yokai. Recién descansaba de la mitad de la tarde en adelante, aunque normalmente aprovechaba para seguir practicando danza y la ceremonia del té. De tanto en tanto, bailaba para Sesshomaru o le servía sake o te, notándole siempre complacido.
Él, por su parte, se mantenía ocupado con la vigilancia y asentamiento de sus nuevas tierras. Eran momentos algo más pacíficos que en sus campañas de reconquista, pero no dejaba de luchar. Sólo que ya no tenía que ir y venir en largas campañas acompañado de un ejército. Y como iba solo, por las tardes, siempre volvía para pasar disfrutando de la compañía de Rin. Cada día la miraba fascinado en sus esfuerzos por la perfección. Ya no era solo una presencia que lo tranquilizaba, aunque pusiera su mundo patas arriba, ahora ella se había adaptado a esa nueva vida de una manera sorprendente, y no podía sentirse más agradecido por tenerla a su lado. Tenía su imperio, su renombre. Una mujer a su lado que las pocas veces que lo acompaño en tomas de decisiones jamás le llevó la contraria, sólo aportaba, como siempre, su gentileza y bondad.
Y, así pues, muy a su pesar, Oda Yuuki había conseguido llegar con todos los desertores a las afueras de Ciudad palacio, y ahora todos esos escuadrones formaban un ejército propio de Rin, y vivían en dos de las aldeas colindantes más cercanas a la costa. Protegían a los humanos, le hacían saber que estaban en territorio conquistado, y habían conseguido que los humanos de la zona, que se encontraban normalmente apartados de la guerra y eran autosuficientes, presentarán su lealtad a Rin.
En ese aspecto se encontraba bastante satisfecho. Los humanos estaban subyugados sin que hubiera tenido que mover un dedo. Parte del poder había sido cedido a Rin y ella básicamente lo ponía a su servicio. Su vida no podía ir mejor, solo por el simple hecho de que había notado que Rin a veces se notaba reticente en algo que no sabía que era, o a veces le pedía mucho de su compañía, a pesar de pasar tiempo juntos todos los días. Comenzaba a ser un enigma, el único punto de su vida que no estaba en orden (bueno, y quizás el que volviera su madre de una vez de China, pero podrían pasar años, así que se dedicó a escurrir el bulto y hacer como si ese problema no existiera). Se encontraba en la plenitud de su vida, disfrutando de la compañía magnética de a quien había decidido que sería su mujer, y se encontraba embargado por su simpatía y sus sonrisas. No tenía ninguna queja. Sólo tenía que esperar que de una vez ella le dijera cual era el problema que tenía actualmente, aunque debido a la cantidad de cambios que hubo en su vida últimamente, prefirió dejarle su espacio hasta que decidiera confiarse lo. Ella le había dado su palabra de que confiaba en él, ¿no?
Dos semanas habían pasado desde la llegada de Atsuko. Como la rutina de cada día, Rin se peinaba, mientras la mujer le buscaba kimonos para que ella eligiera cual ponerse ese día. Todavía no empezaba las clases ni ningún adiestramiento, por lo que era el momento de las charlas relajadas. Como siempre la curiosidad podía a la mujer, quien centrándose por completo en la chica había encontrado la manera de adaptarse a tan extraño y sobrenatural lugar.
—Y dígame, señora, llevo un par de semanas aquí y se la ve bastante cercana a su amado. Más allá de lo exigente de las clases que aún le quedan, ¿Qué tal es la vida de casada?
Rin se quedó en completo mutismo tras esa pregunta. Una pregunta totalmente normal, y que tenía que esperarse siendo ella su nana de cuidados además de su principal institutriz. No había hecho ningún comentario al respecto, porque no había habido casamiento. Sólo un compromiso (sin ninguna clase de joya de por medio prueba de aquella promesa) y que la presentarán como compañera del daiyokai más adelante. Tragó con dificultad, preparándose para contestar, tenía que sincerarse en algún momento con esos miedos, aunque tenía que hacerlo antes con Sesshomaru. Pero si lo hablaba antes con ella, quizás la ayudara a entender que demonios había pasado, si se le había pasado algo por alto, como cuando la ayudaba a entenderlo en aquellos meses en la hacienda.
—Esto… —¿por dónde empezar? —Atsuko-San… la verdad es que no sé la respuesta. Nunca hubo casamiento. Nunca hubo nada.
—Pero señora, Jaken llegó a buscarme diciendo que eras la mujer del amo…
—Ya, ya lo sé. Así me presentó: anunciando a todo el mundo que yo era su mujer y me debían pleitesía a mí también. Pero no hubo boda. Ninguna ceremonia. Nada.
Una lagrima comenzó a recorrer la mejilla de Rin tras dejar escapar aquello que daba cada vez más vueltas a su cabeza desde los casi dos meses que llevaba allí. Pero no atrevía a decirle nada a Sesshomaru, porque intuía que ya habiéndola presentado como su mujer era lo único que necesitaba para legitimar el vínculo. Pero no lo entendía del todo, y cada vez le daba más vergüenza preguntar con él tiempo que pasaba.
Enseguida recibió un abrazo de su nana dispuesta a consolarla, como siempre, seguro que encontraba las palabras apropiadas para todo.
—Mi niña… entre las criaturas sobrenaturales las cosas son muy raras, y no has nacido sabiendo todo. Deberías hablarlo con él, estás compartiendo techo con un hombre, no deberías sentirte incómoda por no saber en qué término está vuestra relación… —suspiró antes de continuar— no continúes con tus clases. No hasta que no arregles eso. Te acompañaré a hacerlo si así lo necesitas.
—¿De verdad?
—De verdad. Venga, límpiate esas lágrimas, y arréglate, desayuna, y te acompañaré.
Así pues, tras casi no conseguir desayunar, fue a buscar a Sesshomaru en la terraza superior, donde solía encontrarlo mirando al infinito, vigilando todo. Esos días comenzaban con la luz cegadora de los primeros días de la primavera. Luz demasiado brillante para ser la de invierno reflejándose en lo que quedaban de heladas y de la nieve, pero demasiado baja la estrella matutina la cual le entorpecía la visión. Se acerco hacia Sesshomaru caminando despacio, Atsuko la había acompañado hasta la entrada de la terraza, pero no más allá, era una conversación que debían mantener a solas. Decidió vestirse algo más elegantemente que de costumbre, necesitaba encontrarse bien consigo misma si necesitaba enfrentarse a Sesshomaru y exigir explicaciones.
Se lo encontró como esperaba, la blanquecina luz le daba un aspecto aún más hermoso a su apariencia sobrenatural. Pero maldita sea, ¿por qué tenía miedo? Le había casi pedido alguna vez que confiara en él. No la estaba mirando, pero por el sutil movimiento de sus orejas, pido captar que contaba con toda su atención en cuanto se percató de que se encontraba acompañado. Se sentó a su lado, respiró hondo un par de veces como le había aconsejado su nana hacía unos instantes.
—Emmmm… Sesshomaru.
—Dime, Rin. —le dijo sin mirarla. Silencio. —Sé que hay algo que te preocupa hace mucho, pero aún no he logrado averiguar qué es.
Ahora sí la miraba. La observaba de una manera profunda e inquisitiva, aunque principalmente extrañada. A Rin le costaba mantenerle la mirada, empezaba a sentirse estúpida por sus dudas. Enfrentarse a decirle algo era una tarea titánica, más cuando siempre que lo buscaba era la completa definición de perfección. Pero bueno. Él y su perfección podrían irse a la mierda. La había hecho pasar por un infierno esperando, luego una proposición desastrosa, y ahora se quedaba sin boda. Eso sí que no. Su carácter comenzaba a ganarle a esa parte de ella que siempre la hacía sentirse avergonzada, o demasiado poco.
—Sesshomaru, seguimos viviendo juntos, me has presentado como tu mujer, pero no nos hemos casado.
—No entiendo tu afirmación.
Claro que no la entendía. Seguro que para él esa situación era la más normal del mundo mundial, no tenía que por qué ser igual para los seres sobrenaturales, por no hablar de que existían diversas costumbres dependiendo de si se trataba de una u otra especie. ¿Pero no se podría haberse molestado en informarse o saber que los humanos se casan? Intentó no enojarse, probablemente él le tenía paciencia en muchísimas cosas, aunque no se lo dijera. Respiró varias veces antes de mirarlo de nuevo, ahora algo iracunda, pero procuró que no se no tara en su todo de voz.
—Soy humana, lo sabes. Los humanos nos casamos, así me han criado. Quiero una boda.
—¿Una boda?
Ay por kami-sama. ¿Sesshomaru de verdad no sabía lo que era una boda?
—¿No sabes que es una boda?
—Una declaración de intenciones de compartir el resto de tu vida con alguien.
—Sí, y la unión la bendice la autoridad del lugar, ya sea el jefe del pueblo, o un sacerdote o…
—Rin, yo soy el jefe del pueblo aquí. ¿No te es suficiente mi palabra? Soy la máxima autoridad, no hay nadie por encima de mí como para bendecir mi unión con nadie más, mi honorable padre está muerto ya.
—No eres un sacerdote —retrucó rápidamente, ignorando su gran ego acerca de que su palabra era la única necesaria para celebrar la unión.
—Los sacerdotes quieren purificarme, Rin, no casarme.
—¿Y no hay ninguna autoridad espiritual entre los seres sobrenaturales? Los dioses siguen estando por encima, aunque yo jamás haya conocido a uno.
—¿Quieres conseguir un dios que nos case?
—No. Quiero un vestido, una ceremonia en la que alguien bendiga nuestra unión, y una celebración. —dijo ahora confiada. Era lo que ella consideraba normal, y pensaba hacerlo ahora que ya se había enfrentado a Sesshomaru para decírselo. Ya a suficientes cosas había cedido ya.
—Como quieras, no sé dónde encontrar un sacerdote o lo que sea que dices que se necesita, pero confío en que eres capaz de encontrarlo. —tomó su mentón delicadamente —¿Cómo quieres tu vestido? ¿Algún regalo? ¿Algo más que te permita confiar más en la palabra de este Sesshomaru de que te quiere a su lado para siempre?
—Em… ah claro, yo… yo me encargo de todo.
Rin se le quedó mirando embelesada. Llegaba a exigirle cosas, y él sólo le preguntaba casi de qué color las quería. Toda la adrenalina que se le venía acumulando le bajó de golpe, dejándola temblando.
—Yo… lo siento. Siempre me complaces en todo y vine a exigir. Pero es que… no entiendo nuestra relación. Dices que quieres estar a mi lado, pero normalmente a menos que pregunte directamente, soy yo la que habla. Soy yo la que normalmente corre a abrazarte. Siempre me esperas, pero nunca te me acercas. No sé… me es muy raro para lo que yo sé que es una relación y… —ni siquiera me ha besado una sola vez —pensó.
—Yo tampoco entiendo tu necesidad de cercanía. Apenas vuelvo cada vez, con sólo sentir tu presencia o tu aroma cerca me basta, porque sé que estás cerca, Sé que estás a mi lado, aunque no te vea siempre, y te dejo libertad para que hagas y deshagas, porque quiero que seas feliz.
—Sesshomaru, ¿pero no deseas estar cerca de mí? —preguntarle si acaso no la deseaba a secas le parecía demasiado brusco. —¿Te parezco bonita al menos?
—¿Bonita? —Sesshomaru la miró sorprendida, aunque sin cambiar demasiado su inexpresiva expresión facial. —… no lo sé
Si los sentimientos no fueran silenciosos, se habría escuchado el ruido de algo romperse en Rin. Dejó de mirarlo, las lágrimas enseguida empañaron su mirada, y apretando los puños, dijo bajito: —Lo… lo siento, me retiro
En seguida huyó corriendo. Sesshomaru no la veía como una mujer, no entendía nada. ¿Para que le había estado regalando tantas cosas para que se arreglara durante tantos años? ¿El simple hecho de ser humana la volvía fea y no había querido decirle? Se restregó con la manga la cara, para quitarse las lágrimas que le impedían ver y el maquillaje. ¿Para qué quería maquillaje? Si daba igual. Se quitó los aros y collar, un conjunto precioso de perlas de diferentes colores y los arrojó lejos. Tantas cintas en su cintura, kimonos caros y ostentosos, adornos en su pelo… se quitó todo, mientras corría, hasta que no pudo más, el sollozar le había robado el aire de sus pulmones. Paró en uno de los estanques de los jardines, a mirar hipnotizada las carpas, mientras su mente se quedaba en blanco mientras lloraba. Demasiado dolor, demasiadas cosas que no entendía, que ya simplemente, estaban fluyendo a través de sus lágrimas. Empezaba a estar cansada, antes no lloraba tanto. Antes se sentía más fuerte, más segura de sí misma. Antes se sentía libre.
—Rin
Alzó su vista, Sesshomaru la había seguido, recogiendo todo lo que había tirado por el camino. Lo miró con desgana mientras seguía llorando. Luego pasó a ignorarlo mientras seguía viendo las carpas del estanque.
—Rin, no eres feliz a mi lado, ¿verdad?
Esa pregunta dolía. Ella era feliz a su lado, pero el resto de cosas que implicaba estar a su lado comenzaba a consumirla. Todavía no era primavera del todo, y al quitarse las capas superiores del kimono comenzaba a tener frío. Se abrazó a si misma, para encontrarse con que el youkai había comenzado a sacarle las sandalias y los calcetines.
—Eres libre de hacer lo que quieras aquí Rin. Sé que te gustaba andar descalza, no es obligatorio que uses de estas cosas. Como si me pides que sea siempre verano en los jardines para que puedas sentir el pasto bajo tus pies.
Ella antes iba descalza porque no tenía para sandalias o zapatos, y luego le era más fácil ir así. Más tarde sólo quería pisar donde pisara su amo.
—Rin, ¿Por qué te has ido? Si te vas, no puedo observarte de nuevo para saber qué respuesta darte. —Le cubrió los hombros con uno de los kimonos que recuperó, a apartando el resto de cosas. Luego la abrazó con su estola, acercándolo a él. —Rin, mi Rin… Nunca me he planteado si eres bonita u hermosa, porque creo que es un concepto nacido de la comparación, y no creo que haya criatura en este mundo para compararte.
—Pero nunca me has dicho que yo te guste, o algo, solo… —hipó por el llanto —ya sé que soy una aburrida humana, con un cabello normal y aburrido, piel que ni siquiera es tan blanca y…
—Rin, si quieres saber algo que me ha gustado siempre de ti, desde que te conocí… fue tu sonrisa, tu sonrisa, amplia, pura y sin miedo. Desde aquella vez que nos conocimos en el bosque y te pregunté quién te había hecho daño.
La chica volvió a mirarlo sorprendida, empezando a llorar de nuevo, esta vez de emoción, mientras Sesshomaru la abrazaba. Definitivamente la estaba abrazando él, sin que fuera en respuesta a uno de sus abrazos.
—Rin, mi querida Rin. Sigo sin saber lo que es la felicidad, pero quiero que seas feliz. Entiendo de libertad, y quiero que seas libre y hagas todo lo que quieras, siempre. No entiendo del amor del que hablan los humanos, pero puedo asegurarte que eres el único ser con el que quiero pasar le resto de mis días, hasta que me sea posible. Me tienes a tus pies para lo que quieras, con tal de que pueda seguir disfrutando de tenerte. —Mientras hablaba, se iba a acercando cada vez más a ella, hasta juntar las frentes de ambos, ella se había perdido en su mirada ya, y le costaba procesar todo lo que le estaba diciendo —Disfruto de todo a tu lado, del silencio, de la comida, aunque no la necesite, de tu perfume, de sentirte abrazada a mí. Por favor… no vuelvas a irte.
Rin no era capaz de creer todas las frases juntas que había hilado Sesshomaru, para decirle, a su manera, lo que gustaba de ella, y, casi a su modo, decirle que la quería.
—Yo también te amo, Sesshomaru.
Siguieron un buen rato así, la calidez de sus palabras había inundado el corazón de ambos, y ella no paraba de sonreír como una tonta. Frente con frente, él le acariciaba delicadamente el pelo, como si fuera una muñeca que si no tratas con delicadeza se rompería, mientras le sujetaba la cintura con la otra mano. Ella, le acariciaba el rostro delicadamente, nunca habían estado tan cerca. Siguió por su cuello, orejas…
—Rin, no lo hagas.
—¿Las orejas? ¿Por qué? —enseguida toda la ilusión de la chica se fue al garete con una acción tan simple…
—Mejor no.
—¿Le hago daño?
—No, solo… —Sesshomaru por fin rompió el contacto visual, mirando hacia un costado, parecía casi… ¿Avergonzado?
—¿Estamos solos?
—Si, por supuesto, tengo dicho a todos que no necesitas nada cuando estás conmigo.
Rin enseguida tras su respuesta la buscó con ambas manos su cara para estar como antes, volviendo delicadamente desde sus mejillas hasta sus orejas. Él cerró los ojos fuertemente, aquellas caricias le daban un escalofrío placentero que no sabía si considerar correcto. Movió las orejas para deshacerse de él, volvió a abrir los ojos. Su Rin aún le sonreía. Era definitivo que había caído a sus pies, esclavo de su sonrisa. Ojalá todo el esfuerzo que había hecho esa parte por hacerle saber lo que sentía por ella le diera la tranquilidad que ella necesitaba. Cerró los ojos de nuevo, concentrado en olerla, tan cerca, sentir su cálida y agradable respiración, acercándose cada vez más.
Hasta que ella, en un valiente movimiento terminó de cerrar la distancia con un beso. Era lo más agradable que pensaba que había sentido jamás, todas sus defensas habían caído. Se separó solo un momento para mirarla, adorar su dulce sonrojo y besarla él de nuevo, abrazándola más posesivamente. El beso era suave, lento, cargado con todas las emociones que hasta ahora, no habían sabido expresarse del todo al otro. El daiyokai por fin estaba sintiendo que estaba obteniendo lo que quería de ella y por qué deseaba sentirla cerca, aunque hasta ese momento no había sabido catalogar ni entender ese deseo.
Estaba besando a Rin
A su Rin.
A su humana y de nadie más.
Humana.
Rin era humana.
Todas las emociones que estaba experimentando por primera vez le impidieron reaccionar enseguida a lo que estaba pasando, que no podía ser. Se separó bruscamente, mirando en otra dirección, rompiendo el abrazo y poniéndose de pie.
—Esto no tendría que haber pasado. —dijo secamente, como única explicación. Para luego alejarse de allí a toda velocidad, convertido en un haz de luz.
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Hola mi gente hermosa! SIIIIIIIIIIIII POR FIN SE HAN BESADO
En realidad iba a hacer esto más calmadamente, que si se iba a encontrar emocionadamente con Atsuko, en dos capítulos y yo que sé qué más... pero yo también e canso de esperar y os lo debo. Y como soy una reina del drama, algo ha pasado. Yo ya dejé pistas en un flashback de Inuyahsa con Sesshomaru en un capítulo anerior, así que os invito a ver si sabéis qué ha pasado :D
Traigo un capítulo más largo por dos razones: cuarentena, vivah la cuarentena (no), pero espero que os alegre un poquito tener más actualizaciones (aunque como siempre, no garantizo nada en tema de para cuando el siguiente, lo siento). Espero también que tod s quienes me leeis estéis bien y vuestras familias y allegados también. Mucha fuerza, todo va a salir bien :)
¡Muchas gracias por leerme! ¡Un besazo enorme a todos y hasta la próxima!
