Después de dejar a Naoki en casa de Hiroki y Nowaki, fueron a las afueras de la ciudad, donde se encontraba el hotel que habían reservado. Entraron cogidos de la mano e hicieron el check-in.

- Te dije que eligieras un hotel modesto.- Le dijo Misaki cuando entraron en el ascensor.- Esto es todo lo contrario a modesto.

- Tenía que buscar algo cómodo, ya que no vamos a salir de la habitación en todo el fin de semana.- Sonrió Akihiko cogiendo a su novio de la cintura, quien se sonrojó.- He traído cuatro cajas de condones.

- No sé si eres muy optimista o muy bruto.- Rió Misaki.

- Mejor que sobren que falten.

Las puertas del ascensor se abrieron y la pareja salió. Tenían la única habitación que había en la última planta. Akihiko abrió la puerta y dejó pasar a Misaki, quien se metió en el baño para ver cómo era.

- Usagi-san, la bañera es enorme.

- Por supuesto, tenemos que caber los dos y poder movernos...- Akihiko le tocó el culo a Misaki, quien se giró a mirarle sonriendo.

- Eres un derrochador, Usagi-san.- Le dijo Misaki abrazándole.- Pero lo hecho hecho está y pienso disfrutar de esta habitación.

- Ya lo creo. ¿Qué te apetece probar primero? ¿La cama? ¿La bañera? ¿El suelo?

- Espera, cariño, primero voy a llamar a Hiroki para preguntarle cómo va la cosa y si Naoki ha...

- No, Misaki. Dijimos que este fin de semana era para nosotros.

- Pero tendré que saber si el niño está bien.

- Está perfectamente. Está con un profesor y un médico, está mucho mejor que con un estudiante veinteañero y un escritor inmaduro pero muy sexy.

- ¿Nos estás llamando malos padres?- Dijo Misaki dándole un manotazo en el pecho.

- En este momento diría cualquier cosa con tal de que no llames y solo me hagas caso a mí.- Le dijo Akihiko y comenzó a besar su cuello.

- Será solo un minuto...

- Acabamos de despedirnos de él. Mañana llamaremos, ¿vale?

- Está bien.- Suspiró Misaki.- Vamos a la cama.

- Me encantas.- Akihiko lo alzó por el trasero y Misaki enrolló sus piernas en la cintura del mayor, quien le llevó hasta la cama. El escritor le tumbó delicadamente y comenzaron a besarse. Cuando notaron que les faltaba el aire se separaron, Misaki le miró con cariño mientras le acariciaba la cara.

- ¿Cómo eres tan guapo, Usagi-san?

- Tuve suerte porque mira mi hermano, es más feo que el culo de un mandril.- Misaki volvió a besarle con la intención de callarle. Akihiko correspondió el beso y se fue situando sobre el menor, quien ya estaba metiendo una mano por debajo de la camisa del escritor.- Me encanta cuando estás ansioso.

Misaki sonrió pero no dijo nada. El escritor se incorporó un poco y se quitó la camisa mientras movía las caderas, haciendo reír a su novio.

- Qué bobo.- Misaki lo atrajo hacia él y comenzó a besar su cuello, mientras Akihiko le desabrochaba la camisa.

- ¿Intentas dejarme marca?- Sonrió Akihiko quitándole la prenda al menor.

- Claro, quiero que tengas un recuerdo.

Akihiko le besó de nuevo en los labios. Misaki se agarró a su cuello profundizando aquel beso. Las manos del escritor viajaron al pantalón del menor, con la intención de desnudarle por completo.

- Eres precioso, Misaki.- Sonrió el escritor quitándole lentamente lo que le quedaba de ropa.

- Tú que me ves con buenos ojos.- Dijo Misaki sonrojado. Akihiko le dio un corto beso y le abrió lentamente las piernas, para luego situarse entre ellas. El escritor se inclinó y besó su vientre, descendiendo poco a poco hasta su entrepierna, formando un camino de besos.

Akihiko lamió el miembro de Misaki con una lentitud que desesperaba al menor. El escritor llevó dos dedos a la boca del estudiante, indicándole que los lubricara con su saliva.

- Usagi-san...- Gimió Misaki suavemente al sentir la lengua de su novio jugar con su hombría.

Akihiko, sin dejar de darle placer con su boca, introdujo los dedos en Misaki, quien no tardó en comenzar a mover ligeramente sus caderas. El mayor sintió que su novio ya estaba listo y se incorporó. Se besaron con pasión haciendo que sus entrepiernas se rozaran.

- No hace falta que te pongas el condón.- Susurró Misaki. Akihiko no dijo nada, simplemente sonrió y alargó la mano para coger la caja y sacar uno.

- Te amo, Misaki.- Le dijo Akihiko ya listo para penetrar al menor, quien sonrió al escuchar aquello.

- Y yo a ti.

Akihiko entró lentamente en él mientras se besaban con ternura, hasta que Misaki rompió el beso y comenzó a gemir suavemente, pues el escritor había empezado a marcar el ritmo moviendo las caderas.

Misaki cerró los ojos dejándose llevar por el placer y se agarró con fuerza a la espalda del escritor, sin dejar de soltar gemidos. El mayor le repartía besos por su cuello y clavicula, mientras le susurraba de forma entrecortada lo mucho que le quería.

El universitario clavó las uñas en la espalda del mayor al sentir que ya estaba cerca de acabar. Akihiko sintió que el interior de Misaki se contraía y comenzó a penetrarle con más intensidad.

- ¡Usagi-san!

Akihiko calló sus gemidos con un beso, sin alterar el ritmo. Misaki le mordió suavemente el labio, sorprendiendo al mayor, quien no pudo evitar sonreír.

- Ya, ya...- Gimió Misaki apartando su cara ligeramente de la de Akihiko.- ¡USAGI-SAN!

La esencia de Misaki impactó sobre sus vientres, sobre todo sobre el del menor. Akihiko siguió con las embestidas hasta que finalmente también se corrió.

- Eres increíble, Misaki.- Le susurró antes de salir de él.


Dos voces infantiles le sacaron de sus pensamientos. Los niños se encontraban junto a Kane en el sofá, mirando unos dibujos. Hiroki alzó la vista de sus papeles y echó un vistazo a los pequeños, quienes comentaban emocionados aquellos dibujos, mientras Kane les daba conversación.

Se concentró de nuevo en aquellos exámenes que tenía que corregir pero volvieron a distraerle, esta vez fue el sonido de su teléfono móvil. Suspiró pensando que se trataba de Misaki.

-Dime, Misaki.

- Hiro-chan, soy mamá.- Hiroki abrió los ojos con sorpresa, pues llevaba años sin dirigirse la palabra con sus padres.- Llamaba para decirte que ha muerto la tía Eshima. Por si te interesa, el funeral es esta tarde. Yo de ti vendría, parece que se ha acordado de ti al hacer el testamento.- Su madre colgó antes de que Hiroki pudiera decir nada.

- ¿Quién demonios es la tía Eshima?- Murmuró Hiroki.- Kane, me tengo que ir. Cuida de los niños.

- Hiroki, hoy no puedo. Te he dicho que en poco más de una hora me tengo que marchar.

- Pues llévate a los niños, a mí me ha surgido un imprevisto.- Dijo el profesor poniéndose en pie.

- ¿Cómo me voy a llevar a los niños a un sex-shop? Estás enfermo, Hiroki.

- ¿Por qué demonios tienes que ir a esos sitios?- Le dijo Hiroki.- ¿No puedes ser una persona decente?

- Hoy lanzan un nuevo vibrador, es una edición limitada. Voy a ir a hacer cola.

- Pues lo siento pero te tienes que quedar con los niños.

- Llama a Tadao.

- Tadao se quedará con ellos mañana por la tarde, no puedo pedirle que se encargue hoy también. El hombre también tiene una vida...

- ¿Y yo no, Hiroki?

- Kane, te he pagado la universidad y te he dejado vivir gratis aquí durante años. Mi generosidad es tan grande que no te cobro nada a pesar de que ya tienes trabajo, así que si te pido que cuides de los niños, tú te callas y obedeces.

- Deberías hacer todas esas cosas por amor, no para chantajearme con ello día sí y día también.

- Kane no quiere quedarse con nosotros...- Dijo Haruki a punto de echarse a llorar.

- Exacto, siento mucho que tengas este padrino.- Asintió Hiroki.

- No, corazón, me encanta estar con vosotros.- Dijo Kane abrazando al pequeño.- Sois mis personas favoritas.

- Entonces todo solucionado.- Sonrió Hiroki.- Te quedas tú con los niños. Adiós, os veo luego.

- ¿A qué vamos a jugar hoy, Kane?- Le preguntó Naoki.

- ¿Os gustaría ver al bebé de Shinobu?


El sonido del timbre le sacó de sus pensamientos, Shinobu resopló fastidiado porque Miyagi se hubiera vuelto a olvidar las llaves.

- Ya empieza con la demencia senil...- Murmuró el rubio yendo a abrir. Relajó el gesto al ver que era Kane, quien iba bien acompañado.

- ¡Shinobu!- Exclamaron Haruki y Naoki a la vez, abrazando las piernas del nombrado.

- Hola, renacuajos.- Sonrió Shinobu.- Qué sorpresa...

- Se me ha escapado que hoy tenías la ecografía y los niños quieren ver al bebé. Así que ahora son problema tuyo.- Shinobu le miró con el ceño fruncido y, antes de poder decir nada, Kane había echado a correr, abandonando allí a los niños.

- Será hijo de fruta...

- ¿Vamos a ver al bebé?- Sonrió Naoki.

- Sí, supongo que sí.- Suspiró Shinobu.- Venga, niños, pasad.

- ¿Y es rubio como tú?- Preguntó Haruki.

- Lo dudo mucho.- Respondió el estudiante.- Miyagi no tardará en llegar, ¿tenéis que ir al baño o algo?

- Yo tengo sed.- Dijo Naoki.

- Y yo.

- Vale, ahora os doy agua.- Shinobu caminó hacia la cocina.- Estaremos un buen rato en la clínica, ¿tendréis hambre? ¿Debería coger algo de comer? ¿Venís con manual de instrucciones?

- No, si tenemos hambre nos puedes comprar un helado.- Le dijo Naoki mientras cogía con sus dos manitas el vaso que le daba Shinobu.

- No estás tonto, no...- Murmuró Shinobu entregándole el otro vaso a Haruki. Quien intentó beber muy rápido y se mojó la camiseta.

- Ups.

- No pasa nada, es solo agua.- Dijo Shinobu.- ¿Traéis muda de recambio o algo?- Haruki se encogió de hombros.- Venga, Haru-chan, quítate la camiseta y te la seco en un momento.

El pequeño comenzó a quitarse la camiseta pero se le quedó atascada en la cabeza y rompió a llorar.

- Haru-chan, no llores, ahora te ayudo.- Shinobu comenzó a tirar de la camiseta, haciendo que el niño llorara más, pero consiguiendo sacarla en cosa de segundos.- Listo, ya está. Anda, no llores más que luego el abuelo Miyagi os comprará un helado.

- ¿De verdad?- Sonrió Haruki parando de llorar. Shinobu asintió y fue al baño a por el secador de pelo con la intención de secar la camiseta. Cuando volvió se encontró a los niños riendo, Naoki le tocaba la barriga a Haruki con sus dos dedos índices.

- ¡Barriguita!- Reía Naoki haciendo cosquillas a su amigo, quien también se reía. Shinobu conectó el secador y comenzó a secar la camiseta. En aquel momento entró Miyagi, mirando la escena con sorpresa.

- ¡Miyagi!

- Hola, chiquitines.- Sonrió el profesor acariciando sus cabezas.

- Kane los ha abandonado en nuestra puerta.- Explicó Shinobu y el mayor asintió.

- Tío Miyagi, el tío Shinobu ha dicho que nos vas a comprar un helado.- Le informó Naoki.

- Claro, os compraré un helado.

- Levanta los bracitos, Haru-chan.- Le dijo Shinobu y el niño obedeció. El rubio le puso con cuidado la camiseta.

- Deberíamos ir yendo ya.- Dijo Miyagi.- Iremos en metro porque no tengo sillitas para los niños.

- Pues que no lleven.

- Shinobu-chin, eso no es seguro.- Le dijo el profesor.- No pueden ir en coche sin sillita.

- De acuerdo, pues vayamos ya.- Dijo Shinobu poniéndose el abrigo y caminando hacia la puerta.

- Shinobu-chin, ¿puedes darle la manita a uno de los peques? Así será más fácil.

- ¿Eh? Ah, sí, claro.- Dijo Shinobu y Naoki le cogió la mano, mientras que Haruki cogió la del profesor.- ¿Podemos ir ya?

- Espera, voy a coger un poco de agua por si a los niños les entra sed.- Dijo Miyagi.

- Coge ginebra por si a mí me da el bajón.

- Shinobu-chin...

- No pongas esa cara, era broma.- Le dijo Shinobu.- Venga, vamos.

Llegaron a la clínica con más de un cuarto de hora de antelación y se sentaron en la sala de espera, Haruki sobre Miyagi y Naoki sobre Shinobu.

- Shinobu, tengo pipí.- Le dijo Naoki.

- Miyagi, acompáñale al baño.- Le dijo Shinobu.

- Claro. Haru-chan, ¿tú también tienes ganas?

- No, yo no.- Negó el pequeño. Miyagi se fue con Naoki y Haruki se sentó sobre el regazo de Shinobu.

- ¿Mi papi está ahí dentro?- Preguntó Haruki señalando la puerta de la consulta.

- Más le vale.

- Shinobu.

- ¿Qué?

- Tengo pipí.

- Pero si acabas de decir que no tienes ganas.

- Ya, pero ahora que lo he pensado sí que tengo.- Dijo el niño. Shinobu resopló.

- Pues aguanta un poco, Miyagi no tardará en volver.

- No puedo...

- Los niños tan pequeños no saben aguantar, se te va a mear encima.- Le dijo una mujer que también estaba esperando.

- Señora, ¿a usted qué le importa?

- Qué maleducado, vaya ejemplo...

- Shinobu...- Dijo Haruki llevándose las manos a la entrepierna. Shinobu se puso en pie cogiéndole en brazos y corrió hacia el baño, cruzándose por el camino con Miyagi.

- ¡Que se mea!- Exclamó Shinobu agobiado y Miyagi se hizo a un lado para dejarle pasar.

Con la crisis ya resuelta, Shinobu volvió a la sala de espera y se sentó junto a Miyagi. Una mujer, que debía de haber llegado mientras el estudiante estaba en el baño, sonrió al verles.

- Qué familia más bonita.- Comentó la mujer.- Y ya vais a por el tercero, ¿no?

- Exacto, somos como conejos.

- Shinobu-chin...

- Pero no se parecen mucho, ¿no?- Volvió a hablar la mujer.

- Es que cada uno es de un padre.

- Shinobu-chin, hoy estás sembrado.

- Takatsuki.- Llamó el enfermero y los cuatro pasaron a consulta.- Túmbese en la camilla, en nada vendrá el Dr. Kusama.

- Nao-chan, mi papi es médico.- Dijo el pequeño una vez el enfermero se marchó.

- Sí, me sacó de la barriguita de mi mami.- Asintió Naoki.

- Y a mí de la de mi papá.

- Y sacará a vuestro primito de la de Shinobu.- Sonrió Miyagi.

- Qué ganas...- Murmuró Shinobu haciendo una mueca.

- Hola, Shinobu, ¿qué tal?- Saludó Nowaki entrando en la consulta. Al ver a los pequeños sonrió todavía más.- ¡Pero si están mis chicos favoritos!

- Hemos venido a ver al bebé.- Dijo Haruki.

- Sí y luego el tío Miyagi nos comprará helado.- Dijo Naoki.

- Qué consentidos.- Sonrió Nowaki.- ¿Pero no estabais con papá?

-Le han llamado y se ha ido.- Respondió Haruki.- Y Kane nos ha dejado con Shinobu para que podamos ver al bebé.

- Entiendo. Bueno, Shinobu, vamos a ver cómo va la cosa.- Nowaki le aplicó el gel y comenzó a mirar en la pantalla.- Esto de aquí es el bebé, ¿lo veis?

- No.- Negó Haruki algo decepcionado.

- ¿Y está todo bien?- Preguntó Shinobu.

- Sí, parece que todo va bien. Aunque...

- ¿Qué?

- Deberías ganar algo de peso, Shinobu.- Le dijo Nowaki y el rubio hizo una mueca.

- No te preocupes, Nowaki, yo me encargaré de que engorde.

- Oye, viejo, que no soy ningún gorrino de matanza.

- ¿Os gustaría saber el sexo?- Preguntó Nowaki.

- Sí.- Dijo Miyagi.- ¿Shinobu-chin?

- Sí, cuanto antes lo sepamos mejor.

- Es una niña.

- ¡Bien!- Exclamó Miyagi contento.- Podremos aprovechar las cosas de bebé que tenemos.

- Lo hubiéramos aprovechado igual, cazurro.

- ¿Es una niña?- Preguntó Naoki.

- Sí, vais a tener una prima.- Le dijo Nowaki.

- Haru-chan, cuando juguemos a papás ella podrá ser nuestra hija.

- Tendréis que esperar un poco para que pueda jugar con vosotros.- Les sonrió Shinobu.- Nada más nacer solo llorará, comerá y cagará.

- Qué aburrido...- Comentó Haruki.

- Un bebé no es un juguete.- Le dijo Nowaki.

- Ya lo sabemos.- Dijo Naoki.

- Sí, vamos a cuidar de ella.- Dijo Haruki.

- Así me gusta.- Sonrió Nowaki.- ¿Y ya habéis pensado algún nombre?

- No.

- Sí.- Dijo Miyagi sorprendiendo a su pareja.- Había pensado que como va a nacer en abril, que es cuando los cerezos florecen, podría llamarse Sakura.

- Muy común, ¿no?

- Ya, pero es bonito.

- La verdad es que la Cazadora de Cartas me gustaba bastante ...- Dijo Shinobu.- Sí, Sakura está bien.

- Aún tenemos tiempo para pensarlo.- Dijo Miyagi.

- Niños, ¿os gusta Sakura?- Preguntó Shinobu.

- ¡Sí!

- El pueblo ha hablado, Miyagi.

Al salir de la consulta, Miyagi y Shinobu dieron un paseo con los niños por un parque cercano a la clínica. Los niños paraban cada dos por tres para admirar prácticamente cualquier cosa que se encontraban por el camino.

- ¡Shinobu, mira!- Sonrió Haruki señalando algo en el suelo.

- Sí, qué bien, otra flor.- Comentó el estudiante.

- Pero esta es azul.- Dijo Naoki agachándose para poder verla mejor.

- Miyagi, ¿van a parar a ver cada cosa que encuentren?- Susurró el rubio.

- Shinobu-chin, son muy pequeñitos y les hace ilusión todo.

- ¡Un perro!- Exclamó Naoki.

- No vamos a llegar a la heladería jamás...

- Shinobu, ten paciencia.

Una vez consiguieron llegar a la heladería, Miyagi compró los helados y los cuatro se sentaron en una mesa a comerlos.

- Shinobu, tú tienes que comer dos porque así Sakura también come helado.- Le dijo Haruki.

- No te preocupes, a Sakura le llega de este helado.

- Sí que es cierto que tendrás que comer un poco más estos días.- Comentó Miyagi.- Ya has oído a Nowaki.

- Comeré lo que me apetezca, no me voy a cebar.

- Estás de tres meses y casi no se te nota...

- Miyagi, no te agobies, cada persona es un mundo.

- Me he manchado.- Anunció Naoki señalando su camiseta.

- No pasa nada, es normal que los niños os manchéis.- Dijo Miyagi y rió.- Tenéis la cara llena de chocolate.

- Voy a haceros una foto y la paso por el grupo.- Dijo Shinobu sacando el móvil.- Venga, sonreid.


Hiroki fue al tanatorio y suspiró fastiado. Odiaba estar rodeado de sus familiares, muchos de los cuales comenzaron a cuchichear al verle. Divisó a sus padres a lo lejos pero no se atrevió a acercarse a ellos.

- Hiroki.- Dijo una voz femenina a sus espaldas y el profesor dio media vuelta, sonriendo al ver que se trataba de su prima.

- Ume.- El profesor abrazó a la joven con cariño.- Cuánto tiempo...

- Sí, casi cuatro años.

- Lo siento, sé que desaparecí así sin más y...

- No te preocupes, en verdad te comprendo.- Dijo la muchacha sin borrar su sonrisa.- Has tenido un niño, ¿no?

- Sí, el mes pasado hizo tres años y es precioso.- Le dijo Hiroki sacando su teléfono.- Mira, es este. Se llama Haruki.

- Sí que es precioso, pero no se parece en nada a ti.

- Por suerte ha salido a mi marido.- Dijo Hiroki y bajó el volumen de voz.- Los dos son preciosos.

- No te imaginas cuánto me alegra ver que estás feliz.- Dijo Ume.

- Oye, ¿tú conocías a la tía Eshima?

- En persona no.- Negó Ume.- Pero era la hermana del abuelo.

- No sabía que el abuelo tenía una hermana.- Comentó Hiroki.

- Por lo visto la tía Eshima no se hablaba con casi nadie de nuestra familia. De hecho, hay rumores...

- ¿Qué rumores?

- Esto no es nada seguro pero dicen que la tía Eshima cambió su testamento cuando se enteró de que no te hablabas con tus padres.

- ¿Qué?- Dijo Hiroki sorprendido.

- Hiroki, tus padres llevan años intentando que la tía Eshima les venda una casa que tiene en Osaka y creemos que es lo que te ha dejado. La tía sabía que eso haría rabiar a tus padres. Mi madre está convencida de que vas a heredar esa casa.

- No lo creo, mi madre me ha avisado y todo.

- No me sorprendería que tus padres intentaran convencerte de que les vendas esa casa.- Comentó Ume.- Si intentan hacer las paces contigo es por esa casa, tenlo claro.

Al acabar el funeral, su madre decidió acercarse a él. Hiroki suspiró no pudiendo quitarse de la cabeza lo que le había dicho su prima.

- Hiro-chan, me alegra que hayas venido.

- La verdad es que no sé muy bien qué hago aquí, no conocía a la tía Eshima.

- Vino una vez a tu cumpleaños, ¿no lo recuerdas?- Preguntó su madre y Hiroki negó con la cabeza.- Me alegro de verte, Hiro-chan.

- Si no me has visto antes es porque tú no has querido, te recuerdo que has sido tú quien no respondía a mis llamadas.- Dijo Hiroki y su madre suspiró.

- ¿Es niño o niña?- Preguntó la mujer.

- Dudo mucho que te importe.

- Hiro-chan...

- Me han dicho que la tía tenía una casa en Osaka. Ojalá me la haya dejado a mí, estoy seguro de que mi marido y yo la disfrutaríamos mucho.- Dijo Hiroki y observó a su madre apretar los labios.

- Es muy bonita, te va a encantar.- Dijo su madre con semblante serio.- Tiene jardín y todo, tu hijo o hija se lo pasará genial jugando.

- No pareces muy feliz.

- Tú padre y yo llevamos años detrás de esa casa.- Suspiró la mujer.- Pero prefiero que te haya tocado a ti a que se la quede cualquier otra persona. Al fin y al cabo, hubiera acabado siendo tuya de todas formas.

- ¿No me habéis desheredado?

- Jamás haríamos tal cosa.

- No te pongas digna ahora.- Le dijo Hiroki.

- Sé que me pasé al sobornar a tu...compañero pero estaba desesperada, eres mi único hijo, mi niño pequeño.

- Espera, ¿qué has dicho?- Dijo Hiroki con sorpresa.- ¿Intentaste sobornar a Nowaki?- Su madre apartó la vista y se mordió el labio.

- Pensé que si le ofrecía dinero te dejaría en paz... Lo siento, Hiro-chan.

- Ahora soy yo quien no quiere saber nada de ti.

Hiroki se alejó de su madre, dando por finalizada aquella conversación. Ya harto de estar allí, decidió volver a su casa.

Nowaki le recibió con una sonrisa y un beso. Cuando el médico fue a apartarse, Hiroki le abrazó con fuerza.

- Hiro-san, ¿qué ocurre?- Preguntó Nowaki correspondiendo el abrazo.

- ¿Mi madre te ofreció dinero para que me dejaras?

- Sí, Hiro-san.- Suspiró Nowaki.- No te lo conté para no disgustarte todavía más. Estabas tan embarazado...

- No importa, no estoy enfadado contigo.- Dijo Hiroki rompiendo el abrazo.- Estoy enfadado con mi madre.

- ¿La has visto?

- Sí. He ido al funeral de una tía mía.

- Lo siento mucho, Hiro-san.

- En verdad no la conocía.- Dijo Hiroki.- No es seguro pero puede que me haya dejado algo en herencia.

- ¿De verdad?

- Mi madre y mi prima creen que me ha dejado una casa en Osaka. Supongo que lo sabré el lunes, es cuando harán la lectura del testamento.

- ¡Eso es genial, Hiro-san!- Exclamó Nowaki entusiasmado pero rápidamente carraspeó.- Lo siento, Hiro-san, eso ha sido muy insensible. Tu tía acaba de morir y yo pensando en que podríamos ir de vacaciones a Osaka...

- Tranquilo, Nowaki, yo he pensado lo mismo.- Sonrió Hiroki.

- ¡He conseguido el vibrador!- Exclamó Kane entrando en la vivienda.

- No le soporto, Nowaki.- Dijo Hiroki rodando los ojos.

- Te he oído.- Dijo Kane.- Bueno, ¿queréis verlo?

- Ni de coña.

- No, gracias.

- ¿Qué hago? ¿Lo estreno solo o me espero a que venga Sato-chan?

- Lo que te dé la gana pero en silencio.- Le dijo Hiroki.- Hay dos niños inocentes en esta casa.

- Siempre es más bonito hacer las cosas en pareja.- Comentó Nowaki y Hiroki le miró con el ceño fruncido.

- No le sigas el rollo, Nowaki.

- Cierto. Me esperaré a mañana que viene Sato-chan.- Dijo Kane sonriente.- ¡Qué bonito es estar enamorado!

- Precioso...- Murmuró Hiroki.

- ¿Sabes qué, Kane? Es posible que Hiro-san herede una casa en Osaka.

- ¡Ya era hora!- Exclamó Kane.- ¡Por fin podré llevar el nivel de vida que merezco!

- ¡Tú no estás invitado, so borrico!

- Qué cruel, Hiroki. Encima que te he cuidado a los mocosos...

- ¡Pero si se los has endosado a Shinobu!

- Hiro-san, no te alteres.

- ¿De verdad no me vas a invitar a tu casa en Osaka? Me ofenderé mucho...

- Claro que estás invitado.- Sonrió Nowaki.

- ¿Sabes qué? Si heredo la casa, me quedaré más tranquilo si alguien de confianza vive en ella de continuo.- Dijo Hiroki.- ¿Por qué no te mudas a Osaka? No te cobraré alquiler.

- Aquí tampoco me cobras.

- De momento.

- Hiro-san, Osaka está muy lejos.- Sonrió Nowaki.- Echaríamos demasiado de menos a Kane.

- Si puediera aún le enviaría más lejos...- Murmuró Hiroki y su móvil comenzó a sonar.- ¡Nao-chan, tu mami al teléfono!


Misaki y Akihiko se encontraban metidos en la bañera, el menor apoyando su espalda en el pecho del mayor, quien no dejaba de acariciarle los brazos. Tenían dos copas y una botella de champán medio vacía.

- Voy a llamar al peque, que en un rato ya estará durmiendo.- Dijo Misaki.

- De acuerdo.- Asintió Akihiko. El estudiante se incorporó un poco, llamó a Hiroki y puso el manos libres. Después volvió a la posición de antes, haciendo que el escritor le abrazara por la cintura.

- ¡MAMI!

- Mi amor, ¿cómo estás? ¿Qué tal el día?

- Hola, cielo.- Dijo el escritor.

- Hola, papa. ¿Sabes qué, mami? Hoy Haru-chan y yo hemos ido a casa del tío Shinobu y Haru-chan se ha mojado la camiseta con agua.

- Más fresquito.

- ¿Habéis estado con el tío Shinobu? Habéis comido helado, ¿no?

- Sí. Hemos ido a ver al bebé que tiene en la barriga y se llama Sakura.

- Por fin una niña en el grupo.- Sonrió Misaki.

- El tío Nowaki nos ha enseñado a Sakura pero como es muy pequeña yo no la he visto. Luego Miyagi y Shinobu nos han comprado un helado. Haru-chan ha comido uno de fresa y yo de choco. Me he manchado la camiseta pero el tío Miyagi me ha dicho que no pasa nada, que soy un niño.

- Un niño que no calla...- Murmuró Akihiko ganándose un manotazo de su pareja.

- Claro, cariño, eso se lava.- Le dijo Misaki.

- Nao-chan, papá y mami estamos muy cansaditos y vamos a dormir ya. Mañana nos vemos, ¿vale?

- Vale. Haru-chan y yo mañana vamos al zoo con el abu.

- Muy bien, Nao-chan. Verás gorilas, hipopótamos...

- Misaki, no le des cuerda.

- Yo quiero ver un tigre. El tío Nowaki dice que puede que haya un tigre. Yo quiero verlo pero a Haru-chan le da miedo.

- Mañana nos cuentas qué has visto, enano.- Le dijo Akihiko.- Buenas noches. Te quiero mucho.

- ¡Y yo a ti!

- Buenas noches, corazón. Mami también te quiero mucho mucho mucho.

- ¡Y yo a ti! ¡Más que a papá!

- La sinceridad de este niño a veces duele.- Murmuró Akihiko una vez hubieron finalizado la llamada.

Escucharon unos golpes en la puerta y Akihiko se puso en pie, apartando un poco a Misaki.

- Servicio de habitaciones.- Escucharon que decían al otro lado de la puerta.

- Ya voy yo, tú sigue ahí dentro relajadito.- Dijo Akihiko poniéndose el albornoz.

- No me lo digas dos veces...- Murmuró Misaki cerrando los ojos e inclinando la cabeza hacia atrás.

Pasados unos minutos, al ver que su novio no volvía, Misaki salió de la bañera y se puso también un albornoz. Al salir del baño, se encontró con Akihiko encendiendo unas velas. El suelo estaba lleno de pétalos, lo que hizo que Misaki abriera la boca sorprendido.

- Usagi-san...

- ¿No estabas en la bañera?- Dijo Akihiko sonriendo.

- ¿Y esto?

- Me apetece tener una cena romántica contigo.- Dijo el escritor señalando la bandeja con la comida.

- Me parece genial.- Sonrió Misaki acercándose a él. Iban a empezar a comer cuando Akihiko le paró, sorprendiéndole. El escritor se quedó un momento en silencio y le miró fijamente.

- Esto iba a ser antes del postre pero no puedo esperar más...- Murmuró Akihiko y Misaki le miró sin entender.

Los ojos de Misaki se humedecieron al ver que el escritor se ponía de rodillas y sacaba una caja del bolsillo del albornoz. Antes de siquiera ver el anillo o de que Akihiko pudiera decir nada, Misaki comenzó a asentir con la cabeza, sin poder evitar que se le escaparan lágrimas de felicidad.

- Misaki, lo eres todo para mí. Estos cinco años contigo han sido los mejores de mi vida. No te imaginas lo feliz que me haces. Naoki y tú sois lo que más quiero y no me imagino el resto de mi vida sin vosotros. Quería pedírtelo en tu ceremonia de graduación pero no puedo esperar más. Misaki, ¿quieres casarte conmigo?

- Claro que quiero, Usagi-san.- Dijo Misaki sin poder parar de asentir con la cabeza y de llorar.- Llevo tanto tiempo esperando este momento...

- Te amo, Misaki.- Dijo Akihiko poniéndole delicadamente el anillo.

- Yo también te amo, Usagi-san.