CAPÍTULO 16

Bella empujaba el carrito de la compra por los pasillos del supermercado con la mirada fija en las estanterías buscando lo que necesitaba: esencia de vainilla para terminar la tarta de crema de naranja que iba a hacer esa noche.

Edward le había invitado a cenar esa noche a su casa y aunque insistió en que no hacía falta llevar nada, quería sorprenderle con el postre y un par de botellas de vino.

Edward. Llevaba un par de semanas de lo más extraño: taciturno y pensativo en ocasiones y entregado y cariñoso en otras. Era como una montaña rusa de sentimientos. A veces estaba pleno, casi feliz y otras parecía hundirse. En más de una ocasión le había pillado observándola, con una mirada que no era capaz de descifrar, una mezcla entre miedo y algo más, algo que no llegaba a descubrir.

Estaba claro que algo debió ocurrir tras la visita de su hermano pues fue a raíz de ahí que todo cambió.

Cuando recibió el mensaje informándole de que no podía asistir al concierto se molestó, se enfadó mucho y más cuando intentó llamarle de vuelta tras recibir el mensaje para ver que ocurría y el teléfono le mandaba al buzón de voz.

Esa noche apenas pudo pegar ojo preguntándose si verdaderamente el imprevisto había sido la visita inesperada de su hermano o no.

Edward se presentó al día siguiente en la librería portando un enorme ramo de rosas rojas, una caja de bombones y una mirada de gatito atormentado a modo de disculpa.

Al final era cierto que su hermano fue a visitarle para comentarle que se casaba, aunque, a tenor del comportamiento de Edward en los días posteriores, estaba segura de que habían hablado de algo más. Tres semanas después, aún se sorprendía de que fuese el mismo Edward quien le contase todos los detalles de la charla fraternal sin que tuviese que ser ella quien le interrogase.

De pronto, el ruido del metal del carro chocando contra otro y el golpe seco frenando su avance la sacó de sus pensamientos.

—¡Lo siento!, Iba distraída no me he dado cuenta. —Intentó disculparse Bella.

—No pasa nada. —Respondió una voz de mujer algo conocida

Isabella se sorprendió al alzar la mirada y descubrir con quien había chocado

—¡Leah…!

—¡Hola, Bella! —Saludo como si tal cosa. Una actitud demasiado cínica para ella puesto que la última vez que se vieron estaba con Jacob entre sus piernas, follando como animales en celo en su piso. —¿Qué tal te va todo?

—Bastante bien, no puedo quejarme, la verdad. Si me disculpas…—Intento esquivar el encuentro y continuar con su compra

—¡Espera, Bella! No he tenido la oportunidad de hablar contigo, pero quiero disculparme por lo que pasó. No quiero que suene a hipócrita, pues sabía que Jake estaba contigo y aun así me enredé con él, pero no me gustó que lo descubrieras de esa manera.

—No fue agradable, pero eso forma parte del pasado, ya no me hace daño. En el fondo creo que me hiciste un favor: pude abrir los ojos y ver que lo mío con Jacob no iba a ninguna parte. —Confesó.

—¿Pero no has vuelto con él?

—No

—Yo pensé...

—En mi vida no hay lugar para Jacob.

—¡Pues menuda decepción se habrá llevado! Cuando le dejé me tiró en cara que ibas a volver con él, que en dos días estarías comiendo en la palma de su mano y volveríais a estar juntos.

—¿Tú le dejaste?

—Sí, era insoportable. Se pasaba el día hablando de ti: que si hacías las cosas así, que si te gustaba esto, lo otro.. No me malinterpretes, no tengo nada contra ti y aunque el sexo con él era fantástico odiaba que una persona que supuestamente estaba conmigo se pasase el día hablando de ti. Creo que no lo ha superado.

—Pues resulta gracioso, porque me lo encontré de casualidad y me dijo que fue él quien te dejó a ti.

—¡Menudo cabrón! Pensaría que eso jugaría en su favor para recuperarte.

—En fin, da igual quien dejase a quien, eso no es asunto mío. Si me disculpas Leah, tengo que seguir comprando.

—Claro, me alegra haberte visto y... Si me permites un consejo… No dejes que Jacob vuelva a tu vida, hemos coincidido poco pero ese brillo que tienes en los ojos...jamás te lo vi mientras estuviste con él.

—Adiós Leah, que te vaya bien.

Isabella dobló la esquina del pasillo y siguió su camino negando con la cabeza. La mentira de Jacob le daba igual, pero si alguien hubiese observado la situación le habría parecido irreal: la amante de su ex dándole consejos. Lo que no le ocurriese a ella...

§§§

—Podría acostumbrarme a esto, ¿Sabes?,—Dijo Edward abrazándola por la cintura.

Isabella se encontraba en la cocina fregando los platos. Edward había insistido en ayudarla, pero según ella, era su turno: él había cocinado y ella limpiaba los platos. Aún les quedaba por tomar el postre, pero Edward había insistido en tomarlo después.

—Ven al sofá, el vino va a calentarse.

—¡Dios no lo quiera!

Isabella había decidido no contarle su encuentro con Leah, no lo veía necesario. No quería revivir esa parte de su pasado. Edward era su presente, su futuro. Cerró el grifo y se secó las manos. Abandonó la cocina y llegó hasta el sofá. En cuanto se sentó comenzó a reírse.

—Si lo sé no te cuento nada. —Se quejó Edward al escucharla reír de nuevo.

Durante la cena Edward le puso al corriente de la broma que le habían hecho sus alumnos: ocultaron bajo su asiento un cojín que al sentarse sobre él emitía un sonido parecido al de las flatulencias, con lo cual, cuando se sentó parecía que había expulsado un gas en mitad de la clase.

—Es que... Tienes que reconocerlo, es demasiado ingenioso.

—Sí, pero se supone que soy su profesor, un ejemplo a seguir, deben tenerme respeto.

—Y te lo tienen, pero son niños, Edward. A veces hacen esas travesuras.

—Travesuras, Travesuras... Pues la travesura les ha costado el estar sin recreo hoy, y veremos si mañana les levanto el castigo.

—Estoy segura de que lo harás, en el fondo eres un blando. —Susurró dejándose caer hasta quedar acostada en su regazo, de tal forma que su cabeza reposaba sobre su pecho.

Edward acarició su rostro y enredó su dedo en un mechón de su cabello con el que se dedicó a juguetear.

—Bella...—Tenía que intentarlo. Llevaba varios días intentando reunir las fuerzas suficientes para confesarle la verdad sobre su pasado y ahora la tenía allí, junto a él.

—¿Sí?

La cálida mirada que le dirigió consiguió hacer que su corazón se estremecerse. Sus ojos brillaban y su cálida sonrisa le reconfortaban. El simple hecho de estar allí, tumbados como una pareja normal le hacía inmensamente feliz, pues pensaba que jamás volvería a alcanzar esa dicha. ¿Por qué romper ese momento? Podía disfrutar un poco más de ese remanso de paz y felicidad.

—No, nada. —Se arrepintió en el último momento apartando su mirada de ella y fijándola en el televisor.

—¿Va todo bien? Pareces pensativo.

—Sí, es solo que... —Edward dudó, pero al final tuvo que abordar otro tema que le inquietaba, aunque no tanto como el primero— Ayer me llamó mi madre por teléfono.

—Ah, ¿Sí?

—Sí, me llamó para confirmarme la fecha de la boda de Emmet. Menos mal que mi hermano es un santo, porque se le ha adelantado, debería ser él quien diera la noticia, pero mi madre está tan ilusionada...

—Es normal, no todos los días se casa un hijo.

—Será el 22 de junio.

—Vaya, pero eso es... Dentro de tres meses.

—Sí, Emmet ya me comentó que no querían retrasarlo mucho.

—Bueno, será un día muy especial para todos. —Comentó Bella.

—El caso es que... Antes quieren celebrar una fiesta de compromiso. Los novios quieren una boda íntima, solo con la familia y amigos más cercanos, pero de alguna manera deben compensar al resto de conocidos y han pensado que esa sería una buena opción.

—No es mala idea, si lo miras de esa forma.

—La fiesta será en una de las propiedades del padre de Rosalie a finales de este mes, en dos semanas. Así después podrán dedicarse por completo a preparar la boda. La fiesta será el sábado, pero mi madre quiere que esté allí el viernes y así poder cenar nosotros solos, antes de que lleguen los invitados.

—Y a ti no te gusta la idea, ¿No? —Pregunto Isabella, suponía que por eso le está comentando todo aquello.

—No, no mucho, pero por Emmet soy capaz de todo, incluso de poner buena cara y aguantar una cena familiar. El caso es que... Me preguntaba si tú... ¿Estarías dispuesta a acompañarme?

Bella abrió sorprendida los ojos.

—¿Yo...?

—Sí, tú

—¿Quieres que te acompañe?

—Exacto —Edward sonrió divertido ante la perplejidad que mostraba el rostro de ella.

—Pero eso es... Importante, quiero decir estará tu familia, es un evento familiar, no es como una comida cualquiera que se dé por casualidad como ocurrió con mis padres.

—Lo sé

—¿Estás seguro?

—Completamente y… ¿Tú? Porque con tanta diatriba no me has dado una respuesta.

—¡Sí! ¡Claro que sí! Es solo que no me lo esperaba, bueno ya sabes, vamos poco a poco y esto es... Un paso importante, al menos para mí, quiero decir, no sé si para ti significa lo mismo y...

—Bella, para. Sé lo que significa que me acompañes y precisamente porque quiero que tenga ese significado te lo estoy pidiendo. Sé que yo impuse las condiciones de nuestra relación, pero también de dije que nos dejásemos llevar. Ambos queremos más, tú me los ha dicho y yo te lo estoy diciendo ahora. Te quiero en mi vida, Bella. —Confesó besándola.

Al final lo había dicho, al menos en parte, no era una te quiero en sí, pero llevaba importantes connotaciones. Llevaba días pensando sobre sus sentimientos sobre Bella y se había dado cuenta de que la quería de una manera diferente, no sólo como amiga, si no como mujer, estaba preparado para amarla.

Bella seguía perdida en el beso, devorando con ansias la boca de él, intentando demostrarle lo feliz que su decisión le hacía. Sabía que, para él, el llevarla a esa fiesta, con su familia suponía un gran esfuerzo, pero también era una demostración, una prueba de que estaba tomando lo suyo en serio y para ella era más que suficiente.

—Si sigues así acabaremos sin ropa en este sofá. —Jadeó Edward.

—Podemos empezar por el sofá y terminar en la habitación o donde tú quieras...

—Si llego a saber que esta noticia iba a volverte tan juguetona te lo habría preguntado antes.

—Puede que de haberlo hecho me hubiese negado.

—¿Tú crees? —Preguntó deslizando su camiseta para descubrir su hombro y empezar a recorrer su clavícula con pequeños besos.

—No sé, puede. De todas formas, aunque esté encantada de ir tengo que hablar con Alice y pedirle la tarde del viernes libre. No creo que tenga problemas

—Estoy seguro de que no, además ellos también estarán invitados.

—Genial, así conoceré a alguien más aparte de ti. Alice puede ayudarme a no sentirme tan rara entre tanto desconocidos.

—¿Sabes? Dejemos de hablar de Alice

—Y ¿Qué hacemos?

—¿No tienes una idea? —Preguntó desabrochando el botón de su camisa y empezando a acariciar sus pechos cubiertos por el sostén. Cerniéndose sobre ella, dibujando con su lengua un húmedo camino de besos por su abdomen. Haciéndole el amor allí, en el sofá. Arrancando gemidos y suspiros de placer de su garganta. Descansando únicamente para comer la deliciosa tarde de naranja y volver a hacer el amor una vez más en su cama.

El recuerdo de la felicidad asomó a la mente de Edward mientras que descansaba abrazado a ella. Un sentimiento que hacía años que no sentía. Entonces… ¿Por qué estropearlo confesándole la verdad?, Sacando a relucir un pasado que lo único que podía hacer era dañarla, a ella y a él. No tenía que temer. Nadie hablaba de ello, no si él estaba presente. Por eso sería egoísta y disfrutaría de ese pequeño remanso de paz.

¡Hola!

Por el momento la cosa parece que va viento en popa y Edward quiere dar un paso más.

Parece que Jacob no fue del todo sincero con Bella, pero… ¿Acaso esperábamos otra cosa?

Espero que hayáis disfrutado del capítulo y que os esté gustando la historia.

Nos leemos el próximo viernes y cada martes en el grupo Élite Fanfiction en su iniciativa Martes de Adelantos.

Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.