XLIV – Renacimiento negro
¿Cómo un camino que hizo una y otra vez se había vuelto de pronto tan doloroso?
El sol, despedirse del profesor Agasa para unirse a Ayumi…
La bifurcación donde se encontraba con Mitsuhiko y Genta.
Para finalmente encontrarse con él… el brillo de sus gafas…
¿Qué estaría haciendo ahora?
Shinichi…
–Recuerda que lo haces por ellos.
Shiho alzó la mirada, sentía el frío de la ventanilla sobre su frente a contraste del calor del dorso de su mano donde apoyaba la mejilla. Permitió que ambas miradas se conectaran a través del retrovisor del coche de Bourbon, como única respuesta. Aunque le dio toda la privacidad posible durante su estancia, incluyendo el sentarse en la parte trasera del coche, no dejaba de ser uno de sus captores, tenía que ser cautelosa.
Ese olor lo demostraba, el hedor a la muerte, que compartía con el resto de los miembros de la Organización.
Nunca te fíes de un cuervo…
Y menos abrirle tu corazón…
Bourbon sonrió levemente, sabía perfectamente en que estaba pensando la joven científica que rompía de nuevo el contacto visual para poder observar pesarosa la escuela primaria de Beika. Volvía a su jaula, dejando atrás su libertad como si hubiese sido un sueño cruel que la Organización le había permitido tener. Pero esta vez era distinto… era extraño de explicar pero se sentía más protegida que antes.
¿Por qué esa sensación?
Ahora tenía dos objetivos, seguir con el macabro experimento que sus padres le habían dejando en herencia nada más nacer y a su vez crear a su Némesis; la "cura". En un lugar completamente nuevo, creado exclusivamente para una traidora como ella.
–Sherry, ya hemos llegado.
Era la hora, al salir del coche su antigua vida quedaba atrás… tenía que ser como antes, la coraza que entre el amor de todos se destruyó tenía que volver, dejando todos los sentimientos atrás.
Colocó uno de sus tacones negro sobre el húmedo suelo a causa de la lluvia, no había vuelta atrás… nunca dejaría que los niños sufrieran por su vida maldita.
Adiós…
Ai Haibara.
–Por aquí.
Entraron en un edificio que Sherry reconocía, era uno de los últimos laboratorios en los que estuvo ya que el último lo quemaron a causa de su fuga, no pudo evitar sentir un desagradable escalofrío al recordar la sangre de Generic… en el suelo de una de las plantas. Seguía los pasos de Bourbon, con cabeza alta y mirada fría ignorando las caras de incredulidad de algunos al ver que había regresado… viva.
Otros también la miraban con odio, como hienas a punto de saltar sobre su presa, pero esta vez no podían por normas estrictas de arriba, muy arriba. No podía permitirse sentirse vulnerable o como le dijo una vez al pequeño detective… sería su fin.
Finalmente llegaron al final de un pasillo que nunca concurrió, en la cual había una sola puerta acompañada por el silencio… una puerta firme, blanca, seguramente de metal en el que al lado se encontraba un lector de huellas.
–Solo están registradas las huellas de los altos cargos y el de tu compañero que estará en todo momento contigo –explicaba, colocando una mano sobre el objeto como ejemplo, en cuestión de segundos ambos escucharon un pequeño click, señal de que ahora la puerta se encontraba abierta –, no podrás entrar ni salir sin un autorizado.
La joven suspiró como respuesta, siguiendo aún los pasos de su superior para ver que lo que le esperaba en el interior tendría un sabor algo agridulce: Un laboratorio muy espacioso, donde predominaba el color puro del blanco junto con la mejor maquinaria que cualquier científico podría soñar. Sherry se giró para comprobar sus peores temores; aunque pareciera una sala perfectamente iluminada, los barrotes que acompañaba a cada ventana rompía el espejismo de libertad.
Lo haces por ellos…
Recuérdalo, Sherry.
–Este será tu compañero –señaló con la barbilla al hombre que investigaba mesas atrás, ésta lo reconoció al instante era uno de sus antiguos compañeros –, uno de los pocos que trabajan en tu prototipo.
–¿Y los demás?
–No conozco muy bien tu campo, no sabría decirte, lo lamento.
Ya tenía bastante castigo para saber que muchos de ellos perecieron a la purga de los altos cargos para descubrir quien fue el cómplice que la ayudo a escapar. Sherry nunca sabría esa macabra parte de la noche que escapó de las garras de la Organización, ni que Gin cambió parte de la historia, la investigación sí se hallaba estancada… pero porque los que sabían por donde seguir ahora se hallaban bajo tierra.
–Tus documentos se encuentran en tu nuevo ordenador.
–Está bien, me pondré con ello –encendía el ordenador para darle la espalda, necesitaba tranquilidad –, ya puedes decirles a los altos cargos que tendrán lo que quieren a cambio de que dejen a los niños en paz.
Bourbon sonrió, con más la miraba más le recordaba a su difunta madre; Elena y con ello sus ganas de protegerla aumentaba. Recordando sacó su teléfono móvil donde a un número oculto le escribía dos palabras: OK.
–No permitiría algo así.
Sherry abrió lentamente los ojos, una vez más se había dormido entre sus brazos. No tenía noción del tiempo… solo había una manera y todavía no había llegado.
Estaba extenúa de tantas horas repartidas en dos investigaciones completamente distintas pero el resultado lo valía cada mañana que veía a los niños cerca del parvulario a través de los cristales tintados del coche de Bourbon.
Incluso a Conan,
Shinichi…
–Sherry.
Instintivamente giró levemente su rostro al escuchar su nombre, una noche más Bourbon venía a recogerla, pero ese olor… abrió más los ojos incrédula a ver que no se trataba de él. Ese cabello plateado contrastado con la gabardina negra, unos fríos ojos verdes que la miraban atentamente sin mostrar sentimiento…
Lo único que sentía era su corazón que latía con sentimiento de dolor, después de tanto tiempo podía verlo en persona.
–¿Ya ha pasado un mes? –entrecerró sus temblorosos ojos para así dejar caer unas finas lagrimas por su fina mejilla, no podía evitarlo, el estrés y el cansancio le hacia una mala jugada –. ¿Ya llevo un mes aquí?
No respondió, agachando levemente su rostro para que su mejilla rozara con la suya… lentamente, mientras ambos cerraban los ojos para terminar en un cálido y dominante beso que quedaría oculto tras los largos cabellos del hombre de negro.
Hazlo por todos.
